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u5260386673 Carlos Liévano

Una cabaña, una familia y una historia que las une. Un joven adolescente que pone al máximo sus capacidades para enfrentar el miedo de no evitar que lo que existe dentro del muerto y gris bosque lastime a su familia. Verá y escuchará el terror muy de cerca.


Ужасы Всех возростов. © Carlos Liévano
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La ventana rota

Érase una soñolienta y desbrida tarde, viajábamos en la carretera, dentro de la camioneta negra de mi papá, toda la familia estaba dentro de ella; mamá, mi padre, mi hermana mayor, mi hermano menor y yo.
Veía el horizonte, el Sol cobarde se escondía detrás de las montañas para no enfrentar a la noche, ni a su dueña la luna. Cerca se movían las hojas de pasto, bailando al son del aire. Mientras veía hacia afuera ignoraba a todos a mí alrededor, nunca deseé este tonto viaje a una cabaña en el bosque. Estúpida idea de papá, apoyada por mi madre la cual le pareció genial a mi hermana y la única persona que podía apoyarme también accedió a ir; como no podía quedarme solo, miradme en el asiento trasero detrás de mi padre.
Mamá y papá conversaban entre ellos, mientras mi hermana escuchaba música con sus audífonos, en cierta forma hacía lo mismo que yo; mi hermanito tenía una cara de felicidad mezclada con ansias por llegar al lugar en cuanto antes. Interrumpía sin cesar a mis padres haciendo la misma monótona pregunta
— ¿Ya llegamos?
—No— respondía papá.
Era un “no” cerrado y muy concreto que sin duda a mí me hubiera dejado sin gana alguna de volver a preguntar, pero, por desgracia, mi recalcitrante hermano preguntaba de nuevo.
La rueda del vehículo destrozó varias hojas secas cuando el rumbo cambió del asfalto a la terracería, la llanta comenzó a ensuciarse con el lodo unido a trozos de las hojas ya destruidas. Comenzamos a tambalear en el interior del carro debido a los impactos que sufrían las ruedas, los choques de piedra con plástico. Empezamos a protestar por los movimientos fugaces que sufríamos dentro.
— ¡Oye! — se escuchó el sonido de la voz quejándose de mi hermano.
— ¡Papá!, ¡¿Dónde nos estás metiendo!? — preguntó alarmada mi hermana mayor.
Solo reía un poco mientras seguía escuchando los quejidos de mis hermanos.
—Ya — respondió papá — Sé perfectamente a donde vamos, espérense, les gustará cuando lleguemos.
—Sí, niños — contribuyó mi madre — Su padre tiene razón, mientras si sepa a donde nos lleva.
—Por eso les dije que no viniéramos.
Mamá me miró feo, pero no me contestó nada. Mi hermanito se rió en el fondo mientras mi hermana me regañó.
—Ya cállate, agradece que te trajimos.
Con la pequeña discusión que tuvimos del tiempo nos olvidamos, cuando por fin nos callamos ya habíamos llegado.
Era una cabaña de aspecto lúgubre y algo descuidada, no me gustó en cuanto la vi. Se notaba bastante desolada, guardando fantasías deprimidas en medio de las maderas que componían las paredes. Ocultaba misterios en los picaportes, al mismo tiempo acallaba gritos en sus rincones sombríos; parlando silencio en cada puerta. Sus ventanas eran opacas por el polvo que tenían, nublándole la vista a cualquiera que intentara divisar su triste interior. Además de la fúnebre apariencia de esta lúgubre choza a su alrededor estaban arboles grises, nada similares a los verdes que se hallaban en la parte de asfalto, era como si la vida se hubiera muerto justo en el momento en el que entramos al camino de terracería. Un portal a lo desconocido. Era verdaderamente escalofriante este lugar; ya había leído muchas historias de miedo, pero ninguna podría asemejarse a la descripción de este lugar, ninguna conservaba o podría conservar alguna vez la atmosfera que emanaba de la casa y que a su vez absorbía todo el ambiente aquí presente. Corriente eléctrica recorrió mi cuerpo con el simple hecho de estar parado frente a la casa observando el acechante panorama.
— Hijo, ven. Ayúdame a bajar las maletas.
—Voy.
