El Puma Plateado Подписаться

karloz-magnus1538624788 Karloz Magnus

El Puma Plateado es una novela experimental donde se juega con los narradores y las historias dentro de ella, combinando muchos temas que hacen que sea gustosa al leer. Su protagonista Elkin Chopra, es un hombre que guarda un misterio en si mismo, al desarrollarse la historia el protagonista emprende la aventura de su vida, "Amar", "escribir" y "luchar". @Todos los derechos reservados.


Саспенс Всех возростов.

#misterio
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´PRIMERA PARTE: "En la casa"


Es una calurosa noche de mayo. Elkin acostado en su cama observa el lento movimiento de las aletas del abanico de techo; eso, es lo único que ha estado haciendo durante todo este tiempo, no hace más que pensar en todas esas ideas que surgieron mientras era un estudiante universitario. El hombre da media vuelta para mirar el reloj que está en el nochero, toma la estatuilla que estaba al lado del reloj; se pone en pie de espalda a su anticuada cama y camina en dirección al balcón, mientras lo hace, saca un cigarro de la caja de Marboro que lleva en su mano derecha y lo enciende; luego, percibe un olor a almendras amargas. En ese preciso momento su mente empieza a ser bombardeada por ráfagas de imágenes, cierra los ojos para que desaparezcan sin ningún objetivo, los abre, pero la imagen de aquel hombre va tomando forma, ambos se miran, luego aquella visión se evapora como un espejismo en el desierto. «Tarde o temprano tendré que revivirlo, debo hacer que el mundo lo conozca, pero aún no es el tiempo». Se dijo a sí mismo y siguió caminando. Ahora sale de aquel horno para refrescarse del sofocante calor que hacía en su alcoba, camina hasta la verja, observa el horizonte, y luego de unos minutos se sienta en uno de los dos mecedores que están en la terraza, al hacerlo percibe con más agudeza en la atmósfera el olor a almendras amargas. Afuera el mar brama; sus olas rompen la playa con furor dejando en la arena una figura oscura cada vez que golpean la orilla; las palmeras en el arenal se mecen de un lado a otro como mujeres danzantes que se sumergen bajo el éxtasis de un ritual sagrado al acorde de un ritmo exótico. Y el cielo, tan negro como las mismas tinieblas dejan al descubierto una grandiosa luna llena; que para los ojos del espectador es como una experiencia tridimensional; porque al verla, pareciera que la tuviera frente a su nariz casi para tocarla. Este hombre mira hacia la izquierda. Al hacerlo ve una columna de humo que se escapa de entre las rocas por un minúsculo agujero que sale de las entrañas de la tierra, de dónde provenía el olor a almendras amargas, ese mismo olor que causaba en él ciertas alucinaciones. Afuera, el clima cambia, es fresco y la brisa es fría.

«Cerca de mí está el cementerio. Vivir aledaño al barrio de los que descansan eternamente, es tener cerca la muerte; es sentir, el intenso frío mortuorio, ese que penetra mis huesos todas las noches después de levantarse de las entrañas de esa tierra húmeda, hasta dejarme agotado como si se llevara un poco de mí existencia cada vez que entra en este cuerpo que algún día estará reposando ahí como huésped en ese mismo lugar. Para mí es grato tener ese terreno cerca, la verdad creo que es mejor tener a mil muertos de vecinos que a uno vivo, pues sus imprudentes ojos acompañados de su lengua bípeda son capaces de encender un inmenso bosque. Por eso entiendo al hombre que vive en ese lugar, al que le llaman “poeta maldito” que vive entre las tumbas». Luego calla para escuchar los quejidos de las olas, esos que se confunden con los ecos históricos del castillo abandonado que un día utilizó la Santa Inquisición para hacer pagar a los que se revelaban contra el estado. «Espero que a mí no me castiguen por lo que pienso hacer como aquellos mártires de la patria, esos que aún permanecen convertidos en fantasmas en ese castillo, donde los gritos de sus torturas aún se escuchan en él, pero el aullido de las olas los ahoga». Hace una pausa, quedando con la mirada fija en el horizonte.

A la distancia, en la orilla del mar, va caminando un hombre harapiento, de barba espesa, con una mochila un tanto de sucia como él donde guarda sus tabacos, un cuaderno de hojas amarillas y un bolígrafo para escribir. El hombre también está fumando un cigarro. Elkin lo observa, le ha llamado la atención; él lo conoce. «Otra vez a recaído». Dice después de chasquear los dientes como si estuviera hablando con alguien. «Un día de estos lo confundirán con un loco de verdad aquellos que creen que los lunáticos son una amenaza para la sociedad. No sabiendo que, esos que dicen estar pulcros, que presumen por su lucidez, que creen tener al mundo en la palma de sus manos por estar en un cargo público importante, desconocen que ellos si son la verdadera amenaza. Pero… Ojalá no sea así para este podre hombre, ojalá no acaben con su vida esos malnacidos». Elkin nuevamente se sienta y enciende otro cigarro porque el que fumaba se le había consumido mientras observaba idiotizado al hombre que caminaba por la playa. De pronto, una voz en su mente le dice: –“Morirá, eso es obvio” –. El hombre de ropa andrajosa observa desde la playa a Elkin que aún permanece sentado en el balcón de su casa, ambos intercambian miradas, el hombre desde la playa levanta su mano derecha y lo saluda con una sonrisa en su rostro, luego sigue caminando sin perder de vista la casa que cada vez se hacía más distante; mientras que, Elkin desde ella, con su mirada triste, lo ve perderse en el oscuro horizonte.

La vivienda cerca a la playa y su propietario son casi una sola. Ambos son igual de misteriosos. El lugar es una de las tantas reliquias invaluables de la ciudad ubicada al nor-occidente de ella, donde en un principio se acentuaron los grandes adinerados que vinieron de lejanas tierras en busca del “paraíso perdido” del Génesis, y que sin saberlo lo habían encontrado aquí, pero que con el tiempo ellos mismos lo convirtieron en un verdadero infierno, como pensaron que todo eso era una simple leyenda religiosa no lo valoraron, sólo las investigaciones de Henry Dark[1] el secretario particular de John Milton[2] en su escrito “La nueva Babel” demostraron que en este territorio se empezó la historia de la humanidad[3]. La mansión, un poco descuidada por el paso de los años aún se mantiene firme, su estructura fue diseñada al estilo republicano, tal cual como aparecen en los libros de historia. Algo muy particular de este lugar era que nadie podía entrar en la casa sin ser autorizado por su dueño, pues él lo prohibía, no permitía que el mundo conociera más allá de lo que su imagen pudiera decir. Su apoderado, Elkin Chopra, la heredó de su padre como legado ancestral. A este hombre, Por vivir ahí, donde la maleza ha asechado hasta las paredes, le inventaron cientos de historias e incluso algunas descabelladas que hicieron que los miembros de esa comunidad le temiera porque decían: “las cosas se parecen a sus dueños”; es más, esa casa es una de las cinco en la ciudad con esas características debido a que las demás ya habían cambiado su estructura arquitectónica por una contemporánea; la ciudad había entrado al avance del siglo XXI, pero esta casa no, aún permanecía en el pasado. En cuanto al dueño, se puede decir que es una leyenda viva en la ciudad.

«Sé que todo el mundo en esta maldita ciudad habla de mí; dicen que soy un ser extraño sacado de una película de misterio o tal vez un personaje de una historia de Poe, pero eso me tiene sin cuidado, no me interesa lo que la gente pueda hablar de mi; no siendo así, la verdad me da igual. Sólo trato de estar al margen de las cosas para seguir manteniendo esa reputación que todos me han creado; si ya lo han hecho debo conservarla; además me ha gustado. La verdad, yo no he hecho esfuerzo alguno para lograr esto, pero me gusta, la verdad me agrada que me teman, pero esto puede que cambie con el tiempo». Decía en su mente mientras adsorbía un bocado de humo del cigarro que fumaba sentado en el sillón del balcón. Se para y entra a su habitación. El lugar era muy amplio, una cama grande en el centro se imponía como trono, un escritorio a la derecha de ésta soportaba el peso del misterio que guardan varios libros que reposaban en él, entre ellos sobresalían varios libros, dos de Fededrich Nietzsche y otros filósofos, algunos libros apócrifos, y una docena de libros variados de diferentes novelistas. A un lado del escritorio unas hojas blancas de tamaño carta sueltas que eran aguantadas por un pisa papeles, un Block Amarillo rayado marca Wingo y un bolígrafo Parker y la tradicional máquina de escribir; estos objetos eran las herramientas de Elkin para exorcizar los demonios que lo han atormentado desde chico. Del lado izquierdo estaba un piano que él tocaba cuando se sentía melancólico, esta era también una forma de sacar el mal que lo agobiaba. Ahora camina hacia el escritorio, se sienta en la silla, manosea por unos minutos los libros que se encontraban ahí, pero luego se detiene, coloca sus codos en la mesa y sus manos en la cabeza como la posición que toman aquellos que están preocupados por algo. Aletargado se queda por más de media hora, como si estuviera en otro lugar, en otra dimensión, su mente está en blanco. Tal vez algo le preocupa o quizás una alocada idea está rondando por su cabeza, puede que más tarde escriba algo. Muchas veces leyó y releyó aquellos libros surrealistas, pero nunca ha podido comprender porque a él le pasa algo parecido a los personajes de esas historias, Chopra cree estar loco. Ahora dos seres literarios lo acompañan en su vida, pero él quiere desasearse de ellos, aunque le es imposible. Esta condenado. Toma el bolígrafo y empieza a escribir. Afuera se escucha romperse el silencio mortuorio con el sonido de las teclas de un piano que parece provenir de la sala. El hombre cierra los ojos e inhala el olor a almendras amargas que se fue disipando poco a poco hasta cambiar a un sabor agridulce que él sentía degustar en su paladar. «Extraño verdad, pero así son todas las cosas en esta casa». Decía como si estuviera hablando con alguien en su cuarto. Por su mente pasaban ráfagas de imágenes que parecían reales, y eso fue lo que empezó a escribir. Desde hacía ya varios años aquella alocada idea de escribir algo relacionado a eso no lo dejaba en paz, él sentía la necesidad de hacer algo o si no ese personaje que había creado en su cabeza terminaría siento tan real como aquellos dos locos que lo perseguían desde niño, con la diferencia que éste le reclamaría por no haberlo hecho real para el mundo. Elkin le había dado por el nombre “Abimelec” a quien situó en una época antediluviana, hijo de Odón, el espía de confianza de Ostrach, rey de su región. Pero para Elkin lo que más le preocupaba era el cómo escribir algo imaginario que tomara tanta fuerza en su contenido que el lector pudiera dar por cierto tal historia, sin objetar con ningún cuestionamiento lo leído. Él debía dar en el blanco. Tendría que engañar a sus lectores. Para ello, tendría que apropiarse de elementos reales (históricos, científicos, geográficos y todo lo que este a su alcance) para compactar una ficción que desconcertara a cualquiera que supiera de ella. Como le ocurrió a él mismo cuando aún era un chaval.

«Es preciso pensar que la locura no es otra cosa más que… ¿la privación del juicio o del uso de la razón?... si es así, ¿será que estoy loco». Estas fueron las palabras que pronuncio Elkin a muy temprana edad luego de haber experimentado por primera vez aquella sensación que lo llevó a descubrir el verdadero significado del éxtasis literario.

Allí, en el estudio rodeado del conocimiento se adentraba sigilosamente en el mundo de la literatura, se sentía bien mientras leía porque se desconectaba por completo del mundo exterior, por ende, de los problemas que envolvían a la sociedad actual. Él duraba horas en ese lugar; esas cuatro paredes se convirtieron en su altar sagrado.

«No sé qué es esto tan extraño que me está ocurriendo», Pensaba en voz Elkin antes de empezar a escribir sobre el Block Amarillo. «Es algo tan difícil de describir», Se rascaba la cabeza una y otra vez. «Cuando percibo el aroma de su cabello trato de respirar profundo para guardar un poco de ese olor tan excitante porque quiero tenerlo para mí cuando ella se aleja». La melodía del piano que estaba escuchando cesó. «Como me agrada estar cerca de ella, me gusta sentir el rose de su cuerpo cuando estamos cerca, cuando eso sucede mis manos tiemblan y el corazón parece saltar de mi pecho», la melodía del piano continuo. « Pero no debo distraerme, tengo que concentrarme en mis lecturas y mis escritos, sobro todo en éste que quiero empezar desde hace mucho tiempo, aunque tampoco debo olvidarme de mi ideal, ese que quiero forjar para poder planear mi ataque contra Wandergood, pero no me impedirá escribir un poco», El hombre toma el bolígrafo y empieza a garabatear unas letras algo ininteligibles por la rapidez que lo hacía para no perderse en la consecución de ideas que bombardeaban su mente. Ahora debía inventarse un personaje que encontrara las evidencias de la existencia de Abimelec, podría ser él mismo, pero con otro nombre, tal vez con el nombre de alguno de sus maestros de la escuela o quizás de la universidad, esa idea la había contemplado después de haber conocido a Sol María y ahora luego de mucho tiempo de estar rumiándola en su cabeza y haber hecho una larga lista de nombres, la hacía realidad, Rudy era el nombre indicado. Es noche fue el principio del trabajo de parto de esa gran historia. Y las primeras líneas de ella comenzaban de la siguiente manera:

La atmósfera estaba densa. El sol ardía en el firmamento, mientras que Rudy colgaba del arnés pegado al ras de las rocas de una inmensa montaña rocosa que se encontraba a la orilla del mar. En ese instante la adrenalina de su cuerpo se elevó y por un momento sintió miedo, pero él sabía con certeza que todo alpinista debe estar preparado para eventualidades como la que estaba viviendo, por lo que tenía muy bien presente lo que tenía que hacer. Ya calmado, se queda quieto aferrado al arnés que pendía de la cuerda que se sujetaba a la montaña. Estaba cansado. Él había estado escalando desde tempranas horas, y al presente el reloj marcaba el medio día. El cuerpo se le estaba entumeciendo, la respiración era jadeante, pero debía continuar con su travesía. Su ropa de algodón con cubierta de nylon estaba empapada de las secreciones de la piel, el sudor corría por sus sienes hasta precipitarse por el vacío del abismo. Rudy había decidido descansar por un momento; sacó el tarro de agua de uno de los bolsillos del morral que colgaba en su espalda y bebió un poco, luego continuó con su trayecto, él tenía muy presente en su mente que debía tener un ritmo constante, aparte de tener una adecuada velocidad para que el tiempo no lo sorprendiera con la llegada de la oscura noche. Rápidamente, comenzó a pendular la cuerda que lo sostenía con el movimiento de su cuerpo para cambiar de lugar en la montaña, hacia donde el sofocante sol no le molestara. Al hacerlo, se agarró firme a una protuberante roca que sobresalía ante las demás. Ahora Rudy se ocultada del sol.

