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¿Quién eres Tú?


El pequeño cervatillo albino había decidido dar un paseo esa misma mañana. Ni siquiera él, que había recorrido tantas veces los mismos senderos, sabía de la inmensidad de su bosque y aunque la aventura le aguardaba en cada rincón de ese hermoso paraíso, una idea de pronto lo asaltó, impulsada por sus sensibles papilas gustativas; posiblemente si salía de los alrededores, también encontraría esos escasos frutos rojos, delicia que se habían convertido rápidamente en su obsesión.


Caligrafía cursiva, cuidada, precisa. Mano temblorosa ante el pulcro lienzo en el que residen sus palabras, así como sus sueños y sus pesadillas. El monstruo escribe y describe con los ánimos por los suelos, y es por eso que su mano tiembla a medida que relata los pasos de su nueva creación, recae en él que sea bendecido o maldito.

El monstruo derrama una lágrima de sangre, cuando relata la historia de amor que poseerá, así como de su fatal desenlace. Es cruel, sin límites, inescrupuloso. Cierra su libro encantado, y poco después, con las fuerzas que apenas alcanza a reunir, abandona su solitario recinto, donde todos sus amados libros duermen y respiran, y las paredes hacen oídos sordos de lo que ahí se ha creado, atentas a los acontecimientos. El monstruo narrador le ha dado una vida efímera a su más reciente creación.


Sus territorios son conocidos por él casi a ciegas, ha optado jugar con Mayo, quien reposa sobre su lomo donde puede apreciarse la ausencia de sus lunares.

Ha subido a una empinada colina y lo lejos, algo roba su atención, observa un pulcro objeto, brillante que se balancea, parece querer invitarlo a buscarlo; recuerda que tiene de lejos, un parecido mucho mayor a los cerrojos de las puertas de madera.

Sin embargo, no hay presencia humana en ese lugar, por el contrario, es un objeto dorado que parece abandonado y cuelga de una frágil ramita. Su textura imita al sol y no duda en acercase pese a la advertencia de Mayo que le picotea el lomo. Esa pequeña campana le seduce, de lejos ha ignorado que se trata de una trampa.


Desencantado aprecia el color del cielo impuesto en medio de las nubes. Allí sus ojos sangran por la crueldad que ha cometido. Sabe que obró mal, se arrepiente y corre hacia sus aposentos, ocultos entre una decoración de cuenta cuentos. En el libro se relata la historia que ha sido escrita, y él la modifica en el último momento.

La creación caerá en una trampa en vez de en la muerte. Le da una oportunidad para vivir, y habrá para ello de urdir el destino. La pluma viaja con soltura, las palabras bailan en el aire; mas el monstruo de mil ojos se lamenta ante una nueva maldición ocular que nace en su nocturno lomo. Mil ojos parpadean, y observan la historia parpadeando. El ser aguarda el momento. Sale de su bosque nocturno y colma el suelo del bosque de luz con sus pasos.


El joven ciervo abraza la posibilidad de tomar ese objeto que había ya robado toda su atención. Mueve la colita en respuesta ante la emoción que experimentaba al percibir un objeto desconocido.

La emoción no se hizo esperar, cuando la campana se balanceó por sus movimientos, seguramente logró escucharse un tintinear pero debido a su incapacidad para apreciar los sonidos, Mayo, su fiel guardiana, ya revoloteaba contra el jovencito quien parecía abstraído por esa extraña versión de un sol en miniatura.

Con la nariz húmeda, se aseguró de de mantener esa información cercana, si no se comía, entonces seguramente era un objeto que tomaría para añadirlo directo a su amplia colección de tesoros.


En los límites se encuentra, donde luz y oscuridad se besan. Cada una vive en sus dominios por igual. Cuando invade la luz sus ojos se cierran. Está a la deriva, mas así lo busca, así se deja guiar por el sonido que emite la campana. Así lo escrito, desea conocerle. Sus pisadas dejan un rastro en los dominios de la luz, y mientras más se adentra, mas ansía lo que sucederá. El encuentro. Mas no es el único que persigue la luz de la criatura, sabe desde lejos se acerca arrastrándose. Sabe que por esa presencia caerá.


La campana ya no es una gota rígida que es seducida por la fuerza de gravedad, ahora comienza a bailar, a generar una música quizá no es audible para el joven cervatillo, pero sí es un paraíso ante sus ojos. Salta emocionado por la luz que refleja y con la confianza suficiente comienza a jalar el cordel de donde se sostiene para liberarla.

Mayo ha renunciado a hacerlo entender con sus advertencias, pero no por ello deja de observar a los alrededores intentando apreciar el sonido que el más pequeño no es capaz de oír.

Lya está emocionado ha optado por morder directamente y jalar ese elástico que considera tan divertido pero que impide tomar directamente su tesoro.


No es el único pues alguien más le acecha. El monstruo lo sabe, porque ha creado también a ese ser, envuelto de oscuridad. Mancillará la luz del cervatillo si lo atrapa. Es una criatura nacida de su imaginación y por ende peligrosa.

El monstruo se apresura, pues sabe que la criatura ha sido atraída también por el sonido de la campana. Pierde el aliento al presenciar desde lejos que la criatura se enreda en torno al cervatillo, aprovechando su distracción. Es oscura, con protuberancias de colores y brazos alargados. Lo ha atrapado, y comienza a arrastrarlo a envolverlo.

