Una vida basada en la adrenalida, lujuria y fortuna Подписаться

misswriterzk Carolina Fernández López

Bridget y Cala, una vampiresa y una licántropa, respectivamente, han encontrado la forma de liberar tensiones y no enloquecer durante las noches de luna llena o nueva. Auténticas aliadas de la humanidad en los momentos más difíciles, se perdían la una en la otra desde tiempos inmemoriales. Alguien indomable que se tornaba sumiso y alguien que representaba la lujuria y la tentación... Nada bueno podía salir de esa mezcla. Pero, no solo se dedicaban al maravilloso arte de dar y recibir placer. Amaban ganar dinero con formas poco legales, para hacer algo de provecho con esa fortuna. Vencedoras de carreras ilegales, campeonas en peleas clandestinas, trabajos dentro de todo tipo de mafias, espionaje internacional, infiltración en gobiernos enemigos... Se venden al mejor postor para hacer que el mundo sea un lugar mejor [Lemon] [+18] [BDSM] [Yuri/Lésbico] [Sobrenatural]


Эротика 18+.

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Capítulo 1: Noches de luna llena

En un clima belicoso entre las criaturas de la noche y los humanos, las únicas supervivientes de las razas de monstruos más poderosos que estaban en el lado humano fueron perdiéndose la una en la otra.

La vampiresa de sangre pura, Bridget, y la licántropa alfa, Cala, se alimentaron la una de la otra. Se nutrían de las experiencias y sentimientos de la otra, se desquitaban, se dejaban llorar y olvidaban todo lo que había enfrentado a sus razas durante siglos, la hegemonía del poder.

El tiempo pasó y el medievo quedó alejado, todo parecía haber vuelto a la normalidad y los pocos supervivientes de aquella guerra celestial y sobrenatural, vivían camuflados en pleno S. XXI. Con el paso del tiempo y la debilitación del resto de criaturas, ambas mujeres fueron absorbiendo poderes de otros monstruos para liberarlos y permitirles el descanso absoluto.

Bridget se hizo con poderes demoníacos y angelicales, convirtiéndose en un vampiro y ángel oscuro. Detentó el pecado capital de la lujuria, la belleza, el ingenio y la sabiduría. Su cabello se tornó plata y negro y sus ojos eran de color púrpura profundo, cercano al rojo, típico de los demonios y vampiros. Era una joven alta, de piel pálida y un cuerpo exótico, trabajado y exuberante.

Cala obtuvo poderes de brujas y sirenas, siendo capaz de hechizar a cualquiera con un simple canto o mirada. Era una mujer de cabellos plateados, un ojo dorado y otro celeste; algo más pequeña y delgada, pero no por ello, menos fuerte y resistente.

La vampiresa tenía varios tatuajes que actuaban como sello de sus poderes, unas alas de ángel que ocupaban toda su espalda y que sellaban sus alas negras y un pentáculo en su mano izquierda, cubierto por una venda o guante. La licántropa, solo llevaba un tribal de un lobo aullando a la luna en la espalda.

Era una noche de luna llena en la que esos monstruos satisfacían sus más oscuras y animales necesidades durante una sesión de sexo intensa, sucia y retorcida. Bridget bebería de Cala y Cala sería amaestrada.

En aquella enorme habitación, eran visibles dos figuras iluminadas por la luz de la luna y la luz dorada que provenía del fuego de la chimenea. La peliplata se encontraba tumbada sobre la cama en una posición de total sumisión, mientras que la vampiresa la contemplaba totalmente extasiada. Aquella chica indomable se descontrolaba hasta el punto de necesitar que la calmara con sus poderes.

—Cala, creo que no puedo contenerme por más tiempo… —suspiró totalmente excitada y con mucha dificultad.

—No te contengas, hazme sangrar. Quiero que me hagas daño y que me lleves a tocar el cielo con la punta de mis dedos. —Sus palabras solo produjeron que la diablesa se acercara, después de haber abierto el armario de los juegos prohibidos.

Vendó sus ojos con un antifaz de seda, aprisionó sus manos al cabecero de la cama con unas esposas de cuero y la diversión comenzó. Se aproximó con movimientos depredadores, tomando sus labios con anhelo y pasión, para alejarse como si nada hubiera pasado. Estaban jugando al juego de las escondidas, quería que ella la buscara, que se volviera loca por ella.

Era un ángel oscuro, una diablesa y una vampiresa, podría provocar todo lo que quisiera con sus poderes, pero prefería entrar en la materia del placer prohibido, de la lujuria que la caracterizaba y de la necesidad que sentía de querer el cuerpo de su amante junto al suyo.

Recorrió su cuerpo vestido con lencería de encaje con su mirada apasionada e intensa, tragando saliva debido a la excitación, acompañando a su mirada de las caricias con sus uñas largas que conseguían robar suspiros y jadeos. Clavó sus uñas en su espalda y mordió su cuello, haciendo que arqueara todo su cuerpo, inundándose del dulce sabor de su sangre e inundándola con la contradicción del placer que le producía tal dolor.

