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luthien Steph Villarreal

Los crímenes son cosa del pasado. En una sociedad donde la maldad es algo ya olvidado, los humanos se limitan a vivir en paz unos con otros, sin temer a lo que se oculta en la oscuridad. Pero una presencia embriagadora y amenazante pasea a sus anchas por la ciudad, sin nada que se oponga a ella.


Ужасы Готический ужас 13+.

#terror #vampiro #227
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Preludio

Un dolor punzante le hizo emitir un quejido bastante audible. Miró alrededor mientras se llevaba una mano a la frente, justo donde se hallaría el tercer ojo, sólo para percatarse de que varias miradas se posaban en él. Avergonzado, se frotó el sitio y bajó la vista a su block de notas, donde un montón de dibujos y garabatos le devolvían el gesto.


Casi sin quererlo, su atención se desvió al reloj en la pared. 22:10. Sólo diez minutos más y sería libre al fin. “Te maldigo, viejo”, pensó estrechando los ojos y alzándolos hasta su profesor de Historia y Arte Renacentista. Según el sujeto, la mejor hora para dictar su clase era cuando la ciudad se sumergía en la penumbra y mostraba esa “romántica y teatral cara oculta que los rayos solares espantaban”.


- A la mierda – murmuró -, como tú no tienes que tomar el subte…


El sonido del timbre indicando el fin de la jornada lo sacó de sus maldiciones mentales. Rápidamente tomó su bolso, sus materiales de estudio y, metiendo todo desordenadamente en su interior, huyó del aula. Las calles bien iluminadas ofrecían un buen camino para transitar y llegar sin problemas a casa. La delincuencia, los actos vandálicos, todo estaba de camino a ser erradicado, luego de que, tras años de deliberación, los políticos ofrecieran por fin una alternativa satisfactoria a las crecientes olas de violencia de la población humana.


Caminó rápidamente en dirección a la estación más cercana, luchando contra su cansancio. No podía permitirse perder el último tren, no traía dinero suficiente para costearse un taxi.


“Estúpido viejo” maldijo una vez más, aumentando la velocidad. Esa era su rutina de todos los jueves por la noche. Correr, maldecir, no perder el aliento. A lo lejos vio el puente que cruzaba un pequeño río cercano a la estación, pero contrario al alivio que siempre le generaba esa visión, su corazón se detuvo de golpe.


Una mujer medio colgaba de la barandilla, con la mitad del cuerpo pasado sobre ésta. Sus piernas terminadas en largos tacones se aditaban en el aire tratando de recuperar el equilibrio y tocar la tierra, sin éxito. Parecía debatirse frenéticamente para no caer al agua, batalla la cual perdió en el último instante en donde su larga figura se deslizó del otro lado, cayendo de forma inevitable.


El joven se apresuró a correr al sitio, asomándose por la baranda y buscando algún rastro de la mujer. Gritó llamándola a pesa de no conocer su nombre y ante la ausencia de respuesta, se lanzó por el borde, sin pensar mucho más. Todo había pasado en cuestión de segundos, pero ni siquiera el viento golpeándole la cara lo hizo percatarse de eso.


Su cuerpo rompió la superficie del río de forma ruidosa y desarmada, mas el frío tardó en llegar. Húmedas caricias lo envolvieron arrastrándolo bajo el puente y jalándolo al fondo del río. Sus ropas se hicieron pesadas y un ligero temor se instaló en su pecho como un susurro de su mente alarmada.


Es una pena que vayas a morir aquí… después de todo, sólo buscabas ayudar… ¿No?


Su cabeza rompió la superficie, sus brazos golpearon el agua de forma desesperada, pero de su boca ni un solo sonido escapó.


Es una pena que vayas a morir dejando de ser humano.


Luchaba como podía e intentaba gritar por ayuda, pero el miedo se había apoderado de él. Las aguas se sentían como tentáculos a su alrededor y él… era una pequeña rata a punto de ser devorada.


Una rata.


- ¡No soy una rata, soy humano! – gritó… o eso creyó, pues de su boca sólo salió un chillido agudo.


De la nada, un par de brazos emergieron, pasándose bajo sus axilas y levantándole con fuerza. Se encontró estrechado contra un cuerpo delgado, empapado como el suyo. Incapaz de voltear, empezó a debatirse por mantenerse a flote. La presencia era abrumadora y fragante, el calor de su cuerpo se contrastaba con la frialdad del agua.


- ¿Entonces eres un humano? – susurró una voz en su oído. Era total y definitivamente, la voz más seductora que hubiera escuchado alguna vez. Incluso su aliento olía de maravilla. ¿Era eso posible? - ¿Eres un humano? – repitió. El abrazo se estrechó más.


- ¡Sí! – jadeó asustado, girando un poco la cabeza.


Un par de ojos negros, dos pozos sin fondo, le devolvían la mirada. Hermosos, aterradores, eran como la profundidad de una noche eterna sin estrellas. No veía su propio reflejo en ellos, no veía nada. Sólo aquellas dos puertas a un vacío eterno que no conducían a sitio alguno. Su boca era un pequeño beso teñido de sangre, roja como la ira y de apetitosa visión. Una boca que reveló dos hileras de filosos dientes tras una sonrisa hambrienta.


- ¿Cuánto de humano quedará después de esto? – susurró nuevamente, clavando los dientes en el cuello del muchacho.


Un grito animal escapó de su boca, un grito de dolor, miedo y locura. Un grito que encerraba incredulidad y confusión, terror y deseo por caer en el abismo de esos ojos sin fondo.


Un grito que, simplemente acabó cuando el joven estudiante despertó. Luchando por soltar sus piernas de las enredadas sábanas, se llevó la mano al cuello aún embargado por el miedo.


Ahí, por supuesto, no había nada.

20 сентября 2019 г. 22:14:46 2 Отчет Добавить 2
Продолжение следует…

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RM Rose Marie Morong
Me encanta este prólogo! Es intrigante y crea ambiente, ya quiero leer lo que sigue uwu

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