nina-esteban1587142627 Nina Esteban

Helena y Ambrose fueron dos personas creadas para ser consumidas por un amor abrumador que detrás esconde secretos estremecedores e historias que ambos guardan, y que al ser revelados podrían decidir el destino del mundo entero.


Фэнтези эпический 13+.

#drama #amor #poderes #239 #332 #217 #310 #225 #316
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Los ojos

Las sirenas de la policía aún sonaban a lo lejos, yo seguía inmóvil observando los edificios cuadrados del vecindario mientras las escuchaba sonar en mi búsqueda. Me rugía el estómago y tenía la lengua seca, había sido una noche agitada en la que por primera vez en meses, casi me atrapa la policía. Con las manos llenas de sangre, propia y ajena, jugué con una rocas pequeñas que habían a los lados de mis pies descalzos. Haciendo tiempo para darme a la fuga cuando las sirenas estuvieran ya desaparecidas por completo.

Las luces de la ciudad comenzaban a apagarse, hasta los más trasnochadores decidían ir a dormir, y yo seguía sentado en la azotea con las piernas entumecidas por el frío y las alas recogidas a mi alrededor para guardar un poco de calor. Mi cuerpo se sacudía y mis costillas dolían por cada vez que apretaba los músculos, en respuesta del congelante viento que me golpeaba la espalda. Pero ninguno de estos dolores se acercaba siquiera, al de el agujero que había dejado la bala al rozarme el abdomen por el lado derecho.

Todo estaba oscuro y el aire clamaba tristeza esa noche de otoño. Mis mejillas estaban casi congeladas cubiertas por una fina capa de hielo, obra de la ventisca que esa noche sacudía una helada Barcelona. La mitad de las plumas que cubrían mis alas estaban congeladas y quebradizas.

Momentos después de mover las rocas de lado a lado, las sirenas cesaron y supe que era el momento de volver a casa. Concentre la mirada a mis alrededores, asegurandome de que nadie estuviese despierto, o por lo menos siendo testigo de mi presencia. Pero de pronto y casi por suerte me percaté de que en el edificio de al lado, desde una ventana abierta se asomaba un rostro delicado, perplejo observando pero sin mover un solo músculo.

Tenía el cabello rizado que le caía por delante de los hombros y detrás de la espalda. Lucía lunares en el rostro, unos ojos marrones y los labios gruesos. Sus cejas torcidas en expresión extraña me recordaban a las de una actriz, que intentaba hacer el papel de rubia tonta y confusa hacia el mundo que le rodea.

Llevaba al menos dos horas sentado en esa exacta posición, abrazándome a mí mismo e intentando calmar mis pulsaciones. Me hundí tanto en mis pensamientos que no procuré que nadie se diese cuenta de mi presencia. Esa noche, a pesar de lo que había pasado horas antes fue un delito más grave que el de mirar una chica desconocida a los ojos. Esa noche y ese exacto momento que junte la mirada con la de ella, cometí el peor error de mi vida.

Decidido a levantarme y dando mi mejor esfuerzo, comienzo a impulsar mi cuerpo colocando las puntas de las alas sobre el suelo de rocas artificial, empujo mi cuerpo hacia arriba con las piernas y me pongo de pie. A pesar de que no logré levantar el pecho por completo, el viento lo golpeó como agujas que me hicieron estremecer. Comencé a dar unos pasos hacia atrás, y sin dejar de mirar los ojos de la chica moví mis dedos para hechizarla y dormirla. Cuando su cuerpo se vio tumbado en el suelo aproveché una corriente fuerte de aire, me balancee sobre el borde de la azotea y caí en picada pasando frente a las ventanas del edificio de pisos.

Estire mis alas, rompí los cristales que se habían formado entre las plumas color egeo, y un par de metros antes de tocar el suelo me levanté con un huracán de viento debajo de mi plumaje. Pronto inicié la ruta hasta las colinas, hacia mi hogar.

