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angellovix Angela Lovix

Un tiempo oscuro ha llegado a la Tierra. Un grupo de ángeles tanto del Cielo como caídos se han unido para acabar con la existencia de la Tierra sabiendo que es lo único que sostiene a sus dos mundos. Por otro lado, otro grupo de ángeles tendrá que unirse a otros caídos para evitar esa destrucción. No obstante no será fácil, pues el grupo que quiere generar el caos sacará a unas criaturas que hasta ellos mismos temen y cada paso que dan, llevan a la Tierra hacia su fin.


Фэнтези средневековый 13+.

#historiacorta #acción #paranormal #378 #ángeles #demonios #leviatanes
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In danger

Por años nos dijeron que los sentimientos y los pecados no podían estar en nosotros porque no era parte de “nuestra naturaleza”. Controlaron nuestras cabezas y nos contaron solo aquello que querían, decidiendo el futuro por nosotros. Nuestro padre, la escuela y otros iguales que nosotros más mayores, nos quisieron quitar cada una de esas partes que supuestamente nos hacía débiles hasta que no fuéramos más que soldados. Sin embargo, tenían un problema: yo.

Por ese entonces, no era más que un pequeño ángel que llegaba solo a la mitad de la mesa y no obstante, me temían porque no era igual que ellos, porque tenía algo que ellos no tenían y era “peligroso” si no lo erradicaban.

A los seres que están entre nuestros mundos, se les cuenta a través de un libro que los diablos y demonios fueron creados después de la caída pero no es así porque, como bien saben todos, no hay bien sin mal ni mal sin bien.

Era increíble que un sitio tan simple y pobre pudiese hacer tanto daño pero las cosas eran así y lo peor era que no sabía del todo si nos lo merecíamos. Aunque no me podía quejar pues era Gaderel quien había obtenido el peor castigo: Encerrado por la eternidad en el Cielo. No se lo deseaba a nadie; sabía de sobra como de crueles podían llegar a ser ahí arriba. La cárcel del Cielo tenía mucha fama y yo no era ningún estúpido.

Si uno prestaba atención, podía oír los gritos de las personas que terminaban ahí abajo, podía sentir las vibraciones del suelo y de la pared, podía sentir el calor y el ambiente a su alrededor, el fuego abrasador alrededor... Yo podía sentir y oír cada una de esas cosas si decidía hacerlo pero no todas podía verlas. El suelo y la pared obviamente sí, el calor y el ambiente... incluso el fuego; pero no podía ver a las personas, a los demonios o a los ángeles caídos que estaban ahí. Y muchas veces me preguntaba cuánto de ello era real aunque la pregunta no me duraba mucho en la cabeza y terminaba pensando en otra cosa porque no era muy sano que me tirase pensando por mucho tiempo sobre la realidad y la fantasía de las cosas, era parte del lugar y bastante loco estaba ya alguno de ahí.

Noté una fisura en una de las paredes y me acerqué. Eso solo podía significar una cosa y era que trataban de comunicarse conmigo. No era la primera vez que lo hacían pero me estaban empezando a cansar esos seres humanos con sus tonterías. Me senté a esperar a que la fisura se rompiese para salir aunque fuese por unos minutos. Al fin y al cabo me hacían un favor al sacarme. Las voces se hicieron más claras y la fisura terminó por romperse. No esperé demasiado y salí casi de un salto.

Algo me paró a tiempo y retrocedí sobre mis pasos para bajar mi mirada al suelo. Era un símbolo contra ambos mundos.

“Esta vez se han superado” pensé con una sonrisa levantando mi mirada hacia los dos humanos. Uno era un chico joven de pelo rubio rizado y alborotado, de ojos marrones, corpulento y alto. A su lado, una chica de cabellos castaños lacios y ojos verdes oscuros, claramente más baja y menos corpulenta.

—¿Pensáis mantenerme aquí durante un buen rato? —pregunté al final, cansado de esperar a que reaccionasen—. Es solo por curiosidad.

El chico sacudió la cabeza y me observó con interés por unos segundos.

—Queremos ver a alguien que está muerto. En nuestro mundo se llama Angelo Cantoni. Era parte de la Iglesia —dijo el chico.

—Entonces estará en el Cielo no en mi reino. Yo no puedo traeros a uno de los de allí —repliqué yo.

—Eso mismo pensamos nosotros pero el ángel que logramos convocar nos dijo que no había nadie en el Cielo con ese nombre —dijo la chica, cruzando los brazos como molesta—. ¿Ahora vas a decirnos que no está en tu reino?

—Es que no está —respondí recordando la última lista de humanos muertos que me habían pasado—. ¿A qué ángel convocasteis?

—A ninguno en concreto, no buscábamos un nombre. Nos bastaba con que fuera uno —resopló el chico—. Pero sí que le preguntamos su nombre. Decía llamarse Metatrón.

