El Heredero de los Drake (Crónicas de los Drake Vol. 1) Подписаться

kurogamimugen Manuel Alejandro

En los albores del siglo XX el mundo sufrió un gran auge tecnológico, así como un aumento de los conflictos bélicos, dando lugar a una economía de guerra, controlada por las oscuras intenciones de organizaciones en la sombra. En Albión, una de las naciones más avanzadas e industrializadas, un soldado, Ruslan Drake, heredero de uno de los mayores inventores de su tiempo, se verá arrastrado a esta pugna de poder. Resultando herido de gravedad en una contienda, volverá a casa, recuperándose gracias a la avanzada tecnología desarrollada por su familia. Pero pronto descubrirá que Londres, su ciudad natal, es un lugar aún más peligroso que cualquier zona de conflicto. Ruslan se verá arrastrado a la lucha de poderes e influencias de las sociedades secretas londinenses, lo que le llevará a descubrir que sus lesiones pueden no haber sido del todo fortuitas, sino debidas a la voluntad de terceras personas. Ahora, con su familia en peligro, tendrá que sumergirse en el abismo de engaños y traiciones de la lucha de poder en las sombras, si quiere proteger a sus seres queridos, viéndose inmerso en una nueva guerra, esta vez en las propias calles de su patria. (Registrado en Safe Creative)


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Prólogo. El Clan Drake y su Oveja Negra

"Me desangro", pensó Ruslan. "Esta vez sí que se me acabó la suerte."

El hombro y costado derechos le ardían y dolían como el infierno, pero no sentía su brazo derecho. Quería comprobar su estado como dictaba el manual, pero su ojo derecho sólo veía negro, y el izquierdo lo veía todo tras un ondulante velo carmesí. Su cuerpo no le respondía.

Oía detonaciones, pero muy atenuadas. Su cabeza le daba vueltas. Una sensación de sopor comenzaba a adueñarse de su mente enmarañada, y una sensación de frío empezaba a entumecerle, aun estando bajo el sol abrasador del desierto.

Notó como alguien tiraba de él, como si le levantaran. Y de repente se hizo la oscuridad.

Entre la oscuridad surgió un recuerdo.

...

17 años antes...

– Padre, ¿quiénes son esos hombres?

El pequeño de 10 años a hombros de su padre no paraba de sorprenderse por la algarabía de gritos de júbilo y aliento del gentío que se agolpaba a ambos lados del puente del río Támesis, mientras señalaba inquisitivo hacia el desfile de militares, que pasaban en su marcha hacia el puerto, para embarcarse a sus diversos destinos.

Sir William Drake, miró a su vástago de reojo y le contestó.

– Son soldados, Ruslan. Son los protectores de la nación y nuestro pueblo.

El joven Ruslan abrió los ojos y la boca en un gesto de extrema admiración.

– ¿Los protectores de toda la gente que hay aquí? – preguntó de nuevo. – ¿Incluso tú papá? ¿Y mamá? ¿Y Jack y Cathe?

William miró a su derecha, sonriendo a su esposa Marion, que llevaba en brazos a su hijo menor Jonathan, y a su hija mayor Catherine; y ellas le devolvieron la sonrisa.

– No sólo nosotros, o la gente que está aquí hoy – le dijo su madre a Ruslan. – Protegen a todos los habitantes de Albión.

Ruslan, que miraba boquiabierto a su madre, volvió la vista a los soldados con un brillo de admiración en los ojos.

...

El sol deslumbró a Ruslan que notaba como si le llevaran en volandas. Quería comprobar como estaba el resto de su unidad, pero no tenía fuerzas ni para centrar la vista, mucho menos para girar la cabeza. Sentía un dolor abrasador en el hombro derecho y el lado derecho de la cabeza. El cabo Pembroke le miró y le habló, pero no consiguió entender sus palabras. Notó su mano en el brazo izquierdo, como si intentara darle ánimos. De repente el mundo empezó a dar vueltas a su alrededor, y todo se volvió negro de nuevo.

...

9 años antes...

– ¡NO LO PIENSO PERMITIR! – Ruslan nunca había visto a su padre tan alterado. – ¡NO DEJARÉ QUE ECHES TU VIDA A PERDER!

– ¡ES MI DECISIÓN! – respondió Ruslan también a gritos.

Lady Marion intentaba mediar entre su esposo y su hijo, mientras su hija mayor Cathe consolaba a su hermano pequeño Jack, que lloraba ante la pelea familiar.

– ¡QUIERO SERVIR A UN PROPÓSITO MAYOR! PROTEGER A LA GENTE ¿ES QUE NO LO ENTIENDES? – Ruslan estaba furioso, pero su voz era firme como una roca, tanto como su determinación.

– ¡POR FAVOR CALMAOS Y HABLEMOS DE ELLO CON TRANQUILIDAD! – les instó Marion Drake.

– Si quieres ayudar, hazlo mejorando la calidad de vida de la gente, tienes un gran potencial como técnico AutoLimb. Ayuda de esa manera, desde nuestra empresa, en I+D – le dijo William a su vástago.

– Padre, desde que era un niño tengo un único sueño. Proteger a la gente. No puedo quedarme sentado en un laboratorio sabiendo que podría hacer más – contestó Ruslan.

William no cabía en sí de orgullo por la abnegación de su hijo, pero su deber era procurar que tuviera la mejor vida posible. ¿Qué clase de padre sería si dejaba que se alistara en el ejército? Podrían matarle o algo peor. No, debía detenerle. Aunque acabara perdiendo la relación con su hijo, tenía que salvarle de sí mismo.

