1566617928 Francisco Rivera

Introversión al carácter del ser humano y su paralelismo sobrenatural en acciones de contenido común y corriente.


Paranormal Tüm halka açık.
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En Confianza (Historia extensa)

1. En Confianza

En un contexto hogareño, estimados lectores y apreciables lectoras, se escucha una voz pequeña, extraña en su revelación sobrenatural; otorga cierta aprobación afectiva que se expande dentro del gabinete de trabajo del padre de una menor de edad que responde al nombre de Lina.

Ella, menuda y graciosa, mantiene una sonrisa nerviosa que transforma su sobresalto inicial hasta lograr equilibrar sus emociones bajo una aceptación de reconocimiento respecto de esa voz y de un personaje que no aparece ante su vista, sin que le preocupe en lo más mínimo.

De nueva cuenta escucha la vocecita extraña que recorre de manera concéntrica, todo el ambiente de la habitación, lo que indica que está a punto de aparecer donde menos lo espera.


Se altera el silencio que escuda la puerta de entrada al interior de ese lugar donde la niña se encuentra cómodamente sentada en el sillón de descanso de su progenitor.

Ella trae hasta su mente las imágenes indistintas de su malhumorado padre, siempre indispuesto ante cualquier interrupción proveniente desde el exterior.

Le parece un guarda recuerdos inmediatos, siempre en furioso silencio inconmovible que no disipa ante cualquier persona de la familia, sin evitar en último momento el fruncir el entrecejo ante cualquier intento mínimo de quien ose interrumpirlo bajo cualquier llamado trivial a comer, a cenar o a saludar alguna visita inesperada en horarios inapropiados de la tarde o de la noche.


En esos meses del año 2021 se vive en una propiedad bajo disputa entre dos hermanas que dividen el sentimiento de la menor: por parte de su madre, al afirmar la custodia de la propiedad y por parte de la tía, la denuncia sobre la heredad que debe repartirse a condición de que el marido de la primera no agilice la venta de la misma y se reparta el dinero como Dios manda.

Asunto menor pero constante lo representa también el menaje y otros bienes nada despreciables que los padres de ambas hermanas no cejan en su intento de hacer colisión en la memoria de los ancestros al mantener inconcluso el juicio testamentario de rigor.

Las preferencias divididas entre la hija mayor -madre de Lina- bajo petición de la extinta abuela materna de la nieta, separa la predilección del padre respecto de la hija segunda al acentuar la acritud sobre lo que debe corresponder a su persona como dote no cubierta hasta el momento, sin recibir en lo anímico ni siquiera en pensamiento y voluntad familiar; en ese asunto de dimes y diretes los años se suceden y la adorable chiquilla crece comprendiendo cada vez más el asunto origen del disgusto entre hermanas y propio padre.


La propiedad en disputa que bien conoce y recorre, ya sola o en compañía de su gato, permite vislumbrar la incorporación del visitante paranormal creído ocasional; la figura de su pequeño amigo así como también una perspectiva de querer hacerlo partícipe de permanecer en la amplia casa por al menos un buen tiempo, a fin de convivir de manera cotidiana, pero lo que ella ignora es que en la comprensión del tiempo, a ese duende le resulta una eternidad convencional que le permite iniciar, sostener y acabar por fascinarla, más no así su madre, siempre exaltada ante ruidos extraños, sombras repentinas o huidas desaforadas del gato casero que sobrevive a los abuelos de la memoria familiar entre ambas hermanas y con un entrañable recuerdo en la nieta, contrariando el disgusto empedernido de ese gato no bien amado por los jefes de la casa, sino por estar asociado a una causa de recuerdos del pasado en los abuelos que todo el tiempo se manifiestan en cualquier parte de las habitaciones de ese caserón donde la niña es la más fiel protectora de ese minino regordete, nombrado "Munición" porque así lo asemeja cuando se hace ovillo en cualquier lugar de ese hogar que atestigua la guarda distancia en su celosa costumbre de atrapar lo necesario cada vez que hurga en la alacena para roer lo que le place.