Le contesté a mi madre mientras no dejaba de mirar la casa. Di unos pasos lentos hasta llegar con mi madre. Cogí un par de valijas y entré a la cabaña. Cuando entré, de pronto, los quejidos rechinantes de las maderas del piso se escucharon, aunque les presté muy poca atención, por lo que seguí caminando hasta llegar a la que era como una acogedora sala de estar, había un juego de muebles, un viejo tapete en medio de éstos que a simple vista se le notaba cual viejo, sucio y olvidado estaba. Dejé las maletas recargadas al sillón de la sala, porque no tenía idea de cuales serían nuestras habitaciones. Regresé al auto con mi madre para ayudarle a bajar más cosas del interior de la cajuela. Cuando terminamos al fin de bajar todo, mi mamá colocó un bastón de seguridad al volante y le puso seguro a las puertas.
—Entra a ver cómo está la casita.
“Fea —pensé en contestarle— sucia y abandonada” decir eso era empezar discusión que terminaría en regaño, así que tan solo fue un vago pensamiento. Entré de nuevo a la cabaña. Mi hermano ya había recorrido toda la casa hiperactivamente, en cada rincón, abierto cada puerta y registrado cada cuarto. Mi hermana solo se sentó en un viejo sofá intentando hablar por su celular, el cual no servía debido a que no llegaba la señal a ese sombrío lugar, por dicha razón poseía un gesto de desagrado en la cara. Mi padre había revisado la casa; acercándose a nosotros exclamó.
— ¡Está perfecto!, ¿Qué opinan?
—Muy tranquilo, amor; pero está bonito.
—Pésimo. No hay señal.
Exclamaron sus opiniones mi madre y mi hermana.
—No está tan mal, Meg.
Ella tan solo murmulló algo que no logré escuchar, luego se calló y se quedó sentada en ese sofá. Después mi padre nos señaló a todos donde estaban nuestras habitaciones; la de mis padres era la del fondo, la más grande. Junto a esa estaba la de mi hermanito, pues tenía que estar cerca de ellos. Mi hermana y yo teníamos las dos recámaras de arriba, así que nos las distribuimos; tomé la que se encontraba al fondo de un corredor de arriba, mi hermana la que estaba junto a las escaleras. Nos separaba un armario vacío, algo chico, quien podría decir para qué le hubiera podido servir a los antiguos propietarios de la cabaña, según mi padre, parientes de él.
Me ponía en que pensar de porqué esta cabaña estaba abandonada, papá no habló mucho de sus parientes por lo que me dejó con muchas dudas en la cabeza.
Nos sentamos en el sofá, papá encendió la chimenea y unas velas alrededor, mamá ya había preparado algo para cenar, así que pasamos la transición de la tarde en noche. Cuando terminamos de convivir un poco, también de cenar; nos dispusimos cada quien a ir a su dormitorio. Antes de que la noche cayera nuestra madre nos dijo que fuéramos al sanitario que era una letrina alejada de la casa por unos cuantos metros. Fuimos al baño antes de dormir, después de ello cerramos bastante bien la puerta que daba hacia el espantoso bosque. Ya en mi cuarto me acomodé para descansar, una cama estaba ubicada en medio de éste, era algo cómoda; también una mesa pegada a la pared donde dejé varios libros que leí durante un rato, pero tenía mucho sueño, lo que me hizo parar mi lectura para irme a acostar en la cama; cargué mi teléfono en mi casa para que aquí me durara la batería ya que en la cabaña no había luz eléctrica. Acostado en mi cama me tapé con una sábana. Jugué con mi dispositivo móvil durante un rato hasta que mis párpados no pudieron aguantar más la carga de mis sueños, por lo que se rindieron y mis ojos se cerraron. Cayendo en mi abismo mental de fantasías lúcidas, que duró pocas horas, hasta que algo me despertó.
Abrí mis ojos, busqué torpemente entre mis almohadas hasta que encontré mi celular y me percaté de que eran la una y media de la mañana; algo inusual para mí porque siempre cuando me dormía no me levantaba. Esa noche fue la excepcional. Después de haber visto la hora, volví a dormir porque no vi nada fuera de lo normal. Pasó un rato hasta que de nuevo los ruidos me despertaron. Esta vez me levanté de la cama, busqué en mi cuarto pero no vi nada. Me asomé por la ventana. La noche estaba muy rara; mucha iluminación para ser de noche, se podía distinguir con facilidad todo, nada obscuro, la luna alumbraba todo el lugar. La luz de ésta era tan brillante que no solo se distinguían los objetos alrededor sino que derramaban sombras que por los arboles se notaban bastante escalofriantes. Los ruidos se volvieron a escuchar en el bosque.
