DO{...}WHILE(El chico busque compañía) Подписаться

fuego_blanco Mateo Venté

Zack Areiza es un joven de 25 años con una vida dura, pero feliz. Vive con su hermanos, tiene un bella novia, tiene un buen trabajo y no tiene que envidiarle nada a nadie. Más la vida es una obra de teatro llena de sorpresas, y nuestro protagonista se enfrente a algo más haya de su propia comprensión. Nuevos amigos, enemigos, amores, dolores y recuerdos serán sus compañeros durante su actuación. ¿Quieres ser un espectador de este espectáculo?


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#amor #familia #amigos #341 #repetición
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Capítulo 0: Esta es mi vida.

La alarma sonó a las 6:00am como de costumbre. Me levanté y estiré mi cuerpo delgado de oficinista no muy amante al gimnasio o la ardua actividad física. Miré a mi espejo de pared para encontrarme con mis ojos azules claros, mi piel morena y cabello negro cual tizón. Moví mi pijama de corazones que me regalo mi madre, uno de los tesoros que mantengo de mi querida progenitora, y me puse mis pantuflas de conejo, un regalo de mi querido padre, y salí con dirección al otro cuarto ocupado de la casa.

Entré en aquel remolino de desorden que me movió hasta los intestinos: ropa por todas partes, zapatos sobre un acuario con un Betta en él, platos de comida llenos de sobras; en conjunto, un completo desorden.

—Pequeño remolino andante, es hora de levantarse —dije a un bulto que descansaba sobre una cobija color azul oscuro—. Hermes, levántate que vas a llegar tarde al colegio.

El pequeño bulto se movió y se acurrucó aún más bajo el abrazo de las sabanas color azul.

—Dame cinco minutos más, hermano —pidió el somnoliento joven de 15 años.

—¡Que cinco ni que nada! —respondí divertido y, con mi maldad de hermano al completo, levanté la cobija que mi única familia cercana tenía encima.

—¡Nooooo! —soltó mi hermano al sentir el frio del ambiente.

—Siiiii. Deja de hacer pereza que vas a llegar tarde. Iré a hacer el desayuno y, para que no se te ocurra volver a acostarte… —abrí la ventana dejando entrar algunas leves corrientes frías de los aires canadienses en donde vivíamos.

Bajé las escaleras y llegué a uno de mis recintos sagrados: la cocina. Cocinar es uno de mis Hobbies y, por el gusto que le tengo, mi cocina es bastante completa y preparada para todo lo que pueda llegar a hacer en ella.

Preparé unos deliciosos huevos con tocino, caliente algunas tostadas y un buen chocolate caliente para acompañarlo todo.

—Ya me bañé —comentó mi hermano llamando mi atención. Como de costumbre lo único que le tapaba era una toalla en su cintura puesto que le gustaba vestirse después de desayunar.

—Tu comida esta sobre la mesa… —señalé dejando una pequeña pausa—. Hermes, hoy iré con unos compañeros del trabajo a pasar el rato, espero que no te moleste quedarte solo en casa.

—Claro que no —contestó como si algún plan que tenia se hubiera ejecutado—. Es más, te iba a pedir permiso para ir a casa de Diego hoy en la noche, también irán los demás amigos de mi salón. ¿Puedo ir?

—Bueno, si es con Diego creo que estarás bien… Solo no llegues muy tarde, ¿ok?

—¿Ok?

Desayuné y subí las escaleras para bañarme con aquella agua caliente que tanto me gusta y de paso recapitular un poco mi vida, no se porque, pero me gusta hacerlo de vez en cuando para saber el rumbo de mis futuras acciones; sí, soy de esos que piensan que el pasado solo sirve para tenerlo en cuanta y formar un futuro.

Soy Zack Areiza, hermano mayor de Hermes Areiza e hijo de Lorena Cense y Marcus Areiza. Hace más o menos unos 8 años vivimos en Canadá mi hermano y yo; mis padres, lamentablemente murieron aquí por culpa de un accidente automovilístico a solo 3 años de estancia, del cual casi no salgo con vida, y desde entonces somos solo mi hermano y yo contra el mundo. Estudié la carrera de administración de empresas, la cual termine hace poco, y la ejerzo en uno empresa de computación llamada Zenit que se dedica a la tercerización de servicios para otras compañías. Tengo una novia llamada Viviana y somos muy felices juntos, llevamos 4 años de relación y me gustaría pedirle matrimonio pronto. Tengo una casa bonita, un auto decente, unos amigos agradables, mi hermano es feliz y todo marcha bastante bien, no tengo de que quejarme.

Salí de la ducha, me vestí con mi ropa de oficina y bajé al primer piso para ver que Hermes ya se había vestido también y tenía todo listo.

Salimos de la casa, cerré la puerta y tomé el auto. Hoy había que conducir con cuidado, la carretera tenia algo nieve sobre ella, aunque eso es un tanto normal por aquí.

—Anhelo, suspiro y respiro que arregles tu cuarto mañana sábado —solté sin quitar la vista de sobre el camino, solo para romper un poco el silencio en el vehículo.

—Sí, papá… —contestó el menor algo molesto. Ese comentario me hizo gracia, si bien tengo 25 años, algunos creen que Hermes es mi hijo, obviamente no es así, pero me gusta hacer la mala broma de decir nuestras edades y que la gente se quede con cara de que algo no cuadra.

