albaferreyc09 Alba Ferreyc

Muchos dicen que el olvido está fuertemente anexado al perdón. Yo no creo eso y menos aún cuando se trata de perdonar a alguien cuyas palabras de arrepentimiento ahora están enterradas un par de metros bajo tierra. Entonces ¿Qué es el perdón? ¿Un viaje? No. ¿Misericordia? Muy a mi pesar. ¿Aceptación? Quizá ¿O solo es el recuerdo latente del dolor vivido, aquellos traumas no resueltos, aquella mentira descubierta? En un epitafio jamás alcanzaría tanto texto así que solo se resume a un: «Quiéreme papá». El cual esconde una historia tan triste que muchos podrán identificar.


Kurgu Olmayanlar Sadece 18 yaş üstü için.

#enojo #239 #familia #paranoia #cuento #historiasdevida #cuento-corto
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En su epitafio: Quiéreme papá

—Mis condolencias Alba —Ella, la pelirroja llena de pecas que se encuentra hablándome con mirada triste es Aitana.

—Gracias por acompañarme. Sería insoportable de otro modo.

—No es nada ¿para qué estamos las amigas no? —Sí, era mi mejor amiga desde el secundario.


Me abrazó. No fui capaz de devolverle el abrazo.


—Y ¿Cómo te sientes? —Era un tanto más alta que yo, piel limpia, cabello corto, también más recatada, menos terca. Disfrutaba jugar a que todo en su vida estaba bien por momentos; era muy buena en eso.


Y a decir verdad, no teníamos mucho en común.


—No lo sé. Supongo que exactamente como una se debe sentir en esta situación.

—¿Y eso es? —Aunque era bastante simpática e inteligente y podría tener todo cuanto quisiere...

—Joder Aitana.

—Solo quiero que sepas que tienes mi total apoyo y que hablarlo quizá te ayude a asimilarlo mejor —Siempre se lo impedía ella misma.


Me duele decir que la he subestimado en muchas ocasiones y me permito excusarme de la culpa de ello; cuando la inestabilidad se vuelve rutina muchas veces uno prefiere nadar a través del río antes que cruzar por el puente cuyos cimientos están más roídos que la corteza otoñal.


Quizá por eso fue que nos hicimos tan amigas.


—Lo sé mujer. Gracias, en serio te quiero mucho.

—Y yo a ti —Pero a pesar de que conozca mis más súbitos miedos, mis desequilibrios y maldades, mis grandes victorias y aquello que me colma de alegría la sonrisa...esperaba nunca conociera la verdad que estuve ocultando por mucho tiempo, inclusive a mí misma.


El protocolo para los velorios es por demás extraño. Mucho menos por la atmósfera que se forma en torno a él que por el hecho de que haya un enorme y fatídico papeleo de por medio. La muerte solo es feliz para el difunto y para aquel que aparece en su testamento, si me lo permiten decir.


De haber yo sabido toda la interminable parte legal a la que se atienen los familiares del fallecido les juro que me lo hubiera pensado más de lo prudente antes de nacer.


A lo que iba...¡ah sí! me he encontrado en un sin fin de situaciones incómodas, las cuales disfruto estudiar a sobremanera y por ello para mí es una dicha que a lo largo de mi corta existencia haya sido capaz de presenciar tantas; por supuesto, unas son irremediablemente más interesantes que otras, algunas de un corte más modesto, cómicas y vergonzosas e inclusive no faltaron unas pocas en extremo pueriles, de esas que te hacen regurgitar tus extrañas encima con tan solo imaginarte pensando que soñabas las estabas analizando.


Creo que ha llegado el momento de disculparme por perderme tanto en los detalles, es que sencillamente la capacidad de contar una historia de manera lineal no se me fue nunca otorgada y como en mi código genético está escrita -con pluma de tinta perenne- la desidia pues tampoco fui capaz de adquirirla con el paso de los años.


Le decía entonces que a pesar de haber presenciado una infinidad de acontecimientos atípicos, un velorio como este estaba fuera de mi base de datos. No por el hecho de que nunca haya asistido a ninguno si no por la feliz coincidencia de que la persona que estaba siendo velada en este caso fuera yo...


¡No, qué bah! Estoy jugando con usted.


Pero vaya que me encuentro más que cerca al abismo desconocido y difamado que es la muerte y es precisamente de eso de lo que se trata pues esta historia.


Sígame con la lectura y si cree perderse en un detalle no se preocupe que de seguro lo aclararé conforme vaya avanzando mi pequeña historia y si no, siempre podrá escribirme para reunirnos y tomarnos un té en un salón espacioso y de buena reputación pero no tan concurrido donde con gusto aclararé todas sus dudas. Eso claro si es que cuando termine de escribir estos fragmentos aún esté con vida y si me lo pregunta es más que un hecho que sí lo estaré...lo estaré.


Prosigamos.


—¿Vas a extrañarlo? —Como es costumbre en la ciudad en la cual resido, después de velar al muerto siempre se suele tomar un café entre los convidados al lúgubre evento.

—Tú qué crees.


Aitana y yo estábamos en una mesa bastante alejadas del cuerpo como para que su sola "no presencia" no nos helara los huesos pero a la vez lo suficientemente cerca como para escuchar lo que murmuraban aquellos que se acercaban a darle el último adiós al viejo.


—Contigo nunca se sabe. Incluso si respondieras a la pregunta serías capaz de cambiar tu respuesta más rápido que lo que cambias de pantis —dijo Aitana mientras echaba un vistazo a un feísimo arreglo floral de rosas que nos regaló la funeraria por «la confianza de elegirnos y permitirnos acompañarlos en su dolor y nueva etapa en la vida».


¡Bah!