Asomándome a la ventana de mi cuarto, la luz de la luna aun mantenía su poder. Observé a lo lejos, no encontré nada, pero los ruidos seguían, eran como si partieran arboles, crujidos fuertes y secos. Procedía desde la parte más recóndita del bosque, se escuchó varias veces, pero, yo seguía sin poder saber de dónde exactamente provenían o el porqué de tales sonámbulos rudos.
Entre las sombras de los matorrales se distinguió una silueta. Se marcaba el contorno perfectamente, cuando se retiró de las sombras de los arboles parecía la silueta de un tipo, lo cual me extrañó mucho. Estaba parada en la división del terreno de la cabaña y el inicio de la maleza del bosque. Cuando éste se quedó allí parado, los ruidos se callaron. Solo se quedaba ahí, sin moverse, en ese lugar, viendo el auto fijamente. Era como si él o eso analizara el vehículo de una manera sombría y muda; eso hacía que los escalofríos de apoderaran de mí, durante unos minutos él tenía la mirada en el auto mientras yo la clavé en él, estábamos hipnotizados viendo lo que cada uno veía; hasta que tan solo de repente alzó la cabeza para ver a mi ventana.
Fue como si hubiera sentido mi mirada, o como si le molestara que alguien lo estuviese viendo. Cuando eso volteó, me arrojé a un lado de la ventana para que no me viera. “No me vio—murmullé— ¿qué es eso?”
Tomé un pequeño espejo que tenía en la mesa, intentando que no me fuera a ver. Cuando logré tomarlo, me acerqué a la ventana, asomé el espejo; con ello logré ver claramente que sostenía una mirada fija a la ventana, pero seguía sin moverse. En eso que tenía el espejo en mis manos, noté como uno de sus brazos caía al suelo, cuando tocó el piso se extendió a lo largo hasta asemejarse a una sombra de un árbol, parecía un árbol de verdad aquella sombra suelta en el suelo. Seguía viendo sin poder creerlo, era tan alucinante. En ello con su brazo que parecía sombra de árbol, surgieron pequeñas criaturas volando, como aves negras; sombras que salieron volando. Ante tal acción mis manos temblaron, e hicieron que tirara el espejo. Lo recogí rápido para volver a ver, pero, cuando coloqué el espejo inclinado hacia la ventana, aquella cosa no estaba. De seguro aquel sonido le alertó y le hizo emprender la huida, o peor, haberse metido a la casa.
Como no lo encontraba con el espejo, me asomé para buscar lo que sea que haya sido eso. Pasé varios minutos buscando y buscando sin encontrar nada. “Debió haber sido mi estúpida imaginación— me dije— ¿Cómo puede ser posible semejante ilusión?
Estar despierto y “fantasear” me dio sed, por lo tanto decidí bajar por un poco de agua. Abrí la puerta de mi cuarto, que por suerte no rechinó, caminé un poco por el corredor hasta que, no tengo idea porqué, se me hizo por ver el cuarto de mi hermana. Abrí su puerta lentamente, intentando no hacer ningún ruido; con un poco abierto me asomé a la puerta, logré ver el cuarto, pero en la cama de Meg, había algo sentado, parecido a un mono que estaba sentado en la cabecera de la cama de ella. Tocaba su frente mientras miraba hacia afuera o veía fijamente al rostro de mi hermana. Sabía que eso le podía causar daño, pensaba sobre qué hacer para que eso se fuera…
Cuando me incliné más para verlo mejor… la puerta se abrió y yo caí en el suelo. Ésta, aparte de rechinar, azotó la pared. El eco se esparció por todos lados.
Aquella cosa volteó a ver muy rápido. Subí la vista, solo para verla al rostro, el cual no tenía, pero abrió un orificio que parecía una boca, pero al igual que él, era obscura e impedía ver algo adentro. Ese ser emitió un ruido tan escalofriante que aún ahora resuena en mi cabeza; aquel sonido fue tan horripilante que se grabó en mis oídos mientras que al mismo tiempo la silueta se tatuó en mis ojos. Era como si grandes garras rayaran un cristal de manera ruidosa y lenta. Gritó durante diez segundos, que a mí parecieron siglos. Durante ello, bajó su brazo al suelo hasta que tocó mi muñeca, no me dolió o sentí algo, solamente dejó una marca. Se hizo hacia atrás de un salto, me vio a los ojos, se quedó en silencio y después se abalanzó a la ventana, traspasándola sin romperla. Me levanté mientras vi como corría al bosque tal como un primate lo haría. Respiré. Me acerqué a mi hermana para saber si estaba bien, afortunadamente sí lo estaba. Nadie se levantó por los ruidos, como si solo yo los hubiera escuchado. Regresé a mi cuarto, no pude dormir en toda la noche, así que esperé que llegara la madrugada.