—Saca algo de dinero de mi billetera y no dejes el teléfono descargado en la noche por si te llamo. Si algo se presenta, me llamas —indiqué con una sonrisa confiada. Se que parece que soy sobreprotector, pero este mocoso es la única familia que me queda y lo quiero un montón, no me gustaría que algo malo le pasase.

—Gracias —contestó tomando mi billetera y sacando 20 dólares.

—¿No necesitas más?

—No, así esta bien… Por cierto, últimamente Diego a estado un poco extraño conmigo, lo noto más cercano a mi de lo normal —comentó de la nada, pero no me sorprendí. Diego tiene 18 años y ha sido amigo de mi hermano desde que nos mudamos a Canadá, a Hermes le disgustó mucho cuando su amigo dejo de ser nuestro vecino por facilidades de trabajo de sus padres, pero se siguen viendo el colegio.

—Pues no me sorprende, ustedes son muy buenos amigos —concluí puesto que habíamos llegado a la puesta de la escuela—. No se te olvide hacer lo mejor que puedas, te quiero.

Finalicé dando un beso a la mejilla de mi hermano y me fui con dirección al trabajo.

Dejé el auto en el estacionamiento, y entré a la Zenit para toparme con un montón de gente acumulada en la puerta de entrada.

—Carlos, ¿qué esta pasando aquí? —pregunté a uno de mis amigos en la oficina.

—Que llegó tu nuevo jefe —respondió Carlos—. Llego de Colombia, su nombre es Armando Ramírez y parece que ya es popular entre las chicas de aquí.

Me metí entre la multitud hasta encontrar a un hombre alto, bastante atlético al cual ya se le veían algunas canas en su barba y en su arreglada cabellera, unos ojos negros y piel algo clara para ser de donde venia; cabe resaltar su atuendo elegante y una confiada, y algo coqueta, sonrisa.

—Gracias a todos por el recibimiento —dijo el hombre con una gruesa voz—. ¿Alguien podría decirme, por favor, quien es Zack Areiza?

—Yo, señor —dije haciendo que la multitud me diera permiso y abrí mi mano para estrechar la de él, cosa que no tardo mucho en hacer—. Es un placer conocerlo, déjeme lo llevó a su oficina.

Fue bastante fácil sacarlo de entre mis demás compañeros y guiarlo hasta su amplia, y para nada humilde, oficina amueblada.

—Muchas gracias, joven. Espero que nos llevemos bien el tiempo que trabajemos juntos —detallé un poco al hombre: debía tener mínimo 45 años, tiene un anillo de compromiso, así que ya estaba casado, y mueve las cosas con cuidado y parece tranquilo al hablar y expresarse.

—Eso espero, señor… Por cierto, al medio día le estaré mandando la información de nuestros clientes y planes corporativos actuales y futuros.

—Eso esta muy bien, muchas gracias —contestó con una sonrisa en su rostro y sentí que era el momento de irme a mi oficina. Me despedí y salí de ahí.

El día de trabajo fue bastante normal, no tenia mucha diferencia a otros días: dar soporte, crear planes económicos, instruir a nuestras tercerizaciones y atender llamadas.

5:00pm y me podía ir a encontrarme con mis amigos Lucas, María y Amelia. Los conocí en la universidad hace ya unos años atrás. Los cuatro estábamos listos, aunque Amelia no toma licor, tampoco le molesta entrar a un bar y bailar un poco con alguna Coca-Cola en la mano, ella es la que al final se encarta con nosotros, tampoco es que seamos unos borrachos, pero cuando lo somos, ténganos miedo.

No recuerdo muy bien cuando se me fueron las luces, entre baile y cerveza me dio vueltas la cabeza, pero, como de costumbre, desperté en mi cama con una resaca terrible. Vi mi celular y eran las 3:00am, me levanté como pude y me echo un poco de agua en la cara para después bajar a la cocina y tomar algo que me hidratara un poco.

Encontré mi billetera en la mesa más no mis llaves del auto, seguro Amelia se las quedo puesto que siempre lo hace para dejarnos a María, a Lucas y a mí en nuestras casas; ya mañana pasare a recogerla a su elegante morada, le gustan las cosas de decoración victoriana.

Subí nuevamente las escaleras y decidí ver a mi hermano puesto que no me había despedido de él antes de dormir por obvias razones. Entré a su cuarto y… no estaba. De repente sentí como si un balde de agua fría me callera encima y quedé completamente sobrio y despierto. Tomé mi teléfono y marque al suyo, pero no me contesto; ya vería ese mocoso cuando vuelva a casa, ya sabe que no me gusta que este tan tarde en casa ajenas independientemente que sea la casa de Diego y, peor aún, sin avisar.

Espere y espere. 4:00am, 4:30am y nada, ya me estaba desesperando, al menos me hubiera dejado un mensaje para estar tranquilo, pero ni eso.

Salté en mi sillón, mi teléfono vibró y vi que era Amelia, ¿Qué había pasado para llamarme a esta hora?

—Hola, Amelia, ¿Qué pasa? —pregunté extrañado mientras sentía sollozos desde el otro lado de la línea telefónica.

—Zack… E… ¿estas sentado? —dijo con dificultad, cosa que me hizo helar la sangre.

—S…Sí, ¿Por qué la pregunta?

—Zack… es que… es que…

8 апреля 2018 г. 17:46:28 1 Отчет Добавить 1
Прочтите следующую главу Capítulo 1: Inicio de las desgracias

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Animalia SSS Animalia SSS
Se ve interesante, unos pocos fallos ortográficos pero interesante, muy bien buen hombre :v
8 апреля 2018 г. 16:13:58
~

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