Even If Подписаться

karenstraight Karen Straight

En un mundo sin esperanzas, Liraly decide tomar una decisión que cambiaría para siempre, el destino de su pueblo, dando todo de ella, incluso si….


Фэнтези 13+. © Todos los derechos reservados

#darker destiny #español #magia #fiction
Короткий рассказ
0
7399 ПРОСМОТРОВ
Завершено
reading time
AA Поделиться

Even If (Incluso si)

Karen Straight

EDICIÓN LITERARIA

under DARKER DESTINY

en DESTINY

Dimensión L, Mundo Trevaneuss, planeta Tierra, en el reino de Lirealess.

Año: 1277

Obra componente de The Main Story

Historia número 28,

Protagoniza: Liraly Di Evelynn


Sinopsis

Liraly Di Evelynn habitaba en el reino Lirealess, gobernado por la conocida reina Lirea, en el año 1278. Liraly nació en el seno de una familia humilde, aunque sus padres gozaron de ser parte de la nobleza.

En el campo y en la agricultura, la mayoría de los habitantes del pueblo de Lirealess dedicaban su vida, incluyendo a la familia de Liraly. Sin embargo, su familia deseaba un mejor futuro para su hija. Así, Liraly consiguió un trabajo en medio tiempo en el restaurante del pueblo, del cual, era propietario un antiguo amigo del padre de Liraly. Su mitad de tiempo disponible, Liraly lo ocupaba en su mayor pasión; correr, tal y como admiraba a los atletas que cada fin de semana se reunían en la capital del reino.

En un mundo sin esperanzas, Liraly decide tomar una decisión que cambiaría para siempre, el destino de su pueblo, dando todo de ella, incluso si….


Capítulo 1: En el reino de la desesperanza

Transcurría el año 1272 en el reino Lirealess. Después de la última devastación por algunos seres en el pueblo, el reino no volvió a ser el mismo; las personas vivían sólo recordando las pérdidas que la destrucción mágica les regaló, en una guerra que ellos no podían comprender. Una guerra en la que nadie deseaba participar, o peor aún, en la inocencia de un reino que nunca tuvo conflictos con nadie. De noche y día, los afligidos habitantes no podían ni querían olvidar aquella fecha, hacía tan sólo 17 años. Muchos perdieron a sus hijos, quienes intentaron defender las puertas de sus hogares. Todo fue inútil. Aquellos seres desconocidos llegaron y arrasaron, como la llama prende las nubes, la vida serena que ellos conocían. Ellos, eran como dioses, nadie en Lirealess llegó a conocer aquella energía que emanaban, tocaban y destruían.

El dolor se apoderó de sus corazones. Una madre recordaba que su hija fue raptada por los infames jóvenes, quienes se decían ser héroes de Iver, y que, con orgullo presumían una gema llamada “First Choice”, aunque la madre no entendía que significaba eso. Ella no podía olvidar a su pequeña, nunca lo podría hacer. Y nunca la tendría de vuelta. Un niño recordaba a sus padres muertos, incinerados al instante por aquellos destructores. Todas las familias perdieron a sus seres queridos, algunos murieron de maneras indescriptibles, y el trauma prevalecía todo el tiempo, en el aire del reino. Siempre, en sus rostros, la desesperanza se mostraba frente a ellos, unos a otros.

Liraly nació el día en que, los destructores aterrorizaron su reino. Apenas, su padre logró salvar a su esposa y a su hija, pero otros no corrieron con la misma suerte.

Liraly, aún en un ambiente hostil, donde se repudiaba el nombre de HS, a quien culpaban por el dolor de Lirealess, de alguna manera, sabía que él no fue el responsable de lo sucedido hacía 12 años. Un hombre predicaba en la plaza de Lirealess, cuando ella iba camino por la comida de su familia al mercado, escuchó sus palabras a la multitud reunida:

—¿Y dónde estaba el que dice ser nuestro salvador?—se preguntaba un hombre , todo el tiempo—. ¿Dónde estuvieron esos que se dicen llamar héroes de HS? ¿Dónde estaba HS? Él, que tiene el mayor poder del Kernel, y ¿YS? Todos ellos no nos salvaron.

Liraly se detuvo. Ella sentía impotencia, porque alimentaba las penas de su pueblo.