Estando del otro lado, el alpinista descubre una caverna oculta con una entrada muy pequeña que apenas podía pasar él con mucha dificultad. Él Jamás se imaginó que esa inmensa montaña de rocas firmes encontraría una cueva de millones de años de antigüedad. Rudy se sintió atraído por aquella rareza, pero, sobre todo, quería saber qué secreto guardaba. Caminó hasta la entrada aferrado a la montaña. Estando dentro, desbrochó el mosquetón de la cuerda y está última la aseguró a un montículo de madera que estaba en la entrada. El alpinista inspeccionó el lugar, asegurándose que no existiera algún ser extraño dentro del recinto arcaico que le pudiera hacer daño. En lo profundo de la cueva yacían los restos de un ser aparentemente humano acostado sobre un lecho; el cuerpo estaba momificado, sobre una roca estaba un reloj de arena y una mochila de cuero aun bien conservaba, dentro muchos objetos, entre ellos varios pergaminos cubiertos por un material muy parecido al plástico. En las paredes de la cueva había un texto cuneiforme, muy parecido al que utilizaron los acadios, los sumerios y los hebreos en tiempos primitivos, pero muy diferente a ellos. - El hombre se asombró-. Que coincidencia que él era de profesión antropólogo y su tesis doctoral se había basado en la escritura cuneiforme y lenguas antiguas; este hombre estaba asombrado, sus ojos ya no los podía abrir más para contemplar semejante belleza antropológica, pero lo que más le llamaba la atención era que a pesar de ser un magister en el tema, se le era muy difícil descifrarlo, la parecer era una nueva lengua o mejor dicho la primera lengua de la humanidad, pues en ella se encontraban rasgos de las primeras lenguas existentes en la historia, pero después de estudiarla por varias horas logró descifrar algunas cosas que le ayudaron de mucho antes de llamar a su equipo de investigadores. El texto que estaba en la pared de las rocas decía “ERETS”, seguido un dibujo o especie de mapa del lugar. Rudy se acerca al escrito en la pared y lo toca suavemente, bajo el dibujo había un conteo numérico que llegaba hasta el número cuarenta, al lado de cada uno una frase. Día 1: “Se ha cumplido lo dicho por Noé”. El escalador se acerca a la momia petrificada por el paso de los años, se inclina a su lado y los observa. – ¡Excelente! – exclama y continua su observación sin tocarlo, él sabe que en un descubrimiento como este se debe ser muy cauteloso, ahora se da cuenta de la mochila de cuero uno que tiene en su lado derecho, enseguida se percata de que puede abrirla, al hacerlo descubre que en su respaldo hay un nombre escrito en lengua semita “Abimelec”, así debía llamarse el propietario de este objeto, con mucho cuidado escruta dentro de él y halla en su interior varios pergaminos, algunos de un material desconocido otros conocido, pero a pesar de su materia se encontraban muy bien conservado a pesar de los tiempos. Se detiene maravillado con esto en sus manos. – “El manuscrito de Abimelec”–. Dice y se sienta al lado de la momia petrificada, luego decide que ese debía ser el nombre que le daría a su descubrimiento. – Sí, ese va hacer su nombre: “El manuscrito de Abimelec”, luego abre con mucho cuidado aquel arcaico documento y empieza de descifrarlo. En la cueva había otra escritura en la pared, una lista de números como especie de secuencia de años, que al parecer el primero decía año cero y terminaba con un número que podría ser 4.029.

La música que se escuchaba en el fondo de la casa dejó de sonar y Elkin perdió la concentración, olfateó como un canino para darse cuenta que el olor a almendras amargas se había disipado. «Sol María debe estar llevando a Janes hasta su alcoba», Pensó mientras mordisqueaba el costoso bolígrafo. «Ahora debo ir a darle las buenas noches a Janes, ella debe estar esperándome, esa muchachita no se duerme hasta que yo no pase por su cuarto, pero esperaré unos minutos hasta que ella salga de la habitación». Elkin se pone en pie y busca una camisa para colocársela, luego sale de su calurosa habitación, camina por el pasillo. Se detiene. Una mujer de vestido rojo sale del cuarto de Janes. «Ese aroma», el hombre respira profundo. La mujer no le ve. «Es hermosa». Dice tan fuerte para sólo escucharse él mismo, como un soliloquio con bajo nivel de volumen. El hombre espera a que la mujer entre a su habitación para poder entrar al cuarto de su hermana Janes sin ser visto por ella. La niña lo esperaba acostada en la cama, con las sabanas puestas sobre su delicado cuerpo. – Hola hermanita, que tengas buenas noches–. Le susurra al oído. – Veo que te la has llevado de maravillas con la joven que traje a vivir a la casa–. La niña le contesta afirmativamente con un sonido gutural. Sus ojos están mirando fijo hacia el techo.

– Hasta mañana hermanita, que tengas dulces sueños–. Le dice Elkin después de darle un beso en la frente. La joven le agarra la mano y le pregunta.

– ¿Te gusta ella verdad hermano? Lo puedo percibir por el palpitar fuerte de tu corazón cada vez que estar cerca de ella. Pero no te preocupes, no me tienes que decir nada yo ya lo sé–. La joven se da la vuelta y se arropa con la sabana.

– ¿No tienes calor? – Le pregunta Elkin tratando de evadirle el tema.

– No. Tú sabes que yo siempre duermo arropada, aunque haya calor–. Janes se acomoda en la cama buscando una postura adecuada para conciliar el sueño. Luego le dice. – Bueno manito hasta mañana ah… se me olvidaba, pero pues… aunque sé que no lo vas hacer, pero de todas formas sé que queda la semilla de las palabras que te digo, acuérdate de Dios. – Él se levanta, le sonríe y sale de la habitación sin decirle nada. Camina por el pasillo muy lento hasta estar frente al cuarto de la mujer, se detiene justo en la puerta de la habitación, cierra los ojos respirando placenteramente, este hombre trata de tocar, pero su cuerpo se ha invadido de un fuerte temor; así que devuelve hacia su habitación. «Es ella, la misma que veía mientras dormía cuando estaba en París, ahora no tengo ninguna duda». Dice mientras entra a su alcoba. Elkin estando en París empezó a tener varios sueños que lo han venido atormentado hasta ahora, entre esos estaba el de una mujer con las características de Sol María, nunca le veía la cara, pero si su cuerpo, su color de piel, su cabello, pero sobre todo su aroma; él en el sueño se veía conversar con ella, pero él nunca supo que era lo que hablaban porque era como ver una película donde el sonido estuviera dañado. «A veces el subconsciente te habla en mientras duermes acerca de tus temores para que los superes, eso creo que me pasaba a mí y, a veces también creo que son señales…». Decía acostado en la cama esperando que Morfeo tocara a su puerta, para que se apagara la luz de sus faros; dejando en penumbras la isla de su cuerpo; pero él sabía que tenía que trabajar en varias cosas, en la historia de Abimelec, el regreso a París y cómo enfrentar al enemigo que tenía allá y sobre todo la forma de hacerle la vida imposible a Wandergood así que era imposible descansar en paz sin pensar en alguna de esas cosas. «Ya es tarde, son las 10:00 pm». Dijo en su mente al ver el reloj que estaba en uno de los nocheros. «Otro día más que pasa; la vida cada vez va acelerando su ritmo y sólo deja atrás el polvo de su paso que poco a poco se disipa sin ningún esfuerzo…». Hablaba hasta caer al sueño profundo donde las imágenes procesadas por el subconsciente se vuelven para el consciente tan reales porque el cuerpo puede sentir lo que su cerebro está pensando. Elkin abre sus ojos, él se ha despertado con el deseo de escribirle algo a Sol María, mira hacia el nochero, el reloj marcaba las diez y un minuto, se sienta en la cama, observa el escritorio, se levanta de donde esta y camina hacia su dirección, revisa el escritorio con su mirada, toma en sus manos el block amarillo, pero lo deja de inmediato. Ahora las hojas sueltas que están debajo del pisapapeles, las mete en el rollo de la máquina de escribir y empieza a redactar un texto para Sol María.

«Yo escuche hablar del profesor Chopra cuando su fama se proliferó por toda la ciudad. Lo comparaban con grandes científicos y personajes míticos, cuando hablan de él, decían que era la reencarnación de ellos. Por un momento llegué a pensar así, sus ideas eran extraordinarias, pero todas aquellas incertidumbres se me acabaron cuando empecé a interactuar con él. Le molestaba mucho cuando lo comparaban con alguien; “Nadie puede parecerse a otro, cada uno de nosotros tenemos nuestra propia cadena de genes las cuales nos hacen diferentes de los demás, por su parte, los que creen que el reencarnar en el cuerpo de otra persona y en otra época de la historia es verdadero, déjeme decirles que esas son teorías triviales que se inventan los seres humanos y sus religiones para darle explicación a las cosas que no tienen unas bases científicas. Aquello es un rotundo mito”. Eso lo decía él muy ofuscado.

«Elkin Chopra era un hombre que muy poco se relacionaba con las personas, siempre se limitaba a un saludo o a explicar las clases; cosa que lo hacía parecer una persona muy misteriosa, para colmo su aspecto dejaba mucho que decir, aunque no era un hombre feo, todo lo contrario, tenía facciones muy finas, nariz lánguida y unos ojos penetrantes que trastornaban a cualquiera que lo mirara fijamente, su cabello desgreñado cubría sus orejas, sólo se podían vislumbrar sus lóbulos; y la piel de su rostro lucía como la de un bebe. Siempre usaba una gabardina negra con el cuello alzado para protegerse de las inclemencias del sol y en las noches del frio nocturno que hace en las calles de esta ciudad, raro, porque dentro de las casas, el calor es insoportable. También, caminaba muy pausado, parecía que cada vez que lo hacía contara todos sus pasos. “Mis pasos son lentos pero firmes y cada vez que los doy dejo una huella para aquellos que quieran descubrir el misterio que encierra el conocimiento”. Pensaba. A simple vista no era un hombre que produjera confianza, detestaba el bullicio y las aglomeraciones de personas, no entiendo como pude caerle bien siendo él un hombre tan arrogante y despreciable por muchos; lo único que la gente aceptaba de él era su fantástica mente, la cual producía conceptos e ideas que eran avalados de inmediato por la sociedad científica; eso era lo que realmente lo apasionaba, sin dejar de lado sus increíbles historias.

«Todos en la ciudad hablaban de él e incluso allí en mi viejo lugar de trabajo. Allí decían que era como una especie de vampiro moderno, otras decían que era un ser de otra dimensión por su misterio, eso es una de las causas de vivir en una ciudad tan pequeña porque todos se conocen, esa verdad para mí no me era o me es tan favorable, era algo así como “pueblo chiquito; infierno grande”. Yo estudiaba de día y trabaja de noche, en aquel viejo burdel que ha permanecido en la cuidad desde hace generaciones, e incluso, desde cuando prostituían a las indias, a las negras y una que otra española que traían en los barcos desde el otro lado del mundo. Esto lo hacía para poder pagar mis estudios, para así terminar mi carrera; quería salir de la miseria que aun desde niña me rodeó. Durante ese tiempo trabajé como una burra; o más bien como una “perra”, para poder disfrutar de las cosas que con tanto esfuerzo obtuve. La vida para unos es color de rosa, pero para otros sabe a mierda; es muy triste decirlo, pero así tiene que ser, así es la vida; injusta. Yo estudiaba administración de empresa, quería ser una gran empresaria, colocar mi propio negocio y salir adelante en mi nueva vida, porque si me pongo a esperar que me llamen para un empleo en este país pasaran los años, envejeceré y aun seguiría con la esperanza de que algún día me llamen, aunque estuviera muerta. Eso es lo que se vive a diario; cientos de profesionales salen al ruedo como una legión de espermatozoides en busca del óvulo dónde solo uno será el que lo fecunde; el resto, morirá en el intento.

