Infidelidad Подписаться

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Fernando Rosique


Un hombre se despierta junto a su mujer en un ataúd. Ahora tendrán que averiguar quien les ha encerrado allí y porqué.


Саспенс Всех возростов.

#misterio
Короткий рассказ
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Infidelidad


Estaba asustado, sin saber bien qué hacer. No veía nada, me caía polvo de tierra encima de la cabeza. Sentía que alguien estaba encima de mí. Tenía la sensación de no poder respirar bien, no sabía bien donde estaba. Aunque podía intuir que estaba en un espacio estrecho al no poder mover bien mis manos. Me dolían un poco cuando intentaba moverlas. Me las mire y vi, que estaban atadas con una cuerda. No podía recordar cómo había llegado hasta allí. Mi instinto hizo que lanzara un grito. No había respuesta. Grité otra vez, dejando que este segundo chillido durase más tiempo que el primero. Paré al ver que no había respuesta.

Nervioso, me puse a pensar en cómo salir de allí. Me giré a un lado y luego al otro. Noté que el sitio donde me había apoyado estaba duro, áspero. Estaba deseando saber quien me había metido ahí, porque quien lo haya hecho, se iba enterar. Mis labios estaban resecos, tenía la necesidad de beber. Miré a mi alrededor, empecé a patalear y vi que la tierra que estaba encima de mí, me caía en la cara. Entonces me di cuenta de que estaba bajo ella, posiblemente metido en un ataúd. Pero ¿porque? ¿quien quería hacerme esto?

Mis brazos llegaron a tocar la tabla que tapaba la tumba. No logré quitarla de encima, lo intenté de nuevo, pero nada. Traté de mover los pies, pero nada, estaban inmóviles al igual que mis manos.

-Necesito agua.-dije, alzando la voz.

Cayó una lagrima de mis ojos. Nunca pensé que iba a estar en esta situación. Empecé a pensar en los recuerdos que se venían a la cabeza: recordé a Leslie, mi mujer. A mis amigos de la infancia, Arturo y Fran. La primera vez que conocí a Leslie en el instituto.

Pasó el tiempo, esperé a que alguien pasara por encima de aquella tumba donde estaba enterrado. Ahorré energía para no gritar, intentando recordar en cómo había llegado hasta allí y quien me había enterrado. De lo de lo único que me acordaba es que perdí el conocimiento por que había sufrido un accidente bajando una carretera que tenía curvas, creo que iba demasiado rápido con el coche. Estaba volviendo a casa. Pero no recordé lo que sucedió después.

La carretera tenía curvas, creo que iba demasiado rápido con el coche. Estaba volviendo a casa. Pero no recordé lo que sucedió después.

Dos horas antes.

Estaba conduciendo mi coche, admiraba el cielo despejado de la noche que hacía. Abrí la ventanilla del coche para que el aire me refrescase un poco. Puse las largas para ver lo que había a lo lejos. Me percaté de que había un vehículo, que estaba girando a la derecha, entrando en una de las calles de una urbanización. Apreté el acelerador un poco, sentí la velocidad, como iba aumentando. Metí otra marcha y aceleré un poco más. No miré el cuenta kilómetros, creo que estaba pensando en otra cosa. A lo lejos, vi a una mujer a un lado de la carretera. Juré que estaba tambaleándose de un lado a otro. Vi salir humo a lo lejos, pensé que era del motor de su coche. Estando cerca del accidente, la mujer joven se cayó al suelo, bajé la ventanilla. Vi que su vehículo azul estaba a un lado del asfalto y parecía haberse golpeado contra una señal de tráfico . Cerca del coche, vi a la chica gateando.

- Ayúdeme, por favor.- me suplicó.

Ella me miró, era morena. Tenía la camisa sucia y olía a alcohol. Tenía un pequeño golpe en la cabeza y en uno de sus hombros. Volvió a decirme mientras gateaba con dificultad. Me acerqué para escucharla mejor.

-¿Puedes ayudarme? ¿puedes coger mi móvil que está ahí?- me preguntó, señalando a un pequeño objeto que estaba cerca del arcén.

-Desde luego.- le contesté mientras cogía el teléfono.

Al acercarme, me fijé en que la pantalla del móvil estaba rota. Me acerqué de nuevo a la chica.

-Se ha estropeado un poco.- la comenté.

Vi que no se incorporaba. Así que me agaché y le di el teléfono. Ella me miró. Contemplé sus bonitos ojos grandes y azules. cogió el teléfono. Me fijé que tenía unos pechos enormes y bonitos. La pregunté.

-¿Que es lo que la ha pasado?

Vi su sonrisa en la cara. Me respondió.

-Estaba volviendo de una fiesta y creo que me quedé dormida al volante. Bebí demasiado.

Eché un rápido vistazo al panorama. No había ningún coche en la carretera. Volví a mirarla, me fijé que su vestimenta estaba un poco desaliñada, pensé que sería de los efectos del golpe. Era preciosa. Me incorporé y me acerqué al vehículo de la mujer. Vi que la ventanilla del conductor estaba rota. De repente, me golpeé contra la puerta y noté algo afilado en mi espalda.

-No te muevas, o te mató.

-¿Quién eres?- la pregunté.

-Raquel.

-Escúchame, no sé qué crees que estás haciendo..

-No te muevas.- respondió, mientras echaba un vistazo atrás.

Al rato ella añadió. "Te estaba esperando". De esa contestación vino una respuesta.

-¿Es ese?- preguntó una voz masculina.

-Si es este.- respondió Raquel.

La verdad es que no supe de donde había salido, pero tuve miedo. Pensé por un momento en forcejear con la mujer, pero tenía miedo de que el hombre sacase algo y me matara. Tuve pesadillas en ese momento sobre lo que me iban a hacer: soñé con que me matarían con una navaja, me robarían y me dejarían en esta carretera.

En ese momento, noté como me hacían girar de un lado a otro violentamente. Eran dos personas: Raquel y un hombre desconocido, más o menos de mi estatura, pelo moreno, también tenía barba. En lo último que me fijé fue en una placa identificativa, donde ponía: "Carlos Beau".

El tipo me pegó un puñetazo en la tripa. Yo me quejé mientras me arrodillaba.

- Si, definitivamente es él.- dijo Carlos, con una sonrisa al final de la frase.

-¿Qué vais a hacer conmigo?-pregunté.

