lisette-alvarez1535829001 Lisette Alvarez

En la sociedad de la Luz, el liderazgo de la reina Maire se estaba debilitando, y todo debido a la enfermedad de su padre, por lo cual tuvo que recurrir a la ayuda de uno de esos odiosos Stahl, la rezagada casa de la comarca, para que emprendiera la búsqueda de la última curadora de la especie para poder tener la oportunidad de la sanidad, a cambio de liberar a una joven rastreadora. Jared, lider de su raza, es el encargado de esa cruzada, con la promesa de buscar a esa curadora y recobrar la libertad de su hermana.


Фэнтези эпический 18+. © Código de registro: 1809098314766 Fecha de registro: 09-sep-2018 13:56 UTC
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Prologo

“No debemos rehuir lo duro sólo porque es duro…
Casi siempre vale la pena pagar el precio de una hora amarga, o de días o meses amargos, a trueque de un poco de grandeza.
Es curioso: se diría que una de las raras, de las únicas formas que tenemos de participar del espíritu, o de la divinidad, es a través del dolor.
Los griegos calificaban de héroes a los hombres que acercaban a dioses por sus virtudes.
Yo, sin embargo, creo que Edipo, Electra y Oretes estaban más cerca de la sobrehumanidad (y más cerca del dolor) que el mayor de los héroes por sus méritos”. ("Gracia y el Forastero",  Miguel Blanco).



Prologo

- ¡Despierta!

La voz angustiosa de la Medechen provoco que la muchacha emitiera un gritito de sobresalto.

- ¡Maestra! – exclamó sentándose con fuerza en tanto su pecho subía y bajaba, mientras que ambas trenzas se le pegaran al rostro. Había tenido un sueño muy raro pero placentero con un joven que le acariciaba el cabello y la miraba a los ojos dejándola hipnotizada. Estaba segura que se trataba de un mentalista, igual que ella.

- ¡Levántate! - ordeno la mujer sin mucha diplomacia, parándose a dos centímetros de su cama – la diosa ha hablado.

- Maestra, es hora de dormir – se quejó Susan. Sólo había cerrado los ojos por un par de horas, y eso porque se había acostado más temprano - ¿por qué no mañana?

- Porque mañana será muy tarde, niña tonta – resopló la veterana apretándose el chal negro con que se cubría, y sin más se dio la vuelta dejando la puerta abierta detrás de ella.

Apartándose un par de mechones rubios, Susan buscó el chaleco azul que le llegaba a las rodillas y, colocándose sobre su camisola blanca, sin mangas, la siguió.

Caminando con lentitud, Susan llegó a la habitación de la Meditación; aquel tenía en el centro, dibujado, un gran círculo y, a su alrededor, estaban graficados los signos de las cinco casas más importantes de la raza.

Nada más entrar, percibió una energía muy pesada que le impedía respirar con libertad, como si alguien estuviera comprimiendo sus pulmones.

- ¿Qué sucede, Maestra? – inquirió con la boca seca.

Ladeando la cabeza, la muchacha se restregó un ojo antes de percatarse de que, en el centro del círculo, un intenso brillo rojo se desprendía extendiéndose hacia la marca de la casa de los rastreadores.

- ¿Qué le sucede a los Stahl? – preguntó Susan con los ojos muy abiertos.

- Alguien hizo un trato que traerá sangre a esta tierra – señaló la mujer con solemnidad mirando el piso y frunciendo la boca – está a punto de desatarse una batalla… una de la cual vamos a recordar por mucho tiempo.

- ¿Está segura, maestra?

La mujer se acercó, con paso decidido, hacia la rueda resplandeciente y, extendiendo la mano, esta desprendió un brillo blanquecino que hizo relampaguear las casas de los Holler y los Mackenzie.

- ¿Qué sucede? – se animó a interpelar Susan luego de muchos minutos de silencio de parte de la Medechen, y es que su natural curiosidad la empujaba a saber de qué se trataba todo esto.

Volviéndose hacia ella, la sabia mujer se llevó ambas manos al pecho y la observó con los ojos muy abiertos; irguiéndose un tanto incómoda ante su escrutinio, la aprendiz trago saliva retrocediendo unos cuantos pasos.

- La diosa ha hablado - la Medechen sostuvo los ojos claros de la muchacha – y tiene una misión para ti, querida mentalista.

Tragando saliva, Susan no pudo predecir si aquello que le tenía destinado era para algo bueno o algo de lo cual se lamentaría toda la vida.


*******


La noche había extendido su manto sobre el Gran Castillo Señorial.

Su imponente figura se distinguía por sobre el ruinoso valle dejando apenas ver un par de casas desvencijadas y deshechas, en que el agua del océano golpeaba rítmicamente el borde de las firmes murallas.

