Un secreto desvelado Подписаться

jabier Javier Diaz

Una historia llena de aventura, acción y algo de fantasía, dispuesta a hacerte disfrutar...


Боевик 18+.

#fantasía #aventura #acción
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INTRODUCCIÓN

Finales de verano del 2015.

Caía la tarde en la localidad japonesa de Kamakura, Japón. Ésta se encuentra en la prefectura de Kanagawa y a unos cincuenta kilómetros al suroeste de Tokio.

Kamakura es una ciudad que se encuentra rodeada por montañas en tres direcciones y por la bahía de Sagami en la cuarta y al sur. También es famosa por sus templos y santuarios. El Templo de Kotokuin es uno de los más célebres por el Daibutsu o Gran Buda, la estatua en bronce de 13.41 m y 93 toneladas de peso del Buda Amitābha. En el siglo XV un tsunami destruyó un templo que contenía la estatua del Gran Buda de Kamakura, pero ésta sobrevivió y ha estado en la intemperie desde esa fecha, soportando terremotos y otros fenómenos meteorológicos.

En el interior del Kamakura Central Park, el corazón de oxigeno de la cercana urbe, hay un sector poco transitado y cercano al templo budista Jochi-ji, en el cual se encuentran las mansiones más exclusivas de toda la provincia.

Una de estas residencias es de estilo moderno japonés. Su diseño exterior es sobrio, elegante y en perfecto equilibrio con la naturaleza que le rodea; el interior es una mezcla de componentes tecnológicos muy modernos y otros que reúnen los cánones más puristas de la decoración oriental y zen.

Su dueño consiguió, en su día, que el mismísimo Terunobu Fujimori le construyera y diseñara la casa. Con lo cual, compatibiliza con naturalidad tecnologías a prueba de terremotos o tsunamis; diseño y materiales frugales, pero de calidad, y se adaptan a espacios abiertos y naturales.

Actualmente vive en dicha mansión su hijo Jensen. Éste es un joven enamorado de la cultura japonesa y con una disciplina y principios fuera de lo común.

Jensen Bishop lleva viviendo en el palacete japonés unos siete años, después de haber sido invitado por su amigo Shiro a vivir unos años en Japón y poder aprender varias artes marciales y japonés.

En los dos últimos años ha modificado la residencia para mejor, añadiendo un gimnasio, un dojo (lugar de meditación y práctica de las artes marciales tradicionales orientales), una piscina cubierta y un garaje subterráneo para sus coches.

Hacía un buen rato que ya era de noche y Jensen ya estaba preparado para marchar a realizar el último negocio que había apalabrado. Últimamente estaba llevando a cabo trabajos poco ortodoxos, pero que le estaban dando mucho dinero y no le importaba realizarlos.

Desde bien pequeño le gustaba el riesgo y la aventura. Él siempre había decidido por sí mismo y asimilado las consecuencias que habían venido después. Incluso había llegado a enfrentarse a sus padres por sus principios e inquietudes, aunque nunca habían llegado a mayores y siempre se habían respetado.

La aventura de esta noche era bastante arriesgada, pero él ya había estudiado todos los pros y contras de esta. La había organizado desde el momento en que el cliente se había puesto en contacto con él y ya había pasado una semana.

Vestido todo de negro, sin nada que reflectara, bajó al garaje y eligió coche. Se subió en el Jaguar F-Type SVR en un gris amonita precioso y abrió la rampa de salida. Ésta estaba oculta mediante elevadores hidráulicos, bajo el gran tatami exterior que había en el jardín.

Pegado al borde del enorme tatami, nacía un camino de adoquines lisos que llevaba hasta el portón de la gran finca. Una vez que el automóvil estuvo en el exterior, el tatami descendió ocultando de nuevo la pendiente.

Jensen fue con el deportivo hasta la puerta de la finca y salió de ella. Una vez fuera, activó el sistema de seguridad de toda la propiedad y se puso unos guantes de neopreno.

Seguidamente se dirigió hacia Atami, en la Prefectura de Shizuoka. Dicha localidad está en la costa oriental de la península de Izu y siempre ha sido famosa por sus aguas termales desde el siglo ocho D.C.

Jensen sabía que tenía un trayecto de una hora veinte minutos hasta que llegara a la población costera. Calculó que llegaría sobre las doce y media de la noche, la hora ideal para que nadie le viera llegar.

Cuando se quiso dar cuenta, comenzó a avistar las luces nocturnas de la ciudad y se adentró por el centro urbano. Cruzó toda la población y se dirigió hacia Atami Castle, una carretera cercana le llevaría hasta la urbanización de lujo a la que se dirigía.