«Cuando lo vi entrar por la puerta del local, me asombré, era imposible que él estuviera en ese lugar, la verdad no encajaba ahí, pero bueno, en esos lugares se espera que llegue cualquier persona, desde el malvado terrorista hasta el pervertido sacerdote de la parroquia de Santa Elena. La realidad es que estos bares son muy llamativos para la comunidad masculina, recuerdo una vez que vi entrar al sacerdote de un pueblo que visité en unas vacaciones, lo recuerdo muy bien, ese bandido se tiró a dos muchachas del lugar, luego salió como si nada hubiera pasado. Cuando el profesor iba entrando sentí mucho miedo a que me descubriera; él era mi profesor de matemáticas y física en la universidad; para ese entonces el maestro Chopra había pedido año sabático para desarrollar un misterioso proyecto que traía entre manos. Entró y se sentó en el último puesto del establecimiento donde sólo se podía ver su sombra; seguía vistiendo igual que antes pero ahora traía puesta otra prenda, una boina negra inclinada hacia delante para ocultar su mirada penetrante. Ahora es mi turno, anunciaron mi entrada al escenario, pero él llamó de inmediato al mesero, y luego éste llevó al administrador del local quien me hizo señas que fuera hasta allá impidiéndome realizar mi primera entrada de la noche con la condición de que atendiera a ese cliente que había pagado un alta suma de dinero por mis servicios. Era la primera vez que lo veía ahí, en todos estos años de estar trabajando en el burdel nunca antes había visto al profesor Chopra frecuentarlo. Llegué donde se encontraba él, cerré la puerta y me quedé parada viendo su silueta en la oscuridad del lugar, no podía verle bien su rostro por causa de la poca luz que había en la habitación, pero yo sabía quién era ese misterioso hombre, nadie me podía quitar eso de la cabeza.

«Empecé a hacerle mi show privado. Él mirándome levanta su mano, abrió su palma indicándome que me detuviera, luego la cerró dejando en alto el dedo índice. Luego lo movió de un lado al otro. –“No tienes por qué hacerlo, no he venido a ver tu espectáculo erótico y contemplarte en pelotas. Vengo porque te necesito. Te llevaré conmigo cuésteme lo que me cueste; así sea que tenga que ofrecerte el doble de lo que te ganas acá”–. Esa voz dulce penetró mis oídos. Sus palabras rezumbaban como un eco continuo, que al cabo de unos segundos produjo en mí el mejor orgasmo que he tenido en toda mi vida. Recogí las cosas que me había quitado y me las puse. Él levantándose del sillón me da su gabardina, esa que tanto le gustaba; yo se la recibí y él me cubre el cuerpo con ella tocándome suavemente los hombros. Me ofrece el trago de coñac que traía en su mano y me dice que me siente en el sillón donde él estaba sentado, mientras se acomodaba en el borde de la cama. Sus pies están juntos pero el derecho empieza a moverse como si tuviera un tic nervioso, (es más, era un tic nervioso; el cual pude descubrir tiempo después de conocerlo mejor), inclina su espalda hacía delante y colocando sus codos en las rodillas, al mismo tiempo que atrapa su mano izquierda, la cual permanecía empuñada con su mano derecha, y ambas las lleva hacia su mentón, luego me comenta lo que tenía que decirme. Su oferta era tentadora; quién más que yo quería salir de ese lugar; ahora este hombre me hace una propuesta de tal magnitud que las otras chicas no despreciarían, pero yo tenía una deuda consentida con el dueño del establecimiento, mi tía me había vendido como una mercancía y para poder salir de allí debía pagar una gran suma de dinero, todo a favor de los lujos, vestidos y viajes que me habían ofrecido. La verdad todas esas cosas no llenaban mi vida, por eso vestía lo más sencillo posible, para no acordarme que eso era una de las razones que ataban mi vida a ese burdel. Ya no soportaba ni un solo minuto más en ese sitio, cada noche que pasaba ahí era como si visitara el infierno por un segundo, yo estaba vendiendo mi cuerpo al mejor postor no importando sus condiciones físicas, si eran regordetes, flacos, con mal aliento, de dientes dañados, viejos arrugados que no pueden disimular el paso de los años sobre ellos. En ese lugar tenía una identidad falsa, me llamaban por el nombre de Luna, el antónimo de mi verdadero nombre; sí, mi nombre es Sol y el segundo el de la virgen, pero no era como ella, yo era como la otra María, la Magdalena; todo mi nombre completo es Sol María Espitia Uribe. La oferta que este hombre me traía me causó mucha intriga, por lo que decidí escucharlo. Era la primera vez que un hombre me buscaba al bar con un objetivo diferente al de tener sexo y complacerle sus más bajos instintos sexuales; él no era como los demás hombres, él era Elkin Chopra, el hombre más extraño de la ciudad.

«“… ¿Entonces aceptas? Bueno, si te llegas a decir te espero mañana a las ocho de la mañana en mi casa, de lo contrario daré por entendido que no aceptaste mi propuesta”. Después de haberme dicho aquello me agarró con sus suaves manos el rostro, lo inclinó y sus labios tocaron mi frente, él estaba helado y sus manos temblaban. Luego me dijo mirándome a los ojos que me quedara con la gabardina, de inmediato dio la espalda y atravesó el umbral de la puerta.

«Durante toda la noche no tuve cabeza para pensar en otra cosa que, en él, en lo que me proponía, por eso empecé a claudicar en la respuesta que debía de darle al día siguiente; era poco tiempo para pensarlo, yo conocía su comportamiento y sus actitudes. Después de tanto pensar me dije a mí misma: “… si todos estos años había soportado lidiar toda clase de hombres, sus pretensiones y sus diferentes comportamientos ¿cómo no iba a aguantar a mi profesor, además era a uno solo y no a varios?”; así que, esa misma noche dejé el burdel y me fui al apartamento a dormir para poder llegar puntual al día siguiente a la casa del profesor Elkin Chopra. Aunque no fue tan fácil como lo estoy diciendo, no, en verdad, aun me faltaban dos años para pagar mi tiempo en el lugar, eso era lo que decía en el contrato, así que le tuve que dar a mi tía, la administradora del “Harén de Eros”, todos los ahorros que tenía guardado para poder liberarme. Pero el estar libre vale más que un monto de dinero ahorrado por mucho tiempo; además, el dinero con el tiempo se puede adquirir, pero la libertad no. Las cicatrices que mi alma lleva son muchas, ya no aguanta una herida más. Y ese día era mi última noche en ese asqueroso lugar, esas cicatrices de mi vida pasada, desde ese día empezaron a desaparecer porque tenía otra oportunidad y me la estaba dando la persona que menos imaginaba, mi profesor de matemática y física de la universidad.

«Cuando el sol ya estaba empezando su furor emprendí mi camino hacia la cita. Todos sabían dónde vivía este misterioso personaje, por lo que no se me dificultó la llegada hasta su casa, era la última del vecindario y su aspecto era tan misterioso como su propietario; estaba ubicada diagonal al viejo castillo amurallado que una vez fue tomado por los colonos en el periodo de la inquisición para encerrar a los rebeldes condenados por herejía y a todos aquellos que se revelaban contra el gobierno, ese que aún guarda los ecos de los gritos de aquellos que murieron ahí en cautiverio, frente a esta tenebrosa casa quedaba el viejo cementerio. Además, este lugar está cerca al mar y si se tomara una foto desde las rocas que están a la izquierda fuera el escenario perfecto para filmar una película de misterio. Mi apartamento no quedaba muy lejos de la casa del profesor, tal vez unas siete cuadras, por lo que decidí caminar; cuando doblé la esquina que conduce a la vieja casa, ya podía verla, ocupaba casi un cuarto de manzana, podía decir que era una mansión. Seguí caminando, pero mientras lo hacía, parecía como si no avanzara nada en mis pasos, la calle se hacía más larga a medida que avanzaba, no veía la hora de llegar para verlo de nuevo; desde la noche anterior cuando lo vi entrar al Harén de Eros sentí un gran interés por conocerlo más, me pareció un hombre tierno, alguien muy diferente al Chopra que conocí en la universidad, a ese tosco, gruñón y frío hombre que desde que llegaba al salón era dando órdenes, y hay de aquel que no las obedeciera, “abran el libro en la página tal…, resuelvan el ejercicio tal…, por qué no realizó el problema tal… si siguen así les haré perder el semestre. No me interesan sus problemas familiares, menos lo que haga o deje hacer con su vida personal, una cosa si les digo, a partir del momento que ustedes entren por esa puerta, sus mentes deben de pensar exclusivamente en lo que tenemos planeado para la jordana de hoy”. Decía él en clase.

«Por fin llegué a la casa misteriosa del profesor Chopra. Me detuve por un instante en la puerta de rejas negras que protegía el jardín de intrusos, esas rejas que parecían que por algunos años no sabían lo que era una pintura. Me llamó la atención aquella melodía que salía de la casa, alcé mis ojos y pude contemplar a la persona que la interpretaba, era Janes Chopra, la hermana del hombre que me había citado para ese día. Por un segundo quedé petrificada, esa melodía me transportó a un lugar que jamás había visto; podía afirmar que estaba en un paraíso, e incluso pude oler un aroma a esencias florales, era un bálsamo tan agradable que en instante me hizo anhelar quedarme ahí para siempre, algo como salido de una película de ciencia ficción, algo tenía esa música, no sé, a pesar de producir aquella sensación sentí algo de tristeza en ella; era un dolor profundo que ahogaba a su compositor, sentimiento que pude percibir por un instante mientras lo escuchaba. La niña dejó de tocar la melodía y dirigió la mirada hacía mí; yo seguía mirándola cuando de repente me tocaron el hombro; aquello me sobresaltó. “Llegas diez minutos tarde… por lo que veo te gustó mucho la gabardina”, - me dijo. Si es muy linda, pero a quien le luce es a usted. Tome, esta gabardina es suyo, le pertenece–. Le contesté entregándosela en las manos mientras observaba al feroz perro que estaba a su lado. – No le temas, es inofensivo, su nombre es Guardián, mi perro amigo–. Me dijo y luego me hizo pasar a la casa, me ofreció un café mientras llama al mayordomo, tomé un poco y lo miré con los parpados caídos, aún tenía el sorbo de la bebida en la boca, baje la mirada y trague con dificultad, esa bebida cayó como un ácido en mi estómago. – Está amargo verdad, que pena, se me olvido colocarle azúcar, siempre pienso que los demás toman el café sin azúcar como yo –. Dentro de la vivienda observé cada detalle de ella y me quedé asombrada de la cantidad de maravillas que pude contemplar, era casi un museo de antigüedades, los objetos que tenía podían costar una millonada, cuadros legendarios, esculturas milenarias entre otras cosas. Todo era tan bello. Tal belleza casa se debía a que el padre de Elkin fue un apasionado por el arte, era un coleccionista, algunas de las pinturas que habían en la casa era La Cena de Leonardo Da Vinci, esa estaba colgada en la pared del comedor, ahí justo detrás de la silla patriarcal de la mesa estaba “El jardín de las delicias” de Jerónimo Bosco; en la sala por ejemplo, estaban colgados “Los proverbios flamencos”, “La noche estrellada”; “Cupido”, “Amor vencedor”, “La Gioconta”, “Nacimiento de Venus” y otros más. Muy pocas personas habían tenido el privilegio de haber entrado en aquella casa porque él le tenía prohibido al mayordomo y al resto de las personas que con él vivían que alguien extraño entrara a ella sin su respectiva aprobación. Al parecer tampoco le gustaban las visitas.

« A parte del profesor Chopra en la casa vivía Quiro Nazarth, el mayordomo, hombre muy serio de rostro; la señora Josefina, la cocinera, mujer de muy avanzada en edad pero con un gran sentido del humor; Natasha Alina Abdala, mujer muy joven en edad, la cual se había casado con el padre de Elkin y que desde entonces se convirtió en la madrastra del profesor; y por último Janes Chopra, su hermana, niña de quince años y quien era los ojos de Elkin; y ahora yo también hacia parte de los que vivían en la casa más misteriosa de la ciudad. El llegar a vivir con ellos había sido uno de los elementos de su propuesta. Desde ese día viviría en la casa Chopra, esa que en un principio le tenía tanto miedo. Allí, en ese lugar había una habitación, de las tantas que tenía, que me causaba mucha intriga cada vez que pasaba por ella, pero no encontraba la razón del por qué me llamaba tanto la atención, quería entrar para conocer que había dentro, por qué permanecía siempre bajo llaves como si escondieran algo; ese lugar quedaba al lado del estudio donde pasaba el mayor tiempo. La razón de mi curiosidad era que el profesor entraba todos los días y se demoraba casi dos o más horas encerrado, luego salía muy pensativo, por eso se me vino a la memoria lo que me contó Rodolfo aquella vez en la universidad acerca del profesor, la descripción que me hizo eran las mismas que tenía esa habitación, tenía una gran ventana que daba a la calle entre el jardín y el parque por el lado de la puerta, desde allí se podía ver todo lo que entraba o salía de la casa.