Quería contárselo a todos, decirles que nos largáramos de ahí en cuanto antes; pero intenté con mi hermana, cosa que fue inútil, no quiso creerme.


- ¡estás bien loco! Jaja, deja de leer tantas historias, te secan el cerebro. Que no te guste este lugar no quiere decir que a nosotros tampoco. Deja de molestar con tu imaginación hiperactiva.


- ¡¿Loco?! Pero es verdad...

Salió del cuarto algo molesta. Me rascaba la cabeza pensando en si era verdad lo que vi o lo que escuché en la noche... estaba muy seguro que fue real, porque aquel sonido que emitió aquel ser, no pudo ser creado por mi imaginación. Fue el quejido de un demonio. Aterrador. Escalofriante. Fue un sonido que provenía de la mismísima Gehena. No borraba el dibujo de aquella escena, cada que cerraba los ojos lo veía. Se acercaba a mí cada vez que lo veía al parpadear, pero finalmente no veía nada.

Estuve toda la mañana con ese obscuro pensamiento. Hasta que llegó la hora de desayunar. Salimos de la cabaña a una mesa que estaba detrás de ésta. El día estaba algo nublado, no había sol. La mesa mantenía el mismo aspecto lúgubre del todo el lugar. Desayunamos. No toqué el tema de la noche anterior o pensé en hacer mención de ello. Al parecer todo estaba tranquilo, no existía movimiento alrededor; mas que el de la naturaleza. La mañana era muy tranquila, demasiado, aún así me permitió relajarme para poder ver el lugar y recorrerlo a gusto. Caminé por el bosque, la verdad me comenzaba a gustar; era misterioso pero tranquilo, volteé a ver hacia atrás para prevenir cualquier cosa pero no encontré nada. La paz invadía el ambiente. Suspiré. "Vaya, al parecer este lugar no es tan malo. Lo de anoche debió ser mi imaginación hiperactiva; creada por mi disgusto a la cabaña, pero sí que me hizo sentir asustado... creo que comenzaré a disfrutar aquí".