– SI TE ALISTAS, NO PIENSES EN VOLVER. PORQUE ESTARÁS FUERA DE ESTA FAMILIA – aulló William en un arrebato de ira.

– WILLIAM NO... - intentó intervenir Marion.

– Así sea pues... – contestó Ruslan, y dándole la espalda a su familia salió por la puerta, que se cerró tras él con una calma que provocó un mayor impacto que cualquier portazo.

William Drake se quedó de piedra. Lamentaba haber soltado aquel exabrupto más que nada en su vida. Miró a su esposa, Marion, que le devolvió la mirada con lágrimas de desesperación en los ojos. El llanto de su hijo Jack resonaba en el recibidor de la casa, sólo interrumpido de vez en cuando por las palabras de consuelo de su hija Catherine, que seguía intentando calmarle.

...

Cuando Ruslan centró la vista de nuevo, las estrellas cubrían el cielo. Sus hombres seguían marchando, incluso a pesar de la oscuridad y el frío. Quiso ordenarles que parasen a descansar, pero no podía hablar, apenas notaba ninguno de sus músculos. A duras penas logró girar un poco la cabeza y vió que a su lado llevaban a la cabo Perry en una camilla, su pierna derecha había desaparecido por encima de la rodilla. El cabo Pembroke volvió a aparecer junto a él.

– Aguante capitán Drake, usted aguante – los ánimos de Pembroke le tranquilizaron.

Intentó contestarle, pero no le salía la voz, tenía la garganta completamente seca. El cabo Pembroke sacó su cantimplora y le dio unos sorbos de agua, como si le hubiese leído la mente. Cuando hubo bebido, Ruslan intentó hablar de nuevo, pero sólo le salió un hilo de voz.

– ..nforme de situ..ción, cab... – las sílabas no conseguían salir del todo de su garganta.

– No muy buena, capitán – contestó Pembroke.– Pero lo lograremos. Se lo prometo. Usted aguante. Ahora ahorre fuerzas.

La visión de Ruslan se volvió a nublar, y perdió de nuevo el conocimiento.

...

9 años antes, cuartel de instrucción del Ejército, Londres.

– ¡MUY BIEN, ESCORIA, PONEOS FIRMES! – aulló el sargento de instrucción. – ¡HE DICHO FIRMES PANDA DE MAMARRACHOS! ¡HASTA UN BABUINO SERÍA MÁS CAPAZ QUE VOSOTROS!

Todos los reclutas formaron en fila, mirando al frente. Todos tenían sus petates a los pies, delante de ellos. Todos menos Ruslan, al final no se había llevado nada de la hacienda Drake. Pero no estaba desanimado, quería ayudar a la gente, y este era el camino que había elegido.

– ¡SOY EL SARGENTO INSTRUCTOR DOYLE! – el sargento continuó la arenga de bienvenida.– ¡CUANDO OS DIRIJÁIS A MÍ LO HARÉIS COMO "MI SARGENTO", NO COMO "SEÑOR", QUE YO TRABAJO PARA VIVIR! ¡¿QUEDA CLARO?!

– ¡SÍ, MI SARGENTO! – gritaron a coro todos los reclutas.

– ¡VAYA, PERO SI SABEIS JUNTAR TRES PALABRAS! A LO MEJOR INCLUSO SERVÍS PARA ALGO QUE NO SEA CAGAROS ENCIMA – les respondió Doyle.

El sargento fue pasando revista a todos los reclutas mientras se presentaba. A veces se paraba delante de alguno de ellos y les increpaba o preguntaba algo.

– ¡TU NOMBRE RECLUTA! – le instó al hombre que estaba al lado de Ruslan.

– MALCOM OLIVER, MI SARGENTO – respondió el recluta.

– ¡¿Y DE DONDE ERES RECLUTA OLIVER?!

– DE SUMMERVILLE, MI SARGENTO.

– ¡HOMBRE SI TENEMOS AQUÍ A UN PALETO DE PUEBLO! ¿TE CANSASTE DE ARAR CAMPOS O DE FOLLAR CABRAS? ¿CUÁL DE LAS DOS SOLDADO?

Malcom no sabía que contestar, sólo miraba al sargento con ojos desorbitados mientras su mente intentaba dilucidar qué responder.

– ¿ERES EL TONTO DEL PUEBLO?

– NO, MI SARGENTO

– PUES RESPONDE, COÑO, NO ME HAGAS PERDER EL TIEMPO

– ME CANSÉ DE AMBAS MI SARGENTO – soltó Oliver desesperado y sin saber bien lo que decía.

Varios reclutas estallaron en carcajadas, pero el sargento Doyle les fulminó con la mirada.

– ¿OS HACEN GRACIA LAS AFICIONES DEL RECLUTA OLIVER? BUENO PUES OS VA A ENCANTAR LA MÍA, Y ES JODER VIVOS A LOS GILIPOLLAS QUE SE RÍEN SIN PERMISO. TODOS LOS QUE OS HABÉIS REÍDO ¡AL SUELO Y A HACER FLEXIONES! Y NO ME OBLIGUÉIS A IR UNO POR UNO DICIÉNDOOS QUIENES SOIS O LO VÁIS A LAMENTAR.

Todos los que se habían reído se tiraron al suelo sin vacilar, parecía que nadie de aquel grupo iba a poner a prueba la paciencia de Doyle. El sargento continuó con su paseo de revista y cuando se paró delante de Ruslan tuvo que mirar hacia arriba. Entre su gran estatura de más de 2 metros y su cabello blanco, Ruslan destacaba con creces entre el resto de reclutas.

