La línea roja Подписаться

dsofia Sofia De León

Luego de que un extraño agente comenzara a infectar a vivos y muertos, aumentaron las dudas y se agotaron las explicaciones. El comportamiento de la enfermedad no encajaba con lo que decían los libros y era el trabajo del equipo lidiar con ella y las consecuencias de sus errores y retardos al estudiarla.


Саспенс 13+.

#Post-guerra #Infecciones #Biopsias #explícito #médico
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¿A qué huele un cadáver? En un anfiteatro, a formol, dulzón y hasta almendrado. En la calle bajo el sol y la lluvia por semanas, a carne podrida,  metálico y acre. El olor a muerte, referido por muchos, experimentado por pocos es un olor inolvidable y penetrante que queda contigo por el resto del día junto el recurrente pensamiento de haber manipulado el cuerpo sin vida de un desconocido. 

Ultrajar el descanso e integridad corpórea de una persona sin vida es algo impensable para muchos, atemorizante por decir algo pero no para quienes basan su profesión en el profundo conocimiento del cuerpo.

Existe una peculiar belleza en la lenta descomposición de la carne y en su preservación dentro de un laboratorio. Piel dura y acartonada, decolorada casi inhumana, con incisiones y suturas desordenadas, miembros mutilados de regreso a su posición original únicamente unidos por hilaza blanca empapada en formol. La práctica puede llevar a  uno a sacar su lado más sanguinario. Es morboso y hasta seductor tener muerte entre tus manos y es así porque la muerte es lo ultimo y después de la muerte no hay nada.

 O eso es lo que dicen. Después de la muerte hay vida, el cuerpo en descomposición se convierte en el mundo ideal para bacterias y parásitos, de ahí parte del hedor del cuerpo al comienzo de la descomposición. Eso no fue la excepción al término de la guerra, los montones de cuerpos en las calles y campos permanecieron unos sobre otros bajo el cielo, algunos desgarrados por buitres o animales hambrientos llenando el ambiente de un hedor insoportable, propiciando el ambiente perfecto para  que lo que sea que haya iniciado el problema naciera. Y así comienza la vida destinada a traer la muerte.


El paso destructivo de la guerra dejó en la ciudad miles de edificios en ruinas y la devastación se tradujo en la falta de material de salud, píldoras, gasas, vendas y antisépticos más que en falta  de alimentos y suministros de agua porque más de la mitad de las personas formaban parte de los montones putrefactos que tapizaban campos o se escondían bajo los escombros. Al principio no era tan malo, el mal olor llegaba a todas partes pero se hizo costumbre y era relativamente seguro salir siendo el unico riesgo ser disparado por uno de los convoyes del gobierno aunque  a esas alturas un balazo en la cabeza no sonaba tan mal en los pensamientos de Joan.


Mientras pasaba solución salina con formol por un catéter a las venas de un cuerpo infectado por hongos que estaba indicado para incinerarse, Joan cerraba con paciencia el tórax masculino con una aguja curva e hilaza blanca, manejando las pinzas con destreza y gran habilidad. Absorta en el pensamiento del deseo de que sus suturas fueran para preservar una vida y no un trozo de carne, no se percató que la aguja había salido y la solución  inundaba el hueco de la pierna donde se supone debería estar el recto femoral. Amaba lo que hacía pero buscaba más que  quedarse en el anfiteatro haciendo biopsias de los cuerpos que traían para la nula enseñanza que se daba casi clandestinamente a los jóvenes que querían hacer algo de su vida aunque no quedara mucho que hacer más allá de curaciones. A final de cuentas un médico siempre es de utilidad, aunque sea de apoyo moral.


El laboratorio estaba silencioso y tranquilo como siempre, con ese delicioso olor aséptico y limpio que estaba ya impregnado en las paredes y las batas blancas que se quedaban guardadas en las gavetas, hasta que un olor putrefacto llegó hasta la nariz de Joan después de oír la puerta del laboratorio azotar como cuando llegaba un cuerpo nuevo.


–—¡Joanie!— llamaron —¿Estás ahí?

—¿Dónde más estaría?

—Encontramos esto fuera de la estación 


Dejó las pinzas sobre el torso y se acercó al cuerpo envuelto en un campo manchado de sangre, el olor era fuerte y calaba en la garganta a pesar de portar su cubrebocas  como acostumbraba al trabajar con los cadáveres. 

