Expedientes secretos DN Подписаться

captainleon CharmRing

Mulder y Scully, van a Bolivia. Su misión: descubrir la causa de misteriosas muertes. ¿Están involucrados aliens o será algo mucho peor? Death Note y X-Files, colisionan!


Фанфик Сериалы/Дорамы/Мыльные оперы Всех возростов.

#bolivia #x-files #death-note
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Voldor

Disclaimer: Este es un fanfic sin ánimo de lucro y que no intenta vulnerar los derechos de quienes sean tengan la propiedad sobre las franquicias de: X―Files; y Death Note.



EXPEDIENTES SECRETOS DN

Capítulo 1: Voldor


1993, Checoslovaquia dejaba de existir y se separaba en dos países: Republica Checa y Eslovaquia. La gente en las calles festejaba el acontecimiento que se llevó a cabo no por la vía de las armas, sino por el mutuo entendimiento y acuerdo.

Más sobre las nubes oscuras una figura veía con sopor a los humanos en algarabía.

―Que aburrido es esto ―decía una extraña criatura de forma felina―. Mejor me voy a otra parte.

Volando a una velocidad impensable, el enigmático ente llegó a lo que parecía ser una ciudad enclavada en una quebrada.

«Extraño lugar para una ciudad», pensó la criatura y luego posó su vista sobre un majestuoso nevado de tres picos pronunciados. «Igual que Pompeya. Sí, este lugar es interesante.»

Las cuatro largas colas del felino extraño se agitaron y sostuvieron lo que parecía ser un manuscrito encuadernado en cuero color negro que se materializó de la nada.

La criatura arrojó el manuscrito a lo lejos mientras daba un ronroneo de expectación.

.

.

En el colegio María de las Santas Cruzadas de Felipe II, las clases habían terminado. Las estudiantes (era un colegio sólo para mujeres) salían de clases para dirigirse a sus casas mientras sus guardapolvos blancos se sacudían por el viento frio que presagiaba una corta llovizna.

Una de las chicas no tenía una tez clara o cobriza como el resto de sus compañeras. Su piel lucía una coloración del ébano que hacia juego con unos ojos chispeantes y vivarachos.

Tomando un micro que la condujo a su calle, llegó a su casa donde la esperaba su madre. Una recia mujer de pollera de tez bronceada y cachetona que estaba muy afanosa preparando el almuerzo.

―Mami, ya estoy en casa.

―Buenas mi hijita, ¿cómo te fue en el colegio?

―La Hermana Griselda nos dio montón de tarea de filosofía y la Hermana Josefina nos ha dicho que el examen de Biología va a ser pasado mañana.

―Vas a estudiar fuerte mi hijita. La Hermana Josefina no sé cómo es.

La niña asintió sabedora de lo bien que lo pasaba la monja a la hora de reprobar a las alumnas y echarles en cara su falta de disciplina.

La casa de la niña era muy estrecha pero muy larga. Con una única puerta de entrada que a la vez servía como entrada de la tienda de pan y refrescos de Coca-Cola y otras marcas. Detrás de la tienda se hallaba la cocina y tras esta un largo pero estrecho patio de tierra que se enlodaba mucho cada vez que llovía. Al final del patio se hallaba un ambiente de tres pisos hechos de adobe revocado con cemento y pintado de verde y era en el último piso donde vivía la niña que era hija única.

La habitación no salía de lo común y se veía a la primera que estaba muy limpia (su madre tendía la cama y barría el piso además de desempolvar)

«El polvo trae mala suerte», recordaba como siempre le decía su madre.

Una tele a colores se hallaba justo delante de su cama y procedió a encenderla. Un cartoon que se estrenó hace un par de años atrás recién llegaba a Bolivia: Beetlejuice.

Basado en una película, era un dibujo animado en el cual una niña gótica de nombre Lydia Deetz, conocía a un fantasma macabro pero cómico de nombre Beetlejuice, y vivían montón de situaciones divertidas.

«Me pregunto cómo será conocer un fantasma como el que conoce Lydia en la vida real», pensaba la niña cuando en eso escuchó un fuerte ruido proveniente de la calamina que la sobresaltó.

Abriendo la ventana, divisó como lo que parecía ser un viejo cuaderno negro se asomaba por el borde del techo de calamina.

«¿Cómo cayó esa cosa en el techo?», pensaba al mismo tiempo que estiraba su cuerpo para agarrar el viejo cuaderno.

Con un poco de esfuerzo la muchacha agarró el extraño cuaderno y sintió como un escalofrió le recorría toda la espalda.

―¡Clarita, hijita ven a almorzar!

―¡Ya voy mami! ―le contestó Clara, arrojando luego el viejo cuaderno sobre su cama y bajando para comer lo que le hubo preparado su madre.

―Buenas tardes mamita ―le saludaba su padre, un hombre pequeño, enjuto y de pigmentación más oscura que el de su hija.

―Buenas tardes papi.

El comedor se hallaba en la planta baja, la cual también hacia función de sala de estar.

En el pasado sólo la construcción de la parte de atrás estaba presente salvo que era de un piso. El resto del terreno se usaba como depósito temporal para diversas mercaderías que se vendían en el tambo, luego con el tiempo se decidió poner la cocina y la tienda cerca de la calle.

Un buen chairo paceño acompañado luego por un buen segundo fue el almuerzo. La comida no faltaba nunca en la mesa ya que el padre de Clara trabajaba como cocinero en la embajada americana.

