kimx2jisoo Kim Amy

🏈 Tercer libro de la saga Bulls 🏈 ADAPTACIÓN. Jung Seokjin es un científico reconocido, tiene grandes logros en la vida menos lo que desea, un bebé, por ello, genera un plan loco donde le conseguirá un padre con buenos genes a su hijo y el candidato es nada menos que el jugador de fútbol americano Jeon Jungkook. Pareja principal : KOOKJIN Jungkook TOP Seokjin BOTTOM Todos los derechos a la autora original, esta adaptación esta hecha para el puro entretenimiento del público.


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—Vamos a aclarar esto —dijo Jodie Pulanski—. Queréis ofrecerle a Jeon Jungkook un doncel como regalo de cumpleaños.

Los tres desagradables defensas que pasaba la tarde de noviembre sentados tras la barra de Zebras, lugar frecuentado por los jugadores de los Chicago Bulls en DuPage County, asintieron con la cabeza de inmediato. El más joven, Junior, llamó por señas a la camarera para otra ronda.

—Va a cumplir treinta y seis, queremos que sea algo especial.

—Joder —dijo Jodie. Todo el mundo que sabía algo sobre fútbol sabía que Jeon Jungkook, brillante quarterback de los Bulls, era exigente, temperamental y que en general era imposible llevarse bien con él desde que la liga comenzaba. Jeon, popularmente conocido como "Dinamita" por su predilección por hacer pases explosivos, era el quarterback con la mayor puntuación en la AFC y una leyenda.

Jodie cruzó los brazos sobre el chaleco blanco que formaba parte de su uniforme de barman. Ni a ella ni a ninguno de los tres hombres se les ocurrió considerar las dimensiones morales de su conversación, y muchísimo menos si era políticamente correcto. Era, después de todo, la NFL.

—Creen que si le llevan un doncel los va a tratar mejor —dijo ella.

Willie Jarrell bajó los enfurecidos ojos marrón oscuro a su cerveza y dijo con voz poco clara.

—Es un hijo de puta, nos presiona todo el rato. Nadie soporta estar cerca de él.

El joven negó con la cabeza.

—Ayer, llamó a Germaine Clark debutante. ¡A Germaine!

Jodie levantó una ceja, varios tonos más oscura que su cabello rubio rojizo. Germaine Clark era un autentico profesional y uno de los mejores defensas de la NFL.

—Por lo que sé, Dinamita ya tiene más donceles de los que quiere.

El más joven inclinó la cabeza.

—Bueno, puede ser, pero ¿lo han visto acostarse con alguno de ellos?

—¿Qué?

—Es cierto —dijo Chris Plummer, el lateral izquierdo de los Bulls—. De eso tenemos la certeza. Sus novios han hablado con algunas de las esposas/os, y parece que Jungkook los mira pero no los toca. Es todo pura fachada.

—Puede que si esperara hasta que no llevaran las ropas, se animara un poco —dijo Willie Jarrell.

El joven prefirió no tomar en serio su comentario

—No me refiero a eso, Willie. Sabes que Jungkook no sale con ninguna tía que tenga más de veinte años.

Jeon Jungkook cumplía años, pero los opuestos de su vida no lo hacían. Nadie lo podía recordar saliendo con alguien que tuviera más de veintidós.

—Eso lo sabe todo el mundo —dijo Willie—. Dinamita no se ha acostado con nadie desde que cortó con Kevin, y eso fue en febrero. No es normal.

Kevin Berkley había sido el bello novio veinteañero de Jungkok hasta que se cansó de esperar un anillo de compromiso que no llegaba y se fue con un guitarrista de veintitrés años de un grupo de rock. Desde entonces, Jeon Jungkook se había concentrado en ganar partidos de fútbol, salir con un chico nuevo cada semana y patear a sus compañeros en el culo.

