Короткий рассказ
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CORRE



Iba corriendo por el bosque como alma que lleva el diablo. Sabía que no aguantaría mucho más, empezaban a fallarle las fuerzas y tropezaba con más frecuencia de la que debiera. Pero por nada del mundo iba a parar y dejar que su perseguidor lo alcanzase, al menos, no fácilmente. No sabía exactamente de qué huía, pero poco le importaba en esos momentos. Tenía que salir de aquella situación lo antes posble o aquel ser lo atraparía y...

Ni siquiera quiso pensarlo. Sacudió la cabeza y justo en ese momento se tropezó con una gigantesca raíz. Pensaba que no había podido ser más oportuno, que la suerte no le acompañaba cuando vio de repente que había un agujero enorme justo al pie del árbol al que pertenecía aquella raíz. Se metió sin pensarlo dos veces, pues no tenía mejor opción y acabó cayendo en un charco de barro. Aquello le asqueó, pero probablemente le salvó la vida puesto que la criatura pasó de largo, tratando de seguirle la pista mediante el olfato. Mientras tanto, metido en el agujero, intentaba modular su agitada respiración y calmar los salvajes latidos de su corazón.

Un aullido ensordecedor llenó el silencio espectante del bosque. Se tapó los oídos, le iban a estallar los tímpanos.

Un sentimiento le invadió al término de aquel sonido desgarrador. No era rabia, ni miedo, ni nada que se le pareciera.

Era misericordia. Era pena. Pena por aquel sonido que distinguió, iba cargado de dolor, tristeza e impotencia. Era tan profunda la impresión que le causó que notó una presión en el pecho y el hecho de que le costaba respirar. Le causó una enorme ansiedad.

Se quedó pasmado por unos segundos.


Tras salir del trance, no se paró a pensarlo dos veces. Salió del charco y se puso a gatas. Lloraba, aunque hacía tiempo que se había prometido no volver hacerlo.

Echó a andar en aquella postura. Ni loco iba a salir afuera y parecía que el túnel seguía y se mantenía lo suficientemente ancho como para que pasara por ahí.

En un momento dado, paró notando que no llegaba a ninguna parte. Se sentó con la espalda apoyada en una de las paredes de tierra que formaba aquel estrecho y cada vez más asfixiante túnel.

Se abrazó las rodillas e hincó la cabeza en ellas. ¿Cómo había llegado a aquella situación? No lo sabía. Hacía unas horas, estaba anocheciendo e iba de camino a su casa después de despedirse de sus amigos. Allí, se había una masacre que trató de no recordar sin éxito. Paralizado por la escena, un atronador rugido hizo que huyera de allí espantado, perseguido por una horrible criatura que no había llegado a ver ni tenía intención.

Alzó la vista hacia el resquicio que tenía justo encima de su cabeza y por el que podía ver la luz de la luna.

Sentía que tenía ganas de llorar de nuevo y trató de reprimir la lágrimas inútilmente. Lloró largo y tendido arriesgándose a que aquel monstruo lo encontrara; ya le daba igual. Lloró por su padre; lloró por su madre. Lloró por el terrible final que habían encontrado.

Largo rato después, notó como algo se interponía entre la luz y él. Saltaron todas sus alarmas internas, mas lo único que hizo fue quedarse mirando a la cabeza que acababa de asomar por el agujero.

Se quedó pasmado mirando mirando a la chica.

Aquello... aquel rostro... No supo cómo reaccionar.


Estaba bañada por la luz de la luna. Tenía una nariz respingona; un pelo completamente largo y liso de tono cobrizo. La piel se adivinaba tersa y blanca como la porcelana. Parecía una muñeca, demasiado delicada para estar allí, aunque sus ojos, ojos enormes de un tono verde-azulado, tenían un brillo extraño, fascinante, que también hacían ver que tenía una parte salvaje y peligrosa. Su sonrisa era... vaya, dejaba sin aliento a cualquiera.

Al chico le pareció un ángel que había bajado de los cielos a rescatarlo. Supo entonces que se había quedado irremediablemente prendado de ella.


—Ven conmigo, estarás a salvo —le dijo con voz suave como la seda.


Casi parecía que se reía de él.


La desconocida metió la mano en el agujero, ensanchándolo. Pequeños trozos de tierra cayeron encima de él, pero no le importó. Aceptó la mano que ella le ofrecía y salió de aquel lugar. Sintió cómo se le quitaba un pesada carga de encima. Se sentía libre y se dejó llevar, olvidándo todo lo demás. Siguió a la chica, sin temer, hasta las profundidades del bosque.



Nunca más se volvió a saber de él.










































9 марта 2019 г. 18:10:08 0 Отчет Добавить Подписаться
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Midori Chwan Solo una chica aficionada a tiempo completo a la lectura fantástica y a la escritura.

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