El Nexo - Traición Подписаться

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Andrés Lara


Parte del conjunto de Relatos de El Nexo (Ahora mismo estoy de exámenes por lo que no podre volver a escribir hasta el próximo mes) Capitulo 1 Un joven ayudante del alguacil debe volver a su antiguo hogar para cumplir una misión que le abrirá las puertas a una vida mejor. Relato en proceso, agradezco opiniones, criticas, apuntes históricos y cualquier cosa que me ayude en la realización del relato. Gracias


Фэнтези 13+.

#magia #fantasia #dioses #sigloxviii #ficcion
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Rowley no solía plantearse las órdenes, al fin y al cabo, el deber, o como él prefería llamarlo, la aplicación de justicia, era algo de lo que se veía capaz, sin embargo, la elección de cómo y sobre quién aplicarla era algo que prefería dejar en manos de otros más capaces. Por ello, el día que se le impuso la tarea de escoger el cómo, su nerviosismo por el devenir de sus actos lo tuvo en zozobra desde la primera hora del día, nerviosismo que se esfumo nada más llegar al barrio donde debía realizar su cometido. De manera instintiva, Row pudo reconocer el olor característico de una nueva remesa de pan de la Tahona Lupton. Olor que junto al ambiente marginal que se respiraba en las calles, le inundaba de recuerdos agridulces de un sitio al que hace tiempo llamó hogar, y que, para su fortuna, ya había dejado atrás.


Cuando era niño, en ese mismo horno, al acabar la jornada el panadero les daba a él y a sus amigos los picos requemados sobrantes como recompensa por no haber andado husmeando por su tienda. Calle arriba, la entrada de la Taberna Alby estaba adornada una vez más con un marinero ebrio dormitando en el suelo que, cuando finalmente despertarse, se encontraría con una jaqueca enorme y los bolsillos vacíos por culpa de algún pillo que hubiese aprovechado la oportunidad, como él hizo en su momento. Y finalmente, cuando la larga calle llego a su fin ensanchándose para dar paso a la gran plaza del barrio, una imagen desgarradora reavivo uno de los recuerdos más dolorosos que nunca pudo olvidar; una hilera de picotas en el centro de la plaza encadenaba a rateros, maleantes y algún que otro diablo que, por orden del alguacil, yacían expuestos para escarnio público, suplicando clemencia y ayuda a los transeúntes, los cuales preferían mirar a otro lado. El recuerdo de ver a amigos expuestos por sus fechorías en el pasado le hirvió la sangre, y de manera inconsciente escupió al suelo con la imagen del predecesor del alguacil Farley en mente. Un viejo mendigo apostado al lado de los detenidos, y extrañado por el acto del joven empezó a mirarle fijamente intentando descubrir el motivo por el que un guardia renegaba de su propia obra, tras una pequeña observación consiguió reconocer a Row, y cargando su mirada de rabia empezó a soltar improperios a toda voz a él y a sus compañeros.


—Asique ahora estas con Farley, ¿En eso te has convertido?¿Eh,perro? Maldito seais, tú y los tuyos por no traer más que miseria a los nuestros. —Grito el mendigo llamando la atención de todo el grupo, para acto seguido escupirle y salir corriendo por una callejuela.


Él mendigo consiguió devolverlo a la realidad, mas por sus palabras que por el propio esputo en si, que no le preocupo mucho. Al fin y al cabo, él había hecho cosas similares de niño y si hubiese seguido otra vida, seguramente sería él el que estaría huyendo en ese instante. Sin embargo, uno de sus compañeros parecía no opinar lo mismo, y obviando las órdenes del alguacil, salió disparado detrás de él, obligando a la comitiva a detenerse, haciendo que toda la calle empezara a centrase en ellos.


Normalmente, el encontrarse al alguacil acompañado por un gran grupo de hombres no significaba nada bueno para los habitantes de esa parte de Londres, pero a pesar de ello, cuando eso sucedia su trabajo solía ser sencillo ya que la gente prefería desaparecer de su vista o evitarles, antes de ser víctima de la “justicia” que solían impartir. Pero esta situación era diferente, acababan de quedarse varados en medio de una plaza en la que comerciantes, compradores, y predicadores rodeados de fieles abarrotaban el lugar. Y de entre todos estos escondidos a plena vista, los informadores de las bandas de la zona iban posando su mirada sobre ellos sin que ninguno de los hombres del alguacil se diese cuenta. Ojos llenos de inquina les analizaban de arriba abajo intentando adivinar su destino y sobretodo, si su visita les afectaba de algún modo, y poco a poco ,todos ellos empezaban a desaparecer de la plaza con el fin de informar a los miembros de sus bandas. El hecho fue casi tan imperceptible que si no hubiese sido por el aviso de Row ninguno de los otros hombres del alguacil se habría enterado.