Los contraté porque es ilegal enterrar un cuerpo en un patio trasero y además, de haber pasado esta nimiedad por alto, cuando se empezara a descomponer ¡olería terrible! por no mencionar que mataría a las plantas con su amargura y putrefacción que inclusive se hacía presente cuando él seguía aún con vida. ¡Y eso! es más incómodo aún si agregamos la posibilidad de que cuando dejase a Camille en aquella casa -la cual nos servía de hospedaje cuando viajábamos a la ciudad- guiada por el olor lo desenterrara y se pusiera a jugar con él hasta dejarlo en mi alcoba cuando se cansase creyendo que se trata de otro pájaro muerto -solo que en este caso uno descomunalmente grande- que el gato de la vecina avienta cada lunes sin falta desde su balcón como me asegura el jardinero.


Por cierto ¿la muerte tiene diferentes olores? De seguro que sí.


En vida todos tenemos y elegimos una manera específica e indistintamente del montón con la cual procederemos a aniquilar nuestro cuerpo y atormentar nuestra mente en un intento por salvarnos del olvido. Todos estos vicios nos plagan de un olor característico, el cual solo pasa desapercibido para nosotros mismos pero no para los que se encuentran a nuestro alrededor. Entonces ¿por qué en la muerte no habría de ser igual?


—No le veo nada de malo.

—Alba —La pelirroja solía recriminarme tan a menudo. Pero me comprendía. Siempre lo hacía.

—La impermanencia es un estado natural no veo el porqué no dejarlo fluir.

—Porque no es el perro el que se te ha muerto —Se cansó finalmente de intentar que notara su mirada de desacuerdo frente a mis palabras por mi propia cuenta y me plantó la mirada fulminante fijamente a pesar que de vez en cuando sus ojos retrocedían al enorme y rojo adorno, ¡es que era feísimo, feísimo!

—¡Eh! Que Camille será algo ciega pero claro que te escucha y entiende a la perfección ¿o no mi rubia preciosa?

—Alba —No podría describir la cara que tenía Aitana en ese instante porque me volví hacia debajo de la mesa donde Camille, mi encantadora y corpulenta mascota, había estado esperando algo impaciente. Le alteraba ver tanta gente.

—¡Claro que sí, eres muy chula! ¡Toda una...

—Alba deja al perro que te estoy hablando maldición —Me dio un ligero tirón de la manga bastante más larga que mi brazo que hasta alcanzaba a cubrirme el fin de los dedos.

—Si tenemos respeto por este circo de llorones que ni sienten sus propias lágrimas ¿por qué revocárselo a mi Camille?

—¡Ya! No puedes seguir fingiendo que no te interesa —Dejó caer mi brazo que había estado levantando en seco. El golpe no dolió mucho.


Se cruzó de brazos mirándome.


—¿Y qué si en realidad no lo estoy fingiendo?

—Hazme el favor Alba, que ni siquiera tú podrías ser tan cínica —De nuevo, dejé de mirarla para acomodar mi ahora mucho más estirada manga. No me ofendió.

—Ponme a prueba.

—Ya basta, está bien sentir. No tienes que privarte del duelo —Aitana era siempre muy dulce, de las personas que no conocían el rencor.

—No me estoy privando de nada. El tipo alzó las patas, se quedó frío, tocó el...

—Madre mía Alba ¿te estás acaso escuchando? —Quiso pararse de golpe de la silla pero estas eran bastante pesadas así que sin remedio se quedó atorada justo al borde de la mesa.

—¿Qué? Cosas así pasan todo el tiempo. Ni que fuera el primer muerto en la historia.

—Pero era tu padre —dijo tranquila tratando de disimular la rudeza frente a algunos ojos que ahora nos miraban fijamente. Era buena también guardando apariencias, claro que no tanto como escondiendo sus penas.

—No, no lo era.

—Sé que no te crio pero te engendró y de... —No pude seguir oyendo así que la interrumpí de golpe.

—¿O sea que ahora debo darle las muchas gracias por darme la vida mediante una oracioncita para que mi sentido mensaje llegue al cielo donde ahora se encuentra el infeliz?

—Sé que no estuvo presente pero... —Sí, Aitana no conocía el rencor; así como también desconocía de cuando es el momento idóneo para cerrar la boca.

—¿Pero qué Aitana, qué?

—Pero de alguna manera sigues atada a él —Ojalá nunca hubiera pronunciado aquellas palabras.

—Nunca lo conocí a fondo. Nunca le importé en verdad.

—Pero a ti sí que te interesó —Camille había notado mi pena y también a su causante así que cogí sus patas delanteras y las alcé para que su pecho descansara sobre mis piernas y acaricié lentamente su lomo y cabeza para tranquilizarla. Desde que conoce a Aitana siempre ha estado buscando una razón que justifique el poder morderla. No, no se llevaban bien y decir que en realidad se caían mal sería decir mucho menos poco.

—Solo era una duda que tenía por resolver.

—Tuviste tu respuesta y recuérdame ¿luego qué? ¿no pasaste días revolcándote en tu autocompasión? ¿no te sentiste culpable por haberle creído en un inicio que sí te quería? ¿no te sentiste asqueada por llevar parte de él contigo no importa cuánto lo repudiaras?


Sé que se había guardado esas palabras ya por algún tiempo y no la juzgo por finalmente haber reunido el coraje y la cólera para dejarlas salir.


—Estoy agradecida por cómo se dio mi vida. Que mamá se fuera de su lado fue la mejor decisión de todas.

—¿Pero?

—Nada, solo es curioso el saber que mi valor y todo cuanto mi persona pueda ofrecer estén por debajo de una botella de alcohol —Camille lamió mi rostro y ladró dos veces.


