Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal (9) Подписаться

caelgitanoblanco Carlos Alberto (ElGitanoBlanco)

"La ciudad subterránea de Ohssem". El gitano mayor decide refrescarse en la taberna de la ciudad, aprovechando de las libertades que le ha dado el rey; a él y a su gente. Su presencia en el bosque sigue siendo solicitada por la reina ninfa... y hoy no es la excepción. Un nuevo personaje requiere de ayuda para su comunidad, que necesita ser protegida de numerosos monstruos. Un nuevo paisaje y nuevos enemigos conocerán el patriarca romaní y dos de sus amigos, en el noveno y penúltimo relato del "Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal".


Фэнтези средневековый 13+.

#batalla #romance #ogros #trasgos #geoda #enanos #ciudad #villa #magia
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CAPÍTULO I

LA CIUDAD SUBTERRÁNEA DE OHSSEM


Han pasado dos semanas, desde que el patriarca gitano Cathal, ha decidido quedarse por otros seis meses en el bosque de Güíldnah; del que ahora es dueño oficialmente.

A pesar del desagrado de los pueblerinos, los romaníes visitan seguidamente la ciudad, sin la necesidad de disfrazarse o cubrirse con una capa y capucha.

Pocas personas aceptan la nueva ley, que les permite deambular libremente por el territorio del Norte; esas gentes, son los comerciantes locales, ganando bastante dinero y mercancía con sus nuevos clientes y proveedores.

Los inconformes no pueden hacer nada al respecto; cualquier agravio que cometan en contra de los zíngaros, incluyendo insultarles, sería una condena inmediata para las mazmorras o algo peor.

Es una mañana cualquiera, cuando el líder Cathal llega a la ciudad principal montado en su corcel rojizo, dirigiéndose directamente a la taberna. Ahora que puede entrar y salir de la ciudad a su antojo, ese establecimiento se ha convertido en una parada constante para él.

Es acompañado por dos guardias arqueros.

Después de atar a su caballo, en las afueras del lugar de reuniones y fiestas, aparte de dejárselo encargado a sus acompañantes, se adentra en el local; ubicado a una orilla de la plaza principal.

Acomodándose en un banquillo, ocupa un lugar en la barra de madera; aproximadamente al centro de la misma. A esas horas, la taberna se encuentra poco concurrida: un par de personas a su lado derecho, junto con un par de mesas ocupadas, son todas las gentes que hay por el momento.

Cathal le pide al tendero su acostumbrado tarro de cerveza. El hombre corpulento lo atiende rápidamente.

No mucho después, llega una visitante irregular de la ciudad.

Una mujer, que lleva una capa de lino color turquesa claro, se sienta en otro banquillo, a la izquierda del jefe zíngaro.

Parece una pueblerina cualquiera, luciendo una saya color verde pera oscuro, del mismo material de la capa. En la cintura, lleva un cinturón delgado simple; sus zapatos son color negro.

Hay algo peculiar en ella: tiene varios sacos pequeños que cuelgan de su cinturón.

―Hola Cathal ―saluda la hechicera de la pradera de las cien flores―. ¿Qué tal te ha ido?

―Hola Miriam ―responde Cathal―. Nos ha ido bien. Las verduras y trigo de varios meses atrás, crecen favorablemente en los terrenos del bosque; nos da tiempo de sembrar más. El gran rebaño de ovejas sigue saludable. Partiremos con suficientes provisiones en los próximos cinco meses y medio. Ahora puedo ocupar el tiempo sobrante, para terminar con el cabo suelto. ¿Quieres un trago? —Le invita él.

―Con gusto ―acepta ella.

―¡Amigo! ¡Un tarro de cerveza para mi compañera!

―Claro señor ―responde el hombre.

Mientras esperan, Cathal le pregunta a su amiga.

―¿Alguna noticia de Ymn?

―Lamentablemente no ―contesta desanimada ella―. He recorrido una parte del reino del Oeste; no hay señales de él, ¿ya le preguntaste a Sir Ahren?