Jodie Pulanski era la seguidora favorita de los Bulls, pero aunque no había cumplido los veintitrés, ninguno sugirió que ofreciera su propio cuerpo como regalo de cumpleaños de Jungkok. Era de sobra conocido que él ya la había rechazado al menos una docena de veces. Eso hacía que Dinamita fuera el Enemigo Público Número Uno de Jodie, aunque guardaba una colección de camisetas rojas y negras en su armario, una por cada jugador de los Bulls con el que se había acostado, y siempre estaba ansiosa por añadir una más.

—Necesitamos a alguien que no le recuerde a Kevin —dijo Chris.

—Eso significa que tendrá que tener clase —agregó Willie— y más años. Pensamos que sería bueno para Dinamita conocer a alguien con más de veinticinco.

—Alguien elegante. —Duncan tomó un sorbo de cerveza—. Uno de esos chicos de la Jet.

Jodie no era conocida por su materia gris, pero incluso ella podía ver el problema.

—No creo que uno de esas chicos de la Jet se vaya a ofrecer voluntaria para ser el regalito de cumpleaños de un hombre. Ni siquiera aunque sea Jeon Jungkook.

—Bueno, eso también lo pensamos nosotros, así que vamos a tener que contratar un prostituto.

——Un prostituto de lujo —dijo Willie precipitadamente, ya que todos sabían que Jungkook no iba con prostitutos.

Duncan miró sombríamente su cerveza.

—El problema es que no hemos podido encontrar uno.

Jodie conocía a algunos prostitutos, pero ninguno de ellos tenía lo que llamaría clase. Ni eran sus amigos. A sus amigos les iba la juerga y la bebida y su única meta en la vida era acostarse con tantos jugadores profesionales como podían.

—¿Qué quieren que haga?

—Queremos que uses tus contactos y que encuentres a alguien apropiado —dijo Junior—. Su cumpleaños es en diez días y queremos tener un doncel para ese momento.

—¿Qué gano yo?

Como las camisetas de los tres ya colgaban en su armario, sabían que tenían que ofrecer algo distinto. Chris preguntó con cautela.

—¿Estás interesada en añadir algún número a tu colección?

—Aparte del dieciocho —añadió Willie rápidamente, el dieciocho era el número de Dinamita.

Jodie se lo pensó. Le interesaba más tener la camiseta de Dinamita que encontrarle un doncel. Por otra parte, había un número en particular que deseaba realmente.

—La verdad es que sí. Si encuentro el regalito de cumpleaños, entonces el número doce es mío.

Los chicos gimieron.

—Mierda, Jodie, a Beomgyu Choi le sobran los secundarios.

—Eso es cosa suya.

Choi era el quarterback suplente de los Bulls. Joven, agresivo y con un talento sublime; había sido seleccionado por los Bulls para sustituir a Jungkook cuando la edad o una lesión lo apartara de los terrenos de juego. Aunque los dos hombres eran educados en público, ambos eran feroces competidores y cada uno de ellos odiaba el talento del otro, lo cual hacía que Beomgyu Choi fuera todavía más deseable para Jodie.

Los hombres se quejaron, pero llegaron al acuerdo de que se asegurarían de que Choi haría su parte si ella encontraba a la mujer adecuada para ser el regalo de cumpleaños de Jungkook. Dos nuevos clientes entraron en Zebras, y como Jodie se ocupaba de la barra, se levantó para atenderlos. Mientras se acercaba, mentalmente repasó a todos los donceles que conocía, tratando de encontrar una que valiera la pena, pero no lo consiguió. Tenía bastantes amigos, pero ninguno tenía clase.






(....)





Dos días más tarde, Jodie todavía le daba vueltas al problema mientras entraba en la cocina de sus padres con una buena resaca. Era sábado, cerca de mediodía, sus padres se habían ido de fin de semana y no tenía que trabajar hasta las cinco, lo cual era bueno, porque necesitaba tiempo para recuperarse de la última noche de juerga.

Abrió la puerta de la alacena y no vió nada que pudiera ayudarla. Mierda. Afuera caía aguanieve y le dolía demasiado la cabeza para conducir, pero si no tenía pronto una dosis de cafeína dentro de su cuerpo no valdría para nada, ni podría disfrutar del partido.

