angelicaplaza Angélica Plaza

Cuenta la leyenda que su raza apareció por una maldición del mismo Dios del Olimpo, Zeus. Sin embargo; la luna le brindó consuelo y compasión. Desde entonces lo ha acogió como si fuese un hijo. Para cuidar su legado, la madre luna decide quienes son las compañeras de vida de los Megalos


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DULCE TENTACIÓN



*****

Nunca creí en las historias del pueblo, jamás pensé que se relacionara con alguno de sus habitantes. Hasta que llegó el día que mi mamá tuvo que regresar al lugar en donde nació y creció. Porque mis abuelos estaban mayores, y uno de ellos estaba enfermo.

A pesar que no les visitaba con frecuencia, sentía mucho orgullo por mis raíces. Mi madre era una gran chef, y ese talento se lo debía a mis abuelos. Ellos tenían el restaurante más visitado del pueblo. Mi abuela, se encargaba de preparas las deliciosas comidas, y mi abuelo los suculentos postres. Ellos afirmaban que todo se lo debían a sus recetas secretas. Esa combinación hizo que mi madre fuese una estrella en la cocina, y yo… bueno… a mí me gusta hacer los postres como mi abuelo.

El restaurante llamado Sweet & Pepper, no era lo mismo y había decaído mucho. Mi madre ganó una demanda laboral en el hotel que trabajaba. La esposa de uno de los socios decidió echarle un purgante a la comida de su secretaria, porque descubrió que era su amante. Por supuesto; la mujer trató de echarle la culpa a mi madre, y la demandaron. Además de echarla.

Mi madre nunca se desmotivó e hizo una contrademanda, la cual fue exitosa. Y aunque el gerente se disculpó, y le pidió que regresara a su puesto de trabajo, ella decidió que lo mejor era irse. Con el dinero pensaba hacerle mejoras al lugar, y hacerlo más exitoso de lo que era, por supuesto no dudé en seguirle. Cada día nos iba mejor.

Estaba en el mostrador cuando, una pareja imponente llegó. Los señores Alessandro y Kenia Megalos, quienes eran prácticamente dueños del pueblo y sus adyacencias; también eran muy amigos de mis abuelos. A pasar de estar en sus sesenta y tantos el señor Megalos era hermoso, alto, un tanto intimidante. Al punto; que me hizo preguntar cómo sería en su juventud, la esposa no se quedaba atrás, además de verse joven y hermosa, transmitía carisma. Sin embargo; había un toque de misterio en ellos, y no me quitaban los ojos de encima, me hicieron sentir nerviosa.

—Selene… —Mamá dijo mi nombre, y al ver en frente de quienes lo había dicho, se quedó inmóvil, como si hubiese cometido un error muy grave. Mi abuelo emitió un suave rugido.

—Dime, mamá —fruncí el ceño, puesto que solo me había llamado una vez, y la escuché a pesar de que estaba escuchando moderadamente We found love de Rihanna, en mis audífonos, mientras le decoraba un pedido a la señora Megalos.

—¿Terminaste con el pedido de la señora Kenia?

—Ajam… —Respondí, colocando poniendo el último punto del merengue, me giré por un momento, pero sentí mucho miedo al encontrarme con la mirada azul fría, y el ceño fruncido del señor Megalos.

Lo sentía por ellos, pero apenas cumplía ese día, veinticinco años. Era joven, tenía por así decirlo mi propio negocio, sabía que era buena en lo que hacía, y mi sentido de la independencia estaba a solo un paso de la autosuficiencia.

—No te preocupes, Clio. —Con una suave sonrisa; la señora Kenia se dirigió a mi madre. —No hay que hacer tanto alboroto, mi cumpleaños es mañana, no hoy.

—Déjeme que se lo ponga en una caja. —No pude evitar preguntar: —¿Es su cumpleaños, también mañana?

—Sí, lo es. —Me respondió amablemente, pero sin dejar de cruzar la mirada con su esposo.

—¿A qué te refieres con “también”? —preguntó el señor Megalos, con cierta curiosidad que hizo, que el rostro de mis abuelos, y de mi madre se volvieran blancos como un papel.

—Es mi cumpleaños,.. —Miré a mi familia. —Ellos dicen que soy muy afortunada, porque nací, la las once y cincuenta y nueve de la noche… —Sus caras serias, hicieron que soltara una risotada nerviosa—. También dicen que la luna estaba roja.

