samsam Samantha Hirszenberg

ੈ༉ ፧ ❝Por favor, sé mi modelo...❞ En la sala de Arte, Min Yoongi encuentra una pintura muy extraña que no puede comprender... Y Kim Taehyung, el pintor excéntrico, está dispuesto a explicarle el significado de su pintura... a cambio de poder usarlo de modelo. ⚘༉ San Valentín 2019 ✎Ofelia by John Everett Millais Óleo sobre lienzo | Prerrafaelita | Museo Tate Britain, Londres, Reino Unido | 1851-1852 ፧ ੈCategoría: Fluff ፧ ੈExtensión: Oneshot ፧ ੈPareja: Taegi •:Taehyung Top! •:Yoongi Bttm! ፧ ੈFecha de escritura: 10/01/2019 ፧ ੈPublicación: 14/02/2019 ፧ ੈPortada y banner: Pues yo, quién más, jeje. ✑Obra registrada en Save Creative Love, Sam 🌷 ©Samantha Hirszenberg 2019


Hayran Kurgu Bands/Singers Tüm halka açık.

#romance #fluff #taegi #TaeGi-Romance
Kısa Hikaye
150
4.9k GÖRÜNTÜLEME
Tamamlandı
okuma zamanı
AA Paylaş

El excentricismo del lienzo y el escepticismo del piano

📷


En lo profundo del lago brotó una flor que era de piedra y estaba vacía. Casi tanto como yo, antes de ser encontrado por ti.


Encontrábase el hombre con la mirada perdida en sus manos.


Observando con ojos indecisos la misiva que había redactado hacía varias semanas; y que todavía no entregaba a los ojos de su dueño por falta de tiempo, —o más bien, por falta de valor—; Y que se arrugaba entre sus dedos, como poniendo en evidencia su gran y sorprendente cobardía.


El destinatario, un hombre voluntarioso y vilmente encaprichado con su estadía en ese lugar, estaría furioso. Tan solo con imaginarlo leyendo el encabezado del sobre, Min Yoongi pudo visualizar el enojo, las mejillas rojas, los pequeños pies dando golpecitos al piso en la espera de un cambio en su decisión; y la mirada amenazante de su manipulador predilecto dirigida a él. Cargada de muy probables y respetables deseos de arrancarle la cabeza o prender en fuego sus aposentos mientras durmiera.


Carta de Renuncia,
Min Yoongi.


Escribía la tinta seca, en una cursiva no muy agraciada. Escrita en un momento de valentía lúcida y efímera.


Esperaba poder salir ileso de la oficina de Park Jimin. Después de todo, él tenía sus razones para abandonar su Institución. Nadie podía reprocharle en cara nada. ¡Ni siquiera él!


Siendo ellos jefe y empleado, ni los años de amistad, ni el compadrazgo que los unía, podrían interponerse en decisiones meramente profesionales. Por eso había redactado la carta. Y por eso la guardaba de nuevo en su maletín, después de estirar las pequeñas arrugas y enmendaduras, que sus manos sudorosas le habían ocasionado a la desdichada epístola.


El piano, una parte significativa de lo que era él, le había tomado de la mano en todos esos años de sube y baja atiborrados de emociones y peripecias.


Estuvo ahí cuando cumplió cuatro años y su mente a duras penas comenzaba a recopilar los datos que conformarían sus recuerdos más íntimos —Por aquel tiempo, sus dedos solo se aporreaban con brío, en las teclas, haciendo sonidos aleatorios y descompasados—... Cuando su madre falleció, acunando el dolor de una pérdida inevitable; cuando se reconcilió con su amado padre, cuando su cuerpo fue destrozado en aquel desafortunado accidente; durante su recuperación y cuando se enamoró por primera vez, en el alba de su adolescencia, inexperta y curiosa.


Llevaba un tiempo trabajando como profesor de Introducción Musical y Piano Avanzado en el instituto de Park Jimin; Y muy a pesar de que la paciencia y la elocuencia, no formaban parte de sus cualidades más destacables, había aceptado el trabajo con la esperanza de servir de algo ante una sociedad traumada con el espectro del desempleo, al acecho de aquellas duras épocas.


