Denisse de Agartha Подписаться

imandress Andréss Navas

Obra creada para el concurso "De la Frase el Cuento" El breve relato del historiador y descubridor del reino perdido de Agartha; la narración de su dramático y fugaz lío amoroso con la princesa Denisse, y las consecuencias de sus actos. Citado en la obra: José Ángel Buesa, autor del poema de la culpa.


Приключения Всех возростов.

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Короткий рассказ
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Capítulo único

El lucero de la mañana es hermoso e impresionante. Hay muchos rayos de luz que rompen con la densidad de toda neblina, son generados por esos gigantescos cristales mágicos a mi alrededor, los que están ubicados en cada rincón de ésta mágica e increíble región.


El sol debe estar muy caluroso el día de hoy, admito que me hubiese gustado sentirlo en mi rostro al menos una última vez, pero es imposible, no existe forma de verlo desde el centro del planeta tierra, aquí dónde solo hace frío cada día de cada semana, durante todos los años de la existencia humana.


La brisa corre con prisa por el olvidado camino de tierra que conduce a la cámara de sentencia de Agartha, un reino tan fantástico como olvidado con el tiempo. De hecho algunos la confundirían con Atlantis pero, en realidad, dicha ciudad perdida está más cerca de la superficie que cualquier otro mundo subterráneo o submarino.


Solo dos entradas existen alrededor de nuestro planeta, una de ellas es atravesando Shambhala, una especie de punto de control Agarthiano, ubicado a varios kilómetros debajo del polo norte. El cómo llegué aquí es más complejo de lo que parece contarlo pero, resumiendo, fue a través de ese punto de control que logré dar con el gigantesco tesoro.


Siempre, desde mi llegada al castillo, me he preguntado cómo llega el oxígeno y las corrientes de aire hasta aquí. Quizás, si hubiese permanecido más tiempo con los Agarthianos, ellos me lo habrían explicado en español, ¡porque de hecho son muy estudiados y versados en todo tipo de lenguas y dialectos!


Ya qué más da, aquí termina mi asombrosa y única expedición. Año y medio me tomó conseguir lo que sería el hallazgo del siglo, y a pesar de no poder regresar a casa para reclamar mi jugosa recompensa en efectivo, en definitiva ha valido toda pena y desgracia descender hasta el polvo de estas mazmorras, pues conocí un amor que sobrepasa toda inteligencia humana, un amor sobrenatural y nacido de la aventura del alma.


Caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí, mientras observaba cómo el agua cristalina descendía de las prominentes cascadas de la superficie, y como el bullicio mental de las gradas a mi alrededor incrementaba. Estaba allí todo el consejo del reino reunido para presenciar mi muerte.


—¡A callar!—Exclamó mi juez y verdugo (quien por cierto también es el rey de toda la tierra de Agartha), sentado en su refulgente trono de gemas y piedras preciosas (aunque ninguna tan preciosa como Denisse, su amada hija, mi amor eterno).


Se pensará que no hay razón para callar cuando en realidad nadie, ni en el estrado ni entre los testigos, ni siquiera mi persona, el acusado, ha emitido palabra alguna, ¡pero claro!, los Aghartianos se comunican a través de pensamientos, principal razón por la que aquí es común el silencio, lo que no es común es el hecho de poder amar a alguien, pues aquí no existe tal cosa (exceptuando solo a mi bellísima princesa, ¡Oh, ella sabe amar como quien solo ama una vez en toda su vida!).


Su alteza vestía de escarlata y portaba una cabellera negra postiza sobre su cabeza, la que ocultaba sus dorados y largos cabellos, pues todos en Agartha son rubios, altos y, resumiendo... ¡Son perfectos! De hecho, yo creería que son la famosa raza Aria de la que tanto Hitler hablaba.


—¿Cómo se declara su merced? —Era la voz del Rey en mi cabeza. Con el tiempo uno se acostumbra a la constante falta de privacidad.


