ferjolras Fernanda Bravo

Felixe está perdidamente enamorado. [Este es un pequeño relato de mi OC de Fallen London, Felixe Bravá, que me gustó escribir, así que decidí publicarlo aunque fuera algo privado para mí. Gracias, Noria, por darle amor a mi personaje.]


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#ship #oc #Fallen-London
Короткий рассказ
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Estrellas

En Londres, las estrellas pocas veces eran visibles. Las escasas ocasiones en las que Felixe había vuelto a ver el cielo, había sentido una mezcla de emociones difícil de describir. ¿Cómo explicar la belleza de un fantasma? ¿O la luminosidad de lo invisible? Era imposible. Sin embargo, no le apenaba ser incapaz de comprender u observar las estrellas del cielo, pues a su lado descansaba la más brillante de todas las que había en la tierra.


Noria parecía dormir, pero sus ojos se abrieron y en rostro se dibujó una sonrisa, gesto que Felixe correspondió. Acurrucó entre sus brazos a su amante, sintiendo los rizos que decoraban su cabeza haciéndole cosquillas en el pecho. A la luz de la lámpara de aceite que tenía sobre su mesa de noche, la silueta femenina de su amante parecía etérea, como un espíritu que le tentaba a perderse en su piel desnuda.


La miel que habían compartido ya había dejado de hacer efecto en ambos, pero todavía permanecía algo del ensueño en el ambiente.


—Eres hermosa —le susurró al oído, rozando sus hombros con los dedos. La dama cogió su mano y la llevó hasta uno de sus senos, gimiendo suavemente para tentarle. La sonrisa de Felixe se ensanchó.


—Lo sé, amor… —besó el cuello de su amado—… tú también lo eres, el más hermoso humano de esta ciudad podrida —la mujer se dio vuelta, apretando su cuerpo contra el del detective y soltando su mano, la cual permaneció sobre su pecho, acariciándolo suavemente—. Me encanta esto. Estar contigo, habernos encontrado...


—Perder la decencia.


Noria sonrió con picardía y orgullo.


—No lo vas a olvidar nunca, ¿cierto?


—¿Cómo olvidarlo? Esa carta fue la que inició todo esto —la mano de Felixe subió hasta rozar su mejilla, en la que posó un beso—. Me encantaría que este momento durara para siempre, que nunca te escaparas de mis brazos.


—Entonces no me sueltes nunca. Para ser feliz, no necesito nada más que tu compañía.... —La mujer tomó su mano de nuevo. Felixe creyó que iba a besarla, pero, en lugar de ello, le chupó sensualmente los dedos—… se me ocurren muchas maneras en la que podría disfrutarla.


—Qué curioso, estaba pensando lo mismo.


—¿En serio?


—¿Acaso soy un mentiroso? —Noria solo le dedicó una mirada incrédula y una ceja arqueada, sin tomarse ni siquiera la molestia de responder su pregunta retórica con un comentario igualmente sarcástico—. Bueno, bueno. Juro solemnemente que te digo la verdad. A ti no te miento nunca; lo juro por el amor que te profeso.


Los dos se unieron en un apasionado beso. Así estuvieron durante un tiempo, jugando con sus manos con sus bocas, dejando marcas de dientes y de uñas en sus cuerpos como un artista traza líneas en un lienzo. El contraste entre el frío de la noche y el calor que generaban entre ambos hacía la experiencia más deliciosa, provocando que perdieran el control. En un momento, Felixe tuvo que taparle la boca a su pareja.


—¡Feli…!


—¡Shhh…! Los huérfanos nos… (oh, Noria, ¡no pares…!) nos van a escuchar.

—¡Seguro han oído cosas… (¡Ah...! ¡Tú tampoco!)... peores!


Punto para ella. Los gemidos se hicieron más y más fuertes cada vez, y sus respiraciones se agitaron hasta que ya no fueron capaces de formular ni media palabra. Temblorosos y extasiados, a gritos le dejaron saber al otro que habían terminado. Se quedaron descansando abrazados hasta que el dueño de casa se levantó y se puso una bata encima. Noria le miró, confundida. Aprovechó el momento robarse las sábanas.


—¿A dónde vas, querido? —preguntó somnolienta.


—Voy por vino, amada mía.


La mujer sonrió.


—En ese caso, trae dos copas.


—No necesitas repetirlo —contestó, acariciándole el cabello y dándole un beso antes de partir.


Desde que había convertido su casa en un orfanato, Felixe había movido todos sus vinos, desde los más baratos hasta los más exquisitos, a su estudio privado, que quedaba cruzando un largo pasillo desde su cuarto. Los niños que crecían en la calle no eran tontos, conocían el valor de las botellas y las re-vendían en el mercado, o bien necesitaban un par de tragos para dormir sin que monstruos del pasado los persiguieran en pesadillas.


De un gabinete que protegía con llave, sacó dos copas y una botella de Greyfields de 1868, algo excepcional para compartir con su amada justo antes de dormir. Volvió de puntillas a su habitación, en caso de que quedara todavía algún huérfano dormido luego del escándalo que habían hecho en su pasión. Sin embargo, descubrió, sin sorpresa, que quien sí estaba dormida era ni más ni menos que Noria.


Se encogió de hombros, resignado pero contento, y se encaminó de vuelta a su estudio, donde devolvió una de las copas e intercambió el vino fino por una reserva de 1879. Después de todo, no valía la pena abrir un vino tan bueno si no iba a compartirlo con alguien igualmente especial. Aquel trago más vulgar debía ser suficiente para saciar su sed. Se quedó allí un rato, observando por la ventana mientras que bebía.


Efectivamente, ni una sola estrella era visible en la parodia londinense de cielo despejado, pero resplandecían a la distancia las luces de las casas vecinas, los faroles de la calle y una linterna acarreada por una figura sospechosa. Un ladrón que creía no estar siendo visto, probablemente, o tal vez un amante que se escapaba de la casa de su enamorada. Un amor prohibido, cobijado por la oscuridad. Oh, un grupo de alguaciles lo estaba siguiendo.


Felixe frunció el ceño y sorbió vino. ¿Quién decía que no era posible que el ladrón fuera el amante de uno de los alguaciles? Aquello hacía la situación más dramática e interesante. Eventualmente, terminó su copa y volvió a la cama. Su amada, al parecer, había despertado por un breve espacio de tiempo, pues la lámpara de mesa estaba ya apagada, pero ella roncaba suavemente. Se acostó a su lado y sonrió antes de cerrar los ojos, satisfecho.


—Te amo —murmuró.


Noria no respondió, pero se pegó a él para que la abrazara mientras dormía y dejó escapar un ronroneo cariñoso. Felixe suspiró, enamorado. Ella era la única estrella que deseaba poder ver brillar por el resto de su vida.

2 января 2020 г. 22:02:34 0 Отчет Добавить 1
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Fernanda Bravo Nerd de tiempo completo.

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