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milethpineda Mileth Pineda

Fabio Andrade lleva años luchando contra sus deseos, intentando apaciguar sentimientos que lo atormentan al no poder controlarlos y menos cuando su amiga, con la que ha compartido los mejores y peores momentos de su vida, Susana Acevedo está cerca. Ambos han sufrido una gran pérdida y para sobrellevar el dolor decidieron apoyarse mutuamente. Sin embargo, la cercanía mantenida y la soledad en sus entornos dieron paso a situaciones que ninguno esperaba. La necesidad tiene muchos rostros y solo una petición…


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#muerte #amor #amistad #depresión #friendzone #desilusión
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Capítulo 1

El líquido ámbar giraba indolente dentro del vaso ante la mirada apagada de Fabio, cualquiera diría que la tranquilidad que irradiaba era natural en él. Sin embargo, no había nada más fuera de la realidad que eso.

   En los últimos años se convirtió en un experto para simular esa aparente calma, sobre todo cuando ella estaba cerca o a punto de aparecer.

   Por un lado no quería verla, le hacía daño sentir siquiera su aroma, eso sin hablar de su voz y de su continua maldita costumbre por siempre acercarse para acariciarlo. A veces pensaba que lo hacía a propósito para enloquecerlo, pero al verla a los ojos sabía que era imposible. Poseía una ternura que algunos considerarían excesiva, pero a la vez era fuerte y decidida.

   Cómo negarse a su cercanía, cómo hacerle entender que sufría por no poder permitirse demostrarle lo que sentía…como esa vez. Sacudió su cabeza un par de veces con la intención de perder esa ocasión de su mente que se había quedado marcada a fuego en él. Ella lo llamó «paliativo»; una reacción natural ante el dolor que ambos sentían, él lo llamó «inevitable» por todo lo que desde antes sentía por ella y por muy bajo que pareciera, desde ese día sentía la necesidad de borrar el rastro de cualquier otro sobre ella, incluso la huella de Allan.

   Sonrió por su desdicha, sentirla cerca generaba tal atracción que no había necesidad de verla para darse cuenta que se encontraba en el mismo espacio que él. Giró un poco sobre su asiento para ponerse de pie y saludar, pero la imagen que apareció frente a él no fue nada grata.

   Sí, estaba preciosa como siempre, con su estilo relajado sin demasiado maquillaje, estatura promedio, bastante delgada y con una sonrisa que lo dejaba noqueado. Vestía unos pantalones de mezclilla oscuros, una blusa blanca holgada que le quedaba preciosa y tacones altos, no se esforzaba jamás por tener un estilo diferente o demasiado elaborado, incluso con ese cabello recogido de cualquier manera siempre conseguía fascinarlo. Eso no estaba nada mal, el problema se acercaba junto a ella, de su mano.

   Suspiró para tranquilizarse, no era la primera vez que le presentaba a alguien, pero manejaba la esperanza que fuese el último y le diese a él una oportunidad.

   —Fabio, gracias por venir —le dijo al oído, a la vez que acariciaba su barba incipiente en su rostro acompañado de un beso en la mejilla.

   Eso lo estremeció y no pudo evitar cerrar sus ojos cuando su aroma de vainilla inundó sus fosas nasales. La tomó de la cintura y la abrazó fuerte contra su pecho, abarcándola por completo, sintiéndola e intentando transmitirle todo lo que lo ahogaba cuando estaba a su lado. El saludo duró menos de lo que hubiese querido, pero le encantó verla sonrojarse por su efusividad.

   —Tenemos que ponernos al día, Susana. ¿Quién es tu amigo? —preguntó con cordialidad, una sonrisa se ensanchó en su rostro al notar la molestia que había generado su saludo en su acompañante. Disfrutaba haciendo eso.

   —Raúl Díaz —Se presentó con seriedad extendiéndole la mano para saludar—, su novio.

   —Oh, no lo sabía. Lo lamento. —Devolvió el saludo con un gesto de desdén y se atrevió a asir a la chica de la cintura de nuevo, acercándola para darle un beso sonoro en la sien. —Susana, eso de ocultar a las personas no está bien.

   —¡No lo hice! Te he hablado de él. Te gustará —respondió resuelta con una sonrisa enorme e ignorando el tono de reproche, sabía que en realidad le reclamaba el haberlo llevado justo ese día.

   ¡Dios! Como deseaba besarla y hacerla gemir. Necesitaba respirar, alejarla un instante para poder pensar y no mostrar su deseo ante el otro que la veía embobado. Al observarlo pensó si se veía tan patético como él, pendiente de cada gesto de esa mujer. Prefirió desechar la idea, seguro que se veía peor, aunque jamás lo admitiría.