«Cierto día, por curiosidad se me ocurrió abrir la puerta de esa habitación porque estaba entre abierta y, me llevé la sorpresa de ver a los padres del profesor sentados en unos mecedores, uno frente al otro. En ese momento recordé las palabras de Rodolfo., cuando me contaba aquella historia de su infancia, esa pregunta acechante de aquella tarde rezumbaba en mi cabeza y ahora la volvía a revivir, junto con toda la escena. – ¿Quieres que te cuente algo del profesor Chopra? –. Me dijo él, a lo que yo le respondí que me dijera, pero vacilando un poco como quien no quiere decir las cosas tardo unos segundos para decirme. – Mmm… está bien, te contaré–. Hace una extensa pausa y continúa con su relato. – Un día, cuando estaba en la escuela escuché hablar a unos compañeros que por curiosos habían entrado a la casa del profesor Chopra por la puerta trasera, y… ¿sabes qué vieron? –. Yo estaba ansiosa porque me soltara todo de una buena vez pero el tonto cada vez más le ponía misterio a lo que me decía y pues yo como no tenía ni idea que era lo que habían encontrado él y sus amigos lo primero que me imaginé fue al profesor en una bata quirúrgica todo lleno de sangre frente algún cadáver, suena descabellado pero es lo primero que uno se imagina y más después de haber visto muchas películas de terror. – Sin vacilar –. Le dije. – Vamos, dime, que fue lo que vieron tus compañeros. – Le insistí. – Vieron a sus padres–. Me respondió mirándome a los ojos, a lo cual yo le respondí con una carcajada, es evidente que uno vea a los padres de alguien en la casa. –Sí, lo que tú dices es cierto. – Rodolfo continúo explicándome –. Lo que no sabes es que ellos ya están muertos. El mismo Chopra los mató; primero a su madre cuando era sólo un niño; cuentan que la tiró por las escaleras y después, cuando ya habían pasado los años siguió con su padre para quedarse con todas sus cosas e incluso con su nueva esposa. Y, por si fuera poco, a su media hermana le sacó los ojos; como dice el dicho: “ojos que no ven, corazón que no siente”. La verdad es que el tipo se ha convertido en toda una leyenda en esta ciudad. Su casa es algo escalofriante; yo muy pocas veces paso por allí desde que me contaron aquella historia, prefiero darme la vuelta por la otra calle antes de cruzar por esa endemoniada casa. Mira, el sólo hablar de eso me coloca los pelos de punta. Ahora conoces la verdadera historia del legendario Elkin Chopra –. Terminó diciéndome esa tarde, luego nos despedimos. Ahora yo revivía esa escena y sabía que ellos estaban muertos por lo que él me contó ese día, además porque en la sala de la casa se encontraban colgados sus retratos, cuadros inmensos que tenían debajo la fecha de nacimiento y la de fallecimiento y debajo de ellos en unas pequeñas repisas dos jarrones, que me suponía que eran las cenizas de ambos. Me sentí confundida. Los papeles que traía se me cayeron y, mientras lo recogía el mayordomo Quiro Nazarth se paró frente a mí y, abriendo la puerta por completo me dijo: “–Mi señora, no tiene por qué temer. Entré, observé con sus propios ojos para que se dé cuenta que son unas simples replicas en cera, no tenga miedo”–. Mientras él decía aquello, me mostraba los muñecos de cera y me seducía a que los tocara. Aquella idea era morbosa y asquerosa. El ver esa escena hizo que en mi cabeza pasaran muchas locuras; me detuve a pensar entre otras cosas que el profesor Chopra estaba loco de remate; porque, quién iba a tener unas réplicas de cera de sus padres en la casa; está bien que uno ame a los padres, pero no para llegar al límite de hacer unos muñecos a imagen y semejanza de ellos con el único objetivo de tenerlos para siempre sentados en una alcoba solo para verlos cada vez que se me diera la gana. Este señor en verdad necesitaba ayuda profesional, creo y lo afirmo que era un obsesivo compulsivo que debía ser atendido de inmediato. Por su parte Quiro Nazarth trató de calmarme y me llevó a la cocina, allí me dio un pocillo con un poco de agua de canela para los nervios, en verdad fue un susto tremendo el que pasé esa mañana, además estaba confundida por completo, luego llegó la señora Josefina tarareando un viejo bolero que nunca conocí sino hasta ese día, ambos trataban de explicarme de una manera sencilla el comportamiento tan raro del profesor.

«Quiro Nazarth al verme de esa forma me comentó que el profesor, había hecho eso para perpetuar la existencia de sus padres, para él, ellos eran los seres más amados y, nunca ha podido asimilar su ausencia, él estaba sólo y lo único que le quedaba era su hermana Janes. Al pasar los minutos ya me sentía más calmada, y fue ahí cuando me contó un poco acerca de la familia Chopra mientras me preparaba un delicioso emparedado con jugo de naranja el cual comimos durante la interesante charla. El abuelo de Elkin había sido senador de la república, luego nació Temístocle Neftalí, quien fue único hijo, con el paso de los años Neftalí se fue inclinando por el lado de la política al igual que su padre convirtiéndose luego él también en senador de la república, muchos años después quiso retirarse del campo de la política y colocando como su sucesor a su hijo pero éste no le interesaba nada de lo que estuviera involucrado con “la peste, el cáncer de la sociedad” como él la llamaba, los únicos problemas que existieron entre su padre y él tenían origen en el tema político.

«Mientras pasaban los días yo seguía descubriendo cada uno de los lugares de la casa y por supuesto a sus miembros. Janes, como lo dije antes, era una jovencita de quince años, de rostro angelical, cejas arqueadas y ojos color miel que lastimosamente no podía utilizar, la niña era invidente, pero a pesar de eso recorría toda la casa de extremo a extremo con una soltura incomparable que ni yo, que tengo mis dos ojos bien sanos podía hacerlo; ella sabía dónde quedaba cada lugar y cada cosa en la casa. Además, tenía un don para tocar el órgano y, sus melodías transportaban a cualquiera al paraíso perdido que cuenta el génesis. Su hermano le enseñó a leer en Braille y el mismo le daba clases dirigidas como su tutor, ella nunca fue a la escuela, todo porque él la sobreprotegía; además, no iba a permitir que se burlaran de ella como lo hicieron con él cuando niño. Por otra parte, yo le tomé especial cariño a Janes Chopra, la quería como a una hermana, como a aquella que tuve pero que por desgracia murió mientras veía los primeros rayos de luz después de sacar la cabeza de la pelvis de mi madre; allí en la agonía mi mamá trataba de pujar la bebe, pero sus fuerzas fueron quiméricas muriendo ella para darme la vida a mí, quedando yo huérfana, a la intemperie con sólo quince añitos. Después de eso me tocó mudarme donde mi tía Mimí quien administraba una vieja casas de citas muy popular entre los hombres más adinerados de la ciudad. En ese lugar fue donde me involucré en el abominable negocio de la prostitución, porque ella me decía que tenía que trabajar para poder ganarme el pan diario, ¿pero qué manera la de ganármelo? Más tarde, pasó a ser la amante del propietario de “El harén de Eros” ese lugar donde el profesor me fue a buscar aquella noche para proponerme que me viniera a vivir a su casa para trabajar en ese proyecto, que apropósito no sé de qué se trata porque él nunca me lo ha dicho, solo me la paso organizando papeles y limpiando el estudio del abundante polvo que esconde. Lo mejor de todo esto fue que llegue a conocer a Janes, ella era como esa hermana que no puede tener. Pero a quien no le caí muy bien fue a Natasha Alina Abdala; aunque no sé por qué, si yo me porte de lo más de bien con ella.

«Cierto día, después de mi llegada a la casa Chopra escuché una conversación entre el profesor y Natasha, donde ella le reclamaba acerca de mi estadía en la casa. Lo que decían era lo siguiente. –“Aquí se hace lo que yo diga y punto; además, ella está aquí porque la necesito y eso es una decisión que debes respetar.” – Desde entonces me sentía una persona muy importante para el profesor Chopra, creo que nunca antes lo había sido para nadie. Y fue allí donde empezó toda la contienda entre Natasha y yo. Pero eso es una larga historia de contar». Escribía Sol María en su diario. Ella estaba acostada en la cama, tenía puesto ropa ligera y fresca. Dejó de escribir, cerró el diario y se dio vuelta en la cama quedando mirando fija al techo. Luego de unos minutos se quedó dormida. Esa noche cumplía su segunda semana desde que llegó por primera vez.

Cuando Sol María llegó a la casa Chopra se encariñó mucho con Janes; desde ese mismo día hubo gran empatía entre ellas dos. Cuando Janes la conoció por primera vez percibió en ella la gran necesidad de amor y afecto, ella decía: “Todos merecemos una dosis personal de estos dos ingredientes para que el ser humano pueda tener una vida plena”. Pero en la realidad ella lo buscaba en el lugar equivocado; es decir, donde la sacó el profesor Chopra. Eso olía Janes en el aroma que transpiraba aquella mujer, por lo que quiso darle un poco de aquel ingrediente que su hermano le había brindado. “Dar por gracia lo que por gracia has recibido”. Decía a veces.

La vida de Janes y Elkin Chopra estaba unida por el vínculo del amor fraternal y por supuesto el filial; se querían mutuamente. Él se preocupaba mucho por ella, que estuviera bien en todo momento y que nada le faltara. Lo primero que hacía cuando llegaba del trabajo era preguntar por Janes y llegar donde se encontraba su pequeña hermana, la abrazaba y le besaba su mejilla; así mismo cuando llegaba la noche Elkin siempre pasaba por la alcoba de la joven, le contaba una historia, mientras ella la escuchaba atenta hasta quedarse dormida, la arropaba con la cobija y la besaba en la frente igual que como lo hizo esa noche que esperó que Sol María saliera de la habitación de su hermana para él poder entrar. Después que él salió Janes se levanta de la cama, abre el nochero que está a su derecha y saca una grabadora de esas que utilizan los periodistas, la enciende y empieza a tener un monologó.

«Soy Janes Chopra y desde que nací soy ciega. Pero eso no fue impedimento para conocer mi entorno, los objetos y las personas que me rodean; aunque mi sentido de la vista está atrofiado, mis otros sentidos funcionan a la perfección, esto se debe por la sencilla razón que mi cuerpo los desarrolló con más agudeza. Por ejemplo, puedo oler el mal, el miedo en las personas y otras cosas más; además de eso sé identificar con agudeza los sonidos que caracterizan a cada objeto y por si fuera poco su olor característico, sí, era algo así como el don que tenía Jean Baptiste Grenouille. En un principio cuando empecé a experimentar aquello pensé que me estaba volviendo loca, pero luego que Elkin me leyó la historia de este intrépido personaje todo mi ser cobró cordura y fue en ese momento cuando empecé a entender aquel misterio que poseo. No sé si logre convencerlo de lo que les estoy contando, ya que, eso solo se ve en novelas que son producto de la gran imaginación de un escritor, pero yo sé que es así y me siento realizada por eso; tal vez todos seamos personajes de una obra magna de algún intrépido escritor que quiera ganarse un Nobel manipulando nuestro destino a su antojo; colocando en nuestras vidas deseos, actitudes particulares que nos hagan desenvolvernos en una trama de la cual solo él conoce el final.

«Todo comenzó cuando mi hermano Elkin se enteró que yo era ciega de nacimiento, eso fue cuando tenía siete años de edad, pero ¿por qué tanto tiempo para enterarse? Sencillamente porque él todo ese año se encontraba fuera del país porque papá lo había mandado a un internado en Paris para niños genios. Su llegada la sabíamos con anticipación por una llamada que él había hecho el sábado cinco de enero, una semana antes de su regreso al país, él le comunicaba que para el próximo sábado lo esperaran en casa porque el director le había otorgado un permiso de vacaciones para vernos a nosotros, quienes él no veía desde el matrimonio de papá con mamá. Esa noticia alegró a mi padre, estaba alegre todo el tiempo y diciendo a cada momento que su hijo regresaba la próxima semana convertido en todo un hombre, cosa que me causó gran intriga; me preguntaba a cada momento ¿quién será ese famoso Elkin que le ha alegrado tanto la vida a papá? Hasta que, por fin, él mismo se acercó donde mí, me cargó por toda la sala y me sentó en sus piernas en su sillón y me dijo – “pequeña Janes tu hermano mayor llegará la próxima semana”–. Yo no sabía que era un hermano mayor así que le pregunté a papá que si qué era un hermano mayor, a lo cual, él me contestó que era un hermano mayor “ese que cuidaría de mí” luego de acariciarme la cabeza y estrecharme con sus brazos entre su pecho.

«Pasó la semana estipulada por Elkin para su regreso; yo estaba muy entusiasmada por conocerlo y saber quién era. Ese día, el once de enero tocaron a la puerta, recuerdo que eran las diez de la mañana porque el reloj tocó el número de campanadas que corresponden a la hora exacta; es decir, sonaron diez campanadas. Estaba fresca la mañana aun cuando ya había entrado el verano en todo su apogeo, porque si bien sabemos que en esa época el calor se hace insoportable y más aún en esta ciudad que tiene el sol más intenso de toda la región, pero gracias a Dios tenemos la deliciosa brisa que llega con las olas del mar».

– ¡Hijo mío! Que gusto me da el volver a verte. ¡Vaya! Cómo has cambiado, mírate cómo has crecido ya hasta has sobrepasado mi estatura–. Le dijo papá muy entusiasmado mientras se acerca y le da un fuerte abrazo.

– Y no sólo eso, sino que ha llegado más guapo que cuando se fue. Míralo, que buen mozo está–. Le dice mi madre acercándose donde él y le da un ósculo, al que pude percibir desde la sala de estar donde me encontraba con Quiro Nazarth.