Y si bien, tratar con jóvenes obligados por sus padres a aprender una disciplina musical, no era ni de cerca su sueño juvenil más ansiado, se limitaba a manifestar buena actitud y disposición, al heredar sus conocimientos a generaciones más jóvenes.


"Malditos mocosos, ya me tenían harto".


Claro que nunca lo dijo en voz alta, pero su personalidad le impedía fingir amor y vocación nata hacia la pedagogía. Lo que le llevó por consecuencia el apodo de "El temible profesor Min".


Salía ese sábado de una clase particular, a eso de las diez con treinta de la noche. El más pequeño de los Jeon era magnífico en cualquier tipo de disciplina y se nombraba a sí mismo, “el orgullo de todo su abolengo”. Pero como pianista... El talento era tristemente carente en cada una de sus torpes manos, sus dedos no habían sido creados para imitar a Mozart o a Bach, ¡Mucho menos a Beethoven!


Por tanto, salió muy tarde ese día del instituto después de ordenar al joven Jeon practicar Fur Elise hasta que le sangrasen las manos, o en su defecto, enfrentar a su padre y pedir disculpas por su gran falta de talento; Por lo que, cansado de la peste a fracaso de su joven pupilo, tomó sus partituras con mucho cuidado y las acomodó en el maletín de cuero marrón que Namjoon, su exasperante pero adorado hermano menor, le había regalado en navidad.


—Pero señor, aún queda media hora de lección…


—¿Crees que en…. Veintinueve minutos y medio puedas mostrarme un desempeño que no me haga pensar en mi vida como un desperdicio?


El niño Jeon miró al suelo nervioso y con el ceño fruncido. Definitivamente necesitaba más que semanas de práctica antes de que eso sucediera.


—Eso creí. —dijo el profesor —Con permiso, Jeon.


Min Yoongi era amado por sus amigos más cercanos, pero odiado por sus alumnos y temido por las demás personas que habitaban el resto del mundo; Y, aunque él nunca hizo nada para merecer esa imagen de persona hostil y difícil, tampoco se preocupaba de corregir a cuanta persona conociera sobre su verdadera forma de ser. Ni si quiera siendo él un alma noble, en necesidad de comprensión y un buen, (¡buen!), puñado de paciencia.


Por lo tanto, aun sin ser él un chico malo, le encantaba portar esa etiqueta, cuando caminaba por los pasillos del Instituto de Bellas Artes…


Pero el ego elevado durante unos minutos, cinco veces a la semana, no eran suficientes para llenar su vida. ¡Ahora se daba cuenta!, con profunda irritación y medida tristeza.


Y estaba harto de sentirse así. Por lo que caminó, con los pies clavándose en cada ladrillo, sonando en una fiereza reprimida, que ahuyentó a uno que otro pájaro buscadores de las migajas que caían de los lindos almuerzos escolares, que los estudiantes más pequeños solían llevar.


Caminaba a la oficina de Park, decidido a darle fin a toda esa farsa a la que lo había llevado su cobardía. Su poca honestidad, que lo hacía sentir como a un fantasma, un alma en pena que deambulaba en busca de algo que jamás obtendría.


Bajo los árboles, que dejaban caer sus hojas más pesadas al piso en un vals parsimonioso y estresante, cansadas del invierno y su clima atroz, Min caminó repudiando su estadía en ese colegio. Abandonando su resignación a vivir de los caprichos de Park, quien lo había convencido años atrás de incorporarse a su instituto; y a quien ciertamente le agradecía por su buen y estable empleo, pero a quién reprochaba de igual manera el carácter de "estable", sinónimo de "simplón" y "desapasionado", que este aportaba a su vida.


¿Estaba siendo él demasiado drástico? Pensaba en qué necesitaba, para vivir de nuevo los años en que recién graduado de la Universidad como profesor, salía al mundo deseoso de enseñar y aprender de sus alumnos. Como un auténtico pedagogo. Y cumplir con la pertinente tarea que se le ponía en las manos.


Deseos e ilusiones que perecieron con el envenenamiento a su pasión y que con cada año dejaba a su paso, más deterioro y más vacío.


