albaferreyc09 Alba Ferreyc

La humanidad tiene muchas cosas de las cuales avergonzarse, acontecimientos que se desgranan en historias dolorosas que han conmovido, ofendido, denigrado y sorprendido al mundo entero por su incierta veracidad o su real crudeza. La esclavitud es un buen ejemplo de ello. Pero también existen aquellas historias que han sido perdidas y llevadas a través del viento del olvido o enterradas en las arenas del tiempo en su mayoría por el gran horror e incomprensión que tienen dentro de sí. Esta es una de ellas. Zuberi es un hombre negro que, como sus compañeros, fue forzado a abandonar su hogar a manos de los conquistadores y posteriores comerciantes de esclavos; fue así como llegó a parar a las costas de Cebado Blanco en el continente Sudamericano para servir con su mano de obra a los amos hacenderos dueños de las tierras. Para él, su único refugio en medio de la atrocidad y violencia en este nuevo y desconocido paraje donde es expropiado de toda noción de libertad, recae en aferrarse desesperadamente a su primer y único amor quien a su vez tras una serie de eventos que pueden ser, o no, catalogados como catastróficos (el lector lo decidirá en todo caso) sería la causante de su descenso a la locura envolviendo a quienes lo rodean con la desgracia de su sufrimiento. Quien alguna vez personificó la esperanza para él ahora desencadenaría su ira hasta sellar su destino. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


Kısa Hikaye Sadece 18 yaş üstü için. © ©Registro de Obras Literarias Inéditas©Registro de derechos de autor en el extranjero.

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Kısa Hikaye
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El marrón de la tierra jamás debió fundirse con el azul del mar

Dedicatoria: En memoria de la lucha por la liberación afrodescendiente en todo el mundo; sobre todo en mi natal Latino América. ¡Nunca más!

Cuando llegaron por primera vez a nuestras indómitas tierras traídos por enormes velas blancas semejantes a las nubles que emana el cielo crepuscular arrastrando cortezas de árboles enormes que flotaban en el mar que aquel día parecía revestir con su oleaje el mal presagio que se avecinaba sobre todos nosotros. No viste...a pesar de la destrucción y la muerte que desembarcó con ellos, como si de una parte más de su acorazado ser se tratase, no viste más que solo, en medio de la catástrofe, unos ojos azules.

Desde entonces en medio del saqueo y la opresión tu mirada irradiaba horror. Todos creyeron que, como ellos, sentías en lo más claro del alma una punzada asesina que poco a poco, con cada resistencia oprimida, desgarraba más profundamente tu ser y con él el recuerdo de lo que fue antes y aquel día se desmoronaba bajo los pies de los pocos sobrevivientes al genocidio.

Pero no, yo estaba tristemente destinado a descubrir lo que ese semblante carcomido tuyo lamentaba en realidad; incluso en aquellas interminables noches en altamar ahora me atrevo a asegurar que no te encontrabas anhelando más la libertad de lo que rogabas poseer esos ojos azules.

—Ten, come de mi ración —dije tratando de alcanzarte un pedazo de lo que parecía un engrudo seco de maíz—: no has comido bien hace dos días.

—En realidad —Tu rostro antes de perfil ahora se inclinaba de una manera preciosa aunque muy debilitada sobre tu hombro mientras alargabas tus brazos para recibir la comida. Me embargó la nostalgia—: solo ha pasado un día.

Hacía ya un par de meses que nos habían obligado a abandonar las costas de nuestro continente; no podría expresar con exactitud cuánto tiempo duró el infernal viaje. Solo puedo afirmar que pasamos por tres tormentas y al menos, las pocas veces que llegué a divisar el cielo, vi dos lunas llenas aparecer por el oeste. Empero hay algo que sí puedo constatar...perdí a más de la mitad de mis hermanas y hermanos, quienes como yo fueron obligados a entrar a la embarcación rodeados de cadenas que apretaban y raspaban nuestras muñecas y descarnaban nuestros tobillos cada que intentábamos movilizarnos de un lado a otro.

Muchos de ellos fueron a parar a las mandíbulas de los peces asesinos de aquellas cristalinas y engañosas aguas tras luchar por liberarse; morir era mucho más digno que rendirse frente a la esclavitud. Yo no tuve la valentía de hacerlo. Quizá porque en otro tiempo amé desmedidamente la vida y no podía pensar en despojarme de ella aunque fuere por piedad, miedo u honor. Además me mantenía si no es vivo, cuerdo, la vil esperanza de que aún no había visto flotando por entre la burbujeante espuma salada tu cuerpo sin vida, Johari, lo cual era el único posible y a la vez poco fiable mensaje de que también seguías con vida y me aferré a esa idea ferozmente.

Asante upendo Zuberi —Finalmente dijiste porque creo llegaste a sentir algo de rencor en tus propias palabras—: en serio, no necesitas energía más de lo que yo.

—Sé que siempre has sido más fuerte gem kidogo, pero ahora no tienes que probarme nada Johari —Sonreí para ti lo mejor que pude aunque esa simple acción, de alguna triste manera me quemaba el pecho y hacía disminuir mi respiración. Hacía tanto no podía existir una sola sonrisa genuina.

Cuando arribamos a las nuevas tierras desconocidas no fue muy difícil comprender que estas tampoco pertenecieron originariamente a los hombres que nos traían desde lo que se sentía, a juzgar de la enorme diferencia de este paraje, como el otro lado del mundo pues se notaba un pobre intento de los pocos nativos que quedaban por repeler el ingreso de las costumbres foráneas de estos 'conquistadores' en sus amadas tierras.

