La Chica Que Sabía Demasiado Подписаться

jenifernluna Jenifer Luna

"Todo lo que sabían de ella es mentira... Incluyendo la forma en la que murió" La inquilina del departamento 6 fue encontrada en la bañera, con el agua teñida de su propia sangre. La causa de su muerte parecía obvia... Hasta que el periodista Cristian Aldama descubrió que todo lo que sus vecinos y novio sabían de ella era una mentira, incluyendo la forma en la que murió. Paulina, la inquilina del departamento 6, era la chica que sabía demasiado. Y su historia comienza justo el día de su muerte.


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La muerte de la inquilina del departamento seis


Estaba dentro de la bañera con el agua teñida de su propia sangre. Lacrimosa se escuchaba como un eco lejano, que marcó la sinfonía final de la inquilina del departamento seis. Tenía un día sumida en el carmesí, con un gesto que me hizo imaginar el dolor que debió de sentir los diez minutos antes de que la hipotermia, causada por la falta de sangre, la indujera en un coma del que no despertaría.

 

Su nombre era Paulina Ruiz, tenía veintiún años y estudiaba en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Para mantenerse, ya que vivía sola, trabajaba medio tiempo en una cafetería que estaba dentro de Plaza Universidad. Los fines de semana se iba a su voluntariado, en el hospital psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, como parte de la experiencia que quería conseguir.

 

Su novio, mucho mayor que ella, fue quien dio aviso a las autoridades. La falta de comunicación con su pareja lo hizo volver un día antes de lo planeado, decidido a darle una sorpresa. Pedro Castro nunca imaginó que él sería el sorprendido al notar la puerta abierta, el departamento sumido en una tranquilidad poco habitual, y la melodía de Mozart resonando por todo el lugar.

 

 “Sólo tuve que caminar al baño, donde había un charco de agua debajo de la puerta, para saberlo” declaró a los vecinos, “El color rojizo me lo indicó, Paulina se había suicidado”:

 

Eso fue suficiente para evitar interrogatorios, investigaciones innecesarias, el abrir una carpeta y buscar un motivo que hubiera llevado a una joven de veintiún años a cortarse ambas muñecas… Porque todo era más que evidente. No había razón para sospechar que algo terrible se ocultaba, tras una escena perfectamente montada.

 

De acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Social Local (Sedesol), cada año se registran mil quinientos suicidios en todos los rangos de edad, y es considerada la segunda causa de muerte en jóvenes de quince a veintinueve años. A nivel mundial, el número aproximado de suicidios es de ochocientas mil personas.

 

Tan sólo en México, entre dos mil diez y dos mil dieciséis, se presentaron cuarenta y un mil doscientos treinta y un casos de suicidios en todo el país.

 

Pero algo me decía que Paulina Ruíz no era parte de estas estadísticas, por lo que me di a la tarea de investigar la verdad tras el suicidio de la inquilina del departamento seis. Lo que encontré me dejó perplejo, y se los muestro en los siguientes párrafos, sólo que antes de ir a eso debo contarles cómo es que di con la historia.

 

En realidad, fue algo que nos gusta llamar “una casualidad del destino”. Yo había sido citado ahí, por una fuente anónima que me daría las bases necesarias para comenzar con una investigación muy interesante, cuando un par de vecinas iban saliendo del edificio. Las dos se lamentaban por lo sucedido en el departamento seis, y temiendo lo peor, subí al lugar para verificar su relato. Los murmullos, la gente reunida en los pasillos, y los rostros llenos de escepticismo, lástima y preocupación me lo indicaron. Ahí había una historia que tenía que ser contada.

 

El novio relataba a algunos curiosos lo que sucedió, y la multitud que se juntaba en torno a él me permitió colarme al departamento. Sin nadie por ahí, me adentré al lúgubre lugar invadido por las notas de la sinfonía de Mozart. Las ventanas dejaban entrar la luz del sol, dejando ver las líneas de polvo en el aire. El charco de agua estaba ahí, la puerta del baño entreabierta, y lo rojo destacando del color pálido de los azulejos. Lo demás ya lo saben.

 

Encontré a Paulina en la bañera, con el agua teñida de rojo y el rostro lleno de un dolor profundo que me hizo dudar sobre el suicidio. Observé la escena; una botella de tequila, un vasito, la música, el cuchillo a lado de la bañera, tan perfecta. Lleno de dudas sobre la inquilina del departamento seis, salí de ahí, con la misma cautela con la que entre, y comencé a recabar información sobre ella.

La administradora del edificio, Dona Petronila, fue una de las primeras que accedió a hablarme de ella. La mujer de unos cuarenta años, traía un babero puesto encima de la ropa deportiva que vestía, calzaba unas pantuflas, y se veía afligida por la pérdida de Paulina.

