Historias de Frics 2 Подписаться

francisco-rivera1553811071 Francisco Rivera

La historia de Frics y sus andanzas por el mundo que no acostumbramos recorrer... Capítulo 2


Приключения 13+.
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Historias de Frics 1

Cierta mañana de enero de 2019, Frics se encontraba desaliñado y sin bañarse, concentrando un espeso olor corporal que rayaba en abundante náusea; su cabello, erizado más de lo acostumbrado, se mostraba grasiento y como disparado hacia el techo del cuarto, una precaria habitación de cuatro por cuatro en la que se acomodaba en base a previsiones económicas insuficientes como para disponer de un ayuno forzado, nada frugal que, incluso, muy a su pesar, tendría que alargarlo más allá de las tres de la tarde.

La madre de Frics, acotada a una costumbre arquetípica en ella, le había encargado pasar a un restaurante coreano para adquirir tisanas variadas, hojuela de cebolla, ajo y papel de arroz para rollo.

En ese encargo no habría de tomar dinero para cualquier otra cosa que no fuera lo solicitado.

Se encontraba, y de mal modo, con esa disyuntiva intempestiva, lo que daba pie a repetir durante algunos segundos un lamentable responso, a lo siguiente: -"¡Gastar o no gastar, bah!"-.

Conociendo su auto respuesta, en un indeterminado tiempo se propinaba rudos golpes de más en la cabeza, con cierre de puños rebotando sobre su testa como si esta parte, la más elevada de su cuerpo, se hubiese transformado en una superficie parcial de tambor improvisado.

Acto continuo, aminorando sus aspavientos corporales, se dispuso a tomar un baño de agua templada; cuando hubieron de transcurrir minutos más o minutos menos, se había enfundado los eternos pantalones de algodón color negro y se vestía con la camisa de "wash and wear" roja, a cuadros diminutos en fondo blanco-rojo.

Tomando su imperdible visera anaranjada, emprendía sus pasos externos al corredor donde se situaba su cuarto.

Le quedaba claro que los pasos dados desde ese lugar hasta el zaguán de la puerta se tornaría una vez en el exterior y a nivel de calle, en frágiles y medrosos.

Cada vez que salía a ese mundo exterior, por extraña asociación piadosa que no lograba dilucidar, lo llevaba a colocar las palmas de las manos sobre la superficie de la puerta metálica, como si tratara de ver y palpar en ella un "muro de lamentaciones", donde, poco a poco, la que fue en años pasados, limpia y blanca, ahora se encontraba sucia, manchada y deslavada en su color original.

En tales asociaciones recordaba el paso del tiempo de su niñez, cuando relucía a tal punto que se destacaba por encima de las demás viviendas que se ubican, aún, en la calle de Dinamarca, colonia Juárez.

Ahora él, trotando sobre las aceras recorridas se encaminaba hacia la abigarrada Avenida Insurgentes Centro.

Tomaba rumbo en dirección a la calle Madrid, disponiendo debido tiempo para recorrer las calles aledañas al sitio donde una vez se desplantara el "Hotel Hilton", convertido su antiguo perímetro en parque público.

En esa oportunidad, pasó por la verja y fachada del Museo de Cera; dirigió su mirada a las ruinas en pie de la sede de la Resistencia Española en el Exilio; luego se plantó, sin ingresar, en la entrada de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y largó de ahí hasta la calle Roma.

Sus sentimientos se agolparon al cruzar un ir y venir sobre distintas calles: de Bruselas a una parte de la calle de Versalles; desde ésta a Dinamarca y su cruce con la de Hamburgo; luego, caminando hacia la calle de Berlín y regresar hacia la lateral de Paseo de la Reforma para luego cruzar finalmente frente al edificio del Centro Cultural Universitario.

Continuó, luego de ese andar errante, dando ciertos pasos para atisbar las fotografías del Bar "Run Run" y plantarse al rodear la calle opuesta, al costado del célebre acceso al bar "La Polar".

Todo marchaba sin contratiempos y el dinero, a resguardo en la bolsa trasera del pantalón, le inquietó un poco, sintiendo por primera vez, una aguda duda que le indicaba que no debía gastarlo en otras cosas que no fueran las que su madre le había encargado...

Frics entrecerró los ojos en señal de contrariedad y rabia contenida.

Sabía de antemano que no lo invertiría en hamburguesas, gaseosas, juegos de azar o cualquier otra circunstancia.

Mientras dejaba pasar esa sensación molesta, pensaba en otras cosas, y ahora se desplazaba sin tener idea de lo que hacía u observaba, cuando fluía, ajeno a él, un ir y venir de autos, atisbando de continuo los rostros de las personas ensimismadas en sus mundos particulares o en felicidades de difícil cumplimiento cotidiano.

Al inspeccionar visualmente el sentido del flujo y del contra flujo de vehículos desplazados en direcciones diversas, cruzó con debida precaución cada calle y cada esquina advertida.

Optó por ir caminando hacia el sentido de la circulación de vehículos que se dirigían, por ejemplo, hacia Indios Verdes.

Con cierto pesar, recordaba que hacía unos minutos se alejaba de la bifurcación del metro Insurgentes, Avenida Chapultepec y Avenida Insurgentes Centro, mientras caminaba sin prisa.

Podía argumentar que se desplazaba con reserva o presentimiento de algo fuera de lo común.

La intuición persistía, no obstante, al cruzar esas calles céntricas.

En determinado momento miraba y re miraba de reojo los negocios de índole diversa, advertidos a su paso.

Sin sentirlo, Frics reparó, de momento, en una fugaz sombra que desdibujó su silueta de modo insólito.

Creyó haber visto el contorno de un incierto personaje.