«Yo no podía ver con mis ojos como todos los demás lo que estaba sucediendo en la casa, pero si sabía cada cosa que ocurría gracias a mis otros sentidos los cuales hacían de mí una persona muy meticulosa. Sólo tenía que concentrarme y dejarme llevar por ellos».

– Hijo, te presento a tu hermanita–. Le dice mi padre agregando – Se llama Janes. Pero antes papá se lo queda callado por un segundo y escuchó que se acerca a él y le dice que, si por qué razón se ha tatuado su cuerpo, que eso era mañas de delincuentes y, enfurecido le pide explicación de aquello. A lo que él responde con serenidad que eso fue una apuesta que perdió. Que unos amigos y el habían apostado resolver el ejercicio matemático más complicado de la carrera, entonces el que perdiera debía tatuarse la piel con un animal con el que se identificara; así que él se tatuó detrás de la nuca un puma. Luego de haber aclarado aquello se acerca a mí. Pero papá no quedó muy convencido de la respuesta de mi hermano aún seguía enojado porque Elkin se había tatuado el cuerpo como un delincuente».

– Hola pequeña Janes. Que hermosa y grande estás. Venga para cargarla y darle un abrazo y un gran beso. Pero que come esta niña, por lo que veo toda la sopita. Janes estás preciosa.

«Él me sostenía con sus brazos. En ese momento logré percibir su aroma. Sí, porque todos nosotros olemos diferentes; el olor de mi hermano era a soledad. Empecé a identificarlo con las yemas de mis dedos toda su cara e hice una imagen mental de su rostro. Luego, toqué su ropa; traía puesto una gabardina negra. ¿Cómo lo supe? Pues sencillo, la forma, los trazos, el grosor de la tela, acompañado del color que percibía de él era de oscuridad, esa en la que estoy sucumbida desde que nací. Puedo identificar los colores claros y los colores oscuros con mi olfato, no sé cómo, pero lo hago. Gracias a mi hermano pude desarrollar todo lo que puedo hacer porque él desde ese día se dedicó a enseñarme todo lo que sé hacer, pero sobre todo cómo hacerlo, digamos que veía como las serpientes que también son ciegas. Él tenía el don de la enseñanza. Caramba, que bien que lo hacía. Desde ese encuentro mi hermano se dedicó a enseñarme todos los secretos que guardan los sentidos, la relación que guardan las palabras. Cada día traía entre diez o treinta objetos para que los conociera, eran objetos que nunca pensé que existieran, con él visité muchos lugares y así se fue expandiendo el diámetro de mis conocimientos. Por otra parte, descubrí que la llama de mis dedos está dotada del triple de las partículas sensitivas que tiene un ser humano normal, partículas que se conectan de inmediato al sistema nervioso que es comandado por la creación más grande que tiene la naturaleza, el cerebro. Mis oídos pueden captar cualquier sonido, desde la pisada de un elefante hasta el caminar de una hormiga; todo lo puedo diferenciar con una precisión única la cual no acepta supuestos o hipótesis, es algo así como las matemáticas; preciso y exacto, como decir que uno más uno es dos.

«Él siempre me decía – “pequeña Janes todo está en tu imaginación, tu cerebro es una maquinita muy especial con la que puedes hacer muchos cosas, cosas que jamás tenías pensado hacer, sólo tienes que educarlo y, yo te voy a ayudar en eso” – además me explicó todo lo concerniente a la anatomía humana, la biología y la neurología; el por qué hablamos, el por qué oímos, el por qué sentimos y… el por qué ven los seres humanos con sus ojos. Cuando se dio cuenta que yo ya había aprendido todas las cosas que él me había enseñado durante todo ese tiempo que duró la tutoría de aprendizaje se le ocurrió la brillante idea de colocarme a prueba todo lo que había aprendido; eso para saber si en realidad estaba apta para percibir el entorno y sus elementos. Eso fue una experiencia muy significativa que no podré olvidar jamás porque ahí me di cuenta de la gran capacidad y destreza que tenía para ello. Era una tarde de agosto, aún lo recuerdo porque ese día era mi cumpleaños número catorce. Me dejó sola en una habitación, era como una cápsula o cabina donde se escuchaba su voz a la distancia que me preguntaba a cada momento – “¿Qué escuchas? O… ¿Qué hueles?” – Allí pude percibir más de mil olores y cientos de sonidos, pero no cualquier sonido sino aquellos a los que el oído de una persona normal se le dificultaba percibir. Mientras le respondía me preguntaba que de dónde diablos había sacado tantos objetos. Mientras estuve en esa capsula me sentí como una rata de laboratorio, aunque qué tanto faltaba para eso, pues en parte eso fui para mi hermano, un experimento científico. Pero a pesar de todo le agradezco, si no fuera por él, hoy en día no pudiera percibir mi entorno de la manera como lo hago, y por eso me siento una persona única en el universo». Apagó la grabadora, la guardó y se acomodó en la cama buscando la postura que había dejado antes de levantarse a buscar la grabadora. Mientras que Elkin después de haber salido de su habitación, se acuesta en su cama, duerme unos cuantos segundos y luego se levanta a escribir esta carta para Sol María.

«Soy Elkin Samir Chopra Kapoor, hijo de Temístocle Neftalí Chopra Mehra y Janes Indira Kapoor Mayyar. Sin vergüenza confieso que soy descendiente del mítico pueblo Rom, al que comúnmente denominan gitanos. El padre del padre del padre de mi padre era un romaní de la India que viajó con su pueblo hasta América después que les tocó huir de Alemania por causa de la dictadura Nazi. Mis ancestros, deambulando por los países americanos se encontraron con Kalamarí, este hermoso lugar donde ahora vivo, y acamparon con la Compañía por varios meses, pero cuando todos decidieron levantar sus carpas e irse a otro lado con su cultura y su magia, el viejo Chopra se reveló en contra de su propia cultura y decidió dejarlos para brindarles un mejor futuro a su familia, estaba cansado de dormir en carpas, andar andrajoso y harapiento, además, detrás de todo ese deseo de cambiar su forma de vida estaba un capricho amoroso con la hija de un ganadero de la región, mujer que lo amó y lo aceptó aun con esposa e hijo, la dama heredó una gran fortuna por parte de su familia, ella era la única y legitima heredera porque su familia era pequeña y no tenía hermanos con quien compartir dicha heredad, así pues que todo lo que poseían sus padres pasaría a ella.

«La tatarabuela Sheila después de escuchar la decisión de su marido no tuvo más opción que acatarla, el viejo era muy obstinado, era de aquellas personas que cuando deciden meter la cabeza, por un lado, no hay poder humano que lo haga cambiar de posición; de ahí mi carácter, pienso que eso debe ser algo congénito en los Chopra. Mis tatarabuelos después de la decisión del viejo Chopra quedaron deambulando por la ciudad, mi tatarabuelo se convirtió en jardinero y mi tatarabuela se dedicó a leer las cartas y a predecir el futuro de las personas, habilidad que aprendió de su comunidad. En varias ocasiones leyó su futuro en las barajas, ella sabía que su marido la engañaba con la hija de sus patrones, pero no le hizo reclamos porque las cartas le habían dicho que esa mujer le dejaría todo lo que su familia tenía a su esposo, debido a que el destino de la riquita de papi y mami no iba a ser muy largo, porque la joven moriría por causa de una rara enfermedad que producía largos periodos de altas temperaturas. Ella sabía que iba a morir porque para esa época no existía remedió para “la maldición”, como todos la conocían, así que pensó que obraría bien en dejarle todo a su amante, ese que le enseñó tantas cosas referidas al amor y el sexo. El viejo Chopra con el dinero que le dejó su amante compró una enorme casa a las orillas del mar, además se surtió con ropas elegantes para su familia, pero sobre todo decidió darle estudio a su hijo, que con el tiempo se convertiría en el primer Senador en la nación que pertenecía a una estirpe diferente a la que predominaba en la región. Desde aquel tiempo en la familia se tomó por costumbre involucrarse en el ámbito político.

«Ahora sólo quedan dos Chopra, Janes y yo. No sé qué pase conmigo, pero lo que sí sé es que debo defender y luchar por mis ideales. Aunque creo que las únicas personas que hacen cambiar mi opinión son las tres mujeres que más amo en el mundo; Natasha que, aunque no sea mi madre biológica fue la que me crio; Janes, que es mi hermanita querida, la miel que endulza mi vida; y por último está Sol María.

«No sé por qué, pero sabía que en ella había algo especial. Yo era su profesor en la universidad y, desde el principio vi sus dotes de buena alumna por lo que me propuse analizarla en cada detalle que hacía, en cada paso que daba. No sé si era una obsesión lo que estaba sintiendo. Lo que, si era evidente, era que ella me causaba un gran interés, quería saber cómo era, qué le gustaba, en fin; nunca antes había experimentado esa sensación en mi vida pues siempre he estado ocupado en mis trabajos y en mis lecturas, que, para aquello no tenía tiempo. En verdad no sabía a ciencia cierta qué era ese desespero que tenía por esa muchachita. Cada vez que la veía mi corazón se aceleraba y mi estómago se revolvía como si tuviera unas ganas intensas de ir al baño o quizás también de vomitar, cuando sentía aquello iba al retrete para desfogar aun así nada ocurría.

«Además de aquello, también sentía que mis manos sudaban más de lo normal, destilando chorros de sudor que a veces tenía que parar con un balde como cuando en la casa se hizo una grieta en el techo y Quiro Nazarth tuvo que pararla con un recipiente para que la casa no se mojara e inundásemos. Sí, sudaba como un minero que se mete en las entrañas de la tierra para sacar su tesoro; así sudaba yo, pero en mi interior sentía que mi alma estaba sumergida en las heladas aguas del Ártico, era un intenso frío que no soportaba y lo peor de todo era que sólo ocurría cuando la veía a ella, a Sol María, mi alumna de la universidad y, cuando estaba a su lado o por lo menos a un perímetro de veinte metros a la redonda de donde ella se encontraba, mis piernas se ponían tan débil como las de un paralítico, se me adormecían y sentía un hormigueo en todo el cuerpo, por tal razón no me podían sostener en pie. Aunque no lo creas, esto no lo había experimentado jamás y, por obvias razones no había tenido una relación amorosa con ninguna mujer; como dije anteriormente, siempre estuve dedicado a mis estudios y a mis experimentos científicos, pero nunca había sacado tiempo para entablar una relación amorosa con una chica de mi edad mientras estuve en el internado en Europa y, allí sí que había donde escoger, rubias, pelinegras, asiáticas, negras, en fin, hijas de honorables hombres y mujeres pudientes de distintos países pero no, a mí no me interesaba aquello, pensaba que el amor era una tontería de adolescentes y en verdad sigo diciéndolo, trivialidades que ocasionan en los seres humanos las más tontas acciones. Sí, como lo ven, por ejemplo, como el de escribir carta de amor y poemas empalagosos, llenos de elogios a alguien que tal vez no les corresponda como uno verdaderamente quiere y, lo peor de todo, llorar por esa persona – ¡Bah… que maricada! – eso se lo acepto a las niñas, pero a un hombre o a una mujer madura, eso sí que no. ¿No creen que en verdad esto sea una estupidez? Pues sí, sí lo es. Pero hay otros que van mucho más lejos que todo lo que he mencionado anteriormente, como el cometer locuras, por ejemplo, fugarse con una persona que apenas están conociendo sin saber cómo es en realidad; me refiero a sus mañas y costumbres, se debe tener mucha confianza para hacer eso y… no vamos muy lejos también están los que matan por amor.

«En verdad, todo eso es algo muy hermoso. El sentirse de esa forma, pero claro, sin llegar a los extremos. Y, después de todo esto lo confieso, así me sentía cuando veía a Sol María, “el mundo da muchas vueltas, es como un baile, como dice aquella vieja canción popular”, es el tiempo quien se encarga de hacernos tragar nuestras propias palabras; lo digo porque yo odiaba el amor y aborrecía a las personas enamoradas, para mí sólo existía la ciencia. Pero había algo contradictorio en esta alocada vida que llevaba, pues a Janes le encantaba el amor y las historias que se trataban de este tema tan absurdo. A ella le gustaba que le leyera siempre antes de dormirse una historia y si era de aquellas que trataban de amores frustrados era mucho mejor, como aquella de Gabo que tanto le gustaba, “Amor en los tiempos de cólera”, esa le fascinaba aunque yo siempre trataba de leerle otra pero Janes siempre ganaba, y fue con mi hermana que terminé familiarizándome, pues yo era más realista, no amante al amor, pero después, con Janes me vine a dar cuenta que todos las novelas tenían un trasfondo al tema del amor a pesar de ser un lector desde muy niño, aunque en ese entonces si leía toda clase de historias, a la edad de diez años ya me había leído Don Quijote, esa historia del enamorado más consagrado de todos los tiempos, pero al pasar el tiempo me fueron llamando la atención aquellos relatos que trabajaban el tema de la aventura, la novela policiaca… pero en fin, eso es otra cosa que no viene al caso de lo que quiero tratar en esta carta.