Desembarcamos, no nos habían dado de comer o beber hacía un par de días, intenté buscar desesperadamente tu rostro entre la ya casi minúscula multitud, comprendí que no estabas cuando solo vi el barco en el cual yo llegué estaba en la bahía.

«Debí haberme lanzado al mar. Ahora mi cuerpo podría estar descansando en el mareaje ». Pensé.

Y quise llorar pero mis ojos no fueron capaces de producir ni una lágrima.

Asante —Solo atinaste a decir, ignorándome casi por completo, como si esta última palabra no estuviera si quiera dirigida hacia mí.

—Joh...Johari —Una voz quebradiza que en algún tiempo resonaba cada noche en mis oídos se oyó en la penumbra de la madrugada—: Sefu sigue muy débil. Va a enfermar. No le darán comida porque dicen que no rinde ni para migajas pero no mejorará si no se alimenta.

—Nyah, ten esto y dáselo a tu hermano. Haz silencio, no me gustaría que alguien más se despierte, no soportaría no poder compartir la comida con ellos —Te acercaste hacía la muchacha menuda, que yo sabia no tenía más que tan solo dieciocho años y nadie se explicaba cómo había logrado sobrevivir hasta ahora.

Pasó un mes entero antes de que volviera a divisar las velas del barco que te había arrancado de casa; aquel día estábamos trabajando en las minas de la costa. Corrí a su encuentro liberándome de los vigilantes de turno y observé bajar a muchas mujeres que en mi vida había visto y se encontraban en un estado tan demacrado como en el que yo estaba la primera vez que pisé estas arenas ardientes. Antes de que pudiera lamentar que no estuvieras ahí dos hombres se me tiraron encima y aunque había aprendido a ya no luchar mi impotencia fue tan fuerte que olvidé ese método tan básico para mi sobrevivencia, la humillación contra el yugo opresor; despedazaron el trozo de tela que llevaba como prenda dejando mi espalda al descubierto propiciándome azotes con una brutalidad macabra característica de aquellas pieles pálidas durante lo que yo calculo fueron algo de dos horas antes de dejarme atado casi colgado de mis brazos a un árbol cercano.

—Asante Johari, sé que debes encontrarte muy cansada pero por favor, acompáñame a donde está tendido Sefu, me pidió verte. Está muy adolorido por los golpes que le dieron como castigo, tú sabes hacerlo calmar mejor que yo —Te dijo mientras tomaba tus manos entre las suyas.

—Vamos Nyah, igual no iba a lograr conciliar el sueño hoy —Esta última frase tuvo un tono familiar al de una reprimenda sin receptor alguno—: vamos sin hacer ruido.

—Si te he despertado Zuberi, no era mi intención —dijo Nyah dirigiéndose a mí con la voz más delgada que alguna vez habrá escapado por entre sus labios.

— No, no me has despertado tú, ya lo estaba —Acercó sus finas manos e intentó poner una pequeña porción del pan sobre las mías—: Tranquila, ve.

—De acuerdo —Asintió con la mirada gacha y recriminadora que desde hace algunos meses me dirigía más que solo ocasionalmente y se fue al lado de Johari para dirigirse hacia el grumo de paja en un rincón del recinto que hacía de cama para el adolorido Sefu.

Recuerdo mi espalda sangrando, a penas si acababan de cicatrizar levemente las anteriores heridas provocadas también bajo el lema de "corregir la insubordinación", una ironía que los mismos que llamaban así a mi justo castigo fueran los más apartados de todo sentido de justicia existente.

Me dirigía con ayuda de Khamisi, mi viejo amigo, a manos de Furaha, nuestra antigua curandera. Había descubierto y aprendido a preparar ungüentos curativos con algunas de las pocas hierbas no tóxicas y letales que crecían por los ásperos alrededores, ayudaban con el dolor, reducir el sangrado y prevenir infecciones en las heridas abiertas. Aunque no eran tan efectivas como las de casa.

—¿Segura que escogiste bien las hierbas no? No vaya ser que me mates —dije a Furaha quien era bastante fácil de irritar.

—Bila shaka hapana —dijo colocando las hierbas molidas en mis heridas —majani marefu yanakuua.

—Es cierto solo las de hojas alargadas y gruesas pueden matarte, a lo mucho las otras te enfermarán terriblemente. —dijo una voz que se sintió tan quebrada como familiar, volteé sobre mi mismo y me topé con un par de ojos color aceituna bastante conocidos que se llenaron de lágrimas al verme casi masacrado. Era Nyah.

Tras superar la fuerte impresión después de un par de minutos me dijo que había llegado hacía unas horas a la costa. Cuando le pregunté por ti se le escapó un quejido después de decirme que te habían hecho desembarcar en otro puerto me agradeció haber cuidado de su hermano, Sefu, aunque en realidad era él el que había estado cuidando de mí sobre todo en las veces que me molían los huesos los cuales a penas si sostenían algo de carne y que simplemente yo me negaba a aceptar la idea de que ahora este le pertenecía y vivía solo para servirle a alguien más.

«Ahora yo voy a cuidarte» me dijo.

—Johari... —Susurré.

Te vi cuidar afectuosamente a Sefu, el gemelo de Nyah, con una delicadeza propia de ti que tus solos movimientos me trasladaron al pasado y lo que pudo haber sido.

Amargamente mi pesar no hizo si no acrecentarse no por finalmente haber aceptado que ya no te vería nunca si no porque gran parte de mí quería seguir creyendo. Nyah intentaba cuidar de mí lo más que podía, tengo tanto que agradecerle ahora pero temo se asuste de lo que me he llegado a convertir...su amor...mi reciente descubrimiento de su amor por mí es lo único que me queda ¿será que podrá comprender lo que hice? lo que hice por culpa tuya...Johari.