Una vez en ella, se dirigió hacia la costa y por fin alcanzó a ver la villa con playa y embarcadero propio donde se encontraba su objetivo. Aparcó el deportivo lo más cerca que pudo y en dirección a la ciudad, ya que necesitaría salir corriendo de allí.

Salió del coche y se colgó en bandolera y a la espalda dos fundas, una era más larga que la otra y una no iba vacía. En ésta llevaba una wakizashi, un sable corto tradicional japonés, que se usó desde un principio como arma de defensa del samurái, cuando no llevaba la katana. Al ser más corta y manejable que esta segunda, es perfecta para la defensa en lugares cerrados.

Se aseguró de dejar bien cerrado el coche y se acercó hacia la villa. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le extrañó que ésta estuviera completamente a oscuras. Era evidente que así tenía que ser, ya que era de noche y todos los que allí vivían debían estar dormidos.

Pero había un sector (el de la seguridad de la propiedad), que tenía que estar iluminado y no era así, algo iba mal y no sabía qué podía ser. Jensen se preguntó si debía abortar el trabajo, pero sacudió la cabeza y se volvió a concentrar. Nunca se había echado para atrás en una operación y menos estando tan cerca del objetivo; esa noche no sería la primera vez y dudó que volviera a suceder.

Daba por hecho que alguien había desconectado el sistema de seguridad, pero dudaba si aún seguiría dentro. Se arriesgó y saltó el cercado de pilares entrelazados; una vez dentro se colocó la capucha de la chaqueta y sin hacer ningún ruido, gracias a los escarpines de suela lisa que llevaba puestos, se acercó hasta la magnífica casa tradicional japonesa.

Antes de entrar en ella, dio una vuelta completa a la residencia, buscando el punto de entrada de los que se le habían adelantado. Por fin lo encontró, éste era un ventanal corredero, el cual estaba abierto.

Se introdujo en la casa atravesándolo y se quedó estático. Antes de hacer nada, respiró profundamente sin apenas hacer ruido. A continuación, intentó sentir cualquier tipo de vibración o movimiento que hubiera en la residencia. Para su asombro, no sintió nada ni a nadie, aquella vivienda estaba completamente vacía.

Aun así, no podía irse sin examinar un par de lugares en concreto. Se colocó las gafas de visión nocturna digital “EUN96” y se dirigió al Ima o Salón. En una esquina pudo intuir un armario, lo suficientemente alto como para ocultar lo que buscaba. Lo tanteó e incluso movió, pero allí no estaba.

El segundo lugar era la estancia sagrada de la residencia, la sala de té, también llamada la sala de la paz. Entró con cuidado y haciendo una reverencia, seguidamente se dirigió hacia el hueco del calentador.

Entonces se agachó y puso las manos sobre éste. Lo sintió frío, demasiado frío, aquel fogón hacía días que no se usaba. Jensen se preguntó qué podía haber ocurrido en aquella casa.

Sin más miramientos, sacó del hueco el brasero y examinó su interior. No notó nada, hasta que se le ocurrió introducir todo el antebrazo por cada lado del agujero cuadrado.

Fue entonces cuando se topó con una pieza alargada. Con mucho cuidado la sacó por el hueco y volvió a colocar el hogar en su sitio. Sin perder el tiempo, introdujo aquella katana tan legendaria en el interior de la funda larga que llevaba a la espalda.

La operación había resultado más fácil de lo previsto, pero Jensen sabía que aún no podía cantar victoria. No estaría tranquilo hasta que no estuviera al volante del Jaguar y de regreso a casa.

Salió de aquella vivienda lo más rápido que pudo y sin causar desperfectos, ya que ignoraba lo que podía haber ocurrido allí y eso a él realmente no le incumbía para nada.

Cuando estuvo fuera de la propiedad y a paso ligero, alcanzó su deportivo de lujo y lo abrió a escasos metros de él. Una vez abierto el maletero, introdujo en un falso fondo las dos fundas y lo cerró. Pulsó el cierre automático del maletero, se introdujo en el coche, lo puso en marcha y marchó tranquilamente en dirección al centro de la ciudad de Atami.

Pasados unos cinco minutos y unas cuantas curvas, apareció el Hotel New Akao. Paró en el parquin y después de estacionar en una plaza de aparcamiento un poco apartada y sin salir del coche, se quitó los guantes, los escarpines y el traje de neopreno. Rápidamente se puso un pantalón pirata y una camiseta Emporio Armani y se colocó unas zapatillas deportivas de la misma marca.

Seguidamente, puso de nuevo el coche en marcha, un poco de música y se dirigió hacia Kamakura, hacia casa. No tardó más de una hora y veinte minutos en llegar y respirar tranquilo.