«– “El que no quiere caldo se le dan dos tazas” –. Eso me decía siempre Janes para referirse a mi fobia hacia aquello que aborrecía. Ella además de eso me expresaba que tarde o temprano conocería a una mujer que cambiaría mi forma de pensar, que me enamoraría como nunca antes un hombre se había enamorado. En verdad esa niña tenía voz de profeta, ella era mi oráculo porque tal cual como me lo había predicho así me estaba pasando. Después de un largo tiempo de incertidumbre y duda por lo que estaba sintiendo, decidí hacerle frente a esta sensación que me estaba ahogando cada vez más dentro de mi propio cuerpo. Así que, luego de tanto rumiar la idea de comentarle a alguien, no tuve otra opción de decirle a mi mayordomo Quiro Nazarth quien era un hombre de mucha edad y experiencias, sobre todo en estos temas que yo no tenía ni la mínima idea de cómo tratarlos; bueno excepto a las teorías, pero nada de práctica. A pesar de llevar mucho tiempo Quiro Nazarth en la casa como mayordomo nunca antes había tenido una conversación de este tipo, y, fue allí donde me di cuenta de la gran sabiduría que escondía este fantástico personaje. Él me contó muchos secretos del amor, cómo amar y ser amado, cómo conquistar, seducir y, hasta cómo llevar a una mujer a la cama y hacerla mía toda la noche dejándola por siempre necesitada de mí e incluso me dio el secreto del punto G, ¡vaya! Ese hombre parece que había leído al gran Ovidio, o tal vez a Vatsyayana o quizás a Salomón. La verdad, yo era ignorante ante todo lo que me decía Quiro Nazarth porque… aunque no me da pena decirlo, era virgen, sí, así es, nunca antes, en la corta historia de mi vida ninguna mujer había pasado por mi cama o más bien por mi pretina; aparte de aquellas que aparecían en mis sueños eróticos, esas que me hacían desfogar sin necesidad de estar con una mujer de verdad. Para mí eso era suficiente, el resto me importaba un bledo, era algo a que me importaba poco; pienso que el ser humano tiene que pasar y vivir al máximo todas las etapas de su vida, pero sin excederse e irse a los extremos “todo tiene su tiempo”; eso pensaba, aunque ahora sí veía la gran necesidad de aquello. Era algo tan desesperante que me ponía muy inquieto.

«Pero cuando veía a Sol María, eran sentimientos tan contradictorios que no había una explicación científica para ello; excepto a la vulgar y trivial teoría del “amor”. Ella no me causaba o digámoslo de otro modo, no me despertaba aquel apetito voraz por el sexo o quizás por poseerla como sucedía con otras mujeres que veía con esos escotes y vestidos pegado al cuerpo que le revuelven el alma de cualquier hombre e incluso de aquellos que dicen santificarse; esa es la realidad, el que diga lo contrario está errado, pero creo que me estoy desviando de la historia. Esta mujer producía en mí algo que no podré describirlo porque creo que aún no ha nacido la persona que revele este secreto. Sol María tenía una forma muy peculiar de vestir, me refiero a que era decorosa al vestir, nada de extravagancias, era muy sencilla, aunque no voy a negar que en verdad dentro de mí sí había un poco de lujuria, pero no voy a entrar en detalles, pero algo si dejo claro y es que la mujer que no es coqueta con los hombres no es mujer. La cuestión era que ella me atraía en gran manera. Las sugerencias de Quiro Nazarth al principio no me sirvieron de nada, pero… no porque sus consejos fuesen malos, sino porque soy un tipo original y por lo tanto no me gusta imitar a los demás y mucho menos ser imitado; así que opté por actuar a mi propia cuenta y desarrollar una teoría original e inédita para aquello que me estaba agobiando.

«No me quiero extender, pero en estas líneas quiero dejar claro lo que estaba sintiendo por Sol María. El explicarlo no lo lograré jamás porque la única forma de entenderlo es sintiéndolo. Así que, Sol María si llegas a encontrar este escrito antes de que regrese del viaje que voy a emprender te darás cuenta cómo hice para encontrarte allí en ese lugar, sobre el porqué te dije que te vinieras a trabajar conmigo acá en la casa, la verdad fue una excusa para tenerte cerca y superar mis temores. El enterarme del lugar donde trabajabas me hizo pensar muchas cosas, una de esas fue que no iba a permitir que estuvieras ni un minuto más en ese lugar; pero claro… eso sí tú lo permitías. Ahora vuelvo a repetir lo que dije en un principio, te analicé meticulosamente, detalle a detalle, segundo a segundo y hoy te confieso que te seguí a todas partes por más de un mes. Tú nunca te distes cuenta, pero ahí siempre estuve yo, siguiendo tus pasos. Por eso, por seguirte a todas partes me llevé una gran sorpresa, una verdad que no quise reconocer. Era tu verdadera realidad. Desde ese momento me preguntaba con frecuencia ¿por qué esta linda chica hace lo que hace?, ella no puede estar trabajando en ese lugar y, después de mucho llegué a la conclusión que, por esa sencilla razón, por ser “linda” y de bajos recursos y con ganas de seguir adelante era que trabajabas en ese sitio, aunque era una manera errónea de seguir adelante. Pero, ahora quedaba otro interrogante ¿por qué llevabas una doble vida? Pues, me refiero a la niña inteligente dedicada a sus estudios, y por otro lado esa mujer a la que vi entrar en aquel burdel, embadurnada de escarchas por todo tú cuerpo y con ese vestidito tan corto y pegado, que en realidad no encajaba con la persona que yo había conocido. Desde entonces, pasé días y noches tratando de descifrar el porqué de tu doble vida; hasta que por casualidad me enteré en la universidad de tu “triste realidad”, tus amigos recordaban tu historia; Rodolfo y Catherine conversaban de la terrible situación que te ocurría, que te habías dedicado a trabajar en ese lugar para poder pagar tus estudios, además para saldarle la cuenta de toda una vida a tu tía. El escuchar aquello me causó gran conmoción, por eso decidí hacer algo para que tu vida cambiara, pero antes tenía que pensar muy bien lo que tenía que hacer y, después de tanto examinar mí idea decidí traerte a la casa para que me ayudaras como asistente.

«Y fue así como pasó todo, por eso fue que te fui a buscar al burdel a proponerte que te vinieras a trabajar conmigo acá a la casa con el objetivo de que te alejaras de ese mundo. Entonces, hoy y aquí en estas líneas confieso que te amo Sol María. Todo esto también es una excusa para que conocieras un poco de mí, y que vieras la parte sentimental del ogro de tu profesor».

Atentamente;

Elkin Chopra

Esta carta fue descubierta varios días después, por Sol María mientras buscaba un libro para leer. Lo único que sus labios pronunciaron fue: – ¡No puede ser! El profesor Chopra está enamorado de mí–. Aquella noticia cayó como un balde de agua fría en la vida de Sol María, ella jamás pensó que este hombre la estuviera amando y mucho menos que se le declara de la forma en que lo hacía, en una carta que dejó escondida entre unos libros. – Que hombre más extraño–. Decía entre sí, en el mismo momento en que se sentaba en el sillón del estudio, luego empezó a meditar en el tema en cuestión, pero no por mucho tiempo porque al cabo de unos minutos se sacude y sigue buscando algún interesante libro para leer; en su búsqueda encuentra un manuscrito y le que le llama la atención, parece que aún está sin editar, su hojas están escritas a, lo saca de la estantería y lo observa cuidadosamente, se titula “El escape y otros cuentos de ficción” por karloz Magnus. Ella nunca antes había escuchado hablar del escritor en mención, así que abrió las páginas de aquel libro porque sintió curiosidad de saber que había escrito dentro, y más aún, después de haber leído aquella frase que rezumbaba en su cabeza como un abejorro. El libro no tenía información del autor y mucho menos de la casa editorial, únicamente una fecha: 26 de agosto de 1986, tal vez esa fue el año en que fue escrita, esa fueron sus conjeturas. Sol María se sentó en el sillón y empieza a leer la carta que había encontrado en este libro.

« El profesor trabajaba siempre en el estudio, el cual me hizo conocer de inmediato y me dijo que ese iba a ser el centro de mi labor, que allí se concentraría todo mi ser, ya que, iba a ser su asistente y su mano derecha en el proyecto que estaba ejecutando pero aún no me decía de que se trataba, era tan secreto que ni su propia mano derecha no podía saber ¿o? era que estaba esperando tomarme confianza; más bien era eso. – “Sigue al pie de la letra todo lo que te digo… no hagas preguntas necias las cuales no responderé sino hasta su debido momento” – Yo no decía nada, ni le llevaba la contraria, pues era evidente que tenía un carácter muy fuerte, además, yo estaba contenta con mi nuevo trabajo, este era más suave que el que tenía anteriormente, ya no me tenía que trasnochar … lo mejor de todo era que sólo tenía que aguantarme el comportamiento de un solo hombre, ese al que le llegué a tomar un gran aprecio. Él era como un niño de esos al que cuando se le mete algo en la cabeza no había poder humano que se lo pudiera sacar, sino hasta que veía realizado su capricho; así era el profesor Chopra.

«Por otra parte, hoy encontré un extraño libro en el estudio. No tiene editorial y mucho menos la biografía del autor, su nombre es Karloz Magnus, para mi creo que ese es un seudónimo que ha utilizado el profesor para firmar sus escritos, el primer relato que leí me pareció muy bueno, aunque no soy una crítica literaria para decir eso, sólo puedo decir que lo disfrute mientras lo leía. Lo he puesto al lado de mi cama para retomarlo por las noches. Sí, estoy segura que ese libro lo escribió el profesor Chopra, de eso no tengo la menor duda».

«Me he dado cuenta que Elkin ha cambiado mucho en su actitud en estos últimos días. ¿Qué será lo que le habrá pasado? Lo noto aún más callado, solo se la pasa escuchando la radio y las noticias, pareciera que planeara algo; además, he notado su ausencia porque ya casi ni se siente en la casa, antes venía con mayor frecuencia a mi habitación a hablar conmigo, ahora ya no, él es la única persona que se preocupa por mí en esta casa. Mamá nunca lo ha hecho; a ella tampoco sé qué es lo que le pasa, es una mujer extraña, a veces parece que no fuera mi madre; lo percibo en su comportamiento y su trato hacia mí. Cuando papá estaba vivo las cosas eran diferentes, pero ahora que no está todo han cambiado e incluso los que aquí vivimos. A veces siento su presencia aquí a mi lado, haciendo lo que le gustaba hacer cuando estaba conmigo, peinar mis cabellos; yo sé que es él porque percibo su aroma a maní. A mí no me da miedo porque me he acostumbrado a sus visitas casuales. Mientras me peina yo le cuento todo lo que está sucediendo en la casa, pero él me contesta que ya no puede hacer nada pues ahora su poder aquí estaba limitado y que no tenía la autonomía de decidir y actuar en el mundo de los mortales. Pero luego me doy cuenta que todo eso sucede cuando duermo, que son solo sueños».

«No sé qué tiene esta casa. Percibo en ella algo extraño que no sé cómo explicarlo; además, sus habitaciones también lo son, a veces siento un poco de miedo al estar aquí pero… luego pienso que tal vez sea porque nunca antes había vivido en una casa como ésta, a la larga, me terminaré acostumbrando, y en verdad es un reto para mí hacerlo. En esta habitación donde estoy escribiendo en este diario acerca de mi nueva vida, alejada de la prostitución me ahoga en su silencio, siento que el aire me falta por momentos, es como si me perdiera día a día en la soledad de sus paredes, a veces creo que es una locura vivir aquí; podría afirmar que ella tiene vida propia. Una vez hablando con Janes habló del tema y estas fueron sus palabras: “Esta casa encierra muchos misterios que sólo pueden ser descubiertos por mentes abiertas, los incrédulos aquí no tienen cabida pues sólo verán una gran casa vieja llena de objetos anticuados y obsoletos”».

«Esta mujer se ha comportado muy bien conmigo, su aroma es muy agradable, no percibo maldad en ella. Me agrada su presencia, pareciera que la conociera de muchos años atrás o tal vez de otra vida como dicen los budistas. Anoche soñé que estábamos en otra época y en otro tiempo donde ella era la mayor de tres hermanas donde yo era la menor. Era una época donde las mujeres vestían hermosos trajes, ropajes seductores que impactaban a la vista de cualquier hombre, vestidos ceñidos al cuerpo, amarrados a la cintura por un cinto que colgaba por las faldas. Allí, en ese sueño no era ciega, mis ojos podían ver todo lo que quisiese. Esa es la única forma de poder ver mi rostro. Ahí me veo tal como soy físicamente, cuanto quisiera que esa fantasía se hiciera realidad, para poder ver como peino mis cabellos frente al espejo, pero luego pienso en la gran realidad y mi deseo se convierte en miedo».

«Esta mañana, me acerqué al cuarto de Janes para saludarla, he notado que ella necesita mucho afecto y sobre todo relacionase con otras personas, y en especial con niñas de su edad porque si sigue así cuando adulta tendrá el mismo comportamiento que su hermano tiene ahora. Y sí, permanece encerrada en esta vieja casa la tristeza la arropará con su manto y hará de ella una persona con muchas frustraciones. En verdad me preocupa esa niña, a su edad es para que esté en el parque o visitando a las amigas, pero… en parte tiene razón el profesor Chopra en sus reglas con Janes, por causa de sus limitaciones, que pues para ella no parece un problema el ser ciega. Cuando entré a su cuarto, la encontré sentada en el diván mientras se peinaba, la puerta chirrisqueó y ella volteo su rostro hacia mí, “hola Sol María, qué te trae por mi alcoba tan temprano”, me dijo con voz mística. En ese momento no supe que contestarle, así que, me acerque a ella y la ayudé a peinarla; mientras lo hacia ella dirige su mirada al espejo como si se estuviera viendo de verdad en él. Yo le pregunto si quiere que le cantara una canción mientras la peinaba, ella me hace con la cabeza un ademán de afirmación, dejando una sonrisa en sus labios. Empiezo a cantar y ella cierra sus ojos para deleitarse».