Se apartó de su cuello con lentitud, besándola aún con restos de sangre para compartir su sabor adictivo y aumentando esa sensación con su lengua traviesa que no dejaba de explorar la boca ajena y de bailar, buscando nuevos puntos y ángulos con los que hacer gozar.

Descendió con tortuosidad, lamiendo su piel de luna y acariciando sus senos sobre encaje, masajeando y pellizcando, utilizando su lengua de nuevo para hacerla temblar. Levantó su cabeza y vio la expresión de auténtica necesidad que tenía su acompañante, lo cual hizo que se dibujara una de orgullo y malicia en su rostro.

Se saltó la barrera de esa prenda con descaro, llevando sus manos heladas a palpar sus senos y disfrutar de la exquisita sensación en la que el hielo de su piel la haría arder. Sus botones estaban duros debido a las caricias y a la temperatura del cuerpo que se presionaba contra ella.

Comenzó con una senda de besos húmedos que llevaban hasta su intimidad, jugando con su aliento cálido que lograba erizar hasta el último poro de la piel de Cala. Ella parecía estar totalmente metida en el juego, no le molestaba estar sujeta y carecer del sentido de la vista, gracias a ello, las sensaciones eran aún más intensas.

Cuando Bridget rio contra su oído con sensualidad, al mismo tiempo que mordía su lóbulo y la despojaba del sujetador, no pudo evitar jadear su nombre. Estaba acalorada y el calor que comenzaba a crecer en su interior no se calmaba con tanta facilidad, solo la vampiresa podía apagar el fuego que ella misma estaba provocando con cada acción.

Decidió alejarse para regresar con algo más estimulante, haciendo que el anhelo creciera en su interior. Bridget era totalmente delicada a la hora de moverse, casi podría jurar que estaba levitando para evitar que supiera por dónde se encontraba. Tomó una fusta, un látigo, pinzas para pezones, esposas para tobillos y aceite de coco. Esposó sus tobillos y el auténtico show comenzó.

La sumisa tembló de pies a cabeza cuando sintió el toque suave y múltiple del látigo recorriendo su vientre y senos, azotando en ellos para aumentar las sensaciones contradictorias. Las numerosas terminaciones del látigo percutieron en sus senos, abdomen, intimidad, hombros y cuello; cada vez más fuerte, eliminando el umbral del dolor y dejando solo hueco para la locura y el desenfreno.

—¿Subimos el nivel, pequeña? —ronroneó con erotismo, lamiendo su oído y volviendo a golpearla con aquel elemento de tortura.

La joven peliplata tragó saliva con dificultad, dado al placer, la proximidad y su imaginación descabellada. No había forma de negarse a esa propuesta, ella quería sentirse humillada y liberada esa noche.

—No tienes que preguntarlo, haz lo que desees conmigo y mi cuerpo esta noche. Sabes que te deseo…

Le dio el honor de robarle un beso, antes de acercar algo que la haría convulsionar de placer. Esos elementos metálicos que acabarían presionando sus botones sensibles y rosados estaban a punto de ser colocados. Contuvo la respiración, esperando a sentir aquella oleada de dolor acompañado de placer que no se hizo esperar demasiado, gimiendo animalmente y clavando sus uñas en la espalda de Bridget.

Su risa perversa tapó los jadeos de su amante, le encantaba sentir esa sensación de superioridad, sentirse especial… ser la única dueña de su cuerpo. Empezó a derramar el aceite de coco por su piel suave, que era bastante placentero al estar caliente gracias al fuego de la chimenea. Sus manos suaves y expertas se dedicaron a darle un masaje difícil de olvidar, desde su cuello y hombros cargados, a sus senos torturados y presionados o su abdomen en tensión.

Su lengua y dientes acompañaban a sus dedos hábiles, despertando cada vez más la bestia de su interior. Todo su cuerpo temblaba como un flan y ella pretendía devorarlo poco a poco, disfrutando de todo el tiempo del mundo para hacer que se volviera loca por ella.

Alcanzó el hielo que había sido dejado cerca estratégicamente, para introducir un cubito medio derretido en su boca y recorrer sus labios, besándola con él, descendiendo por su cuello, describiendo círculos en sus aureolas, dejándolo en su ombligo y recorriendo, esta vez, su cuerpo con la fusta de piel sintética. El material duro pero suave, propiciaba unos golpes dolorosos y aterciopelados.

Pasó por sus labios y su cuello, golpeando en las pinzas que mantenían su excitación por las nubes, siguiendo en su abdomen y terminando con un golpe más seco en su intimidad sobre la ropa interior como un adelanto de lo que le esperaba.

