sofytalk Sofia Fernandez

Dos jóvenes artistas, nacidos el mismo año, provenientes de la misma aldea y criados juntos, pero con destinos muy diferentes el uno del otro. ¿Es el talento lo que puede convertir a uno en pobre y al otro en exitoso? ¿O es el valor de afrontar su destino?


Короткий рассказ Всех возростов.

#moraleja #historias-de-vida
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El artista de la pequeña aldea

Había en una pequeña aldea, en algún lugar lejano de oriente, dos jóvenes amigos que habían pasado toda la vida juntos.

Nacieron en fechas muy cercanas, aprendieron a caminar y a hablar casi al mismo tiempo, jugaban juntos y aprendían el uno del otro.


A ambos les gustaba la pintura y la alfarería. Eran talentosos, pero uno de ellos, el mayor, llamado Ken, era el mejor de los dos. Ken superaba a su amigo Orin en todo, excepto en el don de gentes. Al estar siempre distraído en sus cosas, Ken no prestaba atención al resto de las personas; mientras que su amigo Orin, era amable y carismático. A pesar de saberse inferior en talento, nunca sintió celos de este, incluso lo animaba para que juntos recorrieran el mundo mostrando su arte.


Pero Ken, quien había sido educado en una familia discreta, nunca se había sentido cómodo con la idea.

< Tienes que ser humilde < le repetía constantemente su padre. Tanto así, que esas palabras se grabaron en lo más profundo de su ser.


El tiempo pasó, y ya de adultos, sus caminos tomaron rumbos diferentes.

Orin estaba listo para partir a la gran ciudad. Le pidió a su amigo que lo acompañase, pero este se negó.

-¡Vamos, Ken! ¡Primero será la gran ciudad; luego, el palacio del emperador! Y quién sabe, ¡después el mundo entero!-

-Estoy seguro de que el emperador tiene en su palacio a los más exquisitos artistas, no se sorprenderá con la alfarería de dos campesinos- respondió Ken, siempre humilde, siempre realista.

Orin intentó convencerlo, pero cansado de la negatividad de su amigo, decidió marcharse.


Ken siguió con su vida, ayudando a sus padres en la granja y haciendo pequeños trabajos de alfarería para la gente del pueblo.

No tomó esposa y nunca engendró hijos, aunque su hermana lo bendijo con tres vivaces sobrinos. Ellos heredarían la granja en un futuro.

La vida de Ken era buena, tranquila, estaba bien para él.


Durante muchos años, no hubo noticias de Orin. Al parecer, no le había ido tan bien en la gran ciudad, o al menos, no había sido recibido por el emperador.

<Hice bien en no marcharme- penso Ken <.Tengo que cuidar de mis padres, de la granja, hay muchas cosas importantes aquí<.


Un día, mientras araba la tierra, vio llegar a lo lejos un carruaje bastante lujoso, que se detuvo cerca de la casa de su antiguo amigo. Curioso, al igual que otros habitantes, se acercó a ver. Del carruaje bajó una familia muy elegante: padre, madre y cuatro hermosos niños.

A pesar de los años, no le costó trabajo reconocerlo, ¡se trataba de su viejo amigo! Al parecer, sí había triunfado en la gran ciudad.


Ken no podía creer su descaro. ¿Cómo lo había hecho? ¿Siendo un alfarero promedio se atrevía a llamarse artista? Estaba incrédulo, y aunque no quisiera admitirlo, también estaba celoso.


Más tarde, Orin golpeó la puerta de la casa de su amigo. Sentados, bebiendo té, charlaron sobre sus vidas.


Orin le contó que al no tener éxito en la gran ciudad, no tuvo más remedio que ponerse a trabajar como peón de alfarero. Estuvo allí, al mando de un anciano tacaño y antipático, hasta que conoció a un rico mercader occidental. El hombre se sintió atraído por la calidad de sus piezas y le preguntó si deseaba acompañarlo a las lejanas tierras de occidente. Por supuesto, aceptó gustoso.


Allí, en occidente, se convirtió en un artista famoso. Era una situación interesante, un alfarero asiático sin demasiado talento, podía ser un artista exitoso en occidente, en donde su arte se consideraba exótico y diferente.

En una exposición conoció a su esposa, se casaron y tuvieron hijos. Vivían en una de las propiedades del mercader, una acogedora casa al lado de la mansión principal.

Ahora había vuelto a su pueblo para visitar a sus padres.


Ken escuchó la historia y se sintió estúpido. Ese podría haber sido él. ¡Podría haber tenido esa vida, esa hermosa familia!

Había pasado su vida creyendo que debía ser humilde, que su talento no era suficiente como para cobrar por él. Tal vez su amigo fuera un farsante, o tal vez, había tenido el valor que él no tuvo.


Orin se marchó dejando regalos para todos, incluso para Ken. Y cada vez que este veía el jarrón, no podía dejar de notar todas las imperfecciones que tenía, no era una pieza tan fina como sus creaciones.

Y así vivió, repitiéndose que su amigo hacía algo incorrecto.



Llegó el día de su muerte y sus sobrinos organizaron el funeral. Como homenaje, decidieron decorar el lugar con las piezas creadas por él: pinturas, porcelanas, esculturas... todas obras de excelente calidad.

La gente del pueblo vio por primera vez el gran talento de Ken. Todos se preguntaban por qué no se había marchado a la gran ciudad.

¿De qué servía el talento si estaba oculto en una pequeña casita de madera en medio de la nada, en donde nadie podía verlo?




9 января 2020 г. 15:54:51 0 Отчет Добавить 0
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Об авторе

Sofia Fernandez Profesora de español para extranjeros. Después de muchos años retomé el hábito de la escritura y me di cuenta de que es algo que me gusta muchísimo. Luchando por salir de mi zona de confort, estoy lista para compartir mis historias.

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