– ¿TÚ QUE ERES UN PUTO FARO CON ESA ALTURA Y ESE PELO DE LINTERNA?

– SÍ, SI ES LO QUE NECESITA, MI SARGENTO – respondió Ruslan sin inmutarse.

– ESA SÍ QUE ES BUENA, ¿CÓMO TE LLAMAS Y DE DÓNDE ERES, RECLUTA?

– RUSLAN DRAKE, DE LONDRES, MI SARGENTO.

– ¿UN DRAKE, EH? ¿QUÉ HACE UN SEÑORITO ENROLÁNDOSE EN EL EJÉRCITO? ¿ERAS DEMASIADO INÚTIL PARA QUE TU PAPAÍTO TE ENCHUFARA?

– QUIERO PROTEGER A LA GENTE, MI SARGENTO.

– PUES TE HAS EQUIVOCADO DE SITIO. AQUÍ SE VIENE A MATAR GENTE, NO A PROTEGERLA.

– A VECES HAY QUE HACER SACRIFICIOS PARA PROTEGER LO QUE ES IMPORTANTE, MI SARGENTO.

Ruslan miró hacia abajo, a los ojos de Doyle. Él le devolvió la mirada y se quedó perplejo al no ver ni un solo rastro de duda en la mirada del recluta Drake.

– PARECE QUE VAS EN SERIO. VEREMOS SI TIENES LO QUE HAY QUE TENER.

...

Una sacudida obligó a Ruslan a recuperar el conocimiento, aunque a duras penas. Los hombres que llevaban su camilla parecían exhaustos. Deberían hacer un alto para descansar, ¿cuánto llevaban ya de marcha? ¿Un día? ¿Dos? Aunque el sol pegaba de plano y le habían cubierto con una manta, tenía bastante frío. El sanitario de la unidad apareció a su lado para examinarle. Les dijo algo a los camilleros y éstos aligeraron el paso. La agitación que sentía se fue reduciendo hasta perder nuevamente el conocimiento.

...

Hace 9 años, tras 3 semanas de instrucción...

Esa mañana habían llamado a Ruslan a la oficina del comandante de instrucción. Cuando llegó se oían varias voces atenuadas en la habitación, llamó a la puerta y esperó.

– PASE – dijo la voz avinagrada del sargento Doyle.

Ruslan entró, se cuadró y saludó.

– Se presenta el recluta Ruslan Drake, mi sargento – dijo Ruslan dirigiéndose a Doyle.

– Descanse recluta – le contestó Doyle.– El comandante McIntire quiere hablar con usted. No me haga quedar mal entendido.

Acto seguido, sin esperar a su respuesta, Doyle salió de la oficina y cerró la puerta a sus espaldas.

El comandante McIntire y otro hombre miraban a Ruslan con curiosidad, como si le estuviesen evaluando.

– Recluta Drake – McIntire se dirigió a él con cordialidad.– Le presento al mayor Irvine, oficial al mando de la Escuela de Oficialidad del Ejército de su Majestad.

– Señor – Ruslan se cuadró de nuevo y saludó con corrección.

– Descanse recluta – dijo Irvine.– El sargento Doyle ha llamado la atención del comandante sobre su situación, y él, a su vez, ha contactado conmigo. Parece ser que es usted un recluta fuera de lo común, soldado Drake.

– ¿Señor? – inquirió Ruslan completamente perdido.

– El sargento Doyle no es un hombre dado a la admiración, soldado Drake – dijo McIntire.– De ahí mi sorpresa cuando ha presentado una solicitud para que se le asigne a usted a la escuela de oficiales.

Ruslan se quedó perplejo. Doyle siempre le machacaba en los entrenamientos y siempre estaba pendiente de cualquier error que cometiese. Si bien es cierto que esto hacía que Ruslan mejorara en su adiestramiento, no le parecía algo digno de una recomendación semejante.

– ¿Le parece difícil de creer, recluta? – intervino Irvine.

– Sí, señor, cometo muchos errores, no entiendo por qué el sargento Doyle recomendaría a alguien tan torpe y poco preparado, señor.

– Déjeme aclararle el porqué, Drake – dijo McIntire.– Si bien es cierto que comete errores, sólo los comete una vez, y desde luego comete muchos menos que el resto de reclutas. Sus notas en las clases teóricas son excepcionales. Sus calificaciones en las pruebas prácticas han batido todos los récords de este campo de entrenamiento y son tan impresionantes que nadie se cree que los pueda haber realizado alguien con tan sólo 3 semanas de entrenamiento.

– Básicamente, recluta Drake, el sargento Doyle ha llamado nuestra atención hacia usted porque ha visto un diamante en bruto, una ballena blanca o un unicornio si lo prefiere – dijo Irvine.- Yo tampoco me creía que fuera para tanto hasta que he visto su práctica de tiro de ésta mañana. Es usted alguien excepcional, soldado. Y no podemos permitir que su potencial se eche a perder en una larga carrera en infantería hasta llegar a suboficial a base de méritos en combate. Le quiero en la academia de oficiales cuanto antes. Es hora de pulir sus habilidades y ver si Doyle tiene razón acerca de usted.

– ¿Señor? – Ruslan parecía perdido, la cabeza le daba vueltas y no acababa de creerse lo que estaba pasando.

McIntire le dio un papel plegado. Al desdoblarlo vio que era una orden de traslado, ya firmada y sellada.

