lunanuevamcr S.T. Moon (LunaNuevamcr)

La esperanza es lo último que se pierde y aunque esté en medio de la soledad, un suceso inesperado le cambiará su día de navidad. Todos los derechos reservados, registro 2011135879476 Inscrita en el concurso Navidad en Inkspired


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Mágica Navidad

—El frío es atronador —me digo mientras me separo de la ventana y voy a servirme una taza de chocolate. Es la noche de víspera de navidad, esa noche de veinticuatro de diciembre que tantos recuerdos me trae. Mientras el líquido caliente llena mi taza, me permito mirar a mí alrededor. La chimenea encendida, la alfombra con sus cojines rojos frente a ésta y el sofá, tras del cual mi árbol de navidad adornado con luces multicolor, flanquea la única ventana del pequeño recinto.

Compré esta cabaña hace tres años y desde entonces es mi refugio. Es el pequeño sitio en el mundo que siempre quise. Afuera, el amplio terreno de césped es cubierto en invierno por una espesa capa de nieve. Me gusta verlo así, todo blanco, salvo por el sendero de ladrillo que conduce a mi puerta.

Levanto mi taza y el aroma me invade, así como los recuerdos de aquellos días en el hospital. Viajo todas las mañanas dos horas en tren hasta el trabajo, pero no importa, no me iría de este lugar por nada en el mundo. Me acerco al árbol con mi taza caliente entre las manos, miro sus destellos de color, sobre todo los verdes. Me gustan las luces verdes, son como sus ojos y se reflejan en mi suéter rosa, ese que siempre me pongo en esta fecha, desde hace tres años. Suspiro. Quizás hoy si sea el día.

Hago mi camino de nuevo hacía la ventana y me siento en la silla mecedora que tengo. Pierdo mi mirada en el blanco paisaje, viendo como el viento sopla entre los árboles, moviendo sus ramas sin cesar. Son esas pocas cosas vivas, cerca de esta casa, las que me hacen compañía. La naturaleza me brinda ese resguardo que mi alma no ha podido encontrar. Me llevo la taza a la boca y el sabor del chocolate me hace invocar sabores pasados, aromas lejanos, tiempos amados. La navidad siempre me ha gustado, a pesar de no tener con quien compartirla. Mi familia desapareció antes de que yo pudiese tener uso de razón y los chicos del orfanato tampoco se quedaron en mi vida. Viví trasladándome de un lugar a otro hasta que lo encontré, pero él también se fue, sin embargo, no lo hizo por su propia voluntad, así que guardo la esperanza de algún día volverlo a ver, así eso me convierta en una loca. Pero es que la esperanza es lo último que me queda, aunque ya hayan pasado tres años, tres años desde aquel día, hoy precisamente hace tres años…

—¿Te imaginas lo bonita que sería una vida así? —le pregunté mientras acariciaba su corto cabello negro y lo escuchaba suspirar. El monitor de signos vitales al que estaba conectado nos acompañaba con su suave zumbido que en ese momento me parecía lejano. Me tomé el atrevimiento, como lo hacía ya desde hace bastante tiempo, de subirme a su cama y su cabeza descansaba sobre mi pecho.

Llevaba cuidando de él cinco años, cinco largos años en los que poco a poco sus familiares se fueron alejando para finalmente dejarlo solo. Sus ojos verdes vivaces perdieron su brillo y su ilusión se apagó, así como su voz, que dejó de sonar feliz. Pero aún con todo, mis visitas hacían que su ánimo se levantara de alguna forma o por lo menos eso me gustaba creer.

—¿Qué día es hoy? —me preguntó con evidente confusión.

—Veinticuatro de diciembre —respondí animada—. Es una de mis fechas favoritas —dije sonriente.

—¿No deberías estar en otro lugar? —me interrogó con un tono más cansado y apesadumbrado de lo habitual.

—Este es el lugar donde quiero estar —le aseguré con voz suave.

—No lo creo —me objetó soltando de nuevo un suspiro, con su voz queda—. Lo que me acabas de contar es un suceso muy bonito, ¿por qué no buscas vivirlo en vez de imaginarlo?, es una fecha perfecta para eso, me imagino que tienes a alguien con quien compartirlo. Debe haber alguien, así nunca me lo hayas dicho. Dime por favor que tienes a alguien —me suplicó preocupado.

—Sí, tengo a alguien —afirmé, segura de que era el momento de decirle. Ya no podía esperar más. Era mejor hacerlo en ese momento que guardármelo para siempre, así podría saber si lo que soñaba podría hacerse realidad, algún día—. ¿Te gustaría escuchar lo que te acabo de contar de nuevo, pero nombrando a ese alguien?

