kerpevzchenko A. L. Rodriguez

Un relato que nos cuenta la extraña situación vivida por un anciano en su juventud. Un acontecimiento que nunca tuvo explicación y que, por su naturaleza, quedo para siempre en su memoria.


Короткий рассказ Всех возростов.

#295
Короткий рассказ
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La radio

A mi edad actual, pocas son las actividades que podría realizar, más que nada por la energía y fuerza de mis extremidades. Debido a eso, realizo como pasatiempo escarbar entre mis memorias del pasado. En específico, explorar el hipocampo, de acuerdo con una de mis hijas que trabaja en el área de la medicina.

Indagando en los recuerdos, encontré uno verdaderamente extraño, podría decir que es la situación más insólita por la que he pasado, además de que me causó gran temor en ese momento.

Tenía alrededor de unos veinte o veinticinco años en ese entonces, eran los años noventa y trabajaba en un supermercado como cajero dentro de una plaza comercial.

Era un área circular amorfa asfaltada circundada por un montón de pequeños locales en los cuales habitaban pequeños negocios donde se vendían artículos diversos. En un lugar específico de la circunferencia se situaba el enorme edificio donde laboraba. En el centro se hallaba el inmenso estacionamiento cuadriculado que se extendía hasta casi el límite del círculo disforme que lo contenía.

Era de noche, ya había terminado la jornada. Estaba dentro del supermercado, en la entrada, acompañado de unos cuatro colegas, al igual que con un par de guardias de seguridad y nos disponíamos a abandonarlo.

Recuerdo que uno de los guardias era de verdad muy extraño en cuanto a su complexión. Era bajo en estatura, pero, haciendo honor a su empleo, tenía los músculos de sus brazos tan gruesos como mis piernas juntas.

El otro guardia, de complexión más cercana al promedio, se percató que no llevaba consigo la radio, palpó sus bolsillos de la ropa, recorrió los alrededores con la intención de encontrarlo. Sin éxito alguno, cruzó la hilera de los cajeros, para llegar a donde se encontraban los pasillos.

No deseaba otra cosa más que llegar a mi casa y dormir, pero mis deseos se vieron frustrados cuando el guardia fornido empezó a recibir una extraña señal en su radio.

Una voz femenina gritaba desde el emisor. El alarido iba acompañado de interferencia, tanta que casi distorsionaba la voz. Yo hubiera pensado que la voz provenía de un hombre o al menos de un adolescente que apenas le estaba cambiando la voz.

El guardia respondía a los gritos, pero estos seguían, por lo que fue detrás de su compañero que se había adentrado en el supermercado.

Los sonidos acompañaron al corpulento guardia y se alejaban a medida que este avanzaba hasta que, repentinamente, desaparecieron.

Afirmé que era una voz femenina porque, después de los gritos, un colega preguntó por una compañera que se supone iba en el turno igual que nosotros y que, después de inspeccionarnos los unos a los otros, nos dimos cuenta de que no se hallaba entre el grupo.

Toda la situación se tornó enervante. Empecé a sentir como mi cuerpo helaba y aunque trataba de mover mi cuerpo, solo mis ojos respondían a tales impulsos.

Pasó un largo rato hasta decidí salir de aquel sofocante lugar. Sinceramente lo hice para respirar el aire fresco de octubre que soplaba afuera, adentro sentía que me ahogaba.

El exterior se encontraba casi totalmente vacío, el estacionamiento solo estaba ocupado por nuestros autos y, muy a lo lejos en las avenidas que cercaban la plaza comercial, de vez en cuando circulaban autos.

Me siguieron mis compañeros, que se dispusieron rápidamente a inspeccionar el estacionamiento y el área en general, incluyendo los pequeños locales de negocios que había. Al cabo de un tiempo, me les uní.

Para cuando los guardias salieron del supermercado, me encontraba indagando el lugar por mera inercia, tres compañeros ya se habían resignado y se tumbaron en el asfalto del estacionamiento mientras discutían entre ellos.

Cada vez que pasaba cerca de aquellos, veía sus rostros cansados y llenos de angustia. Yo seguí en movimiento solo por distracción y no padecer lo de ellos.

Los guardias rompieron la tensión que nos inundaba. De cierta forma, creo que nos alivió un poco el hecho de que estén con nosotros.

La radio del otro no apareció.

Un colega decidió llamar desde el teléfono que había en el área de los cajeros, pero unos fuertes estruendos nos sobresaltaron.

Eran golpes contra algo metálico, como si alguien agarrara un bate de beisbol y lo impactará repetidas veces contra una placa de metal.

Los choques parecían producidos dentro del supermercado, uno detrás del otro, y hacían retumbar todo el edificio y los locales cercanos, como si se tratase de un amplificador de tamaño monumental. Resultaba un eco bastante aterrador y apocalíptico que recorría toda mi espina dorsal haciéndola temblar.

En ese momento yo no sabía qué hacer y creo que el resto de las personas tampoco lo sabía. La otra compañera seguía desaparecida.

Para este momento, nos encontrábamos todos reunidos frente a las puertas del supermercado. No le prestaba atención a lo que decían, creo que el guardia delgado estaba a punto de llamar a la policía cuando súbitamente cayó desde arriba un contenedor de basura cerca de nosotros que nos hizo estremecer a cada uno, hasta a aquel rechoncho musculoso.

La cúspide de lo inusitado, el golpe bajo a la lógica de los hechos se presentó cuando fuimos a revisar a aquel contenedor.

Tenía algunas abolladuras y los bordes superiores estaban casi cerrados. Extrañamente, no había basura en él. Olía mal, pero lo sorprendente es que las paredes interiores estaban cubiertas por una baba amarillenta y opaca, un poco transparente, y envuelta entre el asqueroso liquido se alcanza a notar una radio.

El guardia de baja estatura habló a través de su radio y, después de un instante debido al retardo, el aparato en el contenedor recibió exactamente las mismas palabras, ahogadas por la espesa masa.

A partir de aquí ya no recuerdo muy bien los hechos siguientes, creo que porque ya no pasó nada extraño como para quedarse impregnado en mi hipocampo.

No hubo ningún rastro de la compañera, se le reportó como desaparecida. Seguí trabajando en ese lugar como por otros dos años hasta que finalmente, por razones personales, renuncié.

14 апреля 2020 г. 1:03:29 0 Отчет Добавить Подписаться
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