Acontecieron aproximadamente dos meses desde la llegada de Nyah a Cebado Blanco cuando una carreta tirada por un par de mulas llegó a la hacienda. En ella permanecían atadas unas mujeres con sus hijas e hijos, los niños no podían tener más de 10 años debido a su enjuta complexión.

Las madres gritaban con desesperación al ver que las bajaban de la carreta pero sus hijos permanecían allí entre sollozos sin comprender bien lo que ocurría en total confusión. Recuerdo claramente que una de ellas fue brutalmente golpeada por el ayudante del administrador que llegó a asegurar la transacción porque no podía ahogar sus gritos y ni aún con todos los golpes recibidos esta madre no dejaba de luchar por soltarse de entre los brazos de sus compañeras intentaban detenerla sabiendo que la suerte ya había sido echada hacía mucho para ellas y sus hijos; podría jurar que su dolor atravesó mi cuerpo. Cada vez que evoco aquellas memorias todo mi ser se petrifica, casi estoy seguro de haber sentido como la aflicción que desprendía ascendía desde mi garganta directo hacía las cuencas de mis ojos y después que después de mucho tiempo dormidas e inutilizadas se alzaron en ellas unas lágrimas tan saladas como abrazadoras.

En medio de tan fuerte conmoción una joven abrazó por la espalda con una pasión sobrehumana a la madre desconsolada quien al verse ya tan débil y abrumada se dejó caer a sí misma y consigo sus desgracias en aquellos brazos compasivos.

No podía creer lo que mis ojos empapados vieron ese día. La joven eras tú.

—Nos vemos en unas horas Johari —Intenté tocar tu hombro medio desnudo antes de que te agruparas con las recolectoras.

—Cuídate Zuberi —Aceptaste mi tacto; tus ojos desmentían que no habías logrado pegar los párpados ni una sola vez en todas las horas transcurridas. Te alejaste para tomar tu lugar con el resto de tu grupo.

—Eh Zuberi, si es que Johari no alcanza a cubrir la marca de recolección que le toca hoy le daré cuanto le falte de mis recolecciones, después de todo se la debo por Sefu —Nyah se había escabullido por entre los demás y ahora se encontraba apoyada en mi espalda con ternura.

—Es cierto Nyah, pero si el vigilante se da cuenta te castigaran y pueden hacerte daño, solo están esperando que les des un motivo.

Yo como todos los demás no pasaba por alto la radiante y exótica belleza que Nyah había ido cultivando con los años, además evocaba una dulce sensualidad propia solo de la adolescencia aún en condiciones tan deplorables. Desde que llegó, los vigilantes se habían empeñado en buscar excusas para imponerle cualquier castigo que diera la oportunidad de encontrarlos a solas y en varias ocasiones la tragedia estuvo a punto de acontecer. Hasta ahora no habían pasado de tocarla y darle besos igual de asquerosos, mugrientos y espantosos para ella.

Fui testigo más de una vez cómo se remojaba con el agua mugrienta de los establos el cuerpo como si intentara sacar de su piel una marca invisible producto del contacto con esos hombres, esos días su infinita hermosura parecía detonar en un torbellino de tristeza y vergüenza sin saber el porqué de este último sentimiento turbulento mientras se hundía entre mis brazos y yo me hundía en cuerpo. Como si eso hubiera podido consolarla.

Fue entonces que una semana después de la llegada de Johari llegó también un nuevo capataz a imponer las condiciones de su autoridad por lo cual a los vigilantes les fue mucho más complicado llevar a cabo sus villanías, en ese entonces yo no estaba seguro si es que este nuevo hombre de contextura fornida y casi tan alto como nosotros con destellos azules en los ojos poseía mayor humanidad que el resto de sus contemporáneos o simplemente disfrutaba de hacer sufrir a quienes tenía a su mando, pero fuere cual fuere nos favorecía y pude quedarme tranquilo con respecto a Nyah.

— No se dará cuenta, confía. Además casi nunca supervisan de cerca el campo de algodón y menos ahora que el nuevo capataz dispuso los caballos para el traslado de materiales para la construcción de su nueva cabaña —dijo apegándose un poco más a mi cuerpo y enroscando sus delgados brazos por sobre mi cuello, a pesar de ser tan solo una niñata me resulta bastante alta.

—¿Qué? ¿Cómo lo has sabido tú? —Me deshice rápidamente de su contacto para poder mirarla fijamente puesto que la mentira nunca había sido parte de su virtud tanto como la astucia.

—Me he enterado, es todo, una escucha muchas cosas en el sembrío —Intentó alejarse pero la tomé del brazo fuertemente.

—Nyah, ten cuidado de por dónde te metes, no te arriesgues, deberías alejarte lo más posible de estos endemoniados hombres como puedas o... —de un pequeño y gracioso tirón se alejó de mí.

—Solo ha sido una vez y me encantaría que dejases de actuar como si te preocupara, es demasiado molesto —dijo casi susurrando mientras se alejaba y comencé a notar que todos ya estaban saliendo como de costumbre en fila y afuera nos esperaban ya los peones.

—Solo no dejes que te vean o Johari y tú... —Una leve risa irónica me detuvo.

—Claro... —Su actitud satírica a penas si colaboró con el enfriamiento de mis nervios pero tomó un rumbo distinto cuando estuve desprevenido.

—La ayuda se la debo por Sefu y el castigo que pueda caerme si me atrapan va por cuenta mía solo por y para ti —Rozó mis labios con los suyos y en un instante su rostro se tornó tan seco como la arcilla desgastada y sus expresiones desaparecieron.

Era hora de salir al campo.

