Redes De Una Organización Подписаться

winston_k3 Winston Keane

El protagonista confunde los sueños con los hechos reales. Se ve envuelto en una serie de pesadillas que ha vivido una y otra vez. Su rutina por obligación es digerir tranquilizantes, pues realmente cree que alguien real está acechándolo. Estar atrapado entre sueño y realidad puede ser consecuencia de un sentimiento de culpa, o tal vez sí hay alguien allí encima listo para atacar.


Саспенс Всех возростов.

#2019 #cuento #cuentoscortos #suspenso #misterio
Короткий рассказ
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I

Tiesamente, se levantó como un robot a buscar algo que en ese preciso instante su cabeza no concienciaba. El avistamiento de una sombra en el umbral de la puerta de la habitación de huéspedes lo había descolocado por completo, consumiéndose a sí mismo a causa del pavor que le había generado tal hecho. Salió a la oscuridad fingiendo valentía, con una pequeña linterna amarilla iluminando a las paredes del pasillo que acostumbraban a dibujar con suspicacia el contorno de su cuerpo.

Descendió en una nueva ocasión a la cocina, apretó el interruptor y la ampolleta con destello color blanco hizo lo suyo. Frente al lavaplatos, sostuvo un vaso, lo llenó de agua y viró en dirección hacia el mueble acoplado al muro que rechinaba cada vez que abría sus puertas en madrugadas desoladas. De allí, extrajo una tira de medicamentos, sacando un par de píldoras para digerir. La luz comenzó a parpadear, su corazón a acelerarse, ahora el caos era inminente…

Hubo siete pestañeos, ulterior a eso, una penumbra total asociada con el sonido de un cristal rompiéndose. Las plantas de sus pies por fin sintieron aquellos raspajes con líquido recubriéndolas, demostrando gusto por quedarse pegadas al suelo luego de no haber palpado nada en los últimos tiempos. El resto de sus extremidades hizo exactamente lo mismo, varándose tensamente en su lugar.

La cosa no iba tan mal, no obstante, su esencia partió derritiéndose hasta el piso. Mágicamente, estaba traspasándolo, percibiendo a dicho viaje como algo reflexivo, pacífico y terrorífico a medida que su travesía avanzaba. No existían reflejos ni materiales sólidos a los alrededores. Negros, nada más que eso, exceptuando al miedo y nerviosismo que eran los únicos acompañantes al principio del pobre hombre en aquel raro y frío espacio.

Consiguió calma por lo repetitiva que estaba siendo la aventura: caída libre sin saber a dónde ni por cuánto. Se dio la oportunidad de pensar y darle vueltas al asunto que estaba aconteciendo, manteniendo su paz sólo hasta que una silueta humana y completamente negra cayera sobre él, chocando ambos así, en superficie firme al fin.

No podía oír absolutamente nada, sólo había un pitido en su mente. Con recelo, miraba cautelosamente al cielo estrellado y a las ramas de los siniestros árboles de aquel horrible bosque que se movían muy enérgicas debido al feroz viento proveniente del oeste. Quedó inmóvil con dicha figura oscura encima un par de minutos, pudiendo inferir que se localizaba en una especie de círculo desfigurado dentro de un boscaje por la forma en que las hojas marrones y verdes tapaban su vista superior. Un fulgor de luminosidad en el horizonte le impedía ver de manera clara al ambiente en el que yacía con la compañía. Asfixiado con el peso de ella, ya no pudo resistir más, empezó a forcejear. Gritó con todas sus fuerzas y empujó hasta quitársela, quedando esta, acostada boca arriba al lado suyo. Escuchó suavemente unas percusiones de palmas, insertándole en el cerebro una letal sospecha. La curiosidad mató al gato. Tocó con sus manos el suelo y presionó varias veces para verificar su realidad: terminó ensuciándoselas con un extraño líquido. Se repugnó de la situación y dio cuesta arriba para luego correr por un oscuro sendero plagado de gigantes maderos que no dejaban rastro alguno de lo que solemos llamar cielo. En el trayecto, sus pies totalmente descalzos emitían suplicio, pidiéndole a gritos estancarse en una suave cama de algodón. Pero el avistamiento de una carretera hizo que sus súplicas fueran completamente ignoradas.

Mientras recorría consternado y a duras penas por el pavimento, lo sobrepasaron cinco autos, siendo el último, el único que paró y abrió sus puertas amablemente a fin de brindar ayuda y llevarlo a su pequeña casa pueblerina sin preguntas. Al bajar rápidamente del vehículo, presenciaba estremecimientos en todos y cada uno de los componentes de su organismo. ¡Llaves! Metió sus asquerosas manos en los bolsillos y abrió la puerta de entrada tiritando por completo. Adentro, fue hacia el lavaplatos con su latido en las mismísimas nubes; lavó sus manos con muchísimo jabón conforme observaba cómo el fluido rellenaba paulatinamente el volumen de su dimensión; se sirvió agua para tomar unas cuantas pastillas, pues la intranquilidad no daba tregua en él; rasgó toda la inmunda ropa de su cuerpo, cerrando todo acceso posible por si a otra sombra se le ocurría acecharlo; y finalmente, se puso pijama después de tomar una ducha con el propósito de dormir de manera plácida y apacible…

Posteriormente, se despertó abruptamente en una solemne oscuridad recostado en el duro piso para ver a una pequeña figura parada justo frente a sus ojos.

—¿Qué haces tirado al lado del lavaplatos? —cuestionó con su frágil y delicada voz asustada.

—Creo que es más de lo mismo, Sylvidra. Soñaba despierto nuevamente —contestó medio confundido, sin seguridad de lo que realmente acontecía en ese momento.

—Tenemos una hermosa mansión y una bonita familia, papi. Ya no hace falta extrañar al abuelo Tibaldo —ignoraba rotundamente su integridad en la organización, al igual que Lorissa—. Vamos, volvamos al cuarto de hospedaje a dormir para no despertar a mamá —estiró su brazo con desconfianza. A pesar de temerle, tuvo la intención de ayudar a su padre a pararse.

—Tienes razón, cariño. Tienes razón —se sentó sujetándole de su brazo y besó su frente conforme él acariciaba su cabello rojizo suavemente. La culpa por el calvario que sufrían ambas lo esclavizaba. Su rostro no tardó en humedecerse, transformando a la tormenta en un hermoso paisaje con un arcoíris de fondo.

Digeridos los tranquilizantes, pudo finalmente descansar con ella en el cuarto de visitas, teniendo en cuenta un inminente ataque de la Organización Quásar por su traición. Después de todo, esta vez no obedecería la orden de ejecución, en verdad amaba a su esposa y tenía pensado un plan que podría resultar más que exitoso para el bien común de su familia…

16 апреля 2019 г. 9:42:52 0 Отчет Добавить 0
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Об авторе

Winston Keane Joven chileno y so�ador limitado, que m�s bien, escribe por hobby y da el tiempo necesario a todo. Se encuentra en busca de nuevas aristas a fin de confeccionar su propia figura del futuro. La inspiraci�n para la escritura de sus textos florece de partes impensadas, surge de los m�s vagos rincones de su cabeza y/o momentos vividos por personas cercanas a su entorno. Tiene gusto por la filosof�a y el pensamiento inerino de cada ser humano, en conjunto con el pacifismo relativo que se puede lograr centrando nuestras mentes.

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