En cuanto llegó, introdujo el coche en el garaje y una vez en su hogar dejó preparadas varias cosas para el día siguiente, ya que tendría que realizar un segundo viaje para hacer la entrega al cliente. Se acostó para estar descansado, ya que se le presentaba un día bastante ajetreado.

Al alba siguiente, después de levantarse y realizar las costumbres matutinas de cada día, se preparó para marchar hacia Matsusaka, en la prefectura de Mie. En esta ciudad vive el cliente al que le ha de entregar el objeto encontrado.

Bajó por unas escaleras al garaje y sacó del Jaguar la funda larga. En su interior había una katana legendaria que debía entregar a su legítimo dueño antes de la una del mediodía. Eran las ocho de la mañana y tenía un viaje de cinco horas y seis minutos.

Si elegía un coche rápido y había poco tráfico se podía plantar en cuatro horas y media. Así que, eligió el Aston Martin DBS y guardó en el maletero el objeto que debía entregar.

Él iba vestido con un traje Brioni hecho a medida y zapatos de la misma marca. Debía dar una imagen muy buena y seria ante sus clientes y él era muy fiel ante ciertas premisas que se había autoimpuesto para que el negocio funcionara perfectamente.

Subió al coche y marchó rápidamente, ya que no debía perder ni un solo minuto, si quería llegar a la hora pactada. Salió de la finca y se aseguró que ésta quedaba completamente sellada y protegida. Antes de marchar, eligió rock sinfónico en el ordenador de a bordo del automóvil, para disfrutarlo a través del equipo de sonido Bang & Olufsen que disponía el deportivo de lujo.

Una vez en la carretera no se distrajo y cogió la Tomei Expressway hasta la localidad de Toyota, donde se convertía en la Isewangan Expressway. Cuando llegó a Nagoya tuvo que coger la Kansai Main Line, la cual le llevó en dirección sur hacia su destino.

Una vez llegó a Matsusaka, a la una menos veinte, se dirigió hacia una de las zonas residenciales más exclusivas de la localidad. No fue difícil encontrar la residencia del señor Muramasa.

Ésta era una ostentosa y milenaria pagoda, la cual se encontraba dentro de una finca impresionante. Cuando llegó a la puerta de acceso a la propiedad, dos porteros escoltas le recibieron muy cortésmente. Aunque él sabía muy bien lo qué eran de verdad.

Jensen tuvo que decirles que tenía una cita con su sensei o maestro, para hacerle entrega de algo muy importante para él. Aquellas palabras le abrieron las puertas de aquella pagoda tan poco visitada y una de las más seguras de la prefectura de Mie.

Le hicieron dejar el coche a escasos metros del portón y le dijeron que caminara por el camino central hasta alcanzar la vivienda, no sin antes coger la funda bandolera del interior del automóvil. Mientras se dirigía hacia la residencia, pudo admirar su exclusividad y magnificencia. Sin duda alguna, aquel clan debía ser muy antiguo y poderoso.

En cuanto llegó a la puerta, le recibió el mayordomo jefe, el cual le hizo descalzarse para poder entrar y conocer a su señor. Éste le llevó por el interior de la mansión de estilo tradicional japonés. Jensen se quedó perplejo por algunas piezas de colección que veía a su paso, hasta que alcanzaron una sala que hacía las funciones de despacho.

Le abrieron la puerta corrediza y le invitaron a entrar. Una vez dentro, vio sentado al Sensei Muramasa detrás de una mesa baja. Éste se incorporó para recibirle, mientras se acercaba Jensen le hizo una reverencia u Ojigi, inclinando su cuerpo treinta grados y con los brazos a los costados, como era el protocolo.

Hiroshi Muramasa le invitó sentarse en un zabuton (cojín al nivel del suelo) y el joven así lo hizo. Cuando ambos estuvieron acomodados al estilo seiza, (arrodillándose en el suelo, descansando las nalgas en los talones y el empeine de los pies sobre el suelo), Jensen se quitó de la espalda la funda y se la entregó con las dos manos a su legitimo dueño.

Jensen se percató que éste se había emocionado y no era para menos. Acababa de recuperar la última katana forjada por el clan Muramasa, según sus pesquisas.

Estos sables eran conocidos por su extraordinario filo y se hicieron famosos por el mito que eran malignos. Su morfología alargada los convirtió en armas óptimas para realizar el Kaishaku o decapitación, en el ritual del Seppuku. Éste es el ritual japonés de suicidio por desentrañamiento. El Sepukku formaba parte del Bushido, el código ético de los samuráis.