Dudoso, casi estranguló el asa de su maletín.


Y como si se tratara de un poseído, de un impulso infundado y sin propósito alguno, producto de un espíritu burlón con ganas de hacer alguna travesura, pegó la mirada con desgana, al edificio con un grabado en el dintel que ponía:


"Salón de Artes Plásticas"


Nunca tuvo acercamiento con el arte, a decir verdad, sus dibujos eran realmente feos, monigotes sin sentido que preferiría nunca viesen la luz, jamás. Y siempre odió el aroma a óleos y aguarrás... Pero en esa ocasión, ni siquiera el penetrante aroma de los pigmentos, ni la vergüenza propia hacia su arte en general, —o su anterior desespero por dejar de ser maestro— pudieron evitar a Min bañarse de la luz proveniente del foco mal instalado, en la sala de Artes.


El piso de madera, que en algún momento debió ser pulcro, estaba ahora manchado de pintura seca y maltratado como ninguna otra aula que Min había visitado.


Estaba vacía, o eso pensó.


Los caballetes y bastidores lo recibieron en una cuna diferente a la que estaba tan acostumbrado a vivir. En el piano, el negro y el blanco eran su mundo, el ruido, las melodías y los adolescentes que cantaban perezosamente desafinados. Aquí, los colores contendían una batalla sin igual por obtener su atención, pero todo en absoluto silencio.


Incluso el amarillo de los girasoles de Van Gogh —una imitación bastante mala de alguno de los alumnos, quizá—, se esforzaba un poco por la atención de Min.


Cada artilugio extraño que lo saludó, todas las pinturas concluidas y sin terminar, los marcos arabescos que rodeaban pinturas de aves de rapiña y motivos ornamentales heráldicos. Todo era un mareo visual, para aquel que acostumbraba una vista más… cercana a lo monocromo.


Pero, lo que realmente atrapó a sus pequeños ojos de gato enfurruñado, fue una espalda ancha en la esquina de la sala.


Que se encontraba de espaldas, sentado en un banquillo de madera, con un pie en el piso y el otro en la base de su caballete. Muy alto y encorvado. Un maestro al que nunca había visto, supuso.


(Aunque no le sorprendió. Pues no era muy allegado a sus compañeros de trabajo).


Se acercó un poco más para observar mejor. Llevaba un mandil de mezclilla, sin un solo espacio inmaculado y en el bolsillo tres pinceles de abanico de diferentes tamaños y uno de punta redonda, bastante más pequeño.


Pintaba un lago.


Oscuro, azul y profundo. —Más azul, que la mata cian de cabellos que llevaba sobre la cabeza y que casi le tapaba los ojos —Que para ser sinceros, le dio miedo. ¡Bienvenido seas al arte Min!


—¿Qué piensas? ¿Muy tétrico?


Dijo el hombre, su voz grave sobresaltó a Min, más de lo que estaría dispuesto a admitir en voz alta.


"Barítono, sin duda" Pensó.


Sin volver la mirada y sin desconcentrarse del azul cobalto que agregaba a la pintura, el joven pintor esperaba una respuesta en medio del eco silencioso de la sala de arte.


—Pensaba más en... Melancólico.— Soltó.


La mano que sostenía el pincel, pareció congelarse a causa de lo que aparentó ser una efímera consternación. (U ofensa).


Y de pronto, como si de un loco se tratase, el pintor comenzó a reír. A carcajadas, para continuar agregando capas de color.


—¿Melancólico!— dijo, casi indignado —Llevo tres semanas tratando de darle el toque perfecto a mi obra, cinco expertos han venido… ¡Cinco! y todos esos idiotas han fallado en su veredicto... —profirió — ¡Y tú solo dices "melancólico"! ¡Ja, ja, ja, ja!


Min frunció el seño, irritado. Se sentía burlado. ¿Qué se creía este loco de los colores para reírse en su cara?


—No me refería a eso.


—¡No! ¡Es perfecto!— Soltó, mirando con los ojos muy abiertos a Yoongi por un brevísimo momento. —Eso era justo lo que quería... —Tiró tres pinceladas más, casi con furia. —"El Lago de la Singularidad", aquello que queremos, pero jamás obtendremos, el amor ahogado en lo profundo de nuestras almas. La pieza congelada que solo podemos recordar, pero jamás tener... ¿No es maravilloso?

