A
Ana Cuevas


Escapar es una forma de empezar el día, cada mañana ir y desechar todo lo que ocupa mi mente al abismo, lugares, en donde sólo hay botellas y desperdicios... es escapar de una mala sensación, escuchar el ruido de las botellas al estrellarse contra el suelo e imaginar que mi cuerpo cae en seco y justo antes de que despierte ya he vuelto, y me siento feliz de creer que estoy a salvo.


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Escape del infierno

12 de diciembre de 2012


— Por favor, no— pedía con la respiración entrecortada— No otra vez— dije en un susurro para evitar que me encontrase.


Mi cuerpo temblaba por el miedo que sentía, intentando hacer el menor ruido posible.


Lo escuchaba

Escuchaba sus pasos más cerca, uno tras otro.


Boom


Boom


Era el ruido que hacía sus botas al caminar. Lo único que hacía era abrazar mi cuerpo con mis pequeños brazos intentando protegerme.


Boom


Boom


Más fuerte


Ya estaba aquí


Lo sabía


Sabía que ahora él estaba en la misma habitación que yo.


Lo escuchaba


Escuchaba su respiración acelerada.


Enojo


Estaba enojado, no le gustaba que me escondiera.


Por instinto me cubrí mi boca para evitar hacer cualquier ruido que mostrara mi escondite.


— ¿Dónde estás, mocosa?— hablo con voz áspera— Vamos, sal.


Sentía como todo mi cuerpo temblaba por el terror que sentía.


Oh, dios, por favor, ayúdame.

Pedía en mi mente.


— Sé que estás aquí— dijo con seguridad— escucho tu pequeño y estúpido corazón.


No lo podía ver por el lugar en donde estaba escondida, pero podría jurar que sonrió ante lo último que dijo.


— ¿Acaso tienes... miedo?— sin repuesta— Tienes miedo— aseguró soltando una gran y macabra carcajada.


Mis lágrimas bajan por mi rostro, mi respiración era entrecortada y mi cuerpo temblaba.


Sollozo


Inmediatamente me asuste


Había causado ruido, tal vez algo insignificante para otros, pero para mi algo muy grave...


— Te encontré


Unas manos grandes y fuertes me tomaron de los brazos haciendo que saliera de mi pequeño escondite.


— ¡NO, SUÉLTAME!— pedía a gritos— ¡AYUDA, POR FAVOR QUE ALGUIEN ME AYUDE!— era en vano y lo sabía. Nadie me ayudaría y lo sabía.


Sus manos empezaron a tocar mi pequeño cuerpo. Yo sólo lloraba y pedía que me dejara, pero no me escuchaba.


Luchaba, intentando zafarme de su agarre pero lo único que lograba era que me golpeara.


Una bofetada


Eres muy linda


Otra bofetada


Y eres mía


Sus palabras me causaban asco.


¿Cuánto más viviré en este infierno?


Besos


Caricias


Se bajó su cremallera. Sabía lo que venía ahora.


Lloraba


¿Por qué hacía eso?¿qué hice para merecer este infierno?


Me dolía


No sabía que hacía, pero me dolía.


Por favor... que alguien me ayude.


Continuó durante varios minutos hasta que un líquido salió de él.


Había acabado, por ahora.


Se tumbó en la cama colocando sus brazos tras su cabeza soltando un gran suspiro.


Cerró los ojos.


Yo lloraba en silencio, no lo quería hacer enojar.


Pasaron varios minutos, hasta que su respiración era calmada.


Voltee a verlo y vi que su rostro estaba relajado.


Estaba dormido.


Salí de la cama tomando mi ropa.


Era un desastre, todo se había destruido.


Mire la habitación


Las paredes eran de un rosa palo, habían tres ventanas, todas con rejas. Al igual había un ropero, en una esquina se encontraban varias cajas que antes estaban apiladas, pero que él al sacarme de ahí hizo que se cayeran creando un desastre; junto a la cama se encontraba una mesita que tenía encima una lámpara, libretas en las que dibujaba y...


Una pistola


La mire por un momento. Siempre traía consigo una pistola, y cada que venía por mi la colocaba cerca.


Pasaron por mi cabeza muchas cosas pero inmediatamente negué.


Aparte la mirada y vi la puerta abierta... quisiera poder escapar, pero me sería imposible, abajo se encontraban varios hombres que trabajaban para él, si yo quisiera escapar ellos me detendrían y él se enojara.

Regrese mi vista al arma que yacía en la mesita.


No pierdes nada con intentarlo


No, sus hombres llegaran y me quitarían la vida.


¿Llamas a esto vida?


No quiero morir


¿Qué ya no estás muerta por dentro?


Trague saliva, no perdería nada, si me matarán podría salir de este infierno.


Camine con sumo silencio rezando porque no se despierte.


Tome el arma con mis pequeñas manos.


Era un poco pesada, pero podía tomarlo sin problema.