Nada salía bien. Los Bulls jugaban en Búfalo esa tarde, así que no tenía la ilusión de esperar que los jugadores entraran en Zebras al finalizar el partido. Y cuándo finalmente los viera, ¿cómo les iba a dar la noticia de que no había podido encontrar el regalo de cumpleaños? Una de las razones por la que los Bulls le prestaban tanta atención era que siempre les podía proporcionar opuestos.

Miró por la ventana de la cocina y vio una luz en la casa de la Sabihonda. Era el mote que Jodie le había puesto al doctor Jung Seokjin, el vecino de sus padres. Era doctor en física no en medicina y la madre de Jodie siempre comentaba lo maravilloso que era, siempre ayudando a los Pulanskis con el correo y demás mierdas desde que se habían mudado hacía dos años. Quizá Jodie pudiera pedirle café.

Se maquilló con rapidez y, sin molestarse en ponerse ropa interior, se embutió en unos apretados vaqueros negros, la camiseta de Willie Jarrell y sus botas Frye. Después de coger uno de los Tupperware de su madre, se dirigió a la casa de al lado.

A pesar de la nevisca, ni siquiera perdió tiempo en ponerse la chaqueta y cuando el doctor Seokjin respondió al timbre, tiritaba.

—Hola.

El doctor Seokjin se mantuvo al otro lado de puerta clavando sus ojos de sabihonda en ella, con unas inmensas gafas con montura de carey.

—Soy Jodie, la hija de los Pulanskis. De la casa de al lado.

El doctor Seokjin no hizo ningún movimiento para invitarla a pasar.

—Oye, hace un frío que te mueres aquí afuera. ¿Puedo entrar?

La sabihonda finalmente abrió la puerta y la dejó entrar.

—Lo siento. No te reconocí.

Jodie entró y no le llevó más de dos segundos darse cuenta de por qué el doctor Seokjin no se había apurado a dejarla pasar. Los ojos detrás de las lentes estaban llorosos y su nariz roja. A menos que Jodie fuese más tonta de lo que pensaba, el doctor había estado llorando a lágrima viva.

El sabihondo era alto, tal vez uno setenta y cinco, y Jodie tuvo que mirar hacia arriba cuando le tendió el Tupperware rosa.

—¿Puedo pedirte un par de cucharas de café? No queda ninguno en casa, y necesito algo fuerte.

El doctor Seokjin tomó el envase, aunque pareció hacerlo a regañadientes. A Jodie no le parecía que fuera tacaño, así que su reacción probablemente quisiera decir que no estaba de ánimo para tener compañía.

—Sí, lo iré... a buscar. —Se giró y se dirigió a la cocina, esperando obviamente que Jodie se quedara donde estaba, pero Jodie tenía media hora que matar antes de que comenzase el partido y era lo bastante curiosa para seguirlo.

Llegaron a una sala de estar que, a primera vista, era aburridamente bonita: paredes blancas, mobiliario confortable, uno se moría de aburrimiento mirando a todos lados. Jodie estaba atravesando la habitación cuando unos posters enmarcados llamaron su atención. Todos parecían ser obra de alguien llamado Georgia O'Keeffe y aunque Jodie sabía que tenía la mente sucia, eso no explicaba por qué cada una de las flores le parecían órganos sexuales. Vio flores con corazones profundos y oscuros. Flores con los pétalos abriéndose desde centros húmedos y secretos. Miró sorprendida. Había una concha de almeja con una pequeña perla mojada, e incluso la persona con la mente más limpia del mundo tendría que ver lo que ella veía. Se preguntó si tal vez el sabihondo tendría fijación por la mujeres siendo un opuesto. ¿Por qué si no querría mirar flores que parecían coños cada vez que entraba en su sala de estar?

Jodie entró tranquilamente en la cocina, era de un pálido color lavanda y tenía unas bonitas cortinas de flores, aunque estas flores eran corrientes, no pornográficas como las de la sala de estar. Todo en la cocina era alegre y bonito con excepción del dueño, que parecía más tieso que un palo.

