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Moore en Navidad

Amar nunca estuvo en mis planes, primero fue terminar la escuela, luego entrar a la universidad y hacer contactos. Y más tarde, conseguir un empleo fue mi prioridad, comencé trabajando en una pequeña empresa, el pago era mínimo y no alcanzaba ni para cubrir las necesidades básicas, mis cuentas estaban en rojo con el pasar de los meses, y aunque seguía buscando empleo no era la mejor época. Muchos pedían tantos años de experiencia que tendría que haber nacido hace dos siglos, otros ofrecían de sueldo lo mismo o menos que lo que ya tenía. Hasta que un día decidí aceptar la oferta laboral que me hizo mi compañera de piso, ella me metió en el mundo élite de las acompañantes. La paga era casi tres veces mejor que lo que tenía ahorrado en mi cuenta, comencé a salir de mis deudas de la beca, me sobraba dinero a fin de mes y no lo podía creer. Me auto mentí diciéndome que haría esto sólo hasta conseguir un empleo estable, que gran mentira, si hasta le tomé el gusto a esto. Manejando los horarios, con clientes fijos que solían venir una vez por mes a la ciudad, ellos llenaban la cuenta bancaria por mis servicios.

¿Sabes lo que siente una mujer empoderada en un mundo de hombres? Luego de mucho batallar contra el mundo de los negocios, mis servicios cotizaban cada vez más, ellos no sólo buscaban sexo ocasional, muchas veces yo era su confidente y hasta su ¨novia¨ de viajes. Al principio creían que podían tratarme como a sus secretarias, que mi presencia solo era por poseer una cara bonita o un escote, pero con el paso del tiempo comprendieron que mi intención no era solamente complacerlos en la cama con ellos, entendieron cómo eran estos negocios y cerraban el trato, unos cócteles de cortesía y alguna cena programada para la circunstancia.

Hoy no es la excepción, aunque la Navidad en casa con mis padres suena prometedora tuve que renunciar al pavo por un cliente, se ha puesto insistente y hasta dejó en claro que su único día disponible era hoy. Será tremendo gilipollas que ni familia tiene, porque a quién en su sano juicio se le ocurre pasar la Navidad con una acompañante de pago.

Llego con el tiempo justo al hotel en el que se hospeda, transitar la ciudad en víspera de fiestas no es lo más agradable del mundo, tuve que esquivar familias con obsequios y villancicos que casi atropello por cruzar mal la calle, mucha canción navideña pero cero atención al semáforo. Luego de dejar mi auto, me dirijo hacia la recepción del hotel para avisar de mi llegada al cliente.

-Buenas noches señorita. ¿En qué puedo ayudarla?- pregunta la recepcionista.

-Buenas noches, el señor Hendry me está esperando, soy Julia Moore- respondo mientras acomodo mi vestido- Creo que se aloja en la habitación 503, o era en la 500, perdón pero no recuerdo muy bien.

-No hay problema, el señor Hendry avisó que preguntarían por él. Pidió que se le informe que se modificó el punto de encuentro- dice mientras revisa unos papeles- La espera en su habitación, puede tomar el elevador del medio, es el único que va directo al pent-house.

Giro sobre mis tacones y me dirijo hacia el elevador. Mientras voy subiendo al pent-house mi único deseo es terminar rápido con la reunión, sé que es un cliente importante sino no hubiese aceptado esta excepción con la fecha pero me gustaría estar en este momento acurrucada en el sillón cobijada bajo mil mantas con mi pijama de Bob Esponja, y no amatambrada en un vestido y tacones que están matando mis pies.

El elevador abre sus puertas dejando a la vista un bello hall de entrada, los arreglos florales invaden mi vista y mis fosas nasales, parece una florería y no una habitación de hotel. Cruzo el umbral y me quedo parada junto a una pequeña mesa, de seguro no tardará en llegar algún asistente para que pueda anunciarme.

Los minutos pasan y sigue sin aparecer alguien, quizás me equivoqué de piso, no creo, pero puede que haya presionado el botón equivocado del elevador, debería de bajar a recepción y volver a anunciarme.

