sadinthemoon Mariam Abdulhay

La Navidad es época de felicidad y esperanza, y eso nunca se debe de perder, eso y el amor son los ingredientes perfectos para hacer a una persona completa y feliz. Angie es una madre soltera, enamorada únicamente de sus hijos, Mia y David. La vida no ha sido muy justa con ellos, pero el amor todo lo puede. Los buenos deseos se hacen realidad en la época correcta. Todo lo narrado es únicamente un conjunto de recuerdos de mi infancia y mi amor por mi familia, el tiempo me ha dado la madurez suficiente como para poder, por fin, tocar estos temas, espero disfruten.


научная статья Всех возростов.

#aprender #drogas #amor #tristeza #relaciones #caidas #union #familia #relatocorto #mihistoria #deseos #navidad
Короткий рассказ
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Entre tantas cosas que no deberían de existir esta la extrema pobreza... familias que sufren separaciones y fricciones debido a esto, a la necesidad de pertenecer en una sociedad hipócrita y llena de mentiras, por esa simple causa existe tanta soledad en el alma de los que van llegando a este mundo y que se sienten ignorados por los seres que deberían amarles, quienés terminan descuidándolos en busca de un mejor vivir.

Angie es una madre soltera de dos hijos, para su mala suerte no nació con una brújula que le marcara al hombre perfecto, y termino enamorándose de dos personas que no resultaron siendo las ideales, pero que le dejaron su mayor tesoro: Mía y David. ¡Y como amaba estar con sus hijos! Pero, lastimósamente, no nació en una familia adinerada ni con personas pudientes que la ayudaran a levantarse, luego de tener a Mía siendo apenas una adolescente, luchó con todo para estudiar y dar el ejemplo a su princesa de que "Los estudios eran su única herencia". Esa fue su lucha constante y pronto recibió frutos, pues su mayor satisfacción era llegar a casa y ver la linda carita de su nena mostrándole sus buenas notas y felicitaciones de parte de sus maestros.

Pero la felicidad les duró poco, luego de la muerte de sus abuelos, las únicas personas que de verdad cuidaban de ella y quienés ayudaban con la nena mientras ella estudiaba y trabajaba, le tocó hacerle frente al cruel mundo de la mano de su bebé. Sus tías, las personas que la habían educado con la frase "Los hombres no sirven" terminaron demostrándole también que "La familia no sirve" al menos, no esa familia en la que por causas del destino, terminó formando parte.

"Nosotras podremos, mami" El apoyo de su muñeca era su mantra diario para seguir de pie día a día, para levantarse cada mañana y seguir con la frente en alto. Eso y la presencia de James, su novio, era lo que la hacía sonreír a diario. James era divertido, encantador y todo un caballero, pero debido a su trabajo en las Fuerzas Armadas, y diversos traumas con los que un militar algunas veces debe lidiar, terminaba descuidando mucho su relación. Ella lo entendia, al ser huérfano y dedicarse en cuerpo y alma al ejército, perdió un poco de humanidad, deseaba hacerlo feliz y se desvivía pensando formas en hacer que él llegara a formar un vínculo aún mayor al que habían cosechado en los 4 años que ya llevaban juntos. Y por simple regalo de Dios, David llegó a sus vidas para cambiarlo todo sólo una vez más.

"¿Un hermanito, mami? Por fin, Santa me hizo caso, valió la pena escribirle tantas cartas, mami!!! ¡¡Voy a tener un hermanito!!" Mía estaba feliz, radiante pues el deseo de todas sus navidades se hacía por fin realidad. Siempre le rezaba a Dios y se portaba bien por que le decían que sí hacía eso, se cumplirían sus deseos.

"Sí, mi amor, pero shh, es un secreto, no puedes decirle a nadie" Angie estaba aterrada, entendía la emoción de su hija pero sabía que sus tías odiarían la idea de que tuviera otro hijo, y es que ese bebé, lo sentía, era su timón en medio de aquel mar revuelto. Tenía ya su ancla justo en frente bailando de felicidad, y su timón vendría pronto para que su estabilidad fuese completa.