Yo levanté la vista para mirar al chico a los ojos pero luego la aparté al ver que era verdad lo que decía. No se me pudo escapar una mueca y les observé con cautela para ver si tenían alguna herida pero no parecían tener ninguna. Sacudí la cabeza.

—Si no me queréis para más...—hice un ademán señalando la brecha detrás de mí.

—Ya hemos dicho lo que queremos —dijo la chica algo enfadada—. Tráenos a Angelo.

—No puedo porque no me pertenece —dije cogiendo paciencia.

—Podrías estar mintiendo —replicó el chico.

—Oh... yo claramente puedo estar mintiendo pero el ángel obviamente no... Qué ingenuos sois los humanos —dije con cierta ironía—. ¿Por qué es tan importante este humano?

—Es el único que nos puede ayudar ahora. Él sabría qué hacer. Los humanos mueren cada vez más deprisa. Muchos se suicidan como si no quisieran suicidarse, otros se ahogan con los mismos síntomas... Es como si estuvieran poseídos—dijo el chico con un suspiro de cansancio—. Y además... han aparecido seres extraños por las noches. No sabemos qué aspecto tienen. No hemos querido acercarnos.

—El problema es que, en el caso de los poseídos, no deben de ser demonios o diablos normales porque hemos probado todas las maneras de expulsión que conocemos y no han funcionado —habló entonces la chica.

—Y... dejadme adivinar... Este tal Angelo expulsaba siempre a todos —dije como si tratase de adivinarlo de verdad. Los chicos asintieron con la cabeza y yo sacudí la cabeza—. No está en el Infierno. Podríais convocar a un mejor ángel como Gabriel y preguntarle por vuestro amigo.

—Te vas a quedar ahí —me avisó la chica y yo resoplé pero me senté sobre el suelo, con mis alas aún plegadas a la espalda para que no las vieran. La chica sacó una especie de rollos que estaban en una bolsa hecha de piel de animal y puso un rollo cerca de mi vista—. Traduce y hazlo bien, sabremos si mientes o no si termina no funcionando el ritual.

Yo observé el rollo y me di cuenta que eran nombres de ángeles escritos en un antiguo idioma de humanos que había antes. Empecé a decir los nombres uno tras otro hasta que llegué al último. Sabía cuál sería pero prefería a tener a todos los anteriores delante que a él y no porque le temiera sino por otras causas.

—¿Ya está? —dijo la chica—. Juraría que había uno más.

—Metatrón, pero es el que llamasteis —mentí.

—No puede ser él, todos los que están ahí son arcángeles y Metatrón es un ángel —replicó el chico—. Y los ángeles están escritos en el otro rollo así que, ¿quién es el otro arcángel? Y... no mientas, a ser posible

—Miguel —dije disimulando una mueca y con un pequeño suspiro.

—Podemos probar —dijo la chica cogiendo el rollo y guardándolo de nuevo en la bolsa. De la misma, sacó una piedra, un rollo distinto a los anteriores y se lo entregó al chico. Este cogió la piedra y comenzó a dibujar el mismo símbolo que tenía yo a mis pies. Al terminar, la chica entonó unas palabras mientras el chico cogía un palo y le prendía fuego. Dejó el palo encendido en el suelo mientras la chica seguía entonando, cogió un trozo de papiro de uno de los rollos y con un carbón escribió un nombre. La chica parecía estar terminando y entonces el chico tiró el nombre al fuego. Enseguida una vez que la chica dejó de hablar, el fuego se apagó al instante, una luz apareció y cuando ésta desapareció, una figura había aparecido en el símbolo. Yo evité mirarle al saber quién era y escondí mi identidad dentro de mí, convirtiéndome en lo que parte de mí era.

—¿Qué queréis? —habló el ángel mirando el símbolo con recelo y a los humanos con cierto interés y curiosidad.

—¿Eres Miguel? —preguntó el chico. El ángel asintió con la cabeza y ambos humanos parecieron relajarse—. Queremos ver a Angelo Cantoni, era parte de la Iglesia. Le necesitamos, es una situación de emergencia.

—Ya sabemos de la situación, estamos intentando arreglarlo pero no es fácil. ¿Por qué él?

—Siempre expulsaba a todos, era bueno en su trabajo —dijo la chica—. Por favor, tenemos que verle. Así, puede que nos diga cómo lo hacía y nos ayude con esto.

—Él no podría con estos seres en concreto, no son simples demonios y diablos como siempre —replicó Miguel—. Angelo no puede ayudaros.

—¿Pero está en el Cielo, no? —preguntó el chico.

—Sí, claro —respondió él como si fuera lo más obvio.

—No se ofenda pero un ángel nos dijo que no estaba ahí —dijo la chica—. Nos dijo que se llamaba Metatrón.