Al fin Aitana comprendió, como ella lo hacía en muy pocas ocasiones, que había llegado muy lejos con sus palabras y que aunque no lo quisiese lo mejor era terminar por callarse unos instantes porque de otra manera si continuaba hablando no iba a poder controlar el efecto de sus pensamientos en voz alta.


—¿En serio crees que esté en el cielo? —Finalmente rompió el silencio.

—Pues dime tú. Si el cielo esta regido de igual manera que la tierra, el hombre siempre será eximido de toda culpa.

—¿Qué crees que nos espere a nosotras entonces? —No pareció sorprenderle mi respuesta anterior y como finalmente habían venido a cambiar de posición el feo adorno ahora no le quedaba nada más que ver que mi rostro en frente del suyo.

—Con un poco de suerte...oscuridad.


De aquel día no hay mucho más para resaltar o mejor dicho y para ser honesta no lo recuerdo. Es como si mi mente hubiera querido aliviarme la pena que se avecinaba sin si quiera yo saberlo. Y es que cuando uno se ha encontrado solo en alma por mucho tiempo aprende la manera de hacerle frente y jugar a tientas con el dolor sea este pasado, presente o inclusive futuro.


¡Miento! Quizá sí queda aún algo en los rincones de mi psiquis sobre ello. De igual manera debo advertirle que están entrecortados dichos recuerdos, medio desmembrados y con muchos lapsos en blanco. Tengo la esperanza de que contándoselo quizá mi cerebro paupérrimo en memorias emotivas -o mejor dicho memorias en general- se ilumine y logre conducirnos hacia el cómo en primera instancia me fue revelada "esa verdad" y el porqué me consumió junto con ella.


—Perdona que te interrumpa pequeña —Me encontraba terminando la tercera taza de café con Aitana mientras Camille intentaba robarse unos bollos de la mesa cuando esta voz me habló—: solo quería decirte que lamento profundamente tu pérdida. Todos estamos muy apenados.

—Gracias Málori.

—No me imagino cómo te haz de sentir ahora —Málori era la ¿ex novia, novia viuda, pareja, conviviente? En realidad nunca supe qué tipo de relación tenían ella y mi padre. Tampoco quise averiguar.

—Creo que sí lo haces.

—No puedes ser tan injusta —Tal como Aitana ella era un sol.

—Quizá tengas razón o quizá no.

—Sé que no te dio lo suficiente pero era un buen hombre —Incluso sus palabras tras pasar por el filtro de la primera impresión al oírlas se volvían simplemente idénticas.

—Málori, si hablamos de dar en la vida no me dio nada más que sus genes. Y que digamos tampoco fueron una brillante contribución.

—Yo sé que se arrepintió en sus últimos momentos de vida —Empezaba a sollozar. Intenté ponerme de pie. Como siempre frente a aquellas circunstancias yo no sabía cómo reaccionar—: lo hizo de corazón y Dios sabe muy bien de esas cosas. Lo tendrá en su gloria.

—Dime ¿Cuántas veces fue que se disculpó con la misma pasión y efusividad?


No mentiré diciendo que carezco totalmente de empatía pero habían ciertas afirmaciones que no estaba dispuesta a tolerar así sean producto de la más profunda pena.


—Si Dios llega a tenerlo en su gloria entonces mi fe se perderá con ese amor que te juró pero sin embargo nunca te dio.

—¡Alba! —Aitana se había puesto también de pie.


A Málori se le cristalizaron los ojos. Ella era un alma pura hasta donde yo la conocía y siempre supe que era una de esas personas con las que uno trata como si de una flor se tratase...y si Málori era una flor pues con mis últimas palabras yo había hecho mucho más que hacer caer sus pétalos. La había arrancado de raíz.


Después de unos interminables segundo en silencio en el cual mi cabeza permanecía en blanco sin saber cómo proceder fue que sentí sus brazos rodeándome con firmeza y su tristeza se derramó sobre mi cuerpo que no pudo hacer más que corresponder su contacto y estar dispuesto a consolarla porque una vez más había traspasado los límites de la sensibilidad.


—Perdóname Málori. Yo nunca quise herirte, te quiero mucho y por eso me veo obligada a decirte lo que te niegas a aceptar; él no te merecía.

—Linda, no digas eso —Aunque todo su semblante estaba de acuerdo conmigo su voz se empeñaba en negarlo.

—Ambas lo sabemos, todos lo saben. Intenté por todos mis medios que te dieras cuenta pero eres demasiado...buena.


Al fin había pensado mis palabras antes de hablar en todo lo que llevaba la ceremonia.


—Bueno, ahora ya no está más —Puso su mano izquierda rodeando mi cuerpo de hombro a hombro.

—Sabes que jamás te culparía por intentar rehacer tu vida, es más te animo a hacerlo mientras más pronto puedas. ¡Animo a todos aquí a hacerlo! No se puede vivir en el anhelo del pasado.

—Eres muy fuerte —No, yo no lo era en cierta manera y esta solo era mi forma de recalcar que desde antes de su muerte él, para mí, ya había dejado de existir—: todos aquí lo extrañaremos mucho.

—No existe un difunto malo eh, por lo menos en algo están de acuerdo todos los presentes, eso y que esta azúcar en cubos es una mierda. Ya llevo cuatro terrones y mi café sigue tan amargo como su carácter.

—Te pareces mucho a él aunque no lo creas —Sabía que intentaba animarla y me correspondió.

—Si pretendías insultarme lo has logrado y con creces.


Aitana me pellizcó.


