Pharadown Подписаться

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Siendo la única humana en una tierra prohibida, internada en un psiquiátrico debido a su capacidad mental y que no es como ellos. Bonnie, nuestra protagonista, debe sobrevivir en Pharadown si quiere que el caso se haga real, matar la curiosidad que la consume, y regresar a su mundo. Mientras tanto, las personas que vivían también con ella, desaparecen cada vez que se le acercan a ella. Bonnie no puede perder el tiempo, tiene que resolver los casos y perder la cordura, que en Pharadown, tiene un tiempo de vida límite.


Саспенс 13+.

#leyendas-urbanas #terror #asylum
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01

—¡Bonnie! ¡¿Estás poniendo atención?!

La clase se volvió de su color café lácteo a uno más oscuro, la cara de los presentes era de indignación, unos sonreían y empezaban a murmurar.

El cuaderno contenía una caligrafía ajena, al intentar leer lo escrito, resulto intangible.

La maestra la llamó a la pizarra, tras no recibir la respuesta de la señorita.

Sus nervios se hicieron saber, fueron indiscretos con sus compañeros, daba pasos lentos al pizarrón, teniendo la mirada de la maestra clavada en ella.

***

La casa de muñecas es enorme.

Las muñecas eran todas de ningún color, con ojos dibujados y que era lo poco que tenía apenas algo diferencial del resto del color gris.

Todas con vestidos blancos, así la dueña no confunde colores.

Las muñecas además de intactas, siempre obedecían y le temían a su dueña.

Las muñecas no pueden moverse, fabricadas como juguetes, al pensar en ellas piensas en juguetes, y ese es el fin de las muñecas.

Las luces que alumbraron, eran de color lavanda. Se pusieron de puntitas, giraron en ciento ochenta grados, giraron alrededor de la pista que se les dio, parecía un ballet, con la única diferencia que ellas no usaban el uniforme.

Además de girar y coordinar, tener un espacio propio y estar sobre el madero intercaladas. Repartían una muñeca, que era la más pequeña, soltaron a la muñeca en dirección a la que le seguía al lado derecho, esta giraba y al estar en los brazos de una muñeca de estatura promedio, bailaba con esta.

La pequeña se divertía en los brazos de cada una, la hacían bailar de diversas maneras, nunca girando o que permaneciera de puntas, a veces la elevaban, la hacían sentir que volaba aún sobre el suelo, la acercaban a su torso —el caso de una— esa muñeca acercó el rostro de la pequeña al de esta, la menor cerró por un momento los ojos, su mano derecha acarició y se sujetó en el rostro de la mayor, esta le entrego a otra muñeca.

Tan cerca de no estar sola.

La música, de una cajita, empezó a cambiar el ritmo tranquilo y sereno, a uno más grave y siniestro. Se escuchó también un tic-tac.

Una muñeca se coloreo de azul, la piel cambió de poco a poco ese color, el vestido blanco fue lo segundo apenas terminaron los brazos; otra muñeca le sucedió lo mismo, cambiando a morado, otra a negro, otra a rojo, otra a blanco, dejando a una sola aún sin pintar.

La música volvió a cambiar, ahora a ser más aguda pero sigue siendo escalofriante.

Las cinco muñecas, rodearon a la no pintada, la no pintada cobró vida, intento zafarse, su cuerpo de plástico parecía tornarse más pálido, intento decirles a sus amigas que no la lastimarán, estás omitieron su pedido, solo obedecían a la dueña.

La de negro, le mordió el cuello, la de blanco estaba tocando el vestido.

La roja, abrazó con fuerza a la muñeca, la de morado se subió encima de la muñeca.

Las muñecas, que estaban a los extremos de la pequeña, estiraron los brazos de esta, usaron una navaja pequeña, dibujaron sobre el plástico un símbolo, dejando caer unas gotas rojizas.

Una “P”, un cuervo, con las plumas de la cola transformadas en una caída. El Tic-Tac fue más fuerte.

Las dos muñecas que le dibujaron eso en los brazos, metieron sus dedos, emparejados, entro en la herida, sumergió más, la herida se abrió más, como si fuera la boca de una cartera, el brazo delgado empezó a hacerse más ancho por la herida, lo mismo fue con el otro.

La muñeca pequeña entró en pánico por dentro, se le impedía decir una palabra, seguía siendo algo que no tenía derechos.

La muñeca negra arrancó del cuello un trozo de esta, metió primero su cabeza dentro, fue lo mismo que sus otras amigas con respecto a los brazos.

La muñeca que la abrazo, sus extremidades subieron de la cintura a los hombros, sus piernas reemplazaron a los brazos, la piel de ambas —la menor y la mayor—, se adhirió, como si fuera una masa y se le untará otro ingrediente sólido, los pies y piernas se fusionaron con el estómago y espalda de la menor, respectivamente, la cabeza en la espalda, junto con el resto de su torso.

La menor cayó rendida al piso. Echada de espalda, los brazos extendidos y rectos, y las piernas juntas.

Pero aún no termina, faltaba la muñeca azul —que era la misma muñeca que intento besarla.

Puso sus dedos en el pecho —donde muchos ubican el corazón— de la menor, presionó los dedos con fuerza, abriendo el pecho, mostrando el vacío y oscuro más allá, ingreso su cabeza, luego sus manos, luego el resto del cuerpo.

La menor temblaba, las lágrimas salieron, quería gritar pero le era imposible.

La muñeca morada, entro en su brazo izquierdo.

La muñeca blanca, entro en su brazo derecho.

La muñeca negra, entro en su cuello.

La muñeca roja, entro en su cuerpo.

La muñeca azul, entro en su corazón.

Los brazos con enormes heridas que empezaban a repararse. El cuello recupero su forma lentamente. Su pecho, seguía abierto.

El reloj marcaba, la menor notó un reloj frente a sus ojos, cara a cara con este. Ya no encontraba a las otras muñecas, pero seguía sintiéndolas caminado sobre su cuerpo. Son casi las once con cuarenta y nueve minutos, once minutos para que empiece el juego.

La muñeca abrió de nuevo los ojos, ya no eran solo dos, eran ahora once.

Once. Once. Once. Un número hermoso.

El pecho empezaba a repararse.

Once. Once. Once. Once. Once. Once.

Se le estaba añadiendo un doceavo ojo.

***

—Once. Once. Once —recitó con una melodía tranquila, intentando relajarme.

La maestra lo escuchó.

La envió al pizarrón.

Ella se puso en pie para resolver el ejercicio.

Ella empezó a resolverlo, era una ecuación corta, pero de una solución larga.

Evito pensar en lo que escribió, siguió dibujando signos y números, letras para dar valor a un número desconocido.

—Señorita Carter, si hubiera prestado atención a la clase en lugar de hacer dibujos y escribir cualquier sonsera, habría tenido un buen resultado. Incorrecto.

Ella se dirigió decepcionada a su asiento.

6 апреля 2019 г. 0:18:18 0 Отчет Добавить 0
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