—¡Bridget! ¡Joder! —gritó, perdiendo casi la poca cordura que le quedaba en ese estado y gimiendo al sentir como sus dedos se introducían en su boca, comenzando a lamerlos con lujuria.

—Shhhhh, no seas impaciente. Debes aguantar si quieres tu recompensa… —ordenó en un susurro travieso, colocando algunos mechones de su cabello que habían quedado pegados a su rostro debido al sudor que cubría su cuerpo.

Jamás se hartaría de contemplarla en ese estado. La chimenea y la luz de la luna producían que su belleza irreal aumentara aún más, el dorado le daba un aspecto atemporal, místico; mientras que la pálida luz de luna le aportaba fragilidad y docilidad. Desde su posición podía ver como sus pechos subían y bajaban con su ritmo cardíaco agitado, como su abdomen se tensionaba o relajaba y como sus piernas temblaban anhelantes.

Una de las velas que decoraba la habitación también fue usada como juguete, derramando su cera candente sobre la piel delicada, haciendo que gritara de dolor y placer, que se retorciera, que olvidara completamente lo que estaba bien o mal. En esos momentos solo deseaba que su vampiresa la mordiera con fuerza, que hundiera sus colmillos en su piel, que succionara su sangre y la arañara hasta hacer herida. No le importaba nada, se curaría en poco tiempo.

Algo en ella conseguía volverla loca, no sabía si era algo particular o si era todo en sí. Era demasiado confuso saber que la deseaba como nada más en el mundo y no tener palabras para expresar cuanto la amaba. Quería sentir como su penitencia aumentaba llevándola a otro tipo de realidad.

La cera dejaría quemaduras en los lugares que habían sido recorridos con hielo, otro hielo inmovilizaría y quemaría su cuerpo, el látigo la hostigaría y la fusta le dejaría marca. La deseaba, la necesitaba…

Sin decir una palabra, la liberó de las esposas y la volteó, haciendo que sus senos que eran torturados por las pinzas, quedaran presionados sobre el colchón y recibieran una estimulación más intensa. Su cadera estaba alzada y ella podría hacer todo lo que deseara con su cuerpo. Volvió a esposarla después de haberla despojado de su tanga de encaje negro.

—Parece que alguien necesita que le enseñen a ser paciente —habló, introduciendo dos de sus dedos en su intimidad y sacándolos, seguidos de un hilo de fluidos que limpió con su boca.

Se arrodilló hasta quedar a la altura de sus pies para acariciarlos y lamerlos, sabiendo que eran unas de sus partes más sensibles. Cala mordió su labio hasta sangrar para evitar gemir y el olor a sangre fresca excitó a la vampiresa, quien la besó, curando su herida y bebiendo de su néctar divino.

Tras haber arañado todas sus piernas con la fuerza suficiente, las azotó con sus manos desnudas, deleitándose de la forma en la que su cuerpo reaccionaba como la gasolina y se agitaba.

—Ups, qué descuido por mi parte… —susurró, dejando que el vino que estaba bebiendo se derramara en la espalda de la chica esposada— Supongo que tendré que limpiarlo…

Su lengua siguió las sendas que tomaban las gotas de aquel líquido frutal de olor embriagante y textura única. Sentir su lengua recorriendo la piel sensible de su espalda era algo indescriptible. Sus uñas penetraron esa fina piel sin piedad y de forma vertical con tortuosidad hasta llegar a sus glúteos.

El olor a sangre inundaba la habitación, el sudor cubría sus cuerpos y la iluminación creaba unos juegos de sombras en sus cuerpos que las hacían ver como auténticas diosas de la sensualidad y el pecado. Ellas eran el pecado encarnado, los siete pecados capitales se reunían en ellas dos durante aquellas noches.

Bridget introdujo dos de sus dedos en la intimidad desbordante de la licántropa, yendo directamente a su punto G para estimularlo tal y como le gustaba, describiendo los mismos movimientos que si intentara llamar a alguien y alterando las direcciones, al mismo tiempo que era brusca y rápida. El pulgar se dedicaba a torturar su clítoris en todas las formas posibles y, con su lengua exploraba desde su espalda a los talones, besándola de vez en cuando para ahogar sus gemidos desesperados en su garganta.

Cada vez que su nombre era gemido o rogado, sentía que no podía parar, quería permanecer así el resto de la eternidad, proporcionándole placer, volviéndola loca y compartiendo un mismo lecho. Ella estaba tan próxima al orgasmo que sus paredes ya comenzaban a aferrarse con intensidad, por lo que decidió seguir igual, aumentando quizá su intensidad y quitando las pinzas en el momento exacto.

Primero la derecha, haciendo que gruñera de forma animal y se corriera bastante; para que después de otra buena estimulación seguida, sin darle descanso ni respiro, quitara la otra y volviera a llevarla al cielo.

20 июня 2019 г. 14:29:52 0 Отчет Добавить 0
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