—Vas a ver que en unos días se sentirá mejor su ausencia y la reflexión te ayudará a perdonar —¿Perdonar? ¿Cómo se perdona algo que no fue directamente una ofensa?, ¿Cómo se perdona el golpe que nunca se dio pero del cual se puede denotar la completa intensión?, ¿Cómo se hace las pases con alguien que jamás podrá responder en su defensa? cómo, ¡cómo!, cuando ni siquiera podré saber si en verdad lo siente...—: Vamos que hay muchos de sus amigos quieren hablar contigo.

—¿Están mis tías?

—Ya llegarán.


Yo sabía que si alguna de ellas llegaba lo harían por puras apariencias y cordialidad o quizá por los escasos buenos momentos que aún se les venían a la mente de los tiempos felices, antes de su declive, antes de que se derrumbara por culpa de su inconsciente vicio. Obviamente yo las comprendía y si nunca se hubieran presentado no tendrá nada que recriminarles. Después de todo llegué a quererlas más que a él aún con sus incontables defectos.


Málori se adelantó y me dejó con Aitana quien luchaba forcejeando con Camille que en un descuido de Aitana había hecho caer el trípode que sostenía el repulsivo adorno de rosas -al que volvieron a mover a nuestro lado de la sala puesto que además de ser visualmente terrible le puedo asegurar esto no se comparaba nada con su nauseabundo aroma y era comprensible que no lo quisiera nadie en su extremo de la habitación- y ahora se encontraba mordisqueándolo y simplemente se negaba a dejarlo.


Cuando me vio ahí parada viéndola se rindió. No era rival para la enorme terquedad de mi preciosa Camille. Nadie lo era.


—¿A quién irás a ver ahora? Parece que te llaman del otro lado —Aitana intentaba recomponerse de la vergüenza fresca pero Camille le restregaba su victoria. Se puso a ladrar y a mover su corta cola de una manera graciosísima—: ¡Perro malcriado! ¡Alba dile algo!

—No pienso saludar a sus amigos. Después de todo la culpa de que ahora esté tieso se la debemos a ellos. Y con respecto a mi preciosa ella puede romper todo cuanto quiera no es que nadie más haya pagado por esto de todos modos y ese adorno era espantoso creo que si no era Camille alguien más lo hubiera hecho.

—Pero esto es una formalidad, no puedes simplemente no... ¡si de por sí ya es un insulto que hayas traído a un animal a un velorio! —Estaba a punto de recriminarme cuando mi linda mascota de pelaje café pasó por entre sus piernas haciéndola tropezar—: ¡Es que no me lo puedo creer!


Le lanzó una mirada de odio la cual Camille correspondió.


—A veces pareciera que no me conoces de nada. ¡Buena nena Camille! Venga en el fondo te cae bien esta lindura y ya sabes que odia quedarse sola sobre todo en esa casa maldita donde tanto sufrió junto conmigo.


Aitana levantó su ceja izquierda mostrando su reprobación


—¿Qué? Bueno si no hay remedio pues vamos. Ven Cams vamos a saludar a esta gente que no hemos visto nunca en nuestras vidas.


Caminamos en un bucle circular por el velatorio lo que yo calculo habrían sido más de siete veces, era algo de nunca acabar.


Cada que parecía que habíamos terminado de escuchar los sollozos de todos los presentes aparecía alguien más que no habíamos visto antes; fue un tormento pero no tanto como lo siguiente que recuerdo.


—Te lo ruego, por favor ya no demos otra vuelta.

—¿Por qué?

—Porque tengo la ligera sensación de que aparecerán muchas otras personas más que querrán contarme cómo era un increíble amigo, buen profesional, camarada y gran familiar y créeme que por hoy ya escuché suficientes mentiras. Más de las que él probablemente dijo en toda su vida.

—Eres una exagerada Alba.


Guardé silencio.


—¿No es eso lo que te molesta cierto Alba? —me miró a los ojos tristes.

—Sabes bien que no.

—Bueno, si vamos a dar otra pasada haz de necesitar más café —dijo alejándose unos pasos.

—¡Lo que necesito es un buen pisco! A saber qué otras blasfemias tendré que tolerar.

—Tu tío saqueó a los mozos antes de que pudieran bajar las escasas botellas pero veré que puedo hacer —cuando acabó de decir aquello me volteé en seco.

—Aitana joder ¡creí que...!

—Tu tío nos hizo el favor. Creí que sabías —dijo esta comprendiendo el porqué de mi descontento y queriendo reír.

—Y yo tomando un café de mierda hace más de tres horas joder.

—Bueno voy, mientras a ver si puedes conseguir calmar al monigote ese —Se alejó.


Camille pareció comprenderla y protestó pero Aitana ya estaba bastante adentrada en el salón como para escucharla.


—Lo que ella no sabe es que tú estás más preciosa y también me proteges mejor de lo que nadie jamás podría.


Estaba llenándola de mimos cuando sentí una mano pesada sobre mi hombro, de escaso calor y aún menor firmeza que me invitaba a voltearme sobre mí para lograr divisarle el rostro a mi nuevo interlocutor que de seguro me traía algunas anécdotas junto al señor que estaba a punto de ser enterrado en el cajón.


—Mis disculpas —Su voz era sonora y poco melódica.

—Buenas noches ¿señor?

—Lopez, me apellido Lopez, señorita Reize. Fui un...digamos que un muy buen conocido de su padre —Aquí la palabra conocido esconde mucho más que un hola y un adiós. Esto es algo que se aprende con el tiempo.

—Un gusto, pero ese no es mi apellido.

—¿Perdone? —No pareció sorprenderse, de hecho algo en su rostro me decía que él ya lo sabía.

—Que ese no es mi apellido.

—Disculpe usted, creí yo que me dirigía a la hija de...mi difunto amigo ¿sería tan amable de decirme quién es? —dijo en un fingido tono incrédulo.