―Le pregunté ayer; me dio la misma respuesta, solo que él y sus hombres, revisaron una parte del Sur. En cuanto a nosotros, mis hombres han hecho expediciones a la pradera amarilla; han regresado sin noticias alentadoras: solo hay pasto y animales salvajes, nada más.

―¿Estás seguro de seguir involucrando a tu gente? La reina te dijo que no era necesario.

―No me hacen caso. Ya les dije que no quiero perder más vidas; aun así, quieren ayudar a capturar al mago antes de irnos. Al final, dejo que tomen sus propias decisiones.

En esos momentos, el tabernero entrega la bebida solicitada.

―Gracias ―dice ella.

Sin decir nada, el hombre vuelve a su trabajo.

―Ahora que somos menos, nos tomará más tiempo encontrarlo —opina Albert—; por cierto, ¿sabes cómo le va a Declan con su nueva vida de esposo?

―Hasta el momento le ha ido bien. Ha regresado a su viejo cargo de guardia de la ciudad. Apenas ha conseguido una casa para vivir.

―Creía que conseguiría otro oficio; como de herrero o algo parecido.

Se toman un descanso en la plática, para poder beber su cerveza.

»¿Cómo sigue la vida en la pradera junto al reino del Oeste?, ¿todavía te sirve la casa improvisada de tela, que te regalamos cuando te conocí?

―Sí, aún sirve.

―Llévate otra; siempre hay tela de más en el campamento.

―En un momento paso por ella ―dice la hechicera, comenzando a poner al corriente al líder romaní―. No hay muchas novedades en la pradera. Como siempre, no muchas personas la visitan, así que no ha cambiado para nada. Es bueno que sea verano; en esta época del año, la pradera es cálida y refrescante a la vez.

―¿De comida y dinero sigues bien? ―inquiere el gitano; debido a que la comunidad romaní, es la que le provee de esos elementos―. Tenemos pan de sobra este día, por si quieres llevarte un poco.

―Un poco más no me hará mal.

Hacen otra breve pausa, para tomar otro trago de su bebida.

―Sabes, ahora me ha surgido una duda en mi cabeza. Siempre me parecía que Declan y tú tenían una relación… especial; hasta el día que nos dijo de su amante, en su ciudad natal.

―No puedes hablar en serio ―responde ella con una sonrisa―. Nunca mostramos que tuviéramos algo en común. Simplemente éramos compañeros y nada más.

―Puede ser que solo eran visiones mías. ¿Qué hay de ti?, ¿no tienes a alguien especial en tu corazón?

―Conozco a muchos pueblerinos y habitantes de la ciudad principal del Oeste; ninguno me atrae la atención.

―¿Tampoco te han declarado su amor?

―Solamente algunos habitantes del pueblo cercano a la pradera ―recapitula la hechicera en su mente―; desafortunadamente, no son muy atractivos.

―¿Una cara deslumbrante y un cuerpo musculoso, es lo único que te interesa? ―inquiere Cathal, levantando una ceja y sonriendo.

―Es lo primero en lo que presto atención ―aclara Miriam―; en segundo lugar su carácter y sentimientos. Ahora te toca a ti, ¿tienes un amorío secreto con alguien?

―¿Secreto? ―responde Cathal un poco nervioso.

―Nunca me has contado acerca de tus amantes; tampoco te he visto coquetearle a una mujer o estar en compañía de una; claro, solo cuando les narras una historia a tu comunidad o en una gran fiesta, pero son situaciones muy diferentes al amor.

―Bueno… ―menciona Cathal, tratando de alargar el tiempo.

Justamente en esos momentos, una figurilla se acomoda en un barril, al lado derecho del patriarca zíngaro. Se para en la tapa del barril, para poder alcanzar la barra de la taberna.

―¡Hola Philippe! ―saluda el tendero, dándole un apretón de manos a su cliente favorito―. ¿Todo bien en el castillo?

―Muy bien amigo, muy bien ―responde el bufón―. Los trabajos diarios del rey y míos, ya sabes. Hoy no hay ninguna novedad.

―¿Quieres lo de siempre? ―pregunta el tendero.

―Sírveme un vaso de sidra en esta ocasión. ―Le pide Philippe; luego, saluda a los otros dos clientes—. ¡Hola amigos!