—Se me hace más bien, deprimente.


—¿Sabes? Eres la primera persona que no se ha lanzado a llenarme de halagos acerca de lo hermoso que pinto...


Eso debe ser terrible. Pensó Yoongi con cierta(mucha) ironía.


—No le veo la gran cosa a un hueco con agua, repleto de depresión. Perdón, pero no lo entiendo... No sé lo que hago aquí— exclamó. Parpadeando dos veces, con la intención de retroceder —Será mejor que me marche.


—¡No! Por favor, quédate. Me siento honrado de que me dieras tu valiosa opinión. ¿Sabes? No solo se vive de halagos y aplausos. —exclamó. —A veces las críticas constructivas, son buenas para crecer.


Mezclaba una cantidad pequeñísima de negro en una esquina del godette. Sin mirar nunca a la cara del extraño que le hablaba.


—Eres raro.


Time algo gue no sheba.— dijo a través del pincel que puso en su boca, ya que ahora estaba usando una espátula.


—Mi nombre es Min Yoongi. Y tienes pintura color vómito en tu cabello.


"Esa no te la sabías, ¿Verdad eh, niño raro?"


De nuevo estalló en carcajadas, que más parecían la tos de un enfermo de los pulmones, o al menos ese efecto le dio el mango del pincel que aún mantenía en los labios. Y que con premura dejó reposar en su mesa de apoyo para decir:


—¡Eres bueno!, ¡Me agradas, Min Yoongi! —Le dedicó una mirada de reojo, por segunda vez; Para después volver a su negocio. —Y... ¿Qué trae al maravilloso Min Yoongi, a mi humilde sala de Artes? Claro, además de advertirme acerca de la pintura en mi cabello.


"¡Ya te dije que no lo sé!"


Yoongi se permitió observarlo mejor. No importó que hubiese ignorado la pregunta del pintor. Pues su mirada, de nuevo fue aprisionada por el pincel de cerdas postizas impregnadas de azul cobalto, ahora ligeramente manchado de viridian.


En el fondo, el murmullo de una pieza clásica llenó la sala, rebotando en el piso de madera, derritiéndose en el aire en un sonido envolvente y sofisticado…


—Ah, como adoro esta…— dijo, encandilado. — ¿La conoces? —preguntó.


—Por supuesto.— No la conocía.


—Lo siento, —dijo el pintor. —Me temo que no me he presentado... Me llamo Taehyung.


📷

Extendió su mano en amago de educación, por primera vez poniendo su total atención en su acompañante. Su mano morena, áspera de pintura seca, repleta de vigor, excentricismo y fuerza; en contraste con la piel bañada en nácar del pianista, suave e inmaculada en su propia ferocidad escondida.


El lienzo y el piano, mirándose a los ojos, conociéndose por primera vez.


—Lo supuse.


—¡Ah! ¡Eres adivino! — dijo el pintor ilusionado.


—Tu firma está en todos tus frescos, tienes letra fácil de leer...


Yoongi aún no comprendía qué magia extraña lo aprisionaba en la sala de Artes. No sería el aguarrás que lo había drogado, los colores que lo habían vuelto loco, o quizá esa sonrisa dental que formaba un cuadrado en toda regla, con cada carcajada alegre y ruidosa.


—¡Tengo una idea!— Gritó el pintor de repente. — ¡Sé mi modelo, Min Yoongi!


—Oh, no. Yo no modelo. Mejor sigue contándome de tu lago congelado. — Yoongi abrazó su maletín de cuero ante el escrutinio del pintor. Y quiso salir corriendo hacia la puerta por donde cometió la estupidez de entrar.


—Es, "El Lago de la Singularidad". Y estaré encantado de hablarte de él... Si aceptas ser mi modelo.


—Pensé que los pintores odiaban trabajar de noche…— El acuerdo tácito fue pactado, mientras Taehyung tomaba un caballete vacío y un lienzo limpio. Acomodó una lámpara de una manera en la que sólo él comprendió, sería perfecta. Y Yoongi se removió sobre su lugar, después de decidirse por buscar un banquillo. —¿No es así? Ustedes son como... vampiros, pero al revés.


