Saga "LUX": LIBRO 1 *OBSIDIAN* Подписаться

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Dioxa Alétheia


Sinopsis: LIBRO 1 “OBSIDIAN” Empezar de nuevo apesta. Cuando nos mudamos a West Virginia justo antes del último curso, ya me había resignado al acento raro, a tener mala conexión a Internet y a aburrirme como una ostra… hasta que vi al sexy de mi vecino, tan alto y con unos ojos azabaches impresionantes. Las cosas parecen ir mejorando. Y entonces él abrió la boca. Sasuke es insufrible. Arrogante, desquiciante. No nos llevamos nada bien. Nada, nada bien. Pero cuando un desconocido me atacó y Sasuke congeló el tiempo, literalmente, con solo mover la mano… bueno, sucedió algo… inesperado. El alienígena sexy que vive al lado me marcó. Sí, han oído bien. Alienígena. Resulta que Sasuke y su hermana tienen una galaxia entera de enemigos que quieren robar sus habilidades, y el contacto de Sasuke ha hecho que parezca uno de esos carteles iluminados de las Vegas. El único modo de salir con vida de todo esto es mantenerme pegada a Sasuke hasta que mi «luz» extraterrestre se apague. Eso si antes no mato a Sasuke, claro. Sin más los invito a leer esta gran adaptación: Tratare de actualizar seguido :´3


Фанфик Аниме/Манга Всех возростов.

#Sasuke&Sakura
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Capítulo 1: LIBRO 1 "OBSIDIAN"

Miré la pila de cajas en mi nuevo dormitorio, deseando que la conexión a internet estuviera configurada. No haber sido capaz de actualizar mi blog de reseñas desde que me mude aquí era como perder un brazo o una pierna. De acuerdo con mi mamá, “La Loca Obsesión de Sakura” era mi vida entera. No completamente, pero era importante para mí. Ella no apreciaba los libros de la misma manera que yo.

Suspiré. Habíamos estado aquí dos días, y aún quedaba mucho sin desempacar. Odió la idea de cajas cerradas alrededor. Incluso más que la idea de estar aquí.

Al menos, finalmente había dejado de saltar ante cada pequeño crujido desde que nos mudamos a West “Olvidada de Dios” Virginia, y esta casa parecía sacada de una película de terror. Tenía una torre —una escalofriante torre. ¿Que se supone que voy a hacer con esto?

Ketterman no era muy grande, lo que significa que no es realmente una ciudad. El lugar más cercano era Petersburgo— un pueblo con dos o tres semáforos y con algunos otros pueblos alrededor que probablemente no tenían un Starbucks. No nos llegaría la correspondencia a nuestra casa. Deberemos conducir hasta Petersburgo para buscar nuestro correo.

Una barbaridad.

Era como una burla en mi cara, esto me jodía. Florida desapareció— se quedó atrás en los miles de kilómetros del loco recorrido de mamá para comenzar de nuevo. No es que yo extrañara Gainesville, el clima, mi vieja escuela, o siquiera nuestro departamento. Apoyada contra la pared, froté la palma de mi mano sobre mi frente.

Extrañaba a papá.

Y Florida era papá. Allí era donde él nació, donde conoció a mi mamá, y donde todo había sido perfecto… hasta que todo se vino abajo.

Mis ojos ardían, pero me rehusé a llorar. Llorar no cambiaría el pasado, y papá odiaría saber que yo lloraba aún tres años después.

Pero extraño a mamá, también. La mamá antes de que papá murió, quien se acurrucaba en el sillón a mi lado y leía una de sus novelas románticas de mala calidad. Parecía que eso fue una vida atrás. Sin duda, fue un medio país atrás.

Desde que papá murió, mamá había comenzado a trabajar más y más. Ella solía querer estar en casa. Entonces, pareció querer estar lo más lejos posible. Se dio finalmente por vencida en esa opción y decidió que necesitábamos irnos muy lejos. Al menos desde que llegamos hasta aquí, incluso cuando aún trabajo como un demonio, estaba determinada a participar más en mi vida.

Decidí ignorar mi interior impulso de orden y dejar las condenadas cajas sin desempacar hoy, cuando el olor de algo familiar me hizo cosquillas en la nariz. Mamá estaba cocinando. Esto no era muy bueno.

Bajé las escaleras corriendo.

Ella estaba frente la estufa, vestida con un pijama de lunares. Ella podía vestir de lunares de los pies a la cabeza y todavía arreglárselas para verse bien. Mamá tiene un glorioso y sedoso cabello rubio y ojos brillantes. Incluso con pijama ella me hacía parecer sencilla con mis ojos verdes jades y mi cabello rosa.

Y de alguna manera yo terminé más… curvilínea que ella. Caderas curvilíneas, labios hinchados, y unos ojos enormes que mamá adora, pero me hace parecerme como un bebé de plástico.