Después de decir eso decidí volver a la casa, tal vez disculparme con mi hermana y empezar a gozar el viaje.

Mientras volvía caminando en el interior del bosque volteé a ver hacia mi derecha, encontrando un lago que me causó asombro. Fui a explorar. Llegué a la ribera, había lodo que se pegó a la suela de mis zapatos. Observé que era bastante callado y el agua poseía una inmovilidad enigmática. Toqué el agua en lo que vi como las ondas se dispersaban por toda la superficie. Después me percaté que en mi muñeca se encontraba una marca inusual, como la de la noche...

Restregué mi mano en el agua pero por demás que intenté no logré nada. Lo ignoré y me fui pensando sobre en qué tal vez haya sido verdadero lo de anoche y no solo un evento de mi imaginación. Regresé a la cabaña. Allí solo estaba mi madre, pues mi padre, mi hermanito y mi hermana habían salido a explorar por otra parte. Entonces decidí ayudar en la cocina; mientras cocinábamos pregunté.


-Mamá, ¿te puedo preguntar algo?

-Claro, ¿qué ocurre? - me respondió.


-Bueno, ¿qué pasó con los parientes de papá?, estoy seguro de que ya te contó algo.


-Sí, ya me contó - me contestó- te voy a platicar pero no digas nada que tu padre se enojará conmigo.


-Está bien.

-Mira, hace tiempo, los parientes de tu padre vivían en esta cabaña. Eran un par de ancianos, creo que primos de tus abuelos que en pez descansen. Dicen que se apartaron de la ciudad porque ya no soportaban el ritmo rutinario de ésta; se vinieron para acá porque el terreno estaba económico. Estuvieron como unos cinco años, más o menos. Hasta que murió la anciana, al menos eso dijo su pareja. Dicen que el señor actuó diferente desde que llegó aquí, mostrándose antipático o muy reservado, después de hacer sido todo lo contrario; también cuentan que un día desapareció sin dejar algún rastro... dedujeron que fue suicidio por una nota en su cama.


Petrificado le quedé viendo, sin decir nada, porque lo que me había ocurrido, además de parecer más real, tenía una relación con los antiguos propietarios, teniendo un sentido escalofriante.


- ¿Tú crees eso, mamá?


-Claro que no, obviamente es tu padre intentando hacer interesante esta vieja casa.


Por demás que por dentro de mí quería contarle de lo ocurrido en la noche anterior, no lo hice. Seguí ayudando. Luego llegó mi padre con mis hermanos para comer. Después que comimos, nos pusimos a platicar en la sala de lo que habían visto en su recorrido; luego debíamos bañarnos. El baño era de madera, muy raro, se tenía que ir por agua a un pozo que estaba afuera de la cabaña, a la derecha viéndole desde la parte frontal. Cuando me bañé el agua era fría y sentí como toda la piel se me erizó, dejándome temblando a causa de la helada agua. Después de bañarnos llegó la noche y repetimos la monotonía de la tarde anterior. Nos fuimos cada uno a su habitación. Sentía miedo e inseguridad con irme a dormir, debido a que sospechaba que se repetiría lo mismo de ayer. Me recosté e intenté dormir.

En el silencio ahogador de la noche se oía como chillaban las maderas del piso, así como también el triste crujir de las puertas que se propagaban en el aire como un vago sonido perdido, en todas las paredes de la casa retumbando y creando ecos en toda la penumbra enigmática que abordaba en el interior de la casa.