"Eres una vergüenza para la familia. No podrás con ellos, serán unos perdidos en la vida por tú culpa" Las ofensas no pararon de llegar cuando las tías se enteraron y es que un secreto de tal magnitud no podía ser oculto mucho tiempo, cuando despertaron a su niña aquel domingo y las sacaron a ambas entre golpes y jalones, las lágrimas inundaban sus ojos cuando veía el brazo lastimado de su pequeña.

"Digan lo que quieran, pero voy a ser feliz. Ellos dos son y serán mi felicidad y ustedes, brujas, morirán solas como los perros. Las veré caer" Decretó ella, llena de odio y rencor pero tomando aire y decidiendo dejar todo en manos de Dios.

"Mami, ¿Ahora donde vamos a vivir?" Preguntó Mía llorando al ver llorar a su mamá, eran una sola y cuando una sufría, sufría la otra.

"Si tenemos que vivir debajo de un puente, lo haremos, pero juntas, mi amor" Le prometió, consolándola

"Siempre juntas" Prometió su princesa.

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"Estoy en el hospital, necesito verte" Los mensajes de James no paraban de llegar y Angie ya estaba cansada. Era 22 de Diciembre a las 11:30pm y ella aún en la juguetería desempacando mercancía. Estaba harta ya de la indecisión de James y no seguiría mas ese absurdo juego que llevaba ya un año, desde que David nació. Su poca valentía y el hecho de que no la hubiese apoyado con lo ocurrido con su familia le demostró que realmente no valia la pena como persona y eso le dolió infinitamente. Siempre hacía lo mismo cuando le decía que no quería más nada con él: Se inventaba una dolencia y por una cosa u otra, terminaba internado en el Hospital Militar donde ella, como siempre, iba a verlo a toda prisa, creyendo cada una de sus mentiras y promesas baratas, que nunca llegaban a concretarse.

"Nunca mas me enamoraré, mi único amor serán ustedes" Les prometió a sus muñequitos mientras los observaba dormir al llegar por fin del trabajo, eran las 2am y Mía había dormido a David encima de su pecho cómo haría cualquier mamá. Y es que la niña de diez años le había tocado madurar y convertirse en una mini-madre para su hermanito pues solo eran ellos tres y le colaboraría a su mamá en todo con mucho gusto.

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3 años pasaron y ya la niña estaba creciendo. Lastimosamente, no contaba con la presencia de Angie el tiempo que le hubiera gustado, sabía que estaba trabajando para darle todo pero eso no quitaba el hecho de que le doliera el no tenerla presente. Había sufrido diversas situaciones en las que su mejor amiga, su mami, no estaba ahí con ella y eso le dolía en el alma, le marcaba huellas que durarían de por vida.

"Mami, saque un 20 hoy" decía con orgullo al verla llegar, Angie sonreía feliz, amaba que su bebé fuese tan inteligente y por eso la complacía con obsequios al final de mes, obsequios que se mataba por pagar dentro de la juguetería con trabajo y parte de su sueldo, pero no le importaba pues sabía que era la motivación que necesitaba su princesa.

"¡¡Mami!!" David tenía 3 años, era un niño hermoso, la luz de los ojos de Angie y Mía, y juntos eran muy felices, aunque vivieran en una casita pequeña y no tuvieran siempre algo rico para comer, eran amados y eso era lo importante.

"¿Sabes, ma? Me escribió mi papá" Decía la adolescente comiendo un poco de la pasta con mantequilla y queso que era la cena. Angie odiaba que ese hombre apareciera en su vida, sólo estaba cuando la chica se enfermaba o cuando le daba por aparecer cinco minutos y matar un poco el cargo de conciencia que llevaba al haberlas abandonado hace ya tanto tiempo

"No me gusta que hables con él, es tu padre y todo, pero no es bueno, Mía, lo sabes" dijo ella tomando el tenedor para no mirar a los ojos de su hija, ojos que tanto se parecían a los de aquel poco hombre que no dudó en preferir la riqueza a una vida con ellas.

"¡No me importa, mami!" Gritaba "¡No me dejas ser feliz!" Se levantó de la mesa con lágrimas en los ojos y Angie sólo pudo respirar hondo y sonreírle a David, quién se había asustado por la actitud de su hermana, pasaba por las cosas normales de la adolescencia y Angie sólo rezaba porque sus rabietas acabaran pronto.