—Se trata de mí, sí soy la hija de Vicente Reize.

—Ah, ya veo —Desde luego lo sabía desde antes. Su voz era desdeñosa— ¿Por qué dice que Reize no es su apellido entonces?

—Porque adopté el nombre familiar de la persona que me crio. Mi madre.

—Qué gesto tan frío despojarse del apellido de un padre —dijo encendiéndose un cigarrillo grueso y rústico sin filtro, de esos que dejaron de fabricarse hace años. Aún sin llevarlo encendido Camille había logrado detectar su olor un tanto familiar y husmeaba en el bolsillo del largo saco de mi interlocutor cuando él introdujo su mano para alcanzarlo.

—Y sin embargo, no lo suficiente como para...


Me detuve cuando un escalofrío proveniente de su desgarrador aliento atravesó mi cuerpo.


—¿Decía? —Notó la mirada curiosa y desconfiada de Camille analizándolo, casi cuestionándose de su existencia— ¡Es un precioso animal! Puedo preguntar ¿De qué raza es? —dijo sarcásticamente agachándose e intentando acariciar de cerca a Camille quien se había refugiado entre mis piernas.


Sí, era grande pero muy asustadiza y para hacerle justicia aquel tipo también me daba una impresión bastante extraña si no es terrorífica. Pronto descubrirá el porqué.


—No es de raza pura.

—¿No? ¡Está tan bien conservada que casi logra engañarme! —Su cara se recogió en una mueca de desprecio.

—Es hermosa pero bueno, dígame ¿en qué le puedo ayudar? ¿el café no está lo suficientemente negro o es que como yo tampoco sabía que había pisco y ha estado tomando esta horrible bebida hace horas? o ¡ya sé! quizá también vendrá a decirme que el traje del fallecido no era de su color preferido ni mucho menos el más favorecedor, quizá ¿el aroma de las flores es muy festivo para un día de luto? Escoja una.


Tal como lo dije, aquella noche había escuchado centenares de disparates más que condolencias. Era un escenario nulo en compasión y recuerdos si se lo comparaba con las críticas y cuchicheos malintencionados. ¡Vaya forma de honrar una muerte!


—Ya veo que para usted ha resultado bastante extenuante este proceso —dijo reincorporándose alcanzando a tocarle la nariz a Camille; ella se entumeció como si le temiera.


Es difícil de explicar pero sentí en ella no cualquier tipo de miedo si no ese del cual uno creyó haber escapado hace tanto tiempo que más lo recuerda como una terrible y abstracta pesadilla y ahora de nuevo aparece de entre las penumbras tomando su forma real justo frente a tus incrédulos ojos.


—El papeleo es un infierno, es todo.

—Oh estoy completamente de acuerdo; después de una vida entera de burocracia uno creería que tras la muerte finalmente se desligaría a estas caprichosas formas de "fomentar y mantener el orden" pero no, es aquí cuando más pesan. Uno tiene que pedir el permiso hasta para que lo puedan cubrir con tierra —Estaba disponiendo entre contestarle rápidamente, excusarme y retirarme o resistir hasta que Aitana volviera.


«Maldita sea» Me dije «Hubiera solo pedido el café».

—Arriba el régimen corrupto y conservador al que no le basta con robarnos el dinero de trámites insulsos y ridículos si no que además nos ridiculiza haciéndolos interminables fundando dos municipios y entidades por cada sello existente.


Me dispuse a resistir después de todo era lo que había estado haciendo toda la "velada".


—¡En definitiva usted es su hija! —dijo tan tajante como irónico.

—Créame, no tiene idea de cuántas veces he oído eso hoy.

—¿Le disgusta acaso? —Se acercó de manera tan rápida que me resultó imprudente. Camille que se había recostado a mis pies se paró de inmediato y gruñó despacio aunque lo suficientemente alto como para que el extraño notara su advertencia.


Se me encoge el corazón al reflexionar en que ella estaba casi tan asustada de su perturbadora presencia como yo; sin embargo, aún así estaba dispuesta a hacerle frente para darme seguridad. Porque aunque habían muchísimas personas alrededor aquel instante parecía como arrancado del vacío donde solo estábamos los tres haciendo la experiencia atemorizante.


—No como usted lo piensa ¿señor Lopez?

—Así es -tomó una maquiavélica pausa— Tadeusz Lopez.


Fue entonces que vino a mí, como si de un golpe limpio se tratase, uno certero y mortal que llega desde el anonimato de tus memorias. Aquel nombre que se te escapa pero tienes en la punta de la lengua y no sabes si es que eres incapaz de pronunciarlo por el peso que conlleva o si en realidad escapa de tu recuerdo.


«Ese...ese era el nombre» Pensé.


Los gritos se agolpaban de lleno dentro de mi garganta. Justo al filo pero sin lograr poder ser vociferados por el mismo miedo que empezaba a abrirse camino desde mi corazón hacia mi mirar.


La ahora puntiaguda figura de este individuo pasó a tornarse gradualmente en un halo oscuro, podía ver a través de su feroz mirada que disfrutaba con mi estupefacción.


—Pero tú puedes llamarme papá.


«El nombre que papá usaba cada que jugaba conmigo, me contaba cuentos y...» Finalmente cayó sobre mí «y a quien culpaba cuando me golpeaba tras llegar ebrio a casa».

—Hola, mi nena.


Sí, mi padre era un alcohólico, pero no cualquiera si no uno bastante violento.


Mamá decía que sobrio era la persona más dulce de todas y yo lo sabía. Éramos más o menos felices hasta la siguiente noche de paga; entonces se desataba la bestia. Yo era muy pequeña para recordar todo exactamente pero hay algo que jamás podré olvidar...el como a la mañana siguiente me contaba que no había sido él el malvado si no Tadeusz Lopez que se apoderaba de su cuerpo.