No se diga en la comida que ocasionalmente cae al suelo o en lo que hurta de cualquier plato que contenga algún apetitoso manjar, sin importar de qué se trate, siempre y cuando huela bien, para sustraerlo a cualquier desprevenido comensal que se encuentre cerca, creyendo ser una compañía graciosa donde los cambios de humor gatuno se encuentren fluctuantes, indecisos o cargados de malas vibraciones espirituales sobre impuestas en ese contexto hogareño.


Con el ajuste de gastos que ingresan y egresan ante la contabilidad desarrollada por el padre, se traduce en el día a día el ingrato trabajo de tiempo completo que dedica, mientras consume su estado mental bajo el apremio de deudas que se pagan mucho después de lo concertado.

El progenitor asume de manera nerviosa el hábito de fumar de manera incesante e inexorable y siempre pretexta encontrarse bajo una de las formas de enajenación de su tiempo de vida, intentando que le reconozcan en mínimo esfuerzo cuanto lleva a cabo para multiplicar los recursos monetarios por hacer más llevadera la carga financiera de la familia.

En ese contexto cerrado de tres miembros aparece ante ella, de manera frecuente el famoso Duendi, un pariente cercano de los chaneques negros del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave.


Este personaje nervioso, algo flemático y de humor de genio coloreado entre rojo, negro y morado encuentra rápida solución a sus ancestrales avatares, favorecidos en mínima parte dentro de la solución parcial ante los variados asuntos de negocios particulares del padre de la cica, quien en las últimas apuestas en el casino virtual lleva a la familia a atravesar altibajos recurrentes y modifican su estado de bienestar último a cómo no estaban acostumbradas madre e hija, sintiendo que lentamente retraen su pertenencia de clase media a clase baja, lo que contamina la quietud sobrenatural y la disposición a sólo hacer creer que el bien va a llegar de un momento a otro, por la sola voluntad de sólo querer que ocurra.

Somnoliento en las primeras horas de su "arribo" a dicho hogar, el duendecillo se adapta con pasmo propio al vaivén de las recientes zozobras económicas, morales y afectivas de quienes habitan esa casa; con particular miramiento de Lina, cae en la cuenta de lo que soporta desde el pasado mediato de su nacimiento donde se encuentra la frontera de los cinco a los nueve años de vida.

Esa situación inestable apareja desde antes una prolongación de dos años consecutivos e inciertas amenazas a la salud humana por causa de la pandemia, la cual se desata hacia finales del año 2019; luego, une sus avatares con
el presente inmediato y con los propios rejuegos del futuro inminente que se desarrolla entre uno y otro en las secuencias encadenadas de los guarismos anuales de 2020 y su secuencia reptante de 2021 y 2022.


Las manifestaciones sobrenaturales que experimenta a través de ese ser dimensional, encausa su vida y destino a postergar la opción del suicidio en estado latente que circunda el ser de la niña, bajo un sentido indefinido de "buscar salida" personal hacia ese mundo desconocido que supone la libera de lo que escucha, de lo que percibe con su vista y entendimiento de hija única; de posibilidad atrayente que ese pequeño ente le ha descrito y sin embargo sopesa en último momento cada vez que se inclina a concretar -en burda pero no menos peligrosa idea- su manera de partir a esa dimensión del sueño prolongado.

A medida que pasa el tiempo tal idea amarra sus navajas ante lo inestable de la situación; su familia nuclear se vuelve un fantasma más o menos recurrente desde que ella se encuentra próxima a cumplir sus primeros diez años de existencia.

En tal razón escucha la vocecilla diminuta, no menos extraordinaria, que mantiene su mejor atención cuando el duende se dirige desde ese desplazamiento circular, obsesivo y atrapante donde la saluda en el halo de misterio sin evitar cierta sorna y doble moral:

— "Desde hoy todo es más fácil para ti. Ahora juegas contigo y te digo que no te preocupes porque estoy muy feliz de estar en tu vida." —, dice así el pequeño amigo...