Es cierto que desde tu llegada a la hacienda, Johari, las esperanzas y el recuerdo de la libertad habían pasado de casi desaparecer a refulgir de nuevo en mí. Me contaste que habías sido vendida en el mercado de esclavos y pasaste poco menos de un mes como segadora y posteriormente la señora del amo de aquella villa azucarera te tomó como sirvienta para que reemplazaras a la última que había sido hallada muerta tras un intento de escape; al día siguiente te encontrabas en la casa recibiendo las prendas ensangrentadas de la anterior servidumbre que pasaría a ser su uniforme. Dicho relato no me horrorizó tanto como la frialdad sepulcral con la cual fuiste capaz de contarlo, tus facciones no dejaban al descubierto el menor sentimiento. No obstante, el cómo llegaste a parar a la hacienda donde yo me encontraba no paraba de dejarme perplejo, me dijiste que al no ser una sirvienta complaciente fuiste traspasada junto con otras esclavas a esta hacienda a manera de un trueque mercantil, me alegraba con pensar que por una vez el destino había confabulado para devolverme algo de la felicidad que inicialmente me arrebató. Pero ahora que tengo frente a mí toda la verdad que te empeñaste tan bien en resguardar comprendo que este decidió hace mucho sellar mi miseria.

También es cierto que después de nuestro reencuentro gradualmente fui desentendiéndome de Nyah, no puedo decir si fue o no duro para ella, a pesar de todo lo que había entregado por mí y por hacerme encontrar una especie de apócrifa 'paz' en la resignación sentía que no podía permanecer un minuto más a su lado si te tenía a ti cerca.

—Nyah, solo tengan cuidado —respondí siendo incapaz de sostener la mirada a pesar de que ella ya estaba a medio camino entre la salida y yo.

El día transcurrió de una manera extenuante.

Hubo una lluvia torrencial inesperada un sector que recién estaba siendo excavado con la estructura aún sin ser fortificada en el lado este de la mina colapsó y con ella los seis hombres que se encontraban dentro.

Sefu estuvo a punto de quedar aplastado por la rudimentaria estructura también pero el capataz que salió apresuradamente sobre su caballo lo quitó arrastrándolo bruscamente justo a tiempo; como secuelas del rudo rescate se le abrieron algunas de las heridas que recién empezaban a curarse ocasionándole mucho dolor pero al menos seguía con vida, caso contrario a un vigilante que quedó atrapado junto a los otros cinco esclavos.

El capataz enfurecido porque se trataba de un amigo personal mandó a castigar a los responsables por la estructura mal sellada siendo yo uno de ellos.

Junto a mis compañeros después de unos golpes fuimos atados fuertemente con una soga a diferentes árboles con el pleno sol ardiente en nuestro rostro y no se nos daría ni comida ni agua por el resto de la jornada, gracias a la pérdida de los hombres el capataz no podía permitirse perder otro esclavo más, puesto que cada negro muerto suponía una gran pérdida en mano de obra y posible ganancia monetaria si se dispusieran a venderlo, dicho valor de mercancía que se nos era inhumanamente asignado aquel día nos permitió seguir con vida.

Transcurrió un largo lapso hasta que por fin el sol descendió, fue entonces que nos desataron y nos pusieron a reconstruir la estructura perdida y de paso sacar los cuerpos de nuestros hermanos muertos, el cadáver del vigilante ya había sido recuperado con gran prontitud en la primera hora después de que aconteciera la tragedia.

Estaría por demás contarte los detalles desgarradores y la gran presión en nuestros pechos cuando de entre el barro, los pilares de madera y el carbón granizado logramos sacar los cuerpos.

Dos tuvieron la dicha de perecer enteros mientras que el resto se encontraba con el cráneo y los huesos rotos, uno inclusive habría permanecido con vida unas horas ahí dentro pero al intentar rescatar su pierna ya casi descolgada de su ser provocó que el resto de la mina cayera encima deformándole horriblemente el rosto y desprendiendo además uno de sus brazos. Permanecimos allí toda la tarde hasta altas horas de la noche cuando el capataz extrañamente tras volver de un sondeo ordenó se nos mandara a todos a nuestras cabañas.

Mi cuerpo entero estaba desfalleciendo y mi consuelo se encontraba esperándome en aquel suelo lleno de heno que hacía de cama para los que pudieran conseguirlo y agruparlo con gracia. Debes imaginar mi terror cuando entré y encontré en tu lugar a Nyah bastante acongojada quien al verme se aferró fuertemente a mis brazos fuera de sí.

—Nyah, Nyah ¿Qué te ocurre? ¿es que acaso han vuelto a intentar tocarte? ¡o es que te descubrieron! y... —Me encontraba frenético en aquel momento pero aún así fui capaz de analizar la situación, Nyah estaba intacta sin signo alguno de maltrato físico, no podrían haberla golpeado. Fue que otra idea mortal saltó a mi mente—: ¡Te descubrieron ayudando a Johari!

Esas palabras salieron de mi aliento como si de un rugido se tratase aún así no fui capaz de llamar la atención de nadie pues o todos dormían o estaban centrados en el dolor de sus heridas.

—Zub...Zuberi —Se desprendió de mí rápidamente más enfadada que asustada.

— ¡Qué ha ocurrido! ¡Habla de una vez! ¿Es acaso que se han llevado a Johari? —Mis ojos se salían de órbita con cada palabra que pronunciaba.

De pronto, la puerta de madera del recinto fue abierta para dar paso a una esbelta figura que se apresuró en ingresar. Eras tú, de un instante a otro mi alma volvió a habitar mi cuerpo. Me acerqué a comprobar que te encontraras bien dejando atrás a Nyah quien se empezó a acercar lentamente igual de sorprendida que yo.