-Disculpe la tardanza, estaba en una junta online y no la oí llegar -una voz grave me hace salir de mis pensamientos- ¿Señorita Moore, no?.

-Buenas noches, sí, soy la señorita Moore- me adelanté a darle la mano- Es un gusto conocerlo.

- Por favor, pase y tome asiento mientras me cambio de ropa. ¿Desea tomar algo?- era mucho más joven de lo que esperaba, siempre mis clientes son hombres mayores- Sírvase lo que quiera, no tardaré mucho.

Recorrí un poco de la sala, se notaba que era un hotel lujoso, sólo la habitación medía casi lo mismo que mi apartamento. La decoración era exquisita, los tonos blancos contrastaban perfectamente con los detalles en negro de pisos y encimeras. Aseguraría que hasta la bellísima lámpara de techo valía más que mi automóvil. Los ventanales mostraban la vista más preciosa de París, dejando a la Torre Eiffel a primera vista. La noche de estadía en un lugar como este debería de valer casi como el alquiler mensual de una casa, pero valía la pena cada centavo.

-Bueno, espero no haberla hecho esperar mucho, no era mí intención- noté que sus ojos no eran de un azul común, parecían un lago en calma, profundos y peligrosos-. Sé que el tiempo vale oro, y más en estas fechas. ¿Mi secretaria le hizo llegar el memo con sus actividades a realizar?.

-No entiendo de qué memo me habla, no sabía que había una agenda de ¨actividades¨ a seguir - acomodé mi cabello- . ¿Usted tiene que pedirle a su secretaria que me explique cómo tener sexo con usted?. Es algo bastante loco y raro de pedir.

-¿Cómo que sexo? ¿Acaso se atreve usted a pedirme que me acueste con usted para que me dé un masaje?.

-Debe de haber un mal atendido señor, su secretaria se comunicó conmigo para que usted no pase solo la víspera de Navidad -realmente no entendía lo que estaba pasando- .Soy una acompañante personal, no una simple masajista.

-No, no, no. No puedo creer que me esté pasando esto, no necesito compañía, era un simple masaje para relajarme lo que pedí. Me disculpo con usted, no creí que era ese tipo de mujer, me pareció extraño que no trajera un bolso y camilla de masajista, pero nunca pensé en que venía a acostarse conmigo.

-Sabe, el trabajo de acompañante o prostituta, que es lo que no se atreve a decir, es algo común. Hasta le diría que la mayoría de gente como usted busca un desahogo sexual en sus viajes de negocios - miré a mi alrededor- . Lo dejaré para que se queje con su secretaria por teléfono, mi tiempo vale bastante y más en estas fechas. Si hubiese sabido de esto, ni venía. Tenga usted una buena noche.

Me encaminé hacia el elevador, sabía yo que ni tendría que haber venido, pero mi jefa había insistido en que era un cliente de mucho dinero, que era la primera vez que nos contactaba y que podría haber más oportunidades. Deseaba salir lo antes posible de la habitación, quizás si me subía al automóvil ahora llegaría aunque sea para brindar con mis padres. Malditas festividades, quizás un día común no me habría cabreado tanto pero conducir ahora sería una tortura con toda esa gente apresurada por llegar a la cena navideña con sus familias.

Sentí el pitido del elevador al abrir sus puertas, mientras ingresaba a él una mano tomó mi brazo, haciendo que lo llevara conmigo dentro del mismo. Una cara conocida me observaba de cerca, el señor Hendry había sido impulsado dentro del elevador conmigo.

-Perdone el agarrón, solo quería disculparme por la manera en que la traté, no suelo ser tan maleducado.

- Señor, usted no tiene nada de qué disculparse, hubo equivocación de parte de su secretaria.

- Me gustaría invitarla a cenar, si es que no tiene otros planes -se lo notaba apenado por todo lo ocurrido- . Sería como una atención por todo el inconveniente.