Recuerdo que Camille estaba encima de la mesa ladrando. Arreglos florales viniéndose abajo. Gente cuchicheando a mi alrededor. Unos poco marchándose. Otros menos llegando. Un tío ebrio proponiendo un brindis mientras la familia al fin conoció a aquellos amigos y compañeros de trabajo del viejo, lo cual les resultó sumamente desagradable. Gente lamentando más la mala ubicación de los adornos que la mismísima pérdida del muerto. Y por último, Aitana dejando caer las copas corriendo hacia mí.


Se apoderó aquella sonora voz.


"Hola, mi nena

hola, mi nena, mi nena, mi ne...

hola nena, mi, nena hol...na

mi nena...Hola mi nena"


Lamento el no poder recordar nada más.


Tras unas semanas en las cuales no tuve conciencia de mí misma y no me refiero figurativamente si no que en realidad estaba postrada en una cama de la alcoba de la casa del mismo hombre muerto que me había hablado tan claramente hasta causarme un colapso.


Sentía el calor de Camille a mi lado mas no oía sus pasos, olía el aroma a aceite de jojoba que solía llevar Aitana para humectar sus manos, inclusive sentía el suave tacto de las sábanas; pero de mi cuerpo...de mi cuerpo no estaba segura poder sentir nada.


Sabía que si mis sentidos estaban intactos era porque seguía bastante aferrada a la vida y aún cuando nada me dolía no comprendía el porqué no podía dejar de estar tendida.


Pasaron las horas como una brisa otoñal intensa. Un fuerte dolor de cabeza y más voces se hicieron presente en mi atónita mente.



"Son idénticos" "Él en vida fue muy bueno"


"Eras su inspiración" "Nunca entendió el porqué le dejaste de hablar"

"La familia es para siempre" "Eres su viva imagen"


"Hasta en la mirada se le parece" "En unos años serás tal y como él siempre quiso que seas"


"Malagradecida" "Tranquila te sobrepondrás a esta terrible pérdida"


"Que ni crea que le tocará herencia" "Dejó una fuerte suma"


"Yo oí que estaba quebrado"


"¿Alguna vez consiguió trabajo?" "El amor no se mide con el dinero, te apoyó con lo que pudo"




"Hola, mi nena".


Finalmente mi rabia logró que mi cuerpo se liberara de aquel trance en el cual ese ser despiadado había logrado enclaustrarme nuevamente.


Grité.


Grité con todas mis fuerzas. Como si fuera de nuevo esa niña escapando de las garras de un tal Tadeusz.


—¡Alba! ¡Ay Dios estás bien! -Era Aitana, quien no se había despegado de mi lado- ¿Cómo te encuentras? Yo...


No sabía si estaba de vuelta o en realidad nunca me había ido...al despertar solo sentí un pinchazo a la altura de la cabeza y el pecho simultáneamente que pareció resetear los últimos sufrimientos de por medio, no porque dejaran de doler si no por no recordar el porqué había llegado a sentirlos tan vívidamente.


Lo que llegó a pasar el resto de los días fue intransigente.


Seguía oyendo su voz a cada instante pero no se hacía presente en forma corpórea como aquel día. Aún así era una tortura y parecía consumir mis recuerdos pues a la hora de dormir todo cuanto podía evocar del día pasado eran las cosas que "él" me susurraba.


Aitana me llevó a rastas al hospital para que me hagan algunos análisis debidamente, lo cual nos retuvo unos días más en la indeseable ciudad hasta que finalmente el médico decretó que no había alguna anormalidad y que era más que seguro que aquel desmayo, la baja de presión y los días sin poder levantarme de la cama se debían a las fuertes impresiones que me había tocado vivir recientemente.


—¿Cree entonces usted que pueda viajar sin ninguna dificultad?

—No recomendaría un viaje aéreo debido a que su presión puede variar repentinamente como ocurrió hace unos días y bueno, no queremos eso. Aún está recobrando todas sus fuerzas —dijo el doctor a Aitana y a mí mientras ordenaba mi expediente médico en su escritorio.

—Perfecto, entonces cuando más pronto alquilaremos un coche y nos iremos por carretera.

—¡Es un viaje de cuarenta y ocho horas! —replicó Aitana mirando de reojo al médico para que la apoyara en quitarme la idea de regresar a nuestro pueblo pronto.

—¿Prefieres quedarte aquí otra semana? Porque yo no, me enferma este lugar.


De alguna manera quería engañarme creyendo que él no se atrevería a perseguirme hasta mi hogar.


—¿Es posible doctor? —No tuvo éxito, el doctor no se iba a meter en nuestras riñas personales. No.

—No debería haber ningún problema con ello —Aitana hizo un gesto maldiciéndolo—: siempre y cuando el viaje tenga repetidas paradas de descanso y el clima sea favorable. Recomiendo que no maneje.

—Muchas gracias.


Cogí a Aitana del brazo pues tenía prisa en volver a la casa con Camille a la que irremediablemente tuvimos que dejar al cuidado del jardinero, arreglar nuestras maletas y finalmente marcharnos del horroroso lugar.


—No hay de qué. Por cierto, lamento su pérdida. Era un buen hombre y usted...¡son idénticos! —dijo el médico mientras nos abría la puerta de su consultorio.

—No tiene idea de cómo me pone oír aquello doctor.


Llegamos a la casa y los ojos verdes de Camille ya se encontraban puestos en la ventana aguardando nuestra llegada. Empezó a ladrar y a correr en círculos contenta. Abrimos la puerta y empezó a saltar de un mueble a otro.