—¡Johari!, estaba tan preocupad... —Pareció ignorar mi presencia y se dirigió al rinconcito al lado de su querido Sefu seguida por mi atónita persona y Nyah— : Johari qué ha ocurrido, ¿por qué...

—Harías bien en apaciguar tus nervios —dijiste indiferente mientras se quitaba una sucia tela que hacía a modo de pañuelón para cubrir su negrísimo y antes abultado cabello. Desde que llegaron a la mayoría de las mujeres usualmente se las despojaba de su preciosa melena—: después de todo aquí me encuentro.

—Johari, estaba muy preocupada por ti —Nyah se había reunido al fin a su lado y estaba de rodillas hablándole.

—Pero no pasó nada —dijiste con mucha tranquilidad, tanta que solo hacía acrecentar mi confusión.

—Entonces por qué... —dije.

—Yo vi cómo los hombres del capataz te arrastraron fuera del sembrío —dijo Nyah apresurándose a que yo tuviera la opción de responder.

—Sí, así fue.

—¿Qué te hicieron, qué ocurrió? —Mis suplicas parecían no tener resonancia en tus oídos.

—¡Si te callaras por al menos un instante! y me dejaras podrías saberlo —replicaste con enojo aunque tu cuerpo irradiaba una aparente quietud y tu mente parecía encontrarse muy lejos de mi lado.

Fue así que empezaste a narrar desinteresadamente que te habían conducido a al frente de la casa principal. La señorita, hija del amo, acababa de llegar a la hacienda ese mismo día por la mañana y le pidió al administrador le consiguiera una sirvienta personal pronto para que se encargase de atenderla como es debido, el asistente del administrador que había llegado a saber que desempeñaste el rol de servidumbre para tus anteriores amos te mandó a buscar con el capataz para darte tus nuevas instrucciones de trabajo.

Me extrañó que permanecieras allí hasta altas horas de la madrugada puesto que aunque desconocía de los hábitos de los amos no era difícil suponer que su horario de descanso era muchas horas antes que el nuestro a lo cual respondiste algo turbada.

—Soy la sirvienta personal de la señorita por lo cual debo estar a su disposición a cualquier hora y hoy le ha sido casi imposible conciliar el sueño —Proseguiste a mirar con disgusto a Nyah que aún permanecía a tu lado.

—¿O sea que ya no formas parte de las recolectoras? —preguntó irónicamente Nyah al haber notado tu hostilidad previa—: Te echaremos de menos en el sembrío.

Tú solo atinaste a sonreír burlona.

—Sí y me cambiarán de recinto con las demás sirvientas para estar más cerca de la casa por si la señorita llegara a necesitarme —Estas últimas palabras estuvieron acompañadas de un pequeño rubor y nerviosismo que no pude reconocerte.

—Significa que esta es una de nuestras últimas noches juntos —dije mientras intentaba tomar tus manos frente a la incriminadora mirada de los ojos de aceituna de Nyah.

—Así es —Intentaste sonar apenada pero en tu voz no había rastro de lamento alguno. Eso me hirió; empero me empeñé en pensar que con aquel gesto intentabas alentarme a resistir el dolor que también te ensombrecía en tus adentros.

Cuán equivocado estaba.

La madrugada silenciosa nos arrulló sin éxito y debido al frío muchos de nosotros acabamos apiñados en un intento de conservar el calor porque si bien nuestro espíritu parecía desvanecerse cada vez más por el pasar monótono de los días el sentimiento de familia y comunidad nos revitalizaba lo suficiente para que dentro de la maldita resignación a una vida entera de esclavitud existiera aún la suficiente voluntad para no perecer, la de seguir juntos y protegernos sin mucho éxito pero con gran voluntad. Porque como nos decían los cerdos blancos "entre salvajes tenemos sentimientos".

—Johari, Johari ¿sigues despierta? —Susurré en tu oído con cuidado de no despertar a nadie a mi alrededor.

—Sí ¿Qué ocurre? ¿te encuentras bien Zuberi? —Volviste hacia mí con esos ojos marrones tan profundos y densos que me habían vuelto loco desde que era un niño.

—Ya es casi amanece ¿Sabes qué día es hoy? —dije mientras posaba mi mano izquierda sobre te delgado, hermoso y morenísimo rostro mientras una sonrisa leve y taciturna se dibujaba en él...no respondió.

—Hoy hace un año que llegamos aquí —Suspiré mientras se cruzaban nuestra miradas.

—Parece que han sido milenios —dijo apartando mi mano que estaba a punto de rodear su cuello.

—Lo sé —Estabas a punto de volverte pero no te dejé—: Además de eso hoy también es un día dichoso- por tus gestos comprendí que no sabías a lo que me refería.

—Hace un año no solo llegamos aquí si no se supone que uniríamos nuestras vidas e iniciaríamos una familia. —Tu rostro se ensombreció e hiciste un mohín con sus labios y arrugaste la nariz intentando ocultar lo que tus pupilas claramente decían a gritos; no solo lo habías olvidado si no que no te importaba.

Pero nunca fue por las razones que yo creía y solo ahora que yacen cristalinas frente a mí lo comprendo y me repugna infinitamente.

—Es cierto —Atinó a decir y se arrastró por el piso para ofrecerme un abrazo con sabor a despedida pero casi tan frío que parecía inerte y después volvió a su posición original.

—¿Qué es lo que más extrañas? —dije con afán de animar su triste fisionomía remontándonos a los deliciosos y ahora tan lejanos días del pasado que acaparaban mi mente cada vez que la tenía cerca.

—¿Por qué evocar tan tristes memorias ahora? —dijiste entre dientes.

—¿Tristes? —Me incorporé hasta permanecer sentado un minuto completo en silencio mirándola de manera perpleja.