-Incorpórale.- ordenó el hombre.

La mujer me agarró de un hombro y tiró de mi para que me levantase. Estaba débil, no quise arriesgarme a que me pasase nada malo. Me incorporé y mire fijamente a la pareja. El hombre fue el que rompió ese silencio.

-Se trata de hacernos caso. No sé qué plan tiene nuestro jefe, pero le has cabreado.- finalizó Raquel, mirándome mientras se reía.

Me fijé en que había otro coche, aparte del mío y el de Raquel en la carretera. Parecía un Todo Terreno. El hombre me apuntó con una pistola en la espalda y me esposó con unas bridas. Después de eso, me obligaron caminar hasta el vehículo grande. Abrieron el maletero. Me pusieron una braga por encima del rostro. No pude ver nada. Me obligaron a meterme en el maletero y lo cerraron.

Miré a los alrededores. No reconocía nada, no había ninguna pegatina que me sonara. Mi corazón se aceleró de repente, sentí miedo. Pensé que me iban a matar.

Se me escaparon unas lagrimas. Oí que alguien entraba en el coche y hablaba con otra persona. Deduje enseguida que se trataba de Raquel y de Carlos. El maletero estaba detrás de unos asientos desplegables. De repente Carlos me habló.

- No intentes huir ¿me has entendido?

-De todas formas, has dejado el maletero limpio para que no corte las bridas ¿verdad?-preguntó Raquel desde el asiento de atrás.

-Así es- dijo Carlos clavando la vista en mi- Si miras a tu alrededor, no tienes nada con lo que cortarlas.- contestó Carlos sonriendo.

Me asusté y tragué saliva. Raquel se bajó del coche y se despidió de Carlos. Unos segundos después se paró delante del cristal del maletero. Vi como me lanzaba un beso. Luego desapareció. Noté como la parte de abajo empezaba a temblar, el coche había sido arrancado por Carlos. Se empezó a mover hacía delante, dio un giro y siguió adelante. Pensé que estábamos volviendo por donde yo había venido. En ese momento, le pregunté a mi secuestrador.

-¿Qué vais a hacer con mi coche? no lo podréis esconder eternamente.

Oí carcajadas y luego respondió.

-No te preocupes por ello-respondió Carlos con una risa entrecortada.

Estaba intentando recordar más sobre mi secuestro, pero no conseguí nada. Una fuerte luz me dio de lleno en los ojos, no pude levantar mis manos demasiado por los pinchazos que me estaba dando en los brazos. Pensé que eso sería a consecuencia de no haberlos estirado durante un largo tiempo. Vi como una figura caía encima de mí y gritó. Me percaté que era Leslie, al decir a continuación con su tono fino "jope".

-Espero que lo disfrutéis.- vociferó otra voz, ese tono parecía ser de hombre con una voz más ronca.

No me dio tiempo a verle la cara. Volvió a cerrar la tapa. Se hizo la oscuridad. Toqué a Leslie en el hombro, ella se percató y empezó a chillar. La tranquilice, diciéndola "soy yo, soy Mario, tu marido".

Tras unos minutos de inquietud, se relajó al oír mi voz y me respondió "hueles mal". Me reí, ella hizo lo mismo. Toqué su cabello liso y largo rubio y luego su cara redondita y suave. Me acerqué a su rostro, intentando darla un beso en sus labios regordetes. Leslie hizo que se cumpliera mis deseos. Nos dimos un largo y tendido beso mientras acariciaba su pelo rubio. La olí de cerca y me gustó el perfume que llevaba. Olía a jazmín. Ese aroma me hizo recordar el pasado. La verdad es que la primera vez que la vi en el instituto, lo que más me atrajo de ella fue el buen gusto que tenía eligiendo perfumes para oler bien a cualquier sitio adonde fuera. A Leslie lo que le enamoró de mi fue el color de mis ojos: azules claros. Aparte de eso, me dijo que otra cosa que le gustaba era que la hacía reír.

Ella me tocó el hombro y me hizo volver a la realidad. Miré con los ojos entornados su camisa roja que tenía un poco de tierra. Ella estaba apoyada en mí hombro, aunque oliera mal. Un poco de mi sudor se le pegó.

-¿Cómo has acabado aquí?-la pregunté.

-Un tipo me condujo hasta aquí.

-¿El que te ha enterrado?

-No, no, era otro.

-¿Se llamaba Carlos Beau?

-No tengo ni idea, ni siquiera me fije en el nombre.- Respondió, separándose un poco de mi hombro.

Ella se incorporó y me miró a los ojos. Mi mano estaba atada con una cuerda, intenté desatarme, pero no pude. Era un nudo muy bien hecho, Intenté desatarme varias veces pero no lo conseguí. Ella tampoco pudo desatarse. Su cara representaba tristeza. La abrazacé. Leslie me cogió con fuerza alrededor del cuello y me clavó un poco sus uñas. Ella se relajó y me puso la mano en la cara, acariciándomela. Sus ojos oscuros miraron fijamente a los míos. Nuestros labios estuvieron a punto de besarse, pero ella se retiró en el último minuto y dijo que no era el momento.

Un rayo de luz entró por un agujero que había en la tapa de madera que cubría la tumba. Pensé en que a lo mejor habría alguna manera de salir de ahí, me acaricie el mentón y me toqué el pelo rizado mientras se me ocurría la manera de salir. En ese momento me vino una idea. Pensé en algo, y se la comente a Leslie. Ella y yo empezamos a dar golpes a la tapa que estaba encima de la caja. Por culpa de estar los dos con las manos atadas, tardamos un buen rato en mover la tapa a un lado para abrir la tumba. Deduje que en la tapa no había clavos puestos y por eso la pudimos abrir. Con nuestras manos doloridas de tantos golpes, conseguimos que se hiciese la luz. Esta luz me cegó mis ojos claros durante unos segundos. Luego puse mis manos en la tierra y salí de la tumba. Ayudé a Leslie. Ella se quejó porque la tiré del hombro.

Nos tomamos nuestro tiempo en recuperar el aliento y respirar aire limpio. Tras unas bocanadas de aire. Pensé en que menos mal que la tapa del ataúd no había clavos, porque si no, no la hubiéramos abierto.

Ella se acercó a mí y me cogió de la mano.

-Vamos, tenemos que salir de aquí.-dijo ella.