Me atrevo a decir que ya sabía por adelantado mi firme decisión de largarnos aquel mismo día de allí y estaba más que de acuerdo porque sentía mi sufrimiento.


—Alba por favor no —dijo Aitana tras cerrar la puerta.

—Oíste al doctor, dice que estoy bien para viajar.

—¿Y si se equivoca?

—Por favor. No estudió interminables años de carrera para equivocarse en algo tan absurdo. Yo estoy bien y hoy mismo nos vamos.

—¿Hoy? Has perdido la cabeza.

—Si nos apresuramos en guardarlo todo estaremos en la costanera para las dos en punto.

—¡Pero a esa hora hace un calor que te mueres! Además nunca he manejado en la carretera interestatal.

—No te preocupes de eso me encargo yo.

—El doctor dijo que no.

—Dijo que aconsejaba que no, lo cual me lleva a pensar que lo dejó a nuestro libre albedrío de decidir si me sentía capaz o no de hacerlo y pues adivina ¡me siento de maravilla! ¡vamos Camille empaca tu correa, nos fugamos de esta pocilga! Sin ofender Fran, el jardín te quedó divino. Tu paga está en la mesa ¿Camille te causó alguna molestia?

—Oh no señorita —el viejo jardinero Fran— Ninguna, es tan encantadora como su dueña.

—Entonces ha de ser insoportable —dijo Aitana enfadada.

—Fue un gusto verte de nuevo Fran, cualquier cosa sobre el mantenimiento del patio te mando un mensaje.

—¿Está pensando mudarse aquí? —dijo este curioso y esperanzado.

—¿Qué? No Fran, para nada.

—¿Entonces me supongo que alquilará la casa cierto? Si no no entiendo para qué tantas remodelaciones —En efecto, mi idea no le agradaba y no escondía su descontento.

—Sí Fran, me dispongo a alquilarla si tengo algo de suerte. Además sigue siendo el legado de mis abuelos.

—También lo es de su padre —finalmente lo dijo.

—Preferiría excluirlo de aquel bonito recuerdo.

—Ay señorita el primer paso para el olvido es el perdón.

—Pensaré en ello con frecuencia Fran.


Se abrió paso entre Aitana y yo y desapareció en el corredor que llevaba a la puerta principal y de un fuerte golpe la cerró.


—Bueno ¡empecemos a empacar!

—Fuiste muy grosera.

—En serio ¿ahí vas tú también?

—Fran no quiso...

—Aitana de mi corazón. Fran tiene más de sesenta años y que digamos nunca estuvo en completa lucidez y es que ¡es todo un romántico!

—Aún así tiene razón.

—¿En qué?

—Al decir indirectamente que estás desesperada por desligarte de algo que nunca te perteneció y sin embargo llevarás siempre contigo.

—¿Y eso es?

—La necesidad del amor que buscaste y te denegaron. No lo lograrás sin antes perdonar.

—¡Vaya ridiculez, yo estoy bien! Vamos Camille llamemos a la compañía de renta de autos. Si Aitana quiere venir con nosotras genial y si no pues puede irse a la mierda junto con esta casa familiar, mi inexistente necesidad de amor y el estúpido fantasma del viejo mugriento de joven.

—¿El qué?


Ni siquiera yo misma fui consciente de mis palabras y de igual manera salí apresurada con Camille a mi lado de la estancia disparada al cuarto donde había estado durmiendo y empecé a envolver mi ropa y a la fuerza hacer que entre en el maletín porque tiempo para doblarla no podía perder.


En eso Camille empezó a ladrar y sentí como una correntada fría soltó un "Silencio" haciéndola callar. Sabía que no era Aitana, ella nunca se dirigía de frente a mi mascota. La voz aunque inició delgada culminó gruesa, tétrica y familiar. Decidí voltear en seco, no iba a esperar a que "algo-alguien" me tocara el hombro de nuevo como aquella vez en el velorio.


No caería de nuevo.


Volteé con fuerza.


Nadie.


Pero la voz seguía haciendo eco entre las paredes de mi subconsciente el cuál intentaba decodificarla y asociarla a un rostro sin éxito hasta que su imagen apareció de nuevo en mi mente.


«¿Cómo es que aún estando muerto sigues dándome problema» Pensé. «Supongo que es algo propio de los entes parasitarios como tú».


Pasaron unas cuantas horas y ya tenía todo listo. Aitana había accedido de mala gana a mi "capricho" y había salido a comprar comestibles y medicamentos de emergencia por si acaso para el viaje. Camille dormía al sol del jardín de abajo y la empresa de los coches llamó y aseguró que en menos de media hora estaría cuadrado en nuestra puerta par firmar el contrato y finalmente poder irnos.


Todo iba bien.


Hasta que...


—¿Así que fantasma del viejo mugriento cuando era joven? —palidecí—: Es una forma muy irrespetuosa de dirigirse hacia tu padre ¡pero qué mal te educó tu madre!


El espectro flotante finalmente se apareció al frente mío con la misma ropa y el mismo cigarro del funeral.


Tras unos segundos congelada se me ocurrió hablar. Ya eran muchos años para temerle.


No debí.


—Tuvo que hacerlo sola. Eres el último que tendría derecho a criticar su crianza.

—No hay excusa para la mediocridad —respondió fumando una calada.

—Tampoco la hay para el abandono.

—Mi querida nena, yo jamás te abandoné —Sus ojos estaban vacíos.

—Es cierto, no puedes dejar un lugar en el cual nunca estuviste.

—Y sin embargo —Se acercó a mí señalándome— mírate no podrías ser más parecida a mí ni copiando y pegando mi imagen misma.

—El físico es algo de lo que no se puede escapar. Reconsideré una reconstrucción facial pero ya sabes el costo más impuestos es tremendo.