– Enhorabuena por su ascenso, "alférez" Drake – dijo McIntire.– Por las presentes órdenes se le consigna a que recoja sus pertenencias y se presente en el patio de instrucción para que el mayor Irvine proceda a su traslado a la Escuela de Oficialidad del Ejército de su Majestad. Le deseo suerte en su nuevo destino.

– Gracias, señor – Ruslan se cuadró y saludó con perfección absoluta. Dio media vuelta y salió por la puerta con paso firme.

Una vez fuera de la oficina acudió a su barracón, hizo el petate con sus uniformes y se paró a pensar un instante en su situación. El sargento Doyle le sacó de sus cavilaciones. Ruslan se sobresaltó un poco cuando le vio al darse la vuelta para dirigirse a la puerta del barracón.

– Sargento Doyle – dijo Ruslan, y dejando el petate en el suelo se cuadró y saludó.– Prometo no defraudar sus expectativas, sargento.

Doyle le devolvió el saludo con perfección meridiana.

– Señor, le deseo mucha suerte en su nuevo destino – dijo Doyle con el mayor de los respetos.– Espero ver el gran oficial en que se convertirá, señor. No me cabe duda de que dejará en buen lugar al ejército.

Viniendo de Doyle, aquellas palabras eran más que un halago, parecían proféticas. Antes de que Ruslan pudiese reaccionar, Doyle cogió su petate.

– Le acompaño, señor – dijo parcamente.

Ruslan asintió y caminó hasta la salida del barracón con Doyle a su zaga. Una vez fuera le esperaba otra sorpresa antes de irse.

– ¡ENHORABUENA POR SU ASCENSO, SEÑOR!

El grito de felicitación le sobresaltó. Todos sus compañeros de instrucción estaban cuadrados y saludando en perfecta formación.

– ¡TRES HURRAS POR EL ALFÉREZ DRAKE! – gritó el recluta Oliver, se había convertido en jefe de grupo hacía una semana, parecía que se adaptaba bien al ejército.

– ¡HIP HIP HURRA! ¡HIP HIP HURRA! ¡HIP HIP HURRA! – corearon todos.

Ruslan abrumado, asintió, se cuadró y les saludó. Una vez todos rompieron filas, le abrieron un pasillo. Ruslan avanzó mirando al frente, con Doyle a su espalda, y se caló la gorra para que nadie viera el brillo vidrioso en sus ojos. Ahora era un oficial, tenía que estar a la altura de las expectativas de todos los que habían contribuido a que el siguiese con su sueño.

...

Londres hace 8 años...

Ruslan había finalizado sus estudios en la escuela de oficiales, él y sus compañeros iban a celebrar su graduación y sus nuevos destinos bebiendo unas pintas en una catina de la familia de uno de sus compañeros de promoción.

– ¡POR LA MEJOR PROMOCIÓN QUE HA PARIDO EL EJÉRCITO! ¡SALUD! – el alférez Malcom Hitch levantó su jarra a la vez que gritaba el brindis.

– ¡SALUD! - corearon sus compañeros, al final habían ido los 20 graduados al completo, y había pasado de una breve celebración a una fiesta en toda regla.

– Siéntate antes de que te caigas de bruces Mal – le recomendó Ruslan.

– Vamos, ya nos hemos graduado, no hace falta que guardes las apariencias Ruslan – le contestó Hitch.

– Eso suéltate un poco – dijo el alférez Yates.

– Pedís demasiado – soltó Carmine.– Estáis hablando con Ruslan "El Perfeccionista" Drake. Es imposible que pierda el control.

– Jajaja, sí, al fin y al cabo es el graduado de honor – dijo Hitch.– Tiene que seguir guardando las apariencias.

– Yo también puedo relajarme, si quiero – dijo Ruslan, y levantando su jarra se la bebió de una sola vez.

– Vaya, mira al laureado, si sabe beber y todo – bromeó Carmine.

– Mientras haya un récord que batir, este tipo seguirá yendo a por todas, ¿no es así Ruslan? – Yates le dio una palmada en el hombro con complicidad.

Todos estallaron en carcajadas. Ruslan sentía que había encontrado una segunda familia en el ejército. Aquéllos eran sus hermanos, y todos se apoyarían hasta el fin.

...

Ruslan despertó de nuevo, débil, pero lúcido. Recordaba aquella fiesta tras graduarse en la academia. Sus hermanos. Hitch había caído en su primera operación como oficiales en combate en el norte de África, un mortero le hizo saltar por los aires, ni siquiera pudieron enviar algo que enterrar a su familia. Yates murió 2 años después. Un francotirador disparó a varios oficiales en el desierto, Yates fue uno de ellos, sólo tenía 20 años. Carmine sobrevivió un poco más, hasta que se le acabó la suerte al comienzo de la guerra en Sudán. Ni siquiera llegó al campamento base. Su transporte de tropas recibió un impacto de un tanque enemigo. Saltó por los aires. Y el resto de su promoción no había salido muy bien parada tampoco. De los 20 oficiales que se graduaron junto a él sólo quedaban vivos 5, que él supiera al menos, y no sabía si a él se le habría acabado por fin la suerte y pasaría a engrosar la lista de bajas. Su hombro derecho le ardía de nuevo, y su cara también. El sanitario de su compañía, Rourke, se acercó a él.

– Tranquilo capitán Drake, lo conseguirá. Voy a ponerle otra bolsa de salino y un sedante ligero, para el dolor.

Ruslan notó la aguja en su brazo izquierdo. El dolor fue remitiendo y volvió a hacerse la oscuridad.

...