—Señor, deténgase, por favor… no es correcto avivar el odio.

Todos la miraron. Era tan sólo una niña de 12 años. Comenzaron a reírse de ella.

— ¿Una mocosa callando a un hombre hecho y derecho? Yo sé lo que digo, yo estuve ahí. Tú ni siquiera lo viviste ¿O no es verdad? ¡Todos nosotros estuvimos ahí! ¡Nosotros vivimos en carne propia la desgracia de nuestro pueblo! ¡El responsable fue HS, que con su poder sólo atrae a los que desean más, a los que siempre ambicionan quedarse con el Kernel!

—Es cierto, niña—decía una señora, limpiándose las lágrimas, a Liraly—, la culpa es de ellos, porque HS no cede a Iver, el poder que él tiene. Si se hubiera rendido, nuestros hijos estarían vivos.

Liraly miró los rostros de los afligidos en la multitud. Muchos lloraban, otros contenían el llanto. Cabizbaja, Liraly calló. Podría ser que ellos tuvieran razón. O quizás no. Ella salió de la plaza, aún más afligida que los dolientes. Compró lo necesario y volvió a casa, sin dejar de pensar, mientras volvía, en las palabras de los que perdieron a un ser querido.

Liraly dejó en la mesa la bolsa. Su madre notó la tristeza de Liraly, quien se sentó en el sofá, miró a la ventana.

—Hija, ¿sucede algo?

—Nada, mamá.

— ¿Te peleaste de nuevo con alguien?—insinuó su madre, acomodándose a su lado.

—No, no es eso.

—Liraly, puedes confiar en mí, ya sabes.

—Lo intento, mamá. Lo intento siempre.

Su madre, cuyo nombre era Elizza, supo de inmediato a qué se refería.

—Liraly, deja eso en el olvido, por favor.

—No, no puedo. Sé que es verdad lo que digo, aunque no sé cómo decirlo. Sé que ellos no fueron los culpables.

—Otra vez, hija, olvida ese tema del libro, sólo es fantasía ¿quieres?

—Ya ves, mamá, no me comprendes—dijo, y se levantó del sofá, rumbo a su habitación

Su madre, Elizza, la miró con preocupación. No era normal que su hija estuviera tan concentrada en el asunto que dolía a todos en el pueblo. En ese momento, llegó su padre del trabajo en el campo. Agotado, dejó su sombrero al lado de la humilde casa.

—Amor ¿Cómo te fue en el trabajo?

—Lo de siempre, cielo.

—Déjame ayudarte—dijo Elizza, y le ayudó a sentarse en el sofá.

—Gracias, Elizza—y se acomodó— ¿Cómo te fue a ti?

—Lo mismo, aunque me tiene preocupada la niña. Volvió a pelearse con la gente, por el mismo tema de siempre.

—Ay, Liraly es tan necia. Un día de estos alguien la golpeará—lamentó su padre—, pero, ¿qué podemos hacer?

—Llevarla al Festival, es el único lugar en donde no habla de “eso”—sugirió la madre.

—Buena idea. Sólo que, eso la tiene ocupada el fin de semana. Yo también estuve pensando en algo para ella; le conseguí un trabajo de medio tiempo con un antiguo amigo. ¿Recuerdas a Alphonso Reeter? Él es dueño del único restaurante del pueblo. Reeter me contó que una de sus meseras se ha retirado porque va a ser madre. Es la oportunidad perfecta para que Liraly tenga un futuro diferente, al de nosotros.

—¡Eres brillante!—sonrió Elizza, sin contener la emoción—, el destino de Liraly será diferente, al que, ahora tenemos nosotros. No le podemos ofrecer educación, como a los nobles, pero tendrá un trabajo decente.

Elizza abrazó a su marido, cuyo nombre era David. Ambos sonreían con júbilo. En las escaleras, Liraly sonrió también: Sus padres arreglaron su vida. No tendrían que volver a pasar penurias nunca más.


Capítulo 2: La nueva mesera

Liraly tenía tan sólo 12 años, cuando ingresó a trabajar en el restaurante de Reeter. Era la más joven de las trabajadoras del restaurante. Ella se sentía orgullosa de su padre, que, gracias a él, fue recomendada para trabajar en un sitio menos desgastante que bajo el asfixiante calor del campo. Agradecía el poder ser digna de laborar en el restaurante y poder servirles a los demás durante media jornada.