—Si tuvieses mi apellido ahora tendrías mi dinero —Avanzó hacia mí.

—¿Para qué querrías eso? Jamás quisiste que fuera una Reize.

—Pero lo eres y completa. Más que nunca. ¡Felicidades! —Era malvado.

—No es cierto ¡No es cierto!

—Para qué esmerarte en negar algo que es tan propio como tu mismo cuerpo, tus mismas palabras, tu misma mirada ¿alguien te ha dicho ya que tienes mis ojos? De seguro que sí y déjame decirte que no es una coincidencia que a estos les digan "las ventanas del alma".

—Es ridículo...es solo genética.

—El interior se ve reflejado en tu exterior y déjame decirte que somos dos gotas de agua...si eres idéntica a mí por fuera también lo eres por dentro. Y ¿si tan segura estás de que solo es algo biológico por qué estás tan asustada? —Aún le temía.

—No lo estoy.

—Mira tu cuerpo mi nenita, estás temblando. ¿Temes parecerte a tu papi? —Intentó tocarme con su gélida esencia pero me alejé.

—Tú no eres mi padre.

—Eres mi legado, me mantienes con vida; una vida de la cual nunca podrás escapar.

—Cállate ¡cállate!

—¿Qué es lo que tanto te asusta de mí? —Mermó su intensidad.

—No te tengo miedo.

—¿Odio entonces? ¿acaso me odias mi nena? —Su mirada fingió una falsa congoja.

—No. Si no mereces mi amor mucho menos mi odio.

—¿Quizá te avergüenzo? ¿Te molesta que sea un alcohólico?

—Fuiste un alcohólico. Ahora estás muerto. Bajo tierra donde no puedes engañar a nadie más.

—Ah con que es eso ¿crees que te engañé?

—Lo hiciste, y muy bien.

—Cariño, ya no estás pequeña y debes afrontar la realidad y dejar de culparme por tus insuficiencias.

—¡Dejar de culparte! ¿Cómo no podría culparte si eres el que propició toda carencia en mi vida?

—Eres tan dramática como tu madre —Rio despiadadamente.

—¿Por eso fue que nos dejaste?

—¿Tanto quieres saberlo? ¡Qué más da si ya estoy muerto! —Sus malditos ojos vacíos.

—Tengo que saberlo. ¡Dime por qué!

—Cometes un error nena.

—¡Solo dime!

—Pues bien —su voz cambió por completo—: te dejé porque te amaba y quería protegerte de los estragos de un vicio que yo jamás pude controlar. Aún siendo débil tenía fuerza para lastimar. Me torturó tu ausencia, me dolía el saber que no fui capaz de sobreponerme al destino. Pero siempre te amé, te amo y ahora pido tu perdón.


Mis ojos se llenaron lágrimas que brotaban de las esquinas de mis ojos sin esfuerzo alguno.


—Mientes.


La respiración empezó a fallarme.


—Claro que no mi nena ¿Cómo puedes decir eso?


Mi cuerpo se fue doblando en una dolorosa posición hasta quedar arrodillado en el piso con la cabeza mirando en alto


—Porque esas son las palabras que siempre esperé me dijera. No quieres mi perdón, no eres él, no eres el fantasma de mi padre.

—En efecto. Solo soy el recordatorio de tu miedo latente a terminar igual de miserable que él y es que todos tienen razón ¡son tan parecidos! —La voz retumbó en sonoras risas.

—No, ¡ya no más!


Y es así como llegamos al momento presente.


Estoy aquí en el piso superior frente al espejo del baño y mis rizos negros son historia, mi nariz idéntica a la suya ahora está rota, mi cuello sangra por las pecas que heredé de él pues en un intento desesperado por quitarlas me rasguñé hasta traspasar la piel.


El dolor se ha vuelto insoportable pero no me atrevo a gritar pues Camille despertaría y me niego a hacerla sufrir...


Dejé los ojos para el final pues si no me hubiera sido imposible continuar.


¡Mírame papá! ¿sigues creyendo que soy tu nena?


Tengo la misma tijera que dio fin a mis cabellos y estoy dispuesta a dejar que se encargue de mis ojos también...perdone, creo que después de todo no nos podremos tomar ese té.


PD: Aitana si es que no lo logro -no, no lo haré- por favor nunca abandones a Camille y a los de la funeraria pídeles que para mi entierro no manden esas feas rosas rojas.

05 Mart 2021 15:43:18 2 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

Alba Ferreyc Puede que algún día escriba algo cuya esencia realmente me guste. ¡Hola extrañas, extraños y extrañes! Creé esta cuenta para poder transmitir mis más atesorados pensamientos, ideas, interrogaciones, aflicciones e inclusive deseos en forma de algunos escritos. Espero algunos de ellos logren despertar en ustedes aquellas magníficas sensaciones que solo se pueden atestiguar leyendo. Este es un lugar seguro. Love AF TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ©Registro de Obras Literarias Inéditas ©Registro de derechos de autor en el extranjero

Yorum yap

İleti!
Jancev Jancev
Dios mío, cuánta oscuridad, siempre me han gustado las historias de este estilo y tu las escribes genial. Felicidades de corazón, espero seguir disfrutando de tus letras. Solo recuerda revisar el tema de las rayas, se te colaron un par de guiones por allí. ¡Saludos!
March 26, 2021, 19:42

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    ¡Muchas gracias por tu tiempo y tus amables palabras! Es cierto, aún quedan algunos detalles por corregir. Cuando realice la próxima revisión de este escrito desde luego que seré mucho más minuciosa. Gracias de nuevo por la corrección. ¡Saludos y un gran abrazo a la distancia! March 27, 2021, 00:30
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