El silencio es bastante raro, ya que no existe. El silencio de la noche es acompañado con ruidos en la casa, aquellos que siempre se escuchan en el vacío que crea la noche, los cuales no nos atrevemos a descubrir su origen. En la noche el silencio murmura en las esquinas, esquinas obscuras de las habitaciones iluminadas por la luz de la luna. Son rumores dentro del silencio, rumores extraños en... las paredes, puertas, persianas, ventanas, en el fondo de la casa y sobre todo debajo de la cama. Se escucha como las paredes oyen lo que el piso habla. Cuando estos ruidos se van esfumando; en el exterior de la noche empiezan a resonar ruidos extraños como aullidos de coyotes en lo lejos de las montañas, de pronto el canto del búho escondido en las ramas grises de los arboles, girando su cabeza cual exorcismo vivo; pero, lo peor de todo es el de aquel animal desconocido en los matorrales, siendo el crujir extravagante de las ramas combinado con el movimiento certero que mueve las hojas secas rompiéndolas a su alrededor. Mientras nosotros tan solo escuchamos eso justo antes de dormir y la única acción que tomamos es la de taparnos con la sábana. Después del silencio nocturno, logré conciliar el sueño, mis ojos se cerraron como cual cortinas de seda negras. Caí en un sueño profundo relajante. Nada dura para siempre. Mi ventana comenzó a gemir por el viento que viajaba alrededor de la cabaña; eso empezó a traerme al mundo real de nuevo, dejando mi realidad soñada, pero aún no me despertaba hasta que... de la penuria de la noche, del abismo del cielo, dentro de las sombras, un murmullo llegó a mi oído para despertarme, diciendo mi nombre en una voz ahogada, siniestra y profunda.

Abrí mis ojos de golpe, desperté jadeando y sudando frío, gotas en mi frente sin razón que quité con mi brazo. Observé mi cuarto. No había nada. Encendí un viejo quinqué en la mesa que estaba junto a mi cama pero no vi más de lo que había al atardecer.

Mientras estaba sentado en mi cama, me puse a pensar mientras tenía la mano en mi pecho acallando el sonido palpitante y repetitivo de mi triste corazón. Supuse que aquel murmullo fue por algo. Me levanté.

Coloqué mis pies sobre el suelo, y me paré. Tragué saliva, me acerqué a la puerta. Tenía miedo de abrir porque no sabía que podía haber al otro lado de ésta. Posé mi mano sobre la fría perilla de metal, la giré y abrí. Soledad, penumbra enlazada con misterio. Salí del cuarto caminando por el corredor, cuando recordé revisar el cuarto de mi hermana... con la sangre helada entreabrí su puerta, estaba durmiendo placenteramente. Cerré su puerta. Seguí caminando, pero antes de bajar por las escaleras escuché un sonido en el armario vacío que estaba entre mi habitación y la de mi hermana. Me quedé atónito pensando en la decisión de abrir o no ese armario. Fui a abrirlo. Cuando lo hice no había nada dentro, efectivamente vacío; quedé dudando de mi propia realidad preguntándome si era real lo que oía.

Reanudé mi marcha hasta llegar al borde de las escaleras, empecé a bajarlas poco a poco, cada escalón lloraba cuando ponía mi pie en él. Detrás de las escaleras se veía obscuro, eso me heló la sangre pero no vi nada importante así que llegué hasta la cocina.

Tomé un vaso con agua, caminé con el vaso en la mano hasta llegar a un ventanal desde el que vi el automóvil, buscando aquella cosa que había visto la otra noche; raramente lo buscaba sin querer encontrarlo. Solo en silencio ruidoso de la noche. Ansiaba el albor con cada parte de mi ser. Dejé el vaso sobre la mesa, cuando por una parte de mi ojo creí haber visto algo, giré mi cabeza pero no era nada. Cuando estaba por subir a las escaleras, escuché algo desde el cuarto de mi hermanito por lo que me acerqué a ver. Abrí la puerta pero todo normal. La cerré diez segundos, y después la volví a abrir. Lo que miré era peor de lo vi en la noche pasada... era... era una criatura escalofriante, que se podía parecer a un cerdo humanoide saliendo de la esquina obscura del cuarto, que se acercaba lentamente a mi hermano-el solo hecho de escribirlo crea un escalofrío desde mi nuca hasta mis pies- entonces recordé, mi hermano tenía un inusual miedo a los cerdos y una vez se había despertado narrando una criatura no muy diferente a ésta. Grité sin pensar.


