Teclado de piel Подписаться

jeannelok Inma Ruiz

Relato breve. Más sensual que erótico. Lucía y Mario son vecinos. Vecinos que solo se han visto una vez.


Эротика 18+.

#piano #música #corto #capítulo-único
Короткий рассказ
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Teclado de piel

Lucía

Lucía vivía en aquel edificio desde que era pequeña. Sus padres se habían ido a un pueblo, dejándola allí sola unos años atrás, para su beneplácito. Llevaba trabajando en la panadería del barrio desde hacía muchísimo tiempo así que, además, era un lujo poder llegar a su puesto en menos de diez minutos. Todos la conocían y la trataban bien, e incluso la habían apoyado cuando rompió con su ex pareja, llegando a dejarle una cesta con unos regalos y una nota de ánimo. Lo cierto era que gracias a ese tipo de gestos, no le costó superarlo, dedicándose su vez a enriquecerse a sí misma y fortalecer los lazos con sus amistades más sinceras.

A sus treinta y dos años, se sentía feliz consigo misma, con la vida que tenía y con ilusión por el porvenir. Tampoco se sentía sola, al menos no hasta que llegó el nuevo vecino. Al principio, solo le vio como un inquilino nuevo más. Incluso hizo uno de sus famosos pasteles de naranja y se lo llevó. Él era algo y delgado, de cabello fino y rubio. Casi parecía extranjero, con aquellos ojos caramelo y su sonrisa de labios finos. Agradeció el pastel de la mujer y poco después se despedían, sin más.

Lucía, en ese momento, no se dio cuenta de lo que su vecino causaba en ella. No, al menos hasta que tumbada en su cama la tarde del domingo, leyendo una de sus novelas favoritas, escuchó el sonido de un piano. Sabía que era él, había visto cómo subían el instrumento. Imaginó que una de las razones por las cuales había decidido mudarse allí, era que estaba permitido el uso de instrumentos hasta las diez de la noche, mientras que había comunidades que se negaban de manera tajante.

Apartó el libro, dejándolo a un lado y a la expectativa de si el sonido que produciría el piano del chico sería agradable o por el contrario, se trataba de un inexperto en sus primeras clases. No tardó demasiado en percatarse que era lo primero, incluso si ella no tenía ni idea sobre música. Cerró los ojos, dispuesta a disfrutar del sonido, sin esperar siquiera el efecto que tendría. Porque cuando quiso darse cuenta, a su mente acudió el movimiento de los dedos del chico sobre el piano, acariciando más que tocando las teclas. Pudo imaginar en su cabeza aquellos dedos masculinos deteniéndose de repente, y posándose ahora sobre su cadera en vez de en esas frías piezas blancas y negras. Ella era cálida, y su carne blanda. Sabía que le gustaría más tocar música sobre su piel, y que los sonidos que emitiría serían más placenteros que…

¡¿Pero en qué demonios estaba pensando?! Abrió los ojos de golpe, enderezándose y quedándose sentada en un costado de la cama. No podía ser que se hubiera puesto a fantasear con un tipo que había visto de cerca una sola vez en su vida, y con quien todo intercambio de palabras había sido una presentación y un gracias y de nada. Por más que el olor a limpio que transmitía le hubiese parecido de lo más agradable, o el leve rubor en sus mejillas adorable. ¿En qué momento había podido fijarse en sus manos, hasta tal punto que podía imaginar el tacto de éstas entre sus muslos, acariciándolos despacio mientras todavía escuchaba el sonido del piano de fondo?

No, Lucía, no pienses en eso, se dijo a sí misma mientras se dirigía a la cocina para beberse un vaso de agua bien fría de golpe. Era cierto que ya llevaba mucho sin mantener relaciones sexuales, pero hasta entonces nadie había despertado en ella aquella sensación y deseos.

Y el piano, desde el piso de arriba, sonaba y sonaba…

Mario

Mario siempre se había considerado un tipo simpático, pero serio. Estaba tan centrado en su carrera artística, que había dejado de lado en cierto modo, su vida. Había muchísimos músicos con talento, y poder crearse un nombre decente en aquel mundo era más difícil de lo que la mayoría se pensaba. Y lo que sucedió dos años atrás, hizo que todavía se encerrase más en su mundo.

