El Sueño Sin Fin Подписаться

tomasingm Tomas Molina

Todo comienza cuando Sofía despierta esa noche; parecía ser como cualquier otra pero una vez que descubra quien la visita entenderá que sus días cambiaran por completo. La fantasía no es una una forma de evadirse de la realidad, sino un modo mas agradable de acercarse a ella. -Michael Ende


Детская литература Всех возростов.

#cuento #fantasia #infantil #amor #oneshot #amistad #imaginacion #niñez #crecimiento #madurez #animo
Короткий рассказ
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Sueño

Cerrando un librito delgado con una muchachita de capa roja en la portada, salía del cuarto la madre después de haber leído el cuento, haberse despedido de su hija con un beso y haberla arropado hasta el cuello pues la noche estaba fría; apagó la luz y se marchó de la habitación dejando la puerta entre abierta para que entrara un poco la luz del pasillo.


De pronto se encontraba sentada en la cama. Recordaba cada escena que había soñado claramente, era como si de verdad hubiese pasado. Eran las 3:00 am cuando logró abrir los ojos ante la espesa oscuridad, el perro ladraba insistentemente en el piso de abajo y la brisa sonaba en cada ventana como un fantasma que amenazaba con allanar la casa, al despertarse su corazón latía rápidamente y podía sentir el palpitar en todo su cuerpo, era un frió helado que la mantenía dentro de sus cobijas de animalitos.


Sus ojos se agrandaron cada vez más, tenía miedo de colocar sus pies sobre el piso helado, era de cerámica y no había duda que a esas horas de la noche estaría gélido y no dudaría en compartir su baja temperatura con sus pies. Sabía que le pasaría de nuevo. El tic-tac del reloj cucú de la sala y la brisa fantasmal eran los cantores de aquella lúgubre noche junto con algunas intervenciones que hacia el perro con su estridente ladrido. Paso a paso se fue acercando a la habitación sospechosa, no sin antes ponerse sus pantuflas de conejo; cada segundo se hacía eterno y respirar solo por la nariz se volvía más y más difícil.


A pocos centímetros sentía la presencia de alguien al otro lado de la puerta, una pequeña luz que entraba por la rendija se posaba en su rostro. Con la oreja pegada a la madera de la puerta lograba oír su respiración, no podía estar a mucha distancia de ahí. Sin pensarlo abrió la puerta con los ojos fuertemente cerrados esperando cualquier cosa, con sumo misterio los fue abriendo poco a poco, estaba allí. No podía dejar de asombrarse, era algo que nunca imaginó. Tal cual como lo describía en sus sueños se cumplió; se materializó lo que tanto había soñado. Era una felicidad esperada por muchos años. Era su deseo hecho realidad. Aquel que vivía en su mente ya era carne.


Sofía se alegró tanto al verlo, su mirada cambio por completo al reconocerlo y trataba de contenerse para no pegar un grito de emoción. Recordó todas las noches que jugaban en sus sueños, siempre juntos y jugando a las mismas horas de la siesta y de irse a la cama por las noches. Ese pilluelo de unos 40 centímetros de estatura llamado por ella Bartolome que de cariño le decía Barto estaba ahí, la veía con el mismo asombro que Sofía tenia, corrieron ambos en dirección hacia el otro y se recibieron en un gran abrazo.


Barto cambio un poco al hacerse hombrecito. Es decir, en los sueños eran tan solo una lombriz de lo frágil y delgado, claro en el mundo de los sueños no pasaban las cosas del mismo modo que al estar despierto; como aquella vez que viajaron juntos a la luna a comer queso con las arepitas fritas que les había preparado su madre para la merienda y había olvidado en su lonchera, o aquella vez que ganando la competencia mundial de nado en el río "peces saltarines" Sofía había mojado la cama.


Sofia muchas veces no podía jugar bruscamente con el porque se desvanecía. Mientras que ahora es un poco gordito. Su camisa gris le queda muy pequeñita que hasta el ombligo se le ve, sus medias son rojas con naranja, zapatos blancos y shorts verdes. ¡Barbara combinación! Aunque Barto decía que siempre era mejor tener un color extra en la ropa para combinar con Sofía porque nunca sabía que ropa estaría usando.


En fin, ya estaba en la casa de Sofía con ganas de aventurarse y conocer este nuevo mundo, ya le había mostrado cada rincón del suyo a su querida amiga y venia por un tour igual en el mundo de ella.


Las primeras semanas pasaron sin pausa, jugaban sin parar saltándose la hora de la siesta y durmiéndose mucho después del cuento de todas la noches, después de todo no sabían que tan larga seria la visita de Barto. Jugaban en la sala formando un alboroto que hasta Copito el perro se unía a la diversión; El padre de Sofía trabaja todos los días excepto los fines de semana y la madre la cuidaba y escuchaba reir a toda hora.