Lo que ella no sabía es que su nena, cuando estaba tan estresada por la escuela, por el bullying que llevaba o por recuerdos del intento de abuso que había sufrido hace un par de años, tomaba una hojilla y se autolesionaba. No deseaba morir, no siempre. Pero buscaba un escape, una manera de drenar tanta ira contenida.

"Prueba el cigarro, no seas tonta" Fue un consejo que una vez recibió de una amistad. Y no queriendo quedar mal con sus amigos, lo hizo. Lo odió, pero se sintió mejor que antes, era una manera de drenarse también, y no la dejaría pasar.

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"¿Mía? ¿Donde diablos estabas metida? ¿Ves la hora que es?" Angie le rogaba a Dios y a quién la escuchara que trajera a su niña a salvo a la casa, no le importaba que estuviera haciendo, solo que llegara bien. No se perdonaría nunca el hecho de que aquel taxista hace tanto tiempo le hubiera querido hacer daño, pero no lo relacionaba con su rebeldía, ya había pasado tanto tiempo... Además, no sabía lo que ella se hacía con esas hojillas, no es que no estuviera pendiente de ella, es que llegaba muy agotada, física y mentalmente, y solo se desconectaba del mundo dentro de su computadora. David crecía y veía a su ejemplo, a su hermana, ser rebelde y contestona y le parecía bien seguirla, su hermana era su héroe.

"No me va a pasar nada, mami, deja de estresarte, ¿Si?" La chica volteaba los ojos en blanco y seguía su camino al cuarto, donde tomaba papel y lápiz y dibujaba hasta que sus manos dolían, eso cuando su tonto hermanito no entraba a interrumpirla con sus juegos.

"Fuera de aquí, David, ¡¡¡Te odio, no te quiero!!!!" Él lloraba, le dolían las palabras aunque no supiera que significaran realmente, ni que la chica no lo decía de verdad, era sólo... su edad, su entorno, su situación. A veces lo miraba y se le salían las lágrimas, su hermanito era su muñeco favorito, su Ciciobello, su regalo más esperado, no deseaba tratarlo mal pero no sabía que sucedia realmente con ella, y eso la confundía y la deprimía. Ahí volvía a caer en el círculo vicioso de las hojillas, la sangre, los cigarros y los encendedores dejándose internar una vez en un mundo rodeado de malas amistades.

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El tiempo pasó, Mía tenía 16 y David 6, Angie no sabía que su hija consumía marihuana desde hace un tiempo pero el cambio en su carácter, un poco más sumiso y risueño, la hizo pensar en que por fin su etapa rebelde había disminuido un poco y sería otra vez esa nena feliz. David pasaba las horas diurnas, mientras su madre trabajaba y su hermana estudiaba, con una prima de su madre, quién sin que nadie supiera, le decía cosas muy malas al pequeño

"Tú mamá es una zorra. Te deja aquí para irse con hombres. Es una prostituta"

"¡No! ¡Eso es mentira! ¡Estas loca!" El pequeño caballero defendía a su reina a capa y espada, y por eso, se ganaba muchos golpes de parte de la mujer, sin que su madre y su hermana lo supieran.

Mía estaba más y más rebelde, ya no quería estudiar y se tomo un año sabático, donde no hizo más que salir de lunes a lunes hasta altas horas de la noche, cuando Angie lloraba y lloraba y le pedía a Dios que eso acábase, tomó la decisión de trabajar por su cuenta desde casa, no podía seguir descuidándolos más.

"En Venta" El aviso que los arrendadores de la casa en la que vivían, habían colocado fuera, los entristecía cada vez que se acercaban a la puerta. Aquel diminuto espacio se había vuelto su hogar durante el tiempo que lo habitaron y el sentirse fuera, sin un techo de nuevo, los desesperaba a todos. Sin mas opción fueron a vivir con la prima de Angie, Mary, aquella que cuidaba a David y que lo golpeaba cuando lo tenía al cuido y su madre salía y trabajaba, gracias al cielo eso ya no ocurriría, pues ella ahora estaría las 24 horas junto a su príncipe y a su princesa.

Mía estaba apartada de todo, de su madre, de su hermano. Vivía una vida muy acelerada para su corta edad, pero eso la mantenía ocupada, cuando estaba en casa solo veía a Angie pegada a su PC trabajando o chateando y a su hermanito jugando solo con sus juguetes, ella no se sentía parte de ellos y prefería buscar en la calle el amor que no recibía de sus familiares, ignorando siempre lo que su madre se deshacía frente a un monitor, sólo por ella.