— ¿Es que quieres que abandonemos a Thomas? —Dijo uno de sus compañeros.


—No, no se trata de eso. —La tensión era evidente, y Row intentaba evitar que lo tachasen de poca camaraderia. —Pero señor, no hemos venido aquí a detener a ancianos por escupir.


La propuesta no parecía calar en sus compañeros, pero la decisión recaía únicamente en el alguacil, que tras una breve cavilación y viendo como toda la plaza entera empezaba a detener su actividad para centrarse en ellos, decidido proseguir la marcha a pesar de las quejas y de contar con un hombre menos. Varias calles después, dejado el barrio y la plaza atrás, las calles abandonadas de la antigua zona portuaria sumieron al grupo en un silencio sepulcral que los guardias rompieron a base de cuchicheos sobre el pasado de Row como huérfano, rumores que empezaban a quemarle por dentro no por falsos, si no por inoportunos. Al fin y al cabo, sus compañeros eran gente venida del campo, acomodados que en base a su incompetencia habían quedado relegados a la guardia u otros bastardos como él, por lo que no entendía el motivo de mofa de algunos de sus compañeros. El rumor fue a más, y los chistes sobre pobres e hijos de puta pasados de tono empezaron a resonar entre los hombres, separándoles en dos grupos a favor y en contra de aquel humor, que se distanciaban mas y más con cada palabra. Finalmente uno de los chistes hizo reír a carcajadas al alguacil que ceso el paso y empezó a recrearse ante la mirada en silencio de todos sus hombres.


—Entonces…Si he entendido bien, Charles — El tono bonachón del alguacil ceso de golpe para pasar a uno bastante mal entonado — ¿Qué dices que hacen las mujeres de la zona?


Charles, que era algo más lento que el resto, intento contar el chiste de nuevo, pero un codazo le resarció— Nada señor, nada. Solo es que…


El resto de la compañía enmudeció — ¿Puedes decirme porque estamos en estos muelles?


—Porque Row quería ver a…— Charles tartamudeaba cada palabra.


—Estamos aquí porque usted lo ha ordenado señor. — Dijo uno de sus compañeros viendo el hastió que iba a provocar al alguacil.


Este, sin perder la compostura, cogió aire y se preparó para hablar con sus hombres.


—Desde hace años, el Búho, el mayor contrabandista de Londres campa a sus anchas sin que nadie le pare los pies. Unos lo han intentado sin éxito, otros simplemente evitan a esta chusma. Pero hoy no, hoy yo, el alguacil Giles Farley va a plantar cara a su infamia, y no dudare en usar todos los medios a mi disposición para ello, ya sean armas, métodos u hombres.—Todos miraron a Row —Y, debéis saber que no me supone ningún deshonor el hacerlo, pues he encontrado compañeros leales sin mirar cual era su cuna, y espero que hagáis lo mismo. De todos nosotros, nadie conoce la zona mejor que Rowley, y por ello hoy, él nos guiara en la misión de limpiar Londres e Inglaterra de la escoria que pudre a sus gentes. ¿Queda claro?


— ¡Si alguacil! – Clamaron al unisonó.


— ¿Charles, ha quedado claro? —El alguacil parecía querer cerrar el tema para lo que quedaba de día.


—Si señor.


Las palabras del alguacil surgieron efecto y los hombres volvieron a marchar como una única unidad que en silencio, y sin discutir obedecieron la ordenes de Row hasta llegar a su destino.


— ¿Seguro que es aquí? — Las dudas del alguacil eran más que justificadas, viendo que su destino no era mas que una fábrica abandonada pegada al rio.


Row asintió al alguacil, que empezó a dar órdenes a sus ayudantes para que rodearan la fábrica. —Que no se les olvide el sumidero.