Era un día común. Liraly estaba emocionada. Los demás empleados la observaron al entrar por la única entrada. Pocos clientes. Liraly miraba alrededor con una radiante sonrisa.

Desde la ventana del comedor, el cocinero y las dos meseras la observaban.

—Ella debe ser la nueva mesera—señaló Rubí, quien rondaba los 45 años. Hasen, el cocinero, recordó que el jefe les contó que su nombre era Liraly, y era hija de un antiguo conocido de él.

—Debe ser Di Evelynn, la hija de David, que perdió todo en las apuestas—les contó.

—Yo le enseñaré—sonrió la otra mesera. Su nombre era Fadia—, a servir las mesas y a pedir la orden. Es un trabajo que pronto ella aprenderá. Es muy joven.

—Es casi una niña—dijo Rubí.

Los tres salieron a recibirla. Liraly se presentó.

—Buenos días, soy Liraly Di Evelynn. Vengo a trabajar como mesera

—Bienvenida, Di Evelynn—saludaron ellos al mismo tiempo—, estás como en tu casa.

El chef tomó la palabra.

—Alphonso nos ha encomendado tu capacitación, y Fadia se encargará de ti. Ella te enseñará, es muy sencillo el trabajo.

—Encantada—extendió su mano la robusta mujer.

—Son grandes atenciones para mí—sonreía Liraly.

Y desde ese día, Liraly, bajo la capacitación de Fadia, aprendió a llevar las órdenes. De la cocina a la mesa, de la mesa a la cocina. Limpiando las mesas, recogiendo los manteles y los cubiertos. Liraly pasó su jornada tomando las órdenes de los clientes, anotando los platillos que ellos preferían del menú del día.

Liraly, en su trato amable y servicial, se ganó el respeto de los clientes frecuentes del restaurante. Nunca, aunque ella estuviera en desacuerdo con sus opiniones sobre HS, ella respetó su trabajo, y calló, por muchos años, la verdad que ella deseaba contarles.

Siempre llevó a casa, los mejores platillos que se servían en el restaurante. El trabajo de Liraly mejoró la estabilidad económica de su casa. Sus padres estaban orgullosos de su hija, que se ganaba la vida de una manera decente y respetable.

Liraly, por su parte, era feliz en su trabajo. Y también lo era fuera de él: Siempre, cada tarde, imitaba a los hombres y mujeres atletas, que se reunían cada fin de semana, en la capital del reino. Ella admiraba su disciplina, y su voluntad. Adoraba correr, lejos, por los campos. Amaba descender las colinas de césped fresco bajo el radiante cielo azul.

Liraly, aparte de su trabajo como mesera, se volvió apasionada de caminar grandes distancias. Le fascinaba ir entre los bellos panoramas de Lirealess cuyas montañas grisáceas y verdes le evocaban la paz que, su pueblo, alguna vez perdió.


Capítulo 3: Correr por los sueños

Cuando Liraly rondaba los 14 años, decidió convertirse en una atleta profesional. Estaba decidida a que nadie le impediría sus sueños, aunque, sus padres no sabían cuáles eran sus metas. Una noche, después de regresar del trabajo, Liraly se reunió con sus padres en la cena.

—Padre, madre, necesito contarles algo importante—decía ella.

—Anda, hija, cuéntanos, estamos ansiosos.

— ¿Recuerdan que, una vez, me dijeron que si tenía un sueño, luchara por él?—dijo Liraly mientras servía la comida, como en el restaurante.

—Sí, lo recuerdo mucho—dijo su madre.

—Claro que sí, Liraly, siempre—animó su padre—, no nos dejes con la duda…

Liraly tomó aire. Se sentó en la mesa y dejó atrás los cubiertos.

—Sé que voy a ser, lo he decidido; seré atleta, competiré en las carreras, lo buscaré, eso es lo que quiero. Desde niña, ustedes saben, cuanto admiro a los deportistas. Yo quiero no ser espectadora, yo quiero participar.

Sus padres se miraron, maravillados con las palabras de su hija. Ambos se emocionaron con el contagioso entusiasmo de su única hija. De inmediato, la abrazaron y le dijeron:

—Estamos orgullosos de ti, porque lograrás ser lo que quieres. En todo lo que haces, siempre llevas entusiasmo y alegría, voluntad y constancia. Tenemos fe en ti. Sigue, corre por tus sueños….