La miré, me fijé en el tic nervioso que tenía y que siempre me hacía gracia. Leslie entornaba muy rápido sus ojos y los abría a toda velocidad. Lo hacía casi siempre que hablaba con alguien. Pensé que era algo que no podía controlar.

Con las manos atadas, empezamos a caminar por un sendero. La tierra estaba mojada de la lluvia que había caído la noche anterior. Sentí como se metía tierra debajo de mis pies, miré al suelo y me percaté de que las playeras tenían un agujero en las suelas. No me di cuenta de que estaban rompiéndose hasta ese momento. No le dije nada a Leslie porque sabía que se pondría furiosa de que hubiese roto las zapatillas que me había regalado.

Intenté caminar normal para que ella no se fijase en mis pies. A lo lejos vi un cartel donde ponía "parque natural". Pensé en que habría alguien en alguna parte del camino. No veíamos a nadie por el sendero, nos empezamos a asustar y Leslie me apretujó la mano con todas sus fuerzas.

Sentí un dolor por el apretón, hice una pequeña mueca para disimularlo.

Leslie me miró y empezamos a hablar.

-¿Como llegaste a la tumba?-preguntó ella.

-Vi a una mujer moribunda en la carretera de de San Juan Viso, a las afueras de Peñas Albas. Ella estaba desorientada.-hice una pausa.- Que imbécil fui. Era una trampa, había un hombre con ella y juntos me metieron en el maletero de uno de esos coches grandes. Me ataron y lo último que recuerdo es acabar bajo tierra, sin poder respirar.

Suspiré al recordar el mal trago que pase.

-Sabían mi nombre, ¿cómo lo sabían?- me pregunté.

-No lo sé.- me respondió Leslie mirándome a la cara.

Intenté recordar algún detalle sobre mi secuestro. Casi siempre me acuerdo de las caras de la mujeres, son más fáciles de guardar en la memoria. En ese momento, se me vino un rostro a la mente: era de una joven de veinte muchos, treinta pocos. Preciosa. Morena de cara, al igual que su pelo.

En el recuerdo, ella se me acercaba con una navaja y me lo ponía en la tripa. En ese momento, tuve otro donde distinguí una placa identificativa donde ponía "Carlos Bau". Mi memoria reconoció el nombre de la joven, se llamaba Raquel. Miré a Leslie y solté.

-Raquel. Se llamaba Raquel.

-¿Quien?-me respondió ella.

-La que me secuestró, estaba con un hombre llamado Carlos Bau, ellos fueron los que me enterraron. - dije cabreado.

-¿Y sabes quiénes son?

-No, pero los podría reconocer.- le contesté convencido.

-¿Y cómo es que ellos si sabían tu nombre?- me volvió a preguntar.

-¡No lo sé!

Leslie dejó de mirarme tras el grito que la di y se fue alejando de mi a paso ligero.

-Espera un minuto, por favor, lo siento.-supliqué para que me perdonase.

Ella no paró de andar, la oí soltar maldiciones mientras veía como apretaba sus manos en forma de puños. Pensé que la había tratado mal sin motivos. Me miró parándose en seco y me gritó.

-¡Crees que no sé lo que pasa! cada vez que ves a una mujer que esta como un queso, te la tiras.- hizo una pausa.- Seguramente hasta has tenido alguna aventura con alguna.- me dijo mientras cerraba y abría los ojos con rapidez.

-Pero, ¿de qué estás hablando?-pregunté.

-Crees que no me doy cuenta de cómo miras a esas chicas cada vez que pasan al lado tuyo. No las ojeas, te las comes con la mirada.-gritó Leslie cabreada.

-Solo las miró porque me gustan como visten, al igual que tú con los hombres.

-Sí, pero la diferencia es que yo no me los como con la mirada.-respondió.

Sabía que su cabreo iba a durar un largo rato. Los arrebatos de Leslie sobre que yo mirase a otras mujeres jóvenes eran discursos largos, como los que da el rey en Navidad. Pero al final, siempre nos perdonamos. Por eso, no me preocupaba la discusión que estábamos teniendo, porque sabía que al final nos reconciliaríamos.

En el recuerdo, ella se me acercaba con una navaja y me lo ponía en la tripa. En ese momento, tuve otro donde distinguí una placa identificativa donde ponía "Carlos Bau". Mi memoria reconoció el nombre de la joven, se llamaba Raquel. Miré a Leslie y solté.

-Raquel. Se llamaba Raquel.

-¿Quien?-me respondió ella.

-La que me secuestró, estaba con un hombre llamado Carlos Bau, ellos fueron los que me enterraron. - dije cabreado.

-¿Y sabes quiénes son?

-No, pero los podría reconocer.- le contesté convencido.

-¿Y cómo es que ellos si sabían tu nombre?- me volvió a preguntar.

-!No lo sé¡

Leslie dejó de mirarme tras el grito que la di y se fue alejando de mi a paso ligero.

-Espera un minuto, por favor, lo siento.-supliqué para que me perdonase.

Ella no paró de andar, la oí soltar maldiciones mientras veía como apretaba sus manos en forma de puños. Pensé que la había tratado mal sin motivos. Me miró parándose en seco y me gritó.

-¡Crees que no sé lo que pasa! cada vez que ves a una mujer que esta como un queso, te la tiras.- hizo una pausa.- Seguramente hasta has tenido alguna aventura con alguna.- me dijo mientras cerraba y abría los ojos con rapidez.

-Pero, ¿de qué estás hablando?-pregunté.

-Crees que no me doy cuenta de cómo miras a esas chicas cada vez que pasan al lado tuyo. No las ojeas, te las comes con la mirada.-gritó Leslie cabreada.

-Solo las miró porque me gustan como visten, al igual que tú con los hombres.

-Sí, pero la diferencia es que yo no me los como con la mirada.-respondió.

Sabía que su cabreo iba a durar un largo rato. Los arrebatos de Leslie sobre que yo mirase a otras mujeres jóvenes eran discursos largos, como los que da el rey en Navidad. Pero al final, siempre nos perdonamos. Por eso, no me preocupaba la discusión que estábamos teniendo, porque sabía que al final nos reconciliaríamos.

Ella estaba a una cierta distancia de mi. Andando a paso ligero, la grité para que me escuchara.

