Tiempo Para Escribir El Amor Подписаться

katty-reyes1536800201 Katty Reyes

Kathya, pensaba que la decisión de cambiar sus sueños, por vivir el amor, era la causa de sus fracasos. Soñaba con poder reescribir su historia. Con la ayuda de un siniestro personaje, podrá cumplir su ambicioso deseo, pero, ¿Estará dispuesta a pagar el precio y asumir las consecuencias?


Мистика Всех возростов.

#misterio #magia #amor #deseos #viaje-en-el-tiempo #pesonaje-sobrenatural #enseñanza-de-vida
Короткий рассказ
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Tiempo para Escribir el Amor



PROLOGO


Este relato, lo escribí hace muchos años para un concurso literario, que hubo en mi país. No gané el certamen, pero sí obtuve algo más valioso. Valor para no sentir temor de mostrarle al mundo mi pasión y pasar de leer e imaginar cientos de historias, a escribirlas y sacarlas a la luz. El valor, de desempolvar mis libretas escondidas por años y comenzar a transcribir mis vivencias, pensamientos, sueños y aventuras imaginarias.


Gracias a este relato, nació mi Novela El Comerciante de Imposibles. En estas lineas, nació Azazel, el misterioso personaje que capítulo tras capitulo, iba evolucionando, hasta convertirse en uno de mis creaciones favoritas.


 Ante sus ojos, traigo mi primer intento real de ser escritora, uno de mis secretos mejor guardados durante años. 


Espero que lo disfruten.


Tiempo Para Escribir El Amor

(Precuela del Comerciante de Comerciante de Imposibles)


Sentada en el sofá de su casa modesta casa, Kathya reflexionaba acerca de lo que había sido su vida hasta ese momento, acababa de hacer limpieza y aún tenía la escoba en la mano. Estaba tan concentrada, pensado en el desastre que era su vida, que no se dio cuenta cuando alguien se asomó por su ventana.

—Buenas tardes señora

—Buenas tardes— Contestó sorprendida ver al dueño de esa voz ronca.

Era un joven alto, rubio, de ojos verdes y sonrisa ladeada, muy atractivo.

—Si diga, ¿qué se le ofrece?

—Señora, vengo a ofrecerle mis productos. ¿Me regala unos minutos de su precioso tiempo?

Kathya dudó. No tenía dinero para comprar nada, de hecho no tenían dinero ni para pasa el día.

—No gracias, no necesito nada. Está perdiendo su tiempo, no me quiero hacer ningún compromiso ahora.

—No está obligada a comprarme nada, con mirar no se compromete.

Kathya lo meditó un poco. Observó al hombre. Era muy guapo, bien vestido y porte elegante. Se sonrojó un poco al darse cuenta que sus pensamientos estaban vagando más de la cuenta.

—Está bien, pero luego no se vaya a molestar porque no le compré nada.

Se levantó y cuando puso la mano en el pomo de la puerta, su corazón empezó a latir con fuerza, tuvo la sensación que algo estaba mal. Pero aun así lo dejó pasar.

—Traigo unos artículos especiales y únicos —le dijo sentándose en la poltrona frente al sofá, acomodando la maleta en sus piernas y abriéndola para dejar ver lo que traía en ella —Dígame Señora, ¿Qué es lo que más desea?— Había un extraño brillo en sus ojos.

Ella en un extraño arrebato de sinceridad e indiscreción le contestó:

—¡Quiero tener otra vida! Vivo rodeada de desorden y tengo un trabajo mediocre. —Estaba un poco alterada y hablaba muy rápido —Quería ser escritora. Ahora no tengo un solo día de descanso. Del trabajo llego a la casa para tener que seguir trabajando poniéndole orden a este caos, cosa que como puede apreciar —hizo un gesto con la mano mostrándole su casa —no lo consigo. Mis tres hijos no me dejan ni un segundo tranquila y cuando le digo a mi esposo lo que me pasa, él, en vez de apoyarme, consolarme o por lo menos quedarse callado, siempre me invierte las cosas y al final es él, quien siempre trabaja más, descansa menos, sufre más y le duele más.