Ese Diciembre, luego de que Angie les sorprendiera a ambos diciéndoles que saldrían a comprar ropa nueva para las festividades, llegaron ambos chicos emocionados a la casa donde vivian, con la prima y la abuela de Angie. Quienes se mantenían al margen en el trato con Mía, pues sabían lo explosiva que era la chica cada vez que las veía maltratando a su hermano y a su mamá, cosa que era constante en aquella casa, donde no podían decir nada, pues no era suya.

Mientras Mía se probaba la ropa nueva frente a su mama, su mejor amiga, Mellie, y su hermanito, de pronto entró a la habitación Mary, con una mirada de odio enorme en sus ojos, la cual dirigía a David

"¿Qué pasa, Mary?" Preguntaba Angie preocupada, pero no dio tiempo cuando Mary tomo un cinturón de cuero y empezó a golpear a David, Mía se levantó como alma que lleva el diablo y defendió a su hermanito justo antes que el primer golpe rozara su piel, el niño sufrió un colapso emocional, y sólo lloraba a todo pulmón.

Mía forcejeó con la mujer y no pensó ni por un segundo en mantenerle respeto alguno, estaba harta del maltrato hacía su madre y su hermano, y si tocaba defenderles a puño limpio, ella encantada de la vida lo haría. Ya no era la misma niña buena que Angie tanto había mimado por su buen comportamiento, se rodeaba de gente no tan buena y tenía muy malas amistades, pero una cosa estaba clara en ella: Siempre juntos, sin importar qué.

Mía la golpeo con fuerza, mientras la mujer adulta trataba de darle con alguno de sus puñetazos, pero ella los esquivaba con facilidad, Mary terminó con la mejilla sangrando, además del labio. Mia sólo terminó agitada y con gana de más sangre. La policía llegó, y David no paraba de llorar, eso fue lo que trajo a Mía a la realidad, lo que la sacó del mundo rojo que estaba viendo.

"¡Mi hermana! ¡Se la llevara la policía! ¡No! ¡Mi hermanita!" Mellie trataba de calmarlo, Angie igual aunque sus propios nervios no se lo permitían a ella, y, mientras los chismosos rodeaban la casa para saber lo que pasaba, Mía tomó aire y salió a enfrentar al policía que la miraba con enfado

"¿Se puede saber por qué te enfrentaste asi a tu tia? Mira como la dejaste, vas a ir presa" Eso sólo sirvió para que David llorara más y más, desesperando más aún a Mía.

"Pues me tendrá que llevar, pero después que la mate"

"¡No!" Gritó Angie "¡Mía, ya basta! ¿Qué no ves lo que hiciste? Nos quedamos sin un techo, ¡Todo por tú culpa! ¡Por no controlarte!" Eso hizo quebrar a la adolescente, odiaba decepcionar a su madre, y lastimosamente, eso había estado sucediendo desde hace años, desde que tomó a la calle como amiga.

"Mami..." La voz se le quebró y se sintió como una niña pequeña siendo regañada, humillada

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"Si no estas en la casa a tiempo, no comes. Si no llegas a la puerta a tiempo, no entras..." Su abuelo y la esposa de este le daban el reglamento oficial de la casa mientras desempacaban las maletas que se habían llevado para allá. Ella pensó en decir algo pero una mirada de Angie la acalló. No podía permitir que dejaran a su mamá sin techo de nuevo, no por su culpa...

En esta nueva casa vivía mucha gente, los dos hermanos de Angie, ya adultos, uno con su esposa y su dos hijos, la hermana de Angie con su esposo y su hija, el papá de Angie y su madrastra. Una familia que nunca tuvo espacio en el corazón de Mía y que no representaban una familia real para ella.

Lo que no se había aclarado desde el principio era que Angie era la que correría con los gastos de la casa, gracias a Dios su trabajo online le estaba generando muy buenos ingresos y la familia no tardó en darse cuenta y en empezar a montar sobre sus hombros diversos gastos y facturas.