Leslie no hizo caso mientras se hacía una coleta. Yo la seguí. Mis pies estaban escociéndome. Hice una mueca y seguí caminando por el solitario sendero. Las ramas de los arboles estaban mojadas al igual que el camino de tierra por donde estaba paseando. Me gustaba las vistas que veía. Esa hierba verde que salía de los campos, parecía como si estuviese en Colombia. Estuve pensando que este mes de Mayo había llovido mucho, por como olía el ambiente. Miré al cielo y vi que estaba nublado, pero ahora mismo no caía ni gota.

Las muñecas me dolían mucho de estar atadas. Pensé que tenía que buscar algo afilado para cortar la cuerda. En ese momento, oí un crujido bajo mis pies. Paré. Levanté una zapatilla y vi un trozo de cristal partido. Tenía forma de triangulo. Lo cogí y empecé a cortar la gruesa cuerda. Tras un corto tiempo de estar intentando desatarme y al ver que no lo conseguía, lo dejé. Guardé el vidrio en el bolsillo.

-¡Leslie!

Fui corriendo hasta alcanzarla, estaba en una curva que había en el camino. Ella estaba de espaldas a mí. Me acerqué y la toqué su hombro derecho. Leslie me miró seria y me hizo una mueca.

-Estoy bastante disgustada contigo.-me recriminó.

-Pero, ¿de qué estás hablando?

-¿Es verdad que nunca me has engañado con otra mujer?- me preguntó levantando sus manos atadas.

Volvió a cerrar y abrir los ojos.

Con las manos, cogí el trozo de cristal del bolsillo y se lo di a ella.

-Corta la cuerda, por favor.-le supliqué.

-¿A cambio de?

-Por favor, si lo haces te cuento lo que quieras saber.- le respondí, intentando inventarme algo.

Leslie cortó su nudo en muy poco tiempo y después hizo lo mismo con el mío. Tras desatarnos, estiramos las manos y miré su vestido rojo desaliñado. Era preciosa, pero tenía miedo a que descubriera mi secreto.

Unos días antes.

Entré en un bar, había poca luces en el interior. Eran las nueve de la noche y tenía sed. Me senté en una taburete y eché un vistazo al local. Estaba casi vacío. Una joven camarera me atendió. Ella estaba detrás de la barra.

-¿Que quieres cariño?-me preguntó sonriendo al final.

La miré con cara de embobado, me toqué la oreja y luego el pelo rizado sin saber que decirla. Me enamoré enseguida. Ella arrugó su nariz y me echó otra sonrisa. Tras eso le respondí.

-Una cerveza con alcohol.

Ella se dio la vuelta y cogió una botella de medio litro de una pequeña nevera, que había debajo de una balda de madera. Se giró y agarró un abridor, quitó el tapón y me sirvió la bebida en un vaso. Me la dejó en frente mío y cogí el recipiente. Eché un sorbo. La camarera me miró y rió.

-Tienes un poco de espuma en el labio.- me dijo, acercándome un paño.

Dejé que me limpiase el belfo y yo me lancé a preguntarla su nombre.

-¿Cómo te llamas? ¿llevas mucho trabajando aquí?- indagué, acariciándome el pelo rizado.

La joven me sonrió. Admiré su cara morena.

-Me llamo Jennifer y llevó en este trabajo desde hace unos meses. Curraba en otro local antes, pero me despidieron porque se me acabó el contrato. ¿Y tú?

-Soy Mario y soy informático. Mi oficina está cerca de aquí.- respondí alegremente.

Por un momento pensé en que me había tocado el premio gordo. A mi gustaban las mujeres morenas de pelo y de rostro: y Jennifer era mi tipo. Además esa cintura delgada que tenía, me gustaba.

Leslie estaría en casa, preparando la cena. Miré la hora en el móvil, eran las nueve y media de la tarde. Quise no caer en la tentación de ser infiel a mi esposa, pero no pude. Me percaté de que no llevaba mi anillo de compromiso desde hace tiempo, podía ligarme a cualquier mujer que viera.

La miré y sonreí a esa preciosa joven.

-Gracias Jennifer.

Me bebí de una sola vez media cerveza. Me limpié con una servilleta los labios y la tiré a una papelera que había debajo de la barra.

-¿Vives por aquí?- la pregunté.

-Sí, a dos calles del bar. ¿ Y tú?- respondió, haciéndose una coleta.

-En el barrio del Val.

Ella se acaricio la oreja y me sonrió. Me fijé en que ella echó un vistazo a mis manos, pensé en que Jennifer estaba meditando en si estaba casado, al no haberme el anillo de compromiso.

Leslie supongo que estaría a punto de cenar. Así que me inventé una excusa para llegar tarde a cenar. Fue igual que las anteriores.

El pretexto sería que tendría que trabajar hasta tarde. Así que saqué mi móvil y llamé a Leslie. Al cuarto tono ella lo cogió.

-Hola cariño, ¿donde estas?-me preguntó.

-Tengo que quedarme a trabajar hasta tarde, es que el jefe nos ha mandado un proyecto que tiene que salir para mañana.

Miré a Jennifer.

-Pues sí, la verdad es que el proyecto tiene que estar a primera hora.

-De acuerdo, pues otra vez cenando sola. Un beso.

-Un beso Leslie.-terminé.

Jennifer tras servir a un cliente que estaba en una mesa, volvió a la barra y me preguntó.

-¿Un beso Leslie?, ¿estás casado?-me preguntó la camarera.

Noté que estaba con la antena puesta. Así que yo la respondí.

-Es de mala educación escuchar las conversaciones ajenas.-dije tocándome el pelo rizado y luego el mentón.

-Lo siento, pero es que creí que estabas aquí para pasar el tiempo y no estar con tu novia.-me respondió Jennifer.

-¿Novia?, no tengo novia.- la mentí.- Leslie es mi hermana y casi siempre cena sola porque yo salgo tarde de trabajar.

-¿Vives con tu hermana? ¿no crees que eres demasiado mayor para vivir con tu familia?-me preguntó la camarera con ironía.

-Pues sí, pero vivo solo. Aunque algunas veces cenó con mi hermana.

-¿Y esta noche tienes planes? porque según lo que escuchado, la has dado esquinazo.

-Era para ligar contigo- dije, siendo sincero.

-¿Quieres que salgamos?-me preguntó Jennifer.

-Pues sí. ¿En tu casa?

La camarera se echó unas risas. Yo hice lo mismo.

-¿ Y tu vives con alguien?- la pregunté.

