Короткий рассказ
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Imperfecto

A pesar de que vivimos en el mismo planeta, cada quien vive en su propio mundo.


El destino es muy sabio, pues siempre te pone en el lugar correcto y en el momento indicado.


En alguna parte de la ciudad.


— ¡Vete de aquí!, asqueroso indio — dijo groseramente una señora que vestía elegantemente.

Lay un joven de origen náhuatl quien tan solo estaba buscando trabajo para poder pagar el tratamiento de su madre, se alejó humildemente de ese lugar.

Mientras tanto en la residencia de la familia Clark.


— ¡Eres una vergüenza para la familia! — dijo con recelo él señor clark.

— ¡Solo eres un estorbo para nosotros! — replicó la señora Clark.

— ¡Lárgate de esta casa! de ahora en adelante estas muerto para nosotros — dijo cruelmente él señor Clark.


Adam quien estaba conteniendo sus lágrimas para no parecer débil ante ellos, salió corriendo de esa horrible casa a la cual ni siquiera podía llamar hogar.

Corrió lo más que pudo hasta que sus pulmones se quedaron sin oxigeno y despues se desmayo.


Después de eso.


Lay se encontraba en él hospital visitando a su convaleciente madre, cuando la enfermera apareció informando que tenía que pagar las facturas que se habían acumulado o de otra manera su madre no recibirá más él tratamiento. Abrumado por todos los problemas que tenía, subió a la azotea del hospital para despejarse un poco, fue ahí donde vio una escena que no esperaba.


Adam quien había despertado en una cama de hospital, subió al ascensor hasta él último piso llegando a la azotea y se paró firmemente en el borde del edificio, estaba decidido a terminar con su vida, porque que más daba, no tenía a nadie que se preocupara por él, nadie lo extrañaría, es mas seria todo lo contrario.


Cuando estaba dispuesto a saltar, alguien lo detuvo y lo arrastró hasta atrás.


— ¿¡Qué demonios te pasa!?, ¿estas loco? — dijo aquel chico de piel morena que miraba con enojo a Adam.

— ¡No te metas!, ¡suéltame!, ¡solo quiero morir! — exclamó Adam mientras forcejeaba con Lay.

Lay le dio un puñetazo a Adam quien cayó al suelo.

— ¡Hay mucha gente que desea vivir y no pueden! ¡no desperdicies tu vida de esta manera!

— ¡Tu que vas a saber!.

— Exacto, no se nada, pero puedes contarme.

— Ni siquiera te conozco.

— Eso es lo bueno, no te juzgare.


Adam se preguntaba si de verdad podía confiar en él chico que tenía frente a sus ojos, hace mucho que él había dejado de creer en las personas porque siempre lo defraudaron, pero algo dentro de él le dice que esta vez sería diferente — y así sería — por lo que le dio su confianza y le contó la razón por la que él había tomado esa horrible decisión.


El tiempo se fue muy rápido pues cuando se dieron cuenta ya se podían ver las estrellas y el frío ya se hacía presente, ambos chicos ingresaron al edificio. Cuando Adam terminó de contar su vida Y se dio cuenta de que no importa a que clase social pertenezcan, todos tienen dificultades y el dinero no soluciona todo.


Con el paso del tiempo ambos chicos se volvieron muy cercanos, hacían una combinación perfecta, un día Adam se dio cuenta de la inteligencia que Lay poseía.


— Lay, ¿Tú resolviste estos ejercicios? — Preguntó Adam.

Lay quien estaba del otro lado de la mesa observando todo lo que Adam hacía solo movió la cabeza en forma afirmativa.

— ¿Como lo hiciste?, son los más difíciles.

— Solo segui las instrucciones que vienen ahí.

— ¿Sabes leer?.

— Oye no me ofendas, termine la primaria, pero no pude terminar la secundaria porque tuve que empezar a trabajar.

— ¿Quieres aprender?.

— Claro que sí, pero no tengo tiempo para eso tengo que trabajar.


Adam no dijo nada mas y siguio con lo que estaba haciendo, todos los días los dos jóvenes se veían en el parque a la misma hora. Ese día Adam llegó con un contrato.

— ¿Qué es eso?.

— Un contrato, para ti.

— ¿Para mi?.

— Quiero que seas mi maestro de vida.

— ¿Que ridiculeces estas diciendo Adam?.

— Hablo enserio, quiero que me enseñes tu mundo.


Lay se quedo pensado, pues lo que Adam le estaba diciendo sonaba tonto. Por otro lado Adam se dio cuenta de que Lay no aceptaría, así que uso su as bajo la manga.


— Mira — dijo Adam mientras le mostraba un as a Lay.

— ¿Qué haces con esa carta?.

— Es un As, así que tienes que asumir tu responsabilidad por no dejarme morir.

— Adam, tengo que trabajar, no puedo andar por ahí contigo.

— Y quien te dijo que ser mi maestro de vida no es un trabajo, además de que te voy a pagar.


Lay término aceptado y por capricho de Adam se terminó mudando a su gigantesca casa. Él abuelo de Adam le dejó toda su herencia, por lo que Adam era millonario, esa es una de las razones por la que su propia familia lo odia.


Los meses pasaron, tal y como era su tarea Lay le enseñó a Adam él mundo donde vivía, Adam se sintió muy conmovido, Adam sabía que no se podria quedar mucho tiempo y decidió hacer algo bueno con su dinero y las empresas que poseía, invirtió una parte se su dinero para que sus empresas se volvieran ecológicas y donó otra parte a los asilos, centros comunitarios y fundaciones que ayudan a las personas con bajos recursos.


Cierto día Lay recibió la terrible noticia de que su madre había fallecido, estaba destrozado y Adam se quedó junto a él hasta que se recuperó. Pero cierto día cuando despertó y buscó a Adam lo unico que encontro fue unos papeles acompañados de una nota donde Adam se despedía de él y le decía que la mitad su fortuna ahora era suya.


Lay se soltó llorando como si no hubiera mañana alguna, pues Adam era la única persona querida que le quedaba.


— ¡Auch! ¿que te pasa? — se quejó Raziel.

— Que malo eres, pobre niño mira como esta.

— Es por él bien de los dos Haniel, sabes que pasara si ambos permanecen juntos.

— ¿Cambiaste su destino?, ¡Estas loco!.

— Solo lo cambie un poco, además él creador me dio permiso.

— ¿Por qué?.

— Porque así ellos serán felices y se podrán volver a encontrar.

— Entonces, ¿esta historia termina con un; ¨ y vivieron felices por siempre¨?.


Raziel sonrió y miró hacia él cielo que aún se conservaba su tono azul.


— Haniel, en esta vida no existe un: ¨felices por siempre¨. — dijo Raziel melancólicamente.


Ambos ángeles miraron una vez más a Lay y Haniel dijo.


— Estarás bien Tlayolotl, después de todo eres él corazón de la tierra.


Sin más los dos ángeles desplegaron sus hermosas alas y emprendieron vuelo hacia él norte.


FIN.

20 мая 2019 г. 21:39:09 4 Отчет Добавить 30
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Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
¡Muy buen cuento!

Diego E. Diego E.
buen relato !.

~