Liraly lloró de alegría. No podía pedir más a la vida. Era, aunque no había logrado sus sueños, aún, dichosa.

—Gracias, los amo.

Liraly cerró los ojos. Con el paso del tiempo, siguió corriendo. Corría, tal y como ella, guiándose ella misma, en avanzar por un sueño. Se fijaba una meta. Fijaba su reloj, fijaba el tiempo de entre sus pies para deslizarse en el campo. Miraba el cronómetro. Se hidrataba, volvía a correr. Trataba de superarse a ella misma.

El cielo notaba la dedicación que Liraly ponía a ser, al proponerse en ser la mejor en su categoría. Liraly entrenaba por su cuenta, en su tiempo libre, para que algún día, lograra ser una atleta, y lograra correr, alguna vez, en las competencias de cada fin de semana, donde se reunían aquellos a los que ella admiraba. Lo deseaba con entusiasmo, y seguía, mejorando día tras día. Nunca se rendía. El trabajo se volvió menos pesado.

Sus padres, la veían feliz. Aunque ella no tenía más amigos que sus compañeros de trabajo, ella se sentía completa. Era la vida que ella estaba buscando, aunque iría por más.


Capítulo 4: Revelación

Era el año 1277. Liraly cumplió 17 años. Ella seguía entregada, en cuerpo y alma a ser una deportista completa. Se esforzaba por llegar a ser parte de los participantes.

—¡Mamá, papá!—llegó ella, una tarde, emocionada a casa. Sus padres nunca la vieron tan rebosante.

—¡Hija!—llamaron ella—, ¡Cuéntanos!

—¡Lo conseguí!—sonreía ella, sin dar crédito a lo que vivía—, ¡Audicioné, y participaré la próxima semana en la carrera!

Sus padres se sentían bendecidos. Su hija estaba cumpliendo sus sueños. Con una vida por delante, de éxitos y metas cumplidas, parecía que nadie podía detenerla. La abrazaron, complacidos por una hija perseverante.

—¡Felicidades, hija!—lloraban de emoción sus padres, compartían la alegría genuina de ser parte de un gran sueño.

—Gracias, es gracias a ustedes. Ustedes me concedieron la dicha de apoyarme, siempre. Pronto, estaré en la carrera, lo que siempre he querido. Y cuando logre ganar, que seguro lo haré, podré ser deportista de tiempo completo.

—Estamos orgullosos de ti—decía su padre, sin dejar de abrazar a su amada hija.

—Yo, de ustedes. Cuando consiga la beca, podremos mudaremos, y ustedes nunca volverán a trabajar.

Era mediodía del día viernes. Era el día libre en su trabajo, y ella, estaba entrenando en el valle de Liavter, a 5 kilómetros de su hogar, preparándose para la competición del día siguiente.

Las nubes eran radiantes. El cielo era más azul que ningún otro. El sol brillaba con delicado fulgor. Liraly corría en círculos en el campo, contando el tiempo, pasando entre las flores y el césped vibrante. En un momento, escuchó voces de personas, en la ladera del río cercano al valle. Se acercó con sigilo, intentando no ser vista.

Liraly se sorprendió al ver a tres jóvenes; una niña, una joven y otro joven, de su misma edad. Los tres lucían ropa majestuosa, de coloridas telas. Los tres conversaban. Liraly escuchó con atención.

—Kinna, ellos vendrán, de nuevo a este mundo. Y nosotros no podemos acabar con su gran ejército. HS ha sido pausado. Ward, como ustedes saben, intenta destruir el hechizo. Estos mundos están a merced de Iver, otra vez…

Liraly se estremeció; ellos, quienes no pertenecían a la Tierra, hablaban sobre una inminente destrucción, como la que todos en su pueblo contaban, y que aún, la desesperanza y el dolor, seguían vivos en Lirealess.

—¿Qué haremos, ahora?—preguntó él—, aunque seamos héroes, no podremos detener a los cientos de héroes de Iver.

—Escuché que Iver creó, con ayuda de uno de sus héroes, y un concentrado del Kernel de Iver, un enorme First Choice—contó la niña.

—Y eso ¿qué significa?—preguntó el joven.