-Comparto piso con una amiga.-me contestó.- ¿Si quieres, cuando acabe el turno, tu y yo podríamos...?-me insinuó señalándome con un dedo.

-¿Pero tu amiga estará?-pregunté sonriéndola.

-No, no estará. Y si esta, la echamos.- contestó irónicamente.

-Una cerveza.- gritó a lo lejos un cliente.

-Ya voy.- contestó Jennifer.- nos vemos.-dijo, despidiéndose.

Me bebí la cerveza y la pagué. Tras eso, me levanté y salí afuera del bar.

Una hora después.

Estaba esperando en el coche, con la calefacción dada, porque afuera hacía una noche fría. Vi como Jennifer salía del bar, vestida con jersey de cuello vuelto y vaqueros. Pensé en su esbelta figura que tenía. Di unas cuantas veces las luces para que me viese. Ella se acercó y se montó en mi coche.

-Que frio hace.- dijo ella quejándose del tiempo que hacía en la calle.

-Pues sí ¿qué quieres hacer ahora?-la pregunté, mirándola con ojos de deseo.

Ella se deshizo la coleta y me propuso.

-De acuerdo. Sígueme.

Se apeó del vehículo. Bajé la ventanilla de co-piloto al ver que Jennifer llamaba con los nudillos al cristal. Me dijo.

-Ese es mi coche.- comentó, señalando a un pequeño vehículo rojo que parecía un huevo.

-De acuerdo.

La camarera se alejó y me dio un beso de lejos. Me encantó. Ojala estuviésemos ya en su piso.

Esperé a que su auto estuviese encendido. La seguí. Torcimos un par de calles y seguimos por otra, con algunas farolas encendidas.

Aparqué el coche dos avenidas de donde estaba su casa. Ella vivía en un piso. Apagué el motor y salí del vehículo. Ande despacio hasta llegar a su portal mientras me guardaba las llaves del coche, en un bolsillo de la chaqueta que llevaba puesta. Jennifer estaba abriendo el portal. Al hacerlo, me besó. Al ver cumplido mis deseos, la seguí morreando hasta la puerta del ascensor. La joven lo llamó. La cogí de la cintura y lo hicimos hasta que las puertas del elevador se abrieron. Al hacerlo, entré con ella y seguimos con las caricias. Cuando estuvimos en frente de su puerta, la dejé para que ella la abriese. Estando en el interior del piso, dejó caer su bolso. Fuimos hasta el sofá donde continuó la pasión. En ese momento se encendieron las luces del cuarto. Me asusté. Dejamos de besarnos.

-¿Hola? Jennifer, ¿eres tú? -preguntó una voz femenina que se acercaba al cuarto.

La preguntada se incorporó y la saludó.

-Hola Jessica, ¿qué haces aquí? ¿no ibas a salir?-insistió ella.

-Pues sí, me voy a vestir y me voy con mis amigas.-contestó la joven dando la luz.- creía haber oído un ruido.

Oí un carraspeo. Me senté y vi una figura esbelta y morena de cara. Estaba en ropa interior. Jennifer se quitó de encima y nos presentó.

-Jessica, este es Mario. Mario, mi compañera de piso.

La chica estiró el brazo y nos saludamos. Noté que era vergonzosa al ver que no me preguntaba nada. Jessica miró a su amiga y dijo.

-En fin.-comentó, mirando el bolso tirado en el salón.- Me voy a mi cuarto y os dejo un poco de intimidad. Encantado de conocerle Mario.-Jessica se despidió con una mano.

El piso era muy reconfortante, aunque yo sentía frió, porque no estaba puesta la calefacción en el salón. Eché un rápido vistazo, contemplando el cuarto. Me fijé en que estaba muy decorado y que era el más grande de todo el apartamento. Vi muchas fotografías de Jessica y Jennifer con sus respectivos amigos y familiares. Me di cuenta en una imagen, donde salía Jennifer de pequeña con su familia, que ella tenía un hermano. Se oían voces en el piso de los lados, me percaté que las paredes eran muy finas.

Vi como Jessica se alejaba a paso ligero hacia su habitación. Noté un cierto parecido entre Jennifer y Jessica, al ver que las dos eran de la misma constitución, morenas y casi de la misma edad. Lo único que las diferenciaba era la altura y que Jessica tenía una mezcla de razas: era mitad oriental, mitad sudamericana. A parte, ella era un poco más pequeña de estatura que Jennifer.

Cuando Jessica, la compañera de la camarera, cerró la puerta de su habitación para vestirse, Jennifer me guió hasta su cuarto y seguimos conociéndonos íntimamente.

En el presente.

-¿Alguna vez me has sido infiel?- me preguntó Leslie con la cara torcida.

-No, te lo prometo. Siempre que he llegado tarde, ha sido por el trabajo.

-¿De verdad?- me insistió enfadada.

-Sí.

Resoplé unas cuantas veces sin que ella se diese cuenta. Al final, Leslie se lo creyó y me abrazó.

La di un beso en la frente. Gracias a Dios que no le he contado lo

de la aventura. Pensé en que había hecho mal al haber engañado a

mi esposa, pero por otra parte aproveché la oportunidad con una

mujer.

Seguimos caminando por el paseo hasta un cruce de caminos. En

la bifurcación, elegimos el de la derecha. Tenía una

pequeña cuesta un poco difícil de bajar, porque había

piedras pequeñas por el sendero. Ambos la descendimos.

Los dos estábamos sucios, llevábamos sin comer, ni beber durante

tres horas.

A lo lejos vi a una persona que se acercaba hacia nosotros.

Creía que era Carlos Beau, pero no lo sabía a ciencia

cierta, porque estaba lejos. Miré a Leslie como caminaba: cansada, creo que estaba deseando llegar a casa. Vi como ella movía su cuerpo, tambaleándose de un lado a otro, al igual que yo. Oí un suspiro que salió de su boca.

-¿Estás bien?-la pregunté.

Ella me miró a los ojos, aún tenía lágrimas secas en su cara. Pensé que había estado furiosa conmigo porque no le había contado la verdad. Sus enfados, a veces, terminaban con lloros. Como sucedía en este caso.

El desconocido se acercó a nosotros. Creí haber visto esta cara

antes, al oír su voz. Pensé que se parecía al hombre que había abierto la tumba y enterrado a Leslie antes.

-¿Están bien?- nos preguntó el sujeto con voz ronca.

-Si.-respondí rápidamente.