El doctor Seokjin era uno de esos donceles pulcros que vestían tweed. Sus pantalones de pinzas a medida de cuadros marrones y negros y su suéter suave, de color avena parecía de cachemir. A pesar de su altura, tenía huesos pequeños, con piernas bien proporcionadas y una cintura delgada. Jodie podría sentir envidia de su figura si no fuera por el hecho de que no tenía tetas y el hecho de que a pesar de tener útero también tenia pene.

Su pelo rubio con mechones más claros en distintos matices y no era teñido. Lucía un corte conservador que Jodie hubiera dejado mucho más largo, no retirado de su cara por un pasador de terciopelo marrón.

Se giró ligeramente y Jodie obtuvo una mejor perspectiva de su cara. Las grandes gafas de sabihondo eran una pena, escondían un bonito par de ojos verdes. También tenía una frente y una nariz decentes, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas. Su boca era interesante, con el labio superior delgado y el inferior más grueso. Y tenía buena piel, aunque no parecía cuidarla demasiado. Jodie se habría maquillado bastante más. En resumen, el sabihondo era un hombre guapo, algo intimidante, incluso con esos ojos rojizos.

Llenó el Tupperware y se giró para ofrecérselo a Jodie, que cuando estaba a punto de tomarlo reparó en el arrugado papel de regalo que había sobre la mesa de cocina y el montoncito de regalos que había a su lado.

—¿Qué se celebra?

—En realidad nada. Es mi cumpleaños. —Su voz poseía una ronquera interesante y por primera vez Jodie advirtió los kleenex arrugados.

—Vaya, déjate de bromas. Feliz cumpleaños.

—Gracias.

Ignorando el Tupperware de la mano extendida de el doctor Seokjin, Jodie se dirigió a la mesa y miró el surtido de regalos: Una insignificante cajita blanca, un cepillo de dientes eléctrico, una pluma y una tarjeta-regalo de Jiffy Lube. Patético. Nada de bragas de encaje ni de juguetes eróticos.

—Vaya desastre.

Para su sorpresa, el doctor Seokjin soltó una risita.

—Tienes razón. Mi amigo James siempre tiene el regalo perfecto, pero está en Etiopía. —Después, para asombro de Jodie, una lágrima se deslizó por debajo de sus gafas y siguió cayendo por su mejilla.

Seokjin se tensó, como si no hubiera ocurrido, pero los regalos eran realmente patéticos y Jodie no podía más que sentirlo por él.

—Oye, no está tan mal. Por lo menos no tienes que preocuparte de que las tallas estén mal.

—Lo siento. No debería... —Apretó el labio inferior, pero otra lágrima cayó por debajo de sus gafas.

—Está bien. Siéntate y haré café. —Empujó a Seokjin hacia una de las sillas de la cocina y llevó el Tupperware a la encimera donde estaba la cafetera. Le preguntó al doctor donde estaba el filtro, pero tenía la frente arrugada y no hacía más que respirar profundamente, por lo que Jodie abrió un par de alacenas hasta encontrar lo que necesitaba y se puso a preparar una cafetera.

—¿Cuántos cumples?

—Treinta y cuatro.

Jodie se sorprendió. No le habría echado al doctor más de veinticinco.

—Doble desastre.

—Siento mucho montar el número. —Se pasó el kleenex por la nariz—. Por lo general no soy tan sensible.

Un par de lágrimas no eran la idea que Jodie tenía de "montar el número" pero para un chico tan controlado debía ser algo así como tener un ataque de histeria.

—Ya te dije que no importa. ¿Tienes donuts o algo parecido?

—Tengo tarta de fruta en la nevera.

Jodie hizo una mueca y se volvió hacia la mesa. Era pequeña y circular con un vidrio en la parte superior y sillas metálicas parecidas a las que se utilizan en un jardín. Se sentó enfrente de Seokjin.