Hiroshi Muramasa, Señor del Clan Muramasa, desenvainó la katana y se la quedó mirando unos instantes. Jensen percibió que la estaba admirando y dándole la bienvenida a casa, con lo cual, se limitó a observarle en silencio y disfrutar de aquel ritual tan personal y que muy pocos occidentales habían logrado ver en primera persona.

Pasados unos segundos, el Sensei salió de aquel trance y le dio las gracias por toda la eternidad. Jamás hubiera pensado que volvería a recuperar aquella joya de la familia Muramasa y por haberlo conseguido le ofreció al joven un maletín de piel y de máxima seguridad. Seguidamente le invitó a abrirlo.

Jensen no pudo negarse y así lo hizo. Sopesó su contenido e intuyó que en el interior de la valija había más dinero del pactado. Sólo pudo hacer un gesto con su cabeza, en forma de agradecimiento. Aun así, el Señor Muramasa le dijo un par de frases en un inglés forzado, las cuales Jensen entendió perfectamente……

-Señor Bishop, espero que acepte tres millones más de lo establecido, no pretendo ser arrogante, todo lo contrario. Le estaré eternamente agradecido.

Espero no perder el contacto con usted, sé que puede conseguir cualquier pieza antigua o deshacerse de quien sea necesario. Para mí sería un honor poder contar con sus servicios.

-Muy agradecido por su gesto. Por supuesto Señor Muramasa, pero con una condición. Nuestras reuniones o llamadas jamás se habrán realizado y usted, fuera de estas paredes, no me conoce. Ni yo a usted, por supuesto.

-Por lo que veo, es una persona muy disciplinada y prudente. Aunque para su profesión, no dejan de ser unas virtudes esenciales. Le prometo que así será. Muchas gracias por todo.

Con aquellas palabras, Hiroshi ordenó que abrieran las puertas y acompañaran al señor Bishop hasta su coche. Así se hizo.

Una vez estuvo Jensen en el interior del Aston Martin y con el maletín bien guardado en el compartimento de seguridad del maletero, salió hacia Kamakura sin prisas… Pero ignoraba la sorpresa que iba a tener en el trayecto……

Cuando hubo pasado la localidad de Nagoya le sonó el móvil y descolgó la llamada con los mandos del volante……

-Kon’nichiwa Shiro. ¿Todo bien?

-Kon’nichiwa Jensen. Estoy en mi casa de Olympia, acabo de recibir una llamada de Vancouver, tengo una mala noticia que darte y no sabes cuánto lo lamento.

- ¿Qué ha ocurrido Shiro? Empiezo a preocuparme.

-No es para menos. Me sabe muy mal, pero debo comunicarte que tus padres han fallecido en el vuelo de regreso de Hawaii a Vancouver. Nadie sabe cómo ha sucedido, pero debes regresar a casa cuanto antes.

-Muchas gracias por todo Shiro. Estoy de camino a Kamakura, en cuanto llegue cojo cuatro cosas y marcho directamente hacia Canadá. Nos vemos mañana……

Nada más colgar, se echó a un lado de la carretera y no pudo contener las lágrimas. Sus brazos se cruzaron encima del volante y colocó la cabeza encima de ellos, sin parar de llorar.

Estuvo así un par de minutos, hasta que se desahogó. Entonces respiró profundamente y se limpió la cara, no podía perder más tiempo. Debía llegar lo más rápido posible a casa, para poder marchar rápidamente hacia Canadá. Su deber era investigar cómo había podido suceder algo tan terrible e inusual.

Él aún no daba crédito a lo sucedido y tardaría mucho tiempo en superarlo. Lo único que le ayudaría, sería hacer lo que nadie podría realizar jamás y pensar que el único día fácil fue ayer……

13 апреля 2019 г. 17:36:47 2 Отчет Добавить 2
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Mauricio Orta Mauricio Orta
Cuando recibí la notificación de esta obra por email, a simple vista creí que era de otro autor; menuda sorpresa al echarle un vistazo y darme cuenta que era tuya, ya que no pensé que también escribías este tipo de historias. La misma comienza con fuerza, y me ha gustado cómo manejas la ambientación japonesa y moderna, tan distinta a la de Aradia. El protagonista tiene una presentación intrigante, con un final que te deja con ganas de saber más sobre él y su familia. Estaré atento al resto de capítulos.
14 апреля 2019 г. 9:44:40

  • Javier Diaz Javier Diaz
    Muchas gracias Mauricio... Me alegra que te haya gustado la Introducción... Es completamente diferente a Aradia.. Creo que te va a encantar la trama... 14 апреля 2019 г. 10:35:35
~

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