Vi como el hombre me miraba de forma inquietante. Como si

quisiera conocerme más. Se tocó su barba de tres días y luego

sonrió. Pensé por un momento, que se parecía al hermano de Jennifer, aunque nunca le conocí de mayor.

-¿No me digáis que soy la única persona que os ha encontrado?-preguntó el desconocido.

-¿Qué hora es?, ¿dónde estamos?, ¿quién eres?.- pregunté al

extraño.

-¡Oh!, me llamo Iván a propósito.- contestó- En fin, estáis en el Cerro de Alcalá. Un parque natural que...-suspiró antes de continuar.- es bonito. Son las tres de la tarde. -continuó, mirando su reloj de muñeca.- Ahora yo soy el de las preguntas, ¿de dónde venís?

-De estar enterrados. Alguien, nos ha enterrado a mi mujer y a mí-contesté-¿Quien más está en el parque?

Vi como Iván bebía agua de una botella que él llevaba. Este nos ofreció a Leslie y a mí. Tomamos unos cuantos sorbos antes de que Iván respondiese.

-Me he cruzado con varias personas a unos cinco kilómetros de

donde estamos. Vosotros habéis sido los ultimo.- dijo Iván, tocándose su pelo pincho.- ¿Y donde os han enterrado?

-A un par de kilómetros de aquí.- contesté, señalando a la zona

boscosa del norte.

-¿Como os llamáis a propósito?- nos preguntó Iván torciendo

el labio.

-Yo soy Mario Luna y ella es mi esposa Leslie.-respondí.

-¿Americana?-preguntó interesado Iván.

-Por parte de madre, ¿y tú a que te dedicas?- dijo Leslie,

preguntando a Iván.

-Soy vendedor. Trabajo en unos grandes almacenes que hay en la

Dehesa. ¿ Y vosotros?

-Yo soy informático y ella es enfermera-contesté.

En ese momento, sonó un móvil.

-!Oh¡, es el mío- dijo Iván.

Me gustó la canción que tenía. Era la canción de Smooth Criminal.

El hombre se alejó de Leslie y de mi. Durante la conversación que Iván mantenía, oí palabras sueltas, como: "si, ya voy", "de acuerdo, los traigo". La verdad es que me inquietó esa conversación. Miré a mi mujer mientras Iván seguía hablando por el teléfono. Sospeché del desconocido y se lo dije a Leslie.

-Cariño, vámonos por favor.

De repente Iván colgó el móvil y se lo metió en uno de los bolsillos de su pantalón de pana.

-Escuchar, si queréis, podéis veniros a mi coche. Hay que andar un

poco, pero está cerca de aquí.-dijo Iván, invitándonos a que le

siguiéramos.

Para no levantar sospechas, le seguí el juego. Mi mujer y yo le acompañamos durante un largo paseo. No sabía dónde me encontraba, lo único que veía eran muchos árboles y bifurcaciones, pero ninguna señal de donde nos encontrábamos realmente. Intuí que Iván nos estaba secuestrando de nuevo. Vi como se abría algo del suelo, de repente, Carlos Beau salió con un arma empuñada. Iván se tocó su camisa de manga corta y después su pelo pincho.

Carlos nos apuntó. Leslie se asustó.

-Entrar en el bunker, por favor.- pidió Iván.

-No.-respondí.

Iván suspiró y dijo a continuación.

-Sabes, no tienes ni idea del daño que has hecho, ¿verdad?. En el

fondo, eres mala persona.

-¿Que quieres decir?¿qué queréis de nosotros?- pregunté a los

desconocidos- ¿Donde está Raquel, Carlos?

-Vaya, te acuerdas de mí.- respondió Beau con una risa.

-Aquí mismo-dijo una voz femenina.

Me di la vuelta y vi que detrás de Iván, estaba ella. Raquel, aquella desgraciada que me apuntó con una navaja en la tripa, e hizo que me metiese en un maletero.

La joven estaba más arreglada que la primera vez que la vi, con otra vestimenta. Aparte, oí como masticaba un chicle que tenía en su boca. Iván se rió y se dirigió hacía mi. Apreté los puños. Me fijé en que Carlos aún seguía apuntándome con la pistola.

-¿Qué queréis de nosotros?-pregunté al hombre que se acercaba a mí.

-Que pagues por lo que has hecho.-me contestó con gracia Iván.

Iván me recordaba a un antiguo matón que había en mi instituto. Además estaba fornido como el chaval de mi colegio, "el chulo", así era como le llamaban. Este chico no se metió nunca conmigo, aunque sí que lo hizo con Rodrigo, un joven que decía ser amigo mío, porque alguna vez iba con mi grupo y conmigo a dar paseos por Atocha. Pero en realidad, rara vez quedábamos con él.

"El chulo" siempre se metía con los más débiles de mi colegio, y Rodrigo era uno de ellos. Rodrigo era tímido y no tenía muchos amigos. Creo que yo era su único colega. Los días en los que yo no estaba con Rodrigo porque estaba enfermo o me iba con otros colegas, "el chulo" aprovechaba para meterse con él, quitándole alguna cosa y escondiéndosela. Rodrigo venía preocupado y cuando yo le preguntaba donde estaban sus objetos, siempre me respondía con evasivas.

Al no ver ningún tipo de agresión física y no haber pruebas, no hice nada al respecto. Recuerdo que la única vez que el chulo se metió conmigo era cuando me llamó "ricitos". Eso sí que me cabreó. Creó que el chulo se llamaba Pepón González o algo así.

La verdad es que hacía tiempo que no recordaba esa parte de mi vida. Pero al ver a Iván, que se parecía mucho a Pepón, hizo que mi memoria retrocediese hacía el pasado.

Los ojos marrones de Beau me miraron con rabia y no quitaba el dedo del gatillo. Vi como el arma me apuntaba directamente al corazón. Carlos rió.

-Soy un buen tirador.- aseguró el pistolero, tocándose la barba.-así que ni se te ocurre moverte.

Iván dio una palmada y me ordenó.

-Metete en el bunker por favor.- me repitió Iván de nuevo, mirándome a mí y acto seguido al bunker que estaba abierto.

-No.-contesté de nuevo serio.

Iván se rascó la nuca y me miró con un gesto de duda. Acto seguido me contó.