   Su teléfono vibró, era su amigo, José Montero burlándose de su desgracia en un mensaje:

      ¿Ya te arrodillaste frente a Susana y lamiste su zapato?

   No dudó en responder mientras les indicaba los asientos a la pareja:

      ¡Eres un cerdo!

   La respuesta llegó de inmediato:

      Eso significa: sí y puse mi lengua de tapete.

   Sonrió de mala gana ante eso. Lo admitía, daba lástima y era oficial desde hace mucho. Sabía de ese tipo, los últimos meses era el único nombre que salía de la boca de Susana cada vez que se llamaban y en cada una quería viajar lo más pronto posible para evaluar la situación, pero el trabajo no se lo permitía. Desde que Allan se fue, todo era más complicado en sus vidas.

   La noche transcurrió entre anécdotas absurdas que nada revelaban de ninguno de los presentes en la mesa. Trabajo, música, bares y sitios de moda eran los temas predominantes, pero no era lo que quería. Estaba desesperado por saber la maldita razón de tenerlo frente a él. Se suponía que era algo pasajero o eso quiso creer.

   Estaba harto de la caballerosidad del perfecto Raúl, se había comportado de manera impecable durante toda la noche, esquivándolo todo el tiempo con cordialidad y eso le ponía de nervios; este sería difícil, pero no importaba. Siempre tenía un as bajo la manga; esa noche Susana dormía en su casa. El proyecto de renovación de la compañía de construcción para la que trabajaba se había acabado y ella volvía, a su lado.

   —Creo que debes estar agotada. ¿Dónde están tus maletas? —indagó, esperaba que no insistiera sobre rentar en otro lugar, fuera de su alcance como le había insinuado hacía unas semanas. Se puso de pie después de recibir su tarjeta del camarero y le tendió la mano para que hiciera lo mismo.

   —Eso. Pensé que… Bueno, no importa. Están en el maletero de Raúl.

   Estaba nerviosa. «¿Acaso quería irse con el muñequito?, eso ni pensarlo» se dijo divertido.

   Fingió no haberla escuchado y avanzó en dirección a la salida del restaurante donde se encontraban. Se despidió de un par de personas que encontraba a su paso hasta que logró llegar al estacionamiento seguido por ellos. Los escuchó susurrar, estaban discutiendo y eso sonó mejor de lo que esperaba. Raúl le reclamaba de una forma dulce los planes que habían hecho para esa noche y ella intentaba silenciarlo haciendo bromas, sin lograrlo. Eso solo funcionaba con él.

   Se mordió el labio inferior varias veces para no soltar una carcajada cuando lo vio sacar las maletas del auto, parecía un niño en plena rabieta. Cuando las tomó para subirlas a su auto no pudo evitar guiñarle un ojo. No se esperaba que Raúl girara sobre sí mismo para besar a Susana dejándola sin aliento.

   Mal movimiento, se dio cuenta de la estupidez de su burla, había provocado a alguien que sabía jugar tanto como él y que tenía la mayor ventaja; a ella. Sintió un nudo en el estómago y ni siquiera podía usar el alcohol como excusa para romperle la cara.

   La satisfacción que mostró después del beso se la borraría en el siguiente segundo, podía asegurarlo. Cuando ella pudo respirar con normalidad y llamando la atención de ambos, exclamó:

   —Te extrañé tanto, Susana. —La tomó de los hombros y la rodeó con sus brazos, inhaló su cabello y la separó aun sosteniéndola. —Hoy tendrás que dormir en mi cama. No pude conseguir un cerrajero a tiempo, la puerta de la otra habitación quedó con seguro hace unos días y lo había olvidado.

   Estuvo a punto de voltear hacia Raúl para mofarse pero no fue necesario, él mismo se colocó enfrente molesto, se contenía tanto que hasta se veía tierno.

   Se preguntaba cuánto aguantaría, ¿uno o dos golpes? Se veía bastante débil, de hecho. Fabio, en cambio poseía un cuerpo que lejos de ser escultural era bastante sólido, no le sería sencillo al otro vencer a un ganador de boxeo amateur por tres años consecutivos como él.

   —No te preocupes. No pasa nada —respondió divertida, intentando restarle importancia al asunto. Conocía a su amigo demasiado bien para saber que pretendía hacer enfurecer a su novio y añadió: —Si roncas te vas al sofá, ya lo sabes.

   Fabio, asintió divertido llevando su mano hacia el pecho en señal de promesa. La hizo girarse para que se despidiera y en seguida abrió la puerta del auto para que subiera. Hacía frío y la conocía lo suficiente para saber que no alargaría la despedida si una discusión la precedía. Y así fue, un escueto buenas noches y unas palmaditas en el brazo fue todo lo que recibió el otro para su deleite.

   Un saludo al estilo militar fue suficiente para recibir a cambio el dedo corazón de Raúl y eso aumentó su buen humor, dejar las cosas claras era una de sus especialidades.