El señor Alessandro entrecerró los ojos hacía mi madre, y la señora Kenia, miró a mi abuela enarcando una ceja.

—Clio… jamás nos dijiste nada, sobre eso. —Carraspeó mi abuela Gaia.

—Oh mamá… —balbuceó, muy pero muy nerviosa—. Es algo sin importancia.

—No se diga más… —Resonó la voz del señor Megalos, dirigiéndose a mí. —Vamos a darles la bienvenida como se merece, y a celebrar tu cumpleaños, por eso les invito a almorzar mañana… en mi casa.

—Disculpe, señor Megalos. Pero no debe usted molestarse. —Mi madre se excusó, ¿acaso preguntó mi opinión?, eso me enfureció.

—¿Me estás diciendo que no? —Le regaló a mi madre una sonrisa, que pude jurar que parecía un lobo.

—¿Será que les importa lo que yo piense? —Miré a todos al hacer la pregunta, y miré al señor Megalos. —Ustedes no saben si tengo planes.

—Claros que los tienes… —se expresó la señora Megalos—, almorzar en mi casa mañana.

—Lo cierto es que me siento halagada por su invitación, pero no puedo… Tengo planes para mañana.

—¿Cuáles? —quiso saber el señor Megalos.

—Por ser noche de Halloween, tengo muchos pedidos. Además; no me gusta celebrar mi cumpleaños.

La señora Kenia soltó una carcajada, que todos la miramos como si se hubiese vuelto loca.

—¡Oh! —dijo a modo de disculpas—. Así mismo pensaba yo, hasta que conocí a Alessandro. —Él se acercó a ella, y le dio un dulce beso en la mejilla y otro en la frente. Tomando la mano de su esposo, la miró. —Con más razón, te esperaré en mi casa mañana…—le hizo señas con el dedo índice—, no aceptaré una negativa por tu parte.

—Está bien… ya que no me dejan otra opción… —les sonreí—. ¿Son insistentes?

—No, cariño… persuasivos. —Respondió la señora Kenia con sorna.

Después de entregarles su pedido, me dispuse a terminar todo lo pendiente; tal vez mañana no tendría tiempo…

Al día siguiente…

No entendía el porqué me sentía tan nerviosa; tenía mil mariposas en la boca de mi estomago, y una opresión en el pecho. Era mi cumpleaños, tenía un almuerzo para mí. Por primera vez era homenajeada. Aproveché para estrenar un enterizo que dejaba ver mis piernas bronceadas, y con el cuello en forma de V. Mi abuela me había regañado, porque dijo que mostraba mucha piel; mi madre por su parte hizo el comentario extraño, de que así me vistiera como una monja en la familia Megalos todos eran intensos.



—Si la abuela, y la señora Megalos son tan buenas amigas; me imagino que tu eres muy amiga de sus hijas.

—Hijos, Selene…

—¿Fuiste novia de alguno de ellos? —la curiosidad me mataba, siempre supe que para mi papá solo mi madre fue un calentón. No la juzgaba, y a él... lo conocí cuando tenía diecisiete años, y agradecí que se hubiese largado antes de que yo naciera… ¿en qué estaba pensando mamá?, si debió ser muy joven.

—No… bueno es complicado.

—Complicado… es tratar de ensartar una aguja, sin lentes.

Mi madre entornó los ojos. —¡Selene, por Dios!

—Explícame, entonces….

—Bueno… son dos Moira, que estudió conmigo desde la guardería y el mayor por cinco años, Altaír —Dio un suspiro.

—Continua… —insté sentándome en la cama, calzándome las sandalias cruzadas de tacón fino, y color crema.

—Nada… Selene… Yo estaba enamorada de él… todo el mundo lo sabía, menos Altaír. Pensé que yo no le atraía, y menos cuando se comprometió con Elissa cuando salimos del instituto, le pedía a papá que ir a Atenas con la tía Alida, me dediqué a aprender en su restaurante. Al tiempo, ahí en el restaurante conocí a Erasmus, tu padre. Le di una oportunidad. —Suspiró de nuevo cansadamente.