-No sabes lo que pasa aquí, ¿verdad?-me comentó Iván, haciendo una pausa.- Veras, odio a los tipos como tú, es decir a los que van de buenos por la vida y pegan puñaladas traperas.

-¿De qué demonios estás hablando?, oye tío no te conozco, no os conozco.-respondí cabreado mirando a los desconocidos.

-Entra en el bunker y hallaras las respuestas que intentas ocultarnos.-dijo Iván con ironía.- solo tienes que entrar.-comentó, señalando a la puerta abierta del bunker.

-¿Y si no lo hago?-pregunté.

-Bueno-respondió, mirando a Carlos y a Raquel.- mataremos a tu esposa.

Leslie se asustó y me miró para que hiciera algo. Me puse delante de mi novia, estirando los brazos para que Carlos no la disparase.

-Está bien, entraré.-supliqué con los ojos hinchados de rabia.

-Muy bien, te estamos esperando.- contestó Iván no apartando su mirada de mi.

Anduve despacio hacia el bunker. Miré al cielo, estaba nublado, aunque hacía calor. Mi camisa azul estaba empapada de sudor. Quería que se acabáse todo esto. Poco a poco, fui descendiendo por los escalones que conducían al interior del pequeño refugio. No se veía bien de lejos, porque estaba bajo tierra. Mientras descendía, oí silbar a Iván. Miré hacia atrás. Carlos bajó detrás de mí.

-Cuando bajes del todo, hay un interruptor a tu derecha.-dijo Carlos soltando una carcajada.

Al bajar todos los escalones, di a la luz. El cuarto era muy pequeño y el ambiente estaba cargado. Había un par de mesas y unas cuantas sillas. En uno de los extremos había una pequeña nevera. Seguí andando hasta ponerme delante de una pizarra de corcho con muchas fotografías. Quité la chincheta de una de ellas y me fijé en que salía yo con Jennifer a lo lejos, agarrados de la mano. Apoyé las palmas en una mesa de madera que había debajo de la pizarra.

Me entró un escalofrió al pensar que sucedería si Leslie bajase por esas escaleras y viera el conjunto de imágenes donde aparezco yo junto a otra mujer que no es ella. Miré de nuevo a la pizarra, había como unas veinte fotos en total, todas formaban una historia, porque que estaban colocadas de derecha a izquierda. Cada imagen tenía una fecha y una hora. Conté que más o menos me estuvieron espiando durante tres noches, pero tenía que saber quién era el que había hecho las fotos, para que me contara la verdad.

Quité todas las fotografías de la pizarra de corcho y las tiré a una papelera que había debajo de la mesa. Oí pasos que bajaban lentamente por las escaleras. Me giré y ella me dijo.

-Ves lo que pasa cuando mientes a alguien.- soltó Leslie tranquilamente.

La miré con horror, tuve que contenerme para no orinarme en los pantalones. Las manos me sudaban y las restregué en las prendas para tranquilizarme. La miré a esos ojos verdes oscuros tan vacios y me dijo con sinceridad, mientras se hacía una coleta.

-¿Por qué no me contaste lo de la aventura?

-¿Que aventura?

-No intentes contestarme con otra pregunta. Lo sé, no hace falta que lo niegues. Aunque tires todas las fotos a la papelera, siempre quedara una para demostrar tu culpabilidad.- dijo ella, al mismo tiempo que bajaba Iván por las escaleras con Jennifer.

Jennifer tenía una expresión de ira, avanzó hacía mí y me dio un golpe en mi escroto.

-Cabrón, me estuviste engañando todo el tiempo, me dijiste que no tenías mujer. Me dijiste que era tu hermana-reprochó Jennifer, mirando a Leslie.-Me mentiste.

Iván la abrazó. Yo estaba retorciéndome de dolor en el suelo por el golpe. Tras unos segundos, oí una pequeña frase que le dijo Iván a Jennifer, "tranquila hermana, ya paso".

Me incorporé. Hice un rápido barrido a las personas implicadas y solté.

-¿Es tu hermana?¿cómo pudisteis hacerme esto?

-No, ¿cómo pudiste hacernos eso, a nosotras?-preguntó Leslie mirando a Jennifer.

Ellas se miraron y luego se fijaron en mi. Me inventé una excusa.

-Te está mintiendo, yo le dije que tenía esposa. Fue ella la que empezó a coquetear....

-Mentiroso, tú me dijiste que era tu hermana.- reprochó Jennifer mirando a Leslie.

Iván se tocó su pelo pincho y me miró seriamente.

-O nos dices la verdad o hare que digas la verdad.

-¿Es una amenaza?, tu hermana sabía que tenía mujer....

-No finjas más. Jennifer se acostó contigo después de la mentira que le contaste. Le dijiste que éramos hermanos, y todo fue para aprovechar la oportunidad de tirarte a una mujer guapa- dijo Leslie, mirando a Jennifer.

-¿Como supiste con quien estuve esa noche?-pregunté a Leslie.

La hermana de Iván dejó que Leslie continuase.

-"Al principio te creía cuando me decías que llegabas tarde por culpa de trabajo. Pero aquella noche, cuando volviste a casa, olías un poco extraño, no sé. Empecé a sospechar. Después de eso, te seguí y descubrí adonde ibas realmente".

-"Luego ella se presentó en mi casa y me empezó a hablar de ti. Le confesé que no tenía ni idea de que estabas casado. Ella me creyó. A las dos nos rompiste el corazón. Yo te amaba, de verdad que te amaba".- dijo Jennifer llorando.- "Todas esas noches en las que quedábamos, ¡creía que me querías!- gritó al final.

-Hiciste que me secuestrasen y que me enterraran vivo...- deduje con rabia.

-Y a nosotras nos engañaste-sentenció Leslie mirando a Jennifer.- así que lo vas a pagar.

-¿Formabas parte de esto?-pregunté a mi esposa.

-Sí.

-¿Cómo pudiste enterrarme?

-¿Cómo pudiste engañarme? -dijo Leslie mirándome con cara de sorpresa.

-Puede que yo sea un cerdo, pero vosotros sois unos asesinos.-repliqué con ira.

-Tranquilízate imbécil.- sugirió Iván.

-¿Que me tranquilice?-repetí.

-Sí, porque si no lo haces, aquí mi hermana Jennifer te va a arrear otra patada en tus cojones.- aseguró Iván, señalando a mi escroto.

-Eres un cerdo y te mereces todo lo que te ocurra.- vociferó Jennifer con rabia.