"Hay que pagar los colegios de los niños" "No hay dinero para comprar la cena de hoy" "Angie, necesito dinero para salir, ¿Me das?" Y poco a poco, Angie se fue desgastando más y más horas frente a un monitor, sin complacer en nada a sus obedientes hijos, pues al haber vuelto Mía a la escuela, era lo menos que se merecía como premio ya que su promedio fue perfecto cómo siempre y al ser David el número 1 de su clase, pues... Pero no, primero debía de ser cubierto lo demás ya que, según ella, "Se lo debían".

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"Mamá, escúchame, esta vez es en serio" Mia tenía ya 17, era toda una mujer y Angie estaba muy orgullosa de ella, aunque odiaba el hecho de que fumara y saliera con sus amigos. La veía más delgada de lo normal, pero se lo achacaba a las drogas, sin darse cuenta que, de la comida que ella compraba para todos, su hija era excluida al "no llegar a tiempo".

"¿Qué pasa ahora, Mia?" Suspiró, sin mirarla al rostro pues estaba ocupada haciendo una campaña virtual de la que recibiría buen dinero.

"Si no nos hemos ido de aquí cuando tenga los dieciocho, me iré sola"

"¿Sí? ¿Te irás a donde?" Angie llevaba escuchando lo mismo desde que se mudaron a la casa grande con su familia. Ella realmente se sentía bien al estar rodeada de sus hermanos, sobrinos y padres, no veía nada malo. Al parecer tenía una venda en los ojos que no le dejaba ver lo pisoteada que estaba siendo por todos ellos.

"Donde sea, mami. Los odio, los odio a todos. Solo te utilizan, ¿Qué no ves?"

"Mía, nadie me esta utilizando. Solo colaboro porque vivimos aquí, y esta no es nuestra casa" La misma respuesta de siempre a la misma discusión de siempre, Mía estaba harta de la ceguera selectiva de su madre, eso sólo la hacía desear escapar y prender un porro.

"Mami, no seas tonta. Mírate, estas ojerosa, destruida. No tienes nada para ti y eso ¿Por qué? ¿Por matarle el hambre a tu familia? ¡Date cuenta! ¡No tenemos nada! Y mientras sigamos aquí, no tendremos nada nunca" Las lágrimas de impotencia rodaban por sus mejillas al ver a su madre, el ser que ella más amaba, ser usada y que ésta no se diera cuenta y la tomara a ella como una loca.

"Ok, bebé. Busca a donde irnos y nos vamos." Esa era la respuesta que le daba Angie para calmarla y que ocupara su mente. Realmente sabía que no se iría así como así de ahí, no deseaba mucho hacerlo tampoco. David era feliz viviendo con sus primos, por fin jugaba con niños de su edad y ella también estaba comoda. Al parecer, la única que no encajaba era Mía.

El novio de Mía, Daniels, un chico con un pasado de delincuencia y un historial familiar dedicado a la misma, era el único apoyo de la adolescente, él odiaba que consumiera marihuana pero el hacía lo mismo desde hace tanto tiempo, que no podía criticarle, sabía que lo utilizaba como un escape y que, cuando ella decidió por sí sola dejar las autolesiones y el cigarrillo que tanto afectaba su asma, ese fue el escape que encontró, y así la acepto. Despúes de todo, ¿Quién era él para criticarla?

"¿Comiste algo hoy?" Le preguntó al verla llegar con cara de tristeza, lo hizo para distraerla pero al parecer eso la afecto más aún y ella, entre llanto, le hizo entender que no había comido, que su comida había sido para otro pues ella no llego a la hora de comer exacta. Estaba enfadado con la familia de ella, y mayormente, con su madre. ¿Cómo una madre podría permitir que le hicieran eso a su hija? ¿Que la comida que salía de su bolsillo no pudiera ser para su hija? Él no entendía eso, y Mía tampoco por más amor que tuviera por su progenitora.

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Los meses pasaron y Angie decidio pensar un poco en ella misma y viajar al exterior para convivir con Roxy, una hermana que nunca conoció personalmente pero con la que iba de maravillas por chats y redes sociales, lo tomó como unas pequeñas vacaciones, y fue la excusa perfecta para que Daniels decidiera hablar con sus padres y su suegra para que Mía se fuera a vivir con el mientras Angie no estaba, sabía que la vida que vivía dentro de esa casa en la ausencia de su madre, sería nada menos que un infierno y sus padres al conocer ya la situación de la chica, aceptaron gustosos. Era la única que había logrado que él dejara de robar, de consumir otras drogas extrañas e incluso, de tomar alcohol y perderse cómo en un tiempo lo hizo, sabían que la chica compartía un vicio con él pero era mejor eso, que todo lo anterior.

