Rosa de neón Подписаться

elizabethguillen Elizabeth Guillen

En el vocabulario de Xian Price no existen las palabras mentira y engaño, pero cuando asiste a la gran fiesta de neón con sus amigos con la esperanza de divertirse y bailar como lo solía hacer todos los años conoce a Alina, una muchacha sencilla, alegre y amante de la literatura. Ambos entablan una hermosa amistad y comienzan a sentirse atraído mutuamente. El problema es que Xian está comprometido con Alexa, su novia de varios años. Completamente confundido y jurando amar a dos mujeres intenta resolver el lío de amor en el que se metió involuntariamente. “Una mentira es como una bola de nieve; cuanto más tiempo se hace rodar, más grande se hace.” — Martín Lutero


Любовные романы 13+.

#amantes #amor #amistad #Infidelidad #romance
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“La fiesta de Neón”

—Xian. —escuché una voz susurrar mi nombre. Estaba entre mi quinto sueño y la lucha de abrir mis ojos—. Xian. —volvió a repetir y a duras penas me moví y me acomodé mucho mejor en mi cama. Era hora de levantarme y prepararme para ir al trabajo, sin embargo, mi cama me abrazaba y me pedía a gritos que no la abandonara y yo le suplicaba que no dejara que me llevaran a la realidad—. Xian. —otra vez esa voz balbuciente, busqué con mis manos la de esa persona y al encontrarme con sus largos y delicados dedos la tomé y la llevé a mi pecho para que me encerrara en sus brazos y siguiera durmiendo conmigo. Al acomodarme con ella oí una ligera risa y mis labios no tardaron en formar una expresión agradable. Mi mano reposó en la de ella buscando el anillo que le hacía saber a todo el mundo que me pertenecería dentro de unos meses. Al no hallarlo arrugué mis cejas y acaricié con más profundidad su piel, llevé más allá mi tacto hasta sentir unos bellos ásperos. Abrí mis ojos y rápidamente me giré enredándome en mis sábanas.

—¿Qué demonios, hermano? —exclamé medio sonriendo y medio sorprendido al ver a mi mejor amigo en mi cama en lugar de mi novia.

—No te preocupes. Ni hubo trío ni mucho menos lo hicimos juntos. —dijo con los brazos en su cuello y una mirada que señalaba que se estaba imaginándonos a los dos haciéndolo.

—¡Saca tu culo de mi cama! —lo empujé y él cayó al suelo riéndose como un desgraciado. Rasqué mi cabeza tratando de no ver el reloj y obligándome a levantarme para ir a trabajar. Era viernes y no faltaba mucho para poder descansar dos días de seguido, dormir como un maldito murciélago y rascarme el trasero como me gustaba.

—Xian, arriba, Alexa está preparándote el desayuno.

—Un ratito más. —supliqué ciñendo con tantas ganas a mi almohada blanca. Ser adulto era una trampa mortal de la vida. La alarma de mi reloj empezó a chillar y yo suspiré frustrado mientras le daba unos golpes para que se callara. Mi mejor amigo me quitó a las fuerzas mi almohada y yo volví a arroparme de pie a cabeza.

—¡Buen día! —escuché a mi prometida, con tan solo percibir su dulce voz me daba ganas de hacer de todo, siempre y cuando estando con ella. Sonriente me quité la sábana de mi cabeza y la vi parada a los pies de nuestra cama vistiendo con su pijama verde que la hacía ver mucho más joven de lo que era. Su belleza era imposible de explicar y no solamente lo decía yo, el mundo entero me lo repetía y también me preguntaban cómo era posible que ella se fijara en mí.

—Buen día, princesa. —me levanté rápidamente y corrí para darle el primer beso de muchos.

—¿No te da asco besarlo con el mal aliento? —preguntó David con aversión a nuestro acto de amor.