—Evocar la felicidad es también evocar el final de la misma... —Mientras hablabas su voz tenía un tono de sinceridad tajante pero tus marrones pupilas demostraban solo una burda cordialidad gélida para con lo que decías.

—Pudo haber sido muchísimo peor —dije casi entre susurros—: por lo menos... —Intenté acercarme a tus gruesos y colorados labios rojos que como tu rostro entero no habían perdido hermosura a pesar de las adversidades y debilidad que el resto de su cuerpo tuvo que sortear.

—¿Peor? —dijiste con una voz que se asemejaba espantosamente a un aliento apagado mientras apartabas tu rostro de mí como ya lo habías hecho una y tantas veces antes.

—Pudieron habernos separado —Concluí volviéndome a tirar de espaldas esperando que hicieras lo mismo pero en su lugar te quedaste otro minuto en completo silencio mirando a la nada de una vieja telaraña en una esquina de la cabaña.

—Ya lo harán después de hoy —dijiste sin gana alguna aún sentada. La sangre me hervía frente a la indiferencia de tus respuestas y lo notaste—: Zuberi —Volvió mi rostro entre sus manos para que nuestros ojos se encontraran nuevamente mientras con sus leves caricias intentaba calmar mi ira—: no entiendo por qué nos lastimas de esta manera, hablando del pasado dando paso a la ira y el dolor.

—Hemos cambiado tanto que me duele más permanecer en esta piel que ya no se siente mía a recordar los días gratos Johari —Quité tus manos de mi rostro con furia de lo cual no me detuviste.

—Resígnate como todos nosotros, es algo insulso y egoísta traer a mi mente aquellos momentos esperando que los reciba con amor, pero ¿Qué sigue después si no la desesperación de que no te pertenezcas a ti mismo? Que tus deseos hayan sucumbido por debajo de la supervivencia y que ahora inclusive tus propios sentires te castiguen y amordacen el alma de una manera que te corroe y asusta en lo más profundo de tu ser —dijiste entre sollozos a los cuales no pude resistirme.

—Perdóname Johari, es solo que... —dije atrayéndote hacia mí a lo cual no pusiste resistencia y te encontré tan frágil y dispersa que un remordimiento me acongojó el corazón.

—No importa ¿pudo ser peor cierto? —Tu voz tan apasionada antes pareció desfallecer crudamente mientras pronunciabas ahora estas palabras.

—Por lo menos aún te tengo —dije intentando sacarte una sonrisa mientras apartaba las lágrimas de tu rostro con la mayor ternura posible.

—Seguro...me tienes —aquellas palabras resonaron como una confesión dolorosa por entre los pasillos de mi atormentada mente y no cesaron hasta el día de hoy.

A veces me pregunto qué hubiese ocurrido si en ese entonces hubiera conocido el sentido de aquellas palabras tan apasionadas, ¿hubiera cambiado mi destino? o más importante ¿el tuyo a manos mías? quizá si no las hubiera acogido en mi ser como algo tan sincero y puro que me abofeteaba la poca cordura que me quedaba hubiese sido capaz de comprender lo que escondían sus intenciones...pero eso no ocurrió.

Recuerdo muy poco de lo que ocurrió al día siguiente, quizá porque en realidad no hubo mucho que hacer; estabas sentada al lado de Sefu tal cual lo habías estado la noche anterior y su complicidad lejos de encelarme me enternecía.

Sema asante kutoka kwangu, Johari.

Nitakwambia, Sefu.

Atakuja usiku wa leo?

Hapana. Nitaenda. Una uhakika, je, hao ndio walio na majani marefu?

Nyah aliniambia

En ese instante no estaba seguro del porqué el oír aquella conversación me turbó en cierta manera y dicha sensación solo pudo incrementar cuando repentinamente guardaron silencio al darse cuenta de mi presencia.

—Buen día —Me acerqué lo más despreocupado que pude y te abracé frente a la mirada nerviosa de Sefu a quien después pregunté cómo se encontraba a lo que se limitó a asentir con una media sonrisa en su sudoroso rostro.

—Hoy te llevan... —Proseguí besando tu cuello que queda a la altura perfecta de mis labios ¿alguna vez te diste cuenta de ello?—: por lo menos sabré que te encuentras en mejores condiciones que en las plantaciones.

No se resistió a mi tacto pero pude notar en tu piel un nerviosismo que te era bastante impropio lo cual atribuí a la conversación que estabas manteniendo con Sefu.

—Vendré siempre que pueda —Aunque dicha respuesta me conmovió no dejó de perturbarme el hecho de que sabía no me lo decía a mí.

Allí te tenía, apegada completamente a mi cuerpo rodeándote con mis brazos cuando de improviso la puerta se abrió estruendosamente a pesar de que aún faltaban varios minutos para que inicie la jornada; por ella aparecieron el asistente del administrador y dos vigilantes seguidos en la parte trasera por el capataz, dicha formación era más que todo estratégica porque sabíamos el asistente jamás se atrevería a entrar al recinto solo porque aunque tratara de ocultarlo en todo su cuerpo se leía el enorme miedo que nos tenía a todos nosotros.

Se llevaron Johari y de paso hicieron levantar a todos para salir al campo.

Mientras salían pude oír a un vigilante decirle al capataz.

—Creo que lo salvaste en vano, no creo que dure más de dos días —obviamente se refería a Sefu a quien el rostro le palideció al ver entrar al capataz.

—Hice lo que tenía que hacer, no podíamos perder a otro negro, si no el jefe me hubiese reñido y su precio ya hubiese sido descontado de mi paga — respondió este.