—Y yo pensé que había quedado claro que soy raro. Eso salió de tus labios, Min Yoongi. — dijo, mientras acomodaba sus carboncillos más finos, con los que haría la base de su siguiente obra maestra, sin olvidar nunca la pequeña sonrisa en su cara.


—Ah, no mi estimado. Olvida el banquillo. Mejor tomemos el sillón de la esquina. El ocre le queda bien a esa piel tuya.


Y lo dicho, pasaron al sillón individual de cuero falso, que servía de adorno a la sala.


—¿Y bien?— Yoongi trató de tomar una postura cómoda, para no tener que moverse, en el tiempo que Taehyung lo necesitara. Esperaba no fuera mucho; y era extraño porque a la vez también esperaba que se tomara su tiempo.


Tardó en decidir que hacer con sus piernas, hasta que se rindió y simplemente las flexionó, subiendo los pies descalzos al diminuto sillón.


—Muchos odiamos la noche... Es verdad. —admitió. —Pero nuestro odio, o al menos el mío en particular,— susurró —se relaciona más con el capricho de mis tubos. Qué cambian de color con la luz y la penumbra... —tomó un tubo violeta y lo entregó a los dedos de pianista.


—No lo entiendo.


—¡Claro que no lo entiendes!— Rió divertido. No había sarcasmo en su voz, o algún dejo de burla, parecía respetar la poca fe de Min hacia el arte, sin embargo, lo dejaba pulular a su alrededor, como a un curioso, hambriento de sabiduría. Taehyung se sorprendió a sí mismo, disfrutando de la compañía de su silencioso nuevo amigo.


Por otro lado, Min trataba de descubrir de qué color eran los ojos del pintor. Pues a veces cuando los miraba, a través del lienzo, eran cafés claros, como chocolate tibio en una noche de invierno; Otras el verde de un pasto fresco y veraniego recién podado, abofeteaba sus sentidos, hipnotizándolo de más; Y otras tantas, el azul profundo de un océano, al que ni los vikingos más osados se habían atrevido a explorar, lo llamaba cual canto mortal de sirena, terrible y malvada.


—¿No vas a necesitar este?— exclamó curioso, agitando suavemente el tubo violeta en sus manos.


—Pensé que querías saber acerca del lago… — dijo, concentrado en su pintura.


—Ah, es verdad… ¿Qué es eso que pintabas hace un momento?, dijiste algo acerca de cosas congeladas… Sentimientos congelados, no lo entiendo. ¿Es algo así como… pasiones reprimidas?


—Oh, no. En absoluto. —Corrigió el pintor, con tono suave y melifluo. —Por el contrario… El lago no sufre por la pasión reprimida, sino la falta de ella. ¿Qué somos sin pasión, Min Yoongi?, ¿Qué nos diferencia de una roca, al ser pasionalmente carentes?


Para Yoongi era una pregunta muy difícil. Pues él, en muchas ocasiones se vio gustoso de aceptar a una roca, como futura reencarnación. Nunca vio problemas en ser una. Ahora se sentía irritado, avergonzado, (y profundamente ofendido) por segunda vez frente a Taehyung…


—¿Qué tiene de malo una roca? Yo quisiera ser una, así me evitaría desperdiciar mi vida, siendo maestro de unos mocosos que no sienten el más mínimo amor por la música. —exclamó, entre broma, entre enojo y entre realidad, la frustración hablando por él. —No hay pasión en mí. Nunca la ha habido, para algunos, ser una roca es una maravillosa meta de vida que no tendría por qué ser cuestionada... Si me lo preguntan.


¿Por qué se molestaba en dar explicaciones a un desconocido? ¿Qué lo hacía diferente a todas esas personas, a las que había mandado a saludar amablemente a sus madres por atreverse a cuestionarlo? Y lo más importante, ¿Por qué le molestaba y avergonzaba el verse tan vulnerable ante Taehyung?