Como si estuvieran sincronizadas, apenas aparecieron las primeras estrellas en el firmamento una a una se encendieron las luces a lo largo de la fortaleza, y en ese mismo instante Marie, la soberana regente, caminó con paso cauto y elegante por uno de los corredores del ala oeste.

Con mirada circunspecta observó pasar a algunos de los sirvientes sin mostrar ningún signo de contrariedad, y es que todo el día su padre se había quejado de dolor, habiendo vomitado sangre y bilis; un desfile de curanderos salían y entraban a su habitación, aplicando medicinas de todas clases sin que ninguna le devolviera la salud pérdida.

Con absoluta tranquilidad, entró en una de las habitaciones y cerró la puerta tras sí.

En medio de aquel espacio, un hombre alto, de cabello claro, la miraba directamente a los ojos.

En su cuello, el tatuaje curvo de los rastreadores cruzaba detrás de su oreja hasta el vértice que unía su cuello con el hombro.

- Buenas noches – saludo la soberana, examinando sin ningún temor la presencia de ese extraño.

- Buenas – respondió este casi sin mover un músculo.

La mujer cruzo los brazos detrás de la espalda, y lo observó como si fuera un halcón.

- Supongo que si estás aquí es porque reconsideraste mi oferta.

- Supones bien – asintió el rastreador levantando su mentón con arrogancia tuteándola sin ningún pudor. Sabía bien que, en términos normales, esa mujer lo habría mandado a azotar, sin embargo, hoy era su día de suerte.

- Muy bien – Marie estiro los labios con fuerza y clavo su mirada grisácea en él – tienes claro, también, que si fallas no sólo lo pagará la torpe de tu hermana si no también tu familia y todo tu clan.

- No me amenaces tanto – indico Jared frunciendo su semblante con indiferencia - ¿quieres o no encontrar a la curadora?

Cerrando un ojo como si tuviera un tic, Marie ladeo la cabeza con disgusto mientras se mordía el labio para no decirle un par de cosas a ese grosero y ponerlo en su lugar.

Todo por encontrar a esa curadora y salvar la vida de su padre.

Ella era la única que podía hacerlo y ese idiota tenía que ayudarla.

- Claro que si – señaló disfrazando su desagrado pues nada le fastidiaba más que hacer tratos con los Stahl, sobre todo con ese engreído.

- Entonces, evítate el drama – sus ojos relampagueaban con ira – estoy aquí para buscar a esa luminiana, traerla y entregártela – Marie iba a responder a lo que Jared la interrumpió añadiendo con voz agria – a cambio, dejarás libre a mi hermana.

- Es un trato – declaro con voz solemne, y sacando del bolsillo secreto de su elegante traje verde oscuro, extendió una pequeña bolsa donde brillaban muchas piedrecillas con distintos colores – en el mundo humano, este tipo de rocas te ayudarán a sobrevivir. Úsalas con sabiduría – el asintió – sólo recuerda que tienes hasta la séptima luna nueva para traerme a esa curadora… - y arqueo las cejas con decepción – sino, ya no habrá nada que negociar.

Tomando de un tirón la bolsita, Jared la guardo en el bolsillo trasero de su pantalón, y sin ninguna reverencia, salió de aquel lugar por la ventana.

Respirando hondo, la reina se puso las manos en el pecho, y con suavidad acaricio la piedra roja que colgaba en su pecho.

Te salvaré Padre… a costa de lo que sea… y de quien sea…

El rastreador, en tanto, se deslizo como un gato por uno de los techos que daba hacia la despoblada aldea, cayendo en una de las calles desoladas.

Parándose con garbo, de las sombras emergió otro muchacho con el cabello corto y vestido completamente de negro.

- ¿Lo hiciste? – inquirió este acercándose a Jared mirándolo con los ojos grandes.

- Si – asintiendo con la boca dura echo un vistazo hacia los lados. No tenía intención de ser visto por nadie.

- ¿Cómo diablos pretendes encontrar a una leyenda? – resopló el muchacho con la garganta apretada. Estaba seguro que toda esta situación le estaba nublando el buen juicio.

La vida de Sarah era muy valiosa para todos, sin embargo, era muy peligroso lo que Jared estaba a punto de hacer.

Volviendo sus ojos hacia él, lo miro de arriba abajo parándose muy derecho.

- Soy Jared del clan Stahl – declaro – y, como rastreador que soy, traeré de vuelta a esa mujer antes de la séptima luna nueva.

- ¿Séptima luna nueva? – exclamó el chico con los ojos redondos con la sensación de que le iba a dar un desmayo.

Sólo tenían siete meses para lograr su cometido.

En caso contrario, el clan Stahl tendría la marca de sangre para siempre.

2 сентября 2018 г. 1:37:20 0 Отчет Добавить 0
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