La carta que jamás entregaré. Подписаться

britlley Oriana Rojas

Llega un momento en la vida en que amas a alguien y luego ese enamoramiento se esfuma. Llega un momento en la noche en donde recuerdas a ese alguien y quisiera prenderlo en llamas, sin embargo, lo único que puedes quemar de él (de forma legal) es aquella carta con lágrimas que alguna vez escribiste y jamás entregaste. Y ese momento llega ahora.


научная статья Всех возростов.

#escrito #desamor #desahogo #carta #amor #adolescentes
Короткий рассказ
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00.

Mire a mi hermana y luego a la luna a través de la ventana. Ella me miró y asintió a la espera de mi respuesta.


Mire por última vez la inocente carta en el bol metálico antes que mi hermana le prenda fuego. Respire hondo y volví a recordar lo que decía ese cursi y bobo pedazo de papel.


“Comenzare con las palabras: ME GUSTAS TÚ…


Con tu forma tan particular de hacerme reír y sonrojar al mismo tiempo. Con tu lado tierno y tu lado perverso. Así mismo me gustas. Tu pasión a los animales, la lealtad hacia tus amigos y tu forma tan extraña de sonreír. Todos esos pequeños detalles me encantan.


Cada día que paso contigo y soy testigo de las bromas que le haces a tus amigos —hasta en ocasiones me convierto en tu cómplice— y las veces en las que también me las haces a mí; cuando te me quedas viendo a propósito sabiendo que me pongo nerviosa y una sonrisa se apodera de mi sin yo quererlo.


Llevo conociéndote desde hace años y debo de admitir que en el primer momento, en el primer segundo me enamore perdidamente de ti.


Lo recuerdo perfectamente.


Era una mañana de Octubre y estaba en liceo con una amiga, yo estaba inmersa en mi teléfono y mi música a todo volumen, pero un “golpecito” provoco que me sacara los audífonos y escuchara lo que ella me tenía que decir.


— «Te quiero presentar a unos amigos.»


Al principio pensé: « ¿En serio esta tipa me golpeo solo para presentarme chicos? » Le quería devolver el golpe.


En ese tiempo no me interesaba conocer a alguien después de la mala experiencia que había tenido con mi ex, pero no tenía opción. Me agarró del brazo y durante el trayecto me había vuelto a poner mis audífonos, me soltó la mano y siguió caminando, la estaba siguiendo cuando un grito me alertó.


Estaba como a unos 6 pasos de distancia, me di la vuelta sin despegar la mirada de mi teléfono. Cuando llegue me sacó los audífonos de un jalón y empezó a nombrarlos. Todos los omití, ninguno me importaba, hasta que dijo tu nombre.


Alce la mirada y ahí estabas, sonriéndome. Estaba petrificada, me había quedado inmóvil hasta que los gritos de auxilio de mi amiga me despertaron. Estaba siendo empujada como una pelota de voleibol por aquellos brutos que hoy en día amo.


Tres días después me habías pedido mi número. Nunca nos comunicamos por teléfono. Las charlas, las bromas, todo era en persona. Nunca hubo mensaje de por medio. Más bien, estando en el mismo sitio nos escribíamos cartas y utilizabas a mi amiga como paloma mensajera. Me estabas enamorando con tus gestos tan antaño.


Luego de un año, cuando mi amiga se fue, raramente fuimos tomando más confianza. Habían comenzado las miradas coquetas, los encuentros accidentales, las charlas absurdas, los juegos de molestar al otro e inclusos los celos de parte de ambos.


Ya todos en ese estúpido liceo sabían que me gustabas, pero al parecer nadie te lo decía. Era como un secreto publico excepto para ti. Agradecí mucho esa confidencialidad.


Pero ya estaba harta de decírtelo indirectamente. Así que opte por decírtelo por medio de acción, abrazos inesperados, besos en cada lugar, reclamarte como “mío” cuando estabas con una chica, entre otras cosas. Al parecer no las captabas.


Me estaba cansando de lo ciego que eras.


Estaba en clases aburrida ya que la profesora no estaba dando clase sino corrigiendo los exámenes, una amiga me pidió que le dibujara un búho y me puse a trazarlo en mi cuaderno, cuando por fin lo conseguí, la muy… bonita, lo quería a color.


Nadie de mi salón los utilizaba y quien lo hacía, se hacia el loco y decía que no podía prestarlo—como si me los fuese a robar—. Le mostré el dibujo a la profesora para ablandar la preguntar de que si me daba permiso para salir. Me termino diciendo que sí.


Ya afuera te vi a ti y a tus amigos en una esquina hablando, me acerque a ustedes y les pedí los colores. Ellos ya sabían lo que sentí por ti. Al parecer TODO el mundo había hecho un complot contra ti para no traicionarme.


A la hora de pedírtelos a ti, lo hice de una forma distinta, a los otros simplemente les había preguntado, pero a ti te agarre de los cachete y me dijiste que no tenías—obvio te creí, ya te había revisado el bolso unas diez mil veces para cerciorarme de que no habías ocultado mis cosas, pero nunca vi ninguna cartuchera—al tu decir eso con tus cachetes apretados y tus ojos casi como el de los chinos, no sé qué pasó, sentí que alguien me había empujado desde atrás provocando que te besara, al separarme, tanto tu como las personas que estaban cerca se quedaron en shock.


Fue nuestro primer beso. Esa noche no pude dormir. Aparte que mi teléfono no dejaba de sonar por mensaje que hablaban de ese asunto.


El lunes estaba más relajada ya se me habían quitado esos nervios. Pero después de ese día todo entre nosotros cambio, los besos fueron incrementando, las bromas fueron más intensas y la confianza aumentó.


Me sentía súper contentan al saber que me querías. Claro todo lo que pasamos y los sentimientos que pensé, fueron productos de mi corazón, por no decir imaginación.


Me habías mandado a la famosa y horrorosa friendzone.


Cuando por fin decidí decírtelo por mí misma, tu respuesta fue basado en cuatros 4 palabras.


«Me gustas como amiga.»


En ese momento supe por qué a una persona a quien amas le llamas “Crush”. Es porque ese es el mismo sonido que hace tu corazón cuando te enteras de que no es un amor correspondido.”


Si alguna vez escucharon la verdadera historia de la Sirenita, donde ella al cambiar sus aletas por piernas lo único que sentía era que estaba caminando sobre cuchillos por el amor de su vida. Pues más o menos así me sentía yo.


Mi hermana rascó la cabeza del fosforo y lo tiro en el bol. Entonces poco a poco la carta se quemó y la habitación se ilumino; y mis sentimientos, al igual que el fuego, se apagaron.

13 сентября 2019 г. 1:35:30 0 Отчет Добавить 0
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Об авторе

Oriana Rojas Cuando creo una historia me gusta redactarla lo más posible la sinopsis (o introducción) para que sea lo menos abrumadora. Y me siento rara después de tanto tiempo escribiendo y borrando palabras que al final no servirán, así que preferí dejarlas tal y como están publicándolas exclusivamente aquí.

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