—No os fieis de él nunca. Puede que sea un ángel aún, pero no por mucho tiempo si sigue jugando a este juego —dijo inclinando un poco la cabeza hacia ellos—. ¿Me sacáis?

—Normalmente nos piden que les devolvamos a su terreno —se desconcertó la chica.

—Voy a echar un vistazo para ver cómo están las cosas —dijo él encogiéndose de hombros.

—Espera solo un segundo, vamos a devolver a este demonio a su sitio —dijo el chico cogiendo los rollos que había dejado la chica sobre una mesa.

—No, que se venga con nosotros. Nos vendrá bien uno de los suyos —negó Miguel con la cabeza.

—Mandadme de nuevo a mi universo —dije yo cortante. No quería tener una conversación con él ya que la última vez no terminó bien.

La chica se acercó donde Miguel y pareció que le pedía algo. Él dudó y después suspiró, sacando de detrás su espada y entregándosela a la chica que la cogió con cuidado de que no se le cayera al suelo. El chico se acercó al símbolo y con la mano, borró un trozo. Miguel salió del sitio y se acercó hacia mí. Yo en esos momentos estaba en mi otra forma, con los ojos amarillos y mi piel más oscura. Borró con su sandalia parte del símbolo y tiró de mi brazo con fuerza pero me soltó con la misma rapidez.

—Tú —dijo Miguel. Yo retrocedí en un salto y me alejé de él a la velocidad de la luz pero me cogió al vuelo del cuello—. Revélate, Lu.

Yo tragué saliva e intenté soltarme pero Miguel sabía que no podía. Desistiendo, dejé salir mi otra parte y oculté la anterior forma. Terminó soltándome cuando enseñé mi otra forma y yo cogí aire. Cuando levanté la cabeza, los dos humanos de atrás parecían bastante sorprendidos.

—Creíamos que no había ángeles ahí abajo —consiguió murmurar la chica dejando la espada sobre la mesa.

—Bienvenida a la realidad. Os presento a mi hermano... Lucifer —dijo Miguel levantándome—. Es el demonio que habéis invocado.

—Pero... si es un ángel... —dijo el chico confundido.

—Es una larga historia —replicó Miguel—. Lu nos va a ayudar. Sabe que le conviene.

—No voy a ir directo a suicidarme porque tú lo digas, Miguel —casi escupí yo, soltándome de su agarre pero él me volvió a coger y me tiró hacia la mesa, cogiendo su espada en el proceso. Yo traté de salir de buscar una salida pero Miguel solo retiró parte de mi camiseta con una mano y bajó su espada a mi cuerpo haciéndome solo un pequeño corte en la piel.

—Lucifer, esto se cae en pedazos. Sabes que ahora dependemos de este pequeño mundo. Si cae, nosotros también lo haremos y será peor —dijo Miguel sin apartar la espada.

—Bien —dije yo con cierta queja—. Ayudaré pero no puedo prometeros que no huiré si veo que las cosas me dañan.

—Promete que nos ayudarás y ya. Dame tu palabra —dijo él y yo hice una queja—. El voto sigue funcionando para vosotros, Lu.

—Ya lo sé —repliqué yo y cerré los párpados, sin creerme que fuera a hacer eso aunque no tenía mucha elección y Miguel, por desgracia, tenía razón—. Doy mi palabra de que os ayudaré.

Miguel pareció soltar un suspiro de alivio y me soltó. Yo me aparté de su lado de un manotazo y me dirigí a la única silla de la habitación.

—Solo por no tener que llamaros “chico” y “chica”, ¿podéis decir vuestros nombres? —dije cruzándome de brazos.

—Yo soy Zachariah y ella es Dalinda —dijo el chico y entonces miró por la ventana, donde se podía ver que se estaba haciendo de noche—. Tenemos que irnos ya al sótano, venga.

—Tengo que ver a esos seres para confirmar lo que son —dijo Miguel.

—Es un suicidio... por favor, baja con nosotros —suplicó la chica.

—No te preocupes por él, es que le gusta hacerse el héroe —dije con una sonrisa irónica.

Miguel se giró hacia mí y me miró de mala manera pero no dijo nada e instó a los chicos a que fueran abajo. Yo me quedé ahí porque sabía que de todas formas lo haría de una manera u otra. El sol comenzaba a esconderse y empezamos a oír unas campanadas, una tras otra, que retumbaban en las paredes. Pudimos oír cómo la gente gritaba y corría, unos portazos que parecían indicar que se encerraban en sus casas, como los dos humanos que acabábamos de conocer se encerraban en el sótano... Cuando toda la habitación quedó casi a oscuras a excepción de la tenue luz que ofrecía la luna, los gritos ya habían cesado y se podía oír el viento. Fue entonces cuando unos golpes a la puerta nos interrumpieron y Miguel mantuvo su espada en alto. Yo fui a dar unos pasos pero entonces fueron a golpear la puerta de madera con más fuerza hasta que se rompió y unos seres se abalanzaron sobre nosotros. Sacando una daga de mi espalda, traspasé al primero y lo tiré al suelo para observar su aspecto.