«Esa canción que cantaba Sol María era la misma que cantaba mi supuesta hermana mayor en el sueño que había tenido la noche anterior. Mientras ella lo hacía yo cerré mis ojos y empecé a recordarlo, quizá a recordar las vivencias que había tenido con mi hermana en otra época de mi vida y que sólo existían en mis ilusiones. Vivíamos en una hacienda rodeada de verdes pastos y hermosos árboles».

«Mientras la peinaba veo pasar al profesor y noto que se detiene en la puerta de la habitación, aquello me causó pena pues, yo no había llegado a la casa del profesor Chopra para jugar con su hermana sino para trabajar como asistente así que me dirijo hacia él y le digo que me excuse por desacatar sus orientaciones, pero él me responde con lo siguiente “Sol María no te preocupes por eso, a mí más que nadie me interesa la felicidad de mi hermana, así que no se preocupe por esta trivialidad”, dijo. Aquello me confundió totalmente, luego continuó diciendo, “ah, mujer sigue peinando a Janes y, sabes, quisiera volver a escuchar una vez más esa melodía tan hermosa que estabas cantando”. Sí señor, le conteste».

«Diablos, No sé si pueda seguir aguantando un minuto más la tentación de tenerla tan cerca. Esta sensación me está matando, al escucharla cantar todos mis vellos se colocan de punta. Mejor me marcho antes de que me vea que estoy espiándola detrás de la puerta». Pensó Elkin y luego se dirigió a su habitación a seguir con el proyecto de la historia que estaba escribiendo.

– Me encantó que me peinaras Sol María. Sabes, papá también lo hacía cuando estaba con vida.

– Si quieres puedo hacerlo todos los días a ésta misma hora o cuando tú quieras.

– En serio podrías hacer eso por mí, no quiero que tengas problema con mi hermano por mi culpa.

– No te preocupes, yo sé que no habrá ningún problema; además, no escuchaste al profesor lo que acaba de decir. Él te quiere mucho, ojalá yo tuviera un hermano que me quisiera como te quiere él a ti.

Sol María y, ¿tu familia dónde está?

Mmm… mi familia, ella está muy lejos.

Ah… no quieres hablar de eso verdad.

Algo así, es una historia muy triste que no quiero recordar, pero ya no hablemos de tristezas, hay tantas cosas de las que podemos hablar y nosotras escogemos esta.

Sí, es cierto, pero una ciega como yo, ¿qué cosas puede contar?

Janes, claro que sí. Por ejemplo, de ese gran talento que tienes para tocar el piano, ¿no crees qué eso es algo de lo que se puede contar? Y, aparte del piano, ¿qué otro instrumento sabes interpretar?

Pues, que te digo, también se tocar la flauta traversa y el violín.

¡Qué fascinante! Fíjate que si tienes cosas de que hablar y creo que no sólo eso sino muchas más. Yo tengo los fines de semana libres, si quieres podemos hacer un dúo, tú tocas un instrumento y yo canto una canción, aunque presiento que no canto mejor que tú, pues pienso que debes tener un color de voz muy bueno.

Sí, eso me dice mi hermano.

Bueno, te fijas que si tengo razón. Entonces, ¿qué me dices?

Pero eso a mamá no le va a agradar mucho que digamos.

¿Por qué no le va a agradar?, si no es nada del otro mundo. Porque te estoy ofreciendo mi amistad ¿Janes, quieres ser mi amiga?

¿Amiga?

Sí, tu amiga o no quieres ser mi amiga

Claro que, si quiero ser tu amiga Sol María, aparte de ti, yo no he tenido una en toda mi vida y la verdad no sé qué significa esa palabra, tal vez contigo pueda descubrir ese significado.

«Ese día ella contó una historia que le contó su hermano en una de esas tantas noches antes de quedarse dormida: “Elkin me dijo que cuando iban a casarse mis bisabuelos, toda la ciudad (que en ese entonces era aún un pueblo), se revolucionó tanto porque en el lugar no había personas con esas características y mucho menos mujer e incluso como la describían”. Dijo que era hermosa, tan hermosa como la misma naturaleza: “sus cabellos eran como haces de luz que expandía el mismo sol al resplandecer y haciendo que su rostro iluminara impidiendo que los demás la pudieran mirar a su rostro y, sin mencionar su mirada marina”, en fin, la niña se emocionó tanto que su semblante cambió, se ruborizó. Ya no era aquella triste y melancólica que trataba de ocultar esta parte de sí misma con lo que era en realidad, una persona cayada y sola. “Elkin parece un pequeñín cada vez que me cuenta una historia”. Jamás había visto a Janes tan contenta como ese día, pero ya era muy tarde así que me despedí de ella para regresar a mis quehaceres. Bueno amiguita, creo que ya me tengo que ir, el profesor debe de estar ahora si enojado porque me estoy demorando contigo y he descuidado mis tareas–. Le dije, luego salí de la habitación».

«Esa mujerzuela se está metiendo mucho en nuestras vidas». Pensó Natasha. «Tal vez tenga que hacer hasta lo imposible para que se marche de esta casa lo más pronto posible». Mientras veía a Sol María que salía de la habitación de Janes. «Ayer tuve un pequeño error en los datos que el profesor me dio para introducirlo en la base de datos de la computadora que tenía en el estudio, él, de inmediato se colocó furioso y tuve que empezar de muevo todo lo que había hecho en una semana. En verdad este hombre es muy extraño, no sé si pueda seguir aquí, el profesor me insultó por ese error, aunque no era para más pues tenía toda la razón, sus palabras me hirieron mucho pero luego de varias horas cuando ya había avanzado en mi trabajo se portó distinto, como ese que conocí aquella noche en “El harén de Eros”. Ahora estaba como si no hubiera pasado nada. Ya hoy es sábado y tendré que cumplirle a Janes la promesa que le hice, pero como decirle al profesor que pasaré el día con su hermana y que me gustaría llevarla a pasear y a comer helado al parque. No, iré con calma, además, no hay prisa con eso, hoy nos divertiremos aquí en la casa, contamos con un patio y un jardín inmenso a nuestra disposición para lo que queramos hacer, así que esta vez lo vamos a utilizar, pero primero tendré que hacer unas compras».

«La casa ese día tenía un olor particular, sería porque me sentía contenta y entusiasmada de anhelar la compañía de Sol María. Después, de que me peinara me llevó al jardín donde pasaríamos la mañana, ella había arreglado el lugar para un picnic, yo nunca antes había salido al jardín con una persona distinta a mi hermano y a mi papá cuando él estaba vivo, ese entonces todo era tan diferente vivíamos como una familia feliz, aunque fuera de apariencias porque sabía que entre mis padres había problemas, pero siempre supieron disimular su conflicto».

– Sol María te quiero enseñar algo.

– Haber qué es.

«Tomó el violín y empezó a sobar el arco sobre las cuerdas. Era una melodía muy triste. Después paró y me dijo: “esa eres tú”, no pude entender esa frase así que le pregunté de que se trataba o más bien a qué se refería con que “esa era yo”, ella me contó que cuando estaba cerca de una persona podía olfatear su estado de ánimo y descifrarlo a través de algún instrumento musical. Luego me interpretó otra melodía y me dijo que así se mezclaban los sonidos de la naturaleza, Janes me enseñó los sonidos del viento, de los árboles, del mar, y muchos más a través del violín. Me quedé atónita con semejante explicación y más aún el escuchar las distintas melodías que interpretaba. Ahora entiendo lo que me pasó el día que llegué por primera vez a esta casa. El profesor nos miraba por la ventana de su habitación y Natasha desde la suya; no entiendo qué clase de madre es esa que no le brinda amor y cariño a su única hija, pero bueno esas cosas pasan, de igual forma ya eso no importa porque Janes me tiene a mí para cuidarla y brindarle lo que su desnaturalizada madre no le brinda».

«Ya habían pasado algunas semanas desde mi llegada cuando el profesor me dijo que tenía un viaje que realizar, que saldría al día siguiente, por lo que me dejó una apretada agenda la que debía seguir al pie de la letra día tras día, organizada con un horario demasiado estricto por eso no había podido volver al libro de Magnus, pero prometí retomarlo hoy. Así que eso hice, tomé el libro, lo abrí y éste quedo abierto en el cuento que el escritor tomó para su título, la historia decía así: “El aullido de los perros aceleró los latidos del corazón de Salomé y, la espesura de selva la confundía; pero, a pesar de todo, sus pupilas no perdían la esperanza de encontrar un refugió. De pronto, un haz de luz penetra la oscuridad virginal en la que ella se encontraba. Asustada, Salomé recuerda la escalofriante escena en la que el ejército revolucionario le daba muerte a su familia; incluyéndola a ella”. Esta historia es muy parecida a una que escuché en el burdel por boca de un guerrillero que estuvo conmigo, él me contó que él y su pelotón de matones habían llegado a una finca de unos terratenientes y habían acabado con todos ellos, mientras lo hacían él ve cómo sale el alma de una de las hijas del viejo y huye de la habitación por entre la espesa oscuridad. Bueno, eso no es de asombrarse que ocurra si en este país se ven cosas insólitas. Sobre todo, que un intelectual de la altura de Chopra llevara a vivir consigo a una estudiante que tenía una doble vida, en el día era una mansa palomita, que devoraba libros y por las noches una devoradora de hombres.

. «La verdad era que Elkin confiaba en mí, sobre todo en mi trabajo; así que yo no le hice ninguna pregunta al respecto, todo estaba detallado en la agenda que me había dejado. “- Aquí tienes escrito todo lo que debes hacer y lo que vas a necesitar. Tú en estos momentos vas a tener voz y voto en esta casa; además tendrás la autoridad que yo tengo, Quiro Nazarth obedecerá todas tus órdenes… Bueno, eso es todo, ahora me iré a mi habitación para descansar un poco porque mañana saldré muy temprano de viaje”–. Él habiendo dicho eso se acercó a mí y como aquella noche besó mi frente, dio la espalda y se fue a su recamara, pero antes se detiene frente a la habitación de Janes y decide entrar. Son las ocho y media de la noche. Es viernes»

«Son dos de la madrugada. He pasado varias horas encerrado en mi alcoba escribiendo mi novela, en la cama están regados algunos libros de mi colección, en especial los del escritor Arthur Conlan Doyle. Tengo el viaje planeado para dentro de tres horas, he querido descansar pero el insomnio se ha apoderado de mí y no he podido conciliar el sueño, son tantas cosas las que tengo en mi cabeza, en este momento no tengo más nada que escribir, por eso, he aprovechado el tiempo para leer un poco, es la historia de “La banda moteada” muy buena historia apropósito, por otra parte, “ojala en el viaje que voy a emprender en pocas horas no me encuentre con un Holmes en el camino porque todo se estropearía”, me digo a mi mismo mientras detengo la lectura; luego me levanto de la cama y me siento en el borde de ella, miro hacia la ventana que está frente al viejo castillo. Es luna llena, el cielo se ve muy luminoso, aquella luz blanca entra como un haz grande que termina justo delante de mis pies. Estoy pensativo. No sé si es el tiempo preciso para emprender el viaje, conozco los peligros que esto conlleva y… por su puesto sus consecuencias, pero debo hacerlo». Elkin Chopra dejó de escribir en su diario y luego se colocó sobre sus pies, caminó hacía el piano que tenía en la alcoba y sus manos empezaron a tocar las teclas de éste; al ir presionando una a una conformando entre sí una armonía incomparable. Sus ojos se cierran y el sonar de la melodía va recorriendo toda la casa, sus paredes ya son tan sensibles que al escucharla nuevamente sus colores cobran vida y se mezclan con aquellas otras melodías que aún están impregnadas en ellas, melodías que si las llegaran a escuchar los miembros del mismo pandemónium los llegaría a tranquilizar por más de un siglo.