Su corazón palpitaba furioso y el joven de ojos verdes la miraba fijamente.

—Debe pensar que me estoy volviendo loca —se secó las lágrimas con la mano—Discúlpeme por hacerle perder su tiempo, no creo que tenga algo que pueda ayudarme o que necesite. Igual no tengo con qué pagarle.

—De hecho si lo tengo— Le sonrió con picardía.

Kathya lo miró con una ceja alzada. Él metió sus manos en la maleta y sacó una pluma y un reloj. Ella arrugó el ceño ante estos simples objetos.

—¿En que pueden ayudarme esas cosas?

—Bueno Kathya— ella abrió los ojos. «Yo no le he dicho mi nombre» —Estos dos artefactos no son lo que parecen. Verá, yo soy el Comerciante de Imposibles y he venido a ofrecerle lo que más desea en este momento— Sus ojos brillaron como dos luciérnagas en medio de la oscuridad.

Kathya ahora si estaba asustada, debía decirle que se fuera, pero no podía dejar de mirarlo. Esos ojos parecían esmeraldas, nunca había visto un color de ojos así.

—Como le venía diciendo Kathya, estos dos objetos son muy especiales, esta pluma le permite escribir tres veces y eso que escriba se hará realidad. Sería algo así como tres deseos, debe ser bien precisa, así que cuando la use utilice ese talento que tiene para escribir. Este reloj, la devuelve en el tiempo, a un momento específico de su vida, solo debe colocar la hora y el día al que desea regresar.

—¿Por qué me ofrece esto?, ¿por qué juega así conmigo? —Ya Kathya había llegado a su límite — ¿Sabe qué?, ¡váyase! No necesito que se burle de mí. El tiempo no se puede echar atrás y tampoco existen las plumas mágicas.

—¿En serio no le interesa?, puede cambiar todo esto —Hizo un gesto con su mano para que mirara a su alrededor. Kathya, sintió como se le erizaba la piel en la presencia de aquel hombre.

—Bien, ¿y cuánto pide por sus "maravillosos artefactos"? —le dijo haciendo comillas con sus dedos.

—No tiene que pagarme ahora

—¿Cuál es el precio? —Preguntó sin rodeos.

—Un año de su vida —contestó como si nada

—¿Qué?

— Un año de su vida— repitió mirándola fijamente para no perderse ni una sola expresión de su rostro.

—Eso ya lo oí, pero, ¿cómo se supone que se lo daré?

—Un año exacto antes del día de su muerte vendré por usted.

—¿Y cómo sabrás cuando voy a morir?

Apareció en el bello rostro del comerciante, una sonrisa siniestra.

Kathya supo en ese instante, que estaba frente algo que se salía de su entendimiento y que se había vuelto loca por querer aceptar semejante trato. Él le tendió una mano esperando sellar la negociación con un apretón y ella lo hizo. El contacto le produjo un escalofrío y luego se sintió tan liviana que perdió el sentido. 


Se despertó en el sofá, su esposo estaba a su lado dándole besos.

—¿Ya se te paso la rabia? —le preguntó

— Si

Al parecer se había quedado dormida y todo había sido un sueño. Se levantó, cogió la escoba que estaba apoyada en la pared para ponerla en su lugar. Al pasar por el comedor un destello dorado llamó su atención. En la mesa estaban la pluma dorada y el reloj colocados cuidadosamente. Su pulso y su respiración se agitaron y pegó un brinco cuando su marido la tomó por detrás para abrazarla.

—¿Qué te pasa?

—Nada —se apresuró en contestar —tomó ambos objetos con rapidez para que su marido no los viera y corrió a guardarlos en el closet.


