Jana y los felinos Подписаться

voiceofkoto Pedro Levy

Jana Margol no recuerda nada, excepto su nombre y una inquietante imagen de su pasado. Como si salir adelante en la vida no fuera ya lo suficientemente difícil, está comenzando a ver gatos de extrañas características en todos lados, quienes parecen estar conectados con la misteriosa vida que dejó atrás. Y así, la chica se embarcara en un peculiar viaje para descubrirse a si misma.


Саспенс 18+.

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Prologo

Allí, en el vacío negro, infinito e inquebrantable, la luz ascendente intimida a lo absoluto.

.

En medio de la oscuridad, había una Jaula. Dentro de esa jaula, una princesa encadenada.

Pocas veces había tenido la princesa el privilegio de salir, lo que convertía a ese cubo claustrofóbico en su hogar.

Doliente, pero su hogar al fin y al cabo; un santuario de paz y caos, simultaneamente.

El incidente sucedió sin causas ni razones aparentes, permitiéndole escapar. Siempre había pensado que el destino y el universo estaban en su contra, pero esta vez parecían haber manipulado los dados del azar a su favor.

Abandonando la jaula, cruzó la puerta principal del palacio y se reencontró con aquella imagen, esa que escasas veces había podido apreciar, pero que tanto atesoraba; el jardín, engañosamente eterno, el cual la separaba de su futuro.

Y así, dejando atrás a los demonios responsables de su desgracia, la princesa prófuga corrió, y la noche cayó sobre ella, acompañada de una lluvia escandalosa.

.

Un vestido blanco mojado y respiraciones de boca agitadas.

Sintió el agua empapándole los pechos protegidos solo por la fina tela, las piernas le temblaron de dolor, el frió le atacó los brazos y la clara distancia entre ella y cualquier ayuda la hizo sentirse cercana a la muerte.

Muerte. Ya la había sentido cerca. Suficiente para empujarle la cordura hasta el borde de la psicosis.

Rogándole al silencio (no tenía a quien más rogar) por misericordia, la princesa arrastró sus pies por el pavimento, hacia adelante.

Mucho antes de lo esperado, los costados vacíos del camino se ocuparon por arbustos. Creyó ver que algunos tenían frutos, lo que hizo que la parte curiosa de ella quiera acercarse a comprobarlo pero, la lluvia, probablemente para sumarle una dificultad nueva, se tornó más furiosa, orquestando relámpagos estruendosos en la distancia.

Solo le quedaba seguir adelante.

Para su fortuna, el escenario terminó de llenarse; en el cielo, pequeños desfiles separados de aves apresuradas, emitiendo sonidos efímeros. En la lejanía, algunas luces encendidas arriba de casas y edificaciones pequeñas, diferentes a las dos luces circulares que se le estaban acercando, antes de detenerse, simultáneas a un maquinar sonoro.

La princesa gritó y se quedó pasmada, ya que no creía estar oyéndose a sí misma, pero siguió gritando.

Al ver que alguien salió del vehículo, ella se acostó en el suelo, con miles de pensamientos transitando su mente; moribundos y efímeros

Previo al apagón, sintió que dos brazos la tomaron delicadamente de la parte de atrás de las rodillas y del cuello.

.

Un despertar. Pegajoso, como de una siesta demasiado larga.

Sus ojos estaban nublosos y dolientes, pero percibió que todo el cuarto parecía ser blanco, al igual que la (ridículamente cómoda) cama donde estaba acostada. Cada vez que su vista parecía terminar de esclarecerse, se le volvía a nublar.

La frente le vibraba, y el cuerpo se le sentía débil, pero al explorarlo se alivió; aún tenía dos brazos, dos piernas, pies, manos, ojos y demás. Todo parecía sano.

Cuando su audición terminó de acomodarse, escuchó unas voces hablar.

-El personal no tiene idea- Dijo una, áspera y gruesa.

Otra, algo menos áspera, también dijo algo, pero a esa no la entendió.

-La encontró así. No llevaba documentos, nada- Dijo la tercera, dulce y fina.

Su vista se calmó, y vio todo perfectamente; la habitación, efectivamente, era casi toda blanca.

La voz áspera le pertenecía a un doctor, viejo y bajito. La menos áspera a un enfermero, y la dulce y fina a una asistente de pelo corto, negro como la noche. Al verla, la princesa se quedó fascinada.

-Sos preciosa- Dijo, con su voz ronca pero dulce, haciendo que los tres llevaran la vista hacia ella, algo pasmados.

-¿Qué dijo, señorita?- Preguntó el doctor.

-Perdón, es que ella es muy preciosa- Explicó, mirando fijamente a la asistente.

Luego de que la sorpresa se le fuera del rostro, dicha asistente se aproximó a la cama y le colocó una mano en la frente.

-¿Te despertaste recién? ¿Nos estabas escuchando?- Le preguntó, sonriente.

-Prometo que no.

-Tranquila. Preciosa sos vos, nosotros te vamos a cuidar.

Con autorización del doctor, el enfermero abandonó la habitación.

-¿Tiene hambre?- Preguntó el señor- Pedí que en un rato le traigan algo de comer.

-¿Puedo comer? Me estoy muriendo de hambre.

-En breve. No se apure.

La asistente acercó una silla al lado de la cama, se sentó y le tomó la mano a la princesa.

-Llegaste desmayada en el auto de un desconocido que te encontró sucia y prácticamente desnuda. No llevabas absolutamente nada con vos. Sos toda una historia para nosotros ¿Nos queres contar que fue lo que paso?

La princesa se recluyó a sus pensamientos, dejando silencio.

-Estoy preocupada- Confesó, finalmente. Las palabras comenzaron a tiritarle.

-¿Qué te preocupa?

-¿Por qué solo me acuerdo de mi nombre?

La asistente miró al doctor, brevemente –¿Como que solo te acordas de tu nombre?

La misteriosa paciente comenzó a llorar, sin siquiera saber exactamente porque. Eran lágrimas extrañas, como si estuviesen siendo derramadas por otra persona, en otra vida.

-No me acuerdo de nada.

En el preciso momento en que la lluvia cesó, la princesa que parecía habitar dentro de esa joven cerró sus ojos, para dar lugar al sueño eterno.

2 марта 2019 г. 22:03:54 0 Отчет Добавить 4
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