En ese suave desplazamiento, a momentos elegante y ponderado, esa entidad ejecuta el recorrido donde reverbera un sonido sintético de proyección de imágenes del recinto de la cocina, por resultar a ambos un centro de vida terrena para vivos y una pista de aterrizaje especial para fallecidos e incluso y con cierta amargura hasta para campo de movimientos calculados de ese gato de hambre crónica infinita.

Tal espacio devocional para la abuela es una atrapa palabras extractadas de recetas mil donde se conjuntan lejanos pasados que evocan el acogedor aroma que reina en su propia dimensión culinaria.

Como el resto del hogar de esos ancestros, que hace poco se han marchado, sus espectros son etéreos y dueños vaporosos de sonrisas que cruzan desde el apacible abuelo a la jocosa abuela y de ambos hasta la nieta que los encarna en la nueva generación de descendiente; sobre la niña filtran el enlace necesario de las espirales del cocido del día, del bien amado sazón de la tarde o de las cada noche invitando a degustar la tradición de los antojitos icónicos de la cocina veracruzana, tanto ancestral como mestiza.


Bajo otra tarde se manifiesta un asunto de correr y recorrer años de sorpresas desde el modo de conocer lo extraño que alienta a través del pequeño inquilino espiritual tras deambular por cualquier lugar de la casa en disputa.

Recuerda con dolor y rabia la circunstancia propia que separa su momento de posarse en el mundo bajo la dura lucha sostenida en la concepción materna ante la dureza del útero ajado y casi sin posibilidades de engendrarlo como siguiente retoño.

El sino sobrenatural en él representa la oportunidad de trascender su propio destino ante sus ancestros testimoniales que no dan crédito del nacimiento inusual de ese pequeño ser, causante del sangrado interminable de la progenitora, quien fallece a pocas horas del mal habido alumbramiento.


La ocupación del espacio asignado en ese lugar particular del planeta tierra disuade al ente al olvido de la causa de sus días de existencia bajo ese sacrificio de la vida materna que cesa de una vez y para siempre; así compara una situación u otra desde el lugar último donde hace lugar en el mundo humano dentro de esa familia, por lo demás, curada de espantos ante entidades dimensionales que aparecen y desaparecen dentro de la propiedad en conflicto y escenario del desarrollo del diminuto Duendi, un granulo del mundo contemporáneo mexicano bajo el que se inscribe su propia historia en continuidad y sobresaltos extra normales.

Desde él se suceden otro tipo de nacimientos de aconteceres que encadenan un propio riesgo de vivir a costas de las circunstancias que entrechocan en ese trance de lucha de vida y muerte en Lina; del caso indescifrable ante la pugna de una niña para saltar a la existencia plena y aparente que le toca disuadir al duende en los momentos más críticos de su amiga infante y, sobre todo, al establecer una rivalidad de compañía confiable para el resto de la vida de ambos pero excluyendo al odioso minino.

Esa "recién" nacida una década antes, impregna su propio nacimiento y batalla por salir ante el mundo por espacio de los mismos años que han vivido los abuelos, cercanos a la centuria; deseosa de aprovechar la más mínima ocasión para emprender un nuevo suceso de existir entre humanos atormentados como lo que ocurre entre su propia familia, siente el efecto de la luz violeta que interpone el haz fatal del Gran Duendi Primero otorgando a su pequeño amigo una vida de siglos atrás que debe reproducir en misma cantidad unos siglos después.


