samisami Virginia Rodríguez

Una pequeña niña recibe una visita especial que le enseña que ser una superheroína está al alcance de su mano. Un cuento nacido del aislamiento social por Coronavirus para la más chiquita de mis hermanas.


Детская литература Всех возростов.

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Короткий рассказ
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Super-Juli


Con mucho amor para mi hermana Juli,

mi supeheroína preferida.


Había una vez una niña llamada Julieta. Julieta era muy alegre, pero en ese momento estaba muy triste porque una de sus gatitas había muerto, y ella la extrañaba mucho. Para peor, en el mundo una enfermedad muy contagiosa estaba acechando a todas las personas, y ella veía que la gente en su país no hacía caso al pedido de quedarse en casa. No entendía por qué ella no podía ir a la escuela, tenía que extrañar a sus amigos, a su maestra y a su familia, mientras los demás hacían lo que quisieran, sin importarles nada más. Junto con su mamá hacían videos y carteles para que tomaran conciencia; sin embargo, todos los días, por la ventana y por la televisión observaba el egoísmo de esas personas. Todo esto tenía su pequeño y dulce corazoncito bastante amargado, como si de a poquito se fuera encogiendo y oscureciendo.

Una mañana, la niña estaba sentada en el patio de su casa jugando a un juego en su celular, tratando de distraerse. De repente, se dio cuenta de que un gato rayadito salía de la zanja, y… ¡estaba a punto de ser atropellado por un auto! Julieta sabía que no debía salir sola a la calle, pero la vida del gatito estaba en peligro. Soltó el celular, atravesó corriendo el portón y, agitando sus brazos muy rápido y gritando, logró que el chofer del auto se detuviera justo antes de que ocurriera algo terrible. Su mamá salió asustada de su casa a ver qué pasaba, y el conductor bajó del auto confundido y enojado. Ambos, al comprender la situación, le dieron las gracias a la niña por ser tan valiente. Julieta y su mamá sintieron pena por el gatito, y aunque ya tenían muuuuuuchos en casa, decidieron darle de comer mientras trataban de conseguirle un hogar.

El día pasó como de costumbre. Cuando llegó la noche, y también la hora de ir a la cama, entonces sucedió algo extraño. Julieta siempre dormía con sus gatos, pero esta noche ninguno quiso ir con ella, excepto el gato que había rescatado esa mañana. “¡Qué raro!”, pensó la niña, “¿Estarán celosos?”. Como estaba muy cansada, y seguía triste, decidió acostarse e intentar solucionarlo al día siguiente.

—¡Julieta! ¡Julieta, despertate!

La niña abrió sus ojos confundida. Esa voz no era de su mamá, ni de nadie que ella recordara. Lo primero que vio fue al gatito rescatado encima de su pecho, mirándola fijo.

—¡Julieta! ¿Estás despierta?

¡El gato le estaba hablando! Se asustó tanto, tanto, tanto, que no pudo ni gritar.

—¿M-me est-tás ha-bla-blan-do-do a m-m-m-mí?— preguntó, tartamudeando.

—¡Claro! Bueno, ¡qué modales! Me llamo Romeo, y te quiero agradecer por salvarme hoy. Aunque, en realidad, era un prueba…

—¿Una prueba?— Julieta lo escuchaba sin entender nada de lo que estaba pasando.

—Sí, una prueba— respondió Romeo, que ya se había sentado en la ventana, con sus dos patitas delanteras bien estiradas. —Verás: hay un problema muy grande en este mundo, y necesitamos héroes.

—Pero yo soy chiquita, no puedo hacer nada— se lamentó Julieta.

—¡Todos podemos hacer algo! No pienses en lo que no podés hacer; pensá en lo que sí podés hacer.

—Pero ya hice carteles y videos, y la gente sigue saliendo.

Romeo se desperezó, y luego volvió a hablarle a la niña.

—Es que no podés cambiar al mundo, Juli. Hay gente que no entiende. Pero no te tenés que preocupar por ellos. ¿A quiénes quisieras ayudar?

Julieta se quedó pensando unos minutos.

—Bueno… Extraño a mis amigos, a mi familia, a mi maestra… Hay algunos que no pueden salir y tienen otros problemas, y me gustaría hacer algo por ellos. Pero no tengo dinero, no trabajo…

La niña podría haber jurado que el gato se rio.

—¡Vos tenés algo muy importante que podés darles! ¡Y es algo que no se puede comprar!

—¿Y qué es eso?— preguntó, intrigada.

—¡Amor! ¡Y alegría!

Ella sonrió, entusiasmada, pero enseguida se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Lo que pasa es que estoy muy triste…

—Yo sé que estás triste— le susurró Romeo—Por eso vine, para ayudarte. Cuando me salvaste hoy, ¿no te sentiste contenta?

—¡Sí, muy contenta!