—¿Quién te hizo los regalos?

Trato de esbozar una sonrisa pero le salió una mueca.

—Mis colegas.

—¿Quieres decir tus compañeros de trabajo?

—Sí. Mis colegas de Newberry y una amiga de los laboratorios Preeze.

Jodie no sabía que eran los laboratorios Preeze, pero Newberry era una de las mejores universidades de los Estados Unidos y todo el mundo presumía de que estuviera allí mismo, en DuPage County.

—Ajá. ¿Enseñas ciencia o algo por el estilo?

—Soy físico. Doy clases de doctorado sobre la teoría cuántica de la relatividad. También desarrollo un proyecto de investigación patrocinado por los laboratorios Preeze para descubrir quarks con otros físicos.

—No jodas. Debiste ser un cerebrito en la escuela secundaria.

—No pasé mucho tiempo en la escuela secundaria. Comencé la universidad con catorce años. —Otra lágrima resbaló por sus mejillas, pero, sin embargo, seguía sentado en la misma posición.

—¿Catorce? Válgame Dios.

—Cuando tenía veinte años de edad, era ya licenciado en Física. —Algo dentro de él pareció ceder. Colocó los codos sobre la mesa, cerró las manos en puños y apoyó la frente encima. Le temblaron los hombros, pero no emitió sonido alguno; ver a ese doncel tan digno deshecho era tan patético que Jodie no pudo evitar sentir lástima por él. Pero era demasiado curiosa.

—¿Tienes problemas con tu novio?

Se tranquilizó un poco y meneó la cabeza.

—No tengo novio. Lo tenía. El doctor Craig Elkhart. Llevábamos juntos seis años.

Así que el sabihondo no tenia preferencia por mujeres.

—Eso es mucho tiempo.

Levantó la cabeza y aunque sus mejillas estaban mojadas, su mandíbula mostraba un gesto de terquedad.

—Se acaba de casar con una becaria de veinte años que se llama Pamela. Cuando me dejó, vino y me dijo: Lo siento Seokjin, pero ya no me excitas.

Considerando la personalidad del doctor Seokjin, Jodie no lo podía culpar exactamente, pero había muchas maneras de decirlo.

—Los hombres son básicamente unos idiotas.

—Eso no es lo peor. —Se agarró las manos—. Lo peor es que llevábamos seis años juntos y ni siquiera lo echo de menos.

—¿Entonces por qué no lo dejaste tú? —El café terminó de hacerse y se levantó para llenar sus tazas.

—No fue culpa de Craig. Lo sé... No es culpa de nadie en realidad. No debería seguir. No sé que es lo que me pasa.

—Tienes treinta y cuatro años y alguien te ha regalado una tarjeta-regalo de Jiffy Lube por tu cumpleaños. Cualquiera estaría así.

Él se estremeció.

—Ésta es la misma casa en la que crecí, ¿lo sabías?; Después de que mi padre murió, iba a venderlo, pero nunca tuve tiempo para hacerlo. —Su voz sonaba distante, como si se hubiera olvidado de que Jodie estaba allí—. Estaba investigando la ultra-relatividad en los choques de iones pesados y no quise distraerme. El trabajo siempre ha sido el centro de mi vida. Hasta que cumplí los treinta, fue suficiente. Pero a partir de ahí, un año siguió a otro...

—Y finalmente te diste cuenta de que la física no llenaba tu cama cada noche, ¿no es cierto?

La miró, casi como si se hubiera olvidado que Jodie estaba allí. Luego se encogió de hombros.

—No es eso. Francamente, creo que el sexo está demasiado valorado. —Incómodo, se miró las manos—. Es más el sentimiento de conexión.

—No conectas cuando haces arder el colchón.

—Sí, bueno, asumiendo que realmente arda. Personalmente... —Inspiró por la nariz y se levantó, metió el kleenex en el bolsillo de sus pantalones donde formaron un bulto—. Cuando hablo de conexión, pienso en algo más duradero que el sexo.

—¿Algo religioso?