—Cuando estás enamorado no te importa besar a esa persona aun teniendo olor a pescado. —le explicó ella mientras arreglaba nuestra cama. Su sedoso cabello marrón acariciaba su delicada piel blanca con cada movimiento que ella hacía, y me tentaba hacerlo yo con mis propias manos, sin embargo, mi mejor amigo estaba con nosotros y, además, no tenía tiempo de hacerle el amor a mi prometida. Caminé hasta la cocina y me serví café en mi taza sin esperar a que David o Alexa se sentaran a desayunar conmigo, aunque era de mala educación tenía que hacerlo o llegaría tarde. Caminando cerca del refrigerador me encontré con una nota escrita por mi mejor amigo. Lo sabía por su horrenda letra de niño de cinco años que tuvo desde siempre.

“¡¡FIESTA DE NEÓN!!”

—¡Hoy es la maldita fiesta de Neón! —gritó saltando y dando golpes al aire—. ¿Irán? Porque si no van los mataré. —nos amenazó con una mirada severa, Alexa y yo nos reímos a la desesperación de David por ir al espectáculo del año. La fiesta de neón era la más esperada de todos los años y solo se hacía en California, era la más grande de Estados Unidos y la más divertida. David nos hizo recordar todos los días sobre la fiesta, día o noche allí estaba él con una llamada, mensaje o nota pegada en alguna parte de nuestra casa, hasta nos hizo comprar ropas fluorescentes. Aunque era mi mejor amigo, a veces deseaba encerrarlo en mi baño y tenerlo allí por varios días o hasta que calmara su cabeza.

—Iremos. — Le confirmé mordiendo mi tostada—. Iremos, pero déjame llegar a casa y ducharme. —me senté al lado de mi novia dándole de comer como si fuera una bebé. Mi bebé.

—¿No le puedes decir a tu jefa que te largue una hora antes?

—No. —le respondí mientras seguía mimando a Alexa—. ¿Y qué hay de ti? —me dirigí a ella y luego besé sus hermosos labios finos.

—Te esperaré como todos los años.

—Si quieren pueden ir, yo iré, pero más tarde.

—Viejo... eso no, vamos a esperarte, pero si llegas un minuto más tarde a casa te juro por Japón que te mato. —David era mitad japonés y mitad estadounidense y siempre juraba por Japón cuando se trataba de algo serio.

—Bien, me voy a preparar. —llevé mi taza al fregadero y la lavé rápidamente quitándole ese trabajo a mi novia—. Te dejaré dinero en la mesa de noche para que compres tu almuerzo. —le dije secándome las manos con la parte de abajo de mi pijama, caminé hasta ella y rocé su espalda con la yema de mis dedos, le deposité un cálido beso para que me recordara todo el transcurso del día y le susurré en su oído mi amor hacia ella—. Te amo. —ella sonrió colocando sus brazos en mi cuello.

—Te amo. —a duras penas me alejé de ella y corrí a prepararme. Los sábado y domingo disfrutaba estando con ella y con mis amigos, a veces iba a casa de mis padres, pero por lo general me pasaba en casa entregando mi amor a Alexa y disfrutándola cada segundo. Ella y yo nos conocimos en una fiesta de neón un mes después de que me mudé a California, la primera vez que la vi quedé encantado con su carisma y su humildad, al año siguiente le pedí que fuera mi novia y unos años después nos comprometimos. Desde que la conocí no dejé de quererla, halagarla o admirarla y tenía tanta suerte de tenerla como mi novia. La amaba con mi alma.

***

Cuando volví del trabajo, lo primero que hice como siempre fue derrumbarme en el sillón queriendo ir derecho a mi cama, pero no podía, no esa noche porque era la gran fiesta. Como sabía, David ya estaba instalado en mi cama mirando el reloj a cada minuto para que pudiéramos salir de una buena vez, busqué mi toalla y me metí a bañar por tan solo unos muy cortos cinco minutos, mi ducha duraría más como solía ser siempre, pero con mi mejor amigo golpeando la puerta a cada segundo, era estresante. En el momento en el que ya estaba limpio me vestí con la ropa que llevaría al club, marché hasta la sala y mi mejor amigo me vio por fin listo y quiso matarme al ver que lo único neón que llevaba puesto era el dibujo de unos auriculares en mi playera y brazaletes. Él y mi novia estaban estupendos como todos los años, sin embargo, para esa fiesta me agarró mucha flojera y traté de culpar a mi trabajo.