- ¡¿Qué haces?! ¡Déjalo!


Me volteó a ver, abrió su boca y dijo...


-Largo de aquí.


Temblando le miré, era totalmente negro sin rasgos faciales notables, tan solo una boca con dientes que no alcanzaba a ver con claridad. Grité nuevamente.


- ¡Maldito seas, ser o demonio que osas entrar a esta cabaña! No eres real... ¡no existes!


- ¿Quieres ver que sí?... - dijo riéndose en una voz ahogada.


En eso corrió hacia mí, despareciendo unos segundos antes de tocarme. Escuché como se empezaron a arañar las paredes cerca del cuarto de mis padres. Fui e intenté abrir su puerta de su cuarto pero estaba muy bien cerrada. Escuché un grito de horror de mi madre, intentaba abrir la puerta. No podía. Afligido abrí de una patada. Había cambiado de forma, era una sombra alta y delgada que tenía en sus brazos a mi madre, mientras que uno de sus brazos se levantó y uno de sus dedos comenzó a crecer hasta enterrarse en el ojo de mi madre, ella gritó. Luego huyó al bosque con ella. Papá se despertó. Me vio, notando la ausencia de mi madre me preguntó.


- ¡¿dónde está tu madre?!

-se la llevó... la sombra...

- ¡¿Qué?! - Gritó y luego murmulló- era cierto...

Se levantó y me dijo que despertara a mis hermanos, corrí con mi hermanito, lo levanté para dejarlo sentado en un sillón de la sala mientras subía para despertar a mi hermana. La desperté a la fuerza y le hice bajar muy rápido, vi en la ventana a mi padre afuera en el auto abriendo la cajuela para sacar un arma, se escucharon gritos horrorizados dentro del bosque, en lo que de los matorrales salía un perro muy grande. Atacó a mi padre arrastrándole a la maleza del bosque dentro de las sombras.

Mi hermana comenzó a llorar por lo acontecido. El tejado crujió. La puerta de atrás se abrió con lo que parecía era una fuerte ráfaga de viento furtivo. Mi hermana nos puso detrás de ella.


- ¡Aléjate de mi familia! - gritó a los cuatro vientos.


Cuando de pronto del cuarto de mi hermanito de debajo de la cama emergió un mono de tamaño mediano que dejó inmóvil a mi hermana. Nos vio a los ojos e hizo aquel escalofriante ruido proveniente de su boca negra. Mi hermana se desmayó, cayendo al suelo para que ese ser se la llevara por la puerta trasera, intentando evitarlo la agarré de la muñeca, pero la marca me comenzó a arder, la solté y se la llevó al bosque. Abracé a mi hermano, mientras corrimos a mi habitación, cerramos y atrancamos la puerta con una silla. Lo acosté diciéndole que se durmiera. Comencé a relajarlo. Lloraba, mientras le abrazaba pidiéndole que se callara. Pasaron minutos de completo silencio exterior, únicamente nuestras respiraciones acompañadas con los fuertes latidos de mi corazón. Escuché abrir la puerta, rasgar las paredes y unas fuertes pisadas subiendo por las escaleras.

Intentó abrir la puerta, pero no lo logró. Se alejó. Fue alrededor de un minuto de silencio ahogado en toda la casa. Luego en la obscuridad que existía en una esquina del cuarto, algo salió... era aquella criatura que había estado en el cuarto de mi hermano antes. Me miró a los ojos mientras se acercaba; sus manos eran huesudas y poseían unas garras, que hasta donde vi, eran grises. Se detuvo a unos pasos, echó los brazos para atrás y habló.

-Soy tan cierto como tú...