—Que estamos en graves problemas; si no sucede algo, la sección de mundos, incluyendo este, que ya pasó por la desgracia, será absorbido por ese “Black Choice”, así le llaman—contó la niña, que llevaba una enorme varita mágica—, y entonces será muy tarde. Todo nuestro esfuerzo por salvarlo antes, habrá sido en vano…

Liraly, en ese instante, sitió algo nuevo. Un temor se apoderó de ella. Ella, que estaba segura de que HS no fue el culpable, sintió reforzado un sentimiento reprimido por el tiempo, por la opinión de los demás. Ella, que, cuando era más joven, estaba segura de sus convicciones, se sintió no auténtica consigo misma. Ella era, del pueblo de Lirealess, la única que podría creer que HS, y sus héroes, los estaban salvando todo el tiempo. Ellos libraban batallas que, ni siquiera, una pobre chica podría entender. Nadie, en la Tierra creería que sucedía noche y día, una guerra invisible, una guerra superior.

—Tengo que hacer algo… no puedo quedarme aquí, yo tengo que… ir…

Liraly vio como ellos desaparecían, y volvían a custodiar su mundo, a la inminente llegada de los destructores, los héroes de Iver.

Liraly corrió por el campo, dejando atrás su entrenamiento, y llegó a casa, buscando a sus padres.

—¡Mamá, papá!—los buscó la chica, pero ellos no estaban en casa. Preocupada, Liraly salió a buscarlos, pero, en un momento de reflexión, ella se percató de era necesario advertirles que debían de ocultarse en las montañas, el único lugar que, según los antiguos conocimientos que ella leyó en el libro, eran el único sitio a salvo.

Liraly salió a toda prisa a la plaza. Ella era la única que creía en que, HS podría salir de aquel estado, aunque ella no estaba en ese lugar. Ella creía que podría hacer algo por su pueblo; salvarlos.

Corrió por las plazas, gritando a todas las personas que veía;

—¡Vayan a las montañas, a las montañas, se los suplico!—pedía ella, casi llorando —, los destructores vienen, de nuevo…

Corría, y gracias a su entrenamiento, Liraly corrió por todas partes, avisando a los habitantes de Lirealess de la amenaza. Ellos, incrédulos, la miraron con rabia.

—Esa chica ¿no es la mesera del restaurante de Reeter?—preguntó una señora que llevaba una canasta de frutas.

—Sí, lo es, es una alborotadora—decía una mujer anciana.

—Ese tema no se toca—decía un padre adolorido por la pérdida de su esposa e hijos en la última destrucción.

Liraly, sin pensar en ella, sólo en los demás, corrió por todas las calles del pueblo, avisando de la destrucción inminente.

—Ellos vienen, vamos a las montañas, estaremos a salvo todos y nuestras familias—avisaba la chica—, podemos salvarnos, vamos… por favor, es nuestra oportunidad…

Las personas abrían las cortinas y la veían pasar, con molestia. Otros creían que estaba delirando. Pasaron 17 años de la destrucción de Lirealess, pero la agonía no se marchaba. Todos aborrecían escuchar sobre los héroes de HS, a quienes nadie conocía. Lloraban al recordar las tragedias que vivieron.

—Hijo, por favor, no escuches a esa desquiciada—pedía una madre a su niño, cuando la vieron pasar por el parque—, que no te asusten sus palabras hirientes.

—Sí, mamá—obedecía el pequeño.

Hubo quien incluso se atrevió a lanzarle un jitomate en el mercado, cuando la vieron advertir de la amenaza. Pero, ella no se detuvo. Ni siquiera cuando le arrojaron agua fría desde un balcón. Ella sólo siguió corriendo…


Capítulo 5: La sentencia de Liraly

La noticia llegó a oídos de la entonces reina Lirea. Su consejero le llevó la noticia hasta el palacio. En el recinto lujoso, la emperatriz escuchaba con asombro las palabras de Marco.

—…la chica, que es mesera en el restaurante de Reeter está perturbando la paz del pueblo. Advierte que debemos refugiarnos en las montañas. Según ella, en las montañas estaremos a salvo de una inminente invasión por los destructores. Ha corrido durante toda la tarde, desde el mediodía, por todas las calles del reino. Los habitantes están furiosos con ella.