—A los años, recibí la visita sorpresiva de Altaír, diciendo que siempre estuvo enamorado de mí, me pidió matrimonio. Elissa había muerto tres años atrás, y lo había dejado con un niño de dos años…

—¿Por qué no aceptaste?, si estabas enamorada de él.

—Porque un día antes; me enteré que estaba embaraza, de ti. —Sacudió la cabeza—. Eso ya es parte del pasado… ve, disfruta de tu almuerzo.

—¿No vendrás conmigo?

—No, no creo que sea buena idea. —Respondió mamá ladeando la cabeza.

—¡Selene! —la voz de mi abuela, se escuchó por toda la casa—. ¡El chofer de Kenia, está aquí!

Me despedí de mi madre, quería que me acompañara, porque estaba muy, pero muy nerviosa, era la primera vez que mi madre, hablaba sobre su pasado.

Casi se me cae la quijada, al ver la mansión Megalos. Eran acres sobre acres de tierra arborizada, la gran casona estaba en el medio. Majestuosa, imperiosa, y completamente misteriosa. El chofer me ayudó a salir del vehículo, me hizo un gesto con la cabeza indicándome con eso que todo iba a estar bien.

Al entrar la casa, era más majestuosa de lo que se veía por fuera. La señora Kenia me esperaba con una sonrisa.

—Pensé que te negarías.

—¡Para nada! Es la primera vez que… hago algo en mi cumpleaños… por cierto ¡Feliz Cumpleaños! —Le entregué una caja con dulces, que hacía en el restaurante.

—Gracias, querida… —Me dio un beso en cada mejilla.

Se sintieron unos pasos bajando por la escalera, pero no podía ver quién era; yo estaba de espaldas, y la señora Kenia también era un poco alta, y un tanto robusta, pero en los límites de lo atlético.

—Abuela…

Era una voz grave, que hizo que me tensara en los brazos de la señora Megalos, de manera protectora, y maternal ella me acarició la espalda.

—Alexander, ven conoce a nuestra invitada… Selene. La nieta de Gaia.

Él caminó hasta mí con paso firme y confiado. Abrí mucho los ojos, era muy parecido a su abuelo, creo que hasta de la misma altura, Todos sabemos que con la edad el cuerpo humano se encoge un poco. Compartían los mismos ojos azules casi translucidos, bordeados por unas pestañas oscuras y gruesas, piel bronceada, nariz aristocrática, pómulos altos, boca grande, y labios bien delineados, que estaba segura debían saber besar bien. Mi corazón comenzó a latir descontroladamente, el pum pum los sentía en mis tímpanos.

—Hola —¡Qué patética! Eso fue lo único que salió de mi boca.

Intimidantemente, se acercó aún más mi. Me tomó por los hombros para acercarme a él. Las piernas se me volvieron gelatina cuando con la punta de la nariz, olió mi cuello minuciosamente. Sentí como un pequeño pinchazo, y después me dio dos besos, cada uno en la comisura de mis labios. Sentí que estaba drogada, sus besos eran como él…letales

Casi me caigo, pero él me sostuvo por la cintura. Me dijo suave al oído casi como un susurro: —Te tengo… mmm hueles delicioso.

Más nerviosa me puse. —Ya estoy bien, puedes sol – tar -me —¿Desde cuándo yo tartamudeaba? Sentí una completa vergüenza, qué iba a pensar la señora Kenia de mi. Miré alrededor.

—La abuela, es muy inteligente… —volvió a mordisquearme el cuello, y después a acariciarme—. Nos dejó a solas.

¡Madre del amor hermoso! El hombre era la tentación personificada, yo no era una santa, era de carne y hueso. Podía sentir como mi cuerpo se iba calentando, mi vientre se contraía y mi sexo se humedecía.

—¡Oye! —Me zafé de su agarre—. No sé a qué tipo de chica estés acostumbrado, pero conmigo eso no va. Me gusta mucho el sexo… pero no soy de las que va por ahí con el primero que venga a olisquearme…

Alexandrer salió de su trance, y me miró estrechando los ojos. Brillaban de una manera inhumana.

—¿Tienes algún amante? —la pregunta fue hecha con toda seriedad.

—Si tengo o no, eso no te incumbe… soy soltera, y no tengo perro que me ladre.

—¡Jesús un chucho no! ¡Un lobo!

—Menos… les tengo miedo… son muy… muy

—¿Temperamentales?, ¿intensos?