—Sí, me gustaría, pero tal vez me gustaría más si en vez de que me lo estuvieras contando, lo estuvieras viviendo.

—Déjame contarlo y después me dices si sigues pensando que debo hacerte caso e ir a vivirlo. ¿Te parece?

—Está bien. —Acomodó de nuevo su cabeza sobre mi pecho y yo comencé de nuevo a contarle mi historia.

—El tren va atravesando el gran campo nevado, mientras estoy leyendo noches blancas de Dostoyevski. Llevo horas viajando pero estoy emocionada. De pronto, la velocidad baja y levanto mi vista. He llegado a mi destino. Me levanto rauda y tomo mi pequeño equipaje. He decidido que este día será especial. Bajo corriendo a la estación y ahí estás... tú. —Con las pocas fuerzas que le quedaban se incorporó y me miró. Sus ojos verdes más abiertos de lo habitual, me hacían mil preguntas que no pensaba responder todavía, así que continué narrando, mientras lo instaba a recostarse de nuevo. Debía guardar todas las energías posibles, para responder lo que quería preguntarle al final de mi relato.

—Me tomas de la mano, envuelta en un grueso guante de lana y me sonríes. Me pides sin palabras que te siga y comenzamos a caminar hacia la salida de la estación. Paramos en la acera y justo cuando pienso que cogeremos un taxi, me sorprendes empujándome para que crucemos la calle y tomemos el sendero nevado.

»Nuestras botas se entierran en la nieve, pero tú ríes mientras me ayudas a avanzar. Te burlas porque parezco un pingüino y yo, ofendida, te tiro una gran bola de nieve a la cara. Entonces te acercas a mí y me alzas cargándome sobre tu hombro, para unos metros más adelante arrojarme a la nieve divertido. Grito por la impresión, mientras tu risa resuena en el vacío, atravesando el campo nevado, mezclándose con el trinar de los pájaros y el sonido de las ramas de los árboles mecerse con el viento. Me levanto como puedo y saltando sobre ti, te derribo. Jugamos en la nieve hasta que el frío nos deja la nariz tan roja que parecemos una caricatura. Entonces decidimos continuar.

»Llegamos a una cabaña pequeña de madera, donde tienes tu hogar. La chimenea se ha encargado de mantener cálido el lugar. Nos deshacemos de los abrigos y las botas. Tú, con tu suéter rojo y yo con el mío rosa, nos sentamos frente al fuego. Comienzas a contarme cada una de tus aventuras y yo sonrío diciéndote tonterías.

»En algún momento indeterminado miro hacia la ventana y una idea cruza mi mente. He visto unas cajas cerca a la puerta cuando hemos entrado, por alguna razón sé que son adornos. Te pido que salgamos y busquemos un hermoso árbol. Nos adentramos en el frío bosque con nuestras manos unidas, mientras el viento juega con mi cabello que descansa suelto sobre mis hombros. En una ráfaga de ese mismo viento, tu gorro sale a volar y corremos juntos por la nieve, persiguiéndolo para recuperarlo, lo cual demoramos bastante en hacerlo. Ya con tu gorro puesto, llegamos a un claro donde encontramos una tienda de árboles.

»Escojo el más alto, el cual cargamos con dificultad todo el camino de vuelta, pero logramos llevarlo. Casi no hacemos que entre por la puerta y después de mil maromas lo ponemos junto a la ventana. —Escuché como su respiración se iba acompasando al ritmo de mis palabras y su ritmo cardiaco acompañaba mis cavilaciones, su semblante, tranquilo, me invitaba a continuar soñando—: Busco una pequeña banca, en la cual me trepo para que comencemos a decorarlo.

»Me pasas los adornos uno a uno, mientras yo, intento alcanzar las partes más altas. Figuras de pequeños renos, osos y conejos con gorros de navidad, adornan nuestro árbol y es entonces cuando recuerdo que debimos ponerle las luces antes de decorarlo. Ríes mientras me ayudas a bajar de la banca y finalmente decides enredar las luces tú solo, mientras yo preparo chocolate. No quitaremos los adornos, porque ha sido mucho trabajo ponerlos.

»Voy a la cocina, enciendo el fuego, alisto los ingredientes y solo unos minutos después, un dulce aroma inunda todo el recinto. Sirvo dos tazas y con sumo cuidado, las llevo conmigo hasta dónde tú ya has acabado de poner las luces y te cruzas de brazos satisfecho. Te acerco una taza, advirtiéndote que está caliente, pero antes de recibirla, te agachas y conectas las luces, llenando la sala de destellos multicolor. Juntos contemplamos el árbol, mientras brindamos con nuestra caliente bebida, para después verte burlar descarado por mi adquisición de un bigote dulce. Me relamo, mientras recojo las tazas y las dejo en la cocina, después las lavaré.