—Son leviatanes —dije con cierto asombro—. Eso es imposible, hoy no es la noche oscura, ¿no?

Miguel negó con la cabeza y consiguió matar al que se había abalanzado sobre él. Su mirada subió hacia el otro que nos observaba con cautela hasta que salió por la puerta a una velocidad vertiginosa y desapareció en la oscuridad. Yo solté un suspiro de alivio pero sabía que la paz no duraría mucho. Los leviatanes no eran exactamente muy tontos y si veían que había ángeles, vendrían más. Para evitar un enfrentamiento con ellos, cogí la puerta y la puse de nuevo en su sitio. Con la daga, comencé a grabar un símbolo en la puerta. Al terminar, pasé una mano por la puerta y arreglé los daños que habían provocado los leviatanes.

—Esto no es posible —dije comenzando a dar vueltas—. Leviatanes... en la Tierra... ellos solo pueden pasar al mundo de los humanos una vez al año y se quedan dos noches, no más. Y ni siquiera estamos en la tercera estación, que yo sepa estamos en la primera, si aún no he perdido la cuenta.

—Estamos en la primera —confirmó Miguel— así que la pregunta es, ¿cómo han llegado hasta aquí y cómo han logrado quedarse?

—Eso son dos preguntas, pero creo que sabes la respuesta a ambas —dije dirigiendo mis ojos a Miguel—. Metatrón es un ángel que tiene apoyo de varios arcángeles y apostaría a que varios ángeles caídos se han unido a la causa de la destrucción de este planeta soltando a esas bestias en el proceso. Una buena pregunta sería, ¿dónde se ha metido Dios?

—Bueno... hace años que no le vemos, Lucifer —confesó él y yo fruncí el ceño, con cierta curiosidad—. Desapareció después de lo de Jesús. Nadie ha sabido de él y un día después de su desaparición, empezamos a tener noticias de posesiones extrañas. Creíamos que se tratarían de lo normal pero pasaron siete días y entonces empezamos a tener noticias de extrañas criaturas matando gente durante la noche. Mandamos a varios ángeles y arcángeles soldados. Muchos de ellos no volvieron y los que lo hicieron, no llegaron a ver a los seres bien aunque describieron que nunca habían visto nada parecido y que era más fuerte que muchos de los ángeles. En cuanto a los poseídos, mandé a Gabriel que buscara exorcistas para que los expulsaran. Pasaron varias semanas y la cosa siguió casi igual hasta que un exorcista, Angelo Cantoni, convocó a Sariel y le contó que esos seres no eran demonios y diablos normales pues casi nunca podía expulsarlos. Es ahí cuando nos dimos cuenta que no eran posesiones demoníacas sino angélicas. Desde entonces, he intentado buscar a los culpables pero nunca he llegado a atraparlos y aunque lo hubiera hecho, no tengo el poder para sacarles del Cielo y lo saben.

—Y supongo que no habéis encontrado a Dios lo que probablemente signifique que lo tienen ellos encarcelado o a saber dónde —dije con un suspiro y Miguel negó a la pregunta retórica—. Bien, tendremos que buscarle.

De repente, unos ruidos contra la puerta nos interrumpieron. Miguel sacó su espada de nuevo mientras que yo volví a sacar la daga de mi espalda aunque esperaba que el símbolo que había grabado en la puerta les retuviese un poco más hasta que el sol comenzase a salir porque entonces estaríamos a salvo. Yo no pensaba salir del refugio que había creado no obstante oímos un grito de lo que parecía ser una chica y entonces, Miguel se puso alerta. Otra vez la oímos gritar y entonces Miguel se dirigió a la puerta. Yo negué con la cabeza pero no me hizo caso, abrió y salió a la oscura noche, cerrando de nuevo. Haciendo una mueca, me dirigí al único hueco por el que entraba la luz de la luna y observé con cuidado. Vi a Miguel pelear con varios de esos leviatanes. Cuando les apartó de él, cogió una figura que estaba en el suelo y la instó a ir hacia la casa donde estaba yo vigilando. La figura corrió hacia la puerta y llamó con insistencia. Rodando un poco los ojos, me dirigí a la puerta y abrí, cogiendo enseguida la figura, que como había supuesto, era una chica bastante más joven que los otros humanos. Detrás de ella, no vi a Miguel y me preocupé un poco.

—¿Dónde está él? —pregunté, pero ella negó con la cabeza. “Mierda, Miguel” pensé.

5 октября 2018 г. 14:32:21 0 Отчет Добавить 1
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