Haciendo cálculos mentales, una vez que hubo recorrido entre diez o doce pasos, dejados a su punto de referencia (parque público donde estuvo el Hotel "Hilton") sintió un roce extraño a su espalda.

La percepción creció y pudo volver a sentir, sin equivocación alguna, la aproximación de...¿algo?...¿alguien?, que no pudo discernir.

Ahora, de modo inevitable, "lo que fuera o fuese", lo sentía desplazándose desde su costado izquierdo.

Tratando de establecer con qué o con quién se tendría que enfrentar, apareció de la nada un...¡inverosimil humanoide!

Esbozaba una sonrisa familiar, amplia, que desbocaba la comisura de sus labios.
Su sonrisa regresaba un eco, depositado dentro de alguna superficie cerrada pero...¡¡¡la vida común y corriente de peatones de ambos sexos, fluía de manera habitual!!!

¡Por nada del mundo volteaban a verlo, ni tan siquiera para echar alguna mirada o bien, alguna mano!

En otro instante, creyó haber percibido un clásico: ¡Puff!

De una incierta nada emergieron unas bandas multicolores.

La vista se le enturbió y pudo observar delante suyo la figura del extraño hombre regordete, cubierto con un bombín en buen estado que le cubría el rostro, calando su frente pero sin precipitarse por debajo de esta.

En un movimiento no advertido por Frics, lo tomó del brazo izquierdo y lo oprimió con gran fuerza, con debida suficiencia lo zarandeó en repetidas ocasiones.

A medida que esto ocurría, Frics intentó gritar, sin poder hacerlo; pues sin explicarlo de modo lógico, sus labios se movían a voluntad ajena, no propia de él y sí, en cambio, al unísono de lo que el excéntrico personaje dispusiera.

De súbito, sintiendo un ligero remolino que le nacía desde la planta de sus pies, una siguiente sensación de calor húmedo lo envolvió; sintió una nueva percepción que modificó sus sentidos espacial y cronológico.

Sin poder comprender si se había detenido el tiempo de su propia existencia, dejó de percibir lo irregular de la acera de concreto, en donde posaba las plantas de sus pies.

Un rumor emergente debajo del piso llegó hasta él.

De modo suave, la tierra se abrió y al unísono desaparecía el concreto.

El cambio de solidez de las calles asfaltadas se tornaron en un abrir y cerrar de ojos en tierra vegetal, irregular; sobresaliendo sobre su capa superficial los promontorios pequeños, multiplicados por efecto de los brotes de cientos de raíces nervadas que se proyectaban desde dentro y se erguían hacia afuera.

Ahora, empezaba a darse cuenta de la presencia de árboles que cerraban su vista debido al tamaño desproporcionado que estos alcanzaban ante sus ojos: según sus cálculos, por encima de los treinta metros, desde el nivel de tierra hacia arriba, en la coronación de sus copas.

Con harta evidencia, concluía que ese espacio de tierra no podía ser el de la calle Madrid.

Un silencio absoluto, pesado y secreto lo envolvió y otra fuerza extraña operó en contra.

Ya se precipitaba hacia una caída interior, en una oquedad no sondada.

Su mirada, bastante desorbitada a medida que el peso corporal de su propia naturaleza lo introducía en ese redondo y oscuro portal de inframundo, no le provocó terror; al contrario, le proporcionó, empero, una sensación de caída libre y lenta; dilatada y silente.

Con celeridad opuesta, en cambio, desaparecía la traza urbana conocida y sobresalía, en una distancia de poco menos a trescientos metros, un furioso e inevitable intercambio de colores de una especie extraña de arco iris, elaborado con tubos de neón no conectados a alguna fuente de energía eléctrica.

A medida que esa disposición multicolor aparecía a lo largo de tal calle y, a ambos lados, sobreviene una serie de secuencias deslumbradoras con predominio de haces de luces de extrema blancura.

Estas lo cegaban de manera intermitente, al punto de volver a perder el sentido de ubicuidad.

La perspectiva de las proporciones de la naturaleza recientemente brotada, que se cruzaba a su paso, aumentaba en grado superlativo un antiguo temor conservado en lo más recóndito de su inconsciente, no sólo individual sino colectivo.

Ese momento fue decisivo; ahora, y para su sorpresa, levitaba en contradicción física; luego, ascendía o descendía velozmente sin conocer la causa.

Estaba a punto de alcanzar los bordes de ese orificio por donde antes había creído que descendía.

Tras un intervalo de ascenso inesperado, ese movimiento se acrecentó, pero al mismo tiempo que así lo sentía, creyó que descendía.

Su viaje interior, iniciado desde hacía un tiempo extremadamente largo, tendría que continuarlo en medio del silencio absoluto, secreto y cómplice que lo condujo al punto fijo de su tránsito peatonal, suave, elástico y rítmico de la calle Madrid, donde su aventura apenas despuntaba...

En tal sentido, necesito externar lo siguiente: ¿Podrás acompañarnos en la travesía que se avecina...?

27 апреля 2019 г. 1:16:58 1 Отчет Добавить 3
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Francisco Rivera Francisco Rivera
"Se sabe que a partir del mes de enero de 2019, Frics, el huidizo adolescente habitante de la colonia Juárez, había desaparecido sin dejar saberse si fue por acción de secuestradores, de autoridades del orden o por extrañas fuerzas cósmicas... Hasta el momento se tienen reconstrucciones de personas que han declarado las más extravagantes versiones de su paradero. ¿Cuál de todas esas historias es la verdadera, tratándose del dueño de ese terrible olor corporal trasudado en la náusea más atómica que pudiese existir en el universo? Averiguemos todo aquello que nos lleve a establecer las líneas de investigación más presuntas o las comprobadas, inexplicadas en su tortuosa lógica... ¿Nos acompañas a investigarlo?
9 сентября 2019 г. 20:18:59
~

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