El monstruo sin nombre corre hacia él, sabe que así, lo conocerá, porque de otro modo se escaparía, y ni siquiera eso le daría oportunidad de admirar sus ojos o su blanca figura. Debe apresurarse, y mientras pisa el suelo bañado en luz lo marchita.
Ha sido cruel, y lo seguirá siendo, pues su corazón no ha conocido el amor verdadero. La criatura es una parte de él y se ha creado el primer encuentro.

Ambas criaturas enfrentan la magia del ciervo, uno a través de su tacto y otro a través de su visión. El monstruo intercepta al ciervo y a la criatura, ambos siendo uno mismo, pues la criatura ha envuelto al ciervo de un líquido negro parecido a la brea y ha comenzado a adoptar la forma de una jaula. El monstruo sin nombre aguarda acaricia en medio de ese suceso a la criatura, y percibe su inocencia. Es un encuentro al que alteró, porque de otra manera, la criatura moriría ese día, por otras circunstancias.


La luz del bosque se había desvanecido ante sus ojos para después perecer ante una densa oscuridad, como si la hora del descanso hubiese llegado sin ninguna anticipación.

Sus ojos se cerraron, el cuerpo lo sintió adormilado y lo último que vio fue el reflejo de aquel objeto brillante que ansiaba atesorar entre sus manos, no sabía que precisamente por esa pequeña campana, reflejo de su descuido y su innata curiosidad había perdido lo que más celosamente cuidaba: su libertad.


Sus dedos tocan la campana, el monstruo la guarda; la desea obsequiar a ese ciervo que ha caído en las garras de la oscuridad. La criatura se mueve a su lado cuando camina, desea transportarlo a un lugar acogedor para el reposo de la inocencia misma. La campana tintinea, conforme los colores en la negrura se intensifican.

Ambos están felices. Tienen lo que siempre pidieron. Lo que siempre anhelaron. Mas el escritor sabe que ha pecado, y no se arrepiente. Sabe que ha obrado mal, debe irse con cuidado. Ha cometido el tabú de tabúes. Lo depositan en una camita de flores, y allí le acarician, una caricia que se permiten y les quema.

La oscuridad gobierna, el pecado cometido también, quizá para embellecer esos días solitarios. La criatura cuida al inocente, y lo toca con sus tentáculos. El escritor le dibuja y escribe para él una carta de bienvenida. Deja un poco de frutos deliciosos, habiéndolo instalado en sus dominios. Lunas sangrientas bañan los cielos y alumbra la silueta durmiente. El monstruo lo ha hecho, ha escrito lo que se ha hecho realidad.


El pequeño cervatillo se despierta en medio de la cama de flores, sintiéndose ligeramente confundido, aunque no tiene respuesta para lo que sucedió, busca a Mayo, ella le dirá lo que pasó al haberse quedado dormido, pero no la encuentra a pesar de que su mirada desfila inocente buscando rastros de la floresta perdida.

Se convence de estar en un lugar agradable a pesar de ser desconocido y olfatea las frutillas rojas, quien sea que lo haya visto, sabe de sus gustos y eso le hace sentir observado pese a que no existe rastro alguno de otra criatura.

Habiendo ya tomado su forma humana, el jovencito levanta la mirada y toma el sobre, apenas y puede leer, le ha costado aprender pero hace su mayor esfuerzo. Alguien le da la bienvenida a ese claro de bosque y tras guardarla, se dedica a explorar el lugar.


El monstruo se enfrenta a su historia, pues lo ha hecho, ha cometido un pecado. Ha narrado en beneficio propio. Sostiene la pluma, y escribe sobre el volumen con páginas el blanco. La historia se escribe así como él plasma sus sueños, deseos y anhelos más oscuros. El ciervo es su principal protagonista, y para él escribe. Construye el ambiente en el que habitará, sus guardianes, sus encuentros. Todo. Si ha obtenido lo que siempre deseó, y si ha conocido a la inocencia misma, no le permitirá desaparecer.

Una sonrisa aflora en sus labios, y abraza la pluma con ambas manos. Ambiciona más de lo que puede desear. Su corazón es oscuro y sus deseos egoístas.

Mientras el escritor plasma sus ideas a través de su libro de blanco y negro, donde la luz y la oscuridad se combinan, el ambiente por donde reside y transita el ciervo empieza a cambiar. Como si fuera originario de un sueño, el ambiente se embellece de manera lúgubre, y se pintan los alrededores de extraños colores capaces de encantar como asustar.

Las luces en el cielo encantan los cielos, en forma de burbujas. Junto al ciervo la criatura vestida de negro camina. Sus colores se perciben en sus extensiones. Sus extremidades se arrastran, y cuando está a punto de tocar al ciervo, retrocede. Piensa que es demasiado pronto para presentarse. Ambos siguen al ciervo, a su manera, desean conocerlo, saber que secretos y tesoros esconde sea desde adentro o desde afuera.


Un millar de flores de colores y formas distintas emergen a cada paso, el joven cervatillo comienza a emprender una exploración sin límites, algo que jamás hubiese imaginado.

La belleza se transforma, pareciera que no teme mostrarse, transfigurándose viva y de hermosura compleja ante los ojos de la criatura más joven, sus ojos desfilan, son capaces de admirar la belleza de ese mundo que sabe que no es el suyo.

El propio es mucho más sencillo, guarda un pequeño brote de humildad que no puede comprarse con el adusto e imperioso paisaje .