Repentinamente el elevador se frenó y un horrendo chirrido se escuchó, las luces parpadeaban haciendo que la visibilidad se hiciera nula, la caja de acero parecía que iba a caer al vació. Comencé a hiperventilar, sentía el aire salir de mis pulmones pero no entrar, mis manos empezaron a sudar y las uñas se clavaban en mis palmas, el oxígeno a mi alrededor parecía extinguirse. Caí de rodillas al piso, con las manos abrazando mi cuerpo, quería que esto pasara, no era la primera vez que un ataque de pánico invadía mi cuerpo estaba acostumbrada a manejarlos, pero se me hacía imposible esta vez. Sentía los latidos de mi corazón, mi cabeza palpitaba, sabía que no me iba a morir pero era lo que sentía en ese momento.

Unos brazos cubrieron mi cuerpo, un abrazo contenedor lleno de fuerza y una fragancia masculina llegó a mis fosas nasales. Escondí mi rostro sobre ese pecho desconocido que parecía un escudo que me contenía, podía sentir un acelerado corazón que latía y una respiración entrecortada junto a mi oído. Una de sus manos acariciaba mi cobrizo cabello, jugaba con los mechones que caían sobre mi espalda, y la otra descendió hasta posarse sobre mi cadera.

Levanté un poco mi cabeza, buscando con la mirada aquellos ojos azul zafiro que me habían recibido anteriormente en el quinto piso, poco a poco me encontré con aquella mirada cargada de pasión y deseo. Mis dedos fueron recorriendo lentamente su barbilla, el vello de pocos días sin rasurar picaba mis yemas, era tan masculina la energía que emanaba ese hombre. Me atreví a mirarlo a los ojos, y el mundo sucumbió a mi alrededor.

Sus perfectos y carnosos labios entreabiertos me invitaron a ser besados, como si de ellos dependiera el aire que mis pulmones necesitaban. Su lengua me dio la bienvenida, mientras que la mía de apoco se atrevía, posó su mano en mi nuca acercándome aún más a él. Mis dedos se aferraron a su cabello, sabía que era un movimiento brusco pero parecía gustarle, me devolvió el gesto mordiendo mi labio inferior, haciendo que un gemido escapara de mi boca.

Su mano se aferró aún más a mi cintura, recorriéndola, bajando lentamente hasta llegar a mis muslos. Sabía que era una locura lo que estaba sucediendo, que esto no iba terminar bien o mejor dicho, que no era el momento ni el lugar para ponerse fogosa con un desconocido, solo sabía su nombre y nada más.

Mis manos bajaron por su pecho, podía sentir sus pectorales marcados bajo la fina tela de la camisa, poco a poco desabrochando los botones y admirando su caliente piel. Me besaba como si no hubiese un mañana, como si todo el mundo a nuestro alrededor se hubiese parado para que los dos nos diéramos placer. Su boca recorrió mi cuello hasta llegar al escote del vestido, bajando los tirantes y dejando al descubierto mis pechos. Paró su recorrido y levantó la vista hacia mí.

-¿Señorita Moore está segura de seguir o quiere que me detenga?.

En respuesta mi mano siguió bajando hasta llegar a su entrepierna y con un leve apretón le demostré mi decisión, su ego palpitaba emocionado, crecía con cada caricia y aún más cuando bajé su pantalón.

Mi vestido y su traje en un rincón del elevador fueron testigos de la pasión y el deseo, los jadeos se mezclaban con los gemidos de placer, nuestros cuerpos danzaban sobre el acero de las paredes y el mármol del piso, dos almas recibiendo juntas la Navidad.


-Mamá, la historia de cómo se conocieron con papá es aburrida -me mira con sus pequeños ojos zafiro- ¿Quién conoce a su esposo en un supermercado?.

-Hora de dormir princesa, deja que mamá descanse ya. Vamos que te llevo en brazos a la cama- dice mientras me guiña un ojo.

Ambos sabemos que nunca le contaremos a nuestra hija que sus padres se conocieron follando en un elevador.

06 Aralık 2020 03:07:48 2 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
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Devam edecek...

Yazarla tanışın

Marina Andrea Dr. Jekyll y Mr. Hyde luchando en una mujer

Yorum yap

İleti!
Lyd Macan Lyd Macan
Qué puedo decir. Me gusta tu forma de escribir, y me encanta la persona que eres. Me tendrás por tus escritos jijiji
December 08, 2020, 13:17

~