Se acercó, con uno de sus brazos me azotó contra la ventana, ahí se me nubló todo, solo escuché un grito de mi hermano en el fondo que se ahogó en el vacío para después seguir con aquel quejido de las garras rayando un espejo. No desperté hasta la mañana siguiente, en el dulce albor. Estaba acostado en mi cama, me levanté desesperado, buscando a mi familia, corrí al cuarto de mi hermana... no estaba ahí; bajé las escaleras hacia el de mi hermano pero cuando abrí la puerta no había nadie, entonces corrí al de mis padres... tampoco se encontraban allí. La desesperación agobió mi sentir, mi respiración se agitó demasiado mientras que mi corazón palpitaba como loco en lo que también mi cabeza daba vueltas, haciéndome caer en un elipsis de miedo por la ocasión de anoche, y la pregunta en el aire... "¿Por qué no me ha llevado a mí?"

Salí de la casa por la puerta de enfrente corriendo hacia el bosque... corría muy rápido sin saber a dónde ir, solo quería encontrar a mi familia o a esa criatura para que me llevara con ellos, pero era inútil, todos los arboles parecían iguales, estaba perdido dentro de este remolino de terror, hasta que corriendo llegué a aquel lago misterioso. Me puse de rodillas en la ribera, llorando, coloqué mis manos en el suelo enlodado. Del fondo del lago salía una obscuridad tenebrosa que me hizo salir huyendo. Estaba perdido, sin saber a dónde ir volví a correr hasta entrar a la cabaña de nuevo para quedarme en la cocina en una posición fetal... elevé mi vista hacia la ventana y allí estaba la silueta viéndome en silencio, sentí que se acercó a mí pero cerré mis ojos. No me pasó nada. Pasaron unos minutos sin abrir mis ojos hasta que afuera de la casa escuché la risa de mi hermanito junto a la bella voz de mi madre. Salí por la puerta trasera... estaban todos ilesos y desayunando.

Me miraron extrañados, mi madre me preguntó el porqué de mi aflicción. La abracé muy fuerte. Les dije lo que vi y que debíamos largarnos de ahí; al principio no querían creerme pero después de lo que les conté, empezaron a hacerlo. En lo que les contaba sentí un ardor en mi cabeza muy fuerte; cuando me toqué tenía sangre, mi madre se espantó mucho, le dije que eso me había hecho la sombra, entonces me curó mientras le pedía a mi padre que nos fuéramos de esa cabaña. Comenzaron a guardar todas sus cosas, fui a mi recámara a hacer lo mismo. Guardaba mis libros, mi ropa y todo lo demás en una maleta, pero, antes de salir de ese cuarto, miré en la ventana como había un impacto en su vidrio... fue cierto lo que ocurrió en la noche. Salí del cuarto.

Encendimos el carro para irnos. Antes de irme volteé a ver la cabaña, la ventana. Sentí que algo me miró detrás de ésta, en la parte rota. Salimos de ahí. Cuando tocamos la carretera concebí un alivio inmenso; finalmente nos habíamos ido.

Llegamos a la casa, todo era normal de nuevo, aunque después de que algo pasó nada vuelve a ser como antes. En ocasiones cuando mi hermano juega solo, veo aquella criatura vigilándole desde una parte en la que mi hermano no presta atención; cuando mi hermana duerme, encuentro aquella silueta de un simio en la cabecera de su cama; a mi madre con una silueta a su lado, de la que ella no se percata; mi padre cuando sale al trabajo una sombra de aquel perro le sigue... solo yo lo veo, nadie más. A veces, mientras duermo, sueño aquella casa abandonada, vacía y silenciosa, pero lo peor es que escucho dentro de ella: "tan cierto como tú", para después mirar en la ventana la silueta observándome con su fría mirada, en silencio, el cual rompe cuando hace aquel espantoso ruido. Me vuelvo loco. La sombra vive en mi realidad, por ello solo yo lo veo, mientras mi familia la ignora, yo tengo la maldición de ver como los acecha mientras no lo ven. Desde ese entonces me mantengo aprisionado dentro de mi realidad como si aun siguiera dentro de aquella cabaña.


21 января 2018 г. 7:21:18 0 Отчет Добавить 0
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