La belleza tétrica del lugar le inspira a tomar cierta distancia, no lo seduce por completo esa magia, porque no la entiende del todo, es por ello que se ha anida un pequeño sentimiento de temor y busca, busca por todos lados a Mayo, compañía de la criatura que le crió para responder sus preguntas, dudas que ni él mismo sabe responderse.


La criatura se arrastra por los senderos en flor, siguiendo los pasos de la inocencia. Se oculta entre las flores cuando está a punto de ser descubierto, mas sus colores le camuflan, así que puede seguir avanzando. Apenas y respira, debe tener cuidado. Siente a la inocencia cercana a su ser, quiere conocerle, pero, tiene el presentimiento que se asustará. Su creador lo ha hecho de sus más crueles sentimientos y por eso lo presiente en el fondo de su corazón que es tan negro como la misma noche.

Avanza y cuando está a punto de tocarlo, retrocede, mas el encuentro decidirá su destino. El Narrador es quién lo reclamó en el instante en que lo creó, por eso debe de tener cuidado al conocerle. Apenas lo roza, de tal modo que, parece que una de las flores es quién lo toca. Siente una sensación muy adentro que jamás había sentido. Es la luz de ese ser, quiere obtenerla, apreciarla frente a sus ojos. El ambiente cambia a medida que ellos son parte de él.


El leve tacto le sobresaltó, sentir aquella fría caricia le generó escalofríos en toda su piel, jamás nadie se había acercado lo suficiente para tocarle y ese leve contacto, le instó a tomar una distancia prudente.

No vio rastro de peligro que armonizara con esa escena donde ambas criaturas se observaban, el corazón tamborileo, acelerándose por el miedo que escalaba a pasos agigantados. El imponente ser le generó miedo, un miedo que no sabría cómo liberarlo del encierro de un grito mudo.

Se alejó, un paso atrás, después dos hasta que se vio corriendo por la hermosa sábana de flores multicolor, su instinto le pedía huir, ahora lo recordaba todo, ese hermoso objeto lo había llevado ahí y seguramente encontrándose nuevamente con él, sería su escapatoria.


Lo observa de frente, con sus ojos bañados en una luz tétrica, entiende sus extremidades hacia él. Intenta acercarse y vuelve a rozarle, siente la emoción que le embarga el tenerle tan cerca. Apenas tienta la luz. Se siente en el paraíso. Su figura se hace presente, mas es cauteloso, tanto que parece por un instante desaparecer. Y cuando observa al pequeño escapar, lo sigue.

Corre veloz por el campo de flores que adornan los suelos. Sigue el rastro de la luz y la inocencia. El encuentro se ha dado, mas no como esperaba él en su corazón; el ciervo debía desmayarse en sus brazos, para entonces transportarlo hacia la morada que le había sido construida. La luz en el lugar en el que corren es producto de la creación del narrador quién ahora duerme sosteniendo la pluma. El resto es noche, y nada más.

La criatura logra interceptarle, y para ello tuvo que hacer acopio de su fuerza y velocidad para alcanzarle. Está frente a él, y ante todo lo que sucede, y ante el sufrimiento que parece padecer aquel ser; le ofrece algunas flores que ha cortado instantes antes del segundo encuentro. Ladea la cabeza ante la cercanía y entiende una de sus extremidades revelándola para él.


No sabe por qué está ahí, está verdaderamente asustado que, siente la necesidad de gritar, pero evidentemente no puede. Sus ojos desorbitados amanecen como dos estelas de un intenso celeste; el pavor le impide pensar en cómo saldrá de ahí; no tiene cabeza para aquello, ahora simplemente quiere absurdamente que todo eso termine.

Opta por rechazar las flores, las cuales arrancadas, no son un símbolo de belleza, sino de muerte y él lo sabe, quien se adjudicó la protección de su bosque así como de todas sus criaturas.

Ese "trofeo" gustoso sólo sirve para las criaturas que no saben apreciar la belleza del más pequeño brote de vida. Lya no sabe que significa su presencia ante los ojos de aquella criatura, después de todo, sólo es el reflejo de un sentimiento perdido.

Corre nuevamente, opta por seguir otro rumbo, pues en vano, el lugar ha sido construido como parte de un espectáculo; sabe que ha perdido, sabe que está ahí sólo para ser cazado y obligado a cumplir un deseo egoísta, mas no quiere aceptar ello, teme ahora más que nunca y maldice la existencia de su propia magia.


El narrador sabe que el momento preciso del encuentro será en las lindes de la luz y la oscuridad que dividen a sus mundos, donde los colores son más hermosos, mezcla de ambos reinos que se erigen cada una con sus formas y sus sueños. Por eso lo ha esperado en ese lugar, por eso aguarda solemne a que se dé ese encuentro tan esperado. El monstruo demuestra su felicidad, una tan oscura que enmarca su rostro de sombras. Ha abandonado su palacio sólo para conocerle, para vivir ese momento, por el que siente que nació. Será la primera vez que abrace la luz del existir y la vida misma, con su horrible oscuridad.

Más allá la criatura sigue los pasos de la luz, la rastrea, la tantea, la huele. Es por ella es que está allí. Recorre los parajes que siguen cambiando con el paso del tiempo y el espacio. Cielo y tierra cambian, así como de la atmósfera. La criatura no descansará hasta llevarlo hacia ese encuentro que cambiará por completo el rumbo de la vida y la muerte unificadas.


El joven cervatillo alza la mirada, ha tentado todas las posibilidades pero ninguna se vence, el miedo no puede hacer más mella en él porque ya no podría. Finalmente se rinde, deja de huir y pelear. Espera tener el mismo final que el de las flores que se han marchitado tan pronto fueron cortadas.