3 días antes. Desierto de Sudán

La guerra en Sudán se había recrudecido. Ruslan había sobrevivido durante 2 años en aquel infierno, alcanzando el grado de capitán. El y su compañía, la 26ª de Infantería, habían luchado y ganado muchas escaramuzas, pero aún así la guerra no parecía ir a acabar pronto. Los turcos seguían presionando a través del desierto hacia el cuartel general de las fuerzas de Albión. Ni los soldados albienses ni sus aliados, los feroces nómadas del desierto, podían detener el avance turco. A Ruslan le habían ordenado cubrir la travesía por el desierto de un convoy de combustible para los blindados aliados. Un viaje de 3 días por el agreste desierto, siempre en campo abierto, sólo cubiertos por alguna que otra duna. Ruslan tenía un mal presentimiento desde que habían salido de la base junto a los camiones cisterna, y aún estaban a dos días de camino de su destino. Además estarían fuera de la cobertura de comunicación por radio hasta al menos 36 horas más.

De repente en lo alto de una duna Ruslan pudo ver un fugaz destello. Apenas le dio tiempo a entender lo que pasaba y gritar a sus hombres que se tiraran al suelo. Era un francotirador. Pero no estaba a la caza de oficiales. Había disparado al conductor del primer transporte del convoy, para bloquear su avance.

– TODO EL MUNDO LISTO PARA EL COMBATE. FUSILEROS APUNTAD A LO ALTO DE LA DUNA AL SURESTE DE NUESTRA POSICIÓN. AMETRALLADORES PREPARAOS PARA HACER BARRIDOS DE FUEGO DE COBERTURA PARA EL AVANCE DE LOS TRANSPORTES. CONDUCTORES AVANZAD A LA MÁXIMA VELOCIDAD POSIBLE, CUBRIREMOS VUESTRA HUÍDA. CUANDO ESTÉIS MÁS CERCA DEL CUARTEL GENERAL PEDID REFUERZOS POR RADIO.

Todos sus hombres sabían qué hacer. Los soldados de la 26ª saltaron de los camiones de transporte de tropas a tierra y comenzaron a disparar. Mientras los transportes avanzaban a marchas forzadas cubiertos únicamente por un par de todoterrenos ligeros con 3 hombres cada uno.

Desde encima de la duna empezaron a emerger soldados enemigos en gran cantidad. No era un solo francotirador. Era un regimiento entero de infantería. Ruslan ordenó comenzar el fuego de cobertura a los operarios de las dos únicas ametralladoras de las que disponían. El fuego enemigo no se hizo esperar, y el francotirador seguía hostigándoles desde la cresta de la duna, completamente a cubierto.

El combate se estaba volviendo encarnizado incluso acabando de empezar, los subordinados de Ruslan caían bajo el fuego enemigo al tener que cubrir la retirada de los camiones cisterna. El francotirador volvió a disparar y el sargento Newton cayó a un escaso medio metro de Ruslan, él se volvió y abrió fuego contra el parapeto del francotirador, la suerte o la desesperación hicieron mella en su puntería, ninguna bala derribó al tirador tras la duna.

– ¡CAPITÁN DRAKE, NOS ESTÁN DIEZMANDO!

– CAPITÁN, ¡¿QUÉ HACEMOS?!

– CAPITÁN, ME HAN DADO. ¡AYUDA!

Los gritos de los hombres y mujeres a su cargo, bien de desesperación, de pánico o de dolor, no cesaban de martillear sus oídos.

– AMETRALLADORAS, FUEGO CONTINUADO CONTRA LA INFANTERÍA ENEMIGA. OBLIGADLES A RETIRARSE TRAS LA DUNA.

Sin darle tiempo a terminar de gritar su orden, los operarios de ametralladora centraron sus miras en los pelotones de infantería enemiga. Barrieron con fuego y plomo cada oleada o grupo lo bastante significativo como para ser un blanco tácticamente viable. La infantería turca comenzó a vacilar, y comenzaron a batirse en retirada hacia la duna donde se apostaba el francotirador. Algunos de los soldados de Ruslan hicieron ademán de perseguirles, pero el francotirador les hizo desistir tras abatir a tres de ellos.

De repente un estruendo mecánico comenzó a oírse cada vez más cercano. Era un sonido que todo soldado y oficial de infantería conocía, y temía. Los temores de Ruslan se hicieron realidad cuando una mole de acero, erizada de cañones, emergió de detrás de la duna que daba refugio al enemigo. Era un tanque pesado.

– BLINDADO ENEMIGO, ROMPED LA FORMACIÓN, SEPARÁOS PARA NO DARLES UN BLANCO FÁCIL.

La orden llegó demasiado tarde, uno de los puestos de ametralladora acabó como un cráter humeante al recibir de lleno un obús enemigo. El segundo puesto de ametralladora corrió su misma suerte con la siguiente detonación. Sus hombres corrían en desbandada.

El tanque pronto perdió el interés por los supervivientes de la 26ª y comenzó a avanzar hacia los transportes de combustible. Los dos todoterrenos de escolta volaron en un abrir y cerrar de ojos. Uno de ellos cayó sobre un transporte cisterna, haciéndolo estallar en mil pedazos.

Los heridos gritaban, el fuego crepitaba y por encima de todo se elevaba el estruendo de los chasquidos metálicos de aquella bestia blindada.

Un camión cisterna quedó atrapado en la arena. Sus ruedas patinaban, hundiéndose cada vez más en el terreno inestable. La mueca de terror del conductor se quedó grabada en las retinas de Ruslan, que viendo al tanque empezar a girar para enfilar al vehículo, corrió inconscientemente hacia él para rescatarle.