—No exactamente, aunque eso es importante para mí. Familia. Niños. Cosas así. —Otra vez echó los hombros hacia atrás y le dirigió a Jodie una brusca sonrisa de despedida—. Ya te he dado bastante la lata. No debería contarte este tipo de cosas. Me temo que me cogiste en un mal momento.

—¡Ya lo entiendo! ¡Quieres tener un bebé!

Seokjin rebuscó en su bolsillo y sacó bruscamente el kleenex. Le tembló el labio inferior y toda su cara se contrajo mientras se reclinaba en la silla.

—Ayer Craig me dijo que Pamela está embarazada. No est... No estoy celoso. Para ser honesto, no me importa lo suficiente para estar celoso. Realmente no quería casarme con él; No quiero casarme con nadie. Es sólo que... —Su voz se apagó—. Es sólo...

—Es sólo que quieres tener tu propio bebé.

Inclinó lentamente la cabeza y se mordió los labios.

—Llevo mucho tiempo queriendo tener un bebé. Ahora ya tengo treinta y cuatro años y mis óvulos envejecen cada minuto, pero no parece que pueda hacer nada.

Jodie miró el reloj de la cocina. Quería seguir hablando con él, pero estaban a punto de comenzar la previa del partido.

—¿Te importa si pongo la tele mientras hablamos?

El doctor Seokjin pareció confundido, como si no supiera lo que era una tele.

—No, supongo que no.

—Genial. —Jodie cogió su taza y se dirigió hacia la sala de estar. Se sentó en el sofá, puso la taza en la mesa de café, y sacó el mando de debajo de alguna revista científica. Apareció un anuncio de cerveza en la pantalla, así que pulsó el botón de silenciar la voz.—¿Estás seguro que quieres tener un bebé? Estás soltero.

Seokjin se puso las gafas otra vez. Se sentó en una silla con un volante alrededor del asiento y el poster de la almeja quedó justo detrás de su cabeza, el que tenía la perla untuosa y mojada. Juntó las piernas, con los pies uno al lado del otro y las rodillas tocándose. Tenía buenos tobillos, advirtió Jodie, delgados y bien formados. Otra vez tenía la espalda derecha, como si alguien la hubiera atado al respaldo.

—Llevo pensándolo mucho tiempo. No tengo intención de casarme, mi trabajo es demasiado importante para mí, pero quiero tener un niño más que nada en el mundo. Creo que sería buen padre. Supongo que hoy me di cuenta de que no va a pasar y me ha afectado demasiado.

—Tengo un par de amigos que son padres solteros. No es fácil. Bueno, tú tienes un trabajo mejor que el de ellos, así que no debería ser tan difícil para ti.

—La parte económica no es problema. Mi problema es que no veo la manera de conseguirlo.

Jodie clavó los ojos en él. Para ser un hombre listo, estaba siendo bastante torpe.

—¿Te refieres al varón?

Inclinó la cabeza rígidamente.

—Hay un montón de varones en esa universidad. Aunque no son gran cosa. Invita a alguno, pon música, ofrécele un par de cervezas y sedúcele.

—Oh, no puede ser nadie que conozca.

—Pues lígate a alguien en un bar o algo por el estilo.

—Nunca podría hacer eso. Tendría que saber su historial médico. —Su voz perdió intensidad—. Además, no sabría ligarme a nadie.

Jodie no se podía imaginar nada más fácil, pero supuso que tenía bastante más experiencia que el doctor.

—¿Y si vas a uno de esos..., ya sabes..., bancos de semen?

—Eso no me vale. La mayoría de los donantes de semen son estudiantes de medicina.

—¿Si?

—No quiero que el padre de mi bebé sea inteligente.

Jodie estaba tan asombrada, que se olvidó de elevar el volumen de la tele, aunque el anuncio de cerveza había acabado y habían comenzado a entrevistar al entrenador de los Bulls, Chester "Duque" Raskin.

—¿Quieres que el padre de tu hijo sea estúpido?

Seokjin sonrió.