Se dio la vuelta y me saludó con la mano con la cual sostenía la espátula, los huevos a medio cocinar salpicaban en la estufa. —Buenos días, cariño.

Miré el desastre y me pregunté cuál era la mejor manera para sacarla de la cocina sin herir sus sentimientos. Estaba tratando de hacer cosas de mamá. Era un enorme progreso. —Estas en casa temprano.

—He trabajado casi un doble turno entre anoche y hoy. Me puse a trabajar de miércoles a sábado, de once hasta las nueve de la mañana. Eso me deja con tres días de descanso. Estoy pensando en trabajar a tiempo parcial en una de las clínicas de por aquí o posiblemente en Winchester. Ella sirvió los huevos a medio quemar en dos platos y colocó uno frente a mí.

Que rico. Supongo que era demasiado tarde para detenerla, así que busque en una caja revuelta lejos del mostrador que tenía escrita “Vajilla & Cosas”

—Sabes que no he podido desempacar nada, así que voy a hacerlo pronto.

Sí, lo sé.

La mayoría de los padres probablemente preferirían romperse el brazo izquierdo antes de dejar a una adolescente en casa casi todo el tiempo, pero no la mía. Ella confía en mí, porque nunca le he dado una razón para no hacerlo. No era como si me portara siempre bien. Bueno, está bien, quizás sí.

Yo era un poco aburrida.

En mi viejo grupo de amigos en Florida, yo no era la más callada, pero nunca me salté clases, mantuve mi buen promedio, y era más o menos una buena chica. No porque tuviera miedo de hacer algo imprudente o salvaje; Yo no quería darle más problemas a mamá. No cuando…

Agarrando dos vasos, los llené con el jugo de naranja que mamá había comprado de camino a casa. —¿Quieres que vaya a comprar comestibles hoy? No tenemos nada.

Ella asintió y habló con la boca llena de huevos. —Piensas en todo. Ir a comprar comestibles suena perfecto Cogió su bolso de la mesa, sacando dinero en efectivo. Esto debería ser suficiente.

Metí el dinero en mis vaqueros sin mirar cuanto era; Siempre me daba de más en primer lugar. —Gracias murmuré.

Ella se inclinó hacia adelante con un brillo en sus ojos. —Así que… esta mañana vi algo interesante.

Sólo Dios sabe a lo que se refiere. Sonreí. —¿Qué?

—¿Has notado que hay dos chicos de tu edad al lado?

—¿De verdad?

—No has estado afuera, ¿eh? sonrió—. Estaba segura que ya habrías salido a reemplazar las feas flores al jardín.

—Planeo hacerlo, pero las cajas no se desempaquetan solas Le di una mirada impaciente. Amo a esta mujer, pero me molestaré si no continua con el tema—. De todas formas, regresa a la parte de los chicos.

—Bien, una chica que parece de tu edad y hay un chico, también sonrió mientras se ponía de pie —. Es un bombón.

Un pequeño trozo de huevo se atrapo en mi garganta. Era seriamente asqueroso escuchar a mamá hablar sobre chicos de mi edad.

—¿Un bombón? Mamá, esto es raro.

Mamá se apartó del mostrador, recogió el plato de la mesa, y se dirigió al fregadero. —Cariño, quizás sea vieja, pero mis ojos aún funcionan bien. Y estuvieron funcionando muy bien hace rato.

Me encogí. Doblemente asqueroso. —¿Te estás convirtiendo en una puma? ¿Es un tipo de crisis de la mediana edad de la cual necesite preocuparme?

Enjuagando el plato, me miró por encima de su hombro. —Sakura, espero que hagas un esfuerzo por conocerlos. Creo que sería bueno para ti hacer amigos antes de que la escuela comience se detuvo, bostezó—. Ellos podrían mostrarte los alrededores, ¿no? Me rehusé a pensar en el primer día de escuela, la chica nueva y todo.

Eché los huevos sin comer a la basura. —Sí, sería bueno. Pero no quiero que vayas a tocar su puerta, suplicándoles para que sean mis amigos.

—No sería suplicar. Si te pones uno de esos lindos vestidos veraniegos que usabas en Florida, no tendrás que pedirlo jaló el dobladillo de mi blusa—. Sería como coquetear.

Bajé la mirada. Era como decir: MI BLOG ES MEJOR QUE TU VLOG. Hay algo mal en ello. —¿Por qué no mejor presentarme en ropa interior?

Ella tocó su barbilla pensativamente. —Eso definitivamente daría una buena impresión.

—¡Mamá! reí—. ¡Se supone que eres responsable de mí y debes decirme que esa no es una buena idea!