—¡Qué bah! John, el viejo rico de todos modos en pocos meses será tu suegro—Pasaron el umbral de la puerta y me volví hacia Sefu quien ya se había puesto de pie y al cual no pude evitar preguntarle.

—¿A dónde irá Johari y por qué el interés en las plantas venenosas? —Tal como Nyah yo sabía que Sefu no podía mentir y era aún más inocente que su gemela.

Acabó diciéndome que te referías a Furaha quien te había pedido recolectar hierbas para prepararle un ungüento, cuando pregunté por qué te había dicho que le agradecieras a alguien al inicio de la conversación este respondió que se refería a Furaha porque el ungüento era para él.

Claramente se trataba de una mentira pero el vacío de sentirme lejos de ti me impidió darle vueltas al asunto.

Así pasaron seis semanas.

Te veía ocasionalmente y se disparaba de mi pecho una radiante felicidad en medio de mi nefasta existencia, cómo podría expresarte que en tus ojos yo seguía siendo libre, en tus ojos mis cicatrices no existían y me encontraba del otro lado del océano en las tierras que nos vieron nacer. Por otro lado, tenía la sospecha de que estabas cayendo enferma y eso me preocupaba inmensamente.

—Es la segunda vez que vomitas desde que llegaste Johari —dije mientras te alcanzaba un trozo de mi ropaje para que te limpiaras el cual rechazaste.

—No es nada Zuberi ha de ser la comida en mal estado con la que nos alimentan es todo —dijiste incorporándote, parecías asustada y solo me centré en disipar tu preocupación hasta que nos despedimos.

Aquella noche fue fresca y la paja hasta se sentía cómoda, estaba perdido en mis pensamientos cuando de repente sentí el calor de otro cuerpo en la oscuridad.

—Nyah —La preciosa y olvidada creatura no me dejó el tiempo de alejarla cuando ya tenía su cuerpo casi completamente desnudo encima del mío.

—No digas nada, ni siquiera tienes que verme. Puedo ser quien tú quieras, solo cierra los ojos y tómame —La aparté con violencia.

—Has perdido la razón, eres una niña. Yo tengo pareja. ¡Cómo te atreves a deshonrarte!

—¡Cómo te atreves tú! —Me interrumpió con los ojos cristalizados—: es que acaso no comprendes cómo me duele.

—Nyah pero ¡Qué estás diciendo! —Allí teniéndola frente a mí sentí un fuerte remordimiento al verla y desearla.

—¡Te amo! Zuberi ¡yo te amo!

—Nyah —No fui capaz de decir nada y ella se perdió en un rincón quizá al lado de su hermano.

Amaneció.

Hace ya unos cuantos meses que hacíamos extracción de carbón en las minas, aquel día se realizaría otra ampliación Khamisi, Sefu y a yo fuimos ordenados de traer los troncos para la estructura.

En el camino Sefu se quedó atrás pues juraba haber visto una perdiz y pensó que si la cazaba y ocultaba bien lograría tener una comida decente y fresca por lo que nos adelantamos y decidimos cortar camino por los lares paralelos a los recintos de los peones.

Mi mente se encontraba preocupado por tu salud mientras que Khamisi solo podía hablar de que había oído se hizo una revuelta en el norte donde los esclavos mataron a sus amos cuando por entre los matorrales los vi.

—Mi hermosa Johari, te amo —decía mientras enterraba sus manos bajo tus prendas y tú le devolvías las caricias entre quejidos que nunca antes te había oído.

—Tengo mucho miedo.

—Después de hoy, ya no lo tendrás nunca.

—¡Cómo abandonar a mi gente e irme contigo, me repugnas John!

—Yo sé que no valgo tu amor. No merezco tu compasión pero, Dios, vislumbro en tus ojos el ardor por mi presencia, marrones como la tierra se funden apasionados con los míos, azules como el mar; besaría tus rojos labios aún inertes solo para recordarme de qué sabor es el olvido. Te amo —tus besos ahogaban sus súplicas y sangraba mi corazón.

Estaba listo para abalanzarme sobre ese maldito que rozaba tu piel como si le perteneciese, los gritos abrumadores de mi cólera estallaron. Me sentía capaz de asesinarlo solo con mis propias manos.

Ni los fuertes brazos de Khamisi pudieron retenerme más de unos segundos cuando de entre los arbustos saltó Sefu quien los puso en alerta de mi presencia y fue entonces que él te tomó con fuerza de tu delgado y precioso brazo acercándote a él para tomarte de la cintura y alejarse rápidamente de ahí mientras llamaba a gritos a sus peones.

Me viste a los ojos y no hiciste más que ceder ante su tacto; te fuiste con él mientras que Sefu y Khamisi se empeñaban en mantenerme sujeto, sentí cómo me palpitaban hasta las más antiguas cicatrices.

Acha. Sio unavyofikiria —Sefu gritaba que me detuviera mientras se aferraba a mi pierna. Khamisi en un arranque de desesperación por detenerme recurrió a ahorcarme por la espalda hasta casi dejarme sin aire, lo que me obligó a caer de rodillas.

—Lo mataré, ¡déjenme ir y lo mataré! —gritaba yo fuera de mí y aun con el poco aliento que me quedaba cuando Khamisi aflojó un poco su amarre para evitar dañarme fui capaz de quitármelo de la espalda de un movimiento violento.

Tafadhali. Nisikilize. Sio unavyofikiria —gritaba Sefu mientras intentaba tomar el lugar de Khamisi en mi espalda sin mucho éxito pero aún así luchaba con todas sus fuerzas, su intento no duró mucho pues pronto Khamisi se reincorporó y volvía a su posición inicial.