—¿Por qué se me acusa? ¿Me matarán sin importar la respuesta?—Pensé en lo que ellos llamarían: "La voz alzada".


—Ha profanado los labios de la princesa de Agartha, y me parece que conoce su pena, pero debemos someternos a nuestras leyes, por favor responda.


—¿Denisse lo sabe? ¿Sabe que estoy aquí? Porque en mi defensa ella también tuvo algo que ver, su excelencia.


—¡SILENCIO! ¡Ni aún en esta vergonzosa situación tiene respeto por su nombre!, ¡escoria!—escupió a un costado— ¡Será tratado como cualquier criminal de su clase! ¡¿Cómo se declara?!


Fue entonces cuando comprendí que, en realidad, yo era el único criminal de mi clase, porque los labios vírgenes de Denisse solo me pertenecían a mí.


Las emociones habían cambiado muy de repente, la tristeza me acobijaba y los nervios me consumían. Siempre me esforcé por mantener la compostura y mi rostro serio, pero simplemente no había salida, era mi fin, y eso me llenaba de pesar y amargura.


Una lágrima recorrió lentamente mi mejilla y las piernas me temblaban. ¡Oh sí, si alguien tiene miedo, ese alguien soy yo!... miedo a la muerte y al olvido. No... ¡No moriré sin honra!


—"Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, así es, toda la culpa es mía." —Dije en voz alta, con mi propia voz.


Todos los presentes demudaron sus rostros, ante la ofensa de escucharme hablar.


—Así he supuesto—mencionó el Rey en mi mente, entonces se colocó de pie mientras desenvainaba su afilada y brillante espada de ejecución, listo para cambiar de rol y ser el que arrebatara la vida de mi cuerpo.


—De hecho... —Le interrumpí, citando uno de mis poemas favoritos—"Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues nada importa el castigo..."


»Su alma era transparente, Señoría, como un vaso vacío.
Yo solo lo llené con amor. Todo el pecado es mío.


Era de otro, su Majestad. Era de otro, que no la merecía,
y por eso, aún en sus brazos, seguía siendo mía.


Y ella... Ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...


Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
ella no fue culpable, mi Rey... ¡ni yo tampoco!


¡La culpa es toda suya!, porque la hizo bella
y le dio permiso a mis ojos para mirarla a ella.


Sí. Nuestra culpa es toda suya, si es una culpa amar
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, mi Rey, y es tan suave, y tan clara,
que sería mayor mi tormento si yo no la amara.


Y, por eso, perdóneme mi Rey, ¡porque es tan bella!
que incluso usted, que gobierna el agua, y la flor, y la estrella,


usted, que oye el lamento de este dolor sin nombre,
¡Usted también la amaría, si pudiera ser hombre!«


Fin.


Referencias: Poema de la culpa, José Ángel Buesa.


***

¡Pstt! ¡Ey, tú!, ¡sí, tú! ¡votar no cuesta nada! Si te ha gustado la historia deja una corazonada y ¡cinco dólares en mi cuenta! Aunque, si eres tan pobre como yo, entonces solo con el corazón bastará.


¡Saludos!



25 ноября 2019 г. 21:33:47 6 Отчет Добавить 7
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Об авторе

Andréss Navas Andrés Navas es un apasionado escritor de ficción y, cuando no publica sus obras en plataformas digitales, trabaja en el desarrollo de su web para ayudar a las personas a presentar sus ideas bien escritas. Durante su valioso tiempo libre disfruta de hacer ejercicio, leer muchos libros, cocinar y por supuesto... ¡comer!

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Abish Robles Abish Robles
Me encantó!

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Súper! gracias por el comentario Abi c: December 06, 2019, 04:10
Federico Pereyra Federico Pereyra
Una linda historia.

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Me alegra que te haya gustado Federico :) Saludos! December 06, 2019, 04:11
nathaly lira nathaly lira
bella

~

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