—No te preocupes, si todo va según lo previsto, ni siquiera hará falta. ¿Sabes lo que has de hacer?


Row asintió de nuevo. — Esperemos que los rumores de la plaza no hayan llegado hasta aquí.


—No te preocupes, céntrate, y piensa en tu futuro, con todos los cambios que está habiendo en todos los lados están buscando a gente para las colonias, y quien sabe, si te portas bien puede que mueva algunos hilos por ti.


Esas palabras hicieron sonreír a Row, que hasta ese momento nunca había pensado que su humilde origen pudiese darle ventaja alguna frente al resto, pero por una vez así era, y no dudaría en aprovecharse de ello. Una vez sus compañeros rodearon la fábrica, se dirigió a la entrada donde tras dar el santo y seña, y un par de palabras inteligibles detras de la puerta, fue atendido.


— ¿Qué haces aquí? — Susurro una voz desde el otro lado de la puerta.


— ¿Darla?


— No puedes estar aquí, vete.


—Darla, ábreme, tengo que hablar con Emmet.


—Vete.


—Darla, la salida al rió está cubierta, no tenéis por donde salir, ábreme y todo será más fácil.


—Eres un hijo de puta Rowley Ogden, como te atreves a venir aquí tras volverte un…


— ¡Darla, Darla! Escúchame. En menos de diez minutos serán otros lo que abrirán la puerta, y créeme, no tendrán mis modales. Abre, solo necesito a Emmet, no busco a nadie más, por favor déjame entrar.


Tras un silencio al que Row no sabía si tachar como de éxito o fracaso, la puerta se abrió y acompañado por la mujer que le había abierto llego hasta una gran sala donde esta le cerró el paso, dejando ver a sus espaldas una enorme sala llena telas y biombos a modo de paredes improvisadas que separaban la sala en un montón de pequeñas habitaciones que se utilizaban como estancias para que las mujeres que allí vivían ejercieran su profesión. Darla, con los brazos cruzados, la mirada indecisa y sin dirigir palabra a Row, intentaba ver como afrontar el problema que este le acababa de plantear. Mientras, él se limito a observarla como si hiciese siglos de su ultimo encuentro, ella era pocos años mas joven que el, y seguramente podría haber pasado como una más de las chicas del lupanar si no fuese por un par de matices que la distinguían del resto, una ropa más recatada, un aspecto menos provocador y una cicatriz que desde el pomulo se fragmentaba extendiendose en muchas direcciones por todo su rostro como si de un espejo roto se tratase, conseguían enmarcarla en un rol distinto al resto de sus compañeras, que era el de la madame el lugar a pesar de su corta edad.


—Emmet es como un padre para ti. — Un tono triste inundaba las palabras de Darla. — ¿Acaso eso es lo que te importamos ahora todos nosotros?


Row miro al suelo incomodado— Si él es mi padre, tu eres mi hermana, pero si me haces escoger entre el o dejar que el alguacil queme todo el muelle buscándolo, creo que la elección se me hace más fácil. ¿Tú que habrías hecho?


— ¿Farley?Row se lo confirmo con la cabeza— Quemar el muelle…. me han hablado de muchas de las locuras que ha hecho, pero algo así no me cabe en la cabeza.


— ¿No te das cuenta de que solo intento ser justo Darla? No sabes de lo que Farley es capaz.


—Lo que ese hombre hace es perversión pura, y en la perversión nunca hay justicia, puedes preguntar a cualquiera de mis chicas. — Darla acaricio el brazo a su amigo al ver que lo que decía no hacía más que desanimarlo. —No te desanimes, si no fuese por ti y tu justicia ahora mismo ahora mismo la fábrica sería pasto de las llamas. Parece que tus fantasías de convertirte en el defensor de los débiles van a cumplirse después de todo… no podía esperar menos de Rowley el soñador —Los dos amigos se fundieron en un abrazo que los dos necesitaban desde hace mucho.


—Darla, no hay tiempo, ¿Dónde está Emmet?


La mirada de la madame se dirigió de manera instintiva hacia las escaleras revelando la ubicación que Row buscaba, y que hubiera subido sin dudarlo si no fuera porque Darla lo imposibilito. Ambos forcejearon, y ante la mirada de todas las presentes, el ayudante del alguacil acabo en el suelo.


— ¿Qué crees que haces? No puedes subir ahora.