Varios de los subordinados de Ruslan, entre ellos la cabo Perry y el sargento Sterling, le siguieron. Pero no llegaron a alcanzar su objetivo. A unos escasos diez metros del transporte, Ruslan vió que el tanque ya lo tenía enfilado en su punto de mira. Detuvo su carrera y gritó una última orden que no llegó a terminar.

– ALEJAOS, TODOS AL SUEL...

La explosión convirtió el tanque de combustible en una granada gigante. La metralla salió disparada con tanta fuerza que un fragmento de la cisterna partió al sargento Sterling por la mitad a la altura de la cintura. La cabo Perry recibió un impacto en la pierna, seccionándosela justo por encima de la rodilla, cayendo al suelo de bruces al perder el apoyo. Un gran fragmento de bordes serrados avanzó hacia Ruslan como un proyectil a gran velocidad. Ruslan notó un impacto en el hombro derecho, y un dolor ardiente y lacerante, el fragmento de metralla desgarro blindaje, tela, piel, músculo y hueso. El impacto le lanzó de espaldas al suelo. Su primer pensamiento fue para sus soldados, ¿se habían puesto a salvo? Tenía que confirmarlo. Se intentó poner de pie, pero no notaba el brazo derecho. La cabeza le daba vueltas y el hombro seguía ardiéndole como el infierno. Al incorporarse entró en su campo de visión un segundo fragmento de metralla, más pequeño que el anterior pero aun así con mucho impulso, recibió el impacto en el lado derecho de la cara, lo que provocó que casi perdiese la consciencia y que la visión de su ojo derecho quedase en negro. El impacto le lanzó la cabeza contra el suelo con tanta fuerza que notó como se le hundía en el terreno arenoso hasta que su nuca tocó el suelo. Intentó centrar la vista, pero su ojo derecho sólo veía negro, y un velo rojo cubrió por completo la visión de su ojo izquierdo. Notó como sus fuerzas lo abandonaban. Su mente empezaba a nublarse. De repente notó como tiraban de él. Oía voces apagadas, como en la lejanía.

– RETIRADA, SAQUEMOS AL CAPITÁN DE AQUÍ.
AYUDAD A LOS HERIDOS.

Ruslan se mareó de nuevo, y perdió el conocimiento.

...

Ruslan recuperó la conciencia y centró la visión de su ojo izquierdo. Sobre él no se veía el cielo azul, sino la carpa de una tienda de campaña. Estaba tumbado, ¿estaría en una camilla del hospital de campaña? Recordaba que le habían herido, pero no mucho más. Notó que tenía una aguja clavada en el brazo izquierdo, y al mirar comprobó que le habían conectado una vía con una botella de sangre para transfusiones y otra de salino. Su cabeza le daba vueltas, intentó incorporarse, pero no podía apoyarse en ambos brazos, seguía sin sentir el brazo derecho salvo el hombro, que le palpitaba atenuadamente, debían de haberle dado calmantes, eso explicaba porqué le costaba tanto pensar. Giró la cabeza y vió camillas y heridos a su alrededor con sanitarios yendo de camilla en camilla para atenderlos. Vió a la cabo Perry en una camilla anexa a la suya. El muñón de su muslo, completamente vendado, aún sangraba un poco por lo que había enrojecido las vendas. También le estaban haciendo una transfusión. Entonces Ruslan empezó a percatarse de su situación. A él también habían tenido que hacerle una transfusión. Intentó nuevamente mover su brazo derecho, pero seguía sin notarlo, y su ojo derecho totalmente en negro le impedía ver en qué estado se encontraba mientras siguiese tumbado. La desesperación comenzaba a hacer mella en su mente adormecida y preso de ella intentó con todas sus fuerzas incorporarse para verificar su estado. Un sanitario cercano corrió hacia él.

– Capitán Drake, señor, no se mueva, podría empezar a sangrar de nuevo.

– ¿Cómo están mis hombres, doctor? – preguntó Ruslan, sus subordinados siempre debían ser lo primero, su responsabilidad como oficial así lo dictaba.

– Lamento decirle que ha habido pocos supervivientes. De los 100 hombres de su compañía, sólo 24 han conseguido volver al campamento. De esos 24, 4 han muerto de sus heridas en el hospital de campaña, y 11 siguen aquí, heridos, 3 de ellos graves. Usted es uno de estos 3.

– ¿Qué me ha pasado?

– Recibió varios impactos de metralla de un camión cisterna que explotó con el impacto de un proyectil disparado por un tanque enemigo. ¿Lo recuerda?

– Vagamente, mi mente está algo revuelta.

– Eso es debido al impacto que recibió en la cabeza. Le ha provocado una conmoción.

– ¿Y eso es todo?

– Será mejor que el comandante médico le explique la situación.

La expresión del sanitario le decía todo lo que necesitaba saber. No iba a salir de allí bien parado. Esta vez su suerte, se había truncado, aunque no del todo, ya que al menos había sobrevivido. Un rato después el comandante a cargo del hospital de campaña, vino a verle.

– Buenos días capitán Drake, soy el comandante Huxley, del cuerpo médico.

– Buenos días, señor – Ruslan intentó incorporarse, pero recordó que no podía saludar con su brazo derecho.

– No intente moverse – le instó el médico.– En su estado necesita el mayor reposo posible.

– ¿Y cuál es ese estado, señor?

– Capitán, esto no es fácil de decir, así que si necesita un momento interrúmpame cuando lo crea necesario.

Estaba muy mal, ningún oficial superior diría eso de no ser así. Se estaba temiendo lo peor.