Un día realmente malo fue el impulso que necesitó para tener el valor de usar la pluma dorada. Un llamado de atención de su impaciente superior la hizo explotar e impulsada por su mal carácter renunció. Cuando llegó a la casa, fue directo al closet y sacó la caja que contenía los dos objetos. Con los dedos temblorosos cogió la pluma dorada y al oprimir el resorte para sacar la punta sintió un pinchazo seguido de un estremecimiento que fue desde su pulgar hasta la columna y una gota de sangre ensució la hoja donde escribió.

«Mañana recibiré una llamada de la mejor empresa de confecciones de la ciudad y me ofrecerán empleo, ganaré tres veces lo que me gano ahora y por fin trabajaré en lo que me gusta. Estarán desesperados por contratarme y el proceso será rápido»

Cuando terminó de escribir, observó lo que había escrito con la particular pluma de tinta roja. Satisfecha con su trabajo, guardó todo en su sitio.

A las nueve de la mañana del día siguiente, recibió una llamada ofreciéndole el trabajo de sus sueños en una prestigiosa boutique al norte de la ciudad. A los tres días ya estaba en su propia oficina con cuatro asesores a su cargo.


Al cabo de unas semanas supo que no todo era perfecto. En su trabajo la creían una intrusa que les había robado la oportunidad de ascender. Su jefa era muy exigente, llegaba tarde a la casa todos los días y empezó a comprometerse los fines de semana. Económicamente estaba mejor, pero tenía a su esposo e hijos descuidados, casi ni los veía y todos los días discutían. Un día pelearon por causa del desequilibrio en los aportes económicos de ambas partes.

Con lágrimas en los ojos y llena de rabia porque todo en la vida se trataba de dinero cogió la pluma dorada y después del respectivo pinchazo comenzó a escribir.

«Mañana cuando me despierte en mi cabeza estarán los seis números ganadores del sorteo de la lotería nacional de este miércoles»

Y tal como aconteció la vez anterior los resultados no se hicieron esperar. Ganó siete mil millones de pesos. Renunció a su trabajo y compraron todas las cosas que siempre habían soñado tener, viajaron y gastaron a manos llenas. Al cabo de dos años el dinero se acabó. Su esposo fue el responsable de que perdieran lo último que les quedaba invirtiendo en un mal negocio donde lo estafaron.


Enfurecida por cómo se estaba repitiendo la historia de hacía siete años, cuando él había hecho lo mismo con el dinero de la herencia de sus padres se encerró en su habitación con una profunda decepción y dejándose llevar por un loco impulso. Sacó de la caja el reloj y lo retrocedió diecinueve años, el día en que se reconciliaba con en ese entonces su novio, ahora su esposo.

Recordaba perfectamente ese día. Habían discutido y finalizado su relación varias semanas atrás. Un amigo en común, realizaba en su casa todos los años una fiesta de carnaval, en la que por supuesto ambos estaban invitados.

Ese día se reencontrarían, bebería, volvería a hablarse y se reconciliarían después de darse cuenta que el amor que sentían era único e irrepetible. «Tonterías de jóvenes inmaduros, debí ser mas firme y no dejarme llevar por las hormonas. Si hubiera vivido más mi vida me habría dado cuenta que las oportunidades para triunfar son pocas»


Despertó en su cama, en el cuarto de su casa, su madre aún vivía, era una joven de 18 años otra vez, a punto de entrar a la universidad, con una vida por delante para empezarla de nuevo.

Se miró al espejo y comenzó a brincar de emoción. Era delgada otra vez, su piel estaba más tersa. De nuevo era una joven hermosa con ganas de comerse el mundo.

Después de digerir el shock, de volver a ser adolescente de nuevo, de volver a ver a su madre a quien abrazó por vario minutos llorando descontrolada. Se calmó.

—Hija que te pasa, estás actuando muy extraño

—No me pasa, nada mamá, es solo que te extrañé mucho.