El mes paso volando y cuando Angie llegó, Daniels se negó rotundamente a que Mía volviera a esa casa donde David se había quedado -por orden absoluta de su madre pensando en su "seguridad"-y donde lo habían enfermado con el hecho de que su hermana lo abandonó, diciéndole que ella no lo quería cuando realmente la chica llegaba destrozada luego de ir hasta alla para verlo y que siempre se lo negaran.

Angie de nuevo se sintió decepcionada de su niña, había preferido un hombre que a ella, lo que ella nunca había hecho e ignorando lo que siempre le había enseñado "Los hombres no sirven". No estaba siendo objetiva y Mía sabía que estaba recibiendo un lavado de cerebro de su familia. Pero luego de un tiempo, Angie aceptó un poco la decisión que su hija había tomado y cuando vio que ya no salía a fiestas como antes, se sintió un poco mejor. Aunque siempre herida pues ese cambio lo logró un simple chico y no ella.

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Los años pasaron, Angie por fin abandonó ese lugar y se fue a vivir al extranjero, cerca de la casa de su hermana Roxy, esta vez David la acompañó, eran muy felices haciendo su vida desde cero sin dejar de ser duro ya que ninguna emigración lo es, mientras Mía y Daniels hacían su vida aparte, Mia estudiaba y Daniels trabajaba, tenían una bebé llamada Antonella y eran felices, aún cuando ella lloraba a diario en silencio por la falta que le hacía su mamá y su hermano, pues, aunque siempre hablaban por teléfono, no era igual a tenerlos ahí para ella, para abrazarla, besarla o incluso, para discutir.

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Una navidad, mientras Mia adornaba su casa y ponía la estrella en la punta del árbol y Antonella bailaba una canción que Daniels le cantaba, el timbre de la puerta sonó. Ambos se miraron y encogieron los hombros, no esperaban visitas. Mía se apresuró a abrir la puerta y casi se desmaya cuando por fin, después de tanto tiempo, se encontró con su mama y su pequeño hermano, el cual ya no era tan pequeño, parecía un sueño hecho realidad que aquella noche ellos hubiesen llegado, cuando faltaban solo dos días para Navidad.

"¡¡¡Mami!!!" Gritó como una niña pequeña mientras corría a abrazarla y a llorar de la felicidad, David se unió a su abrazo y pronto salió Daniels con Antonella en los brazos, preocupado por los gritos, pero al ver a su suegra, quien se había vuelto casi una madre para él apesar de la distancia, y su cuñado que era como su hermanito, se sintió feliz, pues al fin había una sonrisa de verdadera felicidad en los ojos de su querida Mía.

Mientras todo esto pasaba, una estrella fugaz llenó el cielo con un brillo muy peculiar en ellas

"¡Miren! ¡Una estrella fugaz!" Gritó David señalando a la susodicha

"¡¡¡Pide un deseo!!!" Le gritó Angie a su hermosa hija, hecha ya toda una mujer, mientras se quitaba las lágrimas de felicidad de los ojos

"No, pídelo tú. Ya yo tengo todo lo que quiero."



Fin






La vida no es nada sin ilusión, amor, respeto y una buena taza de café.

19 декабря 2018 г. 15:37:28 2 Отчет Добавить Подписаться
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Конец

Об авторе

Mariam Abdulhay 21 años, madre, publicista y escritora independiente. Amor por los libros y una mente demasiado creativa. ¡ATENCIÓN! CONTENIDO PARA MAYORES DE EDAD -BDSM -ROMANCE ERÓTICO -MISTERIO -Y MÁS. "Ama lo que haces y ama aún más lo que creas".

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Angélica Plaza Angélica Plaza
Simplemente....hermoso,💋
Galo Vargas Galo Vargas
Hola Mariam. Estamos en el proceso de verificación de historias. Para poder verificar la tuya necesitamos primero que corrijas ciertos errores de puntuación, tildes, y ortografía. Por favor responde este comentario cuando crees que lo hayas terminado. Mucha suerte.
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