—Identificación, por favor.

—¡Oh, sí! —exclamó David mientras saltaba de aquí para allá como si fuera un chimpancé—. ¡Fiesta de neón! —gritó alargando cada palabra y haciendo que la multitud de personas que estaban detrás de nosotros le siguieran la locura.

—Identificación, por favor. —insistió el personal de seguridad sin una pizca de paciencia. Saqué la identificación de mi mejor amigo de su bolsillo y se lo entregué al guardia.

—Aquí tiene. Perdónelo es su fiesta preferida. —el hombre recio lo observó de mala ganas por un momento y le devolvió la tarjeta.

—Adelante. —David entró a la fiesta como si se hubiese acabar en cualquier segundo, lo tenía que cuidar o se iba a matar con su demencia.

—Identificación. —repitió, esta vez a mi pareja y a mí. Ambos le concedimos e ingresamos como personas civilizadas a comparación de nuestro amigo. La multitud de personas que estaban dentro era increíble, mucho más que el año anterior y era fantástico porque eso solo significaba solo una cosa: diversión extrema.

—Hay que buscar a David. —me dijo Alexa subiendo su tono de voz a lo alto de la música. Coloqué mi boca a la altura de su oído y le contesté:

—Debe estar con los demás. Dijeron que iban a estar en la barra de bebidas. —sujeté la mano de mi prometida tratando de salvarla de las personas que empujaban y pisaban sin piedad. A lo lejos pude ver un lugar casi vacío donde podía dejarla a salvo hasta hallar a nuestro grupo de amigos. La coloqué delante de mí formándome como un escudo humano y caminamos hasta llegar a nuestro destino—. ¡Voy a buscar a David! —vociferé—. ¡Y vengo por ti! —eso recién era el comienzo sabía que al día siguiente tendría la garganta doliendo y carraspeando a cada tanto. Mi novia asintió un par de veces mientras bailaba en su lugar seguro. La besé y me fui en búsqueda de mi mejor amigo. Atravesando todo el sitio llegué hasta otra esquina donde me subí encima de una mesa para tener una mejor vista. Luces de todos los colores encendiéndose y apagándose me hacía imposible de distinguir a un asiático en medio de una multitud de americanos.

—¡Maldita sea, David! —protesté pensando en que hacer. Si él hubiera esperado íbamos a estar los tres juntos disfrutando de la buena música, esperando a nuestros amigos y bebiendo como debe ser. Cuando iba a bajarme de la mesa, ésta se movió repentinamente, una muchacha estaba en el suelo tratando de ponerse de pie batallando para que no la pisoteen. Salté de la mesa y empujé a cada sujeto de nuestro alrededor para que se alejaran de nosotros dos—. ¡Cuidado! —grité dando uno que otros golpes, me puse de cuclillas y la ayudé a ponerse de pie. Conectando nuestras miradas supe que ella estaba realmente asustada y buscaba desesperadamente una salida rápida a ese lugar. Ella se soltó de mi agarre y corrió en dirección de la zona más peligrosa del gran club. La seguí repitiendo la misma acción que antes para sacarla de allí. «¿Qué la asustó tanto?» Me pregunté acercándome aún más a la muchacha. Al tocar su hombro ella se volteó y gritó asustada—. ¡Calma! ¡Ven conmigo te sacaré de aquí! —entrelacé nuestros dedos y ella sin ninguna otra opción estrujó con fuerza mi mano siguiéndome el paso. Globos de neón pasaban de mano en mano, personas saltaban arriba de nosotros, gotas de bebidas alcohólicas nos mojaban. Cuando vi la salida suspiré de alivio y avancé más rápido para ayudar a la chica aterrada.

Ya afuera ambos sentimos el aire fresco de la noche de mayo, ella apoyó sus brazos en sus rodillas ya un poco mejor de lo que estaba hace minutos atrás. Subió su mirada y me miró a través de sus falsas y largas pestañas azul flúor.

—Gracias. —murmuró cansada. Se sentó en el borde de la calle y abrazó su pequeño cuerpo.