—Pero que locuras dices, yo no me he ido a ninguna parte— la miró muy seria, con una ceja alzada y dio un golpe en la mesa —Kathya… ¿te está metiendo porquerías de hippie?

La acusación de su madre le dio risa. Pero sabiendo cómo era ella se la aguantó, mínimo terminaba con la chancleta marcada en la pierna por atrevida.

—Claro que no mamá. Es que tuve un sueño muy horrible, en el que te norias y bueno, no quiero que eso pase nunca.

—Algún día, todos nos tenemos que morir, hija. Eso no lo controlamos nosotros. Ven y dame otro abrazo. Ya me hiciste llorar a mí también— la regordeta mujer la envolvió entre sus brazos y ambas lloraron prometiéndose acompañarse y amarse siempre.


Volviendo al asunto que le preocupaba y estando dispuesta a cambiar el rumbo de su destino, se puso manos a la obra. La mejor manera de hacerlo era no ir a la fiesta y alejarse de las amistades que tenía en común con el que se suponía iba a ser su marido, procuró no volver a encontrárselo y continuó con su vida. Hizo todas las cosas que siempre se reprimió. No abrió su corazón a nadie más y se convirtió en una escritora famosa.


En el día de su cumpleaños número treinta sintió el duro golpe de la soledad. Su madre había muerto diez años antes a causa de un paro cardiaco debido a su obesidad. Estaba sola en el mundo. Solo su editor la llamó para felicitarla, las demás felicitaciones que recibió fueron a través de cartas de sus lectores.

Esa noche pensó en los tres niños que tenía en su otra vida y abrazándose encogida en un sillón lloró desconsolada. La tristeza se convirtió en ira y empezó a romper las cosas de su casa. De que le servían todos esos lujos si no tenía con quien compartirlos.

El que era su esposo en su otra vida, se había casado con una de sus compañeras de colegio, tenían dos hijos y vivía fuera del país. Ella por el contrario estaba sola y sin un solo familiar vivo. «De que me sirve todo este dinero si no tengo con quien compartirlo».

Por primera vez sus pensamientos sopesaron la posibilidad de quitarse la vida. No quería seguir en un mundo sin amor, sin compañía. Se sentía vacía y el silencio de su gran casa aumentaba el ruido en su cabeza. Los pensamientos negativos amenazaban con despojarla de la cordura.


En medio del caos que había provocado estaba tirada la caja que contenía aquellos tres siniestros objetos. Un brillo dorado la sacó de sus pensamientos. Se levantó del suelo donde estaba tirada auto compadeciéndose y caminó hasta la caja.

La tomó entre sus manos, se sentó en su cama y los sacó. A la pluma solo le quedaba una sola escritura, el reloj ya no podía volver a usarse.

«Esto no es vida, voy a agotar mi último recurso». Con su cara bañada en lágrimas y una opresión en el pecho a causa del dolor que le causaba sentirse tan sola. Buscó entre las cosas tirada en el piso una de sus libretas para escribir sus borradores de historias.


Al sentarse en su escritorio, tomó la pluma dorada, activo el resorte. Sintió el pinchazo seguido del estremecimiento posterior. Respiró profundo y la pluma comenzó a escribir con su particular tinta roja:

«Tenía diecisiete años cuando lo conocí. Ese día estaba en mis peores fachas, pues me encontraba redecorando mi habitación...»


Escribió toda la noche y con cada hora que pasaba se debilitaba más. Relató lo que había sucedido desde el día que vio por primera vez a su marido hasta el día de la pelea, cuando conoció al Comerciante de Imposibles. Las fuerzas la abandonaron y se desmayó sobre el montón de páginas escritas con la peculiar tinta roja de su pluma dorada.

Kathya despertó adolorida de nuevo en su pequeña y desordenada casa. Volvió a escuchar esa voz conocida.

—Buenas tardes señora

—Buenas tardes— Contestó.

El hombre estaba asomado por la ventana, con sus impresionantes ojos verdes y la miraba como si conociera cada aspecto de su vida.