Todos los días, después de que Sofía llegaba de la escuela salían a pasear. El por ser tan diminuto se escondía en su bolso "Blue" morado y estaba a sus anchas a dentro; luego sin que nadie viera lo sacaba y comenzaban a divertirse. A pesar de esto Sofía no dejaba de Soñar con su mundo imaginario; esto le daba más vigor y energías a Barto haciendo que su camisita le quedara más apretadita. Así podía estar más tiempo con ella porque lo pensaba y lo creía.


Sofía cada día desbordaba su imaginación y con cada juego se creaba un mundo nuevo sin irse a la cama, lucharon con Inmensos dragones que sobrepasaban la altura de los castillos para salvar al cachorro de la princesa, cruzaron incontables veces el rio de "peztrucha" en la sala de su casa con todos los cojines de los muebles en el suelo, una vez incluso subieron al espacio en el cohete "escalera voladora" para encontrar el perfume de mamá y en una ocasión jugaron con los padres de Sofía a los espías sin compartir información del vencedor porque era confidencial.


Sin embargo al pasar los años Sofía fue creciendo. Tenía muchos compromisos, en el colegio de lunes a viernes; natación por las tardes y danza los fines de semana, sus materias y amigos la mantenían todo el día ocupada. Al dormir solo pensaba en despertar para terminar sus pendientes; Barto ya no estaba en su mente. Sin darse cuenta su cómplice se había ido, se había marchado de su memoria.


El día de su graduación a Sofía le hicieron una pregunta frente todos las personas que habían asistido.


—¿Qué es lo que más recuerdas de tu niñez Sofía? — la pregunta la dejo inmóvil, no sabía que responder.


Aquella niña no lograba evocar sus recuerdos al presente, nada se le venía a la mente. No podía recordar nada. Su memoria estaba en blanco.


En ese momento se quedó muda sin pronunciar ninguna palabra.


—Em-em-no-no se— dijo y de inmediato salió corriendo horrorizada y perdiéndose de vista porque no recordaba su infancia.


Llego a su casa y se encerró en su habitación, lo único que hacía era llorar y llorar; cada lágrima jugueteaba en su rostro y corrían por sus mejillas hasta terminar absorbidas por las amortiguadoras almohadas.


Al inundar su cuarto con las lágrimas le paso a su lado un hombrecillo en un bote que remando con fuerza le dijo.


—Sofía, sube. De tanto llorar nos inundaste. — Dijo el hombrecillo mostrando con su brazo un mundo completamente diferente al de su habitación, la cama era la misma y la cobija de animalitos estaba doblada a los pies de la cama como solía estarlo. Ahora veía que los peluches que estaban a su alrededor se encaramaban en los muebles, mesas y sillas para mantener su esponjoso relleno igual de seco que siempre. —Pero lo que me trajo hasta aquí fue tu corriente de pensamientos, creí que nunca más pensarías en mi—.


—¿Barto? Dijo Sofía sorprendida al verlo mientras estrujaba sus ojos para ver mejor.


—Sí, soy yo. El único Barto. —


—¿D-do-dónde estamos? —


—Tuve que traerte a este mundo para que nunca más dejes de creer en tus sueños, mira... aquí todo es fantasía, alegría y felicidad— dijo sonriendo.— Cuando regreses a tu mundo recuerda siempre esto para que te no te vuelvas a sentir sola, seas feliz y te vaya bien porque si no hay fantasía no se puede ser feliz.

Inmediatamente los recuerdos de su niñez comenzaban a regresar a su mente, despertó de un largo sueño cantando sin cesar.


Nunca olvidó aquel encuentro con Barto. Aunque ya no la acompañaba sus fantasías se pintaban en el rostro de las persona, en sus proyecto y en su familia, hasta en su perrito Copito cuando ladraba sin razón; sin dejar de lado aquella capacidad de crear cosas nuevas que había puesto en práctica tantas veces cuando era niña.


Desde ese momento Sofía cambió, no hacía nada sin agregarle un poco de fantasía, a veces se preguntaba qué haría Barto y luego continuaba con sus tareas siguiendo su propio consejo; había aprendido el poder de la imaginación y nunca más lo iba a desaprovechar.


Así pasaron los años poco a poco. Sofía un día caminando por el parque contemplando el paisaje con su bebe en brazos y esposo de la mano observo algo que le llamó la atención. Poco a poco se fue acercando al lago hasta que vio una gran luz que brillaba. De pronto quedo atónita, era aquel Barto como siempre sorprendiéndola. Allí en el lago estaba el con su misma ropita, sus 40 centímetros de estatura y su ombligo al aire, la miro sonriendo y guiñándole un ojo a su bebito comprendió la escena. Ahora había llegado su turno.


Moraleja: Cada fuente de Inspiración y fantasía será la estructura de una felicidad duradera.

27 мая 2019 г. 22:20:19 0 Отчет Добавить 1
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