—Yo también—sentenció la reina, levantándose de tu trono—, es un tema que no se toca. La guerra no terminará, eso lo sabemos. HS es un tema que nadie debe de tocar. Nadie.

E hizo una pausa.

—¡Traigan a esa delincuente—ordenó la reina—, ahora mismo!

—En seguida, su majestad.

Marco pasó la voluntad de la reina a los súbditos. Pronto, varios caballeros de Lirea buscaron a Liraly en las calles del pueblo. Cuando uno de ellos encontró a Liraly, la derribó de un sólo golpe. Para Liraly, todo pasó tan rápido, que, cuando menos se lo esperaba, estaba atada, a bordo de una carreta, en dirección a la capital del reino, a no más de 2 kilómetros de su hogar.

Sin poder hablar, Liraly intentaba librarse de las pesadas cadenas. Estaba a punto de llegar. No sentía más desesperación que el no poder seguir avisándoles de lo que sucedería.

Liraly lloraba. Sentía tanta impotencia, tanto dolor. Fue capturada, y la llevaban, pronto descubrió, al calabozo del reino. Pasó por las otras celdas, donde los sucios criminales veían con asombro a una joven, la única que vieron entrar a la prisión. Un par de guardias la aventaron al interior de una oscura celda.

—¿Qué hiciste—preguntaban los otros—, para que te trajeran aquí?

Liraly, sin poder verlos o responderles, estaba tirada en el frío suelo, herida por los golpes. Pero, su dolor por no poder seguir advirtiéndoles era más grande que cualquier dolor corporal.

Liraly pasó la noche en el calabozo. Por la mañana, fue llevada a la corte, con la reina, en una improvisada Ceremonia de Sentencia. Liraly estaba atada con dos pesadas piedras, cada una en uno de sus pies. Sus manos estaban atadas. Dos guardias reales la escoltaban.

Sin más jueces que la propia reina, quien decidió tomar el caso en sus manos, ya que ella creía que su delito era el más grande cometido en Lirealess. Y todos en el pueblo, la apoyaban.

Liraly miraba a los testigos, en aquel tribunal. Lirea la miraba con desprecio. Ni siquiera sus padres estaban presentes. Ella se preguntaba en dónde estaban.

—Retírenle la cinta de la boca—pidió la reina, a los guardias.

Ellos obedecieron.

—Ahora, cuéntame, ¿Crees que estamos ante una “inminente invasión”?

—No sólo lo creo, yo sé que pasará. Los héroes de HS siempre nos han protegido, a nuestro insignificante mundo. Ellos lo dijeron, ellos saben que Iver ha creado un Black Choice. Y si no nos ocultamos pronto, será demasiado tarde.

—Tonterías son las que dices—señaló la reina—, no tienes pruebas de lo que dices ¿O las tienes?

—No, su majestad. Yo sólo escuché una conversación de héroes de HS. Yo creo en que HS puede salvarnos, junto a sus héroes legendarios.

En ese instante, el guardia le da un puñetazo en la cara. Los demás aprobaron que él la lastimara.

—Bien hecho—sonrió la reina—. Liraly, mientes y deliras. Tu sentencia es la siguiente: Eres culpable de perturbar la paz del pueblo con tus caóticas alucinaciones. Eres culpable de pronunciar temas intocables. Eres culpable de profanar la armonía de Lirealess. Eres culpable. Tu castigo será excepcional.

Capítulo 6: El día de la carrera de atletismo

Era el día sábado. Aquella mañana, fue dictada la sentencia de Liraly. Encontrada como culpable, la reina Lirea tomó una decisión.

En tanto, en el Festival, el conocido anfitrión presentaba a los corredores ante la multitud que estaba reunida en el gran coliseo de la capital. Todos los habitantes de Lirealess fueron convocados por la reina. Para muchos, era la primera vez que asistían al evento de los atletas en fin de semana.

—Bienvenidos sean todos, habitantes del reino Lirealess. Hoy es un día especial, como ustedes saben. Su dolor será saciado hoy mismo, a petición de la reina. Por ello, han venido hasta aquí para inaugurar el Festival con un suceso de gran relevancia…

Todos aplaudían. Liraly escuchaba al anfitrión. En ese momento, recordó que ella estaba inscrita en la carrera. Ese era el día de sus sueños. Ese era el día de sus pesadillas. Entraba al área de presentación, atada, con cadenas oxidadas en sus pies. No entraba como una atleta, de pies libres y ligeros. Miró, bajo el escenario, al resto de los deportistas, que la miraban con incredulidad y algunos con odio. Ella contenía sus lágrimas, al verlos a todos con la mirada fija en ella.