– Capitán Drake, recibió dos impactos de metralla a gran velocidad según los testigos del incidente, y las heridas que padece son prueba de ello. Al parecer el segundo impacto lo recibió en el lado derecho de la cara, lo que le ha provocado una conmoción cerebral, de ahí que le cueste centrar la mente, sobre todo si añadimos el efecto de los calmantes que le hemos administrado. Su ojo derecho, resultó afectado. Ya no dispone de él, el fragmento de metralla le abrió una brecha en la parte derecha de la cara desde la frente hasta la mandíbula. Notará que ya no puede medir la profundidad, es debido a la falta de visión binocular.

Ruslan sabía que estaba mal, pero no pensaba que perdería el ojo.

– En cuanto al otro impacto que recibió. Fue en el hombro derecho.

– Sí, me duele, y no siento nada en el brazo derecho, ¿es grave? ¿Podré volver a usarlo?

– Capitán – la mirada del comandante médico le heló la sangre a Ruslan.– Lamento decirle que ha perdido el brazo derecho. El impacto de metralla fue tan brutal que le seccionó el brazo por la articulación del hombro derecho.

Ruslan sintió un mazazo en el corazón. Le costaba respirar. Su cabeza no dejaba de dar vueltas. Intentó incorporarse de nuevo, tenía que comprobar que su brazo seguía allí, pero su ojo derecho ciego no se lo permitía. Sintió la mano del comandante en el pecho impidiéndole erguirse.

– ¡Cálmese Capitán! ¡No puede levantarse en su estado! Podría comenzar a sangrar de nuevo y entonces moriría sin duda.

Ruslan se quedó inerte sobre la camilla. No le quedaban fuerzas.

– Ya es un milagro que sobreviviese, no sólo a la amputación de su brazo, sino al viaje de tres días por el desierto en camilla. Tiene mucha suerte.

– Gracias por su franqueza, doctor – el tono de Ruslan era monocorde, como el de un autómata sin vida.

– Será mejor que descanse capitán. Mañana vendrá a verle el mando. Descanse.

Ruslan se quedó mirando el techo de tela de la tienda. Había perdido totalmente la esperanza, además de su brazo y su ojo derechos.

...

Hace 2 años Puerto de Bristol

Ruslan esperaba en el puerto a embarcar rumbo a su próximo destino, su compañía, la 26ª de Infantería sería desplegada en Sudán para ayudar en la lucha contra los turcos. Si bien conocía a todos y cada uno de los hombres y mujeres de la compañía, sería la primera vez que los mandara en combate, tras la muerte del capitán Hastings, el mando decidió ascender a Ruslan de teniente a capitán y ponerle al frente de la 26ª.

Mientras esperaban los soldados jugaban y apostaban, conversaban o escribían a sus familias antes de partir.

Una voz familiar llamó la atención de Ruslan. Al volverse vio a su madre y sus hermanos saludándole mientras se le acercaban.

– Madre, no hacía falta que vinierais hasta Bristol. Os lo dije en la última carta.

- ¿Y pensabas que iba a dejar que mi hijo se fuese al otro lado del mundo, a una guerra, sin siquiera venir a verle? – Marion Drake miró a su vástago, hasta que este apartó la mirada avergonzado.

– No, supongo que no – dijo Ruslan y le devolvió la sonrisa a su madre.

– ¿Tendrás cuidado, verdad? – su hermana Cathe, aunque sólo 5 años mayor que Ruslan, parecía más preocupada incluso que la madre de ambos.

– Tranquila, hermana, seguro que vuelve lleno de galones y condecoraciones como la última vez – su hermano pequeño Jack, que acababa de cumplir los 18 años, le dio un golpe afectivo en el brazo. – Siempre puedo presumir de hermano contigo.

– Espero que no haya nuevos rumores cuando vuelva – le contestó Ruslan.

La sirena del barco llamó a embarque y los oficiales empezaron a organizar a sus hombres, que recogían sus bártulos preparados para iniciar el viaje.

Ruslan abrazó a sus hermanos y luego se volvió hacia su madre.

– Padre sigue enfadado, ¿verdad?

– Sabes que tanto tú como tu padre sois tozudos como mulas cuando se os mete algo en la cabeza.

– Sí, en eso he salido a su parte de la familia.

– Pero aún así, el siempre me ha preguntado por ti. Y siempre ha estado orgulloso de tu esfuerzo y tus logros.

– Lo sé – respondió Ruslan melancólico. Su madre había mantenido el contacto con él a pesar de la opinión de su padre al respecto, durante aquellos 7 últimos años.

– Sé que vas a correr peligro, y sé que no puedo detenerte – le dijo su madre. – Pero prométeme una cosa, que volverás sano y salvo. Y cuando vuelvas te prometo que tu padre también estará allí para darte la bienvenida. Aunque tenga que llevarlo a rastras – la determinación de su madre era evidente, Ruslan casi compadecía la suerte de su padre como intentase llevarle la contraria.

– Volveré de una pieza, lo prometo.

Ruslan dio un último abrazo a su madre, que le besó en la mejilla y le deseó buena suerte. Se giró y avanzó hacia su compañía para hacerles embarcar. No se giró para despedirse una última vez, sería muy duro, y muchos de sus soldados no tenían aquella suerte. Debía ser firme, para volver como había prometido.

...

En la actualidad, hospital de campaña del Cuartel General de Albión en Sudán.

– Capitán Drake.

El comandante médico había vuelto, y esta vez le acompañaba el general Greyson; era el oficial de mayor graduación y mando absoluto de las fuerzas albienses en territorio sudanés.