—Cariño, no me preocupa que hagas algo estúpido. Pero seriamente, haz un esfuerzo.

No estaba segura de cómo “hacer un esfuerzo”.

Bostezó otra vez. —Bueno, cariño, me voy a dormir.

—Está bien, voy a ir a comprar las cosas a la tienda Y quizás algo de abono y plantas. Las flores en el jardín son horribles.

—¿Sakura? Mamá se detuvo en el umbral de la puerta, con el ceño fruncido.

—¿Sí?

Una sombra de preocupación apareció en su rostro, oscureciendo sus ojos. —Sé que esta mudanza es dura para ti, especialmente antes de tu último año en el instituto, pero fue lo mejor que podíamos hacer. Quedarnos allí, en ese apartamento, sin él… era hora de que comenzáramos a vivir nuevamente. Tu papá no habría querido eso.

Apareció un nudo en la garganta que pensé que había dejado atrás en Florida. —Lo sé, mamá. Estoy bien.

—¿De verdad lo estás? Sus dedos se curvaron en un puño. La luz solar que entraba por la ventana se reflejó en la banda de oro alrededor del anillo en su dedo anular.

Asentí rápidamente, necesitando tranquilizarla. —Estoy bien. E iré con los vecinos. Quizás puedan decirme donde está la tienda. Ya sabes, hacer un esfuerzo.

—¡Excelente! Si necesitas algo, llámame. ¿De acuerdo? Los ojos de mamá se cerraron por otro largo bostezó—. Te amo, cariño.

Comencé a decirle que la amaba también, pero ella desapareció subiendo las escaleras antes de que las palabras salieran de mi boca.

Al menos ella estaba tratando de continuar, y yo estoy intentando de al menos encajar aquí. No ocultarme en mi habitación, en mi portátil, todos los días como mi mamá temía. Sin embargo, mezclarme con chicos que ni siquiera conozco no era uno de mis talentos. Prefiero leer un libro y hacer reseñas en mi blog.

Mordí mi labio. Podía escuchar la voz de mi papá, su frase favorita para animarme: “Vamos, mi Cerezo, no seas un espectador.”

Cuadré mis hombros. Papá nunca dejaría que su vida se estancara por…

Preguntar por la tienda más cercana era un pretexto lo suficientemente inocente como para presentarme. Si mamá tenía razón y ellos eran de mi edad, quizás la mudanza no será un error épico. Esto era una estupidez, pero iba a hacerlo. Me apresuré a cruzar el césped hacia mis vecinos antes de acobardarme.

Salté en el amplió pórtico, abrí la puerta mosquitera y toqué, luego di un paso atrás y alisé las arrugas de mi camisa. Soy increíble. Haré esto. No hay nada extraño en preguntar por direcciones.

Los pasos pesados llegaron desde el otro lado, y entonces la puerta se abrió y miré un muy ancho, bronceado, musculoso pecho. Un pecho desnudo. Mi mirada bajó y mi respiración se… contuvo. Los vaqueros colgaban de sus caderas, revelando una fina línea de vello oscuro por debajo de su ombligo y desapareciendo debajo de la pretina de los jeans.

Su estómago era plano. Perfecto. Invitándote a tocarlo. No era el tipo de estómago que yo esperaba de un chico de diecisiete años, lo cual me hace suponer que es mayor, pero si es así, yo no me quejaba. Yo no estaba hablando. Y sólo lo miraba.

Mi mirada finalmente viajo al norte otra vez, noté las pesadas y oscuras pestañas casi llegando hasta sus pómulos altos y ocultando el color de sus ojos mientras bajaba la mirada para verme. Necesitaba saber el color de sus ojos.

—¿Puedo ayudarte? Labios gruesos, besables, convirtiéndose en enojo.

Su voz era profunda y firme. Del tipo de voz que está acostumbrada a hacer que la gente lo escuche y obedezca sin cuestionar. Sus pestañas se elevaron, revelando unos ojos tan oscuros y brillantes que no podían ser reales. Eran de un intenso color azabache que destacaban en contraste de su piel tan bronceada.

—¿Hola? dijo otra vez, colocando una mano en el marco de la puerta mientras se inclinó hacia adelante—. ¿Eres capaz de hablar?

Contuve mi respiración y di un paso atrás. Una ola de caliente vergüenza corrió por mi cara.

El chico levantó un brazo, apartando un mechón de cabello sobre su frente. Miró sobre mi hombro, luego de regreso a mí. —Si no…

Por fin encontré mi voz, me quería morir. —Yo… estaba preguntándome si sabías donde está el supermercado más cercano. Mi nombre es Sakura. Me mudé al lado señalé hacia mi casa, pareciendo una idiota—. Como dos días atrás…

—Lo sé.