—Oh, no. Min Yoongi. Tú estás equivocado. Claro que hay pasión en ti. ¿Por qué serías maestro, si no la tuvieses?


Se rindió. Ya no había actitud digna en la cuál escudarse. Ya no era el Temible Profesor Min, ahora solo era... ¿Min Yoongi? No lo sabía con exactitud. Estaba ahí, irritado, teniendo una pequeña crisis y ni siquiera sabía el porqué.


Oh, por Dios...


—Mi primo, el dueño de la escuela me ha convencido... En esto de ser maestro.

¿En la pintura aparecería su cara de muerto? ¿Qué le pasaba a sus nervios?, que se ponían como desquiciados con cada sílaba sin sentido que pronunciaba el pintor.


—Error. —Interrumpió, con la voz un poco más fuerte y bastante severa. —Tu primo, respetable caballero debo decir, te ha mostrado un camino que podrías seguir; Sin embargo, los pies son tuyos, quien ha caminado hasta aquí, con su propia fuerza y su propia convicción has sido tú, Min Yoongi. —Se apartó del lienzo y lo miró a los ojos, apuntándole con el carboncillo. — No hay acto más apasionado que seguir tu voluntad y caminar hacia adelante con ella.


¿Habría alguna esperanza para el pobrecito maestro de piano?


—Estoy muerto por dentro, desde que cometí la desfachatez de volverme maestro. —casi reclamó. — Estoy amarrado a este instituto, por el capricho de alguien más. ¡Más me valdría haber entregado esa maldita renuncia hace semanas! ¡Años! ¡Más me valdría haber nacido roca! —Dijo, en intento de broma, haciendo una mueca disgustada en el proceso.


Un gruñido, gutural y desagradable salió de sus labios.


Se estaba desquitando con un desconocido y eso no era propio de sí mismo.

Taehyung hizo un sonidito con la lengua, como esos que se usan para apaciguar a un caballo. —¡Bien! No es la gran cosa… —exclamó —Si tu convicción es ferviente a volverte una roca, permíteme ofrecerme para llevarte en mi bolsillo. Iremos a conocer muchos lugares maravillosos… —ofreció, con esa serenidad que lo había acompañado desde que… ¿Lo conoció? Hacía unos… ¿Quince minutos?


Min maldijo su piel por ser tan susceptible a las palabras del pintor, pues pudo sentir cada peca de su cara volverse colorada. Y se obligó a sí mismo a quedarse quieto y guardar la compostura. De todas formas, se tomaba en serio su trabajo de modelo.


Esto no era normal en él. Nunca fue un muchacho penoso. No sería que...


Después de ese extraño percance, en dónde su enojo salió de la nada, prefirió cerrar la boca y evitar más comentarios innecesarios. Por lo que el silencio no tardó en aparecer.


Claro que tampoco tardó en desaparecer.


—Tienes… unos ojos muy hermosos, Min Yoongi. —Negó con la cabeza, sin dejar de mezclar sus colores, hasta lograr un aguamarina que le pareciera digno. Delineando el iris, con pulso impecable —Veo en ellos un imperioso deseo de fama, virtud, poder. Veo ambición. Y al mismo tiempo la nobleza y la bondad que pocas personas han tenido el valor de conservar por estos días…


—No eres más que un loco, ja, ja, ja. —Se mofó.


Ahora le sudaban las manos. ¡Magnífico!


—Eso, búrlate de mí, Min Yoongi. Tíldame de charlatán— Rió, inusualmente alegre. —Pero aquellos que comprenden El Lago de la Singularidad, su verdadera… melancolía, no pueden ser otra cosa más que intensas almas deseosas de fuego, justo como la tuya… — Sus ojos conectaron, como pocas veces en toda la noche. —y la mía.


Y explotó.


—¡Suficiente! —dijo el piano, levantándose del silloncito, arruinando con ello su trabajo de modelo. Avanzó la poca distancia que lo separaba del pintor y se quedó parado justo a su lado. Quedando a penas más alto que el excéntrico artista. —Ya he tenido… suficiente.