El acto del secreto de un Aquí y de su resolución en un Ahora finito, reproduce el viejo momento en que muere su madre y vive él para contarlo; para llevar en su espalda el repudio de las mujeres de su clan sin concederle perdón ante ese sacrificio de la heredad; para encarnar en mal momento desde que emite su propio grito de vida; para otorgar primero y arrebatar después en su progenitora la marca de su sino, siempre presente en los días que ahora vive bajo la dimensión de esa casa marcada por su destino que es, a su vez, asiento hogareño al diminuto ser que Lina ama con inocencia y entrega de sus secretos hasta entonces vedados a sus padres.

Instalado en esa entidad lleva el azar de su madre dentro de los tiempos que corren y que reproduce ante la niña, sin descuidar hacerlo ante la madre de aquella, si bien, sólo de vez en cuando sólo porque las circunstancias apremian y los conflictos escalan al rojo fundente entre familias, desde la última tarde acalorada en que se vuelve a la añeja discusión sin deliberar soluciones acertadas.

Las tribulaciones marcadas sellan su pacto en el sentido de no separar jamás las acciones que encadenan la corta existencia de Lina, pues al lado de Duendi todo va a ser distinto de una u otra forma... a su vez, la vida de éste pende de aquella y precisa ese estado y momento cada vez que afloran fiel amargura y desconsuelo abrupto, sumado desde el coraje del padre ante el propio ser de su hija, quien "mastica" en secreto el disgusto de tener una mujer y no un vástago, todo lo cual hace diferencia paterna para con la menor.


Pese a eso, el duendecillo baraja en el pasado distante el momento de diez cartas y toma la carta del azar cuando el progenitor observa de cerca ese ser indefenso; surge un primer reflejo de contradicción dentro de la sala del quirófano cuando atestigua el alumbramiento del ser que se mueve con increíble energía, y hace mudar su pensamiento de género en cabeza propia sin explicar cierta reproducción posterior de una imaginaria ceremonia de bautizo y el encuentro y contacto físico en el momento en que acuna en sus brazos a la recién nacida.

En ralentí pausado y regresivo recorre una a una las escenas de saberse padre y constructor del futuro inmediato de su primogénita.

Evoca el síndrome de aceptaciones irresolubles como progenitor y hace esfuerzo mental sin objetar más nada ante ese instante de ese Aquí cuando sostiene un nuevo ser entre sus manos grandes, poderosas, determinantes.


En otro instante la acuna de nuevo entre sus imponentes brazos de hombre de faenas rudas, broncas y feraces; observa con cierta admiración y temeridad cómo ese ser humano le sonríe y le prende el dedo meñique con sus manos de recién llegada al mundo.

Entonces, la secuencia inusual del momento de repulsa se convierte en gotas de agua que caen sobre el duro corazón de su irritable persona; el ente "congela" ese recuerdo en el tiempo extraído del pasado y deja atrás la evidencia de ese padre inconforme; luego, regresa al escenario de guisos de la suegra extinta y deja de recorrer el pasillo de diez metros lineales que separan ese microcosmos con respecto del gabinete paterno para no cruzar palabras próximas en otros días con el suegro que hace vacío de tristeza en sus recuerdos de desconsuelo y lamentaciones grises y dolientes.

Aún más, el duendecillo adelanta algo del tiempo presente en relación a lo que aún está por suceder: mientras se encuentra en el presente de la sala de parto y acomoda situaciones del futuro inmediato, "ve" a Lina desenvuelta como él ser extraordinario que va a ser en sus veinte años, algo cercano a lo que ella desea en ese estado de niña pero que desea que así deba ser... si en verdad alcanza a celebrar esa edad en confianza y en familia.


Esto ocurre, queridos lectores, en reproducción de regresiones futuras; él siempre observa cuanto ocurre dentro de un presente que atrae a voluntad del futuro inmediato, pero también cuando jalonea cada pasado acumulado desde el presente de la chica, quien se pregunta si es posible anticipar el futuro con mejor presente o estrechar el pasado con futuro sombrío e incluso, en su colmo de capricho, a quedarse de manera eterna en ese lugar que el duende le aconseja no desesperar cuando se decida a partir como le venga en gana.