Biiieen. —Bueno, esperaba que alguien que conoce más que yo esté lugar pudiera decirme donde está el supermercado y quizás un lugar que venda plantas.

—¿Plantas?

Por alguna razón, no sonó como si él me estuviera haciendo una pregunta, pero me apresuré a contestar de todos modos. —Sí, verás, hay unas flores muy horribles en el patio de enfrente…

Él no dijo nada, sólo arqueó una ceja con desdén. —De acuerdo.

La vergüenza fue desvaneciéndose, reemplazándose por una creciente ira. —Bien, verás, necesito comprar plantas…

—Para el patio de enfrente, lo capté Apoyó su cadera contra el marco de la puerta y cruzó sus brazos. Algo brillaba en sus ojos azabaches. No era ira, pero si algo más.

Tomé una profunda respiración. Si este chico me interrumpía una vez más…

Mi voz tomó el tono que mi madre solía usar cuando yo era más pequeña y jugaba con objetos afilados. —Me gustaría encontrar una tienda donde pueda comprar comestibles y plantas.

Eres consciente de que este pueblo solo tiene un semáforo, ¿no?—Ambas cejas se arquearon hasta donde su cabello caía, como si él preguntara cómo podía ser tan tonta, y fue entonces cuando noté lo que vi en esos ojos brillantes. Él estaba riéndose de mí con una buena dosis de condescendencia.

Por un momento, todo lo que pude hacer fue mirarlo. Era probablemente el chico más sexy que he visto en toda mi vida, y era un patán total. Debí imaginarlo. —Sabes, todo lo que quería eran direcciones. Es obvio que vine en un mal momento.

Uno de los lados de sus labios se curvó. —Cualquier ocasión que toques mi puerta será un mal momento, niña.

—¿Niña? repetí, con mis ojos muy abiertos.

Una oscura ceja se arqueó con arrogancia otra vez. Estaba comenzando a odiar esa ceja.

—No soy una niña. Tengo diecisiete.

—¿De verdad? parpadeó—. Parece que tienes doce. No. Quizás trece, pero mi hermana tiene una muñeca que me recuerda a ti. Con sus ojos grandes y vacíos.

¿Le recordaba a una muñeca? ¿Una muñeca vacía? El fuego ardía en mi pecho, esparciéndose por mi garganta. —Sí, que sorpresa. Lamento haberte molestado. No volveré a tocar tu puerta otra vez. Créeme — comencé a darme la vuelta, para marcharme antes de que cediera al desenfrenado deseo de estampar mi puño en su rostro. O llorar.

—Oye gritó él.

Me detuve en el escalón inferior, pero me negué a girarme, dejándole saber lo molesta que estaba. —¿Qué?

—Ve hacia la Ruta 2 y gira hacia U.S 220 Norte, no Sur. Te llevara a Petersburgo dejo escapar un suspiro irritado, como si me estuviera haciendo un gran favor—. Hay un supermercado justo en esa ciudad. No puedes perderte. Bueno, quizás podrías. Hay una tienda de refacciones al lado, creo. Allí podrías conseguir cosas para el patio.

—Gracias dije y agregué en voz baja—, Patán.

Él rió, una risa profunda y gutural. —Eso no es muy propio de una dama, Cerezo.

Me di la media vuelta. —No vuelves a llamarme así espeté.

—Es mejor llamar a alguien patán, ¿no? Él salió del umbral de la puerta—. Ha sido una visita estimulante. Me reiré por mucho tiempo.

Bien. Eso era todo. —Sabes, tienes razón. Que equivocada he estado en llamarte patán. Porque un patán es alguien demasiado agradable en comparación contigo dije, sonriendo dulcemente—. Eres un imbécil.

—¿Un imbécil? repitió—. Que encantador.

Lo ignoré. Él rió otra vez y bajó su cabeza. Un lío de ondas cayó hacia adelante, casi ocultando sus intensos ojos negros. —Muy civilizada, Sakura. Estoy seguro que tienes una amplia lista de nombres y señas obscenas para mí, pero no me interesa.

Tenía mucho más que decir y hacer, pero mi dignidad me lo impidió, camine con pasos pesados de regreso a mi casa, sin darle el placer de ver cuán realmente cabreada estaba. Siempre había evitado la confrontación en el pasado, pero este chico sacaba lo peor de mí. Cuando llegué a mi auto, abrí de golpe la puerta.

—¡Nos vemos más tarde, Sakura! gritó, riéndose mientras cerraba la puerta principal de su casa.

Lágrimas de rabia y vergüenza ardieron en mis ojos. Metí las llaves en la ignición y eché el auto en reversa. “Haz un esfuerzo” había dicho mamá. Esto es lo que ocurre cuando haces un esfuerzo.

Continuara…

27 марта 2019 г. 0:35:55 0 Отчет Добавить 0
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