Observó su mano derecha, suspirando. Parecía sacado de un mal chiste, que hubiese tenido que detener su carrera más de medio año por un accidente que le dejó los dedos inutilizados durante un tiempo. Ahora, tenía que subir con más fuerza y velocidad los peldaños de su carrera. Lo habían destituido de su puesto tocando el piano en un restaurante de lujo, en el cual podría haberlo visto un cazatalentos. Pero no iba a rendirse, por supuesto. Se estaba buscando la vida por sí mismo, y había decidido lograr entrar en una orquesta prestigiosa que le diera a conocer al mundo.

Por supuesto, no sería un propósito fácil de cumplir, pero él siempre había creído que para llegar lejos, se tenía que soñar a lo grande. Por eso, incluso cuando los médicos le decían que todavía no tocase, él había empezado a hacerlo y para la sorpresa de éstos, eso había ayudado a una mejora en su mano. De paso, se había mudado a un edificio donde no le ponían impedimentos a la hora de ensayar y que estaba bastante bien situado.

El primer día de su llegada, ya fue una vecina a saludarle. Debía tener su edad, era alta pero no más que él y con una melena rizada de un negro profundo. Asomaba alguna cana que ella no parecía tener intención de disimular. Le pareció agradable, pero nada más. También pareció maja la anciana del ascensor que le invitó a tomar el té cualquiera de aquellos días.

Esa tarde, cuando se sentó frente el piano dispuesto a tocarlo, ya casi se había olvidado de esa morena de ojos oscuros y profundos, y por supuesto, no estaba deseando posar la yema de sus dedos sobre su hombro mientras rozaba su clavícula con los labios. Se había dicho que no habría ni fiestas, ni viajes, ni hombres ni mujeres en su vida mientras luchaba por alcanzar lo que ansiaba. No iba a dejar que ese repentino ansia por crear sonidos en la boca de su vecina, o las ganas de saber cómo sería tenerla sobre sus piernas, le distrajera de su camino.

Y a pesar de su voluntad, allí estaba, tocando esa pieza de música como si la mujer estuviera cabalgando sobre él, haciéndole el amor en su imaginación mientras el calor ascendía desde sus manos hasta sus brazos y se esparcía entonces por todo su cuerpo. No importaba con cuánta ansia o ganas clavase los dedos en las teclas, entre un roce desesperado y cariñoso, no desaparecía aquella inmensa necesidad de morder su cuello y lamer su pecho.

Mario no era así. Para él los encuentros sexuales siempre habían sido algo elegante, relajado, sin demasiado ruido. Y sin embargo, mientras en su mente se reproducía el sonido de la voz de la mujer, quería escucharla gemir y gritar su nombre.

Se preguntó si había sido buena idea mudarse a aquel edificio, donde parecía que iba a descubrir un lado de sí mismo que en treinta y cinco años jamás había visto…

12 августа 2018 г. 17:28:58 5 Отчет Добавить 11
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Lesbianas Venezuela Lesbianas Venezuela
Me ha gustado bastante tu relato, me hubiese encantado que esos sentimientos se concretarán. Quería leer un poco más, quizás pienses en algún momento en convertir esto en una historia con capítulos. Sería muy interesante. Al leer detenidamente me percate que tienes algunos errores de ortografía, no son muchos, pero están allí, sugiero corregirlo en cuanto se te haga posible, por favor no tomes a mal lo que aquí te expongo, solo es para que mejores la obra y tú cómo escritor. De resto, muy bien.
11 апреля 2019 г. 18:22:32
H Hamlett
felicitaciones, excelente! te invito a leer mis historias!
30 марта 2019 г. 16:33:40
Janos Lamb Janos Lamb
¡uauuuu.....! Felicidades.
10 ноября 2018 г. 16:07:08
Mariana Aldana Mariana Aldana
Que lindo escrito, trasmite con elegancia los sentimientos de los protagonistas. Te felicito.
30 сентября 2018 г. 22:16:58

  • Inma Ruiz Inma Ruiz
    Muchísimas gracias, me alegra que te haya parecido así. 1 октября 2018 г. 18:41:40
~

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