Ahora es silencio unitario sobrenatural, pues se permite ser protagonista de su propio suceso de transformación de niña y adolescente hasta alcanzar esa etapa joven que anhela ser; en sus proyecciones mentales irrumpe en su sueño y deja que la onda eléctrica quede cernida sobre el espacio de quehacer personal del caro progenitor.

Ahora su vista recorre la serie de registros fotográficos del malhumorado engendrador de Lina, y calla, pero invoca algo que sólo ella sabe el por qué y el para qué lo hace...


Inicia la resta de vida ajena desde el suceder de su presente experimentado en la menor envuelto en hojas de calendario.

Se prepara una sucesión de caprichos, órdenes terminantes y voluntad masculina sobre Lina y su madre.

Llama la atención de la introversión que oscurece el pensamiento de esta chica pese al mohín recurrente que le demuestra la carga de malos augurios que se expanden desde la vibración de la mente práctica y experta del padre, por lo cual el pequeño ser se enoja en grado superior ante esos duros criterios mercantilistas de ese jefe de familia.


Hasta hoy día, todo intento de asombro o espanto prodigado hacia aquél no interfiere un ápice en su estado incrédulo en lo sobrenatural; no ocurre así en aquello que es competencia, incertidumbre y desidia humana desde ellas y ante ellas; y así, el tiempo fluye al igual que otras ciertas vicisitudes que se narran en la sucesión de hechos contemplados en esta historia...


2. Lina

Ésta ni tan siquiera lo emula; sabe bien que la amistad que existe con esa terrible y juguetona entidad -su "Duendi"- sólo es posible en la lectura de su mente.

Esa mañana de sábado hay una plena manifestación del inaudito golpe provocador que derriba con estrépito la insolente caída de objetos de adorno del librero de su padre.

Es preludio de espanto que hormiguea en horror inmediato: se enreda en el cuerpo de Lina sólo para permitir sentirlo como de costumbre.

En ese nuevo episodio, hay un gato con problema inusitado; el ente lo observa con recelo y el felino a su vez deja que avance su silueta; mientras eso ocurre entre el animal y él, se reproduce en la forma de anillo de holograma del inquilino sobrenatural, quien resulta ser de última generación: su risa espectral ante el minino no lo inhibe, ni an siquiera hace la comba del clásico erizado de piel y pelaje, como tampoco torna a "Munición" en fiel reflejo de espanto y huida intempestiva.


No obstante, el salto hecho desde el regazo de la chica, corta su amenidad de comensal y santa paz gatuna por una acción trepidante donde se derrama refresco de cola sobre gran parte del vestido nuevo que la chica luce ese día; atrevidas gotas salpican una hoja de notas y acordes de piano; la desgracia en conjunto encuentra fuera del atril de reposo a cierta publicación financiera que causa manchas inmisericordes al papel pautado de una lección de piano e incluso deja manchas significativas en el sillón de descanso del padre a manera de firma extensiva y desfachatada.

En gran angular el azoro de la vista infantil de la menor contrasta con el desastre más grande y cumplido hecho por intervención de esa entidad hacia tan insignificante minino.

El asunto debe ser sentenciado en lunas nuevas como parte del ritual consabido para instruir a la niña en sus subsecuentes enseñanzas de artes de negritudes menores.


Una vocecilla familiar ríe con malicia por detrás de su cabeza y escucha de modo suave otro susurro que desciende desde la cauda de sus apreciables cabellos negros, brilla con un aura de claridad arcana y zumba en cada oreja las reptantes palabras depositadas, colgantes y en balanceos pausados en sus respectivos lóbulos donde se concentra y esparce una siguiente consigna:

Te lo dije, Lina... quién molesta a "Duendi", no vive para contarlo... así que... ¡-A-la-horca-! —, y de inmediato aparece a su vista un escenario de patíbulo conteniendo nuevas figuras chinas donde representan el acto de un meloso gato que ha de perder la primera de sus siete vidas.