– Veo que le han vapuleado bien esta vez, hijo – la voz del general era profunda y con un marcado acento galés.

Ruslan no contestó, sólo le dedicó una mirada furibunda. El comandante médico se abstuvo de decir nada.

– Hijo – continuó Greyson. – Dada su situación, y la de algunos de sus hombres, lamento decirle que se acabó la guerra para ustedes. Se ha dictaminado que sean evacuados de vuelta a Albión. Se les embarcará en un buque hospital mañana al amanecer. Se les agradece a todos sus servicios.

– Entiendo señor – la voz de Ruslan sonaba como un arañazo sobre pizarra.

Estaba acabado. Se hundía, y no encontraba ningún asidero al que agarrarse, y aunque lo encontrara no creía poder sostenerse con un solo brazo.

Los oficiales se marcharon, dejándole sumirse en su autocompasión y su desesperación.

– Eh capitán Drake, ¿cómo se siente?

La voz de la cabo Perry le sacó de sus pensamientos. La cabo Constance Perry, era una gran suboficial y mejor soldado, aunque joven, apenas había cumplido 23 años, se había ganado a pulso un ascenso a sargento que el mando nunca acababa de confirmar, a pesar de que Ruslan lo había solicitado ya en varias ocasiones. Su humor algo sarcástico y su tendencia a decir lo que pensaba sin importarle las consecuencias no agradaban a los superiores de la cadena de mando, pero a Ruslan le caía bien precisamente por su forma de ser directa y sin tapujos.

– Eso debería preguntárselo yo Perry, ¿no cree? – dijo Ruslan, había intentado usar su tono habitual de oficial, pero había sonado cansado y destrozado.

Le costaba mantener la entereza después de las noticias pésimas sobre su estado.

– Yo estoy bien, pero la pierna me pica a pesar de que ya no la tengo, es un coñazo sentir picor y no poder rascarse.

– Una dama no debería decir esas cosas, cabo.

– Cuando vea a alguna se lo recordaré, señor. Aquí sólo hay soldados.

Ruslan intentó sonreír, pero sólo le salió una mueca soslayada, pálida imitación de una auténtica sonrisa.

– Sabe, es un milagro que llegáramos vivos hasta aquí – continuó Perry. – Hablé con Rourke ayer, dice que aún no entiende cómo sobrevivió usted a semejantes heridas. Todos pensábamos que era un tipo duro, capitán, pero está visto que va más allá incluso. Hay soldados que ya empiezan a llamarle "el inmortal del desierto".

– Qué le voy a hacer, siempre he sido terco por naturaleza – respondió Ruslan con melancolía. – Creía que era una virtud, pero puede que haya sido mi peor defecto.

– ¿Y eso por qué?

– No creo que deba decírselo a usted, cabo. Sí, creo recordar haber visto algo en el manual de oficiales sobre no mostrar debilidad y dudas ante un subordinado. Ya sabe cómo son de celosos con la estructura de la cadena de mando.

– Lo dice por la escaramuza en el desierto, ¿no es verdad?

A veces la intuición de Perry daba miedo, si la hubiesen fichado para la escuela de oficiales no cabía duda de que la habrían asignado al servicio de espionaje e inteligencia.

– Ya se lo he dicho, cabo, esto no funciona hacia abajo en el escalafón.

– ¿Sabe capitán? Seguramente de no ser por usted muchos más de los nuestros habrían muerto.

– ¿Intenta animarme, Perry? – soltó Ruslan sarcástico.

– No, intento decirle que, a pesar de todo, logramos salir vivos de allí y sí, lamentamos las muertes de nuestros compañeros; pero también les debemos el seguir viviendo para honrar su sacrificio.

Ruslan se quedó callado, pensativo, las palabras de Perry habían calado en su interior. Tenía que meditar sobre su situación. Puede que aún hubiese un futuro, aunque no fuese el que él había planeado. A la mañana siguiente Ruslan, los supervivientes de su compañía y muchos más heridos de los que quería contar, embarcarían en un buque hospital que los llevaría de vuelta a Albión. La travesía duraría al menos tres semanas, tiempo de sobra para poner en orden sus ideas.

4 ноября 2019 г. 11:49:39 5 Отчет Добавить 2
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Galo Vargas Galo Vargas
Hola, somos del equipo de verificación de historias de Inkspired, y quisiéramos verificar la tuya. Pero antes de eso, necesitamos que corrijas ciertos errores ortográfico, de tildes y de estilo: como por ejemplo, el abuso de puntos suspensivos y letras mayúsculas; por favor removerlas, no son necesarias. Cuando lo hayas hecho, por favor responde este comentario para volverla a revisar y, si todo está bien, verificarla. Gracias.
8 ноября 2019 г. 20:13:58

  • Manuel Alejandro Manuel Alejandro
    Buenos días, lamento decirles que lo que ustedes consideran faltas de ortografía, no lo son. Es una decisión creativa el utilizar dichos recursos por lo que no considero la opción de cambiarlos ya que forman parte de mi técnica de escritura, y no suponen ningún perjuicio para los lectores. Gracias 10 ноября 2019 г. 5:48:25
Tenebrae Tenebrae
De lleno debo decir que la historia tiene un muy buen ritmo, y, es compleja. Me refiero a los saltos temporales que la narrativa hace. Cualquier duda que tenga o que no haya comprendido bien, te la haré saber.
6 ноября 2019 г. 14:56:41

  • Manuel Alejandro Manuel Alejandro
    Gracias espero que el resto de capítulos te resulten interesantes 6 ноября 2019 г. 15:36:37
~

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