El sueldo era muy bueno y además el hombre podía llevar a casa varias conservas de manera gratis, siempre y cuando le faltasen un día para la fecha de expiración.

Terminado el almuerzo su padre fue a la tienda con su madre y Clara subió a su habitación, lo que vio al entrar le hizo dar un grito que por la distancia ninguno de sus progenitores pudo escuchar.

Parecía algo así como un gato pero del tamaño de un caballo pequeño. De color gris azulado, tenía una especie de sombra que no dejaba ver su rostro salvo un par de ojos que brillaban con un tono azul pálido. A los costados llevaba lo que parecían ser dos pares de cuernos muy largos en los cuales llevaba hilos de oro, metal que también se hallaba en su cuello en lo que era el adorno de un collar y se asemejaba a un trébol. Cuatro larguísimas colas y desprovistas de pelo se agitaban y parecían exudar sangre.

―Vaya niña, al parecer tú eres quien encontró la Death Note.

Para que Clara no diese más gritos o corriese huyendo del lugar, el shinigami empleó su “aura de tranquilidad” con la jovencita y se presentó a continuación.

―Mi nombre es Voldor y soy un shinigami.

―¿Un shinigami, qué es eso?

―Soy, ¿cómo lo diría?... Un dios de la muerte.

―¿Acaso vienes a matarme?

―No, no es mi intención matarte a ti o a tus padres. ¿Ves el cuaderno negro que está sobre tu cama? Esa es la Death Note.

―¿Death Note?

―Sí, nosotros los shinigamis escribimos el nombre del humano que queremos matar y cuando este muere, sus años de vida pasan a engrosar los nuestros. Es un objeto muy valioso pero por sucesos ajenos a mi voluntad, lo perdí en el mundo humano. Tú lo encontraste, y al tocarlo ahora eres la dueña del cuaderno de la muerte.

―La… ¿la dueña?

―Si escribes el nombre del humano que deseas que se muera, entonces este morirá de un ataque al corazón en los siguientes cuarenta segundos después de haber escrito el nombre. Eso sí, los años de los que mates con el cuaderno de la muerte no irán a engrosar los tuyos, sino los míos, como si yo hubiera sido quien escribió en la Death Note en un principio.

―Jamás haría algo semejante.

―No estas obligada a escribir ningún nombre, pero no puedo permanecer en el mundo humano para siempre, si en ochenta y cinco días no utilizas el cuaderno de la muerte, tendré que matarte… No me mires así, yo no hice las reglas, de hecho nadie las hizo, es así como funcionan las cosas.

―¡Hijita ya me voy al trabajo! ―decía su padre tas la puerta.

―Ya… listo papá. Que te vaya bien.

Clara respiraba agitada pese al “aura de tranquilidad” de Voldor.

―Tranquila, sólo tú y nadie más puede verme o escucharme. Soy como un fantasma, a menos que quiera, mi cuerpo no puede alterar cualquier cosa física en el mundo humano.

Clara vio como los cuernos al costado de Voldor y sus largas cuatro colas chocaban con varias cosas en su cuarto, sin embargo, no causaban ningún destrozo ya que al parecer el cuerpo del shinigami atravesaba todas las cosas. Incluso la sangre que rezumaba de sus colas y caía al piso, luego de un par de segundos desaparecía sin dejar rastro alguno.

―Por favor toma el cuaderno de la muerte y déjame ―le imploraba Clara quien se puso de rodillas y empezaba a lagrimear.

―Imposible. Además, ¿no quisieras depurar el mundo de aquellos que no deben estar aquí a causa de sus pecados?

―¡No, te dije que jamás haría algo así!

―No te precipites, después de todo, ¿cómo podría algún humano saber que usas el cuaderno de la muerte? Nadie en este mundo cree en la existencia de la magia o lo sobrenatural.

Voldor saltó hacia atrás y se volvió invisible para Clara al mismo tiempo que sus últimas palabras resonaban en el cerebro de la jovencita como si fuesen una especie de eco sobrenatural.

.

.

En las oficinas centrales del FBI en Washington DC, el agente Fox Mulder resoplaba frustrado ante la negativa de que su “departamento de investigación” recibiese más recursos.

Ubicada en el sótano, su “departamento” y los objetivos que tenía este eran considerados como una broma por el resto de agentes del FBI. Sólo había recibido una ayuda, la cual consistía en la asignación de un agente para “ayudarle” en sus casos. Dicha ayuda consistía en la agente especial Dana Scully, quien admitió que fue nombrada por un comité especial para desacreditar su trabajo con los expedientes secretos X.

Mulder agradeció la brutal muestra de veracidad de la mujer ya que además Scully le aseguró que pese a las intenciones de sus superiores, ella sólo evaluaría su trabajo de la manera más científica e imparcial posible. Luego de un par de asignaciones vio que Scully le había caído del cielo ya que era muy competente, sin embargo, era del tipo de personas que jamás tendría una mente abierta.

«Estoy impacientando a Scully», pensaba Mulder mientras veía su cartel del OVNI. «Mejor encuentro algo que ella no pueda explicar científicamente o de lo contrario recomendará cerrar los expedientes secretos X.»

«Tal vez deba ampliar la búsqueda de casos y ver si hay reportes de OVNIS en otros sitios aparte de Estados Unidos.»

CONTINUARÁ…

1 августа 2018 г. 13:40:57 0 Отчет Добавить 0
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