Flores secas Подписаться

laura_coratge Laura Coratge

A veces, los refranes de los pescadores son algo más que frases trilladas para molestar a los jóvenes. A veces es cierto que el mar devuelve a la costa todo cuanto deseas enterrar bajo sus olas. A veces, querida Océane, al tiempo no le apetece permitirnos descansar en paz.


Саспенс Всех возростов.

#misterio #francia #novela-negra #Policíaca
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Prólogo. Recommencer

 Océane había escuchado decir a los pescadores del pueblo que abandonar el hogar por segunda vez es mucho más doloroso que hacerlo la primera. Tenían razón.

Barfleur siempre había sido su lugar seguro. A aquel rincón de la baja Normandía parecía no llegar el eco de las revueltas, ni las sirenas de los coches patrulla. Allí solo molestaban las gaviotas atrevidas y los turistas demasiado ansiosos por conseguir una fotografía perfecta.

Le contaron de niña que el sonido de las olas era capaz de curarlo todo y comenzaba a creer con bastante firmeza en ese recuerdo.

En el pueblo nada dolía. La pistola había quedado desterrada al fondo húmedo y oscuro de un cajón. El uniforme fue sustituido el primer día por los viejos vestidos de su madre, aquellos de cuando era joven y su cabello todavía no estaba teñido de gris. La ex policía los había mirado con recelo al principio, pero no renegó de ellos. Nunca había sido capaz de negarle nada a aquellos ojos color café. No tras darle la vida y salvársela después.

Si se quedaba, allí tendría su calma. Su sonrisa arrugada, la caricia rugosa de su mano para aplacar las pesadillas. Allí tendría sus paredes blancas, el olor a lavanda al despertarse cada mañana y todos los peluches de aquella etapa en la que aún no conocía el significado de la palabra maldad. Tendría sus pequeños logros, como caminar hasta el rompeolas. Primero agarrada a su brazo y luego sola. Jadeante, empapada en sudor frío y temblorosa hasta casi fallarle las piernas… Pero sola.

Sí, allí tenía sus pequeños logros, pero Océane nunca había sido mujer de metas pequeñas. Tal vez por eso se armó de valor para reservar de nuevo un billete de solo ida hacia París.

No recibió reproches. Solo una maleta llena de vestidos, comida, libros, algún muñeco y semillas de lavanda por si se animaba a plantarlas en el jardín. Ella sonrió, porque ni siquiera tenía claro si quería o no un jardín. Mientras tomaba el tren de las diez y media hacia la capital francesa, solo tuvo claro que iba a extrañar muchísimo el mar. 

9 апреля 2018 г. 23:53:39 0 Отчет Добавить 0
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