¿Acaso lo sufre ella, en todo lo interior de su personita? ¡Para nada!


En cambio, para el pequeño y gran duende, significa idear nueva y siguiente situación ejemplar para hacer ensayo espacial dónde recrear otro escenario -de una sola vez y nunca más- en el que pague las restantes vidas de "ex gran felino en breve" que por cierto artilugio de magia oscura no lo representa.

Desde ese opaco arte de metamorfosis ancestral queda convertido en ese estado último de minino simple, gordo y ronroneando de modo descarado y contumaz con bastante indiferencia de lo que ocurre en su derredor...

En ese acto de "sin embargo no pasa nada importante" el duende apela a un pasado encantamiento de gran maestro de la historia de su propia leyenda; aquella vez donde salva el pellejo de un magno tigre de Bengala, bastante parecido a ese gato glotón, avistado por sorpresa fatídica dentro de un claro de selva.


La ocasión transcurre bajo un terrible rugido de bestia poderosa se encuentra en acto repetido desde aquel afilar sus garras sobre una parte de tronco que le recuerda en su grosor a una ceiba.

El animalazo, afilas sus poderosas garras una y otra vez en ese derribado árbol que por incierta y no menos molesta presencia humana en sus dominios yace en mitad de camino, siendo centro de atención de la fiera que olisquea una extraña presencia donde se mezcla sorpresa, enfado y muestra irónica del destino oscilante y escurridizo donde la mirada de caza de presa y muerte inminente se apronta a despedazar al intruso extravagante que tiene delante suyo, sin intento alguno de posible huida.

Más sin embargo ocurre lo extraordinario en el momento en que la bestia ataca, quedando ésta suspendida en su salto devastador mientras transcurre una secuencia inmóvil de fotograma que lo reproduce saltando en medio del vado de un río.


En ese suceso de intervalos donde los segundos se encuentran marcados sólo se escuchan forcejeos de furia y embestida hacia algo que no es ese duende, quizá su sombra; quizá su olor acentuado por siglos transcurridos sin baño e higiene de ninguna índole; quizá algo que una esencia sin identificación posible desconcierta al animal, y así salva la vida por acción del conjuro concreto, preciso y certero desde el cual hace fama y gloria de gran transmutado de cuerpos y objetos en los últimos segundos de ocurrir lo inevitable.

Sobrevienen un estado de ánimo alterado que logra recuperar su color de ámbar; la desaparición de transcursos de segundos inmisericordes vueltos paz y tranquilidad; sensaciones húmedas de sudor ancestral que se vuelve alivio y baño de realidad al mismo tiempo que se recupera su ánimo y advertencia:

— ¡Lina! ¿Por qué te proyectas de ese modo tan autodestructivo, imaginando lo que no debes? ¿Por qué dejas sentir ese sufrimiento que no imagino y deseo y que casi me provoca la muerte? —, dice así, con acritud mientras sus pequeñas manos se juntan para elevar invocaciones extrañas en idioma arcaico para propiciar intervenciones de druidas milenarios que destejen una parte de la leyenda inesperada de él mismo; lo que recuerda que todo exceso de imaginación ajena le afecta por estar en proximidad con una cica como ella.



3. Duendi

Nace en Otranto mientras se moviliza una gran armada conformada por escuadras españolas, venecianas y pontificias para vencer las obstinadas fuerzas turcas en Lepanto.

Alienta su grito de nacimiento en 1571 sobre los síntomas del mareo en travesía que invade el ser embarazado de la progenitora.

Descubre su ser de retoño casi del tamaño de un antebrazo corporal humano.


En ese arribo al mundo, su suerte de duende converso de religión pagana a cristiano corto, lo cubre un amuleto escondido en la defensa del esquife de la nave que opone lucha cuerpo a cuerpo entre los combatientes mientras la madre pare al fin entre fragores de batalla y arcabuzazos sin fin.