Algunas veces había visto como lo usaba, pero no sabía con exactitud cómo ponerla a trabajar.


"Amor, debes quitarle el seguro"


Eso le había dicho una vez a una de las chicas que trajo.


¿Cuál era el seguro?


Empecé a inspeccionar, hasta que logre encontrarlo.


Seguro, fuera.


Ahora acércate, y libera lo que llevas dentro.



Hazlo


Empecé a caminar hasta el pie de la cama tomando el arma en mis manos.

Vamos, hazque pague por todo lo que nos hizo.


Lo haré, haré que pague.


¡HAZLO, AHORA!


Al jalar del gatillo este causó un estruendoso ruido.

No, no... alertará a los demás.


Huye


¿A dónde? no tengo donde ir.


Quejidos.


Lo miré y vi que este se movía.


No, no


— Pequeña p... perra— dijo tocándose en el estómago— V... vas a pagar... por es... esto.

Solté el arma y di la vuelta intentando huir.


Escuche pasos subiendo por las escaleras.


¿Ahora qué hago?¿a dónde voy?


Mire a mi alrededor asustada, vi una maceta y corrí tras ella.

Dos hombres gigantes acababan de subir y dirigirse a la habitación.


Es tu momento... corre.


A toda prisa baje los escalones, estaba en la tercera planta por lo que aún me falta mucho para llegar al primer piso.

Escuche pasos atrás de mi, era pasos grandes y pesados.

Acelere, rezando para que no me atraparan.


Tú puedes, tú puedes, puedes lograrlo.


Las lágrimas invadieron mis ojos causando que mi vista se nublara.


No hay tiempo para llorar, debes huir.


Cuando por fin llegue a la primera planta sentí como algo me golpeó detrás haciendo que cayera de golpe al frío piso.

Asustada voltee y vi a un gran hombre parado frente a mi. Su cara no mostraba emoción alguna.

— Qué lástima — hablo— parece que el juguete será cambiado por uno mejor— sacó un arma y apuntó directo a mi.


Este es el final.


Asustada empecé a retroceder


— Por... por favor— dije tartamudeando— ayúdame, por favor — supliqué.


El hombre no se inmutó en ningún momento, me miraba de la misma manera fría.

Le quitó el seguro al arma, dispuesto a acabar con mi corta vida.

Cerré los ojos esperando que se escuchara el estruendo del arma.


¿Por qué me has abandonado dios?


Este sería mi final, al final terminará este infierno.


— ¿Qué sucede aquí?— una potente voz se hizo presente.


Abrí los ojos y voltee a ver al dueño de la voz.

Era un hombre grande, vestía un traje azul muy bonito, alrededor de su cuello se encontraba amarrada una corbata roja, en sus manos se podía ver un bonito reloj de oro y en sus dedos varios anillo del mismo, traía un pantalón del mismo color que el traje y en sus pies unos zapatos cerrados negros.


— Señor Bass— regrese mi vista a mi atacante— Nada importante, el señor Castillo hará una... pequeña remodelación.


Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al escuchar eso.


— Ya veo— contestó el hombre— ¿Y en dónde está Fernando?


— En la tercera planta, está herido a causa de un pequeño descuido en la seguridad — explicó volteando a verme.


— Deben mejorar su seguridad — el hombre caminó hacia las escaleras ignorando por completo que me encontraba ahí.


Él es tú única salvación.


Me puse de pie lo más rápido posible y corrí tras el gran hombre abrazando su espalda.

El hombre de Fernando volteo y al ver lo que hice me miró furioso.

Yo solo pedía que me salvará.

Las manos de mi atacante me separaron con brusquedad de el señor arrojándome nuevamente al frío piso.


— Ayúdame, por favor — pedí mirando al hombre con lágrimas en los ojos. Pero al igual que el otro este no mostró emoción alguna.


Sería mi fin sin duda alguna, ninguno muestra piedad hacia mi.

Cerré los ojos aceptando todo.

Pero antes de sentir todo su voz resonó por la habitación.


— Alto— dijo con seguridad.


Abrí mis ojos y lo miré.


— Señor, son órdenes de...


— No me interesa— interrumpió, hizo un ademán con sus manos y prosiguió— ahora mis hombres se encargarán de está... pequeña— volteo a verme y en ese momento una gran felicidad me llego— dile a Fernando que si hay algún problema me diga. Claro si es que sobrevive por su "accidente"— dijo haciendo comillas con sus dedos.


Dos hombres me tomaron de los brazos levantándome del suelo.


— Volveré después— fue lo último que dijo y camino a la salida.


Sus hombres me llevaron junto con ellos hasta la salida y el sol pegó en mi rostro.

Tenía tanto tiempo sin salir que empecé a llorar, porque, por fin alguien me ha sacado de ese infierno...

7 мая 2020 г. 0:05:02 2 Отчет Добавить Подписаться
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Giles Le Coste Giles Le Coste
Interesante historia.
Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
Muy buenas ideas Ana!
~

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