Alza la mirada dejando escapar sonrisa muy triste, como si esperara su final con una sonrisa, posiblemente todo sea un mal sueño, como los que suele tener, Mayo estará cerca para despertarlo, lo sabe, o muy profundamente quisiera creerlo, pero todo es tan real, que le da miedo imaginar que eso no pueda tener salida.

Enjuga sus lágrimas con el dorso de su mano, no debe llorar porque algo tan horrible, algo creado para atormentarlo sólo puede existir en las pesadillas.


La criatura se abalanza sobre él, nada más tenerlo cerca, y demuestra toda su gallardía ante él. Es un depredador innato, y aunque sus fauces llegan a tocarlo, no le hace daño. Tan sólo lo lleva consigo hacia el lugar del encuentro saboreando el rastro de sus lágrimas. Lo ha atrapado y el sentirle por vez primera, le hace sentir escalofríos. Lo arrastra, lo percibe, y sus colores vibran y tintinean como cascabeles, proyectándose por doquier. Lo acaricia, a su manera. Lo traslada hacia el narrador, que aguarda el tan esperado encuentro. Y cuando se detiene en ese lugar, donde la luz y la oscuridad se mezclan, lo deja a sus pies. A luz del sol y la luna imperecederos, exhibe su portentosa figura. Y acompañadas de ambas, emite el sonido que sólo una criatura como él podría emitir.

El narrador, acaricia ese rostro que tantas veces imaginó cerca de él, con una mano humana y pálida. Temblorosa por la emoción, y más por defecto creada a partir de la oscuridad. Se presenta, mostrándose respetuoso ante él, que puede disfrazar la negrura que poblar su corazón. Acaricia los inocentes labios y recorre las tiernas mejillas con sus garras pintadas de bruño color. Desea destrozarlo y al mismo tiempo conservarlo. Desea tenerle siempre con él. Una eternidad a su lado, valdría las mil vidas que debe de vivir en virtud de su oficio.

E impulsado por la misma oscuridad de su corazón, de todo cuanto es, le besa, envolviéndolo con un destello tan similar a las estrellas moribundas, mezclada con la tersura de los cielos. Mas le hace daño, uno que sólo demuestra el ansía por tenerle, ser parte de él, y de su luz y su inocencia. Algo que le falta. Pero, cuando repara en el daño, es demasiado tarde. Es narrador y ha cometido el más grande pecado al irrumpir en la existencia de una de sus creaciones. La que posee más luz, la que perdurará con la magia de su existir.


Pareciera un cordero en las fauces de un lobo. Si aquella criatura la sentía oscura y ruin, no habría palabras para expresar lo siguiente que acontecería.

Temía hasta sentir el corazón latirle en la propia garganta castigada de llanto puro. Y, debido a la impresión, no sabía cómo expresarse más que de manera silenciosa. Lya estaba lejos, muy lejos de entender lo que estaba ocurriendo daba la impresión de haber sentido su pesadilla más larga y cansina.

Un comportamiento tembloroso gestó en la joven criatura, un lenguaje de señas humano y poco entendible creaba un puente de comunicación, de alguna manera, estable pero derrumbado con ese contacto que había desaprobado previamente su cercanía transgredida.

Su impulso fue el mismo, una repetición de la anterior.

» Déjame ir. Mayo, necesito ver a Mayo «

Comunicó con mucho esfuerzo. Estaba seguro que despertaría pero cuándo y dónde, si la salida parecía un túnel oscuro del que no saldría jamás.


El narrador, tras entender su mensaje, sonrió. Mas que parecer una sonrisa, fue una mueca siniestra que surcó sus labios. Tuvo que hacer un esfuerzo para no destrozarlo ahí mismo, por lo que tenía pensando hacerle. Mas ante todo lo que había desfilado por su cabeza, y tras haberle permitido esbozar las primeras palabras. Tomó su mentón, imprimiendo fuerza en él, y le atrajo para admirarle a los ojos. Lo sedujeron, ese matiz, lo había atraído en demasía como todo él.

La risa emerge de sus labios, silenciada ante los oídos de la pequeña inocencia. Sabe que es hora de revelarle todo cuanto debe saber acerca de su existencia. Mas aguarda, pues desea hacerle sufrir un poco más, desea ver en su rostro pintada la angustia que le hace hervir de deseo. La dulce inocencia, ante él, y su temblor, estaba más que fascinado con esa criatura. Entonces comunicó, con un gesto de manos, para que así le entendiera. Fue gentil en su apariencia e intenciones, necesitaba ganarse su confianza, si pretendía que le entregara algo más que su amistad.

Era un narrador que había violado las leyes impuestas por su creador, pues él mismo había surgido de la imaginación de otro ser al que recordaba con el amor que se podía permitir ante un recuerdo bienamado. Mas no importaba, si violando esas leyes, obtendría la luz que tanto le había faltado. Lo que había anhelado. Por esa criatura, valdría la pena hasta asesinar y destruir. Tomó su mano y la besó con caballerosidad.

» Ven conmigo, no temas, dulce encanto, te ayudaré a buscar a tu amiga «


El miedo se evaporó tan pronto como el mensaje fue captado, asimilado y entendido por la joven criatura. Se elevó con la mediana sonrisa engarzada en su rostro, un gesto suave y aún pálido por el temor de saberse perdido.