—Bueno, es que hiciste algo por los demás. ¿Viste lo orgullosa que estaba tu mamá, y cómo te miraba el conductor?

—Es cierto, aunque mamá me retó un poco…— respondió ella, entre risas.

—Lo que pasa es que estaba preocupada. Pero no tenés por qué arriesgar tu vida para ayudar a los demás. Y lo importante es que, cuando lo hacés, te sentís mucho mejor.

Julieta volvió a sonreír. Se sentía muy motivada. Aunque era un poco tarde, tomó hojas, lápices, su teléfono… Iba de acá para allá, mientras Romeo la miraba desde la ventana.

—¿Qué vas a hacer?— le preguntó, genuinamente curioso.

—¡Voy a hacer una lista! ¡Y dibujos! ¡Y voy a hacer un video! ¡Y un audio!

Así pasó varias horas grabando audios, juntando sus cuentos, pintando dibujos, buscando fotos… E hizo una lista de personas a quienes se los enviaría la mañana siguiente: sus abuelos de Argentina y sus parientes de México, que estarían preocupados por su familia de lejos. Su hermana mayor, que estaría pensando en cómo ayudar a sus alumnos. Su abuela de Montevideo, que estaría extrañando a sus nietos. Sus tíos de Nuevo París, que tal vez estuvieran complicados de trabajo. Su otra hermana, que no podría visitar a sus amigos y estaría triste. Pensó en muchas personas, y la idea de ponerlas contentas ya hacía feliz a su corazón. Más cansada, pero mucho más alegre, se quedó dormida con la cara sobre un dibujo.

A la mañana siguiente, la despertó su mamá, preocupada por que no se hubiera acostado. Le contó acerca de sus planes, y la mamá, orgullosísima, le dijo que la amaba por ser tan buena, y le prometió ayudarla. A lo largo del día enviaron fotos, canciones, videos, dibujos, cuentos… Cada una a un destinatario especial. Y también a lo largo del día, recibieron mucho amor de parte de esas personas a las que le habían alegrado el día.

El día se pasó muy rápido, como nunca. La mamá de Julieta la acostó, le dio un beso en la frente y le repitió que estaba muy orgullosa de ella. La niña estaba a punto de dormirse, cuando recordó a Romeo. Y lo vio, a punto de salir por la ventana.

—¿Te vas?- preguntó con voz temblorosa. El gatito bajó de la ventana, se subió a la cama de la niña y empezó a ronronear mientras acariciaba con su cabeza la cabeza de Julieta.

—Me tengo que ir. Ya cumplí mi misión contigo, y yo también tengo que ir a ayudar a otras personas. Lo que quería que entendieras es que la única forma de sentirte mejor y estar feliz era compartiendo con los demás, y que podías hacerlo sin dinero. ¿Viste lo contentas que quedaron todas esas personas a quienes tanto querés? Aunque no puedas cambiar el mundo, alegrar el día de una persona ya es algo muy grande. Es un superpoder. ¡Hoy te convertiste en una superheroína!

—Pero no todos me contestaron…- dijo ella.

—¿Pero vos no te sentís contenta de haber pensado en ellos?

—¡Sí!

—Bueno, eso es lo más importante. Hiciste algo muy bueno hoy. Y ya estás mucho más contenta.

—Te voy a extrañar mucho si te vas…

—Yo sé. Pero hoy viste que tenés a muchas personas que te quieren. ¡Cuando das amor, recibís amor! Ahora tengo que ir a ayudar a otros a que se den cuenta de lo mismo.

—¡Cuidate mucho, y cuando puedas, vení a visitarme! ¡Y mirá antes de cruzar la calle!

—¡Te lo prometo! ¡Nunca pierdas tu alegría, Julieta, es lo que te hace tan especial!

Romeo saltó por la ventana, y Julieta fue rápidamente detrás de él. Cuando se asomó, ya no estaba. Por un instante, creyó que tal vez todo habría sido un sueño. Pero no importaba, porque había aprendido algo muy importante: para ser felices, hay que pensar en los demás. Y nadie es tan pobre como para no poder dar nada: el amor y la alegría son de los mejores regalos que podemos hacer.


Canelones, 9 de abril de 2020

10 апреля 2020 г. 5:50:51 4 Отчет Добавить Подписаться
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Об авторе

Virginia Rodríguez Esta es mi redención, un guiño a la niña que se desvelaba escribiendo y que se adormiló en medio del tedio y la rutina. Amo leer y escribir. Mi gata es mi compañera de ambas actividades.

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Susana Arrabal Susana Arrabal
Me gustó mucho!!, muy hermoso
zb zari brito
HERMOSO CUENTO INFANTIL. PARA INSPIRAR A LOS PEQUES

Katherine Amaral Katherine Amaral
¡Me encantó! Super dulce ♥️
~

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