—¡Y qué se yo! Jamás he estado cerca de uno.

—No te preocupes, que tendrás uno para ti sola. —Le dijo con burla.

—Mira… descarado, apenas si recuerdas mi nombre. —Estaba furiosa, pero no con él, ni con la situación… sino conmigo… ¿Qué era esta calentura? Quería… noooo… necesitaba follar… tampoco con cualquiera… si no con él. —Lo siento; despídeme de tus abuelos… tengo que irme.

—Yo te llevo…

Alexander me llevó a un lugar del archipiélago, que jamás había visto. Vi caer el sol, y también el momento en el que le saludó la luna. También el paso de una estrella fugaz, una burbuja de sensualidad y magnetismo me envolvió, y cedí a la pasión y lujuria más primitiva. Él era la más dulce tentación. Dejé de ser solo una simple humana, me convertí en algo más místico. A la luna siguiente; pude notar el cambio en mí.

Cinco meses después…

La mansión Megalos estaba radiante, llena de vida, adornada de manera elegante. El ambiente era de total festejo el Yuvetsi, Tiropita y Baklava se hicieron presentes. Era el día de mi boda, mi boda con Alexander Megalos.

Yo no quería casarme inmediatamente, como él exigía. Yo necesitaba saber más… Los Megalos, no eran una familia común y corriente. Él prácticamente me obligó diciendo que no volveríamos a tener sexo; y eso yo no lo podía permitir. Entonces la única excusa que le di fue que necesitaba tiempo, para aprender… y por alguna extraña razón cedió.

Hoy bailé Kalamatiano, y vi a Alexander, bailar Zembekiko. Repartimos a nuestros invitados, Almendras Jordanas, preparadas por mí, con el más delicioso caramelo. Para cumplir con las tradición de la Bombonieria. Le dimos personalmente cinco a cada uno. Cada almendra simbolizó nuestra esperanza de vida: salud, felicidad, fertilidad, riqueza y una larga vida.

Mi vida cambió, aquella noche al punto de que acepté de buena manera renunciar una vez al mes a mi humanidad. No solo era humana, no solo era una mujer lobo, no solo era una amiga, una amante, la esposa de Alexander Megalos… era la mitad de su alma, y eso valía que amara y honrara a la luna, con devoción.


***Fin***




12 Ekim 2020 23:46:43 12 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
52
Son

Yazarla tanışın

Angélica Plaza La vida es como una bicicleta, para mantener el equilibrio tienes que seguir adelante. ****** Una aprendiza de escritora, que te hace vivir en sus letras, fantasías.

Yorum yap

İleti!
MA Mariel Acosta
Con solo un capítulo nos enganchaste, si nos regalas más de la historia de seguro nos cautivas, felicidades, es más difícil hacerlo corto y bueno.
October 26, 2020, 12:22
Andy P French Andy P French
Venía a decir lo mismo, corta pero sustanciosa. Es el mismo Alessandro de Detrás del Antifaz? Hermoso nombre de todas maneras jajajaja
October 26, 2020, 05:34
Claudia Garcia Claudia Garcia
Quede otra vez enamorada... tus historias me encantan 😍😍
October 24, 2020, 16:50
Mónica Restrepo Mónica Restrepo
Me gustó mucho.... Cómo décimos en mi país; cortica pero sustanciosa
October 17, 2020, 13:40
ana cristina ana cristina
Tan intensa como todas tus historias, no me casaré de recordarte el placer que es leerte...gracias, gracias, gracias
October 15, 2020, 13:50
Jancev Jancev
¡Una historia de amor para una transformación! ¡Felicidades!
October 14, 2020, 04:12

  • Angélica Plaza Angélica Plaza
    jajajaja y con horario todo público jajajja October 14, 2020, 04:15
celina renolt celina renolt
esta es la continuación de alessandro y kenia?
October 13, 2020, 18:26
AM Adriana Meza mendoza
Estuvo muy bonita ....
October 13, 2020, 14:10
mc mariluz castillo
Muy buena
October 13, 2020, 03:11
CS Claudia Sosa
Muy bonita pero se me hizo muy cortita., 😭😭
October 13, 2020, 00:31
Rosa Gonzalez Rosa Gonzalez
Me encanto
October 13, 2020, 00:07
~