―Hola Sir Philippe ―saludan Cathal y Miriam al mismo tiempo.

―¿Qué noticias traen de afuera? ―inquiere emocionado el bufón.

―Ninguna en especial ―responde Cathal.

―¿Aún no hay rastros del mago?

―No hay nada ―afirma Miriam―. Ya buscamos en la mayoría de Ítkelor.

―¿Qué hay del desierto?, ¿ya buscaron ahí?

―Al parecer, ese territorio va a ser revisado por algunos habitantes del bosque Pi-Ud ―informa el jefe gitano―; hoy lo harán y serán acompañados por Gyula.

―Eso me recuerda, ¿cómo sigue Kéilan? ―Le pregunta Miriam a Cathal.

―Sigue bien. Ahora que ha despertado su verdadero poder, tiene que estudiar y entrenar más tiempo de lo normal.

»Pasa la mayoría del tiempo en las montañas Cúdrerianas. Todavía no puede controlar al cien por ciento su magia.

—Igual a como le pasó, cuando recibió todo el poder de Cúdred la primera vez —comenta Philippe.

—Por fortuna la acompaña su ayudante y toda su familia; Bárem y Sibisse no quieren perderla de vista.

En esos momentos, el tabernero le entrega el vaso de sidra a Philippe.

―Servido amigo.

―Gracias ―dice Sir Philippe, tomando su primer trago; luego se dirige a Cathal―. Los reyes te mandan saludar, al igual que los príncipes.

―¿Solo a mí? ―inquiere él.

―Los reyes sí; los príncipes les mandan saludos a los demás habitantes del bosque ―responde Sir Philippe mientras se asoma hacia atrás del gitano mayor, dirigiéndole la palabra a Miriam―, incluyéndote a ti.

―Gracias ―dice ella―. Diles que también les mando saludos.

―Esos niños… están desesperados por vivir sus propias aventuras ―comenta Sir Philippe, llevándose la mano a la frente.

―Me esperaba eso ―menciona Cathal―; después de que les solicitaron a los reyes del bosque sus propios caballos mágicos. Lo que me sorprende, es el hecho que se los hayan concedido.

―Supieron cuando hablar con ellos: justamente antes de retirarse, cuando la reina y tu gente organizaron esa fiesta por la decisión de quedarte ―interrumpe Miriam―. Los monarcas estaban tan felices con tus disculpas, y la noticia de que te quedarías por otros cuantos meses. Los príncipes fueron muy inteligentes, en pedírselos en el momento adecuado.

―Ellos no son los únicos con esas ideas ―informa Cathal―; la princesa Idaira y el príncipe Enam, también quieren experimentar sus propias peripecias fantásticas.

―Dejemos a la realeza a un lado ―dice Miriam, dirigiendo la palabra a Cathal―. Estabas a punto de decirme acerca de tus amoríos.

―¿Por fin colega? ―pregunta Sir Philippe alegremente―. Entonces llegué justo a tiempo.

―¿No… podemos platicar de ese detalle otro día? ―pregunta Cathal nervioso.

―¿Tú metiste el tema a la conversación y ahora lo evades? ―señala Miriam―. Eso es muy extraño.

―Vamos, vamos. Quiero saber ―comenta Sir Philippe―. Desde que fuimos a la isla, te rehúsas a responder esa duda.

Antes de que Albert pueda decir algo más, uno de los guardias gitanos entra al establecimiento, dándole un recado.

―Un mensajero del campamento ha llegado; dice que la reina Zelinda quiere verlo en el bosque, lo más rápido posible.

―¿No dijo cuál es el asunto? ―inquiere él.

―Tal parece que ha llegado un nuevo visitante al bosque, pidiendo ayuda.

―En un segundo estoy afuera.

Una vez hecho el trabajo, el guardia regresa con su compañero.

Cathal se apresura a terminar de beber su cerveza de un solo trago; luego, se limpia la boca con un pañuelo que trae medio metido en su fajín.

―Ya me tengo que ir ―dice a la par que se levanta―. Lamento que no podamos seguir con la conversación; ya será otro día.

