El despertar del ninja Подписаться

sterrors Steven Terrors

Raymond vive una tranquila vida en su retiro de la isla Brusseau, hasta que recibe una llamada de su amigo de la infancia Wenceslao, quien trata de retomar las riendas de su vida con su hijo, tras el falleciminento de su esposa en un trágico accidente de circulación, con el objeto de que realice una investigación paralela a la llevada a cabo por la Brigada de Homicidios y Desaparecidos, en un intento por encontrar a su desaparecido hijo Richard y a ser posible, con vida.


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Brusseau

Brusseau

En la actualidad


Cuando se apeó del vehículo, una extraña sensación lo embargó. Percibió que estaba siendo espiado por alguien y desde una posición que no acertó a identificar de inmediato. Un cosquilleo provocado por el nerviosismo y el incremento de la adrenalina, lo recorrió y se acrecentó con celeridad, cuando acechó la silueta que se plantó frente a él, a escasos dos metros. No se percató de su llegada, se desdobló como si fuera una rama desprendida del árbol contra el que se apoyaba, que lo protegía y colaboraba en la mimetización perfecta, convirtiéndolo en imperceptible e invisible al ojo humano. Era alto, aproximadamente de su estatura, quizá, un poco más, entre ciento ochenta y ciento ochenta y cinco centímetros y en extremo silencioso.

Cubría su cuerpo con una indumentaria toda negra y su rostro, del que sólo se apreciaban los ojos, permanecía cubierto con un pasa montañas; sus antebrazos, ocultos con sendos manguitos ajustados, colocados por encima del jersey de mangas largas y que mantenían invisibles el dorso de las manos. Su desasosiego se acrecentó; días atrás visualizó un documental en la televisión, acerca de las más letales artes de combate y el representante de la más efectiva y mortífera de todas vestía como aquel individuo, a quien habría podido identificar sin necesidad de ver la programación; como artista marcial conocía sobre ellos y su mortal forma de lucha.

Permaneció quieto, por primera vez en su vida se percató de su inseguridad y creyó que su grado de tercer dan de cinturón negro en el estilo de shotokan, serían insuficientes para enfrentar y frenar con éxito la amenaza que se alzaba frente a él. Jamás excepto en aquel instante temió por su vida en una confrontación consciente de su superioridad, que a cada segundo transcurrido se le antojaba más que ficticia comparada con su oponente, con toda probabilidad entrenado en el arte del ninjutsu. Si aquel hombre estaba preparado al mismo nivel que él, entonces tendría un problema y la oportunidad de medir sus conocimientos por única ocasión y tal vez, por última, con un ninja.

Respiró con profundidad y exhaló con fuerza el aire contenido por unos segundos en el interior de sus pulmones, con la esperanza de recuperar la calma interior perdida y la ilusión de salir airoso del inesperado encuentro. Lanzó su terrorífica mae-geri con su pierna derecha directa al abdomen de su adversario, a la que siguió su poderoso oi-zuki dirigido al plexo solar que, habrían bastado para derribar al más corpulento de los hombres e incluso para finiquitar su vida con el impacto del puño en el pecho. Pero nada ocurrió, sólo pateó el aire, su pierna voló sin encontrar resistencia y cuando el puñetazo finalizó su recorrido, sólo encontró el vacío.

El ninja se desplazaba a velocidad inusual en una confrontación y hasta aquel entonces desconocida para él. Advirtió la abismal superioridad y su descomunal desventaja. Sólo representaba el juguete en un caprichoso juego de niños. Giró con el máximo impulso que fue capaz de propinarse, describiendo un ángulo de ciento ochenta grados y lanzó a su oponente una mawashi-geri que precedió con la ushiro mawashi-geri, cuyo destino fue la nada.

Trató de reponerse y preparar el siguiente ataque.

No tuvo tiempo, el ninja ya se había movido abandonado la posición y el lugar que ocupaba y situado fuera de su alcance frontal.

Notó el cuerpo pasar rozando su costado y apretarse por detrás, mientras su brazo izquierdo se retorcía en la espalda y su mano se acercaba con celeridad a su cabeza hasta la altura del cuello. Un dolor indescriptible, intenso, e insoportable, recorrió su extremidad y se percató que estaba a punto de ser dislocada desde el hombro.

Quiso girar, pero permaneció inmóvil como clavado en el césped. El vano esfuerzo sólo logró avivar el inaguantable sufrimiento.

La poderosa mano apretó con fuerza su nuez de Adán desde atrás, al tiempo que un descomunal, certero y veloz golpe, en el hueco poplíteo de su pierna derecha, lo obligó a hincar la rodilla sobre la hierba húmeda, mientras continuaba siendo impulsado hacia el suelo, forzado por la inercia y la fuerza de la opresión en el cuello y la rodilla, que presionaba con violencia sobre su hombro diestro, manteniéndolo por completo inmovilizado.

Quiso conocer que estaba acaeciendo, quién era aquel tipo que le arrancaba la vida y cuál era el motivo por el qué lo hacía, anhelaba preguntarle, pero le resultó imposible emitir ni siquiera el mínimo de los gemidos y el ardor que sintió en la garganta se extendió hasta los pulmones. Buscó, en desesperado intento, la respuesta en los ojos de aquel individuo, del que nada podía apreciar a causa de su rara vestimenta.

Al fin los encontró.

Procuró con las escasas fuerzas, que aún le acompañaban, proferir su pregunta. Con la poca visión que conservaba y su sentido auditivo incapacitado, no supo si lo logró. Los labios de su contendiente se mantuvieron pegados y el silencio se le antojó eterno.

Se derrumbó, cuando fijó la borrosa mirada por última vez en los ojos del extraño personaje, que lo precipitaba a pasos agigantados de manera inexorable al final de sus días.

Eran extraños, color avellana y tenían la mirada más escalofriante que jamás conoció. No transmitían emoción ninguna, no existía sentimiento, estaban vacíos. Sólo reflejaban muerte, la que lo aguardaba con los brazos abiertos.

Raymond no esperó al desenlace, propinó un rápido giro a su diestra y la tráquea se quebró entre sus dedos consintiendo que la muerte se lo llevara.

26 апреля 2019 г. 20:26:05 0 Отчет Добавить 4
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