Sus manos suaves y gentiles tomaron la diestra contraria, necesitaba encontrar el camino de regreso, esa campana le había hecho perder mucho, pensándolo bien, era su tesoro más caro, pues le había robado la libertad y la compañía de su fiel amiga, adjudicándole también la presencia de cierta criatura oscura.

Lya comprendía que ese ser frente a sus ojos, irradiaba una malsana energía, algo no iba bien, pero sí debía confiar en él para tener a Mayo devuelta, lo haría.

Limpió sus lágrimas que instaban en desbordarse por sus celestes ojos, pero no era tiempo de ello, debía buscarla, debía ingenuamente confiar en aquella criatura. Una vez más, cometía un error pero esta vez, no había nadie para que le hiciera disolver de su acto.


La sensación que le produjo el tacto, tan gentil y sedoso, fue deliciosa, similar a estar en una nube de algodón. El narrador se inclinó sobre él y abrazó con sus labios el rastro de sus lágrimas, aún impuestas como decoración en las lozanas y tersas mejillas. Sus pasos iniciaron el camino de regreso al que sería su palacio encantado, desde que su propio creador le instalara allí tras otorgarle la tan afanada libertad que sólo como criatura pudo merecer. Sin embargo, a aquel le serviría, seguiría a los pies de esa luz tan venerable.

El deseo seguía aflorando cada vez con mayor intensidad, como sus olas rabiosas colmaran el interior de su corazón tan reducido en sentimientos. Sus maneras eran gallardas como toscas, muestras inaudita de lo que era, un narrador y un monstruo por igual, capaz de crear y destruir. Maldito por toda la eternidad.

Cuando pisaron los dominios encantados, el narrador y monstruo le reveló que allí encontrarían a su amiga, y que ese castillo repleto de la inmensidad de la imaginación sería el lugar de encuentro para todos sus tesoros, deseos, anhelos y sueños. Y al comunicárselo le hizo entrega en las manos de un curioso objeto, uno por el que sabía la misma inocencia podría morir, con tal de obtenerlo.

La campana le fue entregada en las manos, y la sonrisa más siniestra, una con la que expresaba su felicidad, fue convocada en sus ojos así como en sus labios. Dejó su mano sobre la de él, para que sólo se diera cuenta de quién podía tratarse el ser que se movía y existía ante los ojos del pequeño. Recordó por qué se los había dado de ese color, el color del cielo que jamás pudo admirar pues el castillo era bañado por otra clase de matiz, ajeno al que existía en el reino del día.

»Serás recompensado con el encuentro de todos los seres que perdiste, mi dulce encanto, nacido de la imaginación y el deseo más puro. Te ayudaré a encontrar a tu preciosa amiga, que sin duda te estará buscando, ella vendrá gracias a mis deseos y a los tuyos. Sólo pídelo. La buscaremos juntos. La traeré para ti con ayuda de mi poder. «

Besó esa piel tan cándida que se le antojó el más exquisito de los sabores. Tan dulce e irresistible. Juntos entraron al palacio, acompañados por la oscura criatura, y conforme avanzaban, el monstruo narrador le hablaba acompañando sus dicciones con el movimiento de sus manos. »Todo esto que ves será tuyo, preciado tesoro, lo haré cambiar para ti cada día, y a través de él buscaremos a eso que perdiste y deseas encontrar con tanto anhelo. Seremos exploradores de este mundo. «


En Lya amaneció un miedo sin igual, uno que jamás lo abandonaría incluso el día de su muerte, lo sabía.

» Yo no quiero morar aquí contigo, yo sólo he venido aquí por Mayo, porque tú me lo prometiste «

Le comunicó directo y con un ligero titubeo en sus manos, reflejo del miedo que esa criatura inspiraba en él.

Lya se apartó unos cuantos pasos, no quería entrar a ese lugar en donde parecía que las pesadillas cobraran vida. Era ingenuo pero no torpe y sí había caído por una campana, pero ya no la quería más pues reflejaba que su amiga Mayo quizá estuviera preocupada o peor aún en una situación igual se desesperada que la del mismo cervatillo.

» Quiero ir a mi casa. Déjame ir «

Sus albinas pestañas tenían aún el rastro de sus salinas lágrimas, aunque las enjugaba, la humedad persistiría en sus ojos y la rojez se hacía evidente cada que tallaba sus ojos.


El narrador abrazó el rostro de aquel ser con la oscura esperanza de que le entendiera, si eso cambiaría su vida, la vida que esa inocencia había llevado hasta el momento, él mismo le ayudaría a sobrellevarlo. Besó sus labios con la oscuridad que sólo él podría brindarle, sin siquiera pedirle permiso. Sólo lo hizo de manera espontánea, degustar por primera vez los labios que encerraban esa luz e inocencia que mucho tiempo atrás había imaginado y narrado.

Sostuvo ambas manos y las besó, como sólo él podía permitirse, pues si lo había creado, había llegado a amarle a su manera, mas en cada gesto le dañó tenuemente, pues en cada gesto estaba impresa la pasión que sólo un narrador de historias y fantasía oscura podía crear. Imprimió una caricia en la rojez de sus mejillas, lacerante como cándida desde la negrura de su corazón. Debía revelarlo si pretendía el no perderle, el que desapareciera después de tanto tiempo de haberlo buscado.

Comunicó a través de sus manos, callada y calmadamente, mas en él se percibía todo cuanto alguna vez había querido gritarle al mundo, al cosmos, a las galaxias, a las estrellas; que había podido crear a la mismísima inocencia. Su creador había sido cruel por haberle dado ese don.