—Vengo a ofrecerle mis productos. ¿Me regala unos minutos de su precioso tiempo?

Kathya recordó todo lo que había tenido que pasar alrededor de esos dos objetos que en otra ocasión la habían tentado y pudo verlo todo desde otra perspectiva.

—No estoy interesada, gracias

—Dígame Kathya, ¿Qué es lo que más desea?

—Ya tengo todo lo que necesito

Dicho esto, él sonrió —Disculpe, nos veremos en otra ocasión, que tenga un buen día.


Pasaron treinta años de una vida tranquila, llena de altos y bajos, pero colmada de amor y unión. Kathya se volvió escritora, con varios bestsellers en su carrera. Uno de ellos convertido en película. Ya no tuvo que volver a trabajar y vivió de su talento como siempre lo soñó.

Estaba sentada junto a la camilla de hospital donde se encontraba su esposo. Él agonizaba, tomó la mano que le ofrecía y la aferró con fuerza mientras lo besaba en los labios. Le dijo que lo amaba, luego todo su cuerpo se relajó y ella supo que ya había terminado.

—Buenas tardes Kathya —Le habló una voz a sus espaldas.

—Buenas tardes —respondió tratando que sonara con naturalidad y se dio la vuelta para poder verlo. Estaba igual a como lo había conocido treinta años atrás en la ventana de su casa, con su cabello rubio, su tez clara, los ojos verdes como esmeraldas y su sonrisa ladeada.

—Vengo por mi pago.

—Lo sé —soltó un suspiro —Siempre me pregunté cuando ibas a venir.

El hombre le ofreció la mano, Kathya le hecho una última mirada al cadáver de su esposo y sonrío «no cambiaría absolutamente nada de lo vivido, fui una tonta al pensar diferente en aquella ocasión». Y siguió al hombre por los pasillos del hospital hasta que se perdieron entre la multitud de personas que se encontraban en la sala de espera.


Cuando la enfermera entró en la habitación, se encontró con una escena conmovedora. La pareja de ancianos estaban cogidos de la mano y parecían dormidos, una rápida toma de sus pulsos confirmo el primer pensamiento que le sobrevino a la mente «están muertos» Sintió una profunda tristeza y deseó con todas sus fuerzas poder tener un amor así. Miró al doctor Rodríguez y suspiró, él nunca la iba a verla como algo más que una distracción en sus extenuantes turnos de trabajo.


Sentada en una de las bancas de afuera del hospital, prendió un cigarrillo, necesitaba despejar su mente y sacarse esas tontas ilusiones de amor. Un hombre rubio, alto de ojos verdes como esmeraldas se le acercó y le habló.

—Buenas noches señorita, ¿Tiene unos minutos de su precioso tiempo que me regale?


30 сентября 2018 г. 2:13:24 7 Отчет Добавить 1
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Shannat Quetzally Shannat Quetzally
No puedo leerla..no me da acceso a los capítulos...son previo pago???
7 октября 2018 г. 18:16:31

Shannat Quetzally Shannat Quetzally
No puedo leerla..no me da acceso a los capítulos...son previo pago???
7 октября 2018 г. 18:15:18
Shannat Quetzally Shannat Quetzally
No puedo leerla..no me da acceso a los capítulos...son previo pago???
7 октября 2018 г. 18:15:18

  • Katty Reyes Katty Reyes
    Es la otra historia publicada en mi perfil. Esta que acabas de leer, es de la cual nació la Historia del El Comerciante de Imposibles. 7 октября 2018 г. 20:42:43
Shannat Quetzally Shannat Quetzally
Precioso...un gran inicio. A lo ke supongo una gran historia...besitos😘
7 октября 2018 г. 17:30:22

  • Katty Reyes Katty Reyes
    Gracias... la continuación de esta historia se llama El Comerciante de Imposibles. Espero que la disfrutes. Un avmbrazo. 7 октября 2018 г. 18:06:38
~

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