—Y… ¿Qué harás, Min Yoongi?— Por primera vez lo veía así de cerca. Su piel, verdaderamente parecía una porcelana canela, repleta de lunares dispersos en un halo caprichoso; como estrellas en una constelación lejana y repleta de misticismo cegador. Miró sus ojos, ambarinos y coquetos, llameantes, justo como los había descrito en él, mientras lo pintaba. Y sus labios, que pronto fueron relamidos, tal vez en nerviosismo, o en coqueteo descarado o en Dios sabe qué… —Vamos, Min Yoongi, te invito al Lago de la Singularidad, déjame decirte… Qué hay congelado bajo tus ojos de gato.


Y Yoongi acortó la distancia, inclinando solo un poco su rostro, permitiendo al pintor tomarlo de la cintura, para aprisionarle por un corto y eterno instante. Y se vio en el agua, en el cielo, en el aire y en todos los lugares del mundo al mismo tiempo, cuando sintió el verdadero sabor de la Singularidad, en forma de labios carnosos, desconocidos y a la vez tan familiares. Se movió con fiereza, pero al mismo tiempo se dejó hacer, se dejó adorar, aprisionar, querer; sobajar y enaltecer. Tocó ligeramente su barbilla filosa durante el cálido encuentro; y se sintió tan correcto y tan necesario…


Una vez separados, se miraron a los ojos, con los rostros distorsionados por la cercanía, viendo almas diferentes y deseos en común; y sueños inciertos que en cada gesto y en cada respiración ataviada y torpe, gritaban encaprichados por el otro.


Creando una mescolanza entre la esencia a libro viejo y menta fresca del pianista con las fresas y aguarrás del pintor.


—Estaré…— dijo Taehyung, en un susurro —Estaré encantado de ayudarte a encontrar esa pasión que necesitas, si así lo quieres, Min Yoongi. —exclamó, aproximando la pelvis del pianista a su cuerpo, para después acercarse lentamente a su cuello, trazando con labios trémulos el sendero a su oído. Estoy dispuesto a tomar esa responsabilidad. Pero, por ahora —dijo en un susurro —déjame terminar mi pintura.


Divertido, Yoongi miró el tubo de óleo que aún sostenía entre los dedos. Y pensó, qué tal vez había encontrado aquello que faltaba en el rompecabezas. No hacía falta renunciar al blanco y negro.


Simplemente debía agregar a su corazón un poco de… violeta.


📷

🕊️°Fin°🕊️

27 Ağustos 2020 03:20:45 13 Rapor Yerleştirmek Hikayeyi takip edin
25
Son

Yazarla tanışın

Yorum yap

İleti!
c clown
fue muy hermoso, amé el deje artístico en cada una de las palabras; simplemente precioso 🥺
April 25, 2021, 14:24
aBaepsae aBaepsae
DIOSSSSSSS QUE ALTO ARTE TODO 💜
January 06, 2021, 21:51
seesaw ᵕ seesaw ᵕ
Ya te dije que amo como escribes (? porque lo puedo repetir cuando quieras xD ♡
January 01, 2021, 22:52
Genesis Genesis
Realmente me encantó como narraste todo, eres genial sigue asi💗🥺
December 31, 2020, 09:33
Jiseok Kwon Jiseok Kwon
Esta si es una gran historia, me ha encantado!, "lo bueno dura poco" dicen por ahí y valla que esta historia ha discipado las dudas que tenia sobre esa frase...
December 22, 2020, 11:47

gxlly gxlly
amé, amé, amé <3
October 24, 2020, 18:13

Letizia C. Letizia C.
Diosss, no puedo explicar lo bello que fue leer esto. Es una obra de arte, por favor sigue así!💕💕
October 22, 2020, 03:32

  • Samantha Hirszenberg Samantha Hirszenberg
    ¡Woahhh! ¡Muchísimas gracias por eso! Este comentario me anima un montón jsjsjs. ♡ Eh... Estaré por aquí, compartiendo un poco más de mis historias ^^ ¡Infinitas gracias por los ánimos! ♡ October 22, 2020, 16:42
Valentina Antepara Valentina Antepara
Sigue así escribes muy bien😊
October 22, 2020, 02:59
Valentina Antepara Valentina Antepara
Es simplemente hermoso
October 22, 2020, 02:49

~