—Sé que parece extraño, pero es muy difícil para un niño crecer siendo más listo que los demás. Lo coarta, por eso nunca habría podido tener un bebé con alguien brillante como Craig o con un donante de un banco de semen. Tengo que tener en cuenta mis genes y encontrar algún hombre que los compense. Pero todos los hombres que conozco son genios.

El doctor era muy raro, decidió Jodie.

—¿Y crees que como tú eres muy listo, todo lo que tienes que hacer es encontrar a alguien estúpido?

—Eso mismo. No quiero ni imaginarme que mi hijo tenga que pasar lo que yo pasé mientras crecía. Incluso ahora..., pero bueno, eso no tiene nada que ver. La cuestión es, quiero un bebé, pero no sé como hacerlo...

Una nueva cara en la pantalla captó la atención de Jodie.

—Huy perdona, espera un momento; Tengo que oír esto. —Cogió el mando a distancia y apretó el botón del volumen.

Paul Fenneman, un periodista deportivo, estaba haciéndole una entrevista a Jeon Jungkook. Jodie sabía que Dinamita odiaba a Fenneman. El reportero tenía fama de hacer las preguntas más estúpidas del mundo y Dinamita no tenía paciencia con los tontos.

La entrevista había sido grabada en el aparcamiento de los Bulls, en las afueras de Naperville, el pueblo más grande de DuPage County. Fenneman hablaba a la cámara, con la cara seria, como si estuviera cubriendo una guerra o algo por el estilo.

—Tengo a Jungkook Jeon, el quarterback de los Bulls.

La cámara enfocó a Jungkook, y la piel de Jodie se puso húmeda y pegajosa producto de una combinación de lujuria y resentimiento. Joder, estaba buenísimo a pesar de su edad.

Estaba parado delante de la Harley con unos pantalones vaqueros y una camiseta negra tan apretada que mostraba uno de los mejores torax del equipo. Algunos muchachos estaban tan musculosos que parecía que fueran a estallar, pero Jungkook era perfecto. Tenía el cuello grande y musculoso, pero no era un tronco como el de algunos jugadores. Su pelo oscuro era ligeramente rizado y lo llevaba despeinado como si no se dignara a perder el tiempo peinándolo. Dinamita era así. No tenía paciencia con cosas que para él no tenían importancia.

Medía alrededor de uno noventa, era más alto que la mayoría de los quarterbacks. También era rápido, listo y tenía la habilidad telepática para leer las defensas que sólo los mejores jugadores compartían. Su leyenda era casi tan grande como la del genial Joe Montana y a Jodie, la idea de que nunca colgaría la camiseta numero dieciocho en su armario era algo que nunca le podría perdonar.

—Jungkook, tu equipo no consiguió puntuar contra los Patriots la semana pasada. ¿Qué harás contra los Bills para que no pase de nuevo?

Incluso para Paul Fenneman, era una pregunta estúpida y Jodie esperó a ver que le contestaría Dinamita.

Se rascó la cabeza como si la pregunta fuera tan complicada que tuviera que pensarla. Dinamita no tenía nada de paciencia con la gente que no respetaba y tenía el hábito de parecer profundamente paleto en situaciones así. Apoyó un pie en el apoyo de la Harley y pareció pensativo.

—Bueno, Paul, supongo que tendremos que retener la pelota. Claro, como no juegas los partidos no lo sabes, pero cada vez que el otro equipo nos quita la pelota, quiere decir que no la tenemos. Y 'sta no es manera de puntuar.

Jodie se rió entre dientes. Tenía que descubrirse ante Dinamita. Se la había jugado al viejo Paul en sus propios términos. Paul no apreció parecer un tonto.

—He oído que el entrenador Raskin está muy contento con Beomgyu Choi. Cumples treinta y seis dentro de poco, lo que te hace bastante mayor para jugar al fútbol. ¿No te preocupa que Beomgyu te sustituya?

Durante una fracción de segundo, la cara de Dinamita se puso rígida, luego puso cara de póquer.