»Cuando regreso, tú estás sentado frente a la chimenea, mirando arder el fuego. Me siento junto a ti, apoyo mi cabeza en tu hombro y puedo decir que es la mejor navidad que he vivido en mis años de vida.

»Esta nevando afuera, el aire se hace más helado y sin embargo, tu mirada se vuelve más cálida. Las luces te dan un toque diferente, pareces tranquilo. Me encanta ver tu sonrisa, mientras la mía se refleja en tus ojos. Tus brazos fuertes me abrazan cobijándome. No necesitamos más que un par de minutos para descubrir, que a pesar de que no tenemos una vida juntos, podemos estar así, cerca y ser felices. —Y fue entonces, en ese momento del relato, en el que decidí lanzarme nerviosa a hacerle la pregunta más importante que le había hecho a alguien—: ¿Quisieras vivir una vida así conmigo?

No obtuve respuesta. Con un suspiro el peso de su cuerpo quedó inerte sobre el mío y a mi lado, el monitor de signos vitales me gritó con su sonido constante que se había marchado. Una lágrima resbaló por mi mejilla, mientras mis manos continuaban acariciando su cabello.

—Yo sí quiero una vida así, pero creo que ahora solo me quedará imaginarla y te juro que me la imaginaré siempre —esas fueron las últimas palabras que le dije.

Nadie fue por él, nadie lo lloró conmigo. Unos días más tarde llevé sus cenizas para que descansaran en aquel lugar nevado, el lugar nevado de mi imaginación y luego regresé al hospital. Él se había convertido en mi única familia y yo me había convertido en lo mismo para él. Solo nos teníamos los dos. Fui su enfermera durante cinco años y en algún momento de ese tiempo, comencé a soñar con él, con una vida junto a él, me enamore de él. Ahora él debía seguir su camino y yo debía continuar con el mío, sin él.

Aún hoy recuerdo como si fuera ayer su último suspiro. Compré la cabaña, el árbol, la chimenea y hasta tengo un camino nevado, pero él no está. Viajo todos los días dos horas al trabajo pero siempre vuelvo con la esperanza de encontrarlo. Reitero que puedo parecer loca, pero su recuerdo es lo único que tengo.

Sigo mirando hacia la ventana y los copos de nieve comienzan a caer sin control. El chocolate se me ha terminado y vuelvo a tener frío. Me levanto y voy a recargar mi taza, decidida a seguir reviviendo mis recuerdos. Hace tres años no tengo turno en el hospital en estas fechas, debido a lo que pasó. Vuelvo con mi taza de nuevo caliente entre mis manos, mientras observo como las luces de colores del árbol alumbran mis manos. Algo me dice que levante la mirada y yo vuelvo a centrarla en aquel paraje blanco, rodeado de nada. Y es entonces cuando esa nada de pronto se convierte en un sueño y marca su figura caminando entre la nieve. Esa nada que se transforma en su sonrisa y yo me descubro levantándome de prisa. Ese momento esperado se ha materializado, ese paisaje inocuo se ha teñido de rojo con el color de su suéter y esa nada que hace rato me parecía tan vacía, ahora está haciendo que en mi mirada se refleje su sonrisa.

Sí, la esperanza era lo único que me quedaba, pero ahora, ahora él también está aquí. Ahora él ha vuelto a mí y ha hecho de este día, la navidad más maravillosa de mi vida. La ha convertido después de tres años en mi mágica navidad.

13 Kasım 2020 22:08:30 2 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
8
Son

Yazarla tanışın

S.T. Moon (LunaNuevamcr) Escribir es la mi forma de exorcizar mi alma. Mi manera de sacar de adentro todos aquellos sentimientos escondidos, replegados y que necesitan salir, es la forma en que mi corazón habla a través de las líneas y le dan sentido a todo lo que vivo a diario, es mi amor escondido, mi escondite clandestino, el descanso de mi alma, la pasión de mi mente.

Yorum yap

İleti!
Susana Buisson Susana Buisson
Es una belleza tu relato. Me encantó.
January 02, 2021, 12:54

  • S.T. Moon (LunaNuevamcr) S.T. Moon (LunaNuevamcr)
    ¡Hola! Mil gracias por tu comentario. Me alegro mucho que te haya gustado. Un abrazo 🤗 January 03, 2021, 03:46
~