—¿Qué te sucedió? —le pregunté con mucha curiosidad a lo que aconteció allá adentro.

—Solo me mareé porque quedé acorralada en un pequeño espacio y las personas avanza...

—Eres claustrofóbica. —la interrumpí arqueando una ceja escuchando su larga explicación.

—Sí. —afirmó con mucha vergüenza. Parecía una inocente adolescente cuando seguramente pasaba de los veintitrés años.

—¿Vienes con alguien?

—Mis amigos están adentro. Los perdí.

—Sí, yo también perdí a mis amigos. —le conté disfrutando de la brisa fresca que recorría por mi cuerpo.

—¿Cómo te llamas?

—Alina.

—Alina... —repetí su nombre dibujando una sonrisa—. Qué lindo nombre. Me llamo Xian. —extendí mi mano para cerrar nuestra presentación, sin embargo, ella seguía aferrándose a sí misma llevando sus manos de arriba abajo en su oscura piel—. ¿Estás bien, Alina? —ella sacudió su cabeza y segundos después vomitó en mis zapatos—. Bien, ya contestaste. —me saqué mis zapatos y rogué no tocar ese espeso liquido ni vomitar también. No pude culparla y reprochar lo que hizo, ella necesitaba ayuda.

—¡Qué vergüenza!

—No, no te preocupes. —agité mis manos y me senté al lado de ella—. Está todo bien. —cubrió su rostro en sus pequeñas manos, su vergüenza se podía ver de aquí hasta el país de mi mejor amigo. —¿Consumiste algo?

—Bebí un poco de cerveza. —me respondió poniéndose de pie—. Te pagaré los zapatos, te lo juro.

—¿Pagar? —pregunté poniéndome de pie—. Estás loca. —contesté mientras me reía de su ingenuidad. Tomé mis zapatos con cuidado y lo llevé hasta la esquina del callejón oscuro que estaba a un paso de nosotros—. Ahora cuando vaya a casa solo lo recogeré y lo lavaré. —le di una amistosa sonrisa. Ella se sentó otra vez y cuando iba a hacer lo mismo que ella alguien me llamó.

—¡Amor! —ambos volteamos y vimos a Alexa tratando de pasar con la multitud de gente y con ella David y Claire, la prima de mi novia.

—¿Qué demonios haces aquí, Xian?

—Estaba buscando tu maldito trasero asiático —molesto golpeé con mi dedo índice su pecho—, y luego me cruce a esta chica y necesita ayuda. —Claire miró mis pies y buscó por todas partes para ver donde estaban, cuando no los encontró inquirió.

—¿Y tus zapatos, Xian?

—Los vomitó. —hice una línea recta mis labios meciéndome en mis talones—. Ella es Alina y está asustada. —Alexa caminó hasta ella, apoyó su mano en la de ella y le preguntó si estaba bien, eso hacia ella cuando veía mal a otra persona, aunque eran desconocido ella siempre ofrecía una mano. Alina rechazó su ayuda, pero aun así agradeciéndole su interés.

Pasamos tan solo tres minutos afuera y David no soportó más y se llevó a las chicas adentro del club dejándome solo acompañando a la muchacha perdida. Cuando ella se sintió mucho mejor volvió a ponerse de pie y pedirme perdón una vez más por lo de mis zapatos. Al tiempo que ella iba a entrar una chica salió corriendo del lugar empujándola contra mí, mis brazos de inmediato la envolvieron inconscientemente. Sentí su corazón latir contra el mío y su cuerpo tensarse a mi agarre. Nuestras miradas hicieron un lazo que nunca hice con nadie más ni siquiera con Alexa. Sus ojos negros estaban quizás buscando mi alma o eso sentí en alguna parte de mi pecho que era invadido por varias emociones juntas.

—¿Te encuentras bien, Alina? —logré titubear.

—Un gusto, Xian. —sonrió y se soltó de mi agarre para marcharse del lugar dejándome solo y con mis locos pensamientos sobré que era esa corriente eléctrica que había recorrido mi cuerpo entero. 

5 февраля 2018 г. 1:17:59 0 Отчет Добавить 0
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