Después, apareció la reina Lirea. Todos la ovacionaron y se inclinaron ante ella. Lirea miró con desprecio a Liraly, quien estaba en el lado derecho de la reina.

—Queridos habitantes de Lirealess. Hoy, hago acto de presencia a tan importante evento, como es el Festival. Hoy, aquí presente, Liraly Di Evelynn, la criminal de la que todos hablan.

Los registros indican que ella estaba inscrita como una atleta nueva. Ella competiría hoy, con ustedes, deportistas, en la pista. Pero, ella decidió correr antes, como ustedes saben, una carrera prohibida.

El dolor de la tragedia, el perder a nuestros seres queridos es el peor sentimiento que podemos tener. Nadie debe intervenir en nuestras solemnes penas, porque ellas nos pertenecen y nadie debe hollarlas.

Estoy aquí para aliviar su desprecio. Estoy aquí para saciar su sed. Estoy aquí para alimentar el vacío que la tragedia dejó en nosotros. La guerra de allá arriba nunca terminará…

Entonces, la reina se dirigió a Liraly, con los labios sellados.

—Liraly Di Evelynn, ¿te retractas de lo que hiciste? ¿Pedirás perdón ante la reina y ante tus semejantes por la grave falta que has cometido?

Un guardia le quitó la cinta con furia. Liraly la miró, y después a los demás.

—Yo no me retracto, yo digo la verdad. ¡Debemos escondernos, vamos, deprisa, salgan de aquí, vamos, todavía podemos salvarnos!

—¡La han escuchado!—gritó la reina, acercándose al borde del escenario— ésta loca hiere la memoria de nuestros seres queridos. Lo sabía, tendrás tu castigo por ser insolente y rebelde.

La reina hizo un gesto a los dos caballeros que escoltaban el escenario. Ambos llevaban espadas filosas; Liraly no podía asimilar lo que estaba viviendo; moriría por intentar salvar a su pueblo, y nadie creía en ella. Escuchó las risas de algunos deportistas. Fue abucheada en la multitud.

—¡Mátenla!—pedían a gritos, en el Festival.

Lirea sonrió.

—Sabemos que te gusta correr… ¡Caballeros, córtenle las piernas!—ordenó la joven reina.

Liraly sintió que el mundo se le derrumbaba. Todo pasó tan rápido, que, con un par de espadas, sangre brotó. Un corte limpio, en cada una de ellas. El dolor cayó en ella, como de la noche cae al día.

Sus padres, que estaban atados en la multitud, veían como Liraly agonizaba, tirada en el suelo. Ellos derramaron abundante dolor, por su única hija, que sólo intentaba ayudar a los demás. Su padre sabía que, algún día algo sucedería con ella, pero nunca imaginó que fuera a morir de esa manera.

Todos estaban felices, reían y celebraban.

—¡Declaro, inaugurado, el Festival!—anunció la reina, izando una copa, cuya sangre fue tomada de la joven aún con vida.

—¡Por favor!—pedía ella—, vayan, pronto… antes que sea tarde…

Todos reían de las palabras de Liraly. Ella lloraba de dolor, aunque su pena era que, pronto, los destructores vendrían.

—¡Váyanse!—seguía pidiendo, arrastrándose por el suelo. Sus padres, no podían ver a su hija de esa manera, intentaban liberarse, pero ellos estaban presos, pronto los llevaron a un calabozo.

En un instante, el cielo se tiñó de azul oscuro. Nubes negras cubrieron el cielo; la oscuridad llegaba de nuevo a Lirealess como hacía 17 años.


Capítulo 7: Nace una heroína de HS

Era mañana, y el ambiente se volvió noche. Del cielo surgieron rayos espectrales; los destructores llegaron a Lirealess, a volver a tomar el reino como suyo. Los héroes que custodiaban ese planeta no pudieron detener el avance de las tropas, y fueron “pausados”. Liraly observó que una flecha fue clavada en la reina Lirea, quien cayó muerta en un segundo. Otros habitantes de Lirealess también fueron derribados por las potentes flechas de un poderoso héroe de Iver; Naikvet, un arquero conocido por sus flechas de fuego.