«Es tiempo de marcharme. Me iré. Adiós a todos. Ahora escucho el fuerte estruendo de las olas al besar las rocas que están en el fondo del precipicio que está a la orilla del castillo; también escucho el murmullo de la brisa, el quejido de su soledad. Las palmeras se estremecen; temen a lo que me pueda pasar. El cielo tiembla y me toma una fotografía; el clima ha cambiado repentinamente. Una tormenta se acerca. Pero yo soy indiferente a todo lo que me quiera interponerse en mi camino». Seguía escribiendo en el diario acostado en la cama. «Pararé por un momento y revisaré la historia que estoy escribiendo, he avanzado mucho desde que dejé a Rudy en la caverna de la montaña rocosa donde encontró la momia petrificada de Abimelec. – “No es bueno que el hombre este sólo”- dijo en su mente recordando lo que dice el génisis cuando Dios creo al hombre; él había creado uno en su imaginación y debía crearle una ayuda, una mujer para la misión que iba a ejecutar, pero aun sabe a ciencia cierta quien es ella, sólo sabía que debía incluirla para que el amor se ejecutara en este hombre, tal vez ella sea quien lo personifique, quizás lo ha hecho inconscientemente, reflejando aquí el amor que siente por Sol María, ahora tenía que darle un nombre, y construirle un pasado.- Elkin sonríe y en se dice a si miso:- Sonrío un poco porque caigo en cuenta que Abimelec también soy yo. Desde que él apareció en mi cabeza trato de pensar que es un personaje más de mis historias, pero cada vez descubro más que este individuo existió en realidad, él es de una época desconocida para la sociedad actual, de un lugar inexplorado que ha desaparecido de la faz de la tierra, por eso es que pide a gritos que lo haga público, él quiere que el mundo lo conozca y ante todo la historia que nos quiere contar». Elkin deja de escribir en su diario y toma el Block Amarillo y lee el texto desde el pasaje donde dejó a Rudy admirado por la belleza arqueológica que acaba de encontrar. Esto fue lo que él leyó:

«Mi nombre es Abimelec, y creo que soy el único atlante perteneciente a la gran Erets que ha logrado sobrevivir al nefasto desastre sobrenatural que acabó con mi pueblo, e incluso con el resto de la humanidad. Hoy se cumplen cinco días desde que las primeras gotas de lluvia se precipitaron contra la tierra. Todo afuera esta oscuro, pero dentro de esta cueva se ilumina una lámpara de aceite gracias a mi precaución, pues antes de todo este cataclismo, se me ocurrió en mi afán por salir en busca de un refugio en las alturas, tomar la mochila que uso en mis viajes, y que, en la cual llevo todos los instrumentos necesarios para sobrevivir a la intemperie; desde hace varios meses había salido de casa para espiar a las comunidades más retiradas de la ciudad principal, debido a que mi pueblo se ha declarado la guerra entre sí, una guerra absurda que sólo ha dejado millones de muertos. Hermanos contra hermanos, hijos de una misma nación, que se han dejado segar por un ideal absurdo, el seguir a los seres que bajaron de las estrellas, o como se le conocían en el principio, los Ángeles Vigilantes, esos que engañaron a los hombres haciéndose pasar por sus creadores.

«Estoy temblando, el frío me está penetrando hasta los huesos y no tengo con qué cubrirme; además, no hay nada que hacer en esta fría cueva. Temo morir. De la rata que cacé ayer, ya no queda sino los huesos. Tengo hambre, las semillas que tengo en la mochila son pocas, no quiero gastarlas todavía, sólo espero que otra rata quede atrapada en la trampa que le preparé. Mientras tanto, sólo debo aguardar con paciencia a que la lluvia cese, si es que llegan a cesar. Ahora sólo me resta escribir toda la historia que no ha sido escrita porque no había llegado el momento. Sólo espero que alguien, algún día descubra esta caverna y lea la verdadera historia de un pueblo que dominó toda la tierra y que fue destruido en cuestión de segundos por la ira del Creador de todas las cosas. A continuación, lo que sucedió.». Esto fue lo único que Elkin pudo leer pues se encontraba muy cansado, los parpados le pesaban y el sueño lo venció en cuestiones de segundos.

«Han pasado sólo veinticuatro horas desde que se fue el profesor Chopra y las cosas en la casa se han colocado color de hormiga. Pero, todo esto se debe a la bruja de Natasha, esa mujer se ha empeñado en hacerme la vida imposible, no sé qué es lo que le pasa conmigo. Tengo leves sospechas del origen de todo este lio, pero aún no estoy segura, aunque confío en que mi sexto sentido no me fallará. La verdad es que ella no me cae muy bien que digamos, ya me tiene cansada con sus sátiras de mal gusto; si no fuera porque me comprometí en trabajar con el profesor ya me hubiese largado de aquí hace mucho tiempo, pero sobre todo no me he marchado de este lugar es por el gran cariño que le tengo a Janes. Ella creía que nunca me iba a dar cuenta de lo que traía entre manos. Yo mientras tanto no me meto con ella, simplemente me limito a hacer lo que me corresponde. Ah también sigo leyendo el libro de Magnus».

Mientras Sol María se encontraba trabajando en el estudio como se lo había encomendado Elkin Chopra, afuera había alguien maquinando el mal contra ella. Sí, era nada más y nada menos que Natasha Alina Abdala, la madrastra de Elkin quien quería deshacerse de Sol María por causa del celo que sentía hacia esta joven con respecto a su hijastro. Desde que llegó Elkin del internado en Europa ya lo veía con otros ojos, con lo que llaman ojos de mujer, Alina se había enamorado de él. Pero ahora Elkin tenía preferencia con esta joven mujer y ella se sentía desplazada, Alina ya no era el centro de atracción para este muchacho, aunque le coqueteara a menudo. Natasha, se llenó de odio en su corazón, hasta el punto de atentar contra la vida de Sol María para deshacerse de ella, pero todos sus intentos eran fracasados.

Antes de que llegara Sol María a la casa Chopra, Natasha, venía seduciendo a su hijastro sutilmente. En una ocasión fue encontrada por el mayordomo en una escena comprometedora con el heredero de la estirpe Chopra, estaba en pijama, y se le metió al estudio donde se encontraba Elkin y le dice que no podía dormir, luego le pregunta si era posible que se quedara a acompañarlo hasta que le volviera el sueño a su cuerpo, el joven sin malicia le dice que sí, que no había ningún problema en que lo acompañara un rato y de paso le ayudaba a pasar a la computadora un informe que tenía que presentar al día siguiente en la universidad. Nadie estaba por esos lados de la casa, la mujer con ropa seductora entra al estudio, sus senos aún estaban jóvenes y su piel tersa lo que hizo que Elkin se estremeciera al verla de esa manera, su voz era muy seductora, pero para Elkin era su madrastra y como esa mujer que lo atendió cuando era un niño. En ese momento entró Quiro Nazarth, momento en que ella dejó caer a propósito una hoja del escritorio y se agachaba a recogerlas de una manera comprometedora, dejando sus glúteos alzados de frente a Elkin. – Creo que ya debemos irnos a descansar, además es muy tarde – le dice Chopra a Natasha al ver que su mayordomo se había dado cuenta de las intenciones de aquella mujer.

Ese desprecio para Alina fue doloroso, pues confirmaba sus sospechas de que a Elkin le atraía más Sol María, que ella misma. Así que sus deseos de deshacerse de la protegida de su hijastro, porque ella no quería a nadie extraño en sus territorios y cuando hablo de esto me refiero a los dos aspectos. En primer lugar, no quería a ningún intruso dentro de la casa que se había ganado por tantos años al lado del padre de Elkin y… por supuesto ella y nadie más que ella debía mandar en esa casa, por lo que ahora Sol María se convertía en la piedra en el zapato que se interponía en sus más anhelados deseos.

Ahora bien, aclarado el primer aspecto proseguiremos a esclarecer el segundo. Y para esto no se necesita tener más de cuatro dedos de frente para deducir que Natasha Alina Abdala, estaba celosa por la presencia de Sol María en la casa, pero eso no se ve en el simple hecho de estar celosa por su presencia en la casa, y por el poder y la autoridad que le había otorgado el profesor Elkin Chopra, pues no, sus celos eran nada más y nada menos que por la simple razón de que Elkin Chopra le gustaba Sol María. Sí, esto no es un descubrimiento, aquello era evidente, a Natasha le gustaba su hijastro.

Nadie se hubiera dado cuenta de los sentimientos de Natasha si en esta historia no hubiera ocurrido la llegada de Sol María a la mansión Chopra; debido al hecho de despertar en ella los celos enfermizos que trajeron consigo inevitables acontecimientos que hicieron que todos se dieran cuenta de aquella verdad que había permanecido oculta por muchos años. La primera persona que se dio cuenta de esto fue el mayordomo Quiro Nazarth, por su gran experiencia con las mujeres, pero a él eso le tenía sin cuidado, para un empleado de su altura era una falta meterse en esas cosas a menos que le dieran la autorización, para Quiro Nazarth había una frase que tenía muy clara: “en las cosas de los patrones la servidumbre no bebe meter sus narices”; así que para él todo en la casa seguía como si nada ocurriera. En segundo lugar, tenemos a Janes, quien percibió en su madre el olor a amor por Elkin, pero no como huele la relación entre un una madre y un hijo o como un amigo hacia una amiga o como olía la relación entre ella y su hermano. No, este olor era el mismo que había entre Elkin y Sol María, cosa que le causó mucha intriga, pero aún más que intriga confusión. Aunque ella había leído en muchas novelas casos de incesto, y a su parecer le era deprimente lo que estaba pasando con su madre; pero bueno, “en el amor y el corazón nadie manda, ni siquiera sus mismos dueños”. Eso decía ella. Y por último tenemos a Sol María, quien desde su llegada a la casa había empezado a sospechar tal situación.

Natasha Alina Abdala, quería deshacerse de Sol María a como diera lugar, pero no sabía cómo hacerlo; así que empezó con dejarse llevar por su instinto maquiavélico. Empezó con los desprecios y conversaciones mal intencionadas, llenas de sátiras con objeto de fastidiarla hasta el punto de hacerla que se marchara de la casa. Pero todas estas cosas eran ridiculeces para Sol María, para la muchacha era más importante el compromiso con el profesor Chopra. Viendo la actitud de Sol María, frente a las suyas decide cambiar de estrategias. Esta mujer viéndose acabada recurrió a lo más oscuro que puede existir, a la hechicería para alejarla de la vida de su gran anhelado Elkin, e incluso, a él le preparaba algunos brebajes y pócimas de amor para acercarlo a ella.

Aparentemente nadie se daba cuenta de las intenciones de Natasha; nadie excepto su hija, Janes Chopra. Esta niña pudo percibir el olor de los brebajes que mezclaba su madre en las comidas de estos dos, así que ella tenía que actuar antes de que se llevaran los alimentos a la boca. Pero… ¿Cómo hacerlo? Si ella estaba al otro lado de la mesa. Janes tenía que poner en funcionamiento de inmediatas sus neuronas para ese minuto, el tiempo transcurría velozmente, ya ellos tenían los cubiertos en las manos y estos en la comida «Piensa, piensa» decía Janes.

A parte de los libros de literatura que leía Janes a ella le gustaba leer el libro sagrado de los cristianos; la Biblia. La jovencita tenía la traducción escrita en braille, desde niña escuchaba a su padre, Temístocle, leer en voz alta, aunque él era de origen hindú tenía una gran aceptación religiosa por parte de las creencias judeocristianas, pues, su nana Elisabeth era de origen judío y le enseñó un poco acerca de sus creencias, y no sólo eso, sino que en el país donde se encontraban era en su gran mayoría cristiano, gracias al imperio romano, que ahora se encargó de conquistar los pueblos con la subyugación de la religión, pero Temístocle no compartía del todo las creencias del catolicismo sino que se inclinaba más hacia la protestante aunque él no lo fuera. Janes no podía decirle a su hermano que le leyera aquel libro porque a él no le agradaba la idea, ya que; él sabía que su hermanita se llevaría aquello muy en serio, ese libro sagrado tiene un gran poder, tanto que puede dominar las directrices de la vida de cualquier ser humano, por eso a Janes le encantaba. Ya a sus catorce años se la había leído cinco veces de principio a fin en la versión Braille. Fue a este libro que su mente recurrió en ese momento de tanta agonía por actuar con sabiduría en la mesa mientras se disponían a comer. A ella se le ocurrió hacer una oración con gran fe por los alimentos envenenados que iban a ingerir, cosa que nunca antes había hecho en la casa, pero desde ese momento se convertiría en un ritual sagrado impulsado siempre por la pequeña Janes, quien había creído en el gran poder que esto tenía.

– Se me ocurre una idea–. Dice Janes.

– Haber, cuál es esa idea que se te ocurre–. Le dice Elkin con una mirada cariñosa. – Haber, dinos, estamos ansiosos por escucharte–. Le reitera él mirando a los demás que se encontraban en la mesa.

– Pues… en verdad nunca antes habíamos hecho esto, pero me parece que es muy buena idea que lo hagamos siempre; es como un gesto de agradecimiento con Dios por permitirnos participar de estos alimentos. Me refiero a que demos gracias por la comida que hoy vamos a ingerir, que nunca falte aquí, y que la libre de toda impureza que pueda dañar nuestras vidas. ¿Qué dicen…? ¿Aceptan?

– Bueno, la verdad es que… yo soy un poco escéptico en cuanto a estas cosas, pero lo permitiré sólo porque tú me lo pides–. Le dice Elkin a Janes y todos al escuchar la aceptación del patrón no les queda otra que obedecer.

La oración dirigida por Janes al parecer contrarrestó el hechizo que había hecho Natasha o tal vez la pócima era una simple farsa. Pero, aun así, a Alina le enfureció mucho no ver los resultados esperados en sus víctimas por lo que cada día lo hacía con mayor concentración hasta el día en que ella bebió un sorbo de su propia medicina para probar que era lo que ocurría. Natasha se tomó la sopa con el brebaje que había preparado para Sol María. De inmediato su organismo sufrió el cambio, lo que Natasha tomó le causó una gran enfermedad, pero como dice el refrán “hierba mala nunca muere”, aquello se le fue pasando con el paso de los días. Natasha duró muchas semanas postrada en cama sin salir de su habitación, para cuando quiso salir ya entre Sol María y Elkin Chopra habían pasado muchas cosas…



[1] Personaje de una novela de Paul Auster

[2] Escritor del “El Paraíso Perdido”

[3] Esta historia es tomada de la narración de Paul Auster titulada “Ciudad de cristal” de la novela “Trilogía de Nueva York”

4 октября 2018 г. 4:42:38 0 Отчет Добавить 0
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