—No es la primera vez que le veo acompañado, Darla, no voy a asustarme por lo que esté pasando ahí arriba.


— ¿Asustarte?, lo que me preocupa es que lo haga el, en que crees que va a fijarse primero ¿en tu cara o tu uniforme? —Darla tenía razón, y él lo sabía. Resignado se levantó, y aceptando las palabras de su amiga espero a que unas muchachas subieran a buscar a Emmet.


—Cuando éramos críos no eras tan burra. —Row aún se está recuperando del empujón.


— ¿Yo burra? ¿Y qué hay de ti? Si tratas así a todas las damas ninguna de mis chicas va a querer que vuelvas a visitarnos —Una carcajada surgió de ambos antes de que tcolvieran a interpretar sus papeles de ayudante de alguacil y madame.


— ¿Crees que aceptara? No sé, nadie se entrega por las buenas, y menos él. Mientras más se acerca el final de esto, más irreal me parece la idea.


—Lo hará, si tu no la convences lo haremos nosotras, créeme. Si todos esos guardias están ahí después de que caiga el sol no creo que nadie vuelva a…


— ¿A que Darla? ¿A venir a tu local? ¿Es que eso es lo único que te importa? — En lo alto de la escalera un anciano de melena cana y brillante apareció ante ellos, sus arrugas y languidez no conseguían ocultar al hombre apuesto que las portaba, mientras que su gran estatura y corpulencia, daban un carácter noble a su figura. Tras percatarse de que había ganado la atención de los jóvenes, empezó a bajar la escalera pausadamente, desvelando una imagen más desalentadora de la inicial, un porte cansado junto a un fuerte olor compuesto por especias y alcohol se hacían más perceptibles a cada paso, sin embargo, no era nada nuevo para Darla y Row, que no recordaban vez alguna en la que no desprendiera ese aroma. Sin embargo, en lo que sí se fijaron, en especial Row, fue en su atuendo, que a pesar de estar extremadamente desgastado y de quedarle demasiado apretado, era similar al que el ayudante del alguacil llevaba, haciéndolo ver como uno más de sus compañeros.


—Emmet...No, no quería decir eso. —Darla andaba algo confundida por la imagen que estaba viendo.


—Pues deberías, aunque ya sabes que, si la muerte fuese vuestra tarifa, la cola de clientes llegaría hasta las Indias. Debes cuidar de este lugar, tiene cosas únicas, y de lo más exóticas en la isla, además que, en un lugar tan alejado, uno puede venir sin preocuparse de que nadie juzgue sus…perversiones—La mirada de Emmet se quedó admirando distintos cuerpos que deambulaban por la fábrica. — Y por eso mismo, lo mejor es que me entregue y evite que estas bellezas sufran más de lo debido, o… ¿se te ocurre alguna otra opción, Rowley? —Emmet le ofreció sus manos para que lo encadenase.


— ¿Vas a entregarte, sin más? —Row, no quería creerse la facilidad con la que el anciano había aceptado. — ¿Sin trucos ni engaños? ¿Por qué?


—Soy muy mayor para esas cosas ya. ¿Es que hace falta una razón de peso? Si entregarme supone la seguridad de Darla y sus chicas, y un jugoso ascenso para ti. ¿Quién soy yo para negároslo? Además, por mucho que el alguacil lo intente, no creo que la familia Darnay deje que me retengan mucho, no aguantarían mucho sin su “cargamento” mensual. No os preocupéis por mí, yo nunca lo he hecho.


Row, que no daba crédito, decidió seguir preguntando para, de alguna manera, cerciorarse de que no le engañaba — ¿Y por qué el uniforme? ¿De dónde lo has sacado?


— ¿Crees que eres el único con uniforme que conoce la existencia de este local? Aunque sus visitas suelen ser por motivos mas... carnales. —Explico Darla


—Aun así ¿Para qué lo quieres?


— ¿Para qué va a ser? ¿Acaso crees que todos vuestros hombres van a ser capaces de llegar de una pieza hasta prisión si el Búho va con ellos y esposado? —Como ya habrás comprobado en la plaza, hay demasiada gente observando.


Row guardo silencio


—Este…. Harapo simplificara el viaje para todos, créeme.

19 апреля 2019 г. 9:45:57 0 Отчет Добавить 0
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