En mi camino iba rogando solo dos cosas, que no hubiese nadie despierto en casa y que la chica se hubiera golpeado tan fuerte la cabeza, que recordase lo ocurrido como no más que un sueño.

~~~~~~~~~~~~

Andando sobre el camino de piedras de la entrada noté las luces del recibidor encendidas y tomé una larga respiración a sabiendas de lo que me esperaba. No eran los mejores días para mí padre ni para mí, semanas discutiendo por tonterías nos habían llevado a una huelga del silencio, que supuse, terminaría esa noche.

Me acerqué silenciosamente a un grifo que daba al jardín y lave la sangre de mis manos, piernas y abdomen, haciéndome así daño al tocar sin querer la herida. El agua estaba fría como todo lo demás pero era llegar manchado de sangre y explicarle a mi padre donde había estado, o llegar limpio y sin generar más dudas de lo habitual.

Abrí la puerta y ahí estaba él, como lo predije sentado sobre el sillón, convertido en su forma humana y fumando de una pipa de madera vieja que había fabricado con sus propias manos en su juventud. Llevaba el cabello suelto y la barba recién peinada, dándole así un apariencia parecida a la de Gandalf el Gris. Sus ojos perdidos en las llamas de la chimenea me produjeron agotamiento y arrepentimiento por haberle mentido sobre mí ubicación.

Mi padre, Calcifer era su nombre. Era el tipo de padre que horneaba pasteles y preparaba desayunos con cariño. Era uno de los magos de antaño, descendiente directo de uno de los cinco reyes antiguos. Tenía más años en la tierra que cualquier otro mago que haya conocido, era un amable y preocupado padre a quien se le había asignado educarme por cosas de la vida. Me había enseñado todo lo que sabía sobre el mundo mágico, el mortal y los otros dos mundos.

Intenté no hacer contacto visual y pasar desapercibido, pero fue un error creer que fingiría no haberme visto y dejaría que me fuera sin el sermón.

- donde has estado? - preguntó frunciendo el ceño claramente enfadado. No respondí y solo me limité a mirarle sin ninguna expresión. El humo de su pipa hizo anillos y luego una nube pasó entre ellos con un suspiro que pude escuchar hasta la puerta donde seguía sosteniendo el pomo cerrado.

- No hace falta que me lo digas, realmente ya lo sé, solo quería escucharlo de ti.

El olor a tabaco rodeaba el ambiente, las cajas de mudanza seguían a medio vaciar y comenzaban a llenarse de polvo. Seguí sin decir nada, solo observando a Calcifer fumar y al gato pasar entre sus piernas ronroneando.

Mis plumas comenzaron a desvanecerse y los huesos de mis alas volvían a unirse con mi espalda hasta dejar la piel lisa. Me dirigí a la cocina y abrí el refrigerador para tomar algo de agua. De pronto me di cuenta de que mi herida era más visible ahora que mis alas no estaban y que mi padre podía verla. De un movimiento se levantó de la silla y caminó hacia mí.

-ey, para - dije cuando comenzó a limpiar la sangre que salía a gotas mientras murmuraba cosas por lo bajo - ya me curaré yo

-Ambrose, si esto te hubiera tocado algo importante podrías estar muerto en este mismo momento - replicó -te pedí por favor que no volvieras a esas ruinas - se apartó de mí y tiró la servilleta a la basura para luego cruzarse de brazos -no vas a conseguir nada más que malas experiencias si sigues yendo a las ruinas de la bruja.

- ya, lo sé, te he escuchado la primera vez que me lo has dicho, y la segunda y la tercera y todas las demás. Pero por más que me lo digas, no vas a impedir que siga yendo a matarlos.

- Ambrose, han pasado cien años ya, no crees que es momento de dejar el pasado atrás y ver hacia el futuro? - solté una risa irónica y terminé de tomar lo que quedaba en el vaso.

- intentaré conciliar el sueño, no duermo hace un mes y mañana comienzan las clases con los mortales - moví los dedos índices de lado a lado imitando un ademán de celebración y me encaminé hacia las escaleras.

- has estudiado más de diez carreras, años y años de desvelarte repasando y perfeccionando todas las asignaturas, intentando comprender todo lo que te rodea, pero todavía no razonas. Sigues siendo el pequeño y caprichoso Ambrose. - Seguí mi camino ignorando su voz rasposa.

Calando en mi mente como un taladro estaban sus palabras, envolviendo mi sentimiento de impotencia. Mis deseos de llegar a la cama eran más palpables cada vez, dejando la discusión atrás me adentre en mi habitación y me lancé sobre la cama torpemente y haciéndome daño al caer. Minutos después se escuchó la puerta de la habitación de mi padre cerrándose.

Mi vida había estado llena de aventuras, diversiones y muchos aprendizajes. Me habían robado, amado y odiado. Había vivido en ciento tres ciudades, había leído cinco mil libros, escrito mil y vendido sólo tres. Mil trescientos veinte años, para ser exactos eran los que contaba mi alma, al contrario que mi cuerpo que sólo contaba veinte.

Tantas cosas hechas y muy pocas por hacer, tan cierta era esta mi verdad que nada me hacía sentir una pizca de felicidad más que sacrificar almas mortales, almas corrompidas por el odio y la avaricia. Almas que rogando a un dios falso mientras eran ejecutadas, seguían siendo egoístas.

Esa noche había estado en las ruinas de la bruja, Alba era su nombre y nos conocíamos hacía un par de décadas. Ella era una enviada del mundo de los dolores, devota del rey Neron, El más temido por todos los magos y brujas en los últimos tres mil años. Alba y yo nos hacíamos cargo de tomar las almas que nos habían sido apuntadas en el libro negro para ser ejecutadas y llevadas al mundo de los dolores.

Esa noche estuvimos tras la pista de un asesino serial, Andrew B. Crawfart. Un extranjero americano responsable de más de veinte muertes en los últimos dos meses. Cuando lo habíamos hallado estaba borracho y armado, las cosas se salieron de control y me disparó pero solo me hirió un poco. Alba y yo logramos sedarlo y llevarlo a las ruinas donde lo desoyamos, y vertimos su sangre en cuencos con los que nos habríamos bañado si no hubiese llegado la policía de repente.

No sabíamos quién les había alertado, pero de lo que estábamos seguros era de que nos iban a seguir la pista sin descanso durante un tiempo y tendríamos que buscar otro lugar sagrado o hacer los sacrificios en otra parte.

Mi padre sabía de estas actividades recreativas solo desde hace unos meses atrás, al enterarse me dio un sermón que duró dos horas mientras yo permanecía sentado con el culo plano en la silla de madera. Hacer del mundo mortal -donde una vez pude tener una familia- un lugar mejor y más puro me hacía sentir satisfacción.