-¿De quién fue la idea de raptarme?-pregunté al grupo.

-Mía-dijo Leslie.- Y de Iván.

Miré a este y soltó una mueca de alegría.

-Un crimen no habría servido de nada, porque la policía enseguida habría sospechado de mi, y la verdad sería demasiado sencillo.- Continuó Leslie.- Quería que sufrieras, al igual que nosotras hemos sufrido tu engaño.

-Cuando me enteré de que le rompiste el corazón a mi hermana, quise matarte, pero pedí a Leslie, que te dejara. Todo cambió cuando vi el moretón:¿te acuerdas de la torta que la metiste? Por eso quise hacerte daño.-aseguró Iván.

Me quedé sorprendido cuando vi el rostro de Jennifer muy maquillado, atrás se hallaba el moretón. Entonces empecé a recordar.

Cinco días antes del secuestro. Piso de Jennifer.

Estábamos en el cuarto de ella haciendo el amor, no estaba Jessica. Contemplaba su esbelta figura morena. Los dos estábamos borrachos y lo pasábamos bien. A mi móvil no le paraban de llegar whatsapp, menos mal que tenía el volumen bajo. Pasó una hora y media. Estábamos cansados, pero felices. En ese momento me olí el cuerpo. El perfume de Jennifer se me había pegado. Pensé que si mi mujer cotilleaba, empezaría a sospechar y a preguntarme donde había y con quien había estado en el trabajo.

Así que mientras Jennifer se tapaba con una bata azul, yo me levanté de la cama y miré mi móvil. No me di cuenta de la hora, eran las doce y media de la noche y mañana tenía que trabajar. Deduje que el tema del proyecto en la empresa, no valdría, porque mi departamento cerraba, como muy tarde, a las diez y media de la noche. Estuve imaginando que mentira le daría esta vez a Leslie. Miré los doce whatsapp que me había enviado Leslie preguntándome "¿Donde estas?¿Por qué tardas tanto? Estoy preocupada", también había dos llamadas perdidas. Me asusté y Jennifer me dijo tapándome la vista del móvil.

-Ven a la cama.- suplicó, aún borracha.

Al verla, la sonreí y le solté.

-No puedo, tengo que irme.

La aparté de un empujón al ver que ella se ponía tan insistente. Ella me agarró del brazo y me suplicó que me quedase. Quería irme de ahí, pero Jennifer no me dejaba. Al ver que su mano no se soltaba de mi brazo, la pegué un puñetazo en el rostro. Eso hizo, que ella cayese inconsciente al suelo. Sabía que la iba a montar por haberme defendido y haberla pegado. Así que cogí mi ropa y me vestí rápidamente. Al hacerlo, me largué de la habitación sin mirar atrás.

Al llegar a casa, no vi ninguna luz encendida. Fui al cuarto de baño sin hacer demasiado ruido y me di una ducha rápida, para quitarme el perfume de Jennifer. Al salir del baño, me puse un pijama y me acosté al lado de Leslie. Ella estaba dormida.

Abrí de nuevo los ojos y vi una mano en frente mío. Esa mano tenía dos dedos apretados: el pulgar y el del medio, con esos dedos se produjo un chasquido. Volví a la realidad y giré la cabeza. Era Leslie la que hacía ese sonido.

-Vamos, la parte de abajo también.

-¿Y qué hay de ti Carlos?¿cómo entrasteis en esto Raquel y tú?-pregunté con una sonrisa maliciosa.

-"Iván es amigo mío y cuando me enteré de lo que un mierda como tú, le había hecho a Jennifer, bueno, no tuve problema en avisar a mi hija Raquel y hacerte sufrir un poco."

Me reía mientras me quitaba los pantalones, el motivo de esa sonrisa era porque creí por un momento que los que me secuestraron eran pareja. Iván se tocó su pelo pincho y pidió a su hermana un chicle. Esta se lo dio. Intenté estresarlos, quitándome despacio la ropa. El calor que hacía en bunker era insoportable, vi como todos empezaban a sudar, a desesperarse de que yo fuera tan despacio en quitarme la ropa.

Al final me quedé en cueros. Leslie me ató con una cuerda que le dio Iván, hizo un nudo bien fuerte para que no me soltase. Las muñecas me dolieron de nuevo. Una lagrima me salió de un ojo. Cerré el labio y me aguanté el dolor.

Iván me lanzó una venda roja. Este le dijo "pónselo", a mi esposa. Ella lo hizo, tuve miedo al no ver nada. Grité "Eh ¿porque me hacéis esto?". No hubo respuesta alguna, solo oía pasos. De repente fui arrastrado por alguien. Me ordenaron varias veces que me moviera. Al principio lo hacía lentamente, luego el ritmo de andar fue más ligero. Casi tropiezo varias veces con las escaleras del bunker. Al salir, respiré el aire del parque. Noté como Iván me puso una cosa afilada en el torso.

-No se te ocurra gritar ¿de acuerdo? porque si no, te corto la garganta.

No hice ningún movimiento extraño, seguí avanzando hasta donde ellos me dijeron. Tardamos un cuarto de hora en llegar al lugar. Estando allí, me quitaron la venda y me fijé en que estaba cerca de un precipicio. No había nadie a la vista, excepto mis secuestradores. Aparte de arboles, había un merendero cerca nuestro. Estaba asustado por que creí que iba a morir. Con las lágrimas en los ojos, supliqué a Iván y a los demás que no me matasen, suplique por mi vida y perdí mil perdones por haber engañado a mi esposa y haber pegado a Jennifer.

En ese momento mis calzoncillos empezaron a mojarse dado a que me oriné del miedo que tenía. Oí la voz de Leslie diciéndome.

-Últimas palabras.

-Perdón.-dije muerto de miedo.

-Hazlo.-ordenó a alguien.

En ese momento empecé a ver mi vida en flashes, sentí miedo. De repente noté un chorro de liquido en la nuca, era agua. Tras eso, oí risas y comentarios burlones hacía mi. Luego escuche pasos, parecía como si se alejasen. Grité. No hubo respuesta alguna. Lo único que sentí fue vergüenza. Todavía seguía con los ojos vendados y las manos atadas. Sentí asco de mi después de todo lo que me había sucedido. Lo había perdido todo: a mi esposa, su confianza y a mi amante.

9 марта 2018 г. 20:29:54 1 Отчет Добавить 0
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