La multitud corrió, abandonando el coliseo. Los deportistas intentaron alejarse, pero algunos fueron rebanados por la espada de Ini-Lietg, la pequeña con inocente apariencia.

En empujones, gritos y dolor, Liraly veía con infinita pena, la desgracia que ocurría frente a sus ojos. Era el dolor que trataba de aniquilar. Pero, a ella no le importó hablar, incluso si era necesario dar la vida. Deseó que, pudiera vivir para luchar, pero estaba muriendo desangrada. Se sentía débil, y perdía la consciencia. Sólo un sueño:

—Deseo…salvarlos….devolverles la esperanza…

Su voluntad resonó en la energía del kernel. HS, aún en un estado “pausado” por corto tiempo. Logró, aún en un estado inactivo, convertirla en una heroína para conceder su deseo.

Pronto, Liraly despertó. Se incorporó. Sus pies fueron reemplazados por nuevos pies. Se miró, a ella misma, con una nueva apariencia. Fue convertida en una heroína de pies a cabeza.

Pronto, el conocimiento llegó a ella. El poder del Kernel irradiaba poder en ella, y podía usarlo sin límites del fragmento dedicado a los héroes de HS. La libertad llegó a sus manos, las cuales se movían, como sus pies, con liviana magia.

Tomó el lazo que llevaba en sus manos. Se extendieron más allá, cubriendo el coliseo. Azotó con ellos, a los héroes de Iver, quienes, al contacto con la magia de Liraly, eran dañados. La voluntad de Liraly por salvarlos se convirtió en su mayor poder.

Los asustados habitantes de Lirealess observaron a Liraly flotar en el coliseo, protegiendo a aquellos que la juzgaron. No podían creer que Liraly fue convertida en una heroína, la que los protegía para que ellos se ocultaran en las montañas: con uno de sus lazos, Liraly generó un camino hacia las montañas, mientras que, con el resto, atacaba a los héroes de Iver.

Para su sorpresa, los héroes de Iver notaban que no podían atacarla. Ella generaba y usaba el poder del Kernel para poner a salvo a su pueblo. Sin embargo, su poder no era convencional, aún a pesar de ser heroína, estaba por encima del promedio de los héroes de HS.

Liraly era libre, y aunque no sentía como antes, podía hacer lo inimaginable, tal y como sabía que los héroes de HS podían hacer; generar cualquier cosa que desearan.

Cuando los sobrevivientes lograron entrar a las montañas, Liraly se enfrentó a los héroes de Iver, sin ayuda alguna. Aniquiló al poderoso arquero, Naikvet. Ante tal hecho, el resto de los héroes de Iver y sus tropas, se retiraron de Lirealess y abandonaron el planeta, para informarle a Iver una nueva noticia.

En tanto, Liraly, sonrió, al verlos marcharse. Ellos no volverían a importunar la vida de su pueblo. Miró hacia las montañas, y al resto del pueblo desolado. Sentía una enorme pena, y al mismo tiempo, una gran alegría.

Liraly transportó a sus padres a donde ella estaba; los poderes que recibió le permitían hacer lo inimaginable para una humana como ella.

—Madre, padre—sonrió ella—, un deseo ha sido cumplido, y serviré a quien admiro, a quien confío; HS. Cuando miren al cielo, más allá del cielo, más allá de todos los mundos, ahí estaré. Por siempre, protegeré este mundo. Él me concedió ser una de sus guerreras.

Ella los abrazó. Ellos lloraron de emoción.

—Lo sabemos, hija. Estamos orgullosos de ti. Siempre.

—Los amo…

—Nosotros también, te amamos, hija—decían ellos, sin contener las lágrimas—, siempre.

Entonces, Liraly se despidió de ellos. Caminó por unos instantes, y después, movió su mano y abrió un portal. En él, Liraly desapareció.

Y, a la partida de Di Evelynn, Lirealess comenzó a tener esperanza, de nuevo.

©Karen Straight

7 февраля 2018 г. 19:44:57 0 Отчет Добавить 0
Конец

Об авторе

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

Прокомментируйте

Отправить!
Нет комментариев. Будьте первым!
~