» Luz radiante, que ilumina la noche, debes saberlo pues no puedo ocultarte la más cruda verdad. Poseo el don de crear a través de mis historias, todo lo que narre, cobrará vida, se hará realidad, y poblará con su existencia el mundo, el cosmos, las galaxias y las estrellas mismas. Una vez escribí acerca de la existencia de la más pura inocencia, y la sumergí en un sueño donde jamás le tocaría la maldad, ni el dolor, ni el rencor. Ese ser viviría en la plenitud, la felicidad le colmaría, y los sueños sería suyos «

Fue directo, como una ola que rompe en las orillas de una playa de aguas de colores.

»Mucho tiempo le busqué, mas conocía sus vivencias, pues estas se escribían en mis libros, que sólo existían por y para él. Y ahora esa criatura está ante mí, mostrándome su ternura y su belleza; tal como imaginé que eras, y como existías en mi imaginación. Ahora siendo toda una realidad, encantador lucero cósmico.«


La cercanía que tiene con él, le hace sentir atrapado en un lugar donde no hay más que encierro, esos ojos negros y adustos se lo dicen en cada parpadeo.

Lee en aquel oscuro semblante lo que los gestos jamás dirían por sí mismos; la muerte, el dolor y el sufrimiento pertenecen a esa criatura como un perfume adherido.

¿Cómo es posible haber nacido de una criatura que mana tanta maldad? El cervatillo no lo sabe y no tiene la respuesta como muchas cosas que aún no conoce.

Su respiración se hace más rápida cuando siente sus labios tocados por esa maldad, no quiere estar ahí, lo sabe, quiere irse con Mayo y aferrarse a ella hasta que pasen los días y vuelva a sonreír.

Sin embargo, Lya no sabe qué hacer, pareciera que esa criatura lo único que quiere hacer es divertirse con él, con su esencia porque no se ve arrepentido de haberlo sometido.

Alza su mirada, encontrándose directamente con la negra y pesada de su creador y pese a lo mucho que quiere salir huyendo despavorido de ahí, le sonríe aún con el temor impreso en sus labios.

» Gracias por haberme hecho tan feliz «

El jovencito siente una mediana tranquilidad pero aún desaprueba ese contacto, esos labios que caen como un rocío ajeno sobre su boca.


Reduce la cercanía entre ambos, atraído por sus dicciones calladas, para derramar otro gesto oscuro en esos labios que atraen y le llaman. Se detiene justo antes de que derrame la lluvia ácida, debe aguardar el momento justo para hacer suyo a su misma creación, más allá de las palabras.

Ríe con la sed de saberle tan cerca. Está allí, agradeciéndole su existencia. Colma a sus ojos con aquella belleza, la que se alza frente a él como una aparición temblorosa. No puede evitar que sus ojos se llenen de esa luz despiadada que le identifica como una criatura de muerte perpetua. Ha encontrado la inocencia que tanto le había faltado.

Abraza a la criatura con orgullo de creador, mas con el sentimiento egoísta de que nada ni nadie le separará de él. Haría cualquier cosa por mantenerle a su lado, hasta matar. Es una criatura desviada y envuelta en oscuridad. Posó sus dedos en los labios temblorosos y los entreabrió con su caricia.

» No temas, dulce mío. Ven conmigo, encontrarás a tu amiga, si permaneces a mi lado. Lo prometo, desde el fondo de mi negro corazón. Confía en mí, representación hecha realidad. «

Alza en brazos a quién es más su presa. Y le guía al interior del castillo donde juntos compartirán más que las palabras, pues sus sueños y sus pesadillas son importantes para conocerse. Y así se lo comunica.

» Deseo que me compartas los sueños y las pesadillas que colman a tu corazón. Deseo saberlo todo de ti, hasta de donde y de qué nacen tus sonrisas y tus lágrimas. Cuéntame toda tu vida a la luz de las velas. «


Sus celestes ojos cansinos demuestran que ha sido demasiado para él, siempre suele tomar una siesta a media tarde. Bosteza y talla uno de sus ojos, tiene ganas de ir a dormir y por un momento, no saber absolutamente nada de criaturas o de encierros, lo que más quiere en este mundo es a Mayo, pero no está, así que se conforma con su recuerdo.

Su pequeña mano limpia el rastro de ese gesto que cae sobre sus labios, no le gustan cuando no son propios de alguien a quien apenas conoce. Ha leído muchas veces en sus libros lo que son; los dioses lo llaman "Besos" y son una magia tan poderosa que rompen encantamientos y afloran la generosidad en los corazones de las criaturas. Lya los sabe pero no los conoce porque aunque le cueste trabajo leer, las ilustraciones se lo han relatado todo.

"La hermosa princesa permanece dormida, acechada por un dragón que la somete, la priva de su libertad, sin embargo, el príncipe ha pasado por muchas desventuras para vencer a la feroz criatura y su recompensa es un beso, uno dulce y entregado que hace vibrar el corazón de la princesa y ésta despierta. El beso. Es esa magia, la promesa de un amor divino."

Lya se abraza de manera innata ante la figura de su creador y una vez más, le pregunta.

"¿Vendrá alguien a rescatarme de ti? ".


Se quedó prendido ante los ojos del otro ser, saboreando una constelación de sensaciones que se desvanecieron, como un efímero sueño. Besó sus labios con la tersura que se permitió, aunque doliera el tacto, la cercanía, la intención. Si con ese beso podía robarle un poco de la luz que le había otorgado, lo haría todas las veces necesarias. Siniestro sonrió. Todo era demasiado hermoso para ser realidad, era más una pesadilla repleta de colores y de luces que podían cegarle en la gigantesca oscuridad que reinaba a su alrededor.

