Belleza escondida Подписаться

clem Clem SS

En el pueblo donde Alina vive, desaparecen las mujeres de forma misteriosa; pero no todas las mujeres, sólo las que se consideran las más hermosas del lugar. Alina es considerada la fea del pueblo y no teme al asesino de mujeres. Pero todo es hasta un día. ¿Quién será la siguiente víctima?


Ужасы Готический ужас Всех возростов.

#miedo #Hombre-misterioso #mujer-hermosa #persecución #arte
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Parte I

Era una tarde sombría en el pueblo, de esos días que te hacían pensar que cualquier cosa era capaz de ocurrir; y así fue: otro volante de una joven desaparecida circulaba en cada esquina de los establecimientos locales. Alina se quedó observando uno fijamente hasta que decidió continuar su camino. Por fortuna para ella nunca ha desaparecido alguna chica que conociera en los lazos de una amistad.

En el pueblo desaparecen las mujeres de manera misteriosa. Nadie sabe cómo o cuándo. Sólo sabían que ya no estaban cuando se les buscaba y no eran halladas.

Las favoritas eran las mayores de diecisiete años: muchachas jóvenes, bonitas o en edad madura; aquellas que a pesar de los años no habían perdido su encanto.

Todas las féminas en el pueblo eran avisadas del peligro y custodiadas por sus novios, padres o hermanos, con recelo.

Las más hermosas eran vigiladas constantemente por sus allegados para que lo que sea o quién sea que se estuviese llevando a las más bellas mujeres del pueblo no se atreviera por temor a la vigía ejercida en ellas. Sin embargo, nada de eso evitaba sus desapariciones.

Eran muy constantes los disgustos que le hacía pasar su hermano menor a Alina debido a esto.

Él le decía:

—Quien se está llevando a las mujeres más hermosas, nunca te llevará a ti por fea.

Alina siempre respondía con un golpe de nudillo en la cabeza del menor de edad. Aunque sabía que su hermano lo hacía con la intención de fastidiarla, también sabía que él no estaba del todo equivocado.

El menosprecio a sus encantos la obligaron a preferir ir al bosque a sanar sus penas. Nadie en su casa se preocuparía por un secuestro. No a Alina.

Quienes desaparecían eran mujeres con más de un pretendiente detrás, por hermosas, bellas, mujeres que fácilmente podían protagonizar un cuento de hadas; ella, en cambio, con diecinueve años nunca había tenido uno.

Era de mediana estatura, un poco gordita y, según quienes la rodeaban, sin mucho atractivo físico. Su busto quedó atrapado en el de una niña de trece años y muchos la hacían acomplejarse por eso; entre estos, sus dos hermanas mayores, quienes se consideraban mucho más atractivas que ella, pero ya estaban casadas, con hijos y sus cuerpos ya no eran como antes de los embarazos, razón por la cual se excusaban del porqué no eran raptadas por quien se llevaba a las mujeres más hermosas.

Como mujer, que le encontraran tantos defectos a su feminidad la hicieron acomplejarse, avergonzarse de su cuerpo, dudar de su propia belleza y encanto; si es que en verdad lo tenía.

Era debido a esa razón que caminaba tan tranquila por el pueblo, porque sabía que jamás raptarían a una jovencita tan poco atractiva. Sólo en la soledad del bosque ella encontraba la manera de aliviar sus penas.

La labor de Alina consistía en ayudar a su madre con el mercado de verduras que le daba sustento. Razón por la cual tenía que estar andando de un lado a otro recogiendo los menesteres del huerto familiar y comprando en otros mercados algunas frutas para complementar su negocio.

Era durante esas caminatas que ella podía apreciar a lo lejos, sobre la colina que podía verse desde el pueblo, una hermosa casa georgiana con acabados hechos en mármol blanco. Sin temor a equivocaciones, era una de las casas más hermosas en toda la región. Se sabía que vivía un señor de unos cincuenta años que iba muy pocas veces al pueblo. Solo iba a comprar comida y algunas otras extravagancias que se permitía mientras vivía solo en aquella casa. Por ese estilo de vida tan ermitaño por un tiempo estuvo en la mira de las sospechosas desapariciones, pero las veces que fueron a revisar su casa no hallaron nada. El allanamiento sólo provocó que el señor se recluyera más.

Alina lo había visto en más de una ocasión a distancia. Era un hombre muy elegante, atractivo para su edad, se notaba que aún conservaba su vigor, incluso su cabello negro cubierto por gruesos mechones blancos era algo que encantaba a más de una mujer del pueblo. Según se rumoreaba, él era viudo y quedó tan mal cuando murió su esposa que se aisló en aquella mansión. Se decía que sus ancestros la habían edificado con sus propias manos una vez que se asentaron en aquel pueblecito abandonado del mundo —eran extranjeros—, convirtiéndola en una de las casas más antiguas y mejor conservadas de toda la zona.