—Ayúdenme a ponerlo sobre la mesa— indicó Esther y entre los tres dejaron caer el cuerpo en la mesa en la que se hacían las biopsias. En cráneo rebotó contra el metal resonando en la tranquilidad del laboratorio —No sabemos cómo sucedió esto— 

Joan descubrió el cuerpo que pasaba del rigor mortis —No es cierto— incrédula volvió a poner la sábana miró a Esther —Doctora, ¿cómo lo encontraron?— el doctor Frank aseguró la puerta y retiró el campo con fuerza. 

—Esther, esto es lo que pasa cuando uno anda fuera— bromeó el doctor Frank, como si fuera extraño a quien yacía en la plancha, Joan sólo examinó con detalles las heridas que tenía en la cara, tratando de contener las náuseas —Hija, no te preocupes con eso, no encontramos heridas de bala, pero mírale el cuello— el inanimado saco de carne casi podrida que llevó por nombre Herb parecía no tener muchas heridas en el rostro a excepción de los párpados que sostenidos por un colgajo de piel caían a la cavidad del ojo que probablemente se habían comido los buitres, y un corte en el cuello.

Herb era el técnico de laboratorio y a pesar de que carecía formación médica, compensaba con su habilidad de mantener limpio el laboratorio, su ayuda con las biopsias y otras tareas comparadas a la carnicería. Era un buen tipo y buen maestro aunque no se comparaba con la doctora Esther ni mucho menos con el doctor Frank.

—Lo que me preocupa es el olor, Frank—  Esther se lavó las manos y se puso un par de guantes de látex —No debería oler así—

Y era cierto, no despedia el hedor de un cuerpo en putrefacción, olía a pus, a mil y una infecciones, era imposible describir ese aroma pero ninguno de los tres lo olvidaría.


Desvistieron el cuerpo alistándo para abrirlo tal cual cerdo y hurgar en sus enrtrañas como se haría con cualquier cuerpo nuevo. Se removieron vísceras sin anormalidades, su interior parecía despedir el terrible aroma y mientras disecaban los grandes vasos, desgarrando músculos viscosos y fascias perladas como listones de satin, la carótida de Herb quedó expuesta, sirviendo como un camino extrañamente rígido y oscuro hacia la aorta. 


—¿Ves esto?— la doctora Esther pinzó la carótida izquierda para no perderla entre el resto de los tejidos putrefactos —No es normal— metió sus dedos palpando  a profundidad —Quiero ver el corazón— hizo una pausa y siguio tocando.


Se separó la piel de los músculos del pecho, al igual que el tejido graso para acceder al corazón. Era una maniobra realmente sencilla, pinza en la mano izquierda sujetando la piel, tijeras en la otra abriendo y cerrando, separando cada capa con precisión y paciencia. Esa es la clave del éxito, precisión y paciencia.

No se tuvo la misma delicadeza al fracturar costillas para hacer paso  los órganos del tórax, dejaron los huesos a un lado del cuerpo, y para sorpresa de los tres, el corazón tenía un aspecto necrótico  que no era usual, y  si el infierno existiera y tuviera un olor, ese sería. Hacía que un cultivo de enterobacterias fuera placentero. 

—Dios santo— suspiró Esther.

—¿Endocarditis?

—Lo dudo, mira el estado del músculo hija— el doctor Frank sonaba como si estuviera burlándose de ella, y tal vez lo estaba haciendo pero Joan entendía su sentido del humor y no tomó ofensa alguna.

—Necesitamos mandar una muestra a la clínica— concluyó la doctora mirando a Joan —Cayado aórtico, aurículas y ventrículos, podrías hacerte cargo de eso, Joanie?—

—Por supuesto— comenzó a pinzar para obtener cortes limpios del vaso.

—También llevarlas a la clínica, tú conoces al encargado de las biopsias allá, ¿no?

Levantó el rostro, sonrió y asintió, Esther sonrió también aliviada y se retiró de la mesa.

—Necesito llamar a Elvira, definitivamente está infectado

—Si prefiere que no se propague miedo entre nosotros, puedo encargarme de eso también 

—Joanie, de verdad lo aprecio pero suficiente tienes con salir de aquí y tener que ir a la clínica, no te preocupes por eso

—De acuerdo, llamaré en cuanto haya entregado las muestras 

—Gracias Joanie— Esther se dispuso a salir pero paró en seco en la marco de la puerta —Y por favor toma la línea roja, no queremos arriesgarnos a que te suceda algo.

12 декабря 2018 г. 11:00:19 0 Отчет Добавить 0
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