Desde ese instante él llega al experimento de inyectarse de todas las edades convenientes para tomar rumbos de vida negra en lo sucesivo

Así, sortea en un tiempo después e inmediato una estancia en Mesina; cura sus heridas corporales y espirituales y aprende a distinguir los orígenes dudosos de sus duendes contemporáneos que desbordan genio malsano mientras que él prefiere separar su candidez propia que raya para sus congéneres en estupidez consumada.


A lo largo de su existencia repele el fanatismo religioso y la fantasía de la conversión espiritual con lagunas de ignorancia a como suele existir entre los seres humanos que conoce y trata sin importar las condiciones sociales que poseen en conjunto.

Repudia a su vez, el bautismo y esa absurda costumbre de dar el santoral del día de nacimiento sin conocer nada del santo de cualquier devoción con el que pretenden ligarlo.

Encoleriza ante la sola mudanza de condiciones de vida y magros alimentos que le ofrecen quienes se compadecen de él.


A su vez, de otros más que se despojan de menaje burdo que comparten y regalan, pero no, de esas prácticas de usura familiar que lo condenan a sobrevivir periódicas estancias en cárceles donde saborea pan duro y agua turbia.

Desde esa experiencia y a partir de tales momentos concibe un propósito para lo futuro procurando llevar una vida menos monástica pero posible y sin riesgos de volver a ocupar celdas.

Se precia de ser un hidalgo por cada costado pues no para mientes ante propios y extraños para señalar que es descendiente directo del "Gran Duendi Primero", fundante árbol genealógico que lo lleva a cursar un Liceo de Artes Negras; en reciprocidad de su persona para afamar su vida y actos ordinarios como gran invocador de aquel gran mago.


Se cuida de nombrar a sus inopinados padres y hermanos, junto a parientes cercanos y reitera que su sino cambia de acuerdo a la marcha de los tiempos bajo la condición de encontrar de manera recurrente un domicilio pródigo que asegure por su eternidad limitada sus necesidades y condiciones de existencia.

Autodidacta compulsivo desarrolla y asciende en conocimientos y prácticas de Ciencias Negras Aplicadas.

Nunca pone en duda su "Hidalguía Noar o Negra" siempre en línea directa con la del "Gran Duendi Primero".


Es un militante de las fuerzas del Orden Oscuro y logra ascender a Gran Prefecto de la Orden Sin Luz lo que le permite celebrar la facultad de volverse cualquier cosa u objeto con la que salva su personalidad ante el más mínimo riesgo para su ser de duende.

Se presenta en cosas útiles, decorativas y hasta pretensiosas.

Es un ser compulsivo y un renegado encubridor de un hondo secreto de prácticas de transformación de especie duende en hombre e incluso en una réplica exacta de cualquier bestia de cuatro patas.


En tal virtud, Lina se pregunta, sin gran aspaviento:

¿Dónde encuentra acomodo y sitio para llevar a cabo "un bajo perfil"?

¡Por supuesto: necia pregunta!


¿Estarían en desacuerdo, conmigo, queridos lectores, al estar aquí, en confianza...?

¡Y ya veremos en lo que confía y desconfía el personaje dentro de esta historia!

Esperamos haber expuesto los motivos de esta narración y lo que a continuación se describa, si se logra contar con su amable aención, lectura y entretenimiento...


CONTINUACIÓN

4. LINA Y DUENDI

10 Ocak 2022 00:15:16 2 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
1
Sonraki bölümü okuyun Lina y Duendi

Yorum yap

İleti!
Francisco Rivera Francisco Rivera
¡Gracias por el desacuerdo! Espero que hayas disfruado la lectura.
January 10, 2022, 15:28
M M M M
Estoy en desacuerdo contigo, sin duda. Ya que estamos en confianza.
January 10, 2022, 01:27
~

Okumaktan zevk alıyor musun?

Hey! Hala var 15 bu hikayede kalan bölümler.
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