Antes de retirarse, saca varias monedas de su pequeño talego que le cuelga en la cintura. Las pone sobre la barra, diciéndole al tabernero.

—Aquí tienes por las dos cervezas. Gracias amigo.

―De nada señor. De nada ―responde el tendero, recogiendo el dinero.

―¡Espérame! ―exclama Sir Philippe, apresurándose a terminar su sidra—. No me quiero perder la noticia —dice mientras se baja del barril—. Iré contigo; lo que significa, ir con los reyes y avisarles, ¿me acompañas?

―Si así lo quieres, te acompañaré.

―Yo también iré a enterarme del suceso ―menciona Miriam―. Los estaré esperando en la entrada de la ciudad.

―Ahí nos veremos ―afirma Cathal.

Apresurando el paso, los colegas se dirigen al castillo, informándoles a la pareja de monarcas que el bufón se ausentará por unos momentos. Convencidos de que no tardará mucho, le dan permiso de partir.

Con el consentimiento dado, se dirigen de regreso a la taberna.

Ayudado por sus dos guardias, Cathal monta en su caballo; mientras que Sir Philippe, usa sus botas para adelantarse afuera de la ciudad en un solo segundo. Alcanzando al enano, el pequeño grupo de tres caballos empieza el galope hacia a la puerta principal de la ciudad. Afuera los espera su amiga, montada en su corcel, y Philippe; quien acaba de llamar a su poni mágico.

Una vez que todos tienen su respectivo caballo, el viaje continúa.

Al llegar al lugar, la pareja de reyes mayores de Pi-Ud, se encuentran justo en medio del claro real, reunidos con un visitante que nunca habían visto; inclusive, varias hadas y otros animalillos del bosque, vigilan desde las orillas, para ver mejor al extraño viajero.

Los dos reyes se acercan a los héroes para saludarlos.

―Buenos días sus majestades reales ―saluda Cathal al acercarse.

―Buenos días Cathal ―dice la reina.

―Buenos días gitano mayor ―saluda el rey.

Apenas llegan, los tres amigos observan al extraño visitante, quien se ha quedado en su sitio.

Es un hombre de unos veintisiete años de edad, de pelo lacio y corto color castaño. Sus ojos son color bermellón oscuro. Tiene una barba completa de apenas un día.

Viste ropa de pueblerino: un sayo color amarillo ocre le llega a las rodillas, junto con un cinturón delgado en la cintura; lleva unas calzas color rojo. En los pies, lleva unos zapatos simples color café claro.

Lo interesante del nuevo personaje, es que solo mide un metro con veinticuatro centímetros de alto; cuatro centímetros más alto que Sir Philippe.

―Hola ―dice el hombrecillo, saludando con una mano en alto.

―Gitano Cathal. ―Le comenta la reina, guiándolo junto al paseante―, le presento a Greingard.

―Hola, mucho gusto. ―Lo saluda él, dándole un apretón de manos.

―Me ha pedido un favor especial, y debido a la apretada agenda que tenemos hoy, es mejor que usted le ayude. ―Le explica la ninfa, luego se dirige con el hombrecillo―. El jefe gitano te ayudará con tu problema.

―Si usted lo dice, su majestad ―comenta Greingard.

―Aguarden unos segundos. ―Les pide la reina a todos los presentes.

Con ayuda de su magia, hace crecer cuatro sillas de ramas y raíces delgadas, casi iguales a su trono. Una para el viajero y las otras tres en frente.

―Los dejaremos solos para que puedan platicar a gusto.

―Aparte, visitaremos a los magos, junto con nuestra hija ―menciona el rey Kírill―. Luego nos veremos. Volker no ha de tardar en llegar por nosotros.

De esa manera, los monarcas se alejan del claro real. Idaira se les había adelantado.

1 февраля 2019 г. 4:30:06 1 Отчет Добавить 2
Прочтите следующую главу CAPÍTULO II

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Felipe de Jesús Ochoa Salas Felipe de Jesús Ochoa Salas
Excelente historia Carlos. Muchas felicidades.
5 февраля 2019 г. 15:12:52
~

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