"Un beso es sólo un beso, y posee el significado que desees darle. Hay quienes cuentan, seres que existen sólo cuando los pequeños como tú duermen, que ganas el universo con él, o que lo pierdes por completo. Que puedes convertirte en un rey o un príncipe por su encantamiento a la luz de la luna, o bien, Inclusive observar mundos a través de ellos, como medir la tersura que perduran en las almas, como en los corazones. Deseo saber los secretos que anidan en tu corazón a través los besos que pueda brindarte, sólo así sabré, también cuan tersa en tu alma."

Al percibirle agotado, así como se revela entre sus brazos, le guía a sus aposentos y sobre el lecho le hace reposar. No tiene intención de dañarle, tan sólo anhela que concilie el sueño. Enciende las velas y éstas arden para ambos seres que se acompañan, aunque no lo sepan. Allí le cuenta una historia, que se refleja en el aire ante ellos, un escenario envuelto, como una burbuja donde se leen y perciben las escenas y los colores. La historia se relata a través de imágenes, que el niño puede entender, y a medida que relata aquella historia proyectada como una obra de teatro, el lugar en el que residen cambia sólo para acoger a la criatura vestida de inocencia. Esa burbuja estalla y se fragmenta en otras más, miles, que relatan distintas historias. Todas contando la misma desde distintas caras. La historia es sencilla, habla de un amor oscuro y luminoso.

Un amor entre la luz y la oscuridad, como la que imaginó tendría su creador cuando le había creado y este hubiera encontrado finalmente el amor. En esa historia aparecen su creador y otra criatura, tan oscura o más siniestra que el mismo. Representantes de luz y oscuridad misma. En ellos se refleja el amor más grande conocido, así como en cada una de las burbujas. Mas la historia era de una alegría, tristeza y nostalgia palpable que sólo un puro de corazón se mostraría conmovido por tan bello creación, pues hay impresos sentimientos y sueños que ni la misma criatura pudiera poseer.

Y cuando este termina, como ha iniciado, una sola burbuja en el aire y estalla hasta desvanecerse, el narrador le comunica, a través del tacto de sus dedos.

» No tengo prisa, criatura, en enfrentar a quién ose y pretenda rescatarte. Mientras estés aquí, a mi lado, te enseñaré el significado de la vida y todos los tesoros que esta encierra, sólo así podré compensar la oscuridad y tristeza que te he entregado, y nunca te obligaré a entregarme nada que no quieras darme. Seré ese ser que estará a tus servicios, e iniciaremos una aventura juntos, donde podrás hacer de tus sueños y anhelos realidad.«


Las palabras fueron transmitidas de manera que pareció un sueño dentro de otro sueño. El pequeño sonrió, admirando la delicadeza con la que se encarama la magia y el color; fusionados en un éter cósmico y palpable frente a él. El jovencito le toma de la mano, no quiere perderse, un gesto que siempre utiliza con Mayo antes de dormir para evitar caer en esa sensación de caída infinita siempre que el cansancio lo conduce a un precipitado reposo.

Su mano rodea el dedo pulgar de su creador, le había conocido finalmente y aunque éste le tendió sin miedo la sentencia sobre su razón de ser y estar, la respuesta del pequeño fue sólo una sonrisa.

“Estaré aquí mientras te sientas solo. Yo cuidaré de ti, creador."

Sencillo, sin promesas ni aventajadas proposiciones, era todo cuanto podía ofrecerle: su humildad y cuidado, su presencia anímica y aventurera. Jamás dejaría solo a aquella figura portentosa y de aspecto diabólico abandonado, si de él dependía la felicidad y la tranquilidad de su creador, no dudaría en otorgarle todo cuanto éste quisiera, y todo cuanto su corazón fuese capaz de brindar.

Lya bosteza nuevamente pero resiente el ínfimo sabor amargo en sus labios. Los relame, le duelen y arden. No sabe por qué, la presencia de ese cosquilleo doloroso que se propaga por las comisuras de su boca, pareciera que comió una baya venenosa, pero le resta importancia aunque el dolor ahora es delicado como una suave caricia. No sabe que fue envenenado por esa criatura colmada de maldad pero en su inocencia, no lo interpreta así. Le ha restado importancia, ahora sólo se abraza a la almohada y al dedo que no quiere soltar, quiere sentirse encaminado a un sueño reparador, pues le hace falta.

De última instancia observa a su creador y le lanza una sonrisa, está feliz de haberle conocido, jamás pensó que todo ello lo llevase hasta allí. Duerme tranquilo con ese gesto imborrable en su rostro y se pierde rápidamente, se ha encaminado a un sueño donde hay campanas; sólo es un reflejo de lo anteriormente vivido.


Siente con el gesto dolencia en su interior, porque la inocencia le lastima, le lacera, le envenena, así que cierra su mano fuerte en torno a la diminuta. Busca sus ojos. Los contempla. Bebe de ellos la esperanza perdida en el silencio de su propio creador. ¿Qué puede hacer él ante lo que ocurre en su propio recinto, su morada lúgubre y solitaria? ¿Ante la criatura que el mismo ha creado, y representa todo lo que no puede tener? Reside en él el sentimiento de destruirlo, y tomar para él lo que le corresponde por derecho. Es suyo. Puede hacer de él lo que desee.

