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La invasión

El pequeño Ernesto con su frente amplia y de liso cabello rubio estaba obnubilado mirando una nube negra que parecía un racimo de uvas servido en un plato. Suspendida entre el cielo y la tierra los rayos del sol la iluminaban, se veía con toda claridad, contrastaba con las olas de nubes blancas que parecían formarse arriba y abajo de ella. Se llevó su pequeña mano al mentón y pensó unos momentos.

―¡Mamá, mamá!, ¡rápido, huyamos de aquí!, ¡Los estratorreastros con sus naves de plata nos van a matar!

―Hijo, hijo querido de que hablas… estrato… no será extraterrestres, no veo ninguno por aquí ―rió―, ¿cuáles naves de plata?

Los grandes ojos verdes agua del niño miraron a su madre con desconcierto.

―Mamá agáchate un poco. ―La madre agachó la cabeza. El niño la tomó con sus rubicundas manos y se la giró hacia el cielo donde se encontraba la nube extraña.

―¡Ves, mamá, allá están..! es la ¡nave madriza! Y tiene los platos voladores, o sea esas cosas redondas como canicas voladoras que tiene pegadas...

―Nave... nodriza. ―Le dio un beso en su pequeña nariz.

―Bueno eso, pero mami vamos corramos…

―Hijo lindo, hermoso y precioso ―rió―. Esas son solo formaciones como globos que tiene la nube, sí es rara es un poco triangular… pero mira ya se disipa ahora no esta oscura… está blanca.

―¡Mamá, mis ojos…! ¡nos van a reintegrar…!

Rayos blancos que fulguraban como la verdad en medio de la ignominia se desprendieron del nimbo en forma de estrella que alcanzó todos los rincones del firmamento. La luz cegaba a todo aquel que mirase, el calor repentino calentó la piel de la madre y el niño.

―¡No puedo ver! ―exclamó la madre, que llevó al niño a su regazo y lo ocultó con su cuerpo.

―Mamá te dije que corriéramos ―lloraba el niño―, mami, mami linda no te quiero perder ―movía la cabeza contra su pecho.

―La mamá besaba la frente del chaval y enjugaba su lágrimas con la mano…

―Hijo, ―descubrió al niño― ya ha pasado todo... la nube estaba tapando el sol y como se esfumó de repente sentimos su calor. Parece que tienes demasiada imaginación ―lo abrazó y le dio un fuerte beso en la mejilla―. Ah y tienes razón en vez de desintegrados estamos reintegrados ―rió

Se le arrebolaron los mofletes al chiquillo y rió junto a su madre.

21 мая 2019 г. 5:15:00 3 Отчет Добавить Подписаться
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Flavia M. Flavia M.
¡Me gustó mucho la historia y los finales alternativos!
~

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