—Era muy joven cuando llegó aquí —recordó, con melancolía. Dio un par de bocanadas al cigarro barato que consumía—. Tenía su cabello recogido en una trenza, lentes de pasta enormes, y estaba muy rellenita, pero era una mujer con mucha confianza en sí misma. Sabía lo que quería, por lo que acepté que rentara el departamento.

—¿Dice que Paulina tenía mucha autoestima?

—Sí, hasta que comenzó a cambiar al grado de convertirse en otra persona.

—¿Otra persona?

—Sólo estaba diferente —dijo, sin darle importancia—. Quizá los problemas con su novio estaban empeorando. Siempre estaban peleando.

Quise preguntarle si creía que la pareja de Paulina había sido capaz de matarla, pero me indicó, de manera amable, que no podía decir más. Llenó de expectativa, fui a cada puerta del edificio con la finalidad de conseguir algo de información respecto a la relación de Paulina. Sin embargo, los vecinos decidieron callar lo que sabían, haciéndome ver que se mantenían a la línea de cualquier problema, situación incómoda o cosa que no fuera de su incumbencia, con el fin de preservar el estatus del condominio.

 

Como todos, hacían su vida con los ojos cerrados a las acciones de los demás.

 

Sólo Camila Torres, una anciana de setenta y seis años, fue capaz de hablar sobre lo que sucedía en el departamento seis. Su relato no me impresionó, Paulina era una joven que gustaba de hacer fiestas en su departamento e invitar compañía poco deseable que consiguió preocupar a algunos habitantes del lugar. Creían que las malas compañías de Paulina le restarían seguridad al edificio y sería muy difícil volver a las rutinas de antes.

 

—¿Qué hay respecto al novio? —cuestioné.

 

—Sus discusiones eran muy escandalosas —aceptó—. Pero realmente la amaba, creo que el pobre va a sufrir mucho con lo que sucedió.

 

Después de eso, volví a preguntarle sobre las compañías de Paulina, y le propuse su participación en la realización de retratos hablados que me ayudarían a identificarlos. Ella aceptó, y quedé de volver, acompañado de uno de los caricaturistas del periódico para hacer un trabajo profesional. Desafortunadamente, al volver para buscarla, nos informaron que su único hijo, un tal Roberto Martínez, había decidido trasladarla a un departamento más seguro.

 

Sin mucho que hacer, me di a la tarea de obtener el informe oficial que la PGR había publicado. Como supuse, los cortes en las muñecas determinaron que el suicidio había sido la causa de muerte de Paulina Ruíz, acompañado de una depresión severa, y me decidí a dar el próximo paso: buscar al perito encargado de la necropsia.

 

La forma en la que di con él, debido a la cantidad de nombres importantes a los que tuve que acudir, y cómo es que pude convencerlo de darme la siguiente información queda a reserva de su servidor. Sólo puedo decirles que, con una inspección detallada, el forense descubrió que Paulina Ruíz era parte de otro tipo de estadísticas, y que, por órdenes de sus superiores, tuvo que omitir esa información.

 

En primera mitad del dos mil dieciocho, quinientos feminicidios han ocurrido en México según un mapa elaborado por María Salguero, activista y defensora de los humanos de mujeres víctimas de la violencia machista. Los datos de la Secretaría de Gobernación apuntan a un promedio de dos asesinatos por día y un total de cuatrocientas dos víctimas durante el primer semestre del dos mil dieciocho. El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio informa que, entre dos mil catorce y dos mil diecisiete, unas ocho mil novecientas cuatro mujeres han sido asesinadas.

 

La base de datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre dos mil quince y dos mil dieciocho, tiene registro de dos mil dieciocho casos de feminicidios. Tan sólo en la Ciudad de México se reportan ciento sesenta y dos casos. Otro dato que nos arroja es que en cuatrocientos setenta y nueve casos la lesión mortal fue cometida con arma de fuego; trescientos ochenta y tres casos más con arma blanca, mientras que mil ocho casos, la lesión o lesiones fuero cometidas con otro elemento que incluye: golpes con objetos pesados, ahorcamiento, y otras formas de agresión que reflejan la violencia con la que se les quitó la vida a esas mujeres.

 

LA ONU (Organización de las Naciones Unidas) da un promedio de siete mujeres asesinadas diariamente.

 

¿Qué tienen que ver los datos que acabo de darles con Paulina?

 

El doctor Ochoa descubrió que Paulina tenía marcas en los brazos y piernas, que indicaban que había sido inmovilizada, al momento de obligarla a tener relaciones sexuales. Porque, sí, queridos lectores. La inquilina del departamento seis fue violada, justo antes de que se quedará sin vida.

 

Lo que supe, confirmó mis sospechas. La causa de muerte de Paulina Ruíz no había sido el corte en sus muñecas.

31 июля 2018 г. 0:00:19 0 Отчет Добавить 0
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