Roza el rostro y los labios con sus uñas, donde la sonrisa apremia a desear eso que tanto ha esperado desde que le vio por primera vez en su imaginación. Esa noche dormirá lado como el monstruo que es, y a la mañana siguiente le verá con esa forma condenada que no le ha limitado a crear las historias que pueblan las paredes en luminiscencias decorosas y el mismo aire que respiran. Mas la idea se extingue de su corazón, cuando el pulgar es apresado por la mano y él lo contempla.

Y cuando se sume en el sueño, la bestia de mil ojos reluce entre las velas. Al lado del bello ser que ha creado es envuelto, es sumido, es creado desde la mismísima oscuridad. Su apariencia es tan terrible como maravillosa, una historia que fue corrompida, y que no teme develarse.

Es el pecado que ha cometido por deseos egoístas. Reflexiona. Sabe que la dulce inocencia se asustará cuando le vea de ese modo. Su imaginación ha sido amplia desde siempre, y es por eso, que todo lo que ha imaginado en el instante que comparte con el pequeño se hace realidad. El ambiente es una réplica del reino de la luz donde ha morado el ciervo toda su vida. Allí también encontrará a su dulce amiga.

» No estoy solo, todas mis creaciones duermen en los libros, en mi imaginación esperando hacerse realidad, y la primera de ellas, tu, dulce inocencia, eres la primera que yace a mi lado sin perder la vida. Haré de ti la más hermosa creación, inocencia perdida en la oscuridad. La llave de la perdición para cualquier criatura oscura. «


En el sueño le abrazó, imaginando sentir que de alguna manera, estaba a salvo, aunque su corazón acelerado busca la luz y la halla apenas delimitando la cercanía de la criatura. Sonríe porque su creador no le ha abandonado, sus labios arden nuevamente pero le resta importancia porque su estómago le pide un poco de alimento.

Lya se levanta del lecho y se incorpora con una tranquilidad temprana, característica de él siempre, se talla los ojos y observa que la única luminiscencia que les cobija son las llamas de las velas. Siempre le han gustado las lámparas escarlatas y las lucecitas que siempre compra en días festivos.

Su movimiento apenas y logra mecerse en el resto del lecho, sus pequeños y blancos dedos viajan por la textura hasta llegar a la boca de su creador, quiere despertarle pero sus dedos arden; ahora reconoce de dónde viene ese ardor proveniente de sus labios. Porque le ha besado y ahora, el mismo cervatillo ha tocado sus labios con sus dedos.

Observa su blanquecino índice y lo lleva hasta un pequeño rayo de luz y así lo observa, tiene sangre, le ha lastimado sin querer pero aún así, el cervatillo humanizado, le toca con sus dígitos la enorme cornamenta, está explorándole, está conociéndole de alguna manera y esa corteza es la más atractiva que ha visto jamás y le emociona estar cerca de un ejemplar tan gallardo.

Le mueve, instándole a despertar, quiere salir a jugar aún mientras la luz no se oculta y sí, también quiere comer y compartir vivencias con quien es su creador.


Adorna el plato con los frutos que le han atraído desde el nacimiento, al pequeño ser que se ha integrado como huésped especial a su castillo abandonado. Sus dedos esqueléticos acarician las rojizas formas, agregándole el dulzor que sólo él puede administrar. Los frutos están encantados. Pudo haberles colmado de un hechizo aterrador, pero piensa en que quiere ver mutar el rostro que tanto tiempo imaginó en sus sueños y en sus pesadillas, y por eso hace el hechizo diferente, desea verle sonreír.

Es un arreglo que él mismo ha preparado, y entre los frutos se mezclan otros; todos forman un arcoíris de sabores y colores. No puede ya pensar en negrura, porque ya no la contempla como lo hacía antes de que él llegara a su vida. Además, le ha preparado un pastel con los frutos que tanto le encantan, y éste corona el centro del plato.

Junto al plato hay un libro, y en el libro escrita una historia. La historia narra una dulce balada de avecillas cósmicas y como el amor vence a la oscuridad. Cuenta allí la historia de su creador, y como él mismo nació y nacieron sus deseos por crearle y adorarle en la intimidad de todos los sueños que había imaginado hacer realidad. Desea que la lea mientras degusta el su obsequio. Ha iluminado todo con luces que se concentran en lo alto, como una guirnalda. Como las llamas de las velas, flotantes.

El narrador hecho hombre y disfrazado con hábitos elegantes, repasa las hojas del libro. Sus uñas ofrecen toques a los bordes. Para él no ha preparado nada, pues ¿qué podría degustar un ser como él? Sólo el sabor de la amargura, la alegría, la tristeza que poseen las palabras. Las historias son su alimento.

Decide que el pequeño irá al pueblo de las luces, donde las lámparas se encienden noche tras noche para traer un poco de luz a las vidas de los monstruos y criaturas que moran allí. Conocerá a través de él lo que le rodea, y no le ocultará nada.

14 Mayıs 2022 16:38:12 0 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

Sinfonia Universal Mi nombre es Vanessa pero prefiero que me conozcan por el nombre de Sinfonía Universal. Tengo mis pocos años en este mundo de escritura, pero más perteneciendo al ritual que significa la vida, soy de Mérida - Venezuela, el lugar que Dios eligió para que naciera. Soy un aprendiz de escritora, autodidacta, que tiene el infinito sueño de crear historias de fantasía que atrapen, y llenen de color las vidas de todos.

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