~~~~~~~~~~~~

Las tostadas comenzaban a quemarse y podía olerlo desde la ducha. Envolviendome en la toalla pensaba en lo mal que calculaba los tiempos de cocción, pero lo rápido que podía ducharme y caminar con los pies mojados sin resbalar sobre las baldosas. Llegue a la conclusión de que estaban totalmente quemadas, así que volví a hacer otras esta vez sin despegarme de la cocina.

Era una mañana muy bonita, tras la ventisca helada de la noche anterior todo el cielo había quedado sin una sola nube y con un color azul brillante. El sol entraba por las ventanas del piso y se filtraba hasta tocar mi rostro, húmedo por el agua de la ducha. Ese día comenzaba las clases en la universidad, iniciaba los estudios de educación infantil, y no cabía en mí de la emoción.

Me encaminé hacia la habitación de mi abuelo y lo vi sentado en la cama, como todos los días por la mañana, tenía una amplia sonrisa sin dientes y las manos entrelazadas sobre el regazo. La habitación olía a medicamentos y a perfumes de señor, estaba todo meticulosamente ordenado como él lo había situado.

Deje las tostadas sobre la mesa y el zumo de naranja a un lado, me incliné hacia él y le di un beso en la frente. Le di los buenos días con señas y le dije te quiero, él me respondió en respuesta y soltó una risita suave.

La mañana transcurrió como cualquier otra, terminé de desayunar, me despedí de mi abuelo, deje sus pastillas para la hipertensión, para el colesterol y sus vitaminas, todas en las casillas horarias y cantidades que les correspondían. Tomé el autobús y al llegar me recorrió un aire tan fresco por la cara, que no pude evitar sonreír.

La universidad era tal y como me la habían contado, era un lugar bonito, limpio y lleno de gente que aparentaba ser amigable. Pronto me encontré con amigos del bachillerato, que se inscribieron conmigo al terminarlo y estaban igual o más emocionados que yo.

Nos dirigimos al aula de la primera hora, y mientras hablaba con una de mis compañeras, alguien que venía en dirección contraria me golpeó el hombro con rudeza. Gire la cabeza para ver su cara y llamarle la atención pero cuando vi esos ojos toda la mañana de arcoiris y bombones que me había creado, sehecho a bajo.

Imágenes que no recordaba claramente vinieron a mi mente de golpe y comencé a sentir un bombardeo de sentimientos. Sentí temor, porque esos ojos solo me hicieron recordar a lo que vi la noche anterior y hasta esta mañana solo lo había pensado como un sueño. Creí recordar que era una persona, o criatura, que había visto abrir unas alas de dos metros de color egeo, y que había saltado desde la azotea como si del hombre pájaro se tratase.

Mi corazón dio un vuelco, su rostro palideció, mi mente comenzó a ponerse negra y el aire me faltaba. Comenté a sentir mareos y las piernas cada vez más débiles, mis rodillas se doblaron y sin darme cuenta un segundo después mi cuerpo cayó al suelo en un estruendoso golpe seco.

17 апреля 2020 г. 17:09:37 0 Отчет Добавить Подписаться
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