   Subió al auto, encendió la calefacción y espero que el otro saliera del lugar. No quitaba la mirada del rostro de Susana, ella respondía un mensaje y verla sonreír era grandioso.

   —José quiere que pasemos por él esta noche, ¿qué dices?

  —¡Que no! Acabas de llegar, el reencuentro con ese idiota puede esperar hasta mañana sábado y podemos salir. Por cierto ¿qué hace tu juguete aquí?

   —No pierdes el tiempo ¿no? —respondió incómoda—. Fabio, ya lo hemos hablado. Estoy con Raúl y viene a una entrevista a la ciudad, si funciona se quedará… conmigo.

   —No entiendo, Su…—Al ver su cambio al escuchar cómo le llamaba quiso golpearse con fuerza. Era un imbécil. Solo Allan le llamaba así. Pero, ¡por Dios! Ya habían pasado cinco años. —Lo siento. El punto es, que no sé por qué lo trajiste hoy, pudo viajar después. Al menos habría agradecido el aviso.

   Ella no respondió, el ambiente se había fastidiado por su culpa. Encendió la radio y por fortuna sonaba la canción preferida de ella y la que más odiaba él, porque describía a la perfección su situación actual. Apretó el volante con fuerza al escucharla cantándola muy cerca de él, demasiado cerca, acariciándole el brazo para que la acompañara.

   Mientras la letra avanzaba sentía una presión espantosa en el pecho, solo le pedía al cielo poder demostrarle a esa mujer que tenía a su lado que a pesar de tener más defectos de los que pudiese contar con ambas manos, por ella sería capaz de esforzarse y llegar a ser lo que siempre deseó en un hombre. Estaba seguro de poder hacerla feliz. Arriesgarlo todo, como decía la canción.

   Por mucho que le doliese, Allan siempre tuvo mejor suerte, a pesar de nunca hacer bien las cosas cuando estuvieron juntos. Jamás se atrevería a manchar el nombre de su mejor amigo, pero se consideraba mejor que él en muchos sentidos. Le ocultó tantas cosas a Susana sobre lo que su novio hacía en realidad que el saberlo ahora no serviría de nada. Todos esos secretos oscuros quedaron enterrados la tarde de su sepelio.

   Aun recordaba el dolor en su llanto, incluso el médico que les dio la terrible noticia ocultó los sórdidos detalles del accidente que había provocado y en el que murieron tantas personas por su descontrol y sus mentiras. No, ella no lo sabría. Era mejor que se quedara con esa ilusoria imagen del novio perfecto que creyó tener.

   Se le formaba un nudo en la garganta recordando todas las discusiones que tuvieron por ella, mientras desdeñaba su inocencia y su lealtad, incluso él mismo era blanco de sus burlas desde que se enteró de sus verdaderos sentimientos y las pocas posibilidades que tenían de poder estar juntos o de que ella lo viera de esa forma. Aun con todo eso, lo sacaba de tantos problemas, uno diferente cada fin de semana. Haciendo todo lo posible para que ella no supiera.

   Lo peor fue que justo esa noche en la que decidió no ir en su búsqueda y quedarse con ella para acompañarla e ir al cine con sus amigas y disfrutar de un fin de semana normal como cualquier joven de su edad, sin preocuparse por las estupideces y malas decisiones de Allan, ocurrió lo que tanto temía y falleció.

   Hasta los padres de su amigo que regresaban de viaje, pagaron sumas exorbitantes para que no saliera a la luz el motivo real del accidente.

   Nadie se preocupó demasiado por las mujeres que perdieron la vida esa noche y al escuchar los discursos en el funeral hablando de todas sus proezas y virtudes no tuvo opción más que seguir la farsa, por ella. Porque sabía que no habría podido superar la decepción de saber quién era el amor de su vida en realidad y aunque se había dado cuenta del grave error de aquella muestra de lealtad, ya era demasiado tarde para arrepentirse.

1 июня 2018 г. 13:32:09 5 Отчет Добавить 2
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Alenk Marj Alenk Marj
Oh, muy buen capítulo. Exquisita descripción. Gracias por compartir.

  • Mileth Pineda Mileth Pineda
    Gracias ti por leer. Me alegro que te haya gustado 7 июня 2018 г. 16:43:33
Juan Nicola Juan Nicola
Una historia que atrapa desde las pirmeras lineas, te ha quedado muy bien. Te invito a leer mi relato corto y me dejas tu comentario me gustaría mucho leerlo.
Mary Luna Mary Luna
Jope, me está enganchando jejeje

  • Mileth Pineda Mileth Pineda
    Gracias, me alegro, espero que sea de tu agrado. 1 июня 2018 г. 17:28:23
~

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