Agotado mi cuerpo empezó a ceder pero mi voluntad sacó mis últimas fuerzas y dando un rotundo golpe de cabeza mi nuca colisionó con la frente de Khamisi reventándole una ceja en el proceso a lo que Sefu en su intento por hacer que mi sed de venganza bajase empezó a gritar.

Wanapendana Zuberi. Wanapendana.

Al ver la sangre de mi amigo derramarse sobre mi cuello fue que las palabras de Sefu pudieron alcanzar a ser escuchadas por mi atolondrado ser.

"Se aman Zuberi. Se aman."

Por un instante que pareció eterno mi mente se quedó en blanco y dejé de luchar y fue ahí cuando Sefu me lo confesó todo entre lágrimas al ver mi dolor.

Resulta que tu ascenso de los campos a la servidumbre estuvo planificado por él y que supuestamente tú eras el regalo para su prometida, la hija del amo para que sirvieras todo lo que ordenara pero en realidad era para tenerte más cerca a su aborrecible persona. Nunca te mudaste al recinto de la servidumbre, dormías con él todas las noches en su cabaña apartada en el recinto de los peones en la cual él insistía en dormir en lugar de en la casa principal con su prometida y futuro suegro hasta que se diera a cabo el matrimonio.

Supe también que salvó la vida a Sefu en el derrumbe de las minas no porque "no podía permitirse perder otro esclavo" si no porque le habías dicho que ese niño era como un hermano para ti.

Tampoco llegaste a la hacienda de Cebado Blanco por una especie de trueque si no que tomaste la identidad de la mujer que estaba destinada a ser vendida y lo hiciste porque iban a azotarte quizá hasta morir porque un peón te había descubierto follándote y siendo follada por la piel blanca de ese desgraciado mientras besabas sus labios y le jurabas amor.

¿Acaso te detuviste a pensar en lo que ocurrió con la mujer que tomó tu lugar?

Seguro él mismo la asesinó con sus propias manos para mantener el engaño y que siguieras con vida, igual que a la sirvienta anterior a ti en aquella hacienda azucarera...y tú dejaste que pasara.

Dejaste que tu gente pague por tus pecados...su muerte era insignificante al lado de tu amor con ese maldito ser inhumano.

Wanapendana Zuberi. Wanapendana.

—Pero yo soy su esposo —dije con el escaso aliento que me quedaba.

Hapana. Haipendi wewe. Je, kutoroka.

Sefu dijo que escaparían juntos y que aprovecharían la muerte repentina del patrón como distracción para su huida. Me tomó un segundo comprender que iban a asesinarlo las hierbas tóxicas preparadas y que lo habían estado planeando desde hacía meses.

Khamisi al oír esto supo que esta era una oportunidad única para imitar a nuestros hermanos del norte e iniciar la revuelta que nos podría condenar en un contexto ordinario pero que ahora sería la que nos daría la libertad.

Msamehe. Nilitaka kuanza upya. Pamoja na familia yake.

¿Familia? Le grité desde hace cuánto era que lo sabía y su cara delató la verdad.

La ferocidad con la cual mis pensamientos abordaron y tomaron control de mi mente fue exorbitante; cuando volví en mí Sefu yacía tirado en la rocosa y baldía tierra con la cabeza sangrando con Khamisi a su lado intentando parar la hemorragia sin éxito.

Esperas un hijo suyo. Ahora comprendo. No estabas enferma, estabas embarazada ¡y de un demonio!

Pero ahora estás aquí, atada frente a mí y tu adorado inconsciente tu lado, no fue complicado atraparte.

¡Deja de llorar! Quizá aún estamos a tiempo de quitarte el monstruo que llevas dentro, sí, y podemos volver a ser como antes.

¡Deja ya de suplicar! Si mueres tu deuda con tu gente habrá sido salvada ¡Te odio tanto y sin embargo yo no puedo cobrar tu vida como pago a mis desgracias!

La revuelta ya ha comenzado...ellos lo harán por mí.

El code noir llegó tarde para salvarlos. ¡Seremos libres!

05 Şubat 2021 00:16:27 7 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Son

Yazarla tanışın

Alba Ferreyc Puede que algún día escriba algo cuya esencia realmente me guste. ¡Hola extrañas, extraños y extrañes! Creé esta cuenta para poder transmitir mis más atesorados pensamientos, ideas, interrogaciones, aflicciones e inclusive deseos en forma de algunos escritos. Espero algunos de ellos logren despertar en ustedes aquellas magníficas sensaciones que solo se pueden atestiguar leyendo. Este es un lugar seguro. Love AF TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ©Registro de Obras Literarias Inéditas ©Registro de derechos de autor en el extranjero

Yorum yap

İleti!
Jancev Jancev
¡Hola! Uff esta ha sido una historia fuerte por todo el contenido de protesta social que posee, sin duda que supiste relatar la crueldad de la época y darle una conclusión a la historia. Me ha gustado mucho, solo te aconsejaría que cambiaras los guiones cortos por la raya de diálogo, ¡eso hará que tu historia se vea más profesional y pase el proceso de verificación de historias! ¡Saludos! Jancev|Embajadora
February 28, 2021, 02:30

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    ¡Muchas gracias! Agradezco te hayas tomado el tiempo de leer mi escrito. Ya incorporé las mejoras que me sugeriste. ¡Saludos a la distancia! February 28, 2021, 04:33
  • Jancev Jancev
    Gracias a ti por brindarnos la posibilidad de leerte y por tomar de forma tan bonita las correcciones. ¡Éxito y saludos! February 28, 2021, 20:23
  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    Sus correcciones me ayudan a crecer y desarrollarme en la escritura y por ello siempre serán bienvenidas ¡aún hay mucho que dar y aprender! Te mando un abrazo afectuoso. March 02, 2021, 01:35
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