—La verdad, Paul, ese niño aún no 'stá listo para que lo entierren.

—Si encontrase a alguien así —murmuró Seokjin— sería perfecto.

Jodie lo miró de reojo y la vio estudiando la televisión.

—¿De qué estás hablando?

El doctor señaló la pantalla.

—Ese chico. El jugador de fútbol. Es sano, atractivo y no muy brillante. Exactamente lo que necesito.

—¿Estás hablando de Dinamita?

—¿Se llama así? No sé nada de fútbol.

—Ese es Jungkook Jeon. Es el quarterback de los Chicago Bulls.

—Ah, ya. He visto su foto en algún sitio. ¿Por qué no puedo encontrar un hombre así? Alguien duro de mollera.

—¿Duro de mollera?

—No muy inteligente. Lento.

—¿Lento? ¿Dinamita? —Jodie abrió la boca para decirle a Seokjin que Dinamita era el más capaz, tramposo e inteligente (por no mencionar malo) de los jodidos quarterbacks de la temida NFL, cuando una vertiginosa idea la golpeó en medio de la cabeza, una idea tan colosal que no se podía creer que hubiera salido de su cerebro.

Se hundió en los cojines del sofá. Mierda. Buscó el mando y silenció la tele.

—¿Hablas en serio? ¿Escogerías a alguien como Jungkook Jeon para ser el padre de tu bebé?

—Por supuesto tendría que ver su historial médico. Un hombre simple como él sería perfecto: Fuerte, resistente y con un coeficiente intelectual bajo. Que esté bueno es un valor adicional.

La mente de Jodie corrió en tres direcciones diferentes al mismo tiempo.

—Y si... —Tragó e intentó no distraerse con la imagen de Beomgyu Choi desnudo delante de sus ojos—. ¿Y si lo puedo arreglar?

—¿Qué quieres decir?

—¿Qué pasa si te puedo meter en la cama con Jungkook Jeon?

—¿Estás de broma?

Jodie tragó otra vez y negó con la cabeza.

—Ni siquiera lo conozco

—No tienes que hacerlo.

—Me temo que no te entiendo.

Lentamente, Jodie le contó la historia, omitiendo una parte aquí y allí, como que Dinamita era una pesadilla para el resto del equipo, aunque fue bastante honesta en otras. Le explicó sobre el regalo de cumpleaños y el tipo de doncel que necesitaban. Luego añadió que con algo de maquillaje, creía que Seokjin encajaría totalmente en el papel.

Seokjin se puso tan pálido como si fuera la niña que salía en la peli en la que Brad Pitt hacía de vampiro.

—¿Quieres decir que debería hacerme pasar por prostituto?

—Uno con mucho clase porque Dinamita no se acuesta con prostitutos.

Se levantó de la silla y empezó a pasearse por la habitación. Jodie casi podría ver su cerebro de sabihonda trabajando como si fuera una calculadora, sumando esto y aquello, dándole a unos y otros botones; apareció la esperanza en sus ojos y luego se dejó caer contra la chimenea.

—Los historiales médicos... —suspiró profundamente—. Por un momento pensé que realmente podía ser posible, pero tendría que echarle un vistazo a su historial médico. ¿Los jugadores de fútbol usan esteroides? ¿Y que pasa con las enfermedades de transmisión sexual o el Sida?

—Dinamita no toca las drogas y nunca se ha acostado con demasiadas personas como otros jugadores. Cortó con su último novio el pasado invierno y no parece haber estado con nadie desde entonces.

—Todavía tendría que ver su historial.

Jodie creía que entre Junior y Willie podrían convencer a alguna secretaria para que les diera lo que necesitaban.

—Tendré una copia de su historial el martes, el miércoles a más tardar.

—No sé qué decir.

—Su cumpleaños es dentro de diez días —señaló Jodie—. Supongo que tienes tiempo de armarte de valor para hacerlo.

11 октября 2022 г. 6:33:10 0 Отчет Добавить Подписаться
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