Alina no podía dejar de mirar esa casa cada vez que tenía la oportunidad.

—Cómo me gustaría vivir en un lugar así —dijo en un suspiro la última vez que clavó su mirada en aquella mansión.

Ocurrió que una tarde Alina volvía de sus labores en el bosque y de comprar fruta; en el camino se topó con algo que la hizo detenerse al instante, una avecita con un ala lastimada. Se arrastraba por el suelo en un intento por despegar sus alas hacía la libertad, su hermoso cantar, antes hermoso, era un sonido lastimero, delator del inmenso dolor presente. Verlo luchar por intentar volar era algo que en verdad conmovió el corazón de la joven.

Dejó su canasta a un lado y de inmediato fue a tomar a la avecilla entre sus manos con cariño. Susurraba palabras bonitas, de aliento, como si de un paciente común y corriente se tratara, como cantándole que sanaría porque ella no lo dejaría morir. Sin embargo, la avecilla pereció en sus cálidas manos antes de que ella pudiera pensar en cómo ayudarla.

Alina se sintió triste al ver un ave morir así.

Tomando la pequeña navaja que siempre llevaba para pelar fruta se dispuso a cavar un agujero para enterrar a la avecilla bajo la sombra de uno de aquellos frondosos árboles. Con una lágrima ocultó a la criaturita del mundo.

—No sabía que todavía quedaran almas tan sensibles como la tuya.

Se escuchó decir a una voz que la espantó por completo. No esperaba no estar sola.

Miró a su lado y he aquí al señor de la mansión inmaculada estilo georgiano. Este traía una canasta llena de diferentes frutos, lo cual era indicio de que era su día de compras en el pueblo.

Ella se puso de pie de repente, tomando su canasta.

—Creí que estaba sola —se excusó sacudiendo el polvo de su faldón gris.

—No tienes que avergonzarte de sentir compasión de un ave.

—No debería, pero muchos se burlarían de mí si me vieran hacer esto.

—Lo sé —contestó el señor en modo solemne—, la sensibilidad es algo que se está perdiendo en estos tiempos, hasta las mujeres se despojan de ese lujo; de modo que no te avergüences de ser así. Menos deberías andar sola conociendo la historia de las mujeres desaparecidas.

—No me preocupo. No tengo el perfil de las que suelen desaparecer.

—Pero si tienes un alma tan noble, tan sensible, claro que belleza has de tener.

A esto le siguió una sonrisa encantadora por parte del señor, tan encantadora que ella se avergonzó y continuó con su camino, de una forma tan rápida que al señor no le dio tiempo de decirle alguna cosa más.

La joven no sabía si reírse o llorar debido a las ocurrentes palabras del señor de la mansión; aunque no fueron mal intencionadas, era una afirmación que no iba acorde con lo que se decía de ella.

Varios días después, en una tarde recibieron un cliente poco habitual en la verdulería. Era el hombre de la mansión que acudió para hacer, una vez más, su compra del mes. Al principio todos lo creyeron extraño, si hacía unos pocos días él había hecho su visita para adquirir los menesteres y, por lo general, solía tardar mucho tiempo para volver a hacerlo, ya que compraba en abundancia. Sin decir más, la madre de Alina comenzó a envolverle todo aquello que le pedía, tratando de disimular su asombro para no espantar a uno de sus mejores clientes.

Alina, quien estaba junto a su madre, lo miró con sigilo tras el mostrador, admirando su porte erguido, aristocrático y su atractivo. Sin duda era un hombre que merecía la casa que tenía.

Al cabo de los días su visita por el pueblo se hizo más frecuente e incluso comenzaron a surgir rumores de que lo hacía por una mujer. Las hermanas de Alina se escandalizaron al pensar que lo hacía por alguna de ellas (a pesar de estar casadas y con hijos), ya que acudía mucho a la verdulería.

Nadie pudo imaginarse la verdad.

Alina tampoco sospechó nada.

13 октября 2018 г. 20:47:17 3 Отчет Добавить 5
Прочтите следующую главу Parte II

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Roderick Benitez Roderick Benitez
Me ha encantado la forma en que te desenvolviste para colocarnos en el mundo. Saludos y continuaré leyendote.

  • Clem SS Clem SS
    Muchas gracias por tu apoyo! November 19, 2018, 04:11
